sábado, 27 de abril de 2013

DUBLINESES (LOS MUERTOS) (1987)

INTRO. Ya he comentado en numerosas ocasiones quienes conforman mi póker de realizadores predilectos de all the times en el cine. Bien, hace unos días y pensando sobre a que personaje/artista podía dedicar el siguiente posteo de la sección "... about", me dio por tratar de ubicar quién sería mi "quinto dedo", el director que me cerraría (finalmente) el repóker de ases elegido junto a los Lang, Kurosawa, Wilder y Hitchcock... E, importante, sin duda a caber. Por supuesto tras una mínima meditación (sorpresivamente breve -y buen síntoma de cara a lo pretendido-), y no hay sino leer el título de cabecera para atar cabos rápidamente, me salió el gran John Huston. Y, ojo, no dudo que hay bastantes realizadores más importantes de cara a la evolución técnica (que no artística necesariamente, eso queda en los ojos de quien contempla aunque joda a los dogmatistas de pro) del cine y/o -también- con una narrativa visual más diferenciable (más "única", más "de autor" para entendernos), de acuerdo, pero por mucho que haya quien -por omisión- peque al no otorgarle la vitola del "Gran Maestro" al Sr. Huston, a estos les recordaría yo (rápidamente) que hablamos de un hombre cuyo primer film de 1941 es "El halcón maltés" y cuyo último es "Dublineses" de 1987... Y, por lo menos, hasta donde sé y por mucha semántica que se pretenda mediar, esto del cine, su fin básico, es realizar películas. Y Huston hizo muchas durante su casi medio siglo de singladura, y algunas (atención) hasta "un poquito buenas" y todo. Para el caso "Dublineses"... No contento con firmar tres de las obras capitales del "noir" más incontestable de los mejores años y otras tantas del cine de aventuras de siempre (más virguerías varias que dejamos para otra ocasión para no eternizar), se despedía este caballero firmando el que és uno de los films 100% dramáticos más hermosos, y de cualquier época, que existen. Dejamos el "...about" para otro día y vámonos hoy con Los Muertos de Joyce y Huston.



"SINOPSIS PRESTADA". Es el día de la Epifanía de 1904 y está a punto de comenzar una de las celebraciones más concurridas de Dublín, la fiesta de las señoritas Morkan. Entre los invitados se encuentra Gabriel Conroy, sobrino de las anfitrionas y marido de Gretta, una de las mujeres más bellas del país. Es una noche maravillosa y los asistentes disfrutan de una magnífica velada. Gabriel, enamorado de su esposa, la contempla detenidamente cuando suena una antigua canción de amor. De vuelta a casa, Gretta le confiesa que aquella canción ha despertado en ella el recuerdo de un amor de juventud, que se vio truncado por la muerte del amado. Nunca antes le había contado a su marido esta historia.

A FAVOR. Se escucha "La joven de Aughrim", Gretta se detiene en lo alto de la escalera alzando el mentón y, a colación, espera una de las conclusiones más memorables que pueda recordar en esto del cine con los últimos veinte minutos de los "Dublineses" de marras... Antes de ello tenemos una hora de conversaciones, solo aparentemente en no pocos casos, vanales (ya que cobran todo su sentido e intención al entender el verdadero significado del relato -la nostalgia que nace del recuerdo y, especialmente, la no presencia de esos muertos a los que Joyce dedica en primera instancia su historia-) , magníficamente interpretadas (siempre fue un director de actores brutal Huston, claro) y envueltas con una música y una puesta en escena (premiada y reconocida) que son pura deleitación. Incrustado en el pseudogénero circa por contexto y época pero abrazando el drama por montera y como pocas veces se ha logrado, "The dead" resulta en verdad un film menos pausado que alguien que nunca se acercó a él por impresiones previas pueda suponer. Esas conversaciones mentadas hacen las veces de motor, y el drama, por supuesto, yace mayormente en su significado de fondo y de su contención inmaculada en el grueso del film que nos viene estallar (finalmente)en las emociones postreras encarnadas por el inolvidable monólogo de una soberbia Anjelica Huston relatando su recuerdo de juventud. Abajo, faltaría, dejo el broche postrero con las conclusiones de Gabriel (magnífico también Donald McCann) que terminan con este film que, por si todo lo previo fuera poco, resulta un tremendo ejercicio de estilo en su estructura (qué enorme lo de parar a la hora para fraguar la conclusión a fuego lento, en dos actos tan ex profesamente diferenciados de duración y aspecto) y, a su vez, todo un ejemplo de síntesis narrativa del quedarse dead uno también (hora y veinte de reloj). Inmejorable desenlace para una de las carreras más ricas y variadas que se puedan recordar... Grandioso lo suyo Mr. Huston.

EN CONTRA. Nada. Ya expliqué que para mí es uno de los mejores films abiertamente dramáticos que existen... Solo, quizá (aunque nada que tenga que ver con el film en si tiene la culpa de ello), el que alguien se ponga a mirar esto sin saber donde se está metiendo y se lleve un chasco... Si se es consciente, por supuesto, solo queda disfrutar de ochenta de los mejores minutos de cine que, posiblemente, llegues a recordar. Se insiste una última vez por eso (aún a certeza más que riesgo de resultar pesado) y para que después no hayan disgustos inesperados: es un largometraje muy y completamente dramático a todos los niveles, al tanto con ello.

CONCLUSIÓN. Es un film sobresaliente, quedó ya claro imagino, de los de 9/10 en la chocarrada de más abajo pero, cuando pienso en términos de metacine con este hombre filmando con ochenta años en silla de ruedas, con mascarilla y un pulmón de acero (y por supuesto sabedor de que tenía los días más que contados), afrontando -parte de- esta obra del célebre escritor de "Ulyses" que versa sobre lo que lo hace... ¿Cómo no hacerle el pleno en el Guzztómetro?, leñe y caray incluso. Es pausada, triste, meláncolica y hasta depresiva según te pille, pero (como más arriba escribía) es un largometraje que sabe ser tan incontestablemente bello sin (dificilísimo) caer en el exceso de los sobreafectismos que hipnotiza. Siempre me gustó este film, vaya, como se nos presenta, lo que propone realmente... La quimera de la inmortalidad através de los recuerdos, lo azaroso de todo en realidad... La exaltación de la madura consciencia de las cosas en contrapunto al estúpido y tontainas carpe diem de la juventud. Un impagable epílogo, Joyce mediante y finalmente, de un Gran Maestro de la Historia del Cine sobre el vacio abismo que los muertos dispensan a los vivos.

GUZZTÓMETRO: 10/10

Pd. Monólogo final de film:

5 comentarios:

  1. Una obra maestra absoluta, Guzz. Muy de acuerdo con tus reflexiones, Huston volcó toda su sabiduría vital en la pantalla con sobriedad y elegancia sin iguales. También es excelente el relato de Joyce (y el libro que lo contiene, "Dublineses").

    Un abrazo.

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  2. Un film incontestable, extraordinario. Saludos.

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  3. Recuerdo su vision en el cine.Una gozada, Creo que es muy superior al relato.

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  4. Guzz, excepcional película la que nos recuerdas. Una obra maestra incontestable que todavía se conoce poco. El gran testamento de otro de los grandes.
    Recordandola se me pone la piel de gallina, tremenda.

    Abrazos.

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  5. Para mí también es indudablemente uno de los grandes con pelis como La Reina de África o El tesoro de Sierra Madre. Es cierto que después tiene pelis más bien regulares, pero la media es altísima y las mejores de él están entre lo mejor que se puede encontrar entre los clásicos. Dublineses, indudablemente, es una joya, una obra de arte tremendamente lírica, existencial, íntima y tristísima. Yo la pillé tarde, pero mereció mucho la pena. Un saludo. Buenísimo comentario el tuyo, Guzz.

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