domingo, 29 de septiembre de 2013

LA BLACK ROSE DE LYNOTT: UNA (incontestable) LEYENDA DEL ROCK

Qué monstruo de músico, cantante y compositor, era Don Lynott (la madre que lo parió). De los grandes grandes de verdad... Pero mejor voy a partes, si. Mi historia con la Flaca irlandesa se remonta a mediados/finales del segundo lustro ochentero, mi etapa de púber metalero. Con el colega que nos hicimos jevis/hardrockeros teniamos siempre los mismos piques y uno de ellos (y de los más recurrentes) era, mediante aquellos saldos en cinta original de la época, su preferencia por Accept como "gran banda a reivindicar", por contra a la del que suscribe  con, obvio, los cojonudos Thin Lizzy de por medio... Ay, ignorante (pero irremediablemente feliz, por el efecto lienzo en blanco aún por pintar) juventú. Después ya, con el pasar de los años te das cuenta que esas bandas son más conocidas que los anuncios de avecrem pero, desde nuestra imberbe perspectiva, nos debería parecer que estábamos realizando un ejercicio de espeleología rockera digna de premio y doble bollycao en la merienda. Un cuarto de siglo pasó fugazmente por la comarca y hoy Lizzy, cómo no, me supone una de esas bandas favoritas (de las realmente elegidas en base a los gustos propios) en cuyas garras caigo de vez en cuando y que al hacerlo me supone unas dos o tres semanas de limitarme, casi en exclusiva, a ella... Con el bonus añadido que, como ocurre con (por ejs.) AC/DC, Ramones, Queen, The Clash o los Maiden (que aunque para algunos esta última banda no quede tan bien de admitir a mi me la trae bien floja -Up the irons !, coño-) a estos los sigo/conozco con denuedo desde antes de cumplir los quince añitos. Poca coña. Y, claro y siguiendo, como ocurre con esas otras bandas mentadas, tan famosas todas ellas, gran culpa de ello es la existencia de un periplo de "X" años de encadenar una serie de discos de estudio (y canciones) que no se los salta ni el Tato y con los que caerte de culo varias veces. Para el caso, como comentaba en la Ragged del amigo Gonzalo -con el que comparto marcada admiración por la banda de Lynott-  hace unas semanas (y dejo aquí enlace con la label de Thin Lizzy habida en su honorable espacio -que aunque no tenga "efecto guzzero" si tiene las palabras como bastante mejor "arrejuntás"-), esa imparable batería de álbumes que va de "Fighting" (75) a "Chinatown" (80). Habrá quien añada los cuatro primeros discos y/o los dos últimos (que esto va a gustos y, en definitiva, esta gente no facturó disco realmente malo), claro qué si. Pero, for me, esa media docena de estudios con el básico (so pena tortura medieval) directo "Live and dangerous" (78), resulta la burrada definitiva y una de las secuencias de álbumes definitiva habida en la historia rocanrolera, toda ella (y definitiva también).

Por supuesto, es de recibo, "Jailbreak" (1976) es la joya más brillante de la corona. No veo a que negar lo evidente, dado que estamos ante uno de los mejores discos de rock (hard o no) jamás registrados para una cantidad de personas que, directamente, no caben en el display de la calculadora más gorda del planeta. Pero, al tanto, repito lo de "secuencia de discos" y en dicha secuencia hay un álbum concreto que se le acerca y mucho. Hasta soplarle el cogote. Esto es (en definitiva): "Black rose: a rock legend" (79), para un ingente nada desdeñable (donde su humilde servidor se ubica de todas todas). Ya con el conflictivo (por lo visto) Robertson definitivamente fuera (y tocándole las narices a Lemmy en su fugaz paso por el "tarromotor"), y con el fiel Gorham y su colega de siempre, Brian Downey, en las baquetas, el mítico bajista-cantante mulato recluta a otro colega de toda la vida, Mr. Moore of course, para tratar de emular el castañazo de tres años atrás con "the boys...", "cowboy song" y cia. Aquí tenemos a un Phil con hambre de nuevo, habiendo ganado la enésima batalla de la guerra que final/fatalmente acabaría perdiendo contra sus conocidas adicciones, espoleado por su reciente paternidad y (finalmente y también) el hecho de lograr, por fin, convencer a su viejo amigo para hacer algo juntos en serio (cuentan las leyendas que esa negativa de Moore a trabajar con Lynott de continuo -ya desde los últimos 60's, primeros 70's- se debe, a partes iguales, a las ganas de volar solo y a la poca puta gracia que le hacian las tendencias, póngamos "autodestructivas", de su colega -"sustancias" mediante-).  Que tampoco hagamos trampas, ojo no se despiste nadie. El line-up más total y memorable de Lizzy es con Robertson, eso quede a fuego. Y, en verdad, la rosa negra es el único disco en cuyos créditos aparece el malcarado hacha de Belfast. Pero, claro, al final todo es relativizable ya que siempre queda lo de que Lizzy es Lynott y viceversa y, en cualquier caso... Vaya pedazo de virguería/disco ! (y menos rollo, si).

