sábado, 9 de enero de 2021

DISCOGRAFÍA DAVID BOWIE (en solitario y "del menos bueno al más mejor")

Pues en efecto, un lustro que nos ha pasado ya. Fue a principios del 2016 que el hombre que cayó a la Tierra abandonara del todo la misma, más no así su legado (imposible ello). Y partiendo de ahí, y evitando muy mucho el liarnos a enumerar obviedades con importancias y milagros del tan famoso e irrepetible alter del señor David Jones, queda ahora la magnífica oportunidad de dejarnos de rollos y atacar directamente lo magro del asunto... Como es habitual en la casa y para este tipo de celebraciones, eso sí, mucho me temo que es perentorio un breve "manual de uso" a fin de esquivar (intentarlo al menos) equívocos y puñeterismos varios: 

Dando por evidente siempre el autoasumido y lógico marchamo subjetivo del listado, éste se verá nutrido exclusivamente por la obra de estudio en solitario firmada por David Bowie. Ello excluye Soundtracks (lo siento por l@s fans del ya mítico calzón de Labyrinth, por ejemplo), los dos discos de Tin Machine (que ya me jode porque el primero sobretodo me gusta y no poco -amén de ser el punto de encuentro con el tremendo Reeves Gabrels-), discos de versiones (hasta otra Pin Ups, si) o, por supuesto, colaboraciones mil de todo tipo (cosa que deben agradecerme al ahorrarnos, por esta vía, aquello del bailoteo urbano con Jagger que es que no hubo ni habrá jamás derecho)... Y tantas y tantas cosas más que no acabaríamos. Que por tener hasta tiene su "Pedro y el Lobo" narrado este hombre. Ya sin más...

24. Never Let Me Down / 1987. Esto empieza con uno de los mayores consensos que hoy aquí, en este texto, se concitan. Pues por gravoso resulte pontificar con estas cosas, está claro que nos hallamos ante uno de los peores discos, frecuentemente señalado como "el peor" directamente y en verdad, de Bowie. Un batiburrillo de intenciones sin meta ni fin donde la experimentación se torna absurdo y la intención ridículo. O poco menos (y sin olvidar jamás el "nivel mínimo" que hay que exigirle a priori siempre a los grandes... lo mismo que a los gigantes, para el caso). La coña de la araña de cristal que no entendió ni él, la producción inexplicable también, lo ramplón de los singles, el rap (??) de Mickey Rourke... En resumen, el que seguirá en el listado (y le precede en cronología) es flojo y flojo de narices además, si. Pero aquí ya se le fue la castaña, la olla, la chola y todo lo que se pueda ir, hasta el final y para no volver... Alejarse siempre, insensat@s.

23. Tonight / 1984. Por mucho que escuchen o lean a colación, para mi la cosa se resume en "Blue Jean" y la versión de los Beach Boys... Fin. Qué sencillo cojonudo de haber quedado ahí la cosa, ¿verdad?. El problema, ay, es que "Tonight" es un disco entero... Y entero de naderías para mayor información. Se dan momentos de sonroje como bastante indisimulable (sino sangrante) con esta mixtura de géneros y producción excesiva donde los instrumentos parecen metidos a presión porqué sí y como tratando de asimilar, sin la menor de las suertes, a los maravillosos Talking Heads. En definitiva, tópico o no (e igual que ocurre con el anterior de la lista), si tantas relaciones y listados de tan variopintas procedencias lo ponen donde se acostumbra no vendría siendo baladí en este caso...  Lo destacado en primera frase de epígrafe y, en efecto: "Alejarse siempre, insensat@s 2.0".

22. 1. Outside / 1995. Esto es como la banda sonora de la Biodramina. Lo siento, pero lo he tenido que recuperar para esta verbena y, la verdad, no saben ustedes como arrepiento. El arribismo "industrial" noventero de Bowie puede/podía encerrar todos los significados narrativos que el genial músico quiera e incluso gozar de críticas positivas a mansalva pero, cachís, en la praxis pura y dura para servidor esto no va a ninguna parte... No niego mi animadversión natural por el concepto "música industrial" (oxímoron tal que montar una ebanisteria basada en la orfebrería del plomo, para su mendidad) pero, aún jugando al abogado de Satán, de verdad que no encuentro el clavo ardiente al que agarrarme en este "Outside". Lo que en su canto del cisne, por cercano ejemplo (y por no irnos a buscar ventajistas trilogías anteriores), transmitía búsqueda e inquietud, en este disco fue mera  cacharrería dispuesta a lo loco a base de infinitos e inasumibles chimes, sin medida ni tregua tercien. Empanada en la sección de electrodomésticos y a qué más.  

