miércoles, 15 de junio de 2016

METALLICA - "...And justice for all" (1988)

Como de vez en cuando recuerdo en la cochambra no estoy nada de acuerdo con los seguidores rocanroleros "old scholl", y/o puristas varios, que denostan subgéneros enteros, quedándose (además) tan anchos en el proceso. Y ni qué decir cuando media burla o, peor aún, condescendencia (camufladas o no) el tema ya , directamente, se me hace un hueco en lo que denomino la carpeta de: "cosas que me tocan un poco los cojones y tal", que tengo en el escritorio. Para lo que hoy nos ocupa considero que, aún estando muy alejado del tipo de música que suelo consumir de forma recurrente y siempre en gustos propios, admito sin problema que en el heavy metal (que no hard rock, insaltable matiz -cansino o no, pero insaltable al fin-),- como en el rap ya puestos a tirar de la manta-, hay también unos pocos discos a los que la etiqueta de "masterpiece" no me parece les haga ancho por ninguna parte... Otro día (intención hay al menos) ya pegaré murgas con RUN-DMC, Public  o los BB, pero hoy (que la cabecera tampoco da mucho margen a cábalas) nos quedamos en el "metal". Y, más concretamente, en el que sería de todas ídem mi favorito en dicho corral... de no existir la para mi descomunal e imprescindible banda de Steve Harris (Maiden es una debilidad personal desde casi 3/4 partes de mis cuarenta springs actuales, tal cual se lo cuento).


Lo que va después del disco de hoy es de sobra conocido por todo dios. En verano del 91 aparece "el black" (aunque para mi "el black" es otro, ya saben cual y ojo ahí):  venden más millones de copias que madalenas hay en el mundo y, hale, a vivir de rentas... O por lo menos hasta el "Death Magnetic" del 2008. Soy de los acuñan ese tan manido parecer al respecto, sí (que los hay , y son legión, que hasta del susodicho y neomilenario álbum echan pestes a destajo -el aún ulterior disco con Lou es de Lou, y más que bien hecho que está para mi pero, en efecto, es lo de "otro rollo"-). "Death magnetic", en cualquier caso,  nos llegaba como una docena de años tarde y de haber aparecido por allá el 96 (o aprox.) muchos lo hubiéramos abrazado sin reservas aún proviniendo del entonces ya icónico "negro" (que me parece un disco formidable y cojonástico a la par, ni qué decir, y aún a  pesar de aquello del "nothing else matters" -me rechina de siempre, detesto su exagerado sobreafectismo-). Les hubiéramos perdonado, no sin cierto encabronamiento seguramente, el largo lustro de espera y hasta, por qué no, la astracanada innecesaria hasta la saciedad del "Unforgiven XXIV" de turno... Pero, claro, la historia está como ha quedado: "loads" y "reloads", la jerigonza que liaron con la orquesta de Kamen (que como boutade o curiosidad está bien, pero no más allá... y nos pegaron la madre de todas las chapas con el asunto), "St. Anger" que es de lo peor que se puede escuchar en esta vida (criminal es poco)... Sin obviar, lógico, el largo transcurrir de los años sin "chicha de la buena y de verdad" por su parte y que ha acabado por jugar en su contra, en el aspecto de que las nuevas generaciones melómanas han crecido con unos Metallica ya en "clave desprecio" que, aunque injusta en aristas mil, no deja de ser consecuente (o por lo menos entendible), a tenor de su oferta en estudio desde dicho periplo.

