viernes, 9 de octubre de 2009

DÉJAME ENTRAR (2008)

SINOPSIS: Oskar, un joven tímido de 12 años, aterrorizado por unos matones, se hace amigo de Eli, una misteriosa vecina, cuya llegada coincide con una serie de misteriosas muertes. A pesar de que el joven piensa que ella es un vampiro, intenta que su amistad esté por encima de su miedo.

Medio mundo y parte del extranjero se ha rendido a esta producción sueca del año pasado que ha ganado todos los premios festivaleros que se le han cruzado. Sin embargo, aquí en Guzzest... nos bajamos los pantalones como los primeros (y en mayestático, además, que mola el doble), para que engañarnos.
Todo lo bueno oído y escuchado sobre ella es cierto. Y eso sabiéndose uno más bien tocacojones (o con una tendencia natural, burrera y excéptica a la par, de poner en cuarentena todo aquello “que gusta a todo el mundo”). Cuando pienso en todas las pelis de las que me han hablado o he leído maravillas de gentes diversas (“no te la puedes perder”, “es lo mejor del año”, “buenísima”...) y después han acabado en chasco (más si nos ceñimos al cine de reciente factura), muy por debajo de las expectativas cuando no reguleras porqué si, todavía valoro más ésta “Déjame entrar”. Lo tenía todo de cara para decepcionarme: producción europea aplaudida por el sector más gafapastil de la crítica con niños protas al frente, sin olvidarnos de ese tono intencionadamente gélido (viendo más allá de lo obvio por su contexto) con falsa austeridad en su fotografía que no cuela, porque és tremenda desde luego pero de austera poco o nada (para entendernos, esa en la que nos quieren significar que “la hemos hecho con cuatro duros” y... tararí que te ví)... Y algún que otro ardid más (ese jugar continuo con lo clichés de las pelis de vampiros) , que de primeras a uno (siendo como és, insisto, aunque tampoco voy a pedir disculpas a nadie por ello, quede claro) le podía hacer torcer el gesto en pomposa y/u odiosa “sobradez” a la hora de empezar a mirarla. Y así fue, claro... Uno se sienta, se cruza de brazos y empieza el film: “ya estamos, ritmo cansino con claros túneles sin diálogo y primeros planos gratuitos... anda que salto a pegado la niña ésta... ¿será vampiro? uuuuuh, bah más de lo que ya está visto” etc... Dos horas más tarde me sentí un auténtico majadero por el tremebundo “zas en toda la boca” pero, de verdad, no me importa. Este film es tan bueno en mi opinión que firmo donde sea para que me pase lo mismo cuantas veces mejor. El sentirme un berzotas me durará un par de minutos pero films con la calidad de éste se cuentan con los dedos de las manos en la presente década, y más allá de géneros, etiquetas o giliflauteces varias.
Metidos ya en el tema, lo que más me satisface al final, tras verla, es esa sensación de fábula o cuento de los buenos, de los de siempre y que no caducan, sugerente hasta lo indecible que te queda. Tras la segunda y tercera visualización ya se puede valorar mejor su conjunto y aplaudir lo perfectamente hilvanada que está en todos los frentes la muy puta.
El sueco Tomas Alfredson parece un veterano del Vietnam al lado de los nuevos “enfants terribles” del cine indie (con obvio colaboracionismo joligudiense se quiera ver o no) yanqui. Hay muchos planos estáticos en este film que parecen premios de fotografía (que bien aprovecha los nevados paisajes naturales y su contrapunto en los estrechos y mortecinos interiores que muestra), el ritmo narrativo empieza de cero, con el motor parado, y levanta el vuelo cuando los niños se conocen para pillar una velocidad de crucero que (salvo en algún pasaje muy contado) no se detendrá. Pero es que hay mucho más... la preciosa música original del tal Johan Söderqvist medida con cirugía, el trabajo de los dos niños actores y (en menor medida como dicta la lógica) demás secundarios, niños y adultos, es todo lo creible que se quiera decir o desear. Y punto y seguido exclusivo para el autor de la novela y guionista de la peli (señor que responde al nombre de John Ajvide Lindqvist -que serán la ostia en patinete todos pero vaya nombres tienen estos puñeteros...-) por haber imaginado y creado esta fantástica historia.
Está de narices en síntesis y ésta SI (que pasa tan pocas veces que no ahorraremos mayúsculas) merece todo aquello de “no te la puedes perder” (etc). Ya solo quedaría empezar a rememorar planos y secuencias pero... ¿para qué?. Y es que esa es otra... está tan diametralmente ubicada en lo opuesto al cine comercial (básicamente americano) y a lo estanderizado que, además de una peli, parece por momentos que estés viendo una lección de cine de esas que daban hace la tira de décadas los maestros europeos exiliados a la llamada “meca del cine” (cuando merecía esa denominación, gracias a ellos ya que estamos) y sus sicarios de a granel. Aquí también encontramos “momentos-impacto” o “momentos de estética preciosista”... Pero sin faiserismos, no están incrustados a la fuerza (destacándose artificialmente del todo, en un ataque de “auteur” impostor por parte del director) para buscar el aplauso o la reacción inmediata de quien proceda y según convenga (que tomen nota los Tarantinos y Sofias Coppolas si, pero también los Andersons o los Paynes por ejemplo, que estando en otro continente que el otro par -y obviando los títulos realmente buenos que tienen y de los que, en verdad, viven del cuento-, ésta “Déjame entrar” a su vez les queda en otra galaxia... lejana de cojones, para más inri). Todos los momentos del film sueco van y encajan en una misma dirección, toman las curvas que deben tomar sin parar a repostar en ningun sentido ni haciendo cabriolas gratuitas para el agrado de nadie.
En definitiva, solo queda repetirse las veces que haga falta: “no te la puedes perder”.
A FAVOR: música, interpretaciones, localizaciones y decorados, argumento (con sus recovecos en la mochila), originalidad (útil y de la que llena, algo difícil de ver en este mundo de biorcs y coichets)... y un considerable etcétera del que extraer un elevado número de sensaciones que, realmente, la hacen memorable.
EN CONTRA: solo algún momento, ya apuntado, hacia la mitad del metraje (diez minutos a lo sumo) en que el pulso narrativo se adormece un poco (forzando quizá “un poco demasiado” lo idílico en la relación de los niños). Quizá a alguien le parezca poco para no otorgarle el “10” en el Guzztómetro y quizá tenga razón... Es de esas pelis (como “La Strada”, por mentar un “clásico” y una peli ya aparecida en el blog a la vez) que me parecen un “9 “ rozando con la punta de los dedos la gloria definitiva y de ello, honestamente y más que nada, dependen mis pajas mentales rendidas al momento en que las vea de nuevo.
GUZZTÓMETRO: 9/10

1 comentario:

  1. Peliculón. Hacía tiempo que algun producto de vampiros no me daba tanta trempera. Ahora habrá que hacerse con el libro para ver las diferencias y detectar las carencias del film, creo que el personaje que cuida a la "vampirita" tiene mucha miga y un pasado muy oscuro.... rollo polanski....

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