viernes, 25 de noviembre de 2016

J MASCIS - "Several Shades of Why" (2011)

Con el en esta casa tan adorado bicho jurásico ya plenamente resucitado, y tras los pertinentes conciertos y giras a costa del excelso "Farm", se atrevía al fin Mascis con un disco que plasmaba, íntegramente, su faceta más íntima y acústica. De eso hace ya un lustro y, tan buena fue la experiencia (a cualquier nivel), que hasta espoleó a J para ofrecernos una muy notable continuación ("Tied to a star", 2014), con parada y fonda previa, eso si y cómo no, para el discazo de turno del hijo del dinosaurio. Sin embargo, por vorágines y prisas muchas de estos internáuticos tiempos que corren desde ya hace lo suyo, pienso que quizá no se prestó la atención que merece a ésta maravilla de las "Several shades of why"... Disco que pasa por ser el mejor con el nombre/alter propio del músico nos ocupa en su portada, que es abiertamente superior a su ya mentada continuación (que no por ello pierde su condición de más que recomendable, ojo con esto) y donde el melenudo y canoso "massachusettero" intentaba y conseguía llevarnos a esos lugares que solo parecen iluminarse bajo los eternos faros-guía de los Drakes, Mitchells o Elliotts... No parece poca cosa, desde luego, y básicamente porque no lo és. 


"Pero, a ver, ¿esto tío no era algo así como un superhéroe de la Jazzmaster distorsionada y fuzzeada hasta el infinito y beyond?"... O similiares, que se preguntaron en 2011 unos bastantes a los que este álbum pilló con la guardia baja... Fue ahí y entonces, claro, donde los acérrimos del músico (más allá de la encarnación que toque) nos hinchamos como pavos:  "sí, también es eso". Porque, prístino ello, en nuestra repelencia y vehemencia incondicional teníamos más que somatizado todo el ingente carrusel de "canciones bonitas", -y mayormente exentas de esa electricidad atronadora con el que tantos tenían exclusivamente ubicado a J-, que el tipo nos había regalado con la banda madre desde "Green mind" y en adelante (y sin obviar, jamás de los jamases, aquellos dos discos con The Fog ya en la bisagra neomilenaria).  


Ya desde la portada, obra de arte del diseñador Marq Spusta (el mismo de "Tied to a star", "Farm" y "I bet on sky") con obvios motivos "ende-morlaeros", uno intuía que esto podía ser algo muy burro... Y, caray y  joder al unísono, si lo era/és. Desde la órden inicial "Listen to me" hasta la postrera "What happened", Mascis alcanza su excelencia más sentía en demasiadas -DEMASIADAS- ocasiones, y en estos registros, para que "Several shades of why" sea meramente "un disco más"... De verdad y por favor, no hagan por la curra un díptico con "Tied...". Uno es un disco hermoso y muy bien parido que, en verdad, parece atado a una estrella, pero el otro, el que mayormente hoy nos ocupa y quede ello a fuego, es una "masterpiece" total que debe permanecer en las estanterías de toda casa de bien y junto a los mayores logros de aquellos tres genios/artistas que cerraban el primer párrafo del texto de hoy. Sin miramientos ni pacaterías medien. Ese es su lugar.


Y es que, seguramente, sea "Not enough" (que se te engancha desde la primera escucha sin solución posible) su "Freak scene" o "The wagon" acústica, si, pero es en la cadencia y sutiles arreglos del tema titular (lo comentaba hoy mismo en alguna red social, y creo no es la primera vez: "mi canción bonita por goleada en lo que de milenio va"), el descenso a la madre de todos los pesares para la tan "elliottera" y dolorosamente mínima "Too deep" o, faltaría, en la también impagable "Is it done", donde el talentómetro nos estalla en la morrera y en incontables pedazos. Pero también, al tanto y sin embargo, como tantas veces ocurre al extrapolar, es con el pasar de meses y años donde la majestuosidad y grandeza global de esta tortuga nos acabará derrotando de forma ya plena y definitiva... Cuando uno cae en la cuenta de lo muy adentro que ha calado el suplicante tono de ese tema de apertura ya mencionado y esa manera de repetir el título una última vez al cierre, la guitarra tan delicada como reverberante (puro cristal de donde las luces de Valle-Inclán) que nos despide "Very nervous and love", o la flauta con cierto deje "across the universe" que irá marchándose y volviendo en "Make it right", fundiéndose con la slide del pseudo-apadrinado, por parte de J, Kurt Vile (ya muy felizmente fuera de la coña aquella de los War on Drugs que nos la metieron doblada en sus inicios... durante unos diez minutos, eso si)... También tenemos la tan breve guitarrita saltarina que nos alegra  "Where are you", en uno de los pocos momentos "plugged" aquí a encontrar (y siempre de forma meramente anecdótica o plenamente complementaria, nunca protagónica, cuando ello ocurre), o ésta "Can I"  que es la más abierta y ex profesamente luctuosa  del lote... y donde, aunque a estas alturas todos tenemos claro que el Maestro Young es la más clara e indiscutible influencia de Mascis  desde siempre, se nos devuelve durante unos pocos minutos a aquel milagro que el canadiense logró en una de las B sides más hermosas jamás conseguidas por nadie desde su sacrosanta playa (ya tan lejana como jamás obviable). Para dar carpetazo final el canalla, eso si, hace sumar a la también ya antes referida "What happened" (y amén de los tenues arreglos de cuerdas y vientos de turno) unas cruelmente pocas notas eléctricas que, chiste privado o no, nos dejan el asunto, ya de forma definitiva, en ese altar reservado solo a los elegidos. Ese de los de limpiarle el polvo de a diario.


