viernes, 4 de mayo de 2012

CENTAUROS DEL DESIERTO (1956)

INTRO. Cuenta la leyenda que una vez, siendo Spielberg muy jovenzuelo (primeros setenta), se le acercó el Sr. Ford y señalándole la fotografía ampliada de un plano de alguno de sus films le preguntó: "¿Me puedes decir que ves en esta imagen?". El otro, dubitativo, empezó a enumerar: "Bueno... tenemos un árbol, el desierto, un caballo...". Ford entonces le detuvo con un gesto de la mano y le espetó: "Mira (chaval -o similar, supongo-) cuando sepas porque la linea del horizonte está arriba, abajo o en medio del plano serás un buen realizador de cine"... Chúpate esa Stevie !
Anecdotario al margen, y metidos ya en harina, debo admitir que aún teniendo en muy alta consideración a algunos filmes de Ford determinados, servidor nunca ha comulgado con esa apreciación de muchos amantes del mundillo "cinero" de ayer, hoy y siempre que consiste en contar sus referencias por "masterpieces" o poco menos... Para no extenderme en esa dirección lo resumo en que, en base a mis gustos y/o disgustos, Ford fue y és "uno de los grandes" si, pero (y para mí, se insiste) no "uno de los más grandes". Ahora bien (cuidaooo), que meterse con este señor es uno de los ejercicios favoritos de la facción "gafapastera" de los cinéfilos varios que asolan este mundo... "Racista", "retrogado", "misógino", "limitado", "sobrevalorado"... y otras lindezas, son epítetos que se pueden encontrar frecuentemente en según que foros/espacios se cruce uno y a colación de la obra del famoso realizador. En mis cuentas todo ello se resume también con una sola palabra: "gilipolleces", por supuesto. Vaya por ejemplo el film de hoy. El personaje de Wayne odia a los indios con toda su alma, de acuerdo, pero (atención): ¿el qué aparezca un personaje racista en un film por causa-efecto inmediato convierte ese film en racista?... Ni hablar (o revisemos la historia del medio, en su defecto). Y aún sabiendo de la militancia republicana del actor mentado por la que es fácil hacer trampotas si existe (alevosa) predisposición (que más da algunos la cortedad de miras que el realizador marca a fuego en ese personaje y la sombra de patetismo que proyecta, ¿verdad? -cuanto hijo de puta...-). John Ford, de quien recomiendo se vea para ayer "El sargento negro" y sobretodo "El gran combate", si se comulga un mínimo con lo expuesto (su presunta condición racista/xenófoba... y aprovecho para recordar que una tribu lo reconoció como uno de sus miembros en cierto momento de su vida, para más leña), contaba historias de las cuales un número muy significante fueron ubicadas en el "far west"... Que es lejano, si, y también salvaje... Y ahí está la clave. Quedaría de cojones ver a Wayne con delantal pasando el mocho y a la Miles fumando en pipa en el porche mientras se lima los callos del pie... Pero, ¿sería fidedigno?, ¿meramente creíble, siquiera?. Si, no cuesta imaginar aquellos años y ambientes como claros ejemplos de misoginia social a expuertas, pero no és un asunto de "aquella sociedad" evidentemente retrogada y corta de miras... Dejemos en paz a Ford, please, y vayamos con un film que para un ingente intergeneracional importante es "el", que no "un", western. Y no es para menos.

SINOPSIS. Texas. En 1868, tres años después de la guerra de Secesión, Ethan Edwards, un hombre solitario, vuelve derrotado a su hogar. La persecución de los comanches que han raptado a una de sus sobrinas se convertirá en un modo de vida para él y para Martin, un muchacho mestizo adoptado por su familia.

