jueves, 25 de mayo de 2017

RANDY NEWMAN - "Land of dreams" (1988)


Disco nuevo  de Randy Newman en agosto del año en curso... Así, como si tal cosa, me cruzo hoy con dicho anuncio. Como si fuera un "disco cualquiera" más a sumar a las futuribles novedades inmediatas... Un disco del Sr. Newman es a día presente como si el cielo se abriera de repente y los ángeles (con o sin harpas) dejaran caer un inesperado y dorado presente a la humanidad mientras nos sueltan: "Ahí va eso, cabrones !", para volver a sus celestiales asuntos con la misma inmediatez que aparecieron... Como eso, si. O más incluso.


Para realzar aún más el subidón impagable que me supone la próxima aparición de ésta "Dark matter", me dispongo hoy a "defender" al más controvertido (a la hora de ser defendido ante quien lo requiera y/o de requerirse ello, entiéndase) de sus discos de "estudio estándar"... Curioso por eso y respondiendo a esas últimas comillas, -antes de liarnos con lo que hoy pertoca-, que dicha "materia oscura" no será más que el onceavo studio album en la acepción más clásica de ello y en la carrera del tan sinpar músico (si despejamos de dicha e imprescindible carrera toda la retahíla de soundtracks, songbooks y demás, obvio ello) cuyo arranque debieramos situar, de forma  consensuada, en 1968 y con el disco homónimo. Esto és: cada cuatro años y medio, si obviamos ahora que más de la mitad de esos trabajos se concitan en la primera docena de años, tenemos "nuevo Randy Newman" para solaz, jolgorio y dicha putámica absoluta de un ingente, como poco, bastante considerable ... Algo más que con las Olimpiadas, vaya (aunque en realidad sea mucho, muchísimo, más que las Olimpiadas). Así pues: "Dark matter", primera semana de agosto, la onceava "masterpiece" de once (quien tenga la menor duda de ello no conoce al artista y punto -y con toda la chulería recalcitrante que ello acarrea a cuestas-), el "album of the year" con la boina... y todo lo que le dé la real pura (y/o puta) gana a quien sea y donde sea... Exclamen "amén" incluso y si quieren, que no es para menos. Y,ahora ya sí, para "la tierra de los sueños" que nos vamos... 


"Land of dreams", de 1988 y el octavo de sus "discos normales" (con perdones mil por lo estúpido y somero en la etimología elegida pero así nos entendemos lo más rápido y fácil se me ocurre). Y no, para aquellos que hayan reparado especialmente en el año en cuestion, no se libra siquiera Randy del efecto "esas producciones guarras ochenteras"... Hay algo de sintetizadores, lo mismo que algún que otro efecto de percusión o abuso de producción completamente innecesarios (a sumar, que es restar, la frialdad que destila siempre desde tantos y tantos de esos "trabajos de estudio de la época"). Las cosas como son. Con temas producidos por un Knopfler -sobretodo por él- ya muy alejado de sus años de bonanza (buenos, o hasta muy buenos esporádicamente, Dire Straits para mi hasta el doble directo, pero "sefini", hasta ahí y no más) o, entre otros, un Lynne (el eterno "el otro" de los Wilburys por mucho se quiera o pueda reivindicar -que se puede y bastante, faltaría-) quizá en un ejercicio de firmar la paz desde aquella cachonda/irónica tonada del "Born again" con la ELO de por medio, "Land of dreams" suele verse apartado sin miramientos de un manotazo, cual mosca cojonera que nos sobrevuela la paella, llegada la hora de enumerar los incunables del angelino de nacimiento... Y mala cosa (error garrafal y garrafero a la par) a mi, humilde si se quiere pero devastadoramente asertivo en esto, entender. Y porque como dijo Galadriel: "... pero nada puede con el poder del Anillo". Y aquí el "Anillo", faltaría, es el descomunal talento de Randy Newman a la hora de componer e interpretar sus canciones. Que con ello tocamos hueso siempre -SIEMPRE- e invariablemente. Y aunque eso antes señalado para mal está ahí,-me repito sin problema a mediar-, al final todo el acervo y sabiduría del genio emerge a la postre dado que, como siempre y básicamente: ¿acaso había o hay otra opción?.

