viernes, 31 de julio de 2015

EL MANANTIAL DE LA DONCELLA (1960)


INTRO. "Críptico", "pedante", "gélido", "engreído", "coñazo"... La ristra de "amables" epítetos que te puedes encontrar para con la obra del célebre realizador sueco Ingmar Bergman por parte de los que, amantes del cine (sea un su vertiente tan artística como palomitera -y al nivel que se quiera de devoción-) o no, no comulgan con su obra o formas habituales suele ser como bastante exacerbada. Esto es así. Sin embargo tenía (y tiene)Bergman, quien nos dejara tal día como ayer hace ocho años, a su vez una importante suma de fans (que sí, esa es la palabra por mucho que suene tan frívola o pueril a algunos) que cuentan la historia del medio en poco menos que a) Bergman y b) Lo otro...  Como siempre, o es mi opinión mayormente, la respuesta creo se debe encontrar en el justo equilibrio (o lo más parecido posible, al menos). Por un lado hablamos de uno de los grandes realizadores de la historia del cine, tal cual y  en definitiva: suele ser común verle en todo lo alto de las listitas de las narices entre los Bresson, Tarkovski, Ozu y demás, lo mismo que entre los Hitchcock, Ford, Welles, etc... y esa afinidad entre los amantes del cine de autor más militante y añejo y la de los que atesoran la historia del medio sin desmerecer por desmerecer de forma gratuita, habla por si misma. Pero ojo, por el lado que quedaba pendiente, no menos cierto nos resulta a algunos que Bergman,sinceramente, alterna en su obra piezas cuya maestría universal está más allá de toda duda con auténticos peñazos que no hay cristo ni demonio que (si se és un algo de honesto) pueda soportar. Y, al tanto,  no hablo de temas de cadencia pesada o no-ritmo on screen, meramente... Muchos grandes realizadores (como nuestro protagonista de hoy) tienen obras de esa guisa que, sencillamente, juegan a otra cosa (y ya sabemos todos con que maestría lo pueden llegar a hacer a veces los hijos de su madre)... Hablamos con el sueco, en algunos determinados y contados films, de silencios eternos, abusivos, en plano y contraplano sin más con actores completamente inexpresivos (no son, por ejemplo, los planos medios o generales estáticos de Passolini o el mentado Tarkovski -por poner uno de cada: uno que me gusta menos que Ingmar y otro que me gusta algo más que el ínclito- en pos de la obra que debe "sentirse" antes que "verse", porque son así de chulos y su abuela es que no existe). Con todo, finalmente y tras tan gratuita opinión personal y todo lo que se quiera, llega el agachar inefablemente la cabeza aquí llegados, faltaría... Pues más allá de sellos y fresas, tiene Bergman referencias maestras  que nunca caerán en el olvido: "La hora del lobo" (para mi su gran "tapada", sin olvidar de quien tratamos -lógico ello-), "Gritos y susurros" (su oda definitiva a la muerte y lo que ella acelera en las relaciones humanas) o -en efecto- "Fanny y Alexander" (que tras su pelín abusivo metraje esconde una de las atmosferas familiares más opresivas nunca vistas en pantalla)... Y, no lo dudo, algunos otros films que sin duda me quedan aún por descubrir  del genio (lo que es una suerte, al menos a priori). Dicho todo ello solo confesar que, eso sí, hoy toca mi predilecta (y por goleada -a no ser que alguna de las "pendientes" logre el inesperado milagro de moverla de ahí-) de tan reputado artista y, se lo prometo, una de las películas más desgarradas e hipnóticas que pueda recordar. Intocable para siempre y sin más "el manantial de Bergman" pues, a pesar de que alguien se despiste con parte de todo lo que precede, su gran baza final fue y es al fin que cuando le salía realmente "bien" este señor no hacía solo una "buena película" sin más, no... Dejaba una página reseñada para siempre en "la historia cinera". Directamente... Y otro día, si me atrevo, ya escribiré sobre "Persona" (ojo ahí) pues, tras dos visualizaciones, todavía no lo tengo claro, la verdad (es visualmente poderosa, con alguna interpretación tremenda y en ambas ocasiones la he visto del tirón sin aburrirme pero -y por mucho premio y reconocimiento medie-... ¿tanto simbolismo por montera es algo magistral solo para "nivel elegidos" o, por contra, una sobrecargada paja mental sin más y por bonito sea el envoltorio?... Mi impresión actual, ya puestos, es la de algo evidentemente notable por calidad intrínseca pero, a la vez, también algo bastante alejado de la rotunda "masterpiece" donde tan comúnmente se ubica).


