lunes, 2 de noviembre de 2009

EL SECRETO DE SUS OJOS (2009)

SINOPSIS: Benjamín Espósito, secretario de un Juzgado de Instrucción de la Ciudad de Buenos Aires, está a punto de retirarse y decide escribir una novela basada en un caso que lo conmovió treinta años antes, del cual fue testigo y protagonista. Su obsesión con el brutal asesinato ocurrido en 1975 lo lleva a revivir aquellos años, trayendo al presente no sólo la violencia del crimen y de su perpetrador, sino también una profunda historia de amor con su compañera de trabajo, a quien ha deseado y amado fervorosamente y en silencio durante años. La novela que escribe Espósito nos hace recorrer los años 70, cuando en Argentina se vivían épocas turbulentas, el aire estaba enrarecido y nada era necesariamente lo que parecía ser.

Cuando hace aproximadamente diez años se dio el subidón aquél del cine argentino aquí uno no le bailo el agua que se dice precisamente. Tras ver “El hijo de la novia” o (la superior) “Nueve reinas” -buques insignia del pseudomovimiento- lo flipé, que también se dice, como el primero. Cierto. Pero representan por otro lado ese cine de “pan para hoy...” por el que tanto me meto con gentes como Tarantino. Sales del cine eufórico, por así decirlo (y aunque sea exagerar), y convencido que acabas de ingerir algo susceptible de llamarse “cine de calidad” para finalmente (y después), con el pasar de unos -sorpresivamente- pocos días, no recordar nada apenas y, es más, en lo poco que aciertas a recuperar le empiezas a encontrar los pegos por todas partes. Es eso a lo que ya me he referido alguna vez en el blog como “cine impacto”. Denominación completamente absurda, seguro (no en vano me la he inventado yo), pero que me sirve para referirme a ese tipo de films que, aún siendo producciones intachables en varios frentes, no alimentan de verdad, no se te quedan (vaya) para entendernos mejor. A mí me pasó eso con los dos títulos argentinos mentados al principio. Al contrario que “Amelie”, por decir algo (con la que tengo una curiosa relación de amor/odio: “ahora me parece fascinante porqué si/ahora me parece una babosería ultraedulcorada”), que la recuerdo de una manera claramente clara (e incluso puedo -y podemos, me atrevo a asegurar- mentar numerosos detalles) con las otras dos soy incapaz de mencionar apenas una frase, y eso estrujándome mucho (pero mucho) el cerebro.
Lo de “El secreto de sus ojos” es el enésimo ejemplo (y lección) de que al cine no se le puede encorsetar en “denominaciones de origen” ni en nada que pueda crear una predisposición determinada porqué, más allá de lo que uno piense previamente del cine argentino (así en general), es una auténtica puta maravilla de cabo a rabo. Seguramente, para mí que me entretengo en mi ingente ignorancia en auto-rankings y demás farándulas que no van a ninguna parte, la mejor peli de las facturadas en el último par de años que he visto solo por detrás de aquélla delirante fantasía nórdica de la niña vampira...
Puede que a Campanella le haya venido de miedo haber dirigido varios “ley y órdenes” (y algún “house”) para narrar visualmente una trama, más o menos, detectivesca acertada de por si. Y, no menos importante y “más difícil todavía”, ha logrado encasquetar también su inercia romanticona sin desmerecer nada en momento alguno. Y es que la (eterna) historia de amor contenida entre Darín y Soledad Villamil (ambos de matrícula) no frena a un argumento más sólido y “negro” que el copón. Y también, para acabar con el tema actoral, aún admitiendo que es Ricardo Darín el prota absoluto y que su interpretación (no me importa repetirlo) es de “traca y pañuelo”, Pablo Rago como el sufrido viudo, se hace su hueco de gloria como quien se rasca lo que te dije (me apuntaré el nombre de este tipo por si acaso -ver más de una vez el momento en que llama por teléfono a la madre del presunto sospechoso para saber lo que es un actor de verdad exprimiendo su oficio-). Poco comparable, por otro lado, al bordado borrachuzo Guillermo Francella como compañero de correrías de Espósito. Escandaloso el nivel interpretativo de este hombre.
Hay momentos memorables a mansalva en distintos registros (un toque macabro por aquí un guiño cómico por allá) además, con alguna escena/secuencia susceptible de quedarse en el “imaginario colectivo” ese sobre el que muchos escriben. Campanella se permite momentos de lucimiento tras la cámara que son la reoca (y tanto “cámara al hombro” como en la vertiente de edición, sirvan como ejemplos el momento persecución en el campo del Racing de Avellaneda o numerosos engarces con los flashback de aquí te espero Catalina, respectivamente) .
Finalmente, puede que a alguien le guste o disguste especialmente la resolución final pero, al contrario de lo que pasa con las superproducciones americanas actuales -casi en su totalidad, y el “casi” porque soy altruista por defecto- e imitaciones de las mismas de a granel, aquí no salpica en ningún sentido. “El secreto de sus ojos” seguiría siendo un señor film sin esa sugerida “resolución” (resumiendo: que no se queden con eso solo por favor, y diantre). Viendo de donde vienen “Déjame entrar” y ésta de hoy lo que me queda claro es donde buscar “entretenimiento” -sin más- y, sobretodo, donde no buscar “cine de calidad”, que es lo mismo bien pensado. “El secreto de sus ojos”, igual que la otra ya doblemente apuntada, son “pan y hambre”... o "llegaron para quedarse", si se prefiere.
A FAVOR: interpretaciones (soberbios todos) y dirección que de tan buenas hace que uno no repare de primeras en cuestiones técnicas tan bien paridas como los contextos cambiantes según épocas o, por ejemplo, lo bien escogido y medido del tema musical. Y el argumento, claro, sin fisuras que valgan y de granito extra el puñetero.
EN CONTRA: algún momento que otro puntual donde se regodea, quizá en exceso, en el reverso romántico del entramado. Pero, aclaro, eso es según percepciones propias. A mí en concreto me queda la sensación de que he visto una peli de dos horas de nivel oscilante entre el notable muy alto y la excelencia que de haber sido un film de hora y media no iba a oscilar un carajo...
GUZZTÓMETRO: 9/10
Pd. Parafraseando a la gran (gran) celebridad del lugar de donde nos llega este tremendo film: al que no le guste... "a chuparla".

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