martes, 10 de julio de 2018

1Vs1 (o "CINE DE DOS INTÉRPRETES")

Muchos son los realizadores, guionistas e intérpretes que han mostrado, en mayor o menor grado y desde algún momento de su trayectoria, una marcada querencia por un tipo de cine apuntalado de forma  exclusiva (o muy poco menos) en el puro y duro diálogo. Y aunque, así de entrada y obviamente, dicha disposición no convierte por si misma una referencia (la que sea) en "obra maestra", no puedo dejar siempre de admirar el atrevimiento y sacrificio que ello supone. Apoyar todo el peso de una obra cinematográfica en lo de "gente cascando y mirándose todo el rato", supone una lógica y continua suerte de plano-contraplano, donde el margen para las virguerías y/o variaciones desde el objetivo de cámara (uno de los rasgos donde no pocos de los grandes directores encuentran su marca diferencial, ni qué decir) se sofocan hasta su, prácticamente, mínima expresión. Yendo más allá, a las últimas consecuencias de lo explicado hasta ahora, tenemos además una serie de cineastas que se han atrevido alguna vez a terminar de sintetizar el asunto, logrando terminar su propuesta en base al trabajo de dos únicos intérpretes y los roles en pantalla que de ellos destilan. El rizo rizado, vaya.



Puestos a matizar un algo más, y de cara a los ejemplos que seguirán más abajo, conviene también explicar que aunque hayan muchas películas, y adscritas a muy distintos géneros además, que juegan esa baza de forma descarada y en gran medida (desde "El año pasado en Marienbad" hasta "La trampa de la muerte" pasando por "El coleccionista" o "Una jornada particular", significante etcétera), lo mismo que alguna que otra abstracción lograda con, directamente, un solo personaje on screen (la todavía relativamente reciente "Moon" de Duncan Jones seria la muestra perfecta aquí), en ésta entrada de hoy se ha tratado de buscar y encontrar una serie de films cuya tan evidentemente teatral premisa base sea, sin más, aquello mentado al final del párrafo anterior: dos actores/personajes dialogando (verbal y visualmente, ojo al matiz) durante todo el metraje. No alargo ya más, en la seguridad absoluta que hay otros ejemplos (mejores, iguales y peores), aquí queden en cualquier caso los cinco que se proponen hoy desde ésta casa...


1. "Mi cena con André" (My Dinner with André, 1981/ Louis Malle). Malle se atreve con un film sobre una conversación entre dos personas, obteniendo excelentes críticas en USA. Dándose vida a sí mismos, los actores y autores Wallace Shawn y André Gregory quedan una noche a cenar. Como buenos amigos, se empiezan a contar múltiples experiencias personales, a través de las cuales comienzan a surgir los grandes temas de la existencia. Dirigida por Louis Malle, y con guión creado por los dos protagonistas, "Mi cena con André" nos invita a enfrentarnos a lo que de verdad, al final, pesa en la vida.  
Seguramente el film que mejor vendría a referir el tipo de propuesta descrito y que, por ello mismo y aún a pesar de no estar ante ranking alguno, pienso debe iniciar, en plena justicia (o con el único permiso del infalible troll de turno, que se fije en el par de camareros que toman el pedido de forma tan intrascendente como fugaz), el listado. Wallace Shawn y André Gregory convencen, de alguna manera, al genial Louis Malle para que les filme el careto durante algo menos de dos horas y partiendo del libreto que ellos mismos se han despachado cuatro manos... "Film de culto" que se dice, con estos dos viejos conocidos más que amigos -o pareciera- entroncados en una conversación (aunque en muchas ocasiones parezca más un monólogo de André -el personaje y el actor-) que dura, de forma casi íntegra, lo que la consabida cena del título y con bien poco a añadir desde la sinopsis... Arte, viajes, filosofía, soberbia, pedantería, autoindulgencia, culpa, vergüenza, lo mundano, lo divino y un sindiós de conceptos más lanzados al aire en algún momento... Como dos cuñados divagando  en la sobremesa de un film del Allen más esnob, o como dos autores desnudando su alma, sin cortapisas ni dobleces medien, frente a un plato sopa... Que decida cada cual pero, eso sí, la honestidad y su indebatible calidad que no se la discuta nunca nadie. Para mi magnífica (y única), ni qué decir.


