sábado, 14 de septiembre de 2013

SED DE MAL (1958)

INTRO. Pues no sé yo si es realmente y como explica la wikipédia: "el último gran film del periodo clásico del cine negro estadounidense", pero vale (ok), queda muy bien... cuela, que se dice. Y eso que normalmente suelo huir y mucho de esas grandilocuencias tan devastadoramente generalizadas (por lo tremendamente gregario -y pomposo a veces incluso- del tema y tal). En cualquier caso, sea el último, antepenúltimo o quedando fuera ya de márgenes lo que hoy tenemos en los morros es, sin discusión que medie, una de las más grandes cimas noir independientemente de sentencias varias, épocas o lugares. Así de enorme es "Touch of evil". La segunda referencia más aplaudida/conocida comúnmente del maestro Welles y para mi la tercera en discordia, dándose de lechuzas hasta el fin de los tiempos con "El proceso" por el puesto, tras su básica, incontestable e irrepetible dupla de arranque... Ay, Mr. Mankiewicz, cuanto le debemos (a ud y a otros pocos, de acuerdo y no se nos quede todo el mérito tampoco) los/las amantes del cine por tomarse en serio al "chico de la radio"... En fin, magia/engaño, Shakespeare y género negro (amén de una cierta tendencia a la experimentación que irá desarrollando con los años) son los tres grandes amores en celuloide del insaltable Orson y hoy, faltaría, nos quedamos con lo último que, anda mira, es curiosamente mi género predilecto del medio, todo él, como tantas y tantas veces he recordado.

"SINOPSIS PRESTADA". Un agente de la policía de narcóticos (Heston) llega a la frontera mexicana con su esposa justo en el momento en que explota una bomba. Inmediatamente se hace cargo de la investigación contando con la colaboración de Quinlan (Welles), el jefe de la policía local, muy conocido en la zona por sus métodos expeditivos y poco ortodoxos. Una lucha feroz se desata entre los dos hombres, pues cada uno de ellos tiene pruebas contra el otro.

A FAVOR. Quinlan hace su detención/mascarada deteniendo al inocente y joven mejicano para después salir, y con él otros tres personajes, a una amplia sala para seguir departiendo... Orson se caga en todo porque hay algo, de momento no sabe el qué, que le desagrada horrores del plano fijo de las narices... Cae en la cuenta de lo apretado que parece todo y ordena, ipso facto, quitar cualquier tipo de mobiliario de la estancia... Sombras en la pared, profundidad de campo multiplicada y, con ello, el enésimo ejemplo que separa al Maestro artesano del artesano común. Y como esa muchas. Casi todo el film de hecho: el orquestral plano secuencia de apertura, la escena del "asalto" (las comillas no merecen explicación si se ha visto el film y si es que no no se tiene perdón de dios ni del diablo) a la pobre Sra. Vargas con esos cambios de plano con las distintas caras -y pobre Janet Leigh qué manía en putearla-, el propio final con la resolución y el "destino cumpllido" de Quinlan... Muchas cosas, destacando al fin el encontronazo ferroviario (metafórico por lo enorme) entre el propio Welles y la descomunal Dietrich en mi escena favorita que, en verdad confieso, suelo rebobinar para recrearme al recuperar este pedazo de señor film... Y qué música del gran Mancini por supuesto, otro que camina aguas, en esa escena y en todo el largometraje. Visualmente megapoderosa (y con todas las bondades a contar que del hacedor de Kane conviene esperar), con un casting inapelable (si será único Orson que hasta logra que Heston nos caiga bien a todos y parezca un actor dramático de los buenos), guionizada -sobre novela ajena- por el propio genio generando un magnetismo tan personal como brutal de principio a fin , rematando (y obviando -que ya es obviar- la ya mentada partitura del otro titán o la majestuosa fotografía en b/n firmada por Russel Metty, etc) con esa caracterización tan desagradablemente carismática y bien lograda por las mismas partes del Maestro. Obligatoria, se congenie o no con el género, a poco guste esto del cine y siempre a mi modesto entender. Joder, si hasta la traducción/licencia de turno y con el título queda de narices aquí.