Tras tan sobada historia/rollo, vamos ya con AJFA... O casi. Que queda contextualizarlo como ente propio, al margen de acepciones generales de la banda y tal (y ya les ahorro lo que supuso para el menda, a sus bisoños 13, esto en su momento... que es que se nos acaba "la interné", directamente). Treinta añazos atrás, desde el rabioso presente, Metallica estaba por entregar su magnífico y reverenciado "Maestro de marionetas", la famosa continuación del también excelente y básico "Ride the lightning" del 84 (posteo propio desde el Exilio aquí), que todavía puntua en incontables lugares como su mejor y más definitiva obra. Sin embargo, ya que siempre han habido puristas (y tocacojones), algunos dedos empiezan a señalarles como "vendidos" para con la reduccionista causa "trash-metalera" de la que ellos, pese a quien pese, serán siempre la referencia más visible  (lo de "la mejor" ya queda al gusto de quien escucha, ahí estaremos de acuerdo -y aunque para mi sí lo sea-, pero lo otro es incuestionable). Se juntaron en esto dos preceptos de base: por un lado hacían "intros" y pasajes calmos que, a oidos de los fans más extremos del subgénero en la época, no era lo que tocaba (y daba igual que hablemos de obras de arte como "Fade to black" o "Welcome home", faltaría); y, por el otro: el hecho de que en un ramillete de medio año (o muy poco más) a partir de otoño del mismo 1986 los otros tres combos del llamado "Big-4"  van a realizar tres tótems (y no solo del trash metal, ojo con esto, sino ya directamente  del "rock extremo" en general) tan estruendosos, incompasivos e incontestables como fueron (y son): "Peace sells", "Reign in blood" y "Among the living". Casi nada. Esos discos son, sobretodo por lo tocante a las bandas west coast (que los de Ian siempre fueron "otra cosa" a pesar de los obvios puntos de encuentro con sus compinches -y aunque no faltaría aquí quien recordaría el estreno de Exodus a colación-) la expansión ya cristalizada del trash al speed metal. Historia del rock más virulento en movimiento. Esas bandas eran lo más rápido, voltaico, malvado y despiadado que había... Y Metallica, a pesar de la majestuosidad de "Ride" y "Master", ya se había alejado alguna vez de más de los cánones del asunto para algunos... Y, claro, sumemos ahora el drama por el óbito del inolvidable Sr. Burton en aquella tan desgraciada tragedia por carreteras escandinavas... Pareciera finalmente, por todo ello y más (que lo dejo aquí pero, en efecto, hay "más"), que había cierto escepticismo con los ya entonces muy famosos sanfranciscanos (de adopción). La llegada de Newstead, cuyo trabajo es casi inaudible en lo que iba a ser el nuevo disco, y la desconfianza y chanza que los otros tres le dispensan desde casi el primer minuto (seguramente porque,  desde el primer día, tuvo el bajista un comportamiento más de fan que le ha tocado la loto que otra cosa, en crudo y sangrante  contraste a un amigo -y socio- recientemente perdido en horribles circunstancias... y  que además, para más inri, tenía su peso en el aspecto compositivo del grupo), tampoco ayuda... Tanta, demasiada, adversidad y recelo (desde tantos frentes, internos y externos) pudo haber terminado con la banda, sin más. Esto és, fue vaya, así. De alguna manera era como si, en algunos foros, hasta se esperase con fruición que la cagaran por todo lo alto con la continuación del puppets (de ello tomamos conciencia después, sobretodo y  gracias a documentos mil)... Y entonces, finales de verano del 88, sale "And justice for all"... Una obra de arte plena, sin  mácula alguna, y que se abre en tantas direcciones a la vez que convierte todo aquello tan, a priori, atemorizante del trash-speed metal en poco menos que un montón de críos jugando con cerillas en el patio trasero del vecino (diablillos...). 


Monumental disco. Solo por detrás (en lo suyo) del  "Powerlave" y el "7th son" de los de Harris, -siempre  para mi e insisto-, se alza como lo más burro que hay en esto de la música con coletilla "metal", por pura y dura (y aplastante) calidad. Y, ojo (doble sino triple mérito), lo hicieron en base consecuente a su estilo y sonido. Sin detener su evolución sino, por contra, reafirmándola de pleno. AJFA no es un "Master 2" en absoluto, no. Eso hubiera sido lo más fácil, lo más obvio... Y además es un encararse a todo, todo eso descrito que tenían en contra, y salirse con la suya sin que nadie se atreva a chistar en lo más mínimo por lo puro evidente del triunfo resultante...¿Qué no tocamos tan rápido como no se quién?... Pues ahora os jodéis y tocamos todavía más lento... ¿Qué flirteamos con el progresivo?... Pues ahora no bajamos de 6' minutos más que en un par de tracks... ¿Las intros os molestan también?... Os va a encantar nuestro tema titular del álbum... ¿"Baladitas", decís?... Coño, pues tenemos "one" muy buena... etc.


