domingo, 6 de marzo de 2011

Z (1969)

SINOPSIS. En un país regido por una precaria democracia y dominado por las fuerzas policiales y militares que pretenden erradicar cualquier amenaza izquierdista, un diputado de la oposición es asesinado en plena calle cuando acaba de presidir un mitin de carácter pacifista. La investigación del caso es encomendada a un joven magistrado consciente de que se trata de un crimen político cometido por dos sicarios a sueldo. Un ambicioso periodista utiliza métodos poco ortodoxos para acumular pruebas inculpadoras contra varios militantes de un partido de extrema derecha, mientras éstos derivan la responsabilidad hacia altos cargos de la policía y del ejército.



No hay tantos films en el siglo pasado, dentro de los contados/aceptados mayoritariamente como "clásicos" o aún "obras maestras", como parece que huyan del pogo de "joligú" (de rasquis o de pleno) o de determinadas corrientes culturales europeas. Y si descontamos, además, la fascinación que se pueda acontecer por determinados nombres propios concretos (a lo Fellini, Bergman o Kurosawa -por ejemplos-) todavía menos. Muy pocas, al fin, que tengan un consenso tan contundente como "Z" del director Costa-Gavras.

Cineasta griego de nacimiento y francés de adopción cuya obra se caracteriza, generalizando, por la carga política y la denuncia a los gobiernos dictatoriales regidos por el estamento militar (y/o consecuencias varias). Y no solo porque "Z" estigmatiza a cualquiera, es de fácil suponer, ya que este señor siempre ha sacado a relucir su compromiso (si tuviera más mala leche hubiera puesto "militancia") democrático-liberal en cuanto le ha sido posible. Lo mejor de todo el asunto es que, a pesar de lo que se quiera o pueda pensar, su cine aunque de denuncia, y acusador de manera ex-profesa las veces, no tiene elementos de "sermón gratuito" más allá de lo razonable. O,si se prefiere, que nadie se asuste que este hombre también sabe (supo) hacer películas, no meros panfletos. Aunque, obvio, ninguna tan recordada y/o aplaudida como la que aquí nos ocupa (ni de lejos, quede claro).

El gran lastre de este film, considerado hoy y además de la etiqueta "thriller político" (que por si misma puede tirar para atrás a más de uno/a -erróneamente para el caso-), es que sus atribuciones varias al margen de la peli en si -y que tanto debieron empujar en la promoción de la misma en su momento-, pueden ningunear en cierto grado la tremebunda calidad cinematográfica que (sin duda) integra.

Si que es verdad que el conocer el dato de que está todo basado en la historia reciente del país del yogurt, ya que esto ocurrió (con bastante rigor, por lo visto) apenas un lustro antes -extrapolado aquí para la ocasión a un país sin especificar que podría ser cualquiera-, puede ayudar a contextualizar mejor la importancia que el estreno del film supuso. Pero a pesar de ello (o con eso en la grupa, quizá mejor), y de la socarrona vacilada de inicio a la que invita (la peli arranca con el mensaje: "Cualquier parecido con hechos reales, y personas vivas o muertas, no es accidental. Es intencionado."), lo más importante, de verdad, es que es una película que te mantiene pegado a la pantalla durante sus aproximadas dos horas de metraje... sin importar, de darse el caso, el interés de uno por el tema histórico-social del asunto. Lo logra por si misma. Y lo hace con una fotografía gris, depresiva de cojones, con un tema para nada amable y con unos movimientos de cámara que emulan más al documetal que a otra cosa. Pues, tras todo, su mejor baza es el ritmo sin tregua que se nos ofrece (aplausos muy merecidos aquí para el madrileño Jorge Semprún que firma el libreto), sintetizado hasta el extremo. Aparecen Montand e Irene Papas, los actores más famosos del asunto, si, pero la condición coral del film hace imposible señalar protagonista alguno/a. Quizá ese, magistral, Jean-Louis Trintignant como el juez de instrucción que se hace cargo de la investigación en la segunda parte del film es lo más parecido.

A partir de aquí, como ocurre con todas las grandes pelis de octanaje similar a esto, todo es un parecer subjetivo continuo sobre lo que me haya podido dejar (perdón) o no... Más de uno me tiraría de las orejas por no mencionar la banda sonora, no reparar en tal o cual escena concreta, la (obvia) fuente de inspiración que esto supone para un sinfín de film posteriores, y un largo etc.

Resumen: miradla (o remiradla) que es de putísima madre y, ni que sea, por compensar el rato de lectura que lleváis.

A FAVOR: que te mete cualquier prejuicio previo por donde el sol no brilla y la enorme satisfacción final que solo te dejan las obras de este calibre... te felicitarás a ti mismo por la inversión de tiempo, sin duda.

EN CONTRA: por poner vinagre a lo que toque, quizá alguna secuencia de más del duo de actores más conocidos (ya nos hacemos una idea con menos), pero no empaña nada. Ya que, además, ayuda a la postre a calibrar mejor la hipocresía y desfachatez de ese "gobierno" militar podrido hasta la médula y caer, definitivamente -de no haberlo hecho antes, que se duda-, en la cuenta que estos no tienen límite alguno, ni de lo uno ni de lo otro.

GUZZTÓMETRO: 11/10

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