2. "La huella" (Sleuth, 1972/ Joseph L. Mankiewicz). Andrew Wyke (Laurence Olivier) es un prestigioso escritor de novelas de intriga. Además, su pasión por los juegos de ingenio y las adivinanzas lo ha llevado a convertir su gran mansión en una especie de museo, donde se exponen los juguetes y mecanismos más extravagantes. Una tarde, invita a su casa a Milo Tindle (Michael Caine), amante de su mujer y propietario de una cadena de salones de belleza, para proponerle un ingenioso plan del que ambos podrían salir beneficiados.  
El más célebre y evidente de los films del listado a colación de lo que el posteo de hoy pretende. Olivier contra Caine y al revés, al compás de Joseph L. Mankiewicz... ¿Acaso tenía margen alguno para la derrota? Adaptación de obra teatral que el propio autor (Anthony Shaffer) se encarga de guionizar para la ocasión, con ésta infalible historia suya plagada de recovecos argumentales construidos sobre cuernos, venganzas y esperpentos por doquier en pista indoor. El realizador de "Eva al desnudo" y demás se encarga de separar los entreactos, a base de enfocar los juguetes de este millonario con diógenes encarnado por Sir Laurence y/o poco más, para dejar a los dos titanes hacer "lo suyo", sin dejar espacio a intrusismo ni estorbo alguno en el proceso... Título referencial para cualquiera de los tres implicados más famosos al fin, y con toda la locura a cuestas que acarrea ello tras el vértigo de repasar ni que sea un algo los nombres propios, que nos salta de la comedia al suspense lo mismo que de la intriga al drama, como y cuando la gana le dá... Mágica, para resumir y desde luego. Y además para aquell@s que se deleiten con el mundo de la interpretación, de forma especialmente denodada, se alcanza lo totémico sin ya nada más a apostillar.


3. "Infierno en el pacífico" (Hell in the Pacific, 1968/ John Boorman).  Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los dos únicos supervivientes de una batalla naval, un soldado norteamericano y un oficial japonés, se ven obligados a convivir en una isla desierta del Océano Pacífico.
Quizá no, sin duda no tienen los matices y complejidades interpretativas a disponer del par inmediatamente anterior pero, ojo, Lee Marvin y Toshirô Mifune tampoco vendrían siendo Bartolo y su primo en el Tenorio improvisado para la verbena el pueblo... Es más, en términos de "fuerza" en pantalla les tose Mitchum y bien pocos más. Esto es así. Tras tanto dispendio de rudeza (Mifune fue solicitado explícitamente por el otro ya que se confesaba fan)  estaba, además, un entonces en alza y joven Boorman pre-Deliverance que, por supuesto, deja aquí ya algunos rasgos de esa abstracción por la naturaleza que veremos bastante después en "Excalibur" o "La selva esmeralda"... Con este film, más allá de ver en danza a Marvin y al actor fetiche del inalcanzable AK (ambos veteranos de guerra en la vida real, ya puestos), tenemos, en las cuitas de estos dos soldados enemigos cautivos en la consabida isla desierta, el ejemplo perfecto sobre ese diálogo no verbal anteriormente apuntado... lo mismo, y que eso también,  que una pequeña trampa (para lo que nos ocupa) ya que el paisajismo aquí se asemeja, puntualmente, al catálogo de verano de Halcón Viajes... Pero no importa. Metáfora brutal, sangrante, sátira en verdad, sobre la ausencia de comunicación y el aupamiento vanal de los prejuicios que tan gratuitamente se inoculan. Mucho -MUCHÍSIMO- mejor, por cierto, el final que quería Boorman (fácilmente encontrable en las redes para quien tenga curiosidad, que está grabado) al que finalmente se editó para su versión estándar. Para terminar, a modo curiosidad, solo mencionar esa versión (poco o nada encubierta) ochentera de "Enemigo mio" con Quaid y el director de "La historia interminable", montada sobre el mismo relato original y que nos cambiaba, para la ocasión, yanquis y nipones por terrícolas y extraterrestres.