Metallica cambia velocidad por dureza, virtuosismo por técnica y terror de circo por mala leche real y tangible...  La guitarra "gaitera" que va creciendo en volumen a modo alfombrilla entrada a "Blackened" (y al disco) es ya algo clásico en el rock por propio derecho. Y desde ahí que se esconda todo dios que no se va a tomar prisionero alguno. El castañazo es de órdago, no en vano es uno de los dos temas más rápidos de planteamiento base en la colección (hay muchos momentos determinados donde, púntualmente, se alcanza velocidad endiablada en AJFA, ni qué decir, pero siempre embutidos o formando parte de una estructura general distinta)... Pero ahí donde el otro, el de despedida de disco, es pura metralleta todo él  (sin contemplaciones y al esternón), "Blackened" hace las veces de carta de presentación... El sonido es no muy sino, directamente, crudo del todo. Ni cartones ni trampas. Y tanto Hetfield (al que aprovecho para decirle que su rifle de anormal asesino de osos se lo puede meter por el culo, en horizontal y ayer), como el propio Lars, han criticado de alguna manera y ocasionalmente la batería en este trabajo, si... Pero eso no nos lleva sino de cabeza al tópico del "no hay peor crítico que el mismo artista". Lo árido, lo desnudo de ese proceder es precisamente el rasgo más distintivo del "sonido justice" y, en importante medida, lo que le otorga la vitola de "único" (los habrá mejores o/y peores, pero ningún disco suena del todo a esto), al nivel que quiera recordarse. Siendo ello, por cierto (inciso), lo que de siempre me lo hace tan meritorio y estimable... Los tres primeros están ahí en lógica evolución, por mucha puñetilla se quiera añadir, y lo que seguirá a este álbum... pues allá cada uno con sus neuras y opiniones. El "Justice" de los huevos es una isla de la tormenta en medio del oceáno de la historia rockera. Sin mases ni menos... y quien tenga de lo suyo que se acerque si quiere. Esto es así. Y "blackened", volvamos, resulta (desde ya, desde el mismo inicio) la piedrecita que se suelta en lo alto de la montaña nevada y acaba arrasando el poblado. Tremendo como se va rearmando el tema, reafirmando la propuesta, el solo de Kirk es la locura, y ese retomar la primera parte de la track sutilmente más rápida para definir en la conclusión ya es de pedazo músico de padre y muy señor nuestro (ay Kirk, ese "monaguillo de Satriani que no le llega a la suela a Mustaine  y siempre toca en la misma pentatónica y que sin pedal no es nadie"... y mil cosas más -Megadeth tiene grandes cosas, si, pero hay una especie de absurdo "deporte metalero" llamado "arréale al Hammett" que utiliza un sindios de personal a fin de reivindicar guitarrísticamente a su banda "x" en contraposicion a la fama o grandeza de Metallica-)... El dominio de tempos y tiempos es, seguramente, lo que más distancia al "big 4" del resto de la camada y el resto de cuestiones, en verdad, son pura pericia compositiva superior y mayor creatividad en exhibir recursos y paletas... y los "metálicos", en su periplo ochentero, se acaban por llevar todo al agua en base a eso mayormente. La apertura de AJFA no es sino el ejemplo perfecto de ello. A partir de aquí, en esta primera parte, nos esperan los casi diez minutazos de "... And justice for all" -(the song)-. Una de las por mi elegidas de banda y disco. Amén de, a su manera (a "lo Metallica"), representar los guiños de esa elaboración progresiva que para unos nunca habrá la suficiente y para otros resulta, poco menos, lo más denunciable y cansino de la formación en sus años de bonanza continua. Fácil deducir entre quienes se cuenta quien suscribe, si. Siempre me han encandilando esos cambios que van ganando velocidad para decelerar putámicamente si así lo consideran, lo solemne de la intro, el solo de turno, la densidad que va ganando en la parte final (y sin "milagros de estudio", bravo)... Muchos guiños, además, a diferentes partes del "Ride the lightning" en el transcurrir (mi otro disco favorito suyo, se entiende la devoción propia, claro). "Eye of the beholder" toma relevo con un marchamo tan inmisericorde como la misma piedra donde se talló la ya legendaria cover del álbum. Casi inédita en sus directos desde ya al bien poco de aparecer el álbum por las tiendas, sigue siendo uno de los mayores secretos del combo (tema adorado por sus fieles que lo siguen esperando en las actuaciones como agua mayera, pero cuya complicada ejecución convierten ello en casi un imposible). Para no alargar, y a título personal, recuerdo que fue durante largo tiempo mi favorita del elepé cuando me lo agencié... Y todavía no me ha cansado. En absoluto y donde taaantas cosas que en su momento me parecieron "lo más", o "lo único", en el último cuarto siglo (de paso) se perdieron ya completamente en el olvido. "One", por supuesto... La canción a la que deben más que a ninguna otra su "aumento" de status. Un jovenzuelo Hetfield visualiza el maravilloso  y recrudo film "Johnny cogió su fusil", firmado por el otrora guionista blacklisted Dalton Trumbo (reseña de la casa, ya puestos), y desde ahí desarrolla el hit ya masivo que, hasta entonces y a pesar de las buenas acogidas por doquier, se les resistía (creo que el videoclip, por si poco fuera, redefinió el concepto "infinito" de lo que lo pusieron en non-stop mode por aquellos meses). El "justice" ya tenía su "fade to black" con este nuevo prodigio de "no-balada" que fundía acordes morriconeros con lechuzas imparables para su tremenda conclusión (uno de los picos más álgidos en la historia de la formación esto segundo, ya puestos) y que gozó, -por extensión desde la historia madre-, de dicha para los que aplaudieron el alegato antibélico que encierra, lo mismo que, -por sangrante potencia sin cuartel-, para todos los descerebrados que duermen con el machete de Rambo bajo la almohada por la oscura fatalidad que irradia. Imparable victoria ésta en verdad, si, y visto hoy en perspectiva.

