miércoles, 15 de julio de 2009

EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO (1960)


SINOPSIS: un psicópata que fotografía a sus víctimas mientras mueren, un fotógrafo poseído por la alucinación y marcado por su infancia. Su padre, un científico obsesionado por estudiar las reacciones infantiles ante el miedo, destrozó su psiquis y le convirtió en un adulto acomplejado y afectado por una demencia demoníaca. El personaje necesita matar y fijar en imágenes el terror que sienten sus víctimas. Por eso ejerce la profesión de fotógrafo, para encubrir sus planes y poder satisfacer sus afanes morbosos sin suscitar sospechas.

No hace mucho me puse a indagar sobre pelis de terror de la historia a fin de hallar algo del género susceptible de tenerse en cuenta que hasta el momento presente me hubiese perdido. Me apetecía de veras hincarle el diente a algo de calidad en ese sentido sin tirar de revisión de clásicos. Tras la consabida “mininvestigación” al uso me decanté por tres títulos: “Al final de la escalera” (vista en comandita el otro día y que se deja ver bien aunque el tiempo le ha pegado algunas collejas de más) , “La mansión encantada” (que no tiene absolutamente nada que ver con Eddie Murphy como algún “gracietas” de turno apuntaba el otro día) y la peli apuntada en el título: Pepping Tom (“El Fotógrafo del Pánico”, cinta británica dirigida por Michael Powell en 1960, director de algún título más o menos reverenciado -sobretodo en los 40- siendo “A vida o muerte”, con un extraordinario Niven al frente, la más aplaudida por la parte que me toca...todo sea dicho que no he visto su referencia más mentada, la musical “Las zapatillas rojas” descrita por gentes cercanas al que suscribe como “algo paranoica”).
Y la cosa prometía. La expresión “obra de culto” sobrevolaba por docenas de reseñas de críticos profesionales o amateurs a las que eché el ojímetro.
Así tras verla, con quizá desmedida expectación ( y por vez primera, que se debe tener en cuenta la cosa...aunque ya adelanto que será la única), la primera palabra que me vino a los cerebelos fue: “chasco”.
Las tan cacareadas virguerías de cámara subjetiva que nos “ponen en la piel del psicópata” se pueden contar con tres dedos a lo sumo (solo el, por lo visto célebre, plano distorsionado de la vecina al final de la peli está a la altura del festival que me esperaba en ese sentido). La supuesta superinterpretación de Carl Boehm me pareció gélida y sin gancho al que agarrarse. Ni causa escalofrío, ni congoja que valga por su absoluta falta de carisma (en las antípodas de lo conseguido por Tony Curtis en aquella infinitamente superior en mi opinión “El estrangulador de Boston”, por mencionar una peli en la que, en verdad, se da más de un punto de coincidencia...bastantes de hecho). Los secundarios no tienen ningún punto de interés. Pero es que ni uno, vamos. La casi total ausencia de música más que recrudecer la narración le acaba de quitar el ritmo (el poco que tiene) del todo.
Mientras la voy recordando me doy cuenta de lo indiferente que me ha dejado. ¿”De culto”?. Puede, yo que sé. También puede ser considerado como tal (y lo he leído y escuchado de ambos ejemplos) desde “Freaks” hasta “Ford Farlane, el detective rocanrolero” (dando igual seguramente para muchos que una sea una obra maestra y la otra -”¿zoquete?...tócame el paquete !”- más bien no). Seguramente, en resumen, la mejor enseñanza que esto me ha dejado, este Pepping Tom, es la (enésima) constatación de que definitivamente una obra “de culto” puede tener a veces tanto que ver con una “obra maestra” (que también se trata de una denominación personal frecuentemente pero, por consenso más o menos mayoritario, viene a ser algo que independientemente del tiempo que pase no deja de perder su condición) como un boniato con una lubina (que ahí están los dos pero que lo que se dice “encontrarse” se les antoja más bien complicado de cojones). No me parece un buñuelo absoluto que no se me malinterprete, o no me lo parece ya que tiene sus cosillas...lo que pasa es que son tan pocas que, tras leer y leer referencias repletas de lisonjas desproporcionadas hacia ella, la cosa decepciona. Se debe al tiempo y sociedad en que fue parida a partir de ahí que diox reparta suerte...
A FAVOR: es un film muy sobrio y sin estridencias en ningún aspecto (quizá alguna no le hubiera venido mal, por otro lado). La idea motor del artefacto, a priori, es/era muy atractiva (aunque hoy sea un cliché ambulante de lo más obvio).
EN CONTRA: es muy monótona en no pocos sentidos, los actores -con el prota al frente- no te seducen (tampoco ayuda el poco bombo y desarrollo que se les otorga) y la historia no está respaldada por un guión a la altura (los pocos diálogos que hay son mayormente “discretos”). Si alguien quiere ver un retrato de obsesión que vea “Lolita” (la buena); si lo quiere además con ciertos tintes macabros ahí tiene “El quimérico inquilino”; si se quiere ver e intuir a un psicópata en primera persona que le eche el guante a la mentada peli de Fleischer con el señor Curtis...Claro que esas pelis, como tantas y tantas otras afortunadamente, son tan cojonudas que hasta se pueden permitir no ser “de culto”. Reitero: “chasco”, sobretodo para lo que se esperaba uno.
GUZZTÓMETRO: 5/10

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