Moraleja: en estos "tiempos locos" donde tenemos nuestro disco más ansiado (lo mismo que la parihuela de turno que, meramente, nos "pica la curiosidad") desde un mes antes que aparezca en las tiendas, resulta bueno -y hasta sano- reparar a veces en que es mejor detenerse un poco... Que casi todo, la inmensa mayoría de cosas que vamos acumulando sin tones ni sones (solo por aquello del "porque podemos"),  no son al fin sino un montón de fugaces -y frugales- liebres corriendo y, de no ir con cuidado, corremos el riesgo de olvidar a la tortuga...  Y no les aburriré, aquí y ahora (ya en las últimas palabras de entrada), recordando como nos terminaba aquella fábula.


lunes, 10 de octubre de 2016

QUEMADO POR EL SOL (1994)

INTRO. Ya hace bastante tiempo que opino, desde la humildad más admitida y carente de postureo alguno (por lo menos en cuanto a intención), que "el cine europeo de los 90" merece un epónimo insaltable, digno de estudio hasta el fin y que, sea como fuere, debe figurar siempre  -subrayado, además- en la historia del cine toda ella. Tal cual. Como si de cualesquiera de las renombradas corrientes artísticas del pasado siglo se tratase: un capítulo del medio/cine que puede aunarse y reivindicarse de ser necesario, en bloque y yendo más allá de denominaciones geográficas de origen más concretas (por variedad, calidad y cantidad manifiestas... sin más). Durante un tiempo albergué la duda por aquello de que todos magnificamos, o tenemos cierta tendencia natural a ello por defecto (y se admita o no), lo que nos toca por generación... y también es cierto que, si se admite la premisa dispuesta, no nace ello por combustión espontánea ni mucho menos (hay un caldo de cultivo innegable, durante las dos décadas anteriores, que asientan las bases para que ello se de -en verdad muchos, o prácticamente todos, los "nombres" más recurrentes eclosionan de pleno en los 90 pero tienen, en efecto, un "background previo" como bastante importante-). Pero se mire por donde se quiera, y finalmente, no queda sino caer en lo obvio de que joyas tan diversas y sugerentes como "Europa", "La mirada de Ulises", "Underground", "La madre muerta", "Juego de lágrimas", "El secreto de la isla de las focas", "El ogro", "La vida es bella", "Stalingrado", "Cafe irlandés", "Before the rain" o "Delicatessen" (más que considerable etcétera), ofrecían y ofrecieron una dorada y altamente plausible alternativa a las manidas  superproducciones de Hollywood (que, al tanto, no de todo el "cine americano", así a granel e importante matiz) que ni puede, ni debe, caer jamás en el olvido... Que tampoco es una opción ello, claro, también obvio y puestos ya a decirlo todo. Y es, por supuesto, en dicha categoría/contexto donde, al fin, debe encaberse (de pleno y por toda la escuadra) ésta maravilla del ruso Nikita Mijalkov que responde por "Quemado por el sol". Film (peliculazo, si prefieren y en verdad) que es bastante recordado por agenciarse el "oscar extranjero"  en su momento y que, para resumir -qué duda cabe-, ofrece algo que va mucho, muchísimo, más allá. 