... de regreso a la familía y amigos en la tierra de los sueños.

Ya solo el tono autobiográfico, con el regreso a su añorada y querida Lousiana (y bien entrado ya en la cuarentena), de la inicial "Dixie flyer", que el bendito canalla sabe extrapolar al retorno hacía el candor -y lugar- de la niñez cualesquiera (puro Rosebud, directamente), convierte el disco en algo digno de atesorarse por siempre y sin remedio posible. Esto es así. Hay más intención y sentimiento vertidos en esa mera breve introducción (con su inseparable piano mediante, ni qué decir) que en tantos y tantos discos enteros que se nos acaban los dedos en el planeta para poderlos contar. Breves apuntes de steels y mandolinas para rematar y, una vez más, estamos en casa (en la de nuestra niñez, si, pero sobretodo en la de Randy -y a "la casa" que no a la niñez me refiero-). Sigue la complementaria a nivel de "trama" (y aún superior en general) "New Orleans wins the war", donde nos remontamos a bastantes años antes de la anterior pieza... De la exaltación, de la alegría de los recuerdos bisoños rematados a lo grande por el padre que vuelve victorioso de la Guerra, a la deriva del inexplicable ataque de realidad mal asimilada que acomete éste por la imperiosa necesidad posterior de sacar a un niño "atrapado en un lugar donde todo son fiestas y fuegos artificiales" y que corre pues el tan equivocado riesgo de estropearse (se sobreentiende fácil, al no hacer acopio de fe como corresponde con esos "valores" carcundas y rancios tan propios del pensar republicano -old school- de la gran nación)... Cosa que, a sus nueve lustros ya de edad, Randy no ha terminado jamás de entender del todo o eso parece (y de ahi el tono de alegría semi-contenida, aún sin caer nunca en autocompasión se cruce), aunque en su bondad parece acabar aceptando (al hacer recuento, ya tantos años después) el que sirviera de autoengaño, de excusa artera para la huida de su progenitor, de un lugar donde no le dejaban olvidar los ecos del pasado, cosa que imposibilita el ansiado borrón y nueva cuenta hacia un lugar distinto donde, realmente, empezar de nuevo. Y tras tan descomunal díptico de inicio la cosa, el disco, entra en terrenos menos estables (volvemos al affaire de "aquellas producciones", si)... Pero, atención, "menos estables" no tiene porque sinonimizar necesariamente "malos". Y con Randy de por medio (y por supuesto), ni qué decir. Más cuando, por si alguien tiene alguna duda todavía, nos enfrentamos al (para resumir) disco temático de la nostalgia y recuerdos de la niñez y primera juventud de tan singular genio, lo que genera un cierto poso literario que suma lo indecible al, a posteriori, todo conseguido y resultante. Sea como fuere, "Four eyes" rememora el primer día de colegio con un Randy que pone un poco de picante al asunto centrándose en la crueldad del primer encuentro con sus nuevos amigos (que le dedican a coro el título de la canción hacía el fin de la misma, cómo no) y a fin de reforzar la sensación de no entender (entonces) nuestro protagonista lo que está pasando, al verse de repente traicionado y abandonado a su suerte por su progenitor ("tienes que hacer que nos sintamos orgullosos de tí"). Un poco tremenda de primeras la canción, quizá, aunque a poco uno azuce la vista (y el oido) más allá, descubrirá su reverso cómico (por lo ex profesamente hiperbólico del tono empleado) que se puede encaber sin problema alguno en la carpeta de temas más ligeros y abiertamente "pop" de Randy (pues también existe ello y también es bienvenido siempre a fin de descongestionar florecimientos de piel entre tanto sentimiento vertido del que es capaz, el puñetero). Para agilizar y tras el insaltable, aunque frugal, recuerdo escolar, el autor da espacio a los dos temas más cándidos y bucólicos del lote (y ñoños, por qué no)... Han empezado "los primeros picores", en efecto. La chirigota tombolera de "Falling in love", con otra producción si bien no tan ominosa como la que precede sí igualmente de las menos memorables suyas, aunque paliada en esta ronda (eso si) por su invencible y adictiva melodía (-búsquenla en directo por las redes con el acompañamiento mínimo a piano-), no deja mucho lugar a dudas. Tras dicho "hitazo popero" que (pese a quien lo haga y de hacerlo) hace salir el sol en la noche, llega su compañera siamesa "Something special", con la que ya pasamos de un vago retratar el estado de ánimo (el aborregamiento innegociable y el irse de todo lo demás en el mundo, que conlleva el primer amorío adolescente -"maybe you're falling..."-) a la presencia física de la otra parte y una tonada digna de Disney, con sus notitas sintetizadas y todo a modo pegamento entre partes (y tan bonitas ellas), que es tan evidentemente hermosa como activa e inexcusablemente cursi según nos pille... Aunque conociendo un algo al tipo... Claro, todo cuadra al fin: el primer acto lo cierra la escueta y mínima "Bad News from Home", mucho más apagada en cualquier frente (un réquiem en contraste), y que no es sino el hostiazo (también innegociable) que deriva del azúcar sentimentaloide que antecede... "You said you love me but I know you lied", y a qué más. Cosas de teenagers, con sus egolatrías y tremendismos, su colección de "siempres" y "nuncas" tan reiterativos como absurdos, y todo lo demás (y tal... aunque todos lo hemos sido, ojo). 