4. "Sin testigos" (Bez svideteley, 1983/ Nikita Mikhalkov). Un hombre (Mikhail Ulyanov) reaparece en la vida de su ex-esposa (Irina Kupchenko). Se había casado de nuevo y quedó viudo con una hija que ha seguido su interés por la música. Con intenciones, quizás, de reconciliarse, él hombre tratará de indagar por la nueva vida de su ex... pero, también ella analizará cada palabra suya. 
Y ahora viene cuando les explico que de las diez interpretaciones que, de forma lógica al hacer recuento, se destacan en esta entrada, nos enfrentamos a las dos mejores con una superioridad del todo incalculable... Ya hace un buen tiempo que un viejo amigo me recomendó que viera encarecidamente éste film (dada su marcada querencia por el cine ruso y al hacerle conocedor de mi profunda admiración por el film "Quemado por el sol", del mismo realizador que ahora nos ocupa). La propuesta más indisimulada y crudamente dramática del ramillete. La que más duele, la más devastadora y la más poco amable para con el espectador... Pero también la más nutritiva, la menos efectista y la que se eleva a cotas artísticas más elevadas. Irina Kupchenko y Mikhail Ulyanov subliman la interpretación a unos niveles con bien poco parangón y al nivel que se prefiera o pretenda elegir  (a modo fugaz ejemplo de catálogo: lo que hace la primera en la escena de la llamada telefónica, ya hacia el final del film, nos replantea desde ahí y ya para siempre el concepto de lo que debiera considerarse un "gran intérprete"). Por otro lado, Mikhalkov se sirve de los pocos elementos ajenos a la conversación directa con una maestría ya entonces impresionante (atención a los derrumbes de cuarta pared en forma de soliloquio, con aquellos planos rembrandianos -perdón, si- con las jetas brillando sobre fondo negro o, también, a las voces en off relatando fotografias y epístolas varias)... Lo suave y espartano de la puesta en escena (en contraste impagable con lo que se va sucediendo), más lo tan medido de su ajustado metraje (más "verdad" y flor de piel constante sería, seguramente, insoportable), convierten esta montaña rusa, "nunca mejor dicho" (entónese ello con voz carcunda y engolada a más no poder, claro), de sentimientos en una terapia que muy difícilmente, y en la más mejor de las acepciones posibles, podremos olvidar jamás. Imprescindible, sin más y aún con todo su desgarro y completa ausencia de azúcar.


5. "El próximo año a la misma hora" ("Same Time, Next Year", 1978/ Robert Mulligan). Un hombre y una mujer se conocen por casualidad en el comedor de un romántico hotel. Aunque ambos están casados, al día siguiente despiertan perplejos en la misma cama preguntándose qué les ha pasado. Sin embargo, se citan para el año siguiente en el mismo hotel y en la misma fecha. Adaptación cinematográfica de un previo éxito de Broadway. 
Finalmente, y para terminar de forma más amena desde lo anterior, la referencia más amigable y menos dolorosa del lote. El bastante irregular Robert Mulligan ponía en austeras imágenes una relativamente popular obra teatral, dejándola por completo en manos de una Ellen Burstyn y un Alan Alda magníficos, que se sobran y bastan para mantener a flote el film en todo momento. La variante más romántica, no exenta de drama y comedia (por supuesto),  de la colección se cimenta en el paso del tiempo y el salpicar de los distintos contextos históricos en la evolución de sus protagonistas. Su tan plausible ausencia de ínfulas innecesarias y su tan lograda naturalidad, que de verdad se lo prometo, hacen apuesta segura hasta para con el más desconfiado llegada la hora de leer la palabra "romance" desde las consabidas e insaltables etiquetas que delimitan al género del film que toque... Alda salía muy reforzado desmostrando que, definitivamente, había vida para él en el séptimo arte (y más allá de la tan imprescindible serie televisiva que le dio a conocer unos años antes) y la Burstyn... Bueno, ¿cuándo narices ha estado mal, ni siquiera regular, Ellen Burstyn?. Recomendable, que nadie se equivoque con su engañosa ligereza por montera, y no solo su mera visualización, atención, sino incluso su periódica revisitación.


*(Ni qué decir, como manda la larga tradición de este espacio, todas las sinopsis fueron conveniente y directamente expoliadas desde Filmaffinity sin miramiento alguno).

domingo, 10 de junio de 2018

HOY PRESENTAMOS: ¡ 10 AÑOS DE SUPERVIVENCIA BLOGUERA !


