lunes, 2 de noviembre de 2009

JACK EL DESTRIPADOR (1944)

SINOPSIS: A una pensión londinense acude un nuevo inquilino, un misterioso individuo del que todo el mundo comienza a murmurar. Mientras, en la ciudad, un psicópata comienza a asesinar chicas de coro; pronto, el criminal será conocido por Jack el Destripador…

Supongo que a las luminarias de turno en su momento les pareció que el título impactaba más que ese "huésped" original, que por otro lado se ajusta mucho mejor a lo ofrecido en el film. Bueno, no importa, eso es solo la primera en la frente... Por otro lado a los incondicionales (como es uno, también) del contexto donde esto se encuadra (la ultranieblada Londres -ficticia o recreada, que es lo de menos- del cambio del XIX al XX donde, sobretodo, Sherlock o nuestro querido "Ripper" campaban a sus anchas) solo decirles que van a quedar satisfechos a medias (no sería un dispendio de exteriores la peli precisamente). Tampoco se van a morir del gusto los amantes de la leyenda de Jack con todas sus circunstancias en la chepa: el asunto (detonante) del sobrino de la Reina y heredero al trono, las historias de las prostitutas de Whitechapel, los tejemanejes de la masonería, las pesquisas de Abberline o la identificación del médico real como el auténtico Jack el Destripador (todo ello servido, frecuentemente, bajo esa auréola de ficción-realidad tan fascinante y atrayente cuando se sabe presentar -mejor que en ninguna otra parte, para mí al menos, en la célebre novela gráfica "From hell" de Alan Moore... tan prescindiblemente llevada al cine por los hermanos Hugues por otro lado y por desgracia-). Y no se van a morir del gusto, retomando madeja, porque nada de eso aparece por aquí...
La trama se centra para la ocasión en ese "huésped", denostado por los cojones de los dobladores de la época, que llega como nuevo inquilino a una casa habitada por un matrimonio de avanzada edad (lo mejor, pienso, en cuanto interpretación en el film, uno y otro), una sirvienta al uso y la corista-estrella sobrina de los primeros... y se centra en eso y poco más. En lo que el recién llegado suscita a sus compañeros de vivienda con su extraño comportamiento y excentricidades varias (algo así como una versión serie B de "La sombra de una duda" pero sin Cotten ni -la guapísima- Wright y, sobretodo, sin Hitch tras la cámara). Del resto del reparto solo rescato (amén del par de vejetes) al propio Destripador encarnado con relativa solvencia por Laird Cregar que opera aquí con el nombre de Slade. El papel de George Sanders (el más famosete del folletín) lo puede recrear sin problemas quien os dé la gana de mentar y en cuanto a "la chica", Merle Oberon, todavía no tengo claro si canta o baila peor... como intérprete algo mejor pero tampoco se va a caer nadie de culo, cabe decir.
Sin embargo los dos principales problemas del film del televisivo John Brahm radican en percepciones personales lo que, a mi parecer, la exonera ni que sea en parte de algunos males. El primero ya lo he mencionado con aquello de que esto no tiene nada que ver con la mística habitual del monstruo/personaje, lo segundo es que es de esos films que quedó atado con cadenas al tiempo y lugar al que se corresponde (y me refiero a los 40, cuando se estrenó la peli) en todos los sentidos posibles (y sin destacar de la manada se mire por donde uno quiera), quedando hoy solo para solaz de, únicamente, un muy determinado (elitista y casposo a la par) sector de la crítica revivalista (ese que pone choporrocientas estrellas a cualquier film anterior a 1960 sin siquiera haberlo visto antes, presumo). Se podría mencionar una tercera cuestión con lo de que esto de "terror", que así se vende la burra, tiene nada mejor que poco... Es cine negro levemente maquillado y, honestamente, si tiramos de ese género se queda muy lejos del término "obra referencial". No es lo peor, quede claro, pero esto habita en una galaxia muy lejana de la obras capitales de Lang y Preminger o aún Tourneur y Huston (entre otros). Es más, entrando en el juego y consierándola como peli de terror tampoco triunfa de manera especial precisamente (y ya que me pongo). La peli funciona, de manera casi exclusiva, en definitiva, como ejercicio a la hora de visualizar algo que es un ejemplo de manual de como abordaba Hollywood una serie de pelis/productos concretas/os en los primeros 40 (con el piloto automático puesto, de manera claramente impersonal por parte de quién la firma y sin tocar mucho la pera a quien no se debe...).
"Está bien" si, pero dicho con cierta indiferencia y para la hora de la siesta. Lo de cambiar putas por coristas, por eso, tiene su coña (terriblemente anacrónica, visto hoy, pero la tiene) no lo negaré.
A FAVOR: sus ochenta minutos pelados no dan lugar al sopor absoluto y en un día de esos poco exigentes puede colar bastante bien. Las interpretaciones no rechinan (no dicen nada especial tampoco, pero no rechinan).
EN CONTRA: se queda a medio camino de veinte cosas y a ninguna acaba por llegar del todo. Bastante plana en su desarrollo (tampoco se me ocurre nada notoriamente destacable en otro apartado) y al final le queda a uno la lectura o impresión final de que ha visto más un capítulo de algún serial de la época que una película de intriga como dios manda. Y no, tampoco vale jugar la carta del encanto -que si vale para algunas/muchas otras cosas- del tiempo en que fue facturada. Intriga "0 patatero" por cierto (sin sacar tajada además del no esconder al espectador en ningún momento la identidad del asesino -que de hecho es el prota- lo que algunas veces tan bien ha quedado... en otros sitios). Y la licencia al traducir el título, perse, que casi se me olvida el repetirlo.
GUZZTÓMETRO: 5/10

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