El segundo disco, pues por si no lo había comentado antes (ahi va, los donus !) estamos ante un doble album, empieza ya sin intros ni leches... "The shortest straw", brutal como ella sola. Y cómo me compensó, la muy cabrona, tener que soportar ese inicio de concierto en el 96 con nada menos que tres "heros of the days" de las narices (y para no se que historia de un ulterior video a editar -money for all !-)... En algún momento de la velada suena la emblemática distorsion guitarril que la caracteriza y aquello, el pabellón, casi revienta desde los cimientos... Y con esa conclusión, nuevamente, que es puro "lightning"... Insisto en lo de carencia de máculas. Y es que, ahora, llega "Harvester of sorrow". El otro single del disco... y el nombre de una camiseta que llevé casi un curso entero -o a poco fuera ello posible- por aquellos tiempos , ya puestos. Marcha pseudo-militar que funcionando francamente de narices (un "oldie" en definitiva) es la que señalaría si hubiera que, so pena tortura china y japonesa,  sacrificar alguna de las nueve paradas de tan nutritivo camino... Ese tonecillo marcial bien entrada la pieza ("proto-wherever i may...", para quien lo quiera aprovechar) es incontestable se mire por dónde de la puta gana y, con ello -con lo del "sacrificio"-, no intento sino significar por enésima el tan alto nivel de consideración que me merece este trabajo. "The frayed ends of sanity" es, ésta sí, mi elegida para la gloria del AJFA (de la mano con la que titula el asunto, anteriormente repasada). Un top-10 sólido, imperturbable a todo, en mis temas de la formación... El carismático inicio con los "uuuuaa-hu", el cambio de ritmo para encarar el chorus, lo contundente de éste, la parte instrumental con Kirk haciendo de las suyas... Muy fuerte padre, que ni para coger aire nos dan, todo esto. "To live is to die", aún con Burton co-acreditado, es la instrumental del compendio. Sin el carisma de Ktulu o el virtuosismo de -la excelsa- "Orion", no deja de ser una apisonadora -y temazo- que sirve para reapuntalar por enésima el espíritu progresivo del disco... Eso, precisamente (que tampoco me canso ni cansaré de señalarlo), que tan especial nos lo hace, y más allá del mero "opus metallico" y que nos dispone, de todas ídem, para la conclusión ya absoluta de la acelerada (la que más del disco, como ya apunté antes igualmente) "Dyers eve" y su degüello sin tregua... Sensacional derroche de adrenalina para rematar un disco que -para muchos al menos- nos cierra, a su vez, la "sagrada trilogía" de la formación... Los más puristas incluyen sin mínimo pestañeo medie el estreno, al multiplatino "black" ("nothings" y "matters", al margen) no seré yo quien le busque la vuelta, nunca de los jamases... Me gustó "Death magnetic", si, que lo escribí antes también... Y, qué coño, hasta en los "loads" hay alguna cosa -aunque muy contada, desde luego- interesante (en el "Anger" no... eso no tiene perdón de nada ni nadie)... Pero, al final: "ride-master-justice". Eso es la cúspide del combo y a lo que deben su leyenda... Y "Justice", a "modo brochero", siempre me resultará el más cohesionado, personal y "único" de ellos. Ningún disco, suyo o de nadie, suena plenamente parecido... Y esto, se mire por donde se quiera, es al fin un tomahawk en la almendra tan certero como infungible.... No es piedra, no, es mármol (el cabrón y en efecto). Y así és como debe quedar al final de todo, en plena justice y para los restos.