21. Earthling / 1997. Y si el anterior era la llegada al polígono aquí, era de esperar, ya entramos en la Disco... En favor de "Earthling" cabe esgrimir un par de singles bien famosos y hasta cierto punto apreciables y... Ya. Con este disco se habló y escribió mucho de conceptos como "jungle" o "electrónica" a lo que, faltaría, los fans menos rockeros del Duque se subieron sacando pecho lo indecible (de repente, y qué gran error de apreciación ello para algunos autores -entre ellos yo-, estos patos discotequeros -dicho ello con todo el cariño- ya no tenían que avergonzarse por escuchar a los prodiyi o los quemical pues, oh what a glorious day, ahora uno de los grandes íconos del rocanrol de siempre hacía también estas mierdas)... En fin, escuchemos de vez en cuando "Little wonder" o la del miedo a los yanquis, que en pequeñas dosis molan y siempre será mejor que oír a OBK pero, vaya, ahí que se queda la cosa. Imprescindible para los acérrimos de Technotronic o Chimo Bayo en cualquier caso, que eso, al menos eso, sí cabe admitírselo.

20. Reality / 2003. Para ir rápido y fácil, me parece hoy por hoy el menos logrado de sus últimos trabajos. Con considerable holgura y aunque en su momento lo abracé sin reservas, debo reconocer. Tiene un par de versiones de relumbrón y "Never get old" me sigue pareciendo un señor tema. A sumar que del resto de pistas ninguna me parece tampoco lo puto peor de la vida... Y sin embargo tiene "Reality" algo frío, algo que me proyecta marcada sensación de "auto-pilot". Como un afán excesivamente precalculado de hacer un "Bowie tipo" y repetir así la jugada que tan bien le funcionó en "Hours"... Y el plan, visto en perspectiva, no era tan malo (qué narices). Después de un trabajo más críptico, mucho mejor aunque menos evidente e inmediato, como fue "Heathen", la idea de volver a cauces más asumibles de cara al gran público era un movimiento que, con las oportunas matizaciones a argüir,  ya le había funcionado en el pasado (los monsters y las ashes mismamente, si). La serpiente en la bota, por desgracia, fue que "Reality" no tenía el notable tracklist de "Hours" ni por asomo. Un disco agradable, sin riesgos ni grandes fastos (algún exceso de "ruiditos" todo lo más). Dejémoslo ahí.

19. David Bowie / 1967. De acuerdo, es tan deudor de su época (en instrumentación especialmente) que parece deba escucharse con una diadema floral el condenado... Pero, ojo atenciones, ¿acaso no tenemos aquí, de alguna manera al menos, el inicio de aquel reverso de pop barroco, del que se refocila sin complejos en el patetismo como una Greta Garbo venida a menos fumando Ducados mientras se suben las sillas en las mesas tras el show de tercera?. Hay mucho de eso en el Bowie pre-Ziggy, diáfano ello, e incluso hilvana muy bien con ciertos virajes en la producción del "Transformer" de Reed que co-firmara. Por supuesto que, se insiste, hay algunas elecciones en el uso de instrumentos que han envejecido como el culo de mal. Pero también, complejos al margen, coexiste cierta querencia a determinados paisajes de Kinks y Small Faces  (a los que de momento no se acerca ni mediando hipnosis al mayor de sus fans), y al fin, aún sin poderse vislumbrar todavía a la bestia parda que se comería el planeta un lustro después, tenemos algunas canciones perfectamente rescatables en esta suerte de falsa ópera prima (que median algunos intentos previos, si, pero pasando mil de aburrir más de la cuenta con mandangas que puedan mirarse en la wikipedia quien guste o tenga ganas, de no sabérselo ya).