La segunda parte/cara, se arranca con ésta mal lechosa y fascistoide -sino racista y a pesar de su levedad- "Roll with the Punches"... Si, ya lo adivinaron "los fieles". Tras tanta terapia regresiva, Randy se refugia en sus queridos trasuntos para cantar/relatar desde punto de vista ajeno. Cosa que, recordemos, le ha traído problemas a veces aunque el hombre ya se quedó sin saliva (hace tanto que ni se acuerda él), aclarando que no se sino un recurso muy básico presto a hacer mofa y a retratar a perfiles determinados con los que, obvio, no tiene porque estar de acuerdo perentoriamente. "Roll with..." no es sino el redneck "evolucionado" de los "Good old boys" años después, mirando las noticias de la tele con ceño fruncido y gesto simiesco, mientras suelta perlas del tipo: "pues si estos negros viven tan mal en el ghetto qué trabajen, coño, y que dejen mi dinero en paz" (usen otra "perla" en dicha dirección si no les convence el ejemplo más, pero en significancia es eso)... Y ahora, ya: a rapear con "Masterman and Baby J" (!!!???)...  De cabeza, ésta ya sin miramientos, al cajón de sus "cachondeos padre". Y está claro que éste Randy ya adolescente (y más observador de las cosas) empieza a afilar ese cinismo que le iba a a caracterizar por siempre, en casi imposible y perfecto equilibrio entre lo meramente coñón y lo abiertamente hiriente. A Randy se le va la pinza como nunca y construye una historieta que funde el triunfo de alguna rap band de la época (Run DMC, evidente, no hay sino repasar lyrics -y, por otro lado, una de las dos bandas más fundamentales  de la leyenda de dicho subgénero-) con la hipocresía social de dos tipos que son evitados por todo cristo en las calles, por pura y supuesta "chunguez" galopante, para a posteriori ser adorados por todos al alcanzar fama y estrellato... y, sobretodo y en resumen, aceptación (son colocados en "la máquina" y ya son válidos y admitidos sin resquemor medie -un poco como en el final del cítrico de Kubrick, si tienen a bien recordar y tal-). Desde tamaña e insospechada intrusión, toca explicarle a su señora madre que ahora es una especie de motorista con pañuelo rojo-chanante en la almendra ("Red bandana", of course) que se quedó prendado de alguna bailarina de algún antro en Nuevo Méjico... Magnífica y cachonda viñeta que continua, cómo no, la cronología randynewmaniana con este nuevo episodio de locura juvenil. Por su parte "Follow the flag" es la redención/conversión hacia pastos más conservadores, fruto (cómo no) de la enésima crisis de identidad del intérprete. Curioso viraje del bala perdida devora kms. a lomos moteros al esto que ahora nos comenta, queda claro (y, atención con algún guiño compositivo a la inmortal "Marie", que puede erizar vellos sin excesivo problema, ya que se pone). Sensación ésa, reafirmada con la siguiente "It's money that matters" otro de lo himnos poperos del lote, de vivaracho trote y su tan elocuente título... La derrota, el desengaño del "aquí -en USA, vaya- lo que único que vale es la pasta y sanseacabó, no te hagas líos con lo tuyo". Todo ello servido con un tono ya claramente ácido y socarrón, que sabe ser crítico sin molestar a nadie de forma directa (y por ser tan ladino siempre el condenado) y a todos a la vez de igual modo (por la burla que subyace desde  el fondo a la superficie -no, no es ningún canto a la ya mentada Gran Nación esto, que lo adivinistéis bien los menos tochos, sino justo lo contrario-). Sin embargo, si en términos de "derrota" referimos, ninguna como la despedida de "I just want you to hurt like I do". La crítica, la honestidad desgarrada que derrumba el mito idealizado del progenitor,  que rememora sus bajezas y fracasos, regado ello con el pánico por ese parecerse más -el mismo- de lo que hubiera sospechado jamás a la misma persona que lo sacó de su ciudad natal o que le "dejó tirado" en aquella estación de buses el primer día de colegio... "Solo quiero que seas tan cabrón como yo" parece le quiso enseñar a su vástago (y nuestro héroe), para que no le hagan daño, para que salga adelante... Pues eso, tan horrible moraleja y tristemente, es lo único de real valor que puede darle ya que, en definitiva, es seguramente  lo único que a él le enseñaron... Porque bien es eso, o bien entendemos el auténtico significar del crudísimo reproche (a degüelllo y sin más) que Randy otorga al recuerdo de su señor padre y abrazamos sin reservas tan amargo broche... Porque en efecto, sí, lo refractario hacía ello, la esperanza del "yo lo haré mejor que él" queda también en la retina pero, desde luego y para finiquitar, te has quedado a gusto Maestro...¿La canción?. Preciosa en todos los frentes, ni qué decir. Y fin. Hasta aquí llega el viaje con éste, "el peor disco de Randy Newman" que para mi, ni qué decir, es otro diez brillante como un millón de soles. Como cualquier otro de sus "discos normales". Además en "autobiográfico mode"... Qué coño quiere nadie de más... Yo solo un cosa, en verdad y puestos a todo decirlo:  qué sea agosto ayer ! 

