sábado, 23 de mayo de 2015

GRAHAM, RUMORES Y PEGAMENTOS

De verdad que la intención es volver a dar mayor presencia a la otra vertiente del espacio, la "cinera", pero esto es algo de lo que realmente necesitaba dejar constancia... Tal es la consternación, la contrariedad y agrio sinsabor que me deja el último disco del Graham Parker y sus -parece- ya definitivamente recuperados Rumour. Muy jodido que me ha dejado, -ya adelanto-, pero por partes mejor...


Recuerdo bien cuando a mediados de la pasada década el King Nikochan, buen sabedor de mi querencia y devoción por el rock de la segunda mitad setentera y primer lustro ochentero, me venía con lo de "de verdad que tienes que escuchar a este tío"... El nombre no me era desconocido, por mi filiación "costellera" casi patológica y por pertenecer el artista a ese periplo indicado, lo había "encontrado" en artículos y biografías varias, pero por la razón que fuere no me había detenido aún en su música (no tengo perdón, claro... o sí, qué cojones, que solo tengo una vida y lo de la omnisciencia nunca lo he acabado de controlar del todo). La cuestión es que el marciano vecino me pasó muy generosamente un par de discos de su etapa inicial... El estreno, "Howlin' wind", que es canelón fino y, claro, "Squeezing out sparks"... Disco éste que, directamente, hay que escuchar de pie y, en verdad y al humilde parecer propio, una masterpiece de tres pares de esto del rocanrol... A partir de ahí y hasta hoy, recuperar la carrera de Graham ha sido un guzztazo de otros tantos pares y más, qué duda cabe. Así pues, ya casi en present time, celebré y disfruté como una enano de ese "Imaginary television" de hace un lustro (no era "squeezing", obvio, pero me acompañó mucho, muy bien y durante muchas semanas) así como, y aunque algo menos siendo honesto, el anterior a su flamante estreno en el que se reencontraba con su legendaria banda de acompañamiento ("Three chords good", 2012)... Y ahora, este mes, ha caido al fin su continuación con esto del "Mystery glue". Disco que, volvemos al principio de entrada y me repito, me ha dejado una muy desgarrada y marcada sensación de pesadumbre, de machaque anímico importante, tras algo más de una semana de compulsivas escuchas.


"Mystery glue" es un drama de la hostia, para resumir. Una trampa fatal e hijoputesca a más no poder para almas y espíritus (sensibles o no). Y la razón es, finalmente, clara y transparente como ella sola la muy puta... Es una maravilla de principio a fin. Un trabajo de otro y para cualquier tiempo que (me) relativiza de una sentada todo lo que he escuchado, y seguramente sobredimensionado,  en los bastantes últimos tiempos. Es soulero que nos morimos, tiene vitalista arrojo newaver (del bueno y añejo, del de Lowe y cia) en cada poro y las canciones... Joder con las canciones. Y cómo las canta (elegante cuando toca, colega cuando quiere)... No es un disco que meramente "mole" (aunque obviamente lo haga), no es solo "arruga bella" (65 palos que nos cumple Graham en unos meses), o un correcto reflotar glorias pasadas por un día... El/los canallas se ha/n marcado una "masterpiece" de la hostia reconsagrada. Tal cual. Un batiburrillo donde Dylan y Newman conviven con los grandes nombres de aquella movida que propulsaron el ya mentado Lowe y Edmunds hace ya tanto a costa de las formas más primigenias y reconocibles de esto del rocanrol... Un trabajo que, al fin y de una puta vez, me recuerda (cual barco pirata al final de Peter Pan) que lo difícil, lo difícil de verdad, es hacer grandes canciones y dejarse de leches... Sin armazones innecesarios generados en estudio, sin aupamientos externos gratuitos, sin que la palabra "tendencia" aparezca en ninguna esquina de la foto...  Es lo que ocurre, lo que debe ocurrir siempre con los grandes discos si en verdad lo son y algo que nunca falla (que es más viejo que la sopa ello). Lo que ocurre con "Squeezing" y lo que cada vez tengo más claro que ocurre/ocurrirá con "Mystery glue"... Sí, así de burra es la cosa. De entre los discos de la última década solo "The eternal" de Sonic Youth, y en un registro evidentemente tan distinto, me había dejado una sensación tan rápida y palpable de estar ante algo que, no me cabe duda, merecerá ser muy largo tiempo venerado (aún más allá de marcadas querencias propias o de  las de quien toque)... Y, finalmente, ¿por qué tan jodida es la cosa, -volviendo sobre lo de antes-, pues?... Pues porque el puñetero Graham me ha dejado cristalino, como casi nadie había logrado en tiempo (recuerdo ahora el "Together Through Life" de Bob o esa pseudo-reencarnación de los Groovies por parte de Jordan con lo de Magic Christian), que cuando algunas generaciones de artistas vayan levantando la mano para pedir la cuenta final al inefable y cabronazo camarero que responde por "tiempo" muchos nos vamos a quedar muy, muy, solos. Y ahora ya pueden relativizar lo que les salga de lo suyo que hay barra libre: "Es lo que hay", "¿qué esperabas?", "ley de vida"... Pues vale, pero sigue jodiendo y permítanme (por ello mismo y en consecuencia) que, por esta vez, invite a zumbarse quien proceda su realismo/pragmatismo por ese lugar donde la espalda cambia de nombre sin la menor dilación... Como escribí hace bien poco en otro lugar: "Graham is no ordinary word". Magistral lo suyo Señor Parker.