martes, 14 de junio de 2016

FAMILY - "Fearless" (1971)

Lo del "quien mucho abarca poco aprieta" es una de esas constantes de la vida ésta que, aún jodiendo según casos, suele generar pleitesía ulterior para con la "sabiduría popular" de marras. Y por muy garrafera nos resulte las veces, si. Me acerco hoy, partiendo de dicha premisa, a la singladura de la bandaza británica Family (1967-73) , cuyas hazañas -tan necesarias- han quedado, quizá, algo demasiado opacadas con el pasar de los tiempos... Y no solo ya por el carrusel de monstruos que deambulaban por el mundo en aquellos años de máximo esplendor rockero, no. Incluso en el "corralillo" donde más mejor conviene ubicarles (prog rock)  quedan siempre irremediablemente sentados en segunda fila para la hipotética foto de iconos históricos del subgénero. Planteado, todo ello y lógico, desde la perspectiva actual del "como ha quedado para la historia el tema" y, de paso, obviando que para los amantes específicos del prog-rock más celestial, resulta la banda de Chapman, cuanto menos, "intocable". 


La falta de eco para el público en general, y en dicho presente continuamos, es algo que no arreglaremos desde un espacio y lugar tan pequeño e ínfimo como esta cochambra, faltaría... Además, en este cuento no podemos echar culpas a "sistemas", "gobiernos" o, siquiera, a "tendencias/modas". Y con ello volvemos a la primera frase de la entrada... Pues, en verdad, nadie sabe todavía hoy, un 14 de junio de 2016, si Family eran prog, psicodélicos, blues, folk, experimentales, art rock  o zarzueleros (etc)... "Pues como tantas otras bandas de entonces, que ahí reside el mojo", que argüiría (si no literalmente sí en esencia) alguien, no sin parte de razón. Pero, al tanto, solo "parte". Pues al final de la maleta de sueños de todas aquellas legendarias bandas siempre, y lo que se dice siempre, acude al rescate una constante, un mínimo común múltiple en su sonido. Family, como siempre en la opinión muy personal de uno, no tenían eso. O no del todo. Estamos con una formación que te puede saltar de Crimson a Jethro, para llegar al "fluido", detenerse un poco más allá con algo de Canterbury, frenar para quedarse en las caricias de Fairport o, entre varias otras posibilidades, emerger al final en plan Genesis desatados del monumental periplo "nursery-lamb". Dos paradojas (llámenlo "curiosidad" si prefieren): Family nacían al unísono sino antes que todas esas gentes y, con un par, asolaron los top-10 de álbumes en sus tierras (y ruego un análisis mínimo aquí para asimilar a qué precio andaba la sardina por aquellos años) en más de una ocasión. En resumen, puede que estemos ante la banda -del subgénero ya repetido- que merece un mayor reconocimento histórico (y ahora llámenlo  "justícia" si prefieren), y a la mayor prontitud, de la mano con los también descomunales Caravan (con el agravante de que éstos últimos tienen, al menos, la inmensa sombrilla de la que liaron Ayers, Wyatt y cia en aquel lugar concreto y son, en definitiva, una referencia como algo más "encontrable" en los distintos libros/medios). 


