martes, 19 de enero de 2010

LOS VERDUGOS TAMBIÉN MUEREN (1943)

SINOPSIS: Segunda Guerra Mundial / 1942: En Praga es asesinado "El Verdugo", prefecto de una Checoslovaquia ocupada por Alemania. El autor del magnicidio se refugia en casa de una familia que decide ocultarlo, pero los nazis toman cientos de rehenes y comienzan a ejecutarlos para exigir la colaboración del pueblo en la captura del asesino. Con esta intensa trama, a partir de un guión suyo y de Bertolt Brecht, Fritz Lang crea una de sus obras maestras indiscutibles. El director pone la herencia del expresionismo alemán y toda su sabiduría narrativa al servicio de una intriga perfectamente medida, en la que los dilemas morales asaltan a unos personajes profundamente humanos. Las luces y las sombras, la composición, la puesta en escena, el montaje, las interpretaciones (estupendo Walter Brennan en un papel muy alejado de los habituales en él)... todo rezuma talento. Una verdadera lección de cine. No podría estar más de acuerdo con la última frase . ¿Se imaginan "Ser o no ser" y "M", sacrificando la parte cómica de la primera y la sórdida de la segunda?, esto vendría a ser lo más parecido posible. Sin embargo antes de empezar (y para hacer algo un poco diferente) a derramar palabras de loanza hacia el descomunal Fritz Lang, me parece interesante recordar como el austríaco afincado en Berlín salio por patas del país... Si ya lo hice hace tiempo, lo sé, pero lo explique a mi manera chapucera. He encontrado recientemente en una página chilena (unavuelta.com) como fue el asunto en puño y letra del propio Lang, y el archivo merece la pena de difundirse. Recordemos, año 33, Lang es citado por Goebbels, el ministro de propaganda Nazi y mano derecha ya entonces del imitador más infame de Chaplin, para "discutir" el porqué de la disconformidad del partido con parte de la obra maestra del cineasta "M, el vampiro de Dusseldorf", y otras cuestiones... Todo tuyo Fritz: "Entonces se me ordenó que fuera a ver al doctor Goebbels. Me puse mis pantalones a rayas, mi chaqueta bien cortada, un cuello duro. No me sentía muy cómodo. Estaba en el nuevo Ministerio de Propaganda. Hay que recorrer largos y anchos pasillos, con banderas y todo eso, mientras los pasos resuenan, y al final hay dos sujetos armados. No era muy confortable. Llego a otro despecho, y después a un tercer despacho, y finalmente a una pequeña habitación, donde me dicen, espere aquí. Estaba transpirando un poco. Se abre la puerta hacia una oficina muy larga, y al final de ella está el doctor Goebbels. Me dice: entre, señor Lang, y parece ser un hombre encantador. Me senté frente a él. Me dice: vea, lo lamento mucho, pero tuvimos que confiscar la película. Es solamente el final el que no nos gusta. No dijo nada de la verdadera razón: las frases nazis en boca de un criminal demente. Y agregó: con la película tal como está, tenemos que poner otro final. Que el criminal esté loco... eso no es ningún castigo. Debe ser destruido por el pueblo. Yo solamente pensaba en cómo hacer para salir de allí. Tenía que sacar algo de dinero del banco. Por la ventana se veía un gran reloj callejero, y las agujas se movían lentamente. Hasta que finalmente Goebbels agregó: el Führer ha visto sus películas y dijo que usted es el hombre que nos dará las grandes películas nazis. Le contesté: me hace usted sonrojar, señor ministro (sic). ¿Qué más podía decirle? Y me dije a mí mismo: esta noche es mi última oportunidad para salir de Alemania. Miré de nuevo el reloj. A las dos y media cerraban los bancos, y no podía salir. El ministro estuvo muy amable. Le dije que sí a todo. Cuando llegué afuera, ya era demasiado tarde. No pude sacar mi dinero. Volví a casa y dije a mi mayordomo: oye, debo irme a París. Coloca en una maleta lo necesario para algunos días. No me atrevía a decir la verdad a nadie. Cuando él no me miraba, puse en la maleta las cosas que un hombre puede juntar: una cigarrera de oro, una cadena de oro, los gemelos de camisas, el dinero que tenía en casa, y le dije: lleva esto a la estación, sácame el boleto y yo estaré allí. Como tenía miedo de ser seguido llegué un minuto antes de la salida del tren (sic). Miré hacia atrás sobre mi hombro. Era como una mala película de acción. A la mañana siguiente estaba en París." (La fuga de Lang condujo a una cinta en Francia (Liliom, 1934, con Charles Boyer) y a su nutrida carrera en Estados Unidos (desde Furia, 1936) y conocido prontuario antinazi. También quedó fijada allí la separación de su co-libretista y esposa, la escritora Thea von Harbou, quien permaneció en Alemania y colaboró fervientemente con el cine del nazismo, incluso durante toda la guerra.) Lo del talento de este señor no tiene nombre. Si Hitchcock fue "el maestro del suspense", éste lo fue de la "intriga". En mis modestos y zafios conocimientos (que no interés), de hecho, poco menos que toda la jerigonza "noir" en su vertiente audiovisual existió gracias a él. Mi director predilecto del medio, definitivamente (no es difícil, el "género negro" es mi favorito por goleada) junto a Wilder (otro austríaco -y como Mozart o Shubert... a saber que cojones tenía el agua de allí-), con el famoso, y ya mentado, inglés de la papada como tercero en discordia. "Hangmen also die !" es cine del más alto octanaje y en estado puro. Dos horas y poco de delirio visual y privilegiado argumento (y tan bien medido en tiempos) que el todo resultante pasa en medio suspiro. Y, como siempre, sin pasajes, moralinas o lecciones gratuitas. Una historia sólida (de granito) que no cae en afectismos o bobalicadas varias. De hecho es fácil adivinar que Lang pudo haber tenido problemas con "los grandes estudios" por ello mismo (pasó poco por el aro, cinco veces -y aún entre ellas hay al menos dos en concreto que son una puta maravilla-, pero no puedo imaginar un director que se ajuste menos al término "sicario de Hollywood" que él, y aún en "los años dorados" del cine yanqui). Sin ir más lejos, aquí tras todo el drama, las correrías, la intriga en crescendo continuo, los crimenes y todo lo que sufren los "buenos" del folletín, el cabronazo se reserva para el final una señora patada en los cojones (que no contaré) que no hace sino cuestionarte si lo que se viene haciendo en las tres últimas décadas (excepciones previamente cribadas) es cine o algo que tiene que ver más con ir al circo o al zoo (por ejemplos), un elemento meramente lúdico que dura lo que dura, de los de consumir, tirar y olvidar. Veamos, para no hacerlo eterno (de "largo" no os salva nadie, queridos/as), me centraré en la parte argumental de la peli en si (obviaremos el tema musical o todas las excelencias visuales -cambios de decorado constantes, baile de ángulos, imágenes salpicadas en charcos y las mil y una puta maravillas que cabe esperar del nombre importante más importante -que lo fue- del Expresionismo-). También para ir más rápido despejo el tema actoral: los protas del asunto, a priori, son Brian Donlevy y Anna Lee (el tipo que comete el asesinato que detona la trama y la chica que le encubre cuando empieza la cacería del hombre por parte de los nazis), que cumplen perfectamente uno y otra, sin embargo, estamos ante un film coral, de esos en los que parece en determinados momentos que solo hay una gama de distintos personajes a elegir -sin secundarios ni principales- y de quedarme con alguien lo hago con el Profesor Novotny, majestuoso e impecable Walter Brennan, el esquirol Czaka perpetrado por Gene Lockhart (el tipo tiene que dar asco y más que conseguirlo es que te dan ganas de pedirle su máquina prestada a Wells e ir a matarlo tu mismo -y lentamente además-) y, sobre todo, ese jefe de la Gestapo (Gruber) recreado por el actor Alexander Granach para el que se acaban todos los adjetivos. El film empieza con el asesino Nazi apodado "el verdugo" (el del título) que solo tiene tiempo de entrar al principio del todo en una inmensa sala ocupada por altos mandos alemanes y checos (ocupadores y ocupados, vaya) y cagarse en todo ("50 muertos diarios de las fábricas es ridículo, hay que subir a 500"... olé mi niño). El buen doctor lo saca de circulación (bien) y se esconde con la ayuda de la familia Novotny en la casa de estos (vale). Empieza la cacería nazi ("cualquiera que ayude o de cobijo al criminal correrá su misma suerte"). Entonces, los "ocupadores" cogen a una serie de personas de forma aleatoria para "aleccionar" al pueblo (de verdad que es del 43 el film, lo digo por la forma desalmada e impune de elegir las "lecciones" -primero diez, depués veinte- en los barracones creados para el fin), hasta que éste no les sirva en bandeja de plata al "asesino del verdugo"... A partir de aquí los alemanes empiezan sus pesquisas y perrerías varias de a granel, al "asesino" le ataca el mal moral y plantea entregarse, el calvario de la familia Novotny (los nazis no saben de su colaboración pero -obviamente- el buen profesor/cabeza de familia está entre los "afortunados" de los barracones), se perfila levemente tanto a la resistencia como a los de la Gestapo, y ya está liada. ¿Interesante, no?, da para una buena peli -de género o no-. Tiene todos los ingredientes de un buen drama (más) a costa de los nazis y la ocupación y tal... Pero, carambas, eso no llega a la mitad del film... Fritz Lang coge todo eso y donde cualquier otro se hubiera sentido servido y satisfecho, le mete un petardo por el orto y dinamiza la historia abriéndola en una impagable trama coral, se saca de la mano los personajes, ya mentados, de Czaka y Gruber, le da una vuelta de tuerca completa al ritmo narrativo y, sin saber como, te ves metido en un film de intriga de los de "joder, que los van a pillar", ya que sutilmente, sin casi advertirlo el espectador, los protas del asunto han variado y ahora no nos limitamos a ver, únicamente, las cosas a través de los ojos de los sufridores... Cine mayúsculo, excepcional, que cada uno elija su epíteto favorito de entre los más lisonjeros. A verla para ayer quién no lo haya hecho y, en definitiva, una obra maestra (homitiendo las comillas porque trasciende a pareceres personales) más del maestro Lang (el nombre propio más importante no ya solo del Expresionismo Alemán sino del Cine Negro Clásico -o no- y de la Historia del Cine, obvio, en general). A FAVOR: demasiadas cosas como para perdérsela. EN CONTRA: el perdérsela. GUZZTÓMETRO: 11/10 (me ha resultado imposible encontrar el trailer, perdones y espero que no se volverá a repetir)

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