jueves, 21 de mayo de 2015

CINEAÑADAS : 1960


Qué estaba de parranda... O "I've been tired", sin más,  que cantaban los Pixies y para el caso viene a resultar lo mismo. Se regresa a lo grande, eso sí al menos, con un pedazo Cineañada de las de enmarcar a doble tachuela. Y no por la pericia de uno en el postear, obviamente, sino por las puras barbaridades de improntas que nos oferta el mundillo del arte séptimo desde aquel 1960. El cine yanqui sigue mandando, como siempre, a nivel de grandes producciones mientras se prepara para la explosión pop que regirá durante la década que se estrena y, por mera lógica estadística, ofreciendo grandes referencias pero, -y muy bien por ello-,  el espectro a estas alturas se ha abierto lo indecible... Grandiosas referencias - en calidad y número- desde el cine europeo (Maestros del asunto en apogeo, es de cajón), así como un empezar ya definitivamente ese girar cuellos a otros rincones del orbe por parte de un público (no mayoritario pero ya significante), hastiado quizá de ver un tipo de cine predeterminado de manera, quizá igualmente, algo abusiva... Volviendo a la chirigota que hoy nos ocupa dejar muy claro que, cómo no, por un tema de indisimulable majadería  por parte de quien suscribe, que en cierto momento decidió dejar este tipo de entrada en un recurrente Top-10 (para no eternizar y tratar, aún contra natura, de ser lo más sintético posible), se pierde ese destacar como procede una serie de títulos indispensables (o cuanto menos interesantes o/y renombrados) en aras de respetar la decena apuntada... En fin, agarrarse un@ a donde se pueda al repasar las brutalidades que me han quedado fuera (o ante portes -y así a bote pronto, sin excavar en exceso-) para el listado de 1960:  "La dolce vita" (Fellini), "Cimarron" (A. Mann), "Espartaco" (Kubrick), "Una mujer marcada" (D. Mann), "Otoño tardío" (Ozu), "Tres vidas errantes " (Zinnemann), "La aventura" (Antonioni), "El esqueleto de la señora Morales" (R.A. González), "Nunca en domingo" (Dassin), "La joven" (Buñuel)... Y todo eso, se insiste en lo del "bote pronto", sin contar con el apartado "descuidos flagrantes" (que ni pensar quiero ahora en lo que ha podido quedar ahí). 