lunes, 8 de mayo de 2017

THE AFGHAN WHIGS - "In Spades" (2017)

Bien, bien, bien, bien... Pero qué muy bien, joder, Gregorio. De reputísima madre, en realidad. Para no seguir alardeando de riqueza semántica, vaya la andanada que ya dejé impresa para los restos en alguna red social:

"Pues la verdad es que aunque el de los Sadies esté más que bien, me postule muy  firmemente entre los "apreciadores" del disco de Davies + Jayhawks, aplauda la de dios el regreso de Kevin Weatherill  firmando (al fin !) como  Immaculate Fools o, entre otros, el nuevo de los puñeteros y eternamente pseudo-ignorados Bats que me ha llevado al huerto como siempre, y/o sin olvidar (por ejemplo) otro ilustre retorno como el de la tan querida Sra. Mann... La verdad, digo, a pesar de todo eso y más, es que para mi el ranking de los discos de este año es el que sigue:

1- El de los Afghan Whigs
2- Los demás
Fin".


Y desde ahí que sigo... Bien, bien, bien... Bueno, ok, ya paro... Pero es que (se lo prometo a todos) le ha salido un discarral maravilloso al tan admirado Mr. Dulli. Tal cual. La continuación plena y alcanzada, -aquí sí-, del muy ilustre "1965" con el que su banda nos abandonaba a finales del milenio pasado, para acabar regresando (tras tan cruel hiato) hace algo menos de un lustro. Si alguien tiene ganas o/y tiempo, aquí queda el especial que servidor se marcara hace unas semanas en el espacio vecino, a colación y a fin de dejar bien claro lo que The Afghan Whigs significan para quien suscribe... Muchísimo (en síntesis), y de paso, sirviéndome de todo lo ya vertido en ese otro texto, me ahorro hoy otras cuestiones que no sea el valorar éste tan fantástico "In spades", prácticamente salido del horno.