Anuncié, o amenacé (según lecturas), hace unos días y en alguna red social, que para celebrar los diez años de existencia del blog, que acontece hoy en éste mismo 10 de junio, la "entrada conmemoradora" sería la secuela del film "Hellraiser". Y por la sencilla razón de completar la broma, ya que la primera entrada que, por azares de la vida, consta en el espacio desde el mismo día de junio de 2008, és (obviamente) el primer film con Pinhead y toda su camarilla de por medio... Bien, pues no. Les engañé a tod@s (parcialmente sólo, ojo, que el posteo de "Hellbound" será de los siguientes que por aquí se asomen en definitiva). Con las oportunas disculpas, lo cierto es que prefiero, finalmente, hacer el socorrido recuento al uso del espacio, desde la propia perspectiva y como entidad igualmente propia y tal (que la tiene, claro... y aunque le parezca a alguien la mayor hez jamás pergeñada desde que existe internet, que en su derecho está -el muy hijo de puta, que eso también se lo lleva-, la sigue teniendo).

Más o Menos Breve Historia del Blog (que aunque les parezca imposible más pereza me da a mi escribirlo que a uds leerlo... pero allá vamos de todas formas). La principal culpa, ya de entrada, la tiene mi gran amigo el King Nikochan, que "me picó con el tema" por allá las primaveras de hace una docena de años (aquí está su espacio y, en última instancia, si alguna vez durante todo este tiempo se sintieron ofendidos, insultados o hasta agredidos por algún pasaje de los aquí aparecidos, les conmino a tod@s que vayan ahí para pedir explicaciones).  Entramos entonces en una fase inicial tirando a muy dispersa de un par de temporadas, quizá algo menos pero muy poco... Cambios de nombre, de contenidos, ahora hago cuatro blogs, ahora ninguno, me cambio el pseudónimo, vuelvo al de antes... En fin, un pifostio sin sentido y en sesión continua que, por supuesto, terminó por hastiarme lo indecible y hasta el punto de enviar todo el "asunto blogueril" a tomar pol saco. 

Sin embargo, y aquí me pongo un poco épico, un día cualquiera y sin venir a cuento, el tema resurge cual Fénix (un Fénix más bien escuchimizado y hecho mistos, sin duda, pero Fénix al fin) al adaptar a éste medio el acervo y proceder de unos de mis grandes ídolos: ¡la Velvet Underground!... Sí, tiene cojones la cosa... Me dí cuenta entonces que los palos en las ruedas, en mi caso, era el "granelismo" desatado. Por manera de ser uno, rindiendo pleitesía eterna al caos y el absurdo (conceptos que amo sin reservas), necesitaba una bitácora de lógica o, cuánto menos, esbozo de la misma. Por ello, como mis ídolos rockeros de la big apple, decido en un momento dado empezar de cero. Desde la hoja desnuda, el lienzo en blanco o el cacho mármol sacado de la cantera así a lo tocho... "Reescribiré la historia del medio, en base a mi "talento y estilo particulares", y seré adorado por cuatro chalaos igual que yo en vida pero, cuidado, la crítica me venerará a partir de cierto momento futuro y ya para siempre", que me dije... Vale, ok, estoy fracasando mucho. Se acepta. Pero tampoco es que los de la Velvet nadaran en bañeras de mithril cuando estaban en activo, joder... Tiempo al tiempo.

En fin, aprovechando que ni alcanzando el don (o maldición -para mi don, ojo-) de la inmortalidad uno jamás sabría feacientemente si en última instancia prefiere el mundillo del Cine al del R'n'r o viceversa (como las mejores y más satisfactorias maneras, y sin parangón posible, de pasar por la vida ésta en cuanto a los momentos de ocio para con uno mismo), tiro por la de en medio y escojo lo primero, por el infalible sistema del "porque por ahí me dio"... Y esto empezó a crecer lo indecible, por supuesto: venían de Las Vegas a ver el espacio; jóvenes bloggers anclados continuamente a la puerta de mi casa clamando para que les diera consejos; drogas a mansalva; bebercio desmedido; orgías a todas horas... Lo acostumbrado, vaya.  En paralelo a ello, y horadando un poco en lo que sería la realidad y tal, lo  cierto es que el tan básico "película x entrada" me facilitó una estructura en la que, ni tan siquiera yo, tenía mucho margen para cagarla. Con el tiempo, eso sí, poco a poco la otra devoción de la casa (la musical) se fue haciendo su hueco, que no quedaba otra (y, mayormente, cambiando films por elepés y "santaspascuas" -"tu no te compliques y para adelante", que me autoapostillé ahí-), y ya desde hace bastante, dicho formato se limita a un 50-50, repartido entre sendas disciplinas (con alguna parada muy concreta, y a modo excepción, para abarcar algún que otro ámbito artístico diferente).