10. "Éxodo" (Preminger). La pega evidente de este film reside, y desgraciadamente pinta que cada vez residirá más, en ese imprescindible trabajo mental y previo, por parte del espectador, consistente en evitar valoraciones histórico-políticas a fin de disfrutar de la intachable factura que el maestro Preminger genera durante las tres horas y media de metraje. De lo contrario, y a pesar de que el director de "Laura" suavizará cargas políticas desde el guión (de Dalton Trumbo) basado en novela ajena, conceptos como "propaganda" o "panfleto" pueden despistar a más de uno... Soberbios Newman (a pesar de alguna arengada de más y a calzador que le hacen decir) y Lee J. Cobb (que está de lujo hasta en los anuncios de sopicaldos), algo insulsa la Marie Saint (como siempre, para mi) y muy bien el resto de secundarios con Lawford al frente... Aunque, es de recibo admitirse, quizá quede todo eclipsado por el papelón de Sal Mineo, una banda sonora de las de caerse y el hecho de que Preminger insistiera la de dios para que Trumbo (el Elvis de los blacklisted de McCarthy) guionizara el folletín... Cuenta la leyenda que ello animó a Douglas para hacer la misma jugada con su "Espartaco" e incluso se puede leer, en más de un lugar, que és aquí  donde se debe ubicar el auténtico principio del fin para la infame Caza de Brujas de marras.

09. "La evasión" (Becker). Creo poder afirmar sin margen de error que somos un ingente considerable los que sentimos cierto tirón por lo que, de forma algo prosaica quizá, denominamos "pelis de fuga"... Bien, pues sin duda igualmente, estamos con el film de Jacques Becker (como también ocurre con "Un condenado a muerte se ha escapado" de Bresson y de unos pocos años antes) ante un podio olímpico seguro del asunto tras una centuria de buen, regular y mal cine. Tal cual. Adusto, -casi incompasivo-, y firme modo narrativo en creciente continuo con traiciones y tensiones de por medio (sin descuidar su tono pseudo-documental que trasciende al trabajo actoral -prácticamente amateur hasta este momento en buena medida-) hasta su enmarcable -magistral y desgarradora- resolución... Se puede rematar el tema, además, con aquello de que (oh) esta basada la historia en un hecho real pero, en cualquier caso, mejor les remito al muy reciente texto que el amigo de la casa Gonzalo Aróstegui realizara en su Ragged Glory, a modo inmejorable broche y donde tenemos muy nutritivamente desbrozadas las virtudes de un film que ningún amante del medio, en su juicio sano, debiera saltarse alegremente. Para verse con el traje/vestido de los domingos de puro cojonuda, vaya.

08. "Tirad sobre el pianista" (Truffaut). Por muchos -magistrales y dramáticos- "golpes" que dejara a modo impronta el reputado cineasta (y fan/erudito del cine a la par) francés, lo cierto es que es un artista al que siempre valoro con cierto plus de empatía (por así llamarlo) por la mera razón de haber realizado uno de los arranques de film que más me gustan de siempre para su inolvidable "noche americana". En verdad siempre pienso que ese asociar Truffaut sistemáticamente al drama ningunea varios puntos la pericia y diversidad del autor... Para el caso éste, su segundo (y, para mi, infravalorado -así en general-) largometraje. Sea por un tema de hipersutilidad o exceso de mimetismo se pierde quizá, o en parte al menos, esa especie de sátira del noir clásico yanqui que se propone y se logra (si se interpreta como "cine negro" sin más nos perdemos el significante real de la obra, amén de quedar el todo resultante en algo más "ligero" o "correcto sin más"). La onda expansiva del eternamente reverenciado estreno que precede en el opus del realizador parece haber condenado para siempre a ésta, su brillante y plausiblemente distinta, continuación a una relatividad que, para quien suscribe humildemente y tal, ni es justa ni procede. Menos de hora y media de festival donde se intercambian géneros con una facilidad que acongoja (y acojona) y donde, cómo no, parece que nada pase cuando no paran de pasar cosas. Muchos applaudissements al auteur, desde luego.  

