miércoles, 16 de diciembre de 2015

LA DORADA COMPILACIÓN PURPÚREA CANTA LAS 40

¿Saben ese mueble esquinero que, por alguna razón, siempre ha estado en casa materna desde que uno tiene recuerdo soportando impasible el continuo desfilar de años, lustros y décadas?... Y es curioso porque, es de buen suponer, todo o poco menos habrá cambiado alrededor desde la bisoñez propia pero, mira, el muy cabrón se las ha apañado para seguir ahí donde todos sus decorativos/funcionales compañeros han acabado cayendo (sea en el olvido o literalmente). Pues atendiendo a eso, y haciendo un rápido ejercicio de extrapolación garrafera, les explico ahora que si dicho mueble fuera un disco en el piso que me viera crecer y que todavía habita mi señora madre, sería ello sin margen a duda existente el puñetero "24 Carat Purple". Tal cual.


La importancia de Deep Purple en la historia rockera es algo tan inabarcable que mejor ni arrancarse con ello de lo puro obvio (nos ha jodido). Sin embargo, aunque la "batallita" habitual al recordar "la primera vez" con DP suele girar sobre lo mucho que impactó,  a quien toque, "Machine head", "In rock" o/y el puñetero doble live japonés (con dichos tótems como ejemplos recurrentes de los varios posibles, claro), servidor se enganchó y mucho a esta banda por culpa del artefacto que hoy vengo a referir... "24CP", que es básicamente el "best of" (el primero de los cuarenta millones que debe tener la formación) de EMI editado en 1975 (que lo hicieron aposta para que coincidiera con el año en que me parieron, indiscutible ello) con quienes ya habían firmado "Stormbringer" el año anterior y el pelín -para mi, al menos- ninguneado "Come taste the band" para la misma temporada. Esto és: EMI metiendo mano a la etapa Warner, la más sagrada del legendario combo (70-73) y con su alineación más mentada y recordada de siempre... Fácil suponer, finalmente, que en claro ejercicio de reflotar el buque en ventas y de cara a inminentes "tourismos"/conciertos varios (que al salir esto ya no están Blackmore ni Gillian, y hasta a Glover lo tenemos de excedencia).

El tracklist del álbum en cuestión es un escándalo. Pura historia rocanrolera cada maldita piedra del camino. Y aunque siendo ésta la primera vez que escribo (en exclusiva, sin formar parte de otro posteo y como de pasada/referencia) sobre Blackmore, Lord  y cia en el espacio lo suyo, probablemente, hubiera sido empezar con alguna de sus masterpieces habituales, al repasar dicho listado de canciones se me pasan todas la tonterías y tontunas juntas y a la vez... "Speed king" de In Rock, "Strange kind of woman" y "Fireball" del disco de mismo título que la segunda, "Never before" del Machine Head, "Woman from Tokyo" de Who Do We Think We Are, rematando con la visita al Made in Japan para "Smoke on the water" y "Child in time" y el outtake (en primicia primiciosa mundial) del mismo sarao que no deja de ser la -por otro lado- no menos icónica "Black night". En resumen (es lo bueno que tiene tratar algo tan putámico y vox populi... a qué más vueltas):  imparable colección de dardos que alimentaron mi niñez-adolescencia de forma continua y siempre más que bienvenida. 


Y es por todo ello, al fin, que aunque ya corrían por casa varios de los discos clásicos más reconocidos de la formación, -recuerdo aquí que tengo un hermano trece años mayor-, en su inocente y cándida edad del pavo servidor de uds se quedó prendado para siempre de esta dorada y eternamente ajada portada del vinilo que hoy recuerdo... Y que reencontré hace menos de un par de semanas en visita al nido materno, encima un armario y mientras trataba de encontrar otro disco que, por supuesto, no encontré... Y ahí lo deje de nuevo al "Carat Purple" de marras, cómo no, que esa es su casa. Siempre lo ha sido. Como el mueble-columna esquinero del teléfono. Y estuvo bien la cosa: nos saludamos como los viejos amigos que somos, le dije que ahora tenía una hija de casi cuatro años y se alegró mucho, y quedamos en llamarnos para ponernos al día... Después, al rato, caí en la cuenta de mi descortesía al no preguntarle a su vez por sus ocho hijos... Pero, qué cojones, tampoco es que trascienda mucho ello, la verdad... Y es que ya se como están y estarán: Gigantes, como siempre. 


martes, 15 de diciembre de 2015

UN LUSTRO SIN BLACKIE

Repasando fechas y aniversarios descubro que un 15 de diciembre nos dejaron, entre otr@s, gente de tanto relumbrón y tan aquí admirados siempre como el sinpar Sr. Laughton o la inolvidable Joan Fontaine. Sin embargo hoy, por aquello de lo redondo del número, recuerdo especialmente al gran Blake Edwards en el quinto aniversario de su muerte y, desde luego, no se me ocurre mejor manera que hacerlo con la tan dramática como imprescindible "Días de vino y rosas" y esta escena donde Lemmon, directamente, revienta el "talentómetro" ya del todo en su arte y oficio... Mucho más que aquellas adorables comedias sixties, más o menos sofisticadas, nos dejó Mr. Edwards (creo está claro). Su brillante acidez o/y mala leche, explícita o sumergida pero siempre presente, ni debe ni caerá en el olvido. Nos siga descansando en paz y gracias siempre por tan disfrutable legado.


jueves, 10 de diciembre de 2015

SUPER 8 Y SU CÓSMICA VIGENCIA COJONÁSTICA


Puede que de forma algo inconsciente, "burraica" si prefieren -y aún teniendo de siempre en considerable estima al artilugio-, tenga algo infravalorado por defecto este estreno planetario que tantas alegrías nos diera a muchos por allá el verano del 94 y en adelante...

 La razón principal de ello, así a salto de mata, que se me ocurre se bifurca en dos:  a) Para mi, en base a querencias propias, la banda alcanza el pleno de su sonido y discurso con la posterior dupla del "autobús" y el "desplazamiento" (nunca me han convencido y llevado al huerto más que con lo alcanzado en esos discos); y b) lo que denomino el "efecto Pop"... y aquí media explayación. El primer disco fue (y és) en no pocos momentos un festival de distorsiones guitarrero-psicodélicas del caerse de culo que no despreciaba en absoluto la melodía y, a su vez, lograba que uno -o a muchos nos pasó vaya- le importara un millón de infiernos la brocha gorda de las letras o que a J no se le entendiese nada -directamente- a veces. Esto es: lo que tenía de bueno lo era tanto que hacia trizas lo que de malo/peor se le quisiera o pudiera encontrar. Sin embargo tenemos aquí un ejercicio de esos del "enemigo en casa"... Dicho estreno contenía su hit-single "Qué puedo hacer", lo que sumado a "Nuevas sensaciones" -de regalo con el cedé- y la buena acogida del sector indie para con "Mi hermana pequeña" del EP "Medusa" del año anterior a su estreno de largo, hizo que el segundo LP, "Pop", fuera (aún a pesar de su lisérgico tema de apertura que se queda como despistante anécdota) un compendio de ese tipo de discurso... Si, para mi "Pop" ha envejecido francamente mal. Demasiado "tontorrón", demasiado "tan típicamente indie" como los entonces incompasivos entes firmantes