SINOPSIS "PRESTADA". Suecia, siglo XIV. Como cada verano, una doncella debe hacer la ofrenda de las velas en el altar de la Virgen. El rey Töre envía a su hija Karin en compañía de Ingrid, una muchacha que odia a Karin en secreto. Antes de cruzar el bosque, Ingrid se detiene y abandona a la princesa, pero la muchacha prosigue su camino y se encuentra con unos pastores, aparentemente afables, que la invitan a compartir su comida

A FAVOR. No me pienso poner a buscar el motivo por el cual cambia Bergman de director de fotografía tras "El ojo del diablo" (una de las muchas pendientes que tengo del realizador) y tras tanto tiempo depositando su confianza en el muy honorable Gunnar Fischer, pero lo cierto es que su "heredero", Sven Nykvist, logra confeccionar un trabajo aquí que es como para morirse apludiendo. Quizá fuera, que yo qué sé si quieren (ok, se admite sin problemas), por la búsqueda de una mayor crudeza en demérito de lo más alegórico de algunas referencias anteriores. Planos muy cortos, mayormente en exteriores (hasta se intuye alguna influencia "rashomonica" por ahí en medio), y un mayor dinamismo en la segunda mitad del film que dan relevo a los "cuadros silvestres" que encontraremos en la primera. Sin embargo, lo enorme de esta imperecedera -y sí rotunda- "masterpiece" es lo increíble y  acojonantemente enorme, que van de la mano y sin soltar la cuerda, de todos los factores que integran la obra. Bergman va con todo en resumen (además de la composición visual apuntada): la banda sonora de su infalible Erik Nordgren, un elenco actoral sin mácula con -cómo no- el gran Max Von Sydow al frente, una recreación de un cuento clásico perfectamente transformado del que se sirve, las simbologías de la religión y la muerte (con todas las derivaciones a integrar) que no falten, un metraje ajustado de narices y, entre bastantes otras cosas, un sentido de la épica que sabe fundir la apología y lo mundano en medida plena... Es, sin duda y además, "El manantial de la doncella" una obra de ruptura con lo preconcebido que nos cambia la candidez de lo infantil por lo cruel y desgarrado de la realidad de la condición humana con una impunidad casi inencontrable en esto del cine (o por lo menos el cine occidental -aún "de autor"-). Se puede resumir todo, por qué no y por supuesto ya que en definitiva conviene recordar cuantas veces se precise que estamos ante un cuento clásico, en un algoritmo de inocencia-ataque-venganza (a lo "Death wish" de Bronson en modo pseudo-artúrico) bajo el recurrente o acostumbrado cielo metafísico del cineasta firmante... No hay problema, que nada se empaña con ello pero, claro... Celos, iras, traiciones, injusticia y demás en tropel y sin pausa. La versión hollywoodiense de Disney, en riguroso pretérito para no tener que mostrarlo, hubiera sido "aquí murió hace años una niña y de donde yació brotó un manantial precioso que nos purgara por siempre de todo mal y sobre el cual se construyó un precioso castillo (etc)"... Nada más lejos de la intención del cabronazo de Ingmar que no nos ahorra ni la ejecución del infante empotrado contra los estantes (en un momento de pura sed de sangre desatada para mi casi tan burro como el famoso ataque a la joven), recreándose no solo en la violación sino, sin problema que valga, en la ejecución de los asesinos, la agonía materna, la culpa irrefrenable de la amiga/cortesana, la cólera del vengativo padre ... y lo de la lengua del niño tiene sus cojones también... todo, y a qué más. En fin, que mejor nos quedamos este tan cruel como inolvidable "cuento de hadas" para nosotros, que nuestros descendientes ya se lo mirarán si quieren... "Mästerlig", que es "magistral" en sueco que lo he buscado en la interné, sino más y fin. 

EN CONTRA. Nada. Solo quizá que no falte quien haga una muy reduccionista lectura del todo aquí alcanzado para quedarse únicamente con la ya legendaria y agónica secuencia de la violación... Hay tanto (pero TANTO) más aquí que el ponerse a enumerarlo es envejecer demasiado y de gratis.


CONCLUSIÓN. Se hace extraño recomendar a ciegas un largometraje tan sumamente crudo y desolador como éste pero, como leí en una ocasión sobre el elepé "Horses" de Patti Smith, se alza como algo definitivamente necesario pues, en resumen: "es también precioso y purga el alma". Ah, y que no se me pase, rematar con que si éste es, en efecto, el film "más accesible de Bergman"  pues nada... Viva, y mucho, la accesibilidad. Y la madre que la parió incluso. Hora y media infranqueable de la Historia toda ella de esto del celuloide y, ahora ya sí del todo, fin. 

GUZZTÓMETRO : 10 / 10

2 comentarios:

  1. Absolutamente de acuerdo, Guzz, una película extraordinaria. Mi favorita de Bergman quizá sea "Los comulgantes" —de sobriedad impactante—, pero la filmografía del sueco está llena de películas enormes. Esos epítetos que dedican a Bergman se deben a que hizo un cine arriesgado y alejado de las convenciones, pero es que hay gente incapaz de ver más allá de dichas convenciones.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Que yo sepa, es la única película de Bergman que ha tenido un remake palomitero, "La última casa a la izquierda".

    Es verdad que las películas de Bergman dan cierta pereza, así de entrada. Sin embargo, no me he aburrido con ninguna de ellas, y he visto unas cuantas.

    Saludos.

    ResponderEliminar