"SINOPSIS PRESTADA". Un condecorado y reverenciado héroe de guerra disfruta de la compañía de su familia en un tranquilo día estival, cuando de pronto recibe la visita inesperada de un hombre al que no veía desde hacía años. Conforme transcurre el día y se acerca la noche, el coronel descubrirá el verdadero motivo de la visita. Lúcida denuncia de las purgas stalinistas.

A FAVOR. El propio Mijalkov  se agencia el carismático rol principal (uno de los dos) del Coronel Kótov y, por no perder el tema endogámico del asunto o algo, utiliza también a su propia hija en el entrañable papel de la inocente Nadia. Brutales las escenas entre ambos, sobretodo (obvio) una vez se "descubre el percal"... se ruega mucha atención con esto que notarás te agarran las entrañas y te las retuercen a voluntad (avisados quedan). Entre el carrusel de personajes restante  (que no falte el viejo verde, los militares peones, las viejas chismorreantes, etc.) mención especial para Ingeborga Dapkūnaitė y su Marusia (papel más que trascendental para la trama y sus circunstancias) y, especialmente, para el co-protagonista Oleg Ménshikov y su Mitya con ese implacable deus ex machina de manual (la devastadora en lo emocional "escena del cuento" no merece más explicación para quien conozca el film... ni necesitará anuncio alguno en absoluto quien quiera dios se acerque al tema por ver primera -"cuando ocurra lo sabrás", está claro-). La estructura narrativa del film, sujeta firmemente por dos breves y muy crudos flash-forwards a modo tope de libros, es igualmente intachable (faltaría). Lo que nos deja ya el camino prístino, expedito y acendrado (con perdón, que me he pasado y me consta) para deleitarnos con la magnífica pericia visual que gobierna el film... El contrapunto de lo idílico (entre los pastorales exteriores que parecen beber directamente de "Una partida de campo" y la calidez -a todos los niveles- de la vivienda donde transcurre casi todo el film) y la oscura trama creciente que subyace, funciona, sin mácula ni puñeta a encaber, durante todo el metraje dispuesto. Y, al tanto, que prescindo (aunque escueza) de señalar más secuencias concretas... los fuegos fatuos, toda la inolvidable secuencia del coche, la cara ensangrentada y el llanto, el momento revelación en off donde no necesitamos se nos explique una hez ... Que no, que no (quiten), que "prescindo" de ello y punto. No acabábamos. Directamente.

EN CONTRA. Es de esos casos, adivinaron bien algunos (supongo), donde la "nada" más rimbombante hace presencia. Más allá de lo redicho del oxímoron (que siempre queda muy cool pero es en esencia baladí -sigamos de "palabros", que no pare la fiesta-), he leído alguna reseña donde se denuncia/señala lo que le cuesta al film activarse en cuanto a su trama y razón de ser argumental... Error, muy sonado y siempre desde las cuentas propias. Tan siquiera usaré, para la ocasión, lo tan sobado del "fuego lento" o el "ritmo creciente". Queda corto ello. Realmente la historia, el largometraje, necesita ese empaparse en la cotidianeidad de la dacha rusa que focaliza el contexto visual... Aquí alguien se acordará de Renoir o Fellini (o hasta lo llevará a ese eco en el tiempo que Kusturica atrapa al vuelo, ya de una forma mucho más cercana en cronologías), por la curiosa galería de personajes presentados, la candidez campestre que con tanto denuedo se logra o, cómo no, el costumbrismo por bandera que parece enarbolarse durante casi todo el metraje. Sin embargo, dejando "sacadas de chorra" al margen a la hora de mentar evocaciones maestras (que además inciden básicamente en lo visual -que es mucho pero tampoco todo-), es en el sustrato de "mal rollo", de venganza (disfrazada del "ismo" ideológico de turno, pero la vieja venganza mezquina y recalcitrante de siempre al fin) cocinada de forma tan fría como premeditada, donde Mijalkov  nos derrota y estremece sin remisión.