07. "El fuego y la palabra" (Brooks). O cuando Richard Brooks le regala a Lancaster el papel dramático de su vida (sí, para mi por encima incluso de las emblemáticas composiciones que el ex-circense artista bordara en "El gatopardo" o "El hombre de Alcatraz", entre algunas otras selectas). Y aunque Arthur Kennedy y Shirley Jones realizan roles secundarios de enjundia, está claro que la respuesta que el protagonista encuentra en la siempre perfecta Jean Simmons (aún con hábito a la "angel face" no me la toca ni el Tano) no hay cuartos para pagarla. Tremendo varapalo a la fe (de cualquier índole al extrapolar) que queda aquí retratada y vulgarizada con atinada mala uva... Sea quizá por ese coincidir en el fondo con lo dispuesto (de siempre que, por ejemplo, lo del rebaño y el pastor me parece ya el mearse en la cara de la gente, pero eso aquí no toca, perdón) y el arrojo -y auténtica y cochambrosa humanidad, si se analiza- del rol de  Burt que se sabe subrayar por esa subtrama negroide del farsante que debe descubrirse -muy bien Kennedy, se insiste, que fue bastante más que el colega de juergas de Marlon y Monty- el cocido final me parece una siempre apetecible revisión sin espacio a fechas de caducación que valgan. Lo de traducir "Elmer Gantry" de esta forma en nuestras latitudes queda para el interminable coleccionable a colación de este tipo de "prácticas", claro.

06. "Al final de la escapada" (Godard). No es mala manera de estrenarse en esto de los largometrajes pensaría el inquieto realizador cuando Truffaut (de nuevo él) le prestó esta historia de pasados turbios que vuelven para pedir la cuenta... Eso sí, el "cómo" ya es/fue cosa suya. Odiada e idolatrada hasta el paroxismo, tiene esta película fieles que se perderán forever en esas "rupturas de raccord", esas cuartas paredes pateadas sin previo aviso y, en resumen, sus mil y un trucos visuales-narrativos (de la misma forma, atención, no hay quien se corta un pelo a la hora de hablar de "pedantería visual" o "chapuza sin sentido", o/y similares). En cualquier caso, creo que su posición en este listado de hoy deja claro donde, a su vez, se y la posiciona quien suscribe. Y es que más allá que a la Seberg és para quedársela mirando hasta el fin (y no solo porser guapa hasta el berreo, conviene aclarar) y que Belmondo confecciona su cachondo-canalla-bon vivant como una sátira imposible de ese Bogart al que idolatra en el film, el tema regala una frescura y descaro difícil de olvidar (siempre para quien congenie, si). Buena soundtrack de giros jazzísticos (recurso muy usado por "los vecinos de arriba" en aquellos años) y una Paris fotografiada de postal para remachar, ojo ahí, y ya tenemos el asunto perfilado para ser finalmente lanzado a la posteridad en uno de esos debates (Godard y su arte -íntegro y/o por partes-) sobre el que más se ha leído y escuchado en esto del séptimo arte. Véanla/recupérenla sin prejuicios.

05. "Los canallas duermen en paz" (Kurosawa). A ver... Este hombre era Dios y punto (a este sí que hay que tenerle auténtica y eterna "fe", de gustar esto de los celuloides y demás, al menos). No sé cuantas veces he escrito en este modesto espacio que cualquier comparación entre Kurosawa y quien sea a la hora de plasmar exteriores en imágenes no se sostiene. Sin más. Sin embargo, alejado de la exaltación y épica de katanas y samurais en gran angular mode, el genio se marca aquí su particular revisión del mundo urbano contemporáneo y sus miserias. No es una excepción total ello, está claro (que tiene el hacedor de "Rashomon" bastantes otros films alejados de los códigos y maneras medievales), pero como logra hacer flotar aquí, de la misma forma, los instintos y escorias más arrelados a la condición humana y en un contexto tan distinto no es algo que parezca estar al alcance de muchos... El inicio del film es videoteca pura y la trama que se va enredando hasta su insospechada conclusión no exenta de romanticismo (que con sables o sin la venganza soterrada siempre tiene su punto, claro) es la enésima composición maestra de un señor que hizo historia del medio que eligió como bien pocos... Y qué raro el gran Mifune con corbata, eso sí (pero qué intérprete iguamente, la madre que lo parió y faltaría).