EN CONTRA. Pues el baile de versiones existentes, hasta no hace tanto, por culpa de las luminarias (productores) de turno de la época que tuvieron los santísimos de mutilar el original para hacerlo más "popular" ("¿sabes qué?, le voy a pintar bigote al "Nacimiento de Venus" del Botticelli este y que se joda"...  vendría a ser un poco la cosa). Por suerte, Charlton (quien ya había exigido a Welles al frente del proyecto antes de empezar a rodar, al tanto -facha sí, gilipollas no, vaya y bravo en esto concreto amigo del rifle-) guardó el documento donde Welles plasmaba su "descontento" y anexaba lo que sobraba/faltaba para que, desde en algún momento de los noventa tardíos, podamos disfrutar todos/as de esta obra de arte tal y como fuera rodada y concebida por su ilustre realizador.

CONCLUSIÓN. Siendo muy (pero que muy) rácano uno de los cinco mejores films de Orson Welles y, a su vez, uno de los mejores del género negroide en un siglo (más/menos) de singladura de esto del cine...  Si alguien se lo quiere perder (cosa poco probable, que es un film famoso y consensuado como para gritar basta, no nos engañemos) allá él/ella con lo suyo pero, definitivamente y en efecto, tendría cojones la cosa... Y la escena Marlene/Orson, insisto por el amor de todo lo sagrado y lo que no.

GUZZTÓMETRO: 10/10

7 comentarios:

  1. Impresionante. Así es esta película desde su colosal arranque hasta el final. Totalmente de acuerdo contigo, Guzz. La mía de Welles es "El cuarto mandamiento", pero "Sed de mal" es igual de buena.

    Un abrazo.

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  2. Las mÍAS de Orson son "Ciudadano Kane" y "El Tercer Hobre", y reconozco que éste "Sed De Mal" es descomunal. Merecido homenaje al gran Orson.
    Saludos,
    JdG

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  3. Su apabullante factura técnica no ha de hacernos olvidar la creación del personaje de Quinlan, fascinante en sus contradicciones tan wellesianas. Saludos.

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  4. "El cuarto mandamiento" no tiene nada que envidiarle ni a esta ni al mismísimo Kane para mí tampoco Gonzalo. La sensación de pérdida de ese film duele y se queda contigo para siempre. En última instancia me quedo con el estreno, por el plus de magistral compilación que es, pero tampoco por mucho, no...

    Ojo, que el "third man" no la cuento porque no la dirigió él y una cosa si debe quedar clara... Siempre que intento hacer una imposible lista de mis diez films favoritos aparece inefablemente "El tercer hombre". Has ido a dar con unos de mis fetiches, de este o cualquier otro arte, definitivo Javier.

    Ahí le diste en la cocorota Ricard. Lo genial de Welles tras la cámara hace que demasiado alegremente le obviemos como actor cuando, yo al menos lo veo así, estamos ante uno de los grandes también en eso. De mis actores norteamericanos predilectos, de hecho (carisma para detener trenes y Quinlan resulta el ejemplo, perfecto).

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  5. Y abrazo guzzero x3, faltaría, que se me había descuidado.

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  6. Pues aquí llega el amigo Addison a llevar la contraria, para mi esta es la mejor de Welles, y ademas lo tengo claro, después el cuarto mandamiento y campanadas...
    Saludos a todos amigos.

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  7. No media discusión a estos nivelazos Mr. De Witt. Faltaría más que todo eso es material dorado en definitiva. Sobre "campanadas" me quedé a cuadros, por cierto, cuando me enteré hace unos años que el señor Antonio Gasset (ex-presentador de Días de Cine -y que me cae de puta madre ya puestos-) participó activamente en el montaje final del film... Grande lo de este hombre (que nadie se piense que solo servía para meterse con Hopkins en clave irónica entre anuncios).

    Abrazo guzzero Addison.

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