18. Let's Dance / 1983. Injustamente añadido a los dos posteriores a fin de confeccionar una especie de trío de los horrores (pues, no nos engañemos, eso de atizarle a "los ochenta de Bowie" es uno de esos tópicos, merecidos o no, que se repiten con denuedo desde hace mucho y en muchos lugares) pero, de la misma forma, innegable paso atrás viniendo del venerable "Scary monsters". A su favor empezar con tres hit-singles que gusten más o menos ahí quedan ("Modern love" en concreto resulta del todo incontestable, a qué engañarse), una notable cover de Metro y, finalmente, alguna (una, en verdad) pieza suelta interesante más como esto de la "gente gato"... Por contra, conceder a los haters el asome de algunos de los ripios que se repetirán hasta el hartazgo en "Tonight" y el otro que le sigue desde la producción y para el temario restante (que en esto si que no nos queda otra). Todo ello acaba por configurar una obra deslavazada, aún a pesar de sus picos, que no por ello (de ahí no me bajo) merece ser apareada con el par de pifostios que vendrán. 

17. Black Tie White Noise / 1993. El problema que de siempre le ubico a este trabajo es, básicamente, su falta de identidad propia al abarcarse en su conjunto. Por contra, más allá de lo inapelable de su single estrella del "Jump they say", su principal activo me viene dado por algunos momentos concretos de gran y auténtica brillantez... Y no se me escapa que el quejarse de ello es una contrariedad de cajón la mar de estéril, sino directamente una chorrada de tomo lomero, está claro (una cosa deviene de la otra al fin y es como recriminar a alguien que el semáforo no esté rojo y verde a la vez). Pero, de alguna manera, me resulta de siempre un disco que "tendría que estar mejor". Y me jode ello. Es un álbum para arremangarse, un trabajo en el que se nos obliga a zambullirnos para encontrar el tesoro sumergido y al final, aunque parte del premio valga (y bastante) el esfuerzo, el traje de buzo tiene descosidos, y el color es bastante regulero y, para resumir, da como un desencanto el "todo" que, retóricas de a granel al margen, me deja esa amarga sensación del "victoria a medias". Sin comparar (pues propuestas y estilos no tienen nada que ver), sería como el "Infidels" de Dylan pero con Bowie: mola, es buen disco... pero, ¿no es cómo si se intuyera algo mucho mejor clamando por surgir desde el fondo?. Pues eso. 

16. Blackstar / 2016. Lanzado dos días antes del fallecimiento del músico y, para bien o mal, mitificado por ello mismo desde el instante inicial. Lo que, personalmente, pienso le juega en contra al disco de cara a su justa postergación... Aquí aparece en la posición 16, por ejemplo (todo lo espurio que quieran, pero ejemplo al fin), y no me cabe duda que estoy ante un trabajo que me seguirá escalando... Pero a su debido tiempo. Pues presenta este álbum una propuesta poco afable en distancias cortas, pero inmersiva y lograda como no se veía desde los discos berlineses en su opus. Directamente. Tiene sin duda esa virtud de concepto musical bien armado dado que, aquí sí, estamos ante una cohesión palpable y distintiva. Pero, ay, la vida no da para todo y somos animales de constumbres. Si arrancamos unos minutos para Bowie de vez en cuando y asumiendo que además nuestro estado de ánimo nos lleve a alejarnos de los tótems "de canciones" de siempre, ¿vamos a preferir "Blackstar" a "Low"?... Sean sinceros. Creo que al canto del cisne del Duque, por lógico resulte si se analiza y por las circunstancias, se le ha procurado un "masterpiecismo" acelerado artificial. Y ello hace que sea una especie de "obra capital inmediata y por cojones" a la que se le ha denegado un crecimiento natural en pos de un  estatus que merecerá algún día (cuando se haya interiorizado de forma honesta e individual)... Pero que todavía no y precisamente, por esa imposición circunstancial que trasciende a su música, nos tarde un poco de más en alcanzar. Paradójicamente creo pues que la devoción tan desbordada y reinante, tan rápida desde fans y medios, banaliza más que ensalza en este caso... Y lo sigue haciendo cinco años después. Pero nos acabará reinando de verdad (o como de verdad importa: en la erosión doméstica y al ir viendo con los años como tantas obras coetáneas van cayendo mientras la puñetera estrella negra sigue ahí), si. Sólo debemos dejarle crecer como procede.  

