lunes, 2 de marzo de 2009

MESAS SEPARADAS (1958)

SINOPSIS: En un hotel al viejo estilo conviven desde hace tiempo varios de sus huéspedes. Un militar retirado con una gloriosa hoja de servicios que teme que un suceso poco honroso llegue a convencerle, una estricta y decadente madre y su hija, un matrimonio fracasado, un profesor de cultura griega... Viejas historias y nuevos problemas que se hacen carne viva entre los muros barrocos del hotel.

Hace unos días hablaba sobre Barry Levinson, director del joligú actual con marcada tendencia a lo esquivable pero que, a pesar de ello, se ha procurado cuatro o cinco referencias resaltables en su haber. Es lo que allí llaman un valor fiable, o un profesional del gremio si se prefiere. Es decir, un tipo que sabrá dar a público y directivos de la industria lo que quieren sin montar pollos. Bien, como en esto del cine (y en el mentado joligú más) parece estar todo inventado (y por aquello de la teoría del eterno retorno), cabe decir que este perfil de cineasta lo han tenido siempre por aquellas tierras. Desde el principio. Sin ir más lejos, y yendo medio siglo atrás, tenemos el director de la peli de hoy: Delbert Mann, cuyos títulos más destacables son su primer film "Marty" de 1955, el famoso dramón con charcutero al frente que le valió el Oscar -cuando dicho galardón todavía era susceptible de merecer la mayúscula- al gran Ernest Borgnine, y el film que nos ocupa, "Separate tables", dos años posterior, y que a su vez valió sendos oscars para (el todavía más grande que el otro) David Niven y para la fantástica actriz Wendy Hiller por su rol secundario.
Se trata de una obra de teatro guionizada, para su salto pantallil, por cuenta del propio autor de la obra Terence Gattigan (lo que obviamente nos garantiza la fidelidad con el espíritu original de la historia), a cuatro manos con un tal John Gay. Tiene un reparto de esos de vértigo en lo que a nombres propios refiere, y dentro de dicho reparto una serie de interpretaciones de esas para enmarcar y poner encima de la chimenea.
Para despejar de primeras lo menos destacable del film se debe hablar de dos cuestiones. La primera es que aquellos cineadictos de diversa intensidad o interés en el asunto de la fotografía se van llevar un chasco si esperan algún tipo de filigrana. La totalidad de la acción es en la pensión (más que hotel) y alrededores, y el tal Delbert no vendría siendo Kubrick...Es decir planos fijos por un tubo recayendo todo el peso de la peli en los actores y sin ningún atisbo o intención por parte del director de dejar su sello. No se me entienda mal. En principio no me parece que haya nada malo en ello por si mismo (y de hecho se han hecho grandes cosas abusando de dicho proceder), pero esto es en verdad llevar las cosas al extremo opuesto...Claro que aquí se juntan dos conceptos, y una excusa: director sicario de los estudios (la voz de su amo) y estrellas (alguno poniendo pasta en la producción, seguramente) que quieren demostrar lo buenos actores que son (además de estrellas)...La excusa, por supuesto, es que se trata de una obra teatral llevada al cine. La otra cosa es Rita Hayworth, claro. Sin la alegría o carisma de Marilyn o la elegancia fotogénica de Grace, la Hayworth fue un sex symbol más, en ese sentido, impuesto al mundo entero por los grandes estudios...y todos, ella la primera, fue consciente de ello en todo momento. La gran putada es que a veces algunos papeles que se encontró consistian en algo más que quitarse los guantes lentamente en traje de baile mientras meneaba las caderas y claro, esos grandes estudios erre que erre querían vender a veces a una Rita actriz dramática y le facilitaba papeles como el de esta peli...donde, por supuesto, chirria como una rueda de madera en un Ferrarri (cagontó, con lo qué hubieran hecho Anne Baxter o Gene Tierney, por ejemplo y entre otras, con este papel...). Bueno tampoco se trata de derrocar mitos a la torera, como actriz de comedia ligera podía quedar bastante resultona, dejémoslo ahí (¿saben quién es Cameron Diaz?. ¿han visto "Gangs of NY"?, ¿recuerdan lo de "aquello del eterno retorno" que decía antes?, zapatera...)
