domingo, 29 de junio de 2008

LA STRADA (1954)

Federico Fellini es considerado por vox populi uno de los mejores directores de la historia del cine. Y se este de acuerdo o no la cosa tiene gran, gran, mérito viniendo de un cineasta tan abiertamente poco amable con sus personajes e historias. Un autor en definitiva con una visión realmente personal, oscura y tremendista del género humano que de forma comúnmente errónea se ubica en el neorrealismo (contribuyó como guionista, eso sí, pero no como director) al que llegara un lustro tarde (cuando el invento daba ya los últimos coletazos.) De forma mayoritaria, además, Fellini ha conseguido colarse en la memoria colectiva como el director italiano más universal y reseñable por crítica y público (se reseña e insiste en que lo suyo "productos comerciales al uso" no serían precisamente), viniendo de un país que amamantó a gente como Visconti, Rosselini o De Sica...
La historia de "La Strada" es bastante conocida: un artista itinerante (Anthony Quinn) que tiene montado un número recurrente como hombre forzudo, recorre el país con un carricoche (francamente chungo) para ganarse el pan. Al morir su ayudanta, Zampano (que así se hace llamar y se conoce al tipo), va en busca de la hermana de sus finada partenaire para que le cubra, las veces, las funciones que la difunta Rosa ya no puede ejercer. Así, Gelsomina (interpretada por Giuletta Massina, musa del director durante no pocos años), es "vendida" a Zampano por diez mil liras (de las de la postguerra) y se ve echada a la carretera de manera bastante traumática por el bien del resto de su abultada y pobre familia ("una boca menos que alimentar")
Durante la primera mitad del film vemos como Zampano trata como una mierda a la muy simple (de hecho al principio, hasta que no te acostumbras, parece que le falten tres veranos...todo un ardid de Federico, que apreciaremos más tarde, para remarcar mejor las evoluciones del personaje) Gelsomina a fin de instruirla en sus nuevos deberes...y algunas cosillas más. Más tarde entra en escena Matto (Richard Basehart), funambulista exageradamente excéntrico que parece tener una extraña y vieja historia de odio con Zampano (al que provoca constatemente), cuya detonación intuimos pero no llegamos a descubrir. De la mano de este tercer (en discordia) personaje se nos lleva de la mano hasta y durante (tanto por influencia en Gelsomina como por la mera presencia) la segunda mitad del film. Los celos, las broncas, las inquietudes de Gelsomina ansiosa por "crecer" contra el asno proceder de su pendenciero y borrachuzo compañero de penurias, un fatal accidente y uno de los finales más desgarradoramente tristes que cualquiera vaya a ver jamás, configuran el haber de dicha segunda mitad.
Me he esforzado por no entrar en detalles pero el final que se le reserva a Zampano debe destacarse. Fellini le niega la épica mediante un posible final que se apunta pero que no se cumple ya que al autor le parece poco castigo para tan violento (que tampoco abiertamente malo) personaje, y sigue rodando para dejarle...Bueno, basta para decir que si alguien busca un sonado giro romántico (otra cosa que se intuye sin cumplirse) se va a llevar un chasco.
Antes de que el mundo anglosajón. como hace siempre, se inventara la etiqueta de turno (road movie), Fellini entre otros lograron facturar films inolvidables de claro espiritú peregrino (esto, por ejemplo, parece más "El lazarillo de Tormes" que "Easy Rider" para entendernos). Aunque, francamente, cuesta encontrar unos tan desoladoramente bonito como este.
Si eres (que no es mi caso) de los/las que buscan algo absolutamente hiriente y triste cuando tienes un día o una temporada de bajón y no has visto nunca "La Strada" de Fellini, te acaba de tocar la lotería...Por otro lado, se puede ver sencillamente como lo que és: una obra de calidad superior firmada por uno de los grandes, en el punto algido de su primera fase creativa como director (de las tres que configuran su filmografía).
Para acabar, a modo curiosidad, aquellos Allenistas de pro como el menda estaremos siempre agradecidos al enjuto gafotas neoyorquino por el sentido y nada disimulado homenaje hacia el film aquí referido con el que termina su fenomenal "Stardus memories".
A FAVOR: es una fotografía en movimiento interpretada tan magistralmente desde detrás y por delante de la cámara que a veces da miedo; la inolvidable música del genial Nino Rota; que el director sea (una vez más) un autor con todas las de la ley y se respete a sí mismo y a su obra -sea por entrega o narcicismo, que a efectos prácticos que más da- por encima de todo (así por extensión respeta también el intelecto del espectador sin poner azúcar cuando no hay necesidad de ello).
EN CONTRA: que se quede sin los dos dígitos en el Guzztometro por el desfase cronológico al que a día de hoy se ve expuesta la primera mitad de la película. Es decir lo que sucede en nudo y desenlace resulta eterno y universal pero la introducción se debe demasiado a su pesimista época de concepción, por la parte que toca al lugar donde se sitúa...depende de lo laxo que quiera ser uno con el contexto histórico de la obra supongo. Aclarar, eso sí, que entiendo perfectamente que el negarle la excelencia a este gran (y por momentos monumental) film podría ser visto como un atentado en toda regla.
GUZZTOMETRO: 9/10

3 comentarios:

  1. Guzzest he pecado. No he visto este film y en cambio sí he visto dos tontos, es posible que vaya al infierno?? estoy muy arrepentido, que tal si rezo un par de padres nuestros y en paz?

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  2. Solo si admites que el Darjeeling es una peli del montón, y los Pozos del otro Anderson ni eso...

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  3. eso jamás de los jamases, banzaiiiiiiiiiiii!!!!!!!

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