15. Diamond Dogs / 1974. Está claro que "Rebel, rebel" es uno de los grandes himnos. Que "diamond dogs" (faltaría), "big brother" o "we are the dead" -y alguno más- son magníficos temas... Pero la cosa está, al menos en recuentos personales, en el: "¿hasta qué punto lo son?" (sí, me entrecomillo los pensamientos propios en paráfrisis, soy así de chulo). Y, yendo más allá, ay caray, queda en remanente ese quedarse el disco en terreno de nadie sin darle en la diana de pleno a nada... No le alcanza para considerarse al nivel rockero megaestelar de hacía bien poco, hace corto como elemento proto-berlinés y, de la misma forma, no es una digresión tan única y lograda como "Young americans". Toda la personalidad, la síntesis de "Station" como disco cojonudo de transición a otra parte, es algo que no encuentro (porque no se hacerlo a lo mejor, pero es lo que hay) ni de coña en "dogs". Un disco con sus buenas cosas, con un temazo mítico que aconseja su adquisición sin reservas pero, para mi siempre (insisto), también con la ausencia de magia sita en otras paradas del viaje. 

14. Space Oddity / 1969. Llevar el título de una de la piedras sagradas de la historia rockera toda, que para más inri abre el disco por todo lo alto, parece condenar por siempre a un cierto relativismo al disco superhippie por antonomasia de Bowie. Y eso no estará nunca demasiado bien por más años pasen... Definitivamente "Space Oddity" (the album, el segundo de la colección en cronologías) es algo bastante más que su inmortal himno de cabecera. Porque, y  aunque hay más, sólo su rush final de tres canciones debiera hacer subir exponencialmente la impresión general que este álbum acostumbra a proyectar. Y sigue dominando el marchamo acústico de base sin duda, pero aquí, importante, ya se van introduciendo y sumando formas muy reconocibles de lo que acontecería a no mucho más tardar (la rareza espacial pone el tono de todo lo que la seguirá en el elepé, en definitiva). Por no alargar tanto en esta ocasión,  dejémoslo en que el salto desde el anterior es evidente y, claramente (visto hoy con toda la perspectiva del mundo, además), ir viendo como una fase lleva a otra desde Space a Ziggy o Aladdin sigue siendo una de las evoluciones express más sonadas de "niño prodigismo" nunca habidas en la singladura del medio. Redescúbranlo cada tanto. Lo merece.

13. The Next Day / 2013. Este le salió muy bien. Con un logrado tono homogéneo, y una elección en la sucesión de temas más que acertada, le vale al "Heroes tuneado" para figurar entre los ya claramente recomendables del genio (saga dentro de la saga que empezamos sin avisar hace dos o tres discos, por cierto y disculpen el descuido al no señalarlo). "Valentine's day" puntua con nota como su último gran hit evidente de cara a las biografías y los temas, al generalizar, se despliegan con soltura en unos matices cuyas virtudes no quedan opacadas por las "lindeces de estudio" como en otras ocasiones ya anteriormente comentadas. Notable álbum al fin, con cierta querencia por la opresión en fondos y formas, que masacré sin compasión en su día y que sobretodo, atención, sigue sumando cada vez que me da por recuperarlo de forma íntegra tras sus ya buenos siete añitos de vida. Por no jugar a aquello tan zafio del infra/sobrevalorado más de la cuenta con alguien tan enorme de por medio, lo aparco con lo de "mucho mejor de lo que parece".

12. Lodger / 1979. Y despedía década (prodigiosa) y trilogía (cojonuda) Bowie con este "Lodger", uno de sus patos feos de siempre. Con el escepticismo resultante por el tiempo transcurrido ("Low" y "Heroes" salieron casi del tirón y este tardó un poco más -tampoco demasiado-), el hecho de ser algo más "convencional" y la ausencia de un hit potencial claro que defendiera el producto a modo mascarón, podría pensarse alguien que estamos ante un trabajo de descartes o, meramente, menor en comparación a los dos que preceden. Pues mire, no. La asociación Bowie-Eno funcionó aquí también de narices... Y poco queda ya por añadir. Además se empezaba a esbozar algún modo que brillaría ya en esplendor para el posterior Scary Monsters. Los temas de "Lodger" son variados, efectivos y adictivos a partes iguales. Y lo son aún sin la extraña magia celestial de "Low" o algo tan icónico como "Heroes" (la canción) de por medio. Sin llegar a la locura de síntesis de "Station to station", la bisagra que nos lleva de los jóvenes americanos a la Trilogía de Berlín, "Lodger" hace una muy meritoria función similar al unir dicha trilogía con Scary de forma lógica y fluida. Notable alto. No se lo olvide nunca nadie.