CONCLUSIÓN. Fantástica labor de este "hombre de cine" (su hermano mayor co-guionizó "Andrei Rublev" con Tarkovski, por si hay algún demandante de curriculos en la sala o algo) que aprovecha el amplísimo crisol de fondo de la Revolución Rusa -con los bolcheviques, los ejércitos de distintos colores y las ulteriores "purgas"- para montar un relato personal e hiriente hasta la médula, donde comedia, intriga y drama se hacen hueco, regalando por el camino no -precisamente- pocas escenas que no hay rey o zar nos las pagué en este puñetero mundo... Y, sobretodo (aplausos por doquier), ese no presumir nada para con el espectador. No se te lleva de la mano. Que cada uno elija a "su bueno" y a "su malo"... ¿Ës tácito que un coronel, por carisma posea y simpático nos resulte, se retire en la paz campestre con toda la colección de ingentes cadáveres que quedan a sus espaldas? (trasciende a bandos y bandas ello, claro qué sí), ¿y el otro?: ¿acaso es mejor utilizar ambages políticos para alcanzar un fin egoísta y vengativo, por mucha amargura o hasta razón se nos cruce?. La manera en que Mijalkov  pasa por encima de los mentados bandos buenos/malos en la Historia para centrarnos en una historia (atiéndase al cambio a minúscula) de seres humanos, con todas sus miserias y alegrías, deja muy atrás lo meramente notable...Casi tan atrás como la enseñanza postrera a extraer (primordial) que aquello tan recurrente siempre de barrerlo todo -en estos casos- bajo la gigantesca alfombra del "es tiempo de guerra" puede funcionar, fatal y ocasionalmente, como adagio al que agarrarse pero, al fin, no es sino maquillaje del más barato al enfrentarnos a dramas concretos y (e insisto) personales como los que "Quemado por el sol" nos propone. Un 10, para mi indiscutible.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10


(NdelA. -con permiso-. Me dijiste una vez Pedro, -y quizá no lo recuerdes que nos gastamos ya una edad tú sobretodo-, que, de todo el cine que habías visto, el ruso era el que preferías por encima de cualquier otro... Y mira que me jode horrores dar la razón a alguien cuando lanza estas andanadas, -y no es el menda quien las suelta, claro-, pero, con films como el que hoy nos ocupa de por medio...  pues no seré yo quien te reproche nada al respecto, en absoluto y vaya).

jueves, 29 de septiembre de 2016

ABOUT... MARQUEE MOON


Se admite sin problema que dedicarle a estas alturas un "about" a "mi disco" por antonomasias (solo con los permisos del directo de Miami de Cooke y la llamada londinense de los que te dije) puede resultar algo manido y tópico de narices, si... De la misma e igual forma que se admite que me importa ello más bien nada tirando cero (estaríamos buenos). Y para allá que nos vamos.


Qué tiene en realidad éste disco, y antes de valorar otras opciones, que le hace tan especial, tan insondablemente icónico para no pocos miles de personas... ¿No será ya producto de cierta tontuna generalizada en según que foros? ¿Del puro y duro postureo? ¿Se ha convertido el estreno de Television en algo análogo (por mero principio inductor) al tipo que no se pierde una chirigota masivo-festivalera-veraniega sin sacarse la camiseta de los Division ni para ir a cagar o, por qué no, a ese teenager mameluco que se compra la samarra con el emblema stoniano -o ramonero- sencillamente porque, claro, "mola"?... Pues miren, con todo lo corrido ya bajo el puente y tal puede que sí, que en efecto así sea (si hasta lo mentaban, tampoco hace tantos años, en una canción de Amaral -que no tengo nada especialmente en contra así de gratis y más allá de su "radioformulismo" por montera, pero que, definitivamente y en resumen, no son para mi-). Pero, ojo primordial, no fue siempre precisamente así... ni mucho menos. "Marquee moon" fue durante no pocos años uno de esos trabajos fetiche (a la par que seminales del caerse) para la facción más purista, rabiosa y tocacojones de la "prensa especializada". Como los estrenos de Big Star y Dream Syndicate, el "Shake some action" de los Groovies, y demás muy contadas ambrosías a las que el rocanrol  ha acabado por hacer justicia con el pasar de los años, partiendo de un reconocimiento para nada ingente en sus respectivos momentos de ser alumbrados. Esto es así, y aunque hoy pueda resultar difícil de creer a las nuevas hordas de seguidores rockeros, aún por exigentes y reverentes con la historia del medio resulten. "La especializada", o parte significante de ella al menos, se volcó casi desde el principio con el disquito de Verlaine y cia, en cualquier caso... Y cómo no hacerlo, por otro lado.