Y todo esto se acabaría ya aquí si no fuera por una cuestión ya anteriormente más o menos esbozada. La cuestión de que soy un rato cretino, claro. Que si se admite no exonera pero un algo siempre te tranquiliza, quieras que no. Vamos, que en determinado momento empecé a hacer el capullo gratuitamente con cosas "fuera de contenido" (y fuera de alguna que otra "sección" que a veces añoro y que espero ir recuperando en algún momento futuro, como los "vs" o las "propuestas chungas del mes") y el espacio se me empezaba a torcer, e irremediablemente, ya un poco más de lo que quisiera... Llegados a ese punto, decido en otro momento dado (soy bastante de "momentos dados", si) empezar a pulir el espacio de la farfulla generada, a podarlo como un monje trapense al bonsai heredado de su abuela, y al fin, dejar solo lo que, en base a cuentas propias, denomino como "contenido". Esto és: películas, discos y cosas que giren sobre películas o discos (con las tan contadísimas excepciones ya también apuntadas). Fin. Me cargo pues, y sin miramientos, un montón de "entradas-parida", poco menos de 200 (perfectamente prescindibles todas ellas), para volver al status quo (banda que no me gusta mucho, la verdad -de hecho, lo mejor que se me ocurre comentar de ellos sería lo de: "bueno,por lo menos no son los putos Scorpions, que me dan un ascazo del morir"-). Además, que no todo iba a ser un mar de lágrimas y arrepentimientos esto, faltaría: acude el mundillo del Fb al rescate.

Sí, amigos. Resulta que la famosa red social me permitía, y permite, dar rienda suelta a todas esas cosas más, póngamos, "casuales" que me hacen gracia (sin más) o que me pueden saciar de forma mucho más esporádica. Ello, por supuesto, repercute aquí directamente en forma de una todavía menor profusión de posteos  (ya vendrán pastos más verdes, si media salud y oportunidad -ya hace tiempo, que creo está claro además, dejé de agobiarme con ello-). Pero, importante, tampoco "mancha" y me resulta a su vez necesario (ya que permite que no me quede según qué cosas dentro -que después sufro demasiado y eso-). Por si fuera poco, y esto ya sería lo mejor de todo (y muy claramente), resulta que, por aquello del fluir natural de las cosas, un gran número (que no todos) de "colegas blogueros", los héroes, los pioneros... los que nadamos en el "flow" (qué cojones) y que nos conocemos desde ya hace bastantes años, en mayor o menor grado (y perdonad que no personalice dado que sería ello una invitación al pecado por omisión completamente irremediable), fuímos a parar también allí.  Al puñetero Fb, me se entienda, claro. Todo son ventajas, al fin y como dice el anuncio.

... Y ya estaría el tema. Para terminar, solamente enviar un muy fuerte abrazo a tod@s los que han decidido perder su tiempo (y por fugaz o escueto haya sido éste) leyendo cualquier martingala sita aquí,-en ésta "su cochambra amiga"-, durante toda ésta década y, ya puestos, decirles un par de cosas postreras: a) Lo siento mucho, joder; y b) Muchísimas gracias.

jueves, 7 de junio de 2018

1987: EL AÑO DORADO DEL "INDIE ROCK"

Se cumplió en el pasado 2017 tres décadas del año más seminal e incontestable del fenómeno "indie rock". Indie Rock del bueno, el añejo y el único que cuenta de verdad en ésta casa. La premisa de arranque de entrada se defiende sola: las, para mi al menos (aunque sospecho que para bastante gente, aún con los consabidos matices se puedan dar), siete mejores bandas del tinglado (sumen a ello, y en segunda  línea para la foto, los posteriores Pavement, Superchunk, Guided by Voices y Afghan Whigs para completar el "once ideal" de esta cuadra si gustan) se descolgaron con unos respectivos discos que si bien no son indebatiblemente el mejor de las respectivas -e ilustres- carreras, si forman en cualquier caso parte de lo más granado y necesario de sus respectivos "opuses"... Y respectivamente todo ello, cómo no.


Gloriosos, impresionantes trabajos todos ellos. Ese 1987 acabó por asentar un caldo de cultivo, que ya hacía algunas temporadas se fraguaba, sacado de varias leches y que terminó por cristalizar en unos discos irrepetibles. Sin más. Discos todos ellos que, a pesar de llegar en distintos momentos de la singladura de los diferentes protagonistas, configuran un casi imposible ramillete de los de "no me creo que esto pasara todo a la vez" y que, por supuesto, me dispongo hoy a recordar con la aguja del "apreciómetro" sacando humo y presto a la pura e inevitable explosión posterior. Qué dioses y demonios les bendigan siempre...