11. Hours / 1999. Y si los ochenta empezaron con uno de sus grandes discos precediendo obras claramente menores, los noventa recorren el camino inverso y nos los despide con su mejor álbum desde... Pues, precisamente, ese primer disco apuntado en el planteamiento, qué narices (y lamento si alguien se ha mareado, mis disculpas). "Hours" concita una de mis B Sides favoritas del músico, su mejor disco de largo que había comprado -hasta entonces- en "tiempo real" y, especialmente, un volver a la senda rockera que agradecí y agradezco especialmente (aunque más por salir de donde venía que otra cosa, a qué engañarse). Tiene además ese efecto curioso del ir a ver con el gesto torcido una superproducción de Hollywood (y ya les digo que el trabajo de edición en estudio de este disco te salta a la cara del primer al último segundo) y que, contra casi todo apriorismo, se te presente algo innegablemente disfrutable. Cosa no muy común y que cabe reconocer cuando ocurre, escueza más o menos. Y cierto és, sin duda, que "Thursday child" es Bowie para todos los públicos o que la de su vida soñada resulta un ladrillo de proporciones galácticas, pero el resto... Joder, estaba muy enfocado aquí (y lo qué puede hacer una sola letra de una palabra de una década a otra, ¿eh?): el melodrama de "something in the air", lo magnífico de "seven", los tonos orientales en "new angel promise" o (mi favorita) el riffazo criminal de Gabrels para las cosas bonitas que se van al infierno... Y más. Compren, compren sin miedo.

10. Heroes / 1977. ... just for one day. Veamos, no he tenido jamás problema alguno con en el rollo new age que se presenta en "moss garden", la atmósfera futurista de "sense of a doubt" o "Neukölln" (que parecen outtakes de la soundtrack de Blade Runner), o los experimentos gaseosísticos de "v-2 schneider", etc. Pero la verdad es que tengo un par de cuitas con este disco: "joe the lion", que (por no hacer leña y resumir) es que no la aguanto y la despedida con la coña arabesca, que me parece un cachondeo tal como si Eno le hubiera producido a Raphael su revisión de "aquarius"... El resto todo bien. Sin la inspiración y armonía maravillosa de "Low",-y aún sin olvidar nunca lo que aporta a su leyenda la barbaridad de pieza homónima-, eso es indebatible. Pero con muchos, demasiados activos como para resumirlo en "el disco de X canción". Otro magnífico dispendio de creatividad, muy valiente jugando la baza anticlimática además y que, sea como fuere, no nos puede faltar en la cole.  

09. The Man Who Sold The World / 1970. Justo aquí arranca el periplo rock-glamero, su decenio dorado, el encuentro con Ronson, la secuencia de cuatro discos (cinco si contamos el de covers) que le granjea su posterior estado de leyenda... y más. Muy honorable trabajo, en cualquier caso, que desgraciadamente es más reconocido generalmente por la versión que hiciera Cobain en los noventa de su tema titular o su curiosa portada (con Dave tirado a la bartola que no se sabe si pretende proyectar equívoco sexual o es que se ha mareado y le han echado una cortina por encima). Aquí el sonido tipo del Bowie clásico más rockero ya logra cuajar del todo y, en verdad, su único "pecado" vendría dado por las iterantes comparaciones odiosas ya que, obvio, la tripleta que sigue a esto es lo de los panes y los peces en sesión continua. Y qué pena esa menor consideración, por parte del público más periférico conviene aclarar (los fans le profesan/profesamos gran pleitesía de siempre), cuando tanto y tanto se logra desde sus surcos. Aquí está el nacimiento real de Ziggy desde ya el tema de bienvenida y sus ocho minutos de requiebros eléctrificados, uno de los tracklist más generosos en decibelios y mejor engastados de toda su trayectoria y, no se dude, un disco que puede y debe guardarse junto a sus ilustres hermanos generacionales con plena justicia. 

08. Heathen / 2002. Aún consciente de que me puede caer alguna por poner este álbum tan arriba, ya les aclaro que para servidor estamos ante la gran obra neomilenaria del llorado genio. Una virguería de futurismos, rayos solares y sci-fi en tropel. De hecho, es con marcada diferencia mi disco predilecto fuera de sus años de mayor aplauso y abolengo histórico. Aquí si recupero de vez en cuando al alquimista chalado con querencia al matiz de "Low", no al ruido por el ruido sito en otros trabajos suyos, y la certeza de estar ante algo que oferta un todo que me satisface por entero y por fractales por igual. Sin olvidar un par o tres de hits potenciales (o de facto en el caso de "slow burn"), las dos versiones tan bien traídas para la ocasión (Pixies y Neil Young, lo de peces en un barril) y, sobretodo, esa invitación a encontrarle momentos escondidos que, en "Heathen", ni da pereza ni se hace bola (sabe este disco lograr ello -de nuevo-, que te apetezca de forma volutiva y que no te encuentres según qué por accidente alguna vez... y de llegar a hacerlo). De los favoritos y además con el plus de estima que siempre otorga el serlo de una manera menos gregaria.  