 A FAVOR. Su potencia visual fuera de medidas tiene que ir por delante, ya de primeras y claro está (y pensar que hay quien se entretiene contando fallos de raccord en algo de este calibre en su bagaje final... es muy triste). Los exteriores (ultrapanorámicos si es menester -y hasta pintados al óleo que parecen en pasajes concretos-) de esta obra consiguen que Kubrick palidezca de envidia, que Welles se haga fan irredento de Ford por siempre jamás o que hasta el mismísimo Kurosawa sonría con complicidad ("no está mal, no está mal"). La manera de resolver situaciones on screen como la del tiroteo inicial donde casca casi toda la familia de Ethan o ese climax donde tito Wayne quiere cargarse a una jovencísima Wood (tan guapa como siempre, faltaría), parecen cosas de esas solo alcanzables por un muy reducido (te sobran dedos para contar) número de elegidos. La sensación de aventura clásica a lo Fenimore Cooper, lograda por el guión del tal Frank Nugent, también debe señalarse. Y está la música del gran Max Steiner, por supuesto. Genial elección de ritmo narrativo en sus dos horas de metraje, lo que nos deja, finalmente, a los actores/personajes... A ver, los papeles de Natalie Wood y Vera Miles son poco menos que testimoniales (sobretodo en el primer caso) y Jeffrey Hunter saca nota en su papel de constante comparsa pero, claro, aquí lo realmente importante es este Ethan Edwards de Wayne (a qué engañarse)... Y és Ethan (como también le ocurre a Wayne en "El hombre que mató..." -otra que también es manca-) un personaje triste, iracundo y completamente fuera de tiempo, merced a esas costumbres y maneras de pensar tan obsoletas y encorsetadas. Su facción perdió en la guerra y regresa derrotado, hastiado de la vida con una familia a la que parece echar tan de menos como la susodicha a él... poco tirando a menos, vaya. Señalar que "the Duke" no era Olivier, Laughton o Guinness es rematadamente evidente, pero ese retrato del héroe caido en pos de la evolución le sale de narices al camándula y Ford lo aprovecha... Crea el estereotipo (o pone a Wayne ante la cámara que no se si es lo mismo, de hecho) y parece recordarnos: "si, vale, esta clase de personaje es feo, rudo, cazurro y todo lo anacrónico que se quiera pero, ojo, que existió y tuvo su función" (vamos, que sin juzgar sobre maldades y bondades se nos pide no olvidar que ese cowboy-tipo-vacia-cargadores-asesina-indígenas es el que, en cierta medida, levantó la nación guste o no). Por esos y otros matices siempre será éste el mejor trabajo de Wayne en mis cuentas ya que, desde luego, yo seguiré viendo siempre a Ethan Edwards como un personaje gris, patétic, al que Ford despide con un plano que para muchos ya es leyenda y que se despide (él y los que como el calzan) desde ese umbral hacia el desierto y para no volver jamás.
Si "The searchers" es poesía visual, y para terminar el "a favor", como comúnmente le endilgan no pocas gentes es algo que queda al gusto del consumidor pero, por mis partes y en cualquier caso, el negárselo no parece proceder. Magistral, sin duda ni mandanga a caber (y todo el rollo soltado por alguien a quien el género a tratar hoy nunca le ha entusiasmado de manera especial -que tampoco es que lo deteste-, lo que debiera tenerse en cuenta, o eso creo).

EN CONTRA. Algunas cosas... Pero todas ellas en relación a percepciones/opiniones personales ajenas al film con las que no congenio ni congeniaré. El film en si és impecable (e irrepetible ya puestos), que es lo que me cuenta, y ahí que lo dejo.

CONCLUSIÓN. Según lo veo es el techo de Ford (y también del género en base a mis modestos gustos). Un western con el consabido "crepuscular" a cuestas (si se quiere y en base al personaje de Wayne), técnicamente impecable y, sobretodo, con unos planos (y no solo los de Monument Valley) de traca y un protagonista (escondido sobre la siempre hierática expresión de "the Duke") con una carga de profundidad brutal por lo que és y significa. Imprescindible pedazo de film, no veo a qué alargarlo más.

GUZZTÓMETRO: 11/10

5 comentarios:

  1. El juez en primer término, la mirada perdida. En segundo, Wayne y su cuñada. Nadie dice una sola palabra, pero cualquiera intuye que ahí hubo una historia frustrada de amor. ¿La mejor escena de la historia del cine? ¿La mejor película? Uno diría que sí.

    Un abrazo, Guzz.

    ResponderEliminar
  2. Centauros del Desierto es un peliculón. Y sobre tu visión de Ford estoy parcialmente de acuerdo. De todos modos no hay que hacer excesivo caso a la sección gafapasta. Ni entienden de música, ni mucho menos de cine. ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
  3. Esta es una obra maestra de principio a fin, hasta ese plano de John Waine frente a la puerta...
    Apasionante film del mas grande director de todos los tiempos en opinión de quien suscribe.
    Saludos...

    ResponderEliminar
  4. Te honra que a pesar de no reconocerte "fordiano" (nadie es perfecto jejeje) te marques una entrada como esta. La película más poética y compleja del MAESTRO.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Pues claro que es de los más grandes, que tontería. Otra es contar todas sus películas por masterpieces, pero claro, las pelis menores de Ford pueden ser masterpieces de directores peores.

    Centauros del desierto, western fordiano por excelencia, una construcción visual de tomo y lomo

    ResponderEliminar