martes, 3 de noviembre de 2009

AMARCORD (1973)

SINOPSIS: Historia de un hombre que un día se da cuenta que no puede reconocer a las personas con las que ha vivido durante años, hasta el punto de que su propia esposa e hijos le parecen extraños y todo lo que le rodea le resulta opaco e indiferente. Por esta razón, comienza la búsqueda ferviente de algún tipo de referencia que le permita mantener su propia identidad y evitar la precipitación hacia el caos. Emprende así un viaje hacia las ilimitadas dimensiones de su memoria, cuando Titta era un niño italiano que vivía en un pequeño pueblo costero, en la Italia de los años treinta. Entonces el fascismo se encontraba en su punto de mayor gloria en dicho país... Ya hace tiempo que le quería hacer justícia en este tugurio al gran Federico... Al ser éste un espacio en monofactura (y mono en general) me patina frecuentemente el embrague con el tema puntuaciones (lo único que tengo claro es que de 8/10 para arriba son las pelis que considero recomendables, que eso es la única constante real). No me arrepiento, aclaro, todo el mundo es esclavo de sus preferencias y predilecciones (faltaría). Y sin embargo ponerle un 9 a según que peli de los Coen, o a según que comedia 60's (por no hablar de, por ejemplo también, el 10 de “Misterioso asesinato...”), son cosas que en su momento me hicieron sentir como dios pero que, si-en efecto-desde luego-es verdad, pecan de estar algo sobrevaloradas (un punto, no más, pero lo están) cuando a uno le sobreviene, a traición, alguno de esos repugnantes ataques de honestidad consigo mismo (malditos sean !). Hay muchas otras pelis que revaloraría, sobretodo para mal (“el arte es vida y vive !”, vamos que no se está quieto y no deja de ser normal que se den leves matices de criterio, por nuestra espectante parte, con el pasar del tiempo) pero, con todo, si existe algo de entre todo lo ofertado, sugerido, atacado o tratado hasta hoy, que me tenga realmente a mal traer es aquél ya lejano 9 a “La Strada”... y lo peor es que no me arrepiento. Coño, que ser “altamente recomendable” una cosa para uno tampoco es vomitarle encima precisamente... ¿Qué no le pongo el 10 a un film que está consensuado por la crítica mundial como “obra maestra”?. Bueno, lo siento, perdón por respirar (y eso que no es poco lo que me agrada la historia del forzudo itinerante y su ayudanta). En cualquier caso de Fellini podría citar otras cuatro o cinco pelis que me parecen otros 9's claros pero de 10, lo que se dice 10... “8 y1/2” y, sobretodo, ésta “Amarcord” de hoy (por cierto que entre esas cuatro o cinco no estaría “La dolce vita” que me parece megasobrevalorada del copón pero, por contra, si lo están “Los inútiles” y, cuidadín con ésta, “Almas sin conciencia” que creo que no ocupan en la historia el puesto de honor indiscutible que merecen). Así, tras toda la empanada catalana, llega el momento de hacerle esa justícia que ponía al principio al Sr. Fellini. El efecto detonador: que dieron “Amarcord” el domingo por la mañana por la tele y claro, espeso y persistente e infinitamente pesado que puede llegar a ser uno con lo que le gusta de verdad me quede a verla, no cabía otra (¿qué igual era la vigésima vez que me la videaba y que de la última hace apenas unos pocos meses...? -me pregunte-. Y qué, ¿desde cuando me ha detenido eso? -me respondí-) . Para empezar, o justo antes si nos ponemos tiquismiquis, “Amarcord” significa “yo recuerdo”. A caballo de eso “Recuerdos” de Allen (una de mis tres o cinco favoritas del tipo) encierra un precioso homenaje hacia su parte final sobretodo (inolvidable música como broche) para con el film italiano y es, de hecho, una recomendación (humilde pero expresa) regalarse una doble sesión (de lujo, babero y lo que se quiera) con sendas alguna vez (son tan cojonudas las dos que es aquello de “el orden de los factores...”, si, pero si empezáis con la de cabecera en esta entrada mejor, o eso pienso). “Amarcord” siempre me ha parecido la peli más accesible del italiano pero, por contra, también la mejor (que tampoco veo nada malo en ello por si mismo). Tiene además muchos de los rasgos que mejor reflejan (y mejor se le daban o por lo menos de los que más tiraba) el cine del reverenciado director: está ese “estado del caos” (tan copiado y tan pocas veces equiparable) donde todo vale y cualquier cosa está por suceder, también la crítica sociopolítica -velada o descubierta-, o la transgresión de género (me hacen mucha gracia los eufemismos y sobreesfuerzos de los críticos en su afán por etiquetarlo todo, esos del tipo “comedia costumbrista” o “drama rural”). Este tipo fue (y es en definitiva) uno de los llamados “grandes maestros” del