1. HÜSKER DÜ - "Warehouse: Songs and Stories".  En este caso, y contradiciendo ya de primeras algo de lo anteriormente explicado, sí estemos posiblemente ante el mejor disco del tan imprescindible como histórico power trio. O por lo menos atendiendo a las cuentas propias, claro está (y aunque con permiso de "Flip your wig"/1985 ocurra ello). Sea como fuere el último disco de estudio de los Husker entra de lleno (vive "ahí" de hecho) en el territorio de las "sensaciones encontradas". Por un lado resulta básico para asimilar el sonido que derivará en los tan adictivos Sugar de Mould (y su tan meritoria carrera en solitario, tremenda fuente de alegrías pseudosecretas), y por otro tenemos el eterno resquemor (ya del todo insaltable por el óbito de Hart en el otoño pasado) por la duda de a dónde cojones hubieran llegado éste par de haber logrado acercar posturas y/o aparcado adicciones. En cualquier caso, el legado de Hart y Mould (con el inobviable soporte del bajista Greg Norton -bastante ninguneado en la grabación de este disco, ya puestos-),  con su tan palpable crecimiento continuo (sobretodo a partir de "Zen Arcade") y desde aquellos inicios hard core (que tampoco les alejaban tanto de unos Minor Threat o Black Flag) hasta muchas de las composiciones aquí exhibidas sigue siendo un bendito escollo inesquivable en la historia toda de esto de las guitarritas... Y por supuesto, éste almacén suyo de canciones e historias permanece como la rúbrica perfecta para la banda que, en definitiva, nutrió más y mejor que ninguna otra el mentado hard core de los primeros 80 con el don de la simple y pura melodía. 

2. THE REPLACEMENTS - "Pleased to Meet Me". Justo al revés que los anteriores. Si Husker (a pesar de sonar como nunca) estaban ya en fase de desmantelar el tenderete, los aquí tan y tan queridos Mats de Westerberg gozaban de un estado de gracia prácticamente abusivo. No cabe engañarse: si los Replacements hubieran grabado, en aquellos días, un disco de covers de tonadas autóctonas para bailes regionales de Kuala Lumpur la cosa les hubiera salido, también y seguramente, de narices. "Pleased", para el caso, cierra una de las trilogías de discos de estudio más escuchadas y adoradas en este espacio. El disco de "Alex Chilton", "Never mind" o "Can't hardly wait"... Qué añadir a estas alturas. Primer disco con Slim Dunlap sustituyendo a Bob Stinson (las adicciones ochenteras destrozaron muchas cosas en esto del rock y para que el ya hace mucho fallecido mayor de los Stinson fuera echado de ésta banda -ESTA, precisamente- la cosa tuvo que ser bien dramática, sin duda) y con Paul ya definitivamente atreviéndose con todo (aquí se pasa del punk rock melódico al jazz sin pesar medie y el que se extrañe de algo que se abrace a un cojín), estamos ante la tercera masterpiece del tirón y seguida de la formación. Pura historia, si. Desde aquí llegaremos a un disco tan interesante como incomprendido como fue el más oscuro y popero "Don't tell a soul", para terminar en el ya noventero y último "All shook down" (magnífico también, claro) donde, básicamente, ya tenemos el primer disco en solitario de Paul Westerberg aunque así vaya firmado. En resumen y como sea, escuchar seguidos "Let it be", "Tim" y éste "Pleased to meet me", de ésta tan caótica como imprescindible pandilla, seguirá siendo siempre una de las grandes alegrías no ya sólo del rock, sino de toda la maldita vida ésta... Y además beodos perdidos casi todo el rato que lo fraguaron ello. Si es que, por años pasen, no se puede molar más que los putos Mats, diáfano ello.