No ha escatimado esfuerzos de ninguna clase Dulli, ya de entrada, y de hecho puede que esa ambición salte a ojos y orejas en el par de primeras escuchas. Muchos músicos y mucho personal metiendo mano a estas "espadas", si. En verdad, el listado en los créditos de este elepé  es de todo menos corto. Ello, obvio, nutre la tan apreciable variedad de palos dispuestos en la sucinta decena (pelada) de canciones ofertada y deja, igualmente, cierta -falsa- sensación de que nos enfretamos a un disco con un tracklist mucho más generoso. En lo malo, eso sí, el riesgo de que alguien se haga un lío y aparque a las primeras de cambio un más que recomendable álbum despejándolo, con desdén y narices arrugadas, hacia el cajón de lo meramente "sobreproducido" o "excesivo"... Craso -"crasísimo"- error, en las cuentas personales, pero puede darse, vaya. Dicho posible "error", ni qué decir, parte además del desconocimiento previo de lo que fue y és esta formación... La banda de soul-garage más enorme e inalcanzable de siempre: por pura y dura pasión vertida y por su incalculable mayor altura de miras (al compararse, de cajones ello, con cualquier otro combo de rugientes guitarras que hayan tenido -o tengan- a bien el abrazar sonidos negroides en el proceso). Esto és: siempre les importó entre poco y nada esta clase de lecturas a posteriori tan claramente avezadas, cómo no, al "factor crítica"... Si hay que poner ocho trompetas o diez violines en algún tema puntual, -y así sea para tres segundos concretos, únicamente-, pues se hace y punto. Claro qué sí. Y aclarar, por si acaso, que estamos ante los jodidos Afghan Whigs aquí, un respeto (que se lo han ganado demasiadas veces ya)... Esto nunca será un poner "chimes", "sampleos" y truquitos mil de estudio por ponerlos.


Y eso que "Do to the beast" (2014), fue muy bien recibido. Y muy justamente. No había esa empalagosa iteración en los clichés recurrentes de la banda que vuelve tras largo tiempo desaparecida y se limita a esconderse tras los rasgos tópicos que más pasta les generó  en su momento. Volvía ese afán de retorcerse en la oscuridad, de extraer belleza melódica lo mismo que descensos a los infiernos desde ella y de, en definitiva, no dejarnos dar nada por sentado, aún sabiendo perfectamente sus acólitos en que directrices de sonido nos íbamos a mover... Además, nos colaban con esa impagable "Lost in the woods", de cabeza y por la escuadra, una de sus mejores canciones de siempre, desde ya y con la burrada que acarrea ello. Sin embargo, a pesar de ese y otros temas (que si bien no tan enormes eran aquello del "déjalos ir" y como poco), el disco adolecía de cierta falta de, póngamos, cohesión. Sin caer en lo deslavazado, no podría/n ni queriendo (está claro), se añoraba ese sonido general que envolvía el todo hasta otorgar al disco la condición de único... Sin pedir algo completamente temático, como la inolvidable "novela negra rock" de "Black love",  y abrazando sin reservas lo bueno ya descrito (el no ir a lo fácil, que las sombras y el peligro siguieran ahí), quedaba un remanente final en el que, aunque "Do to the beast" no puede faltar en la colección de ninguna de las maneras, le faltaba un "volante global"... Como sí fue en su momento la furia de "Up in it", el melodrama de "Congregation", la elegancia en "Gentlemen" o el poso de "noche en la ciudad" saliendo del garito soulero y hediendo lo indecible a nicotina de "1965"... Más fácil que todo eso: "Do to the beast" gustaba sin esfuerzo y lo quisimos desde enseguida que salió (nada que ver con los "pseudo-patinazos" de los Pixies actuales -o desde su "resurrección", si se prefiere-) pero, no cabe engañarse, no emocionaba en su conjunto al altísimo nivel de su obra previa (que no todo el mundo puede ser los putos Dinosaur Jr, claro)... Aunque, atención, "In spades", sí que lo hace. Y cómo lo hace...(bien, bien...¿recuerdan?).


