sábado, 24 de septiembre de 2011

EL SECRETO DE SANTA VICTORIA (1969)

SINOPSIS. Santa Victoria es un tranquilo pueblo del norte de Italia famoso por su delicioso vino. A punto de terminar la Segunda Guerra Mundial, tropas alemanas ocupan la región, y una de las patrullas nazis va a parar a Santa Victoria para requisar millones de botellas del preciado caldo. Pero los alemanes no cuentan con que, tras la muerte de Mussolini y la caída del fascismo, en Santa Victoria hay un nuevo alcalde, que resulta ser el mayor borracho del pueblo. Tras conocer los planes alemanes, el alcalde encuentra una una solución para hacerlos fracasar: esconder todas las botellas antes de la inminente llegada del ejército nazi.



El bastante fiable y muy popular cineasta (mayormente por su obra en los 50 y 60) Stanley Kramer ponía punto final a su etapa dorada con éste bastante coral film a mayor gloria del grandioso señor Quinn (una pena aquellos/as que se queden con algunas de las bazofias en las que trabajara, especialmente hacia el final de su dilatadísima y variopinta carrera, y no sean por ello capaces de ver que estamos, sin duda, ante uno de los más grandes sin nada añadir). Por si fuera poco, acompañando al "mayor borracho del pueblo", tenemos a nada menos que a la gigantesca Anna Magnani, al nivel de excelencia habitual que la acompañó del primer al último minuto de su trayectoria, como la más que harta esposa del susodicho. El elenco se completa, además, con una galería de más o menos famosos (tenemos a Virna Lisi por ahí en medio o, por ejemplo, a un jovencísimo Giancarlo Giannini) secundarios, a cual más competente (me quedo particularmente con ese Hardy Kruger como jefe nazi y blanco principal de los paripés del poblacho, sutilmente humanizado por guionistas y director huyendo del tópico habitual).

La historia, firme y notablemente envuelta en el contexto histórico que procede, sabe combinar con precisión momentos cómicos y dramáticos y nos presenta así un argumento que se defiende por si mismo, más allá de los "solos de guitarra" interpretativos que, obvio y por si no había quedado lo bastante claro, también integra. Además, la transición de lo risible a lo serio (póngamoslo así), se sabe hacer con la solvencia que cabe esperar por el realizador firmante. Quizá, y sin quizá también, lo más cansino es el encorsetado (hay menos pasión ahí que que en la reunión semestral de tuppers de las marujas del barrio) romance entre "el rebelde" y "la chica" que por momentos entorpece el buen fluir del ritmo general (así como el triangulo ulterior, pelín demasiado exprimido también)... Pero, no hay problema, más si tienes a Anthony Quinn de tú parte (y presto al rescate), realizando un papel de esos en los que resulta imposible imaginarse, ya nunca jamás, a otro intérprete. En definitiva, mejor en su parte cómica y más irregular en lo dramático (aunque, eso si, no le faltan tampoco en esto varios momentos puntuales a tener como bastante en cuenta) pero, sin duda, recomendable en cualquier caso.

A FAVOR: actores/personajes, el notarse la mano de hierro que está tras la cámara en todo el periplo (el hilo argumental no se pierde en momento alguno -ni, con ello, la atención del espectador-), la propia historia que no cae en los afectismos habituales al tratar según que tipo de relatos (en el que éste puede encajar sin demasiados problemas), y que -manda cojones tener que poner una obviedad de este calibre- ver trabajar a la Magnani y a Quinn siempre es todo un gustazo.

EN CONTRA: pues que a pesar de que "el hilo argumental no se pierde en momento alguno" si se detiene, en alguna ocasión, un poquito de más en ciertos pasajes (adivinen cuales, siempre en mi humilde parecer, tras lo que precede). Esto hace que esa holgada duración de casi dos horas y media se haga, no demasiado pero si algo, abusiva según como. Aunque, me apremio en aclarar, de "ladrillo" nada e insisto, las veces que sean necesarias, en lo de "recomendable".

GUZZTÓMETRO: 8/10

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