medio y su manera de hacer, guste más o menos, es tan personal y única que puedes adivinar su autoría tras la cámara aunque no sepas que vas a ver y llegues tarde al inicio del film que toque (y cuidado que de estos ya solo quedan Woody, Roman y poco más -sin entrar en comparaciones, plis-). Se admite, por otro lado, que con “Amarcord” estamos posiblemente ante el film en el que más abiertamente tiró para la comedia (de ahí su más fácil o amena ingestión y digestión). Del muy coral reparto y su trabajo nada que decir (solo queda juntar las palmas de las manos rapidamente hasta que duelan). Es seguramente, y de hecho (y lo pongo para los fans de Altman y sus imitadores ulteriores -y actuales- como P.T. Anderson), el mejor retrato que se puede ver de un lugar y momento concreto -la Italia fascista del siglo pasado en pleno apogeo, para la ocasión- presentado através de un numeroso reparto. Y es que, como es bien sabido, por encima de todo es un “recuerdo” de la propia infancia de Federico. Así algunas de la mil viñetas que la integran puede ser exagerada , como varios de los personajes, pero el aroma latente es en efecto de “recuerdo” y uno adivina más memoria que ficción -sea así o no- en el todo resultante (Allen -de nuevo- tomó sin duda buena nota de esto para sus “altamente recomendables” días radiofónicos). De hecho, las correrías del alocado jovenzuelo Titta Biondi son lo más parecido a un rol protagonista de los muchos que aparecen en el film y, desde luego, no es difícil percatarse de a quien está encarnando Bruno Zanin (y de hecho también, cada vez tengo más claro que “Días de radio” tomó de aquí más de lo que pensaba -solo cambia la narración en primera persona del niño/prota, que duele decirlo ya que soy bastante fan de Allen como es bien sabido pero lo cierto es que a Fellini no le hace falta ese tipo de subterfugio recurrente (se sobra y basta con el objetivo de la cámara), y el leit motiv radiofónico como hilo conductor-) . Volviendo, y finiquitando, el tema género, yo le diría a los críticos varios que de mis etiquetas impostadas prestas a ser forzadas mi favorita para esto sería “sátira sociopolítica” (el inolvidable collejón a “il Duce”, con la circense farándula de los ciudadanos alrededor, hacia la mitad del film es de lo más revelador). De hecho aquí pillan todos los estamentos en mayor o menor grado: religiosos, políticos y militares (que también digo que en el contexto de esta historia, y más como se nos presenta, cuesta ver la diferencia entre segundos y terceros). También se lleva lo suyo “el ciudadano de a pie” de la época, claro, pero a éste Fellini lo humaniza (le perdona sus pecados, vaya, y nos lo acerca lo indecible). Ahora ya solo queda, pues, centrarse en la narración -brillantemente fragmentada en viñetas ex profeso, que escribía antes- del film, y disfrutar de los incontables momentos que lo inmortalizan y esperar (en vano) volver a ver algo igual. Porque veremos cosas que nos gustarán todavía más, claro que si (aunque tampoco tantas según que cuentas hechemos), pero “igual” ya nada (y me refiero tanto a la condición de “único” de este film como a ese pseudogénero, más o menos imaginario, que son los films con un ingente número de personajes de por medio). Y así nos quedamos, se insiste: con las vivencias de la familia Biondi(/Fellini), con las divertidas secuencias del colegio, con el salidismo imperante tanto por parte de menores como de adultos -cosas de la represión no menos imperante, claro-, con la Gradisca, con las trilladas invenciones y fantasias de algún que otro lugareño, con los obreros, con las gamberradas de la muchachada, con el alegato antifascista (y la careta gigante del famoso dictador), con la preciosa secuencia (de mis favoritas de cualquier época) de los barcos pesqueros hacia el final del film (que se hacen a la mar para ver pasar al enorme transatlántico que simboliza la esperanza de un mejor futuro en demérito de una dictadura fascista que agoniza (muy a su pesar y aunque nadie se lo haya explicado), con la música de Nino Rota que es una de las partituras más bonitas que se hallan podido escuchar jamás en esto de las pelis, y con (sobretodo) el descomunal e inabarcable cariño que puso en “Amarcord” uno de los mejores en lo suyo tras un siglo de historia de cine... y muchas (pero muchas) otras cosas que incluyen, por supuesto, los melonazos de la obesa estanquera. A FAVOR: lo que os de la gana de señalar como destacable para bien en cualquier film esto lo tiene (y muy posiblemente mejor). EN CONTRA: que, por mucho que después la recordemos, a las dos horas se termina. GUZZTÓMETRO: 11/10

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