miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL AZUCARADO E INDISPENSABLE COBRE AZUL DE MR. MOULD

Por supuesto que hay que agradecer, y mucho, a David Barbe y Malcolm Travis los servicios prestados (tremenda base rítmica a degüello y sin contemplaciones) pero, lógico, decir Sugar -la banda- es como decir T. Rex o Eels (por ejemplos rápidos de incontables posibles): un eufemismo escondido detrás de un ente creador único y acojonante a todas luces y sombras.


Bob Mould no es meramente "bueno", ni "mola", ni "está muy bien"... Este señor es un elegido para la gloria y tal cual. La importancia -e influencia- de Hüsker Dü en la historia del rock guitarrero es algo nunca lo bastantemente reconocido (esta gente sacó el hard core del guetto como los Mats hicieran con el punk rock o, por qué no, Sonic Youth con su impagable noise de marras y el art rock), su carrera en solitario tiene tantos discos buenos que uno se descuenta fácil (y algunos, ojo, brutales hasta gritar basta) y, en medio de todo eso, todavía tenemos a estos tan esporádicos como tremendos Sugar que dispensaron un par de discos y un EP que son gloria bendita entre 1992 y 1994... Discos de culto, a pesar de su bastante reconocida y reverenciada condición, en no pocos lugares.


Tras partir peras con Hart (a los que los Posies dedicaron una cojonuda track en su "Amazing disgrace" y que, ya puestos, se marcó un discazo de narices hace un par de años que pasó casi completamente desapercibido -entre otras cosas, que el pájaro se las trae también-) y huyendo de la mayor oscuridad de Hüsker, y siguiendo desde la mayor tendencia melódica de su último studio album (el magnífico "Warehouse", si), Bob oferta lo más amable y accesible que jamás haya parido en esos tres años -más el pico- de gloria bajo la label Sugar. Y, por supuesto, de Sugar hay que tenerlo todo (hasta las caras B) pues, seguramente, nadie hizo "ruido melódico de manual" al nivel de esto en su década. Sorprende la mezcla conseguida de algo tan claramente rádio-formulable, y a la vez, tan igualmente provisto de la enjundia y la personalidad (e integridad) que conviene esperar del artista firmante de todas esas canciones. Y es que, sin tener nada en contra de Grohl (junto a Homme lo mejor que la rádio-fórmula rockera e inmediata -y facilona, cabe admitir- nos puede ofrecer desde hace bastante), siempre que escucho a Sugar no puedo dejar de preguntarme como Foo Fighters puede amasar millones y esto se quedo en las puertas del éxito masivo... No es que sean ligas distintas: es que no es ni el mismo puto deporte (superioridad azucarada incalculable y eterna). 


Su estreno, éste "Copper blue", sería seguramente y además el (y un) disco que le recomendaría hasta al diablo. "Una bonita colección de melodías", sí señor Mould, está claro. Pero mucho más que eso también. Uno de los discos más aclaparadoramente adictivos que he escuchado en la puta vida ésta. Tal cual. Y yo, gilipuertas de mi, lo puse solo el "33" de mi reciente listita de discos favoritos noventeros... Ahora lo escucho (mientras escribo esto) y les aseguro que quitaba media docena fácil para meterlo en el top-20 (el mal de hacer las cosas a lo bestia y sin miramientos por el autoengaño ese de "lo hago como me caiga y mi subconsciente, que no se equivoca,  hará el resto"... y raramente funciona eso, no nos engañemos) . Diez canciones  "todo singles" donde el tan honorable músico se las apaña para poner todos sus activos en danza en mayor o menor grado... y no veamos todos a qué nivel, la madre lo facturó. Prima la inmediatez, claro (ahí tienen los tres emblemáticos y directísimos singles, más otras como "Fortune teller", "Hoover dam"  o la tan amable "If i can't change your mind"), pero el tono arrastrado de la cojonástica "Slick" y la incompasiva y continua "The slim" -donde más recordamos la procedencia, la banda madre del músico-, más el plus de las enormes piezas de apertura y cierre ("The act we act" y "Man on the moon", al respective) , acaban por configurar un señor discazo. Y si, siempre he visto cierto expolio a pixieland en el inicio de su harto putámica "A good idea" (ese bass y esa entrada de segunda guitar... ) pero me la trae mucho más que lironda ello... Además, segura y precisamente sean los -tan admirados también- Pixies los primeros interesados en no pasar cuentas de las de "quién coje algo a otro" con Mr. Mould de por medio... Para devorar hasta la extenuación (disco y banda), en resumen y sin más. Y fin.

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