07. Young Americans / 1975. Muy a favor de este álbum desde siempre. El geniecillo y flacucho inglés que va a las américas para dejar mesmerizado a una sucesión de musicazos de estudio que alucinaban cosa fina con las virtudes creativas del niñato de marras. El disco de poso negroide de Bowie, el de la colaboración en Fame y la versión de los fabs con Lennon, el de los vientos metales colándose por todas partes y los coros gospelianos... Una propuesta que empataba con su tiempo y adelantaba, a su vez, figuras y formas en su discurso de las que ilustres tan variopintos como Peter Gabriel o Prince iban a sacar buena cuenta en la década siguiente. Canciones mucho más allá de lo resultón como "win", "fascination", "can you hear me" y demás, que quedan aquí pseudoescondidas por siempre para irse descubriendo y redescubriendo a discreción... Lo apuntaba más arriba y me reafirmo aquí: una de las digresiones más ubicables y logradas del artista. 

06. Scary Monsters / 1980. Muchas veces mentado de pasada en lo que llevamos de texto y por algo que será... El primer y mejor, con insondable distancia y profundidad además, disco de los ochenta  de Bowie es a su vez uno de los mejores de su carrera. Y ahí lo podríamos dejar... Sólo la inferior y bastante chorras "fashion" desmerece desde un temario que, por lo demás, es un sumar sin mácula se cruce. Y de acuerdo que juntar "ashes" y "monsters" de seguidilla hasta parece trampa (por abusón), pero atención, que es en las otras donde esto se termina de disparar del todo y por el fantástico nivel de media exhibido. De entre todas las colaboraciones, más o menos ilustres para la ocasión, imposible no detenerse en el maestro Fripp (cómo dejar de hacerlo), quien se luce como conviene esperar y a modo ejemplo en esta "Teenage Wildlife", mi favorita del lote junto a la inolvidable secuela con las andanzas del Mayor Tom. Todo en su sitio y de narices (con ese único escollo ya explicado) en el retorno de la huída a Berlín. De los gordos suyos de verdad, y punto. Lo que habida cuenta sobre quien venimos tratando lo convierte,  obvio, en algo imprescindible sin más añadir.

05. Station To Station / 1976. La puerta abierta entre "americans" y "low". El disco de transición imposible que hace mejor y más entendible lo de antes y lo que sigue. Impresionante lo logrado en "station". Y en media docena de canciones y va que chuta, para mayor inri. Los giros y contragiros del tema titular, ir viendo como se va acelerando de forma casi imperceptible "golden years", el maravillarse con "word on a wing" (predilecta del lote y una de las más intocables personales de su carrera en general), el music hall de taberna de las galaxias para "TVC15", el ritmo sin compasión con vericuetos guitarriles del coponísimo en la conclusión de "stay" (que no lo hace mal del todo el señor Alomar, no)... Y hasta el melodrama postrero de "wild is the wind"... De hecho, es tan fácil de resumir, es tan intachable en concreción y contenido este trabajo que a qué darle más vueltas a nada. Un top-5 de la singladura de Bowie es una masterpiece del medio por definición, en definitiva.

04. Aladdin Sane / 1973. Vale, aquí ya entramos de lleno en el territorio de las obviedades por las obviedades. Qué comentar de algo tan conocido, tan icónico. El último con material original con la guitarra de Ronson (cuya pericia se dispara aquí a cotas ya prácticamente inasumibles en no pocas ocasiones) y el que cierra esta era dorada clásico-rockera de Bowie. Todo es mirra aquí y por tener hasta está su famosa versión stoniana. Ese tripleta saturday-panic-actor rematada por "time" al darle la vuelta para arrancar una segunda cara que no bajará pistonada en momento alguno... Es que no hay "pero" ni mierda a encaber ni con la peor de las voluntades. Con Aladdin pasamos de lo imprescindible a lo imprescindible y además obligatorio. Les ahorro el carrusel de lisonjas y tópicos sin medida que, como ocurre con los dos que le preceden en cronologías, es en verdad la única manera de intentar de referirnos a algo tan megaburro y no sólo dentro de la singladura del irrepetible músico y artista sino, directamente, de la historia toda del rocanrol en general.