Subamos, o bajemos (que sazone el consumidor), la apuesta ahora señalando que. para quien suscribe. el disco de Family que acabaría en la consabida isla de las narices no sería ninguno de los dos primeros a los que todo deben, ni tampoco el tan destacado y penúltimo "Bandstand" (discarrales de copones y griales los tres, ojo nadie se confunda), sino -y claramente, además-  esta viguería absoluta que reza en cabecera... "Fearless". Álbum éste que, por encontrarle uno una mística especialmente recalcitrante o, sencillamente, por ser uno así de tocacojones, sintetiza como nada el potencial y discurso de la formación en sus formas más conspicuas y putámicas. Alguien, a lo mejor,  más versado y/o erudito lo despejaría todo (todo "el asunto Family", entiéndase) de una guantá, y a mano del revés, aludiendo que esto no tiene más misterio que, en definitiva, un pasar de los elementos folk-psicodélicos de los inicios a una mayor tendencia hard-rockera de las despedidas (y como hicieran tantas otras gentes, además). Y "santaspascuas". Pero, miren, antes de tirar de tópicos a colación de grandes paletas cromáticas o ingentes sino incontables influencias en el muestrario, uno percibe ésta formación, las veces, como algo más cercano a la misma locura avezada a un espectro de creatividad desatada (la pared de lo más lógico, de lo que "conviene esperar", queda demasiadas veces derruida con ellos de por medio) que a otra cosa. Y el principal argumento, mi seguro del parchís, para con ello será siempre el fantástico elepé  que toca hoy. Con el que seguimos, ya de forma más concreta, abajo.

"Fearless" no está por leches y empieza con la dulzura del mismo Lennon secuestrado por los dos bosquímanos de la Incredible String Band para la despampanante , en todos los frentes, "Between blue and me"... Por lo menos, hasta su viraje blues y el descubrir que Roger Chapman tiene, de base, el registro más cercano al mismísimo Gabriel que quien sea se pueda cruzar jamás en este plano existencial (ligeramente más acerado seguramente , más Paul Rodgers en su "vertiente berreante" para entendernos, ok, pero la evocación al creador de Rael -no se dude- resulta inmediata). "Sat'd'y barfly", por sus partes, considera que ya se fue bastante amable con la anterior: pianola de cantina western, vientos "sgt. pepperos", poso de ruptura de género a lo Soft Machine (que arrancaría, ya puestos, una sonrisa del mismo Wyatt más animado) y, entre otras, una curiosa mezcla de extrañeza y adicción difícil de poder explicar... Y, a todo esto, ¿por qué narices me recuerda a ratos esto a mi a Manfred Mann?... Achaquémoslo a la "crisis los cuarenta" esa y avancemos mejor, si. Para la tercera, "Larf and sing", lo que es a uno ya lo rematan del todo:  marchamo a medio camino de la bossanova y el free-jazz con estribillo/intermedio de grupo coral a capela (puro hit para barberías 50's) y para la casa... Imparable, que decía aquel. Y aquí llegados, y a pesar de lo mucho nos queda, ya no debiera pasar desapercibido que nos acabamos de embutir tres canciones que no tienen absolutamente nada que ver una con otra y qué, además, triunfan de pleno cada una en lo suyo. Pero sigamos, que no hay dolor (ni miedo, en efecto), con "Spanish tide". Y esta marea que nos dedican resulta, cómo no, otro batiburrillo de géneros intercalados que lo mismo te recuerdan a Caravan que a los Who, con parada y fonda en Jethro, para dispararse ya del todo en el vivaracho grueso instrumental de la segunda mitad donde, nuevamente, la sombra de la vertiente más experimental del perifollo prog nos golpea sin compasión. "Save some for three" es ya la puñetera fiesta con sus trompetas, piano sin tregua y ese breve momento guitarril posterior que parece no venir a cuento pero es la cocción difinitiva del tema... De mis favoritas en verdad , qué cojones, con ese auparse a lo Weather Report y la escueta chirigota de carnaval de Río a modo despedida. Se llega al ecuador con "Take your partners", la pieza más larga del lote (la única que alcanza los 6' -todo un logro, o casi, en un "disco prog"-) que genera de entrada una expectativa fetén ("a ver por dónde narices tiran cuando acabe esto") y que encierra en su seno una jam lisérgica de postín (y  tres pares) que recompensará sin mácula a los fans más reticentes del mismo Sr. Garcia. La segunda parte (partiendo de la edición digital, y -ligeramente, por los "bonuses"- no original, que atesoro) en siguiente párrafo... Audaces only, ni qué decir.