"In spades" no entra tan fácilmente como su predecesor. Es más retorcido, con más ángulos y claroscuros.. Más rico en contrastes y más satisfactorio al final del camino, una vez éste queda asumido del todo y entendido globalmente tras las escuchas que quien toque requiera. Mejor, sencillamente. Un laberinto sin tregua que sorprende primero ("nunca habían hecho esto antes"), colapsa después ("¿pero cuántos instrumentos hay ahora mismo?"), y vence, a la postre, sin remisión posible... Porque, y de nuevo sencillamente, es enorme. Son diez canciones que parecen veinte. Diversas (mucho) entre sí,  de lo más mínimo a lo más extremo, "In spades" deja un poso épico, un poso de ser el disco donde un Dulli más valiente que nunca se atreve hasta contra el mismo demonio que nos saluda desde la tan cojonuda portada  y, de alguna manera, logra que el asunto le salga perfectamente alicatado por todos los flancos. Aunque, claro, tampoco nadie le coja miedo al tema, de cara a primeros contactos... Dije antes que "no entra tan fácilmente" como el anterior, en efecto, pero no dejan de ser ellos/él y tampoco es algo contra lo que se deba pelear con excepcional denuedo. El fan de siempre no tardará en hallar ese denominador común propuesto y por otro lado, para el oyente más casual,  ¿qué puto disco de esta banda no tiene al menos cuatro o cinco temarrales a los que agarrarse individualmente, más allá de lecturas -esperpénticas o no- que apunten hacia algo más global?. Con su único socio inamovible de siempre al bajo (John Curley), el preocupantemente diagnosticado del maldito cáncer desde hace unos meses Dave Rosser a las guitarras, el suertudo de Patrick Keeler al que le ha tocado la madre de todas las loterías (pasar de Raconteurs a Afghan Whigs es como que te fichen los Lakers jugando en el Caja de Ronda... aunque su importante parte de culpa tendrá por ello, claro) y un sindios de personal arrimando hombros en estudio (aunque siempre bajo su férrea batuta, ni qué decir),  Greg Dulli recupera de pleno el nivel de su obra noventera y ya puesto, como es tan fácilmente deducible además, firma el disco más necesario y adictivo en lo que va de año para, al menos, un ingente nada desdeñable de personas. Servidor entre ellas, adivinaron bien que estaba chupado... ¿Se han fijado, por cierto, que no destaqué canción alguna y aún y así me reafirmo, una última vez incluso -aquí en plena prórroga-, de que estamos ante un discazo de los de agarrarse fuerte adonde se pueda?. Y en este caso no me resultó "chupado" ello precisamente, ojo. Hay algunas que se adivinan desde ya insertas en el tan privilegiado club de sus grandes tonadas de siempre (sin duda) pero, y también insisto postreramente con esto, perderse en los distintos vericuetos de éste "In spades", -y más a presente día-, me resulta algo para lo que no hay cochino dinero. De cabeza a por él, que ya lo decía Jerry: "a friend of the devil is a friend of mine". Sin más. Y esto que se acaba aquí.

lunes, 24 de abril de 2017

DAVID BOWIE - "Hunky Dory" (1971)

"Hunky Dory", o la conversión real y auténtica del músico  (por mucho que ahora haya "historiadores " del asunto que apuntan -a toro pasao, valientes puñeteros- que los trabajos anteriores ya le habían encumbrado)  del "artista muy prometedor" a supercrack absoluto del rocanrol mundial y alrededores... Después de él -de Hunky- a forzar la máquina para envolver su único (e inolvidable) hit hasta entonces en un disco ya un poco como dios manda, y dejarlo finalmente todo expedito para que Ziggy se coma al planeta entero de medio zarpazo. Pero eso sería en el 72, en el 71 -volvamos- Dave nos proclamaba estos nuevos "ch-ch-ch-ch-changes", en comándita con el insustituible Ronson. Y a ello vamos...