Grabado en el 75 pero no publicado hasta dos años después, en pleno apogeo del legendario CBGB (otra de esas "camisetas recurrente-chanantes", ni qué decir), con los Ramones, Talking Heads, Patti Smith, Blondie y demás en la foto de familia, "Marquee moon" recogía sin reparo ni vergüenza alguna el legado "velvetero" y lo llevaba hasta el infinito y beyond... La manera de cantar del propio Verlaine, desesperada, rota, más propia de Bolan o del Bowie glamero que de otra cosa, origina un contrapunto insaltable, magnético, a la música tan épicamente oscura y directa que aquí encontraremos. "El vademecum definitivo para cualquier banda que pretenda hacer música de guitarras", que le leí una vez a alguno de los gerifaltes más apreciados de la prensa musical autóctona (-estoy en un 90% seguro que fue el señor Ignacio Julià, el maestro pergeñador de dicha andanada-)... Y eso es mucho decir, está claro, pero... ¿tanta exageración resulta?. En absoluto, al menos en el humilde parecer personal. Nunca he escuchado, que se lo prometo a todos, un álbum con unas guitarras que me hayan resultado tan inteligentes, tan enfermizamente sugerentes como las de este álbum. Sin ningunear, porque es imposible ello básicamente, la labor del bajo del "blondie" Fred Smith o, aún mucho menos, la batería de génesis jazzística de Billy Ficca (seguramente el último gran no-secreto de disco y banda en cuanto a su sonido-tipo más reconocible y apreciado), la labor del muy ilustre Richard Lloyd y el propio Tom Verlaine con sus guitarras entrelazadas, sus solos que parecen llevarnos de cabeza a la perdición, sus disgresiones putámicas y sin olvidar (jamás de los jamases) la limpieza, lo bien, lo arriba que suenan las notas (joder, incluso), convierten ésta luna televisiva en un tótem inmarcesible de la historia rockera toda ella y sin pero a caber. Porque no cabe, no puede caber nunca esa opción, -el olvido-, directamente.


Fuerte y evidentemente marcados por la manera de atacar las seis cuerdas de Lou Reed, esa manera donde no es el número de notas ni aún mucho menos el volumen sino, simple y llanamente, lo sentido (la intencionalidad y el hacer sangrar) de dichas notas, Verlaine y Lloyd hacen de "Marquee moon" un ícono del punk-rock lo mismo que del art-rock... Grupúsculos a los que, ni qué decir y para más cojones, no pertenecen de pleno en ninguna de las maneras. Y ya que tratamos sobre el maestro, ¿recuerdan ese final de "Coney Island", con su guitarra llorona que hiela la médula en cada una de las mil veces que la escuchamos?... Para mi ese sentimiento, esa misma búsqueda (y ejecución) es la que raja el disco que hoy nos ocupa de arriba a abajo y de lado a lado: desde la inicial y vivaracha "See no evil" hasta el melodrama postrero de "Torn curtain". 


Básicamente, "Marquee moon" es el disco que pongo cuando no se que poner, al que recurro cuando ando tan bajo de ánimos que casi ni me apetece escuchar música, el que dejo para el último (el puesto de honor) en esas tardes de oldies sin cuartel o, también, el que (definitivamente) menos me cansaré de escuchar jamás. Será quizá el tan agradecido efecto sedante que encuentro siempre en "Venus", el ya mentado tema de cierre (con su tristeza de final de verano a cuestas), o igualmente la preciosura intocable de "Guiding light" y el medio tiempo con esa guitarra a lo Ronson en Ziggy -que se merienda hasta la misma repetición del título para el chorus- en "Elevation" (y todo  ello por no hablar de la épica eterna de los diez minutos de paso del tema titular, está claro), o quizá también, cómo no, por lo emblemático de las otras tres (algo más "movidas" pero sin descantille casposo de rock-star medie en modo alguno -que todo es "contenido" en este disco-)... Puede que, desde dicho trío de bicocas, sea "See no evil", por aquello de arrancar el asunto, la más recordada de forma iterante (que de mal me parece una bosta ello, marca el perfecto tono de todo lo que vendrá sin trampas ni cartones), pero la parte final de "Friction", la "subida" guitarrera de "Prove it"... Demasiado enorme todo, demasiado disco. Sin más, Y punto.


Tiempo ya solo para agradecimientos.... Agradecimientos todos para Verlaine, Lloyd, Smith y Ficca, por meter en un mismo disco todas (o muy poco menos) aquellas cosas que más me gustan y atraen del rock desde ni me acuerdo y dejarlas encapsuladas hasta el fin de los tiempos en una misma y única flagrante obra de arte. Como las novelas de Vian o algunas pelis de Lang, "Marquee moon" me picó demasiado fuerte (puede que demasiado pronto, que yo qué sé en definitiva) y se quedó conmigo para siempre... Digo más: del incendio salgo con él o no salgo. Sí, tal cual, eso es lo que pienso mejor sintetiza lo que me significa a mi "Marquee moon", y para dar ya carpetazo al tema... Mi "guiding light" (en efecto) de esto de las guitarritas. Tal cual y fin.