jueves, 14 de junio de 2012

DÍAS DE VINO Y ROSAS (1962)

INTRO. Repasando el otro día "Chantaje contra una mujer", del mismo año que el film de la entrada de hoy, me preguntaba por qué Edwards no tiró un poco más en esa dirección (más oscura, se entiende). Lo intentó un tiempo después, si, pero o ya era tarde o las elecciones no fueron las que devieran... Eso por un lado. Y por el otro revelar el porqué he elegido hoy los tan populares días de wine and roses. Había empezado a escribir un posteo sobre ese recomendable "film de actores" de los 90 (con guión de Mamet) que me resulta "Glengarry Glenn Rose"... Harris, Arkin, Spacey, Pryce, Pacino, Baldwin... Todos muy bien, y eso que soy "pacinero" de la muerte pero no lo destaco de manera especial porque, repito, "todos" de coña por igual (comparamos roles en ese film concreto no en general, quede muy claro)... O, al menos, hasta que tratamos de valorar individualmente y llegamos al Sr. Lemmon y su trabajo en ese largometraje... Y se los pasa por la piedra a todos juntos. El resto son buenos pero él es más y cualquier argumento en contra es negar la evidencia de lo que tienes en los morros más allá de simpatías o querencias personales. Es por eso que me apetecía recordar un film donde la capacidad dramática del gran Jack Lemmon brilla con acongojante fulgor y pongo, de paso, mi minúsculo grano de arena para ver si entre todos los amantes del cine acabamos ya con esa gregaria y tan errónea idea de muchos/as de identificar a Lemmon únicamente como actor cómico.

SINOPSIS. Joe Clay, jefe de relaciones públicas de una empresa de San Francisco, conoce durante una fiesta a la bella Kirsten Arnesen. La muchacha se muestra cautelosa al principio, debido a la afición de Joe a la bebida, pero después sucumbe ante su simpatía y se casa con él.

A FAVOR. Posiblemente junto a los "Días sin huella" de Wilder la más desgarrada visión on screen de lo que el monstruo del alcohol puede destruir sin piedad que medie... Y ojo  que por lo menos en la otra tenemos luz al final. Aquí en el final tenemos una resolución que te raja el alma de arriba abajo con esa guapísima (y soberbia actriz) Lee Remick alejándose del piso en la panorámica subjetiva de un abatido Lemmon con expresión de derrota total mirando desde la ventana con las luces de neón de un bar de la calle reflectando (es complicado transmitir tanto sin parecer siquiera intentarlo y se entiende como para el gran maestro ya mentado, Wilder, trabajar con Lemmon era "la felicidad")... Blanco y negro crudo de narices para acrecentar sensaciones, subrayado por la partitura del fiel y gran Mancini, y un enorme Blake Edwards marcando los pasos de la fatal transición hacia el abismo, físico y mental, de sus dos protagonistas. Les vemos perder la juventud, la autoestima, las ganas de vivir... no hay compasión ni para ellos ni para el espectador que siempre podrá consolarse, eso si, con un par de interpretaciones para enmarcar y atesorar para los restos y más allá.

EN CONTRA. Recupero para la ocasión, que hacía ahora tiempo que no lo utilizaba, aquello de "ruido de grillos en la noche"...


CONCLUSIÓN. Devastador (y triste) a la vez que indispensable (e irrepetible) film, de esos tan contados que logra purgar el alma como bien pocas cosas. Como el "Berlin" de Reed, por buscar un homólogo sónico, o aquella "Johnny cogió su fusil", por buscar otro peliculero, es de esos viajes que se te queda clavado a poco se le preste atención... Y ese final, se insiste, duele pero al mismo tiempo nos hace oir una voz interior que conviene escuchar... "buena Sr. Edwards, con un par" -o similar, que indique en definitiva el reconocimiento por un gran trabajo cuadrado de pe a pa como vendrían a ser los cojonudísimos "Days of wine and roses"-.

GUZZTÓMETRO: 10/10

5 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo contigo, Guzz. La obra maestra de Edwards, quizá también de Lemmon, muy a cuento tu reivindicación de tamaño actor. Impresionante cómo la película pasa de la luz a la oscuridad, pocas veces un director ha conseguido con tanta habilidad ir de la comedia a la tragedia. Evidentemente el caso más brillante es el de Hitchcock y una de las mejores películas de todos los tiempos, "Los pájaros", pero dejando aparte al genio inglés, en "Días de vino y rosas" (de kalimotxo y margaritas fueron los míos) Edwards lo borda (como lo harán Dream Syndicate en los años ochenta y con un título casi, casi idéntico).

    Un abrazo.

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  2. Me uno a cualquier elogio. Peli de arrodillarse y restregarse bien las articulaciones en el suelo desde que la rosa comienza a hundirse. Abrazos.

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  3. Todavía recuerdo el impacto, cuando la descubrí hace muchos años ,en un pase televisivo, esta es de las que marcan.
    Me sumo a los elogios.

    Saludos
    ROy

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  4. Enorme película de Blake Edwars. Muy acertado el adjetivo que utilizas de ella, Guzz, devastadora. Esa escena de la que habla de la mujer alejándose por la calle de noche y con esa luz de neón es triste.

    Un abrazo. Estupendo post.

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  5. Hay consenso maestro pues. Gracias a lot a todos por comentar.

    Pd. Brutal el disco que mentas de Dream Syndicate Gonzalo -me saco la boina por enésima ocasión-, Wynn chorrea clase a espuertas, si, pero lo de ese disco es demasié !

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