Y es que "Black rose", su temario, supone un caso de esos de adicción extrema y evidente a poco uno/a se descuide. Arranca con las legendarias "twin guitars" (apuntadas en "vagabonds" y, especialmente, "night life" y cristalizadas del todo en "fighting" y en adelante) de la emblemática "Do anything you want to" y el no menos clásico cabalgar de Phil y Downey que en la década siguiente iban a "tomar prestado" hasta en la Patagonia y más allá...  Queda cristalino ya de entrada, y por cojonésima ocasión, que estamos ante la banda hard-rockera con mayor groove (ya desde su sonido tipo de base) que jamás haya asolado la Tierra. La voz negroide (y tan, pero tan, expresiva) de Phil da unos matices souleros a toda esa electricidad desbocada que nunca nadie ha atisbado, ni de lejos, a siquiera ser digno de compararse. Es lo que tiene la suma de Van con Jimi como principales influencias y una actitud perenne e innegociable de muy orgullosa bronca y chulería baretera. Tras el primer mazazo llega sin respiro que valga esa "toughest street in town", que es incluso (o para mi al menos) mejor que la anterior. Cuatro minutos de vitalista rock setentero en vena con unos pasajes guitarriles del cagüense en todo y una energía revienta bafles que huele a clásico por todas partes ... "This is the toughest...", ¿por qué no dura el doble esto?. Se sigue sin levantar el pie del gas con "s&m" y su venenoso ritmo funkie-guitarril indisimulable por mucho efecto de percusión que nos vayan plantando (y esas "barridas" de bajo, rebuznos guitarriles de quilates y demás... y menudo cabrito y qué compositor, por favor)... Nuevo castañazo que te crio y ya lo de "adictivo" como que hasta empieza a hacer corto (tres de tres y esto que sigue). Vamos con el sencillo "waiting for an alibi" y es que, realmente, casi se antoja necesario el presentar coartada para no tener este pedazo de álbum controlado (o poco menos, ok, pero uno se sabe fan y tal, ruego se entienda). Vuelven las guitarras dobladas (si) pero es que, miren uds, ahora le da al tipo por currarse un coreable estribillo newaver (glorioso reverso -muy- garagero de los Costello, Lowe, Parker y demás el aquí ubicado) y se queda tan ancho... Pero no nos acomodemos, no... Como guinda para la primera cara el granuja se reserva nada menos que (la muy "wonderiana") "Sarah". Preciosa es poco. Dedicada a su hija y cargada de sentido con este genio-borracho/yonqui, en un momento de claridad, en el que realmente está convencido de que su amor por su pequeña retoña le va a dar fuerzas para encauzarse y no tropezar jamás again... Al final no lo lograría, pero el sentimiento queda ahí engastado para siempre en una de esas melodías inolvidables (y emocionantes) como realmente bien pocas. Tras el efecto "piel de corral entero" de (su) "Sarah" toca darle la vuelta al galletón y, así, la B side se arranca con "Got to give it up" que nos devuelve a la canallesca eléctrica. Y es aquí donde mejor brilla el tan apreciado registro vocal del front-man en su versión ruda. Intimida el puñetero. Y mucha atención a los gloriosos corre-mástiles que habitan por ahí en medio, por los mismos clavos. Más vacilona, aunque igualmente bienvenida, resulta "get out of here" en la que (como ocurría en "s&m") se abusa de algún efecto sonoro puntual pero que, como ello no pasa de lo muy anecdótico y el resto es tan cojonudo todo, apenas merece el significarse. Su fuerte es la doble voz, el descomunal bajo y (one more time) ese entusiasmo que parece pudiera funcionar como fuente de energía alternativa para varias ciudades enteras y a la vez. La penúltima es "with love", medio tiempo que te gana (y mucho) en la erosión... De primeras puede parecer la única susceptible de ser "sacrificable" del lote hasta que reparas (y no es muy difícil) en lo cojonudo de su condición de blues-asouleado y su curioso planteamiento entre lo triste de lo uno y el calor de lo otro (la desesperanza de los triste buscando agónicamente el calor del alma, vaya... y cuidado, de verdad, que esto tiene truco y de los buenos si se le da merecida chance). Pero, ay, estos (este tipo) no podían irse tranquilos... Falta "Roisin dubh (black rose): a rock legend". Relectura de una pieza tradicional irlandesa con unos virajes instrumentales de quilates, que (amén de dar nombre al elepé) solía ser pieza recurrente en los bises concierteros de la banda en su pleno apogeo y que, en verdad, suele ser manjar recurrente entre los momentos predilectos de los fans más insobornables y militantes de la formación. Mezcla de pizpiretas guitarreras varias (con requiebros mil), orgullo patrio a cara descubierta y esa solemnidad concreta atribuible, en exclusiva,  a todo aquello que merezca el término "himno", es una inmejorable manera de despedir este pedazo de disco que, por si todo lo vertido anteriormente resultara poco, se viene envejeciendo de narices.