3. SONIC YOUTH - "Sister". Creo que muy pocas canciones me han atrapado tanto desde su primera escucha como en su momento logró "Catholic block", con esas guitarras entrelazadas que nunca había escuchado hasta entonces (y su celestial descompresión final que me sigue helando la sangre por lustros y lustros pasen), o ese uso tan oscuro y distinto de la melodía (etc)... El salto de gigante desde el anterior "Evol" (o "love" desde el espejo) con la llegada del que es mi baterista favorito de las últimas tres décadas, Steve Shelley, logra que la "era dorada" de la familia sónica se empiece a contar desde ahí directamente en no pocos lugares. Sin embargo, aún apreciando (y cómo no) dicho álbum, servidor lo intuye, y desde hace demasiado ya para ser casualidad, como un notable acetato de la grandeza que empieza a asomar y, sin poderlo evitar, arranca dicha "dorada" cuenta desde ésta, su sacrosanta "Sister".  Antesala del doble de estudio más importante e inalcanzable de todo el mundillo indie-rockero jamás grabado y transcripción, ya perfectamente filtrada, de un sonido que se tenía a unas canciones que, para muchos, son leyenda. La mutación de la no wave al noise de Sonic Youth, con su millón de matices desde su discurso-tipo (si es que dicho concepto puede adaptarse de alguna manera a algo tan imprevisible) se completa del todo en "Sister" y, al fin, la historia del rock que empezó la Velvet encuentra su última estación. O por lo menos hasta día presente... Lo mejor de todo, además, es que la mentada "catholic" y la inmediatamente anterior e inicial "Schizophrenia" (igualmente clásica y prohibido escucharse sentado jamás a partir del 1'45"), son la alfombrilla de bienvenida a uno de los mundos más únicos y nutritivos de la historia del rock. Tal cual es la cosa. Si contamos, de forma tan somera como recurrente, la historia del rock desde el primero de Elvis por allá 1956 y hasta hoy, nos salen sesenta y dos años ya de rocanrol. Sonic Youth fue la mejor banda del planeta en nueve de esos sesenta y dos años... y el viaje empezó con "Sister". 

4. R.E.M. - "Document". Reventaron todas las bancas en su país (aquí habría que esperar al siguiente) con "Green", al que siguieron "time", "automatic", "monster" y "adventures"... Discos multiplatino que, la verdad, de malo tienen bien poco (así en general, y por mucho que se acabara hasta las napias de la redifusión de alguna que otra pista concreta -o tres-). Después Berry se pide la cuenta, la mesa se queda coja y entran en una espiral de tres discos que, ahí sí, hablamos de su peor y menos logrado momento creativo... Fácil ver ahora, en perspectiva, que cuando volvieron a resultar interesantes (el último par de discos, con las salvedades que se quiera, estuvieron francamente bien) ya poca gente quedaba para recibirles con los brazos abiertos... ¿Y por qué tanto castigo a una banda tan y tan apreciada anteriormente?. Tirado ello: por las malditas comparativas. R.E.M. fueron la mejor banda americana en la década de los ochenta. La más constante durante sus primeros e intocables cinco discos que recogían, como nunca antes se había hecho, el legado de Byrds o Beach Boys para re-lanzarlo a algo nuevo y tremendamente adictivo. No se les perdonó la bajada de listón y, en muchos lugares, se les arreó con saña e inquina desmedida. No suena a paradigma de lo que sería "la gratitud", en efecto, y en cualquier caso  este  "Document" cerraba dicha pentalogía a unos niveles que, por si solos, darían vitola de clásica a cualquier banda por haber logrado una sola vez lo que estos lograron cinco veces seguidas. La colección, para cualquier conocedor del combo, da vértigo sin más, claro: "the one i love", "king of birtds", "it's the end of the world...", "finest worksong", "exhuming McCarthy" (etc) y, ya puestos, particularmente quien suscribe solo la pondría por detrás del inalcanzable estreno con "Murmur". Dicho todo ello y para no alargar ya más: ¡ joder, cómo se les hecha de menos !.