El resto de actores y sus interpretaciones es el gran activo de la obra/peli. Tenemos a un Burt Lancaster inconmensurable, preparándose aquí para esa "El fuego y la palabra" de dos años más tarde (sin duda junto a "El gatopardo" de Visconti, e íncluso por encima de esa maravilla insaltable de la historia -la interpretación que no la peli-, el papel dramático de su carrera). La intensidad y contención demostrada y el hecho añadido de tener que esperar el feedback de la Hayworth con quien comparte gran parte de las escenas, es una de las "parejas de baile" de la peli, es como para darle el oscar hasta en la categoría de "cordones mejor atados con la mano mala" si se tercia. El oscar sin embargo fue para un David Niven sobre el que poner lo de "en estado de gracia" sería como poco obvio. Perteneciente a esa estirpe de actores británicos que vivió en perpétuo "estado de gracia" (como Olivier, Laughton o Guinness), puedes encontrarle pelis malas como al que más, si uno se pone a rebuscar, pero si lo que se busca es una interpretación mala uno acaba antes buscando actividad cerebral en la cabeza de George Bush, por ejemplo. Perfecto como siempre y con una colección de matices que consigue que uno se cuestione si el que este hombre y Matt Damon o Ronald Reagan, si prefieren seguir por la línea anterior y también por ejemplo, tengan o hayan tenido la misma palabra escrita en la casilla "ocupación" del carné no vendría siendo motivo de "crimen contra la dignidad humana" o similar...Por otro lado cualquiera que se piense que Deborah Kerr solo era el florero de turno para el galán de turno en la superproducción de antaño de turno, debería echar un vistazo a esto. Magistral interpretación, mezcla de inocencia y frustración memorable. Suerte de joven con precedentes de problemas nerviosos que vive en una especie de sedación ad eternum (que pondrían en el "dirigido por", y lo cierto es que aquí no me ha quedao nada mal) bajo el yugo de su castrense y anciana madre, a su vez suerte de viejaca intransigente hasta la enfermedad bordada por Gladys Cooper (la "vieja cabrona" definitiva de los años dorados, plateados y lo que toque). La aparición de otros actores como Rod Taylor (al que yo siempre confundo con el capitán de la Enterprise de Star Trek, no se porqué, y es el prota de "Los pájaros" por ejemplo...tarugo que es uno, ya saben) o Audrey Dalton se puede mentar como poco menos que "figureo"...No así a Wendy Hiller, la dueña del chiringuito en el film, y por lo visto bestia escénica del West end y actriz de reparto muy solicitada por los estudios "al otro lado del charco" a fin de dar caché, a tiempo parcial.
Muy buen film en definitiva y que entusiamará especialmente a aquellos cuyo principal reclamo a la hora de ver una peli es el nivel de interpretación logrado por sus actores.
A FAVOR: lo bien desarrollados de los papeles y la lectura y composición que hacen los actores de ellos (con la salvedad apuntada). Y es que hay que insistir sobre el tema...la peli teatro o no, no deja de ser un dramón (por la parte que toca a todo quisqui -llevándose la palma el buen "general"-) en toda regla pero no decae, no se reboza en si mismo, siempre hay algun tic de Niven, alguna expresión de Kerr, alguna lección de Hiller o algun aspaviento de Lancaster agazapado y presto para aparecer en cualquier momento.
EN CONTRA: de nuevo, la Hayworth "dramática" y la impersonalidad del director...y que no deja de ser teatro -repìto por quincuagésimaoctava vez-, y se debe entender y respetar que haya amantes del cine que suden mucho del tema de las tablas, lo que da cierta dimensión sectaria al film...que por otro lado funciona perfectamente como tal y a pesar de sus peros en mi opinión.
GUZZTOMETRO: 8/10

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