"Todavía no sé que estaba esperando...". Y desde ahí, el famoso alter de David Jones que nos ha llegado ya del todo: el más maquillado, narcisista, opulento, excéntrico, gilipollas, mejor y brillante guia para entender el primer lustro rockero de los setenta. ¿Qué decir -ya de entrada- de "Changes" a estas alturas?. Misma consideración para "Oh! you pretty things", fantástica y ahora ultrareconocible canción que, por cosas de esas que uno no acaba de entender, tuvo que esperar más años de los debidos (hasta el bastante ulterior boom con los recopilatorios, antologías y demás) para gozar del reconocimiento en la historia que merece. El mismo pianito final de aquella le sirve para empalmar directamente con "Eight line poem", que parece secuestrada a lo Proserpina de los archivos secretos de Reed en plena siesta... Entonada, eso sí, a la manera de Dave: cambiando el aire de canalla renegado de Lou por ese teatral tono trágico de la diva la portada... Muy buena canción (claro) que, cómo no, palidece únicamente por la mera razón de anteceder a lo que lo hace... Nada menos que la inmortal "Life on Mars?", faltaría y que (en síntesis)  debiera estar prohibido escucharla sentado."Kooks" tiene un muy logrado aire a lo Beatles, Kinks y demás, pero pasado por el tamiz del artista/genio nos ocupa  que la hace como especialmente reivindicable."Quicksand", que cierra la cara A, se mueve en los mismos terrenos dramáticos de la "vida marciana"... Una preciosa canción (versioneada por dios y la madre para mayor inri) que quedará tapada, como casi la totalidad del resto del disco pareciera a veces, por los hits (sonados) anteriormente mentados. 


Y, atención, si lo del relativismo avezado a la magnífica "quicksand" jode, lo homónimo que ocurre con la "sargentopimentera" "Fill your heart", con sus pianitos y violines a cuestas, no lo entiende ni cristo (aún teniendo en cuenta que es la única pista del disco no firmada por Bowie -la autoría que reza en créditos va para el pianista nuevaorleano Biff Rosey y de Paul Williams-). Aires marcianos para la intro de "Andy Warhol", dedicada al ínclito y al que Dave rendía pleitesia, donde (una vez acabados los "ruiditos") nos encontramos con una pieza acústica del nivel de los mejores singles de un tipo que, en la humilde opinión propia, ya se caracteriza por tener una de las mejores selecciones existentes en ello... Sea como fuere, aún tengo que ver una lata de sopa que merezca ponerse a la altura de esto (con perdón de proceder, pero es que no se pudo evitar y tal)...Y sigue "Song for Bob Dylan", que  no baja el pistón. Y que es justo lo que propone, amén del obvio "sentío homenaje", una canción del Zimmerman convenientemente llevada al terreno del británico (esas guitarrillas distorsionadas del estribillo le delatan al granuja). "Queen bitch", con la única duda razonable de la dupla de avenuras del Major Tom, es probablemente mi canción favorita del tiparraco desde siempre... A qué mas ( de hecho, hasta puede que Ziggy ya empiece a avistar el planeta desde aquí). Y, hale, tiempo ya solo para cerrar persianas  con "The Bewlay brothers", que es la canción más larga del álbum y que guarda cierta correlación compositiva con la mismísima "space oddity". Empieza y se conduce con un leve raspeo de guitarra para estallar en uno de esos  estribillos como solo Dave y cuatro más pueden... Añadiendo, además y para la ocasión, un coro extraterrestre que se va diluyendo hasta el final de un disco que, para miles y miles al menos, no nos debiera terminar jamás. Un disco que no... no tiene claroscuro posible que valga y por denuedo mal lechoso se arrostre al tema. Leyenda o mito, elijan su sabor favorito en definitiva (y siempre dentro de esa gama -la más alta-) para referirse al Hunky de las narices y su impronta en la Historia toda del Rock, que no errarán nunca. Y fin... o casi, vaya, porque a todo esto: ¿comenté ya que es mi favorito suyo, no?.