03. Low / 1977. El disco que arranca la trilogía berliniana y, para mi al menos y claramente (que tampoco peco de original con esto, si), lo más elevado dentro de la vertiente experimental de David Bowie. El arranque con "speed of life", seguido por los temas cantados (que no necesariamente más convencionales y con parada y fonda en "sound and vision" ejerciendo de improvisado single), empieza el círculo que cerrará "a new career in a new town" (la otra "instrumental más amable" de la cole). Ello, por supuesto, nos lleva a esa segunda cara que es el alma del tema y donde Eno, Visconti y Bowie reman todos a favor de hacer algo que sólo cabe definirse como "único". La música concreta, la experimentación más o menos minimalista, el afán de búsqueda que supura desde la música lleva todo a un algo definitivamente muy superior al proto-new age y demás jerigonzas descriptivas nos podamos cruzar de vez en cuando. Y nunca alcanzará Bowie de nuevo estos niveles de hipnosis sónica en toda su discografía restante, está claro... El consuelo espero le quedara, eso sí, es que ni él ni nadie en estos modismos. "Low" permanece, sigue siendo la flor creciendo en el asfalto que fue y será. 

02. The Rise And Fall Of Ziggy Stardust / 1972. Lo interesante de escribir sobre algo muy desconocido es que no se corre el riesgo de caer en la sucesión de tópicos coñazo ni axiomas de a granel a colación. Es una suerte tener la certeza, casi absoluta, de abordar algo (un disco de rock para el caso) que nadie tiene en casa desde hace más años que el/ella mism@. Pues qué cansino sino tortuoso resulta siempre al fin describir lo maravilloso del Quijote o lo brillante de "Sed de mal". Obras cuyo material han merecido exégesis de todo tipo y más allá del propio ente creativo. Cercando la obra en si. Desde documentales a biografías temáticas, libros partiendo de diversas premisas y hasta recreaciones ajenas más allá de los centenares de reediciones propias. Dispuesto todo ello: ¿qué cojones quieren que les explique ahora sobre un álbum que se sabe de memoria hasta el gato el vecino?. Un disco que le canjea la inmortalidad a su creador y que suele aparecer sin margen para el error en las primeras posiciones en astracanadas del tipo "los 749 mejores discos...". Particularmente ya hace demasiados años que lo único que de verdad me sorprende de Ziggy es que alguien pueda hacer algo así y que además, contra toda lógica, tenga otra obra en su catálogo que todavía me guste más... Pd. Si alguien, amante del medio, quiere aumentar sabiduría sobre la gestación y repercusión de este disco, por haber estado en coma o algo, que se mire un documental, que tiene para elegir y todo (y no es chulería, ojo, sino justo lo contrario y a fin de ahorrarle tiempos y esfuerzos).

01. Hunky Dory / 1971. Qué mundo este... No es acaso el descojone total que Ziggy sea, stricto sensu y después de todo, un "paso atrás"... Pues NADA, dentro del ingente en referencias opus de Bowie y bien pocas -poquísimas- cosas fuera de él, se acerca para mi al disco de las "Queen bitch", "Quicksand", "Changes" y demás. Lo mejor de su carrera hasta ahí se levanta hasta perderse del campo de visión y la proyección para con su obra futura deja lo evidente tan atrás que se nos cambia la zona horaria un par de veces. Pleitesía a Dylan, el vodevil de "kooks", la perfección pop de las pretty things... Y todo ello, más lo no mentado, sin abordar todavía el milagro de "Life on Mars ?"... Ya he escrito demasiado y demasiadas veces sobre el puñetero "Hunky Dory".  Mejor lo dejo aquí, aclarando por enésima (eso sí) que su inexplicable ausencia en todo ámbito doméstico es morirse un poco de pena cada día y hasta que se le ponga solución. Medio siglo "a pedir de boca" en este 2021 ya y por cierto... Y ahí que sigue y seguirá, tan necesario e infalible como siempre, desde aquel día de diciembre de 1971. A modo cierre (y extemporáneo ello o no): mucho me temo que le seguiremos añorando por siempre Sr. Jones, pasen cinco años o los que sean. Infinitas gracias desde el ground control.