04. "Rocco y sus hermanos" (Visconti). CINE, mayúsculo y en la fuente más gigante que puedan encontrar. La madre de todos los melodramas que dejara aquí impreso en mármol Don Luchino. Una familia que huye unida del ámbito rural para ser progresiva y fatalmente destruida sin miramientos por esa urbe que, en principio, debió haberles protegido o, cuanto menos, permitir una mayor facilidad de subsistencia que, obvio, jamás llegará...Y claro que no cometeré la herejía de obviar la inmortal partitura de Rota, estaríamos buenos. La mala vida en los bajos fondos, el boxeo, las mafias domésticas, la prostitución, la imposibilidad de atisbar un mínimo y cierto futuro... La desgracia, en síntesis, se adueña de las vidas de los personajes. Así por la (hasta estúpida) bondad desmedida del propio Rocco,  la incapacidad congénita de otro o la brutalidad y falta de luces del de más allá (y con el resto de "alegres" roles secundarios en danza), el tema adquiere, finalmente, un tono afín al de un enorme castillo de naipes que vemos caer, sin remisión posible, en sangrante (pero hipnótico) slow time. Aplauso a todo el cast, por más o menos famoso sea, por cierto (y con sobreactuaciones -"que haberlas las haylas"-incluidas, qué cojones), casi tan fuerte como esa retranca final y maestra del gran Visconti dejando una brizna de esperanza en la figura de ese hermano pequeño que quiere regresar al punto de partida... Si analizamos en conjunto, y en efecto, el concepto "toque maestro" se inventó para detalles de este tipo. 

03. "El manantial de la doncella" (Bergman). Mi film predilecto de este realizador que, como Kafka o Platón, lograra hacer de su apellido admitido adjetivo doméstico. Todo un qué, desde luego, a tenor de sellos, fresas y toda la -generosa- colección de reivindicables, más o menos evidentes, que el más erudito quiera o pueda aquí recordar. A Bergman se le puede recurrentemente acusar de hacer abuso de la tragedia adherida al ser humano y sus circunstancias, así como de esa necesidad de querer (frecuentemente) trascender ya desde los mismos títulos de crédito...Y todo son impresiones más o menos respetables, claro. Pero, según lo entiende uno, és al separar forma y estilo de este ente creador, único me atrevería a decir (y que sin duda és, nadie se engañe en solitarios), cuando vemos su arte brillar como debe y procede. Eso, sea por las limitaciones intelectualoides de servidor, porque hoy es jueves o vaya usted a saber, me hace tan estimable este pedazo de largometraje. La historia , suerte de desgarrado cuento medieval con crímenes y castigos de por medio que riánse ustedes de lo del señor ruso aquel (bueno -corrijo-, no lo hagan, pero nos entendemos), está perfectamente clara y perfilada. Desde ahí, ver como el realizador construye su lectura propia, ver crecer sus matices y detalles, da claro (con bien poco  parangón en su obra) testigo de lo que és, o debiera ser, un "autor" digno de figurar en la historia como tal. Visualmente preciosa, sin olvidarse de respetar el cuento/cantar  clásico que és, con alguna secuencia de esas que se quedan con uno ya para siempre y, obviamente, una maestría de puro evidente que sabe jugar (de forma ex profesa) con la austeridad de medios, puede que estemos (no sin cierta prudencia al afirmar tal cosa) ante el Bergman más "accesible" de siempre... Y maldita lo que me importa. Ah, y tampoco busquen casas de enanitos en ese bosque, claro ... Y el encontronazo entre Odín y Dios qué poco que importa al final en realidad (que se acaba en el mismo y vengativo lugar)... No, si al final va a ser un genio de verdad y todo este señor...