"Children" ... bendito cabrón, Roger. Si la primera cara empieza con Lennon, ésta segunda se va a por un  Macca de manual. Esa "parada" con guitarra de lecho por en medio... Bonita y acústica como para perderse en ella, claro qué sí. Y qué alejada, por cierto, de las formas habituales que suelen asociarse con la jerigonza "prog" (y a vueltas con tooodo lo de antes, está claro). Tras el remanso de paz, vuelta a la carga con "Crinkley Grin"... Breve intermedio de un minuto que, de forma amenazante, ya nos deja claro que no nos póngamos demasiado cómodos... Que "children" puede ser (y és) muy preciosa y tal pero aquí, en definitiva, se ha venido a jugar a "otra cosa". Así, "Blind", puede que lo más "rockeramente estándar" que aquí encontraremos, con su aura Humble Pie de primeras, parece no conformarse consigo misma y se va a los vientos de Anderson, entre algún que otro pasaje propio del folk más acido del segundo lustro sesentero... no sea que perdamos atención un solo segundo siquiera, si. "Burning bridges" es de alguna manera el peaje bluesie, nuevamente en muy marcada clave folk (y saludo al "tercer beatle", ya que nos ponemos) que pese a contar con esa guitarra-turbina, que revolotea sin pausa, configura (y aún bien lejos de estorbar en absoluto) el momento que menos me emociona del lote... Lo que, en efecto, me dejaría una montante final de: "discazo, pero el cierre no es todo los bombástico que la ocasión requiere", en el balance postrero  (recuerdo aquí que soy un defensor a ultranza de la importancia secular del "último tema de disco" a fin de acabar de cerrar una "masterpiece" de facto... o no). Pasa nada. Cuento -recuerdo- con la edición digital de dos bonuses del calibrazo de "Weaver's answer" y "Strange band", que no es que me rubriquen de pleno meramente el tema, no, es que me envian al puto "Fearless" éste al mismo Olimpo sino beyond... En otras editions, por cierto, están -por contra a esas dos- "In my own time" y "Seasons", qué también déjalas sueltas y verás que risa (y ambas dos muy superiores, siempre para el menda y con lo diferentes resultan entre si por bandera -que faltaría. claro-, a los "burning bridges" igualmente)...  No podría acabar aquí, en cualquier caso, sin dejar constancia de que aunque, en efecto, "Strange band" resulta cojonuda perse (otro "rollo Caravan", para resumir a brocha muy  gorda -que, sean marimbas o xilófono, puto genio quién lo haga eso-), lo del melodrama  de "Weaver's answer" ya directamente no hay cristo nos lo pague... De las predilectas de la formación, dicho todo sea y a qué más. Y fin... Bueno, no, qué coño... A mantener todos la llama de la Family bien combustida forever (que se lo merecen como pocos, pardiez), y otro día, si eso, ya recupero el tremebundo "Mail order magic" que el puñetero de Chapman se marcara solateras en los primeros 80's...