5. PIXIES - "Come on Pilgrim". Vale, si. Es un poco hacer trampas. El primer LP de los duendes bostonianos es, en propiedad, un -muy famoso- EP. Aunque, igualmente y por supuesto, nos importa ello más bien poco aquí. Los primeros 20' editados en estudio de los Pixies son también historia (de esa que decía "de la buena, de la que cuenta de verdad" -se insistirá hasta el último aliento-) en esta casa. La manera enfermiza de entonar de Francis, lo anguloso de la guitarra de Santiago, y demás, brilla desde el primer y dichoso minuto... Ese pasar de algo tortuosamente melindroso a un estado de histeria desatada (el famoso loud-quiet-loud de marras, que "les tomó prestado" Cobain y varios millones de músicos más un algo después, vaya) estalla ya desde aquí mismo. Quizá haya quien reniegue de siempre por la mutilación esporádica del castellano que -muy- a veces se comete, o quizá también quien les niegue esa originalidad que por sistema se les otorga (particularmente, encuentro ciertos puntos de conexión con los anteriores, y un poquito inferiores en mis cuentas, The Gun Club... aunque bienvenida conexión sea esa, al menos en la lectura que yo hago, claro -vaya par de bandas de puta madre, en definitiva-), pero a la postre los Pixies (y por mucho que ellos mismos estén jugando con fuego con su legado, a base de recientes discos irregulares tirando a innecesarios) empezaron ya con pie firme su saga con éste peregrino que esconde un, en efecto, EP que (por otro lado) vale por tantos y tantos LPs que no hay puñeteros dedos en el sistema solar para contarlos todos. Además: "holiday song", "I've been tired" y "levitate me", están aquí dentro. Nada más que añadir, señorías. 

6. YO LA TENGO - "New Wave Hot Dogs". Como para mi ocurre también con su continuación, el segundo de YLT tiene el handicap (por lo menos presunto) de quedar bastante injustamente diluido o relativizado por las grandes cúspides, en forma de discos, que se darían en la siguiente década y más allá, por parte de "los Kaplan" y -a partir de determinado momento de los primeros 90 y también hasta hoy- James McNew (si prefieren, pero a la postre es lo mismo,  desde "Fakebook" -si no el mejor disco de covers que existe sin duda sí uno de ellos- y en adelante). No veo a qué negarlo, además: las otras referencias hoy aquí vertidas son puros tótems (sin más) y, al comparar, parece que a "New wave...", en efecto, haya que defenderlo con un especial denuedo. Que se tenga que excusar su presencia entre tanto ilustre de alguna manera... Pues no, oiga. Para nada, en realidad. Aquí tenemos la toma original de la excelsa "Did I tell you", y esa "Lewis", o aquella tremenda versión velvetera, y " A shy dog", y... Y un muy señor álbum, en definitiva. De los tantos que vendrán. Y, finalmente, aunque si bien es cierto que Yo La Tengo es invariablemente "el 7" de "mis 7 magníficos" (y con Pavement méandoles en el jardín, ya puestos y prestos al menor descuido para acometer la invasión), a veces me da por recontar hitos y milagros de éste  trío de Hoboken y, sin falta posible, descubro siempre que en un día ni que sea medio bueno, los Yo La Tengo puede alcanzar unos niveles de emoción de casi imposible ponderar en justa medida (Ira y Georgia son dos vocalistas maravillosos, quieras que no). Y no se dude que esto de "New Wave Hot Dogs" ayuda, y con solvencia sobrada, a enmarcar y entender todos los "painfuls" y "fades" que después vendrán.

7. DINOSAUR Jr - "You're living all over me". A rabbit falls away from me... Pues sí, 1987 fue también el año del segundo Dinosaur Jr, nada menos. La banda preferida desde tiempos inmemoriables para quien suscribe. Eternamente mimado trabajo por parte de la crítica especializada (el que más de su carrera junto a su continuación -hace relativamente poco aquí recuperada-), y otro mítico disco para el tan ilustre listado nos ocupa... Disco que, y qué duda cabe, aunque adorado también para quien suscribe lo cierto es que, a estas alturas, no veo como meter en un hipotético top-3 de la banda ni haciendo trampas... Dicho ello, vayamos a lo obvio: "little fury things", "in a jar", "the lung", "sludgefeast" y cia, siguen configurando un muro de mezcolanza noise, hard core, punk, y no se cuántas cosas más, difícil de contener por lo que quiera dios se le cruce. Con el ímpetu del estreno y una producción ya más profesional, dichas canciones reafirmaron a todos los que por ellos apostaron (como su colega Lee Ranaldo de los SY, que aquí colaboraba fugaz y mismamente) y aunque J y Lou ya se empezaban a vigilar de reojo un poco de más, asentaba el sonido de la banda que más y mejor ha continuado jamás la inacabable aventura del Neil Young más eléctrico contra todos los tedios y naderías de este mundo... Ver crecer al Dinosaurio en aquellos furiosos primeros pasos (y aunque sea tirando de retrospectiva) resulta siempre entrañable al fin y, desde luego, esto fue uno de los "estirones" más sonados del bichejo. Imprescindible hace corto, para despedir y por aquello de reincidir en lo obvio ni que sea.