02. "El apartamento" (Wilder). -ver reseña de la casa, o no, aquí-. Siempre que pienso en comedias clásicas ("Las Comedias") hay tres títulos que me vienen a la cabeza: "Una noche en la ópera", "Ser o no ser" y "Con faldas y a lo loco"... E, igualmente claro, siempre me viene la misma coletilla de seguidilla: por lo tocante a lo que uno reconoce como "comedias puras". Pues si sumamos otros conceptos, el trio pasa a pentalogía y, en verdad, ya a pura orgía dado que si esa "comedia pura" la convertimos en "comedia dramática/romántica" o, también, a "comedia negra" hay dos films que (me) tienen mucho que decir aquí (en lo más alto en ciernes de los gustos propios): el teléfono de Kubrick en lo segundo (mi film favorito del realizador y una rara avís genial y mal lechosa como pocas en el medio) y, por supuestísimo, "El -glorioso- apartamento" de Wilder en lo primero. De hecho, estamos ante un film único como bien pocos (con perdón por lo evidente) que, más allá de juntar drama y comedia en una proporción cuyo equilibrio queda aún por superar (pasado ya el medio siglo de singladura, ojo), auna el ser una producción de los "grandes estudios" con el respeto global de cineastas y cinéfilos desde que fuera estrenada, así como el ser una obra ligera (sin grandes ínfulas) en la superficie y lograr, a su vez, tratar con una naturalidad pasmosa la mezquindad inexcusable que tantas veces nos define... Pues qué otra cosa podemos pensar del rastrero rol de Lemmon si se analiza un mínimo... Wilder hace héroe de un tio que deja su piso de soltero a los directivos del lugar donde trabaja para que lo utilicen de picadero de "queridas" y así medrar en la empresa y lo logra (y ahí reside lo más difícil que parece lo más fácil) al hacer esperpento, caricatura, al reconocerlo como básicamente "humano" y facilitar así que empaticemos con un mindundi al que, por un u otro camino, podemos creernos sin esfuerzo que valga. Así, por supuesto tenemos el creciente viraje moral que tan creíble nos hace un intérprete de los de los dedos de la mano, la ascensorista más guapa de la historia niquelada además por una actriz soberbia (y debilidad personal a cualquier nivel), unos secundarios de lujo con el señor McMurray al frente, un guión impecable (uno de los que más, con la enormidad que ello supone) de la dupla Billy-Diamond, algunas escenas y secuencias que por si mismas son leyenda (por cómo quedaron y por cómo se hicieron) y, en resumen, cualquier cuestión que quiera abordarse con este pedazo de obra de arte. Esto es así. Aunque, en verdad y sintetizando, el principal secreto de "El apartamento" no es que sea solo una de "las mejores pelis de la historia del cine", claro, és que (repito ya por última vez) resulta tan marcadamente creíble y cercana que se nos hace entrañable sin siquiera pretenderlo. Y da igual cuántas veces se vea, que esta testado y retestado.

01. "Psicosis" (Hitchcock).  -ver reseña de la casa, o no, aquí-. Ya no sé que escribir más sobre este film... Mi predilecto de un hombre que junto a Lang, Wilder y Kurosawa completa mi póker de realizadores intocables, de mayores ídolos habidos en lo suyo... Y mira que tiene el británico films que me gustan (sino más que ningún otro por ahí ronda) pero, con todo, "Psycho" es especial... Qué se carga a la prota en el minuto 40 por el amor de dios (!!). Y pega después  el bandazo más descomunal que se puede ver adherido a argumento alguno on screen... ¿Cuántas películas han visto en que muera el único protagonista claro de esta forma, donde el realizador nos abandone a nuestra suerte de esta manera ("pero... ¿ahora qué coño va a pasar?")?, además eso... de ESTA manera... De verdad que es para visitar al hipnotista de guardia para que nos haga un reset mental que nos permita olvidar las cosas de forma selectiva y poder ver "Psicosis" por vez primera una y otra vez hasta el fin... Y disfruto horrores con ventanas, pájaros, encadenados, sombras y demás (nadie lo ponga jamás en duda), pero humildemente y para uno, la experiencia vital de ver "Psicosis" por vez primera... Buff, momento de la vida total. Mejor les remito al enlace de arriba y me aparco ya... Aunque, eso sí y ya al fin, conviene aclarar que estamos ante un film top-5 de la vida de uno (ésta, "M", "El tercer hombre", "Rashomon" y "La noche del cazador" son los cinco mejores films de la historia -esto es así y punto guzzero-)... Que la madre que lo parió a Don Alfredo, sí... y también la que parió a Norman, claro.