miércoles, 14 de octubre de 2009

LA MUERTE Y LA DONCELLA (1994)

SINOPSIS: Paulina Escobar es la esposa de un prominente abogado, Gerardo, en un innombrado país del tercer mundo. Una noche una tormenta obliga a su marido a traer a casa a un vecino, el Dr. Miranda, a quien Paulina cree reconocer como parte del antiguo régimen que la torturó. Paulina le recluye, decidida a desvelar la verdad, mientras se debate entre su represión psicológica y su memoria; Gerardo entre su esposa y la ley, y el Dr. Miranda se ve forzado a un duro cautiverio mientras marido y mujer tratan de descubrir la verdad sobre un oscuro pasado.

Cuando el año pasado el señor Lumet se quedó con medio mundo a sus ochenta y pico tras presentar la intachable “Antes que el diablo sepa que has muerto” muchos hablaron en términos de “lección de cine” y variados, y no faltó quien se refirió al tremendo cineasta -uno de los principales nombres de referencia a la hora de “pintar” el cine negro clásico- como “el último jinete”, entendiendo dicha denominación como la aceptación de Sidney Lumet en la bóveda celeste de los grandes (no de los que más, sin duda, pero de los “grandes” en definitiva). Soy bastante fan de la manera de hacer de dicho director (de “los 12”) como ya comenté en alguna ocasión pero, dicho todo ello... ¿acaso no va mereciendo ya Roman Polanski dicho consenso -más allá de la militancia innegociable de sus fans que no son pocos-, y como mínimo siendo honestos?. Motivos: la retahíla de títulos a reverenciar del nómada polaco da como bastante vértigo; sale tan bien parado de producciones de alto presupuesto como de la cosa más minimalista que se quiera imaginar; su cine tiene una personalidad definida que tira de culo, es de esos cabrones elegidos que puedes ver tras la cámara aunque no sepas previamente que la peli es suya y trascendiendo el género a tratar (por eso soy tan fan de los Coen -a los que Roman da varias patadas, debe admitirse aunque joda- y recelo de tanto “genio” arrivista bendecido por los críticos, que hoy en día haces una peli que se separe un poco de la manada y te cuelgan lo de “cine de autor” sin problemas aunque el traje cuelgue por todos lados)... Y así estaría uno un ratazo, enumerando esos “motivos”, pero dejémoslo así de momento. Quien quiera hacerse pajas con Polanski y epítetos del tipo “cine de autor”, “maestro europeo”, “heredero del verité” (etc), allá él o ella, para mí este tipo es básicamente un director de cine de los realmente buenos de verdad, como Hitch, Visconti o quien de la gana mentar (que cada uno compare que es molto divertente pero al final, ¿importa algo si Rembrandt la tenía más gorda que Durero o justo al contrario?).
Si nos metemos ya de pleno en la obra del tipo, como ocurre con todo quisqui de similar pelaje y aún entre los que más le adoran, hay referencias para todos los gustos: masterpieces intachables, pelis sobre/infravaloradas, cosas que te afectan de un modo especial y que por algún tipo de razón que no atinas a explicar debes revisitar con cierta frecuencia, y más... pero aún en lo más cercano al troncho que le podamos encontrar (en base a las preferencias individuales de cada uno) yo no hablaría nunca de “película mala”, por aquello de la calidad innata que atesora el maldito... que por cierto hay mucho jovenzuelo gafapastas revenido que se queda con ese concepto, “maldito”, y le da otro significado muy concreto y corto de miras para poder tirarse el moco a sus anchas y así ser el más auténtico de la muerte en la “facul” o similar -como esos chavales de veintipocos que se hacen fans de Joy Division, “porque mola”, sin haber escuchado un disco entero de la Velvet en la puta vida... y si me apuras de los propios Joy Division tampoco-. Como aquí uno en definitiva hace ya años que aprendió a ser fan de la obra del personaje que no del personaje (creo que se entiende fácil -la historia de los genios en el ámbito artístico está repleta de hijos de la gran puta reconocidos desde Miguel Ángel hasta Kubrick-), solo me queda disfrutar como un gorrino en el país del barro.
Tras el rollo, como es habitual, la peli: “Death and the maiden”.
Para mí uno de los films más ninguneados del tipo. Suerte de obra teatral co-guionazada por su propio autor para el cine (el tal Ariel Dorfman que, por supuesto y al ser un lego en materia teatral como en tantas otras cosas, no se quién és pero cuyo concurso despeja toda duda sobre la fidelidad en la dramatización del evento). Tres actores, una casa y un poco de acantilado le bastan a Roman para contar la historia (quien quiera adornos gratuitos o productos que nos lleven de la mano tomándonos por ganado “butaquil” que vaya a joligú y pregunte por un tal Steven, por ejemplo). Historia o trama que, por cierto, como siempre en el caso del reputado cineasta gira en torno a personas y las cosas que les pasan (“El pianista”, por ej, me parece brutal porque a pesar de todo no es más que la historia de ese “pianista” y no un mero alegato panfletario antinazi, igual que “Repulsión” no es una oda a lo que reza el título sino lo que le pasa y siente la Deneuve, o “El quimérico inquilino” y “La semilla del diablo” es primero las desventuras del propio Roman o de la Farrow antes que apología de la paranoia embutida). Ese revolcarse en sus personajes es uno de los rasgos distintivos que más me agradan de Polanski (sino el que más). Siempre habrá una trama o alguna sensación a querer transmitir pero sus protagonistas nunca son meros vehículos para sermonear, siempre tienen implicación directa en lo que sucede (siempre piensan y deciden por extraño que sea el contexto, cagándola o no, no se limitan al “coñe, mira lo que me ha pasao”) y al ser realmente humanos, son realmente imperfectos lo que les hace más reales, crudos y creibles. Y todo eso en el título de cabecera, aún no siendo de los más renombrados del palomo, es puro festival. Más allá de las fantásticas interpretaciones de la Weaver (en mi interpretación favorita de las que le he visto, que no son pocas y cuidao que... es la Teniente Ripley, joder !) y de los británicos Kingsley (este merecería todos los premios del mundo hasta interpretando a una caja de cartón) o Wilson (veterano actor visto en mil batallas que nada tiene que envidiar aquí a los otros dos), estamos ante otra nueva demostración de construcción de roles absolutamente soberbia. Claro que, por mi ignorancia supina, dejo de destacar (me imagino) en toda su dimensión el papel del dramaturgo que está detrás del asunto defendiendo su obra pero, viniendo esto de Polanski... como meter a un paciente de porfiria en el trastero de una charcutería en tiempos de racionamiento terminal...
En el apartado técnico tenemos lo meritoriamente desangelado que se pretende mostrar/provocar perfectamente servido y rendido a lo que pueden dar de si las tres personas y la casa antes mentada. El ritmo narrativo, en ferviente tiempo real, te absorve por lo cruelmente expectado a fin de tenerte en vilo (como esa corcho que ves va saliendo de la botella pero no acaba de dispararse el muy cabrón) y los diálogos tienen 0% materia grasa (aquí todo tiene una inteción que tira de culo). No toco más el argumento, pues es un giro continuo a tres bandas de estares y pareceres.
Para resumir finalmente, sin ser una de las intocables del Polanski, si creo como decía hace mil palabras que merece una mayor consideración (dadle una segunda oportunidad los escépticos) y pienso que es perfectamente recomendable. Además, muestra muy bien lo mejor del cineasta (para mí, aclaro)... Aún entre los más grandes, siempre habrá directores que harán (“hicieron”, es más realista para qué engañarse) mayor hincapié en la parte técnica o en la parte artística. Siendo buenos de cojones esos “grandes” conseguirán que el todo triunfe -más o menos veces en su carrera- pero aún así, por aquello de la cabra y el monte, al final uno de los dos caminos le acabará descubriendo de alguna manera... A Roman Polanski las cuestiones técnicas, como “grande”, siempre le saldrán de coña pero, la dirección de actores de este hombre es digna de aplauso hasta romperse las manos.
A FAVOR: la dirección actoral y como una historia pequeña puede ser enorme, ni que sea por momentos, según quien te la cuente/muestre. Y también esa manera de sugerir continuamente el climax y estirarlo lo inmedible que es la repera, de verdad que si.
EN CONTRA: que los que aplauden la inolvidable “Callejón sin salida” (que tiene varios puntos de conexión con esta y que es la gran tapada para mí del opus del polaco -que no la quería sacar a colación porque me gusta quedarme cosas para mí a fin de sorprender siempre a mis posibles contertulios, por la mezquindad congénita que me caracteriza y eso, pero bueno... -) , por su más provecta edad le dieron la espalda a esto que, en verdad, tiene poco que envidiarle. Al tratarse de una trama opaca que gira sobre lo mismo continuamente se entiende que a uno le chasquee si espera según qué y que por tanto “hay que tener ganas de verla”. Eso si, despeja la intriga en favor del suspense (expectativa continua sin apenas misterio de fondo) de manera tremenda y rara de encontrar.
GUZZTÓMETRO: 8/10

2 comentarios:

  1. Nada que añadir. Uno de los grandes. Y no entraré al trapo con lo de separar a la obra del personaje del personaje en cuestión, o como era???, a mi a veces me cuesta y más con personajes y obras de personajes como éste, y es que reconozco que a veces me hago pajas pensando en Roman, y sí, sí importa quién la tiene más Gorda Guzz, eh qué sí? pichurrín!!!

    PD: fuera coñas, creo que todo el mundo debería ver la filmografía entera de algunos directores. A la fuerza como asignatura en el colegio. Menos religión, ciudadanía o como cojones le llamen y más cine, coño!!!

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  2. oye!! y que paza con roman Polansky ese?...al final pa estados unío no?...allí le van ha dar por el culi tios!!...despues de treinta años coleguis...

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