viernes, 1 de mayo de 2020

LUCKY (2017)

INTRO. Qué curioso resulta que un film tan liviano, y de tan marcado marchamo calmo, incorpore en su interior uno de los ejemplos de metalenguaje más ferozmente emocionante desde la ya más que centenaria singladura del medio. No dudo que este impagable largometraje, el único hasta fecha presente dirigido por el actor John Carroll Lynch (el esposo de Frances McDormand en "Fargo", por si alguien quiere ponerle cara rápido y fácil), suerte de panegírico audiovisual a mayor gloria de alguien tan por otro lado inolvidable como el sin par Harry Dean Stanton, dividirá a los espectadores por perfiles y de forma harto tajante además... Para los fans/simpatizantes/conocedores (etc) del famoso intérprete, estamos ante una pieza de reposteria casi imposible. Un lugar (metafórico) donde despedirse con los nervios a flor de piel de ese entrañable, querido y desgarbado tipejo que caminaba por el desierto, tampoco hace tantos años, debajo de una ya legendaria gorra roja y oteando en lo alto una gran ave rapiñera mientras apuraba su último trago de líquido ... Para los que todo esto les importe más bien poco, y en oposición, aguarda un film dramático de muy adusto aspecto y áspero desarrollo , con apenas alivios cómicos en los que poder sostenerse. Advirtiendo ahora al lector que, de forma muy acusada además, uno se sabe muy (del todo, de hecho) de los del primer grupo, prosigamos. 

SINOPSIS PRESTADA. Habiendo sobrevivido más que sus contemporáneos, el anciano "Lucky" se encuentra en el tramo final de su vida, donde se verá impulsado a un viaje de autodescubrimiento. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. De entrada lo bien que  define tonos y espacios  John Carroll Lynch. Parco y casi minimalista en propuestas visuales cuidándose únicamente (pareciera) de no caer en lo pobre, constatando a fuego del primero al minuto postrero que entiende muy bien "a lo que se ha venido aquí"; que es la fiesta de Harry y no será él quien la cague, está claro. Movimientos muy suaves, planos limpios, toda la luz del desierto y rehuyendo cualquier tipo de épica forzada del chichinabo desde el reverso sonoro/musical. Aprovecha perfectamente los simbolismos de primero de encriptación narrativa para jóvenes petimetres que oferta el tan efectivo guión ajeno y, sin más, le tira el peso del film encima a un H.D. Stanton que devora sin miramientos cada segundo del proceso... Por expresión, por presencia, por genuino y por ser tan grande como el puto sol bajo el que camina. Poco más que añadir, más allá del concurso de los secundarios compañeros de rodaje que adornan sus cuitas. Y en dicho sentido, aunque sin duda el premio se lo lleva David Lynch (que unas narices se iba a perder esto, faltaría) con el cachondeíto de la tortuga de marras, no sería demasiado justo omitir la aparición del resto de invitados, todos bien y sin chirriar alguno se nos cruce, que pululan en mayor o menor grado de asiduidad (algunos tan  conocidos como Ed Begley Jr o Tom Skerritt). Desde dicho planteamiento, y ahora ya sí finalmente, sólo queda el tema de emocionarse como un bendito con los últimos pasos, gestos, palabras y movidas varias de este anciano Lucky, que de hecho (y más allá del juego obvio del adjetivo) por nosotros podría llamarse Hans, Matías o Anselmo... o hasta Harry. Qué todos sabemos lo que está pasando aquí en realidad, aunque no se configure a cara descubierta desde su origen ni hablemos de ello abiertamente para formar parte del precioso ejercicio de autoengaño dispuesto... Un poco como los Reyes Magos pero, claro, con un inolvidable y de muy reputísima madre intérprete de por medio.  


EN CONTRA. Por lo ya apuntado en la "intro", lo evidente del que si no se es muy fan del actorazo (y músico) este film puede pasar sin pena ni lo otro agradeciendo, únicamente y eso sí, lo tan medido del metraje y su absoluta carencia ínfulas...Por contra, para los otros, esto nos supone un dolor de esos absoluta e indisimuladamente cabrones, sin solución de escape y donde uno nota que se le rompe un algo el alma en no pocas ocasiones. Y sí, tiene todo el aire despreocupado y falto de afectismo del mundo la película, en intención y ejecución, pero uno se conoce el percal (Harry no vió el film estrenado por días) y por mucha expresión de "vamos a estar bien" tercie, ese plano, casi definitivo y mirando al objetivo, te puede atrevesar el ánimo y dejarte tocado por varios días sin empezar a sudar siquiera. Todo natural y auténtico. Como él siempre supo transmitir como bien pocos on screen... Dejándonos una bonita sonrisa de complicidad (y reconocimiento). Pero, se insiste, jodiéndote también un poco la vida en el proceso. Al final eso sí, por supuesto y nadie se confunda, se compensa todo holgadamente y al hacer recuento con el regalo de una conclusión que muchos atesoraremos desde la primera visualización del film y hasta siempre.

CONCLUSIÓN. Afortunados tod@s desde luego por haberle tenido a ud, señor. Descanse en paz, o como la gana le dé, en su mil veces ganada parcela de infinito. Y fin.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10