Y ya estaría la cosa. En resumen solo cabe insistir en que, es verdad, no alcanza "Black rose" un pleno tan indebatible y absoluto como "Jailbreak" (del que solo mirar el tracklist puede dar vértigo), pero desde luego (o a mi, como a tantos/as, no nos cabe duda por lo menos) también tiene su parcela de cielo asegurada. Picotear en la obra 75-80 de Thin Lizzy es una fuente de alegrías en sesión continua, persisto también en ello, y esta black rose es, en definitiva, uno de los momentos más álgidos de ese periodo que, nunca se olvide please, es mucho (muchísimo) más que "The boys are back in town" y cia.

7 comentarios:

  1. Total y absolutamente de acuerdo contigo, Guzz, un disco espléndido de arriba abajo. También yo conocí a Thin Lizzy a finales de los ochenta (finales, finales), gracias a un amigo con quien compartía habitación en Donosti. Recuerdo que mi colega traía cada semana de su pueblo una cinta nueva, y gracias a ello fui descubriendo "Jailbreak", "Chinatown", el doble en vivo y este que hoy despiezas tan bien. Nada, que mañana mismo me lo pongo, me han entrado muchas ganas tras leer tu entrada.

    Un abrazo.

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  2. Se me olvidaba: gracias por las palabras de admiración que tienes siempre para mi blog, dan sentido a lo que hago.

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  3. mi primer disco de los Lizzy, Tal vez no sea el mejor pero si es lo suficientemente bueno para recurrir al mismo muy a menudo

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  4. ¡Dios!!! como echo de menos a este tío...gran reseña y mas que merecidas las palabras de admiración a Ragged Glory...
    Abrazos a todos...

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  5. Solo el "Jailbreak" en mi colección pero apasionado por su grandiosidad. Muy merecido homenaje a Lynott y su Thin Lizzy.
    Saludos,
    JdG

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  6. Todo reconocimiento es poco para la Ragged Glory. Además de estar relatado todo de collons y más, es uno de los espacios que más claramente se adaptan a mis querencias musicales (con sus contadas excepciones -y mayormente por ser uno un ignorante total en kraut o jazz-... aúnque, ojo cuidao, aún no le perdono del todo al amigo Gonzalo que no le entusiasme el "Testigo" de Wilder, jeje). Lo mismo ocurre con Lizzy, por cierto, si te pones a buscar claroscuros y falta de coincidencias (como humanos tocacojones que somos) los encuentras tras (larga) investigación pero, finalmente, siempre (de forma inefable) te acabas sintiendo un panoli de cuidao por lo evidente e indiscutible de su calidad. Esto es así.

    Sobre este disco, insisto, no es "Jailbreak" pero para mi es el que va justo detrás (con la mala reputation asomando por ahí como tercero en discordia, ok). Y, por ello, no me imagino mejor "estreno" Bernardo (si hubiéramos empezado con Jailbreak a ver quién sube desde ahí...

    Insustituible e inimitable este músico querido Addison, ya te digo (por cierto, además de insistirte con el "Automatic" remero -de verdad que aunque no te guste la banda ese disco es cosa muuuy fina-, hago inciso de gratis para pedirte orientación sobre los Lynyrd -que siempre me quiero meter a fondo y más allá del icónico primer disco y el sweet home voy como bastante perdido-... El encarguito tiene narices, me consta).

    Y es que, Javier, "apasionante" es "Jailbreak" como para gritarlo a todos los vientos. Cómo no coincidir. Me repito por enésima cual morcilla de Burgos: uno de los mejores disco de rock nunca habidos... Sin fisuras ni altibajos a valer (brutal todo él desde la propia "jailbreak" hasta "emerald"). Eso si y puestos a ser reincidente/plasta, si algo le sopla el cogote en el opus de la banda, y siempre en mi humilde parecer, eso es "black rose".

    Abrazo guzzero a mansalva.

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  7. Joder Guzz, no qukero pelotearte, pero muy buen texto. Mañana busco que,,, si, más allá de Whiskey in the jar, que me encanta y The boys are back in town, que no me gusta demasiado, estoy a cero con el irlandes mulato. Ahora toca la de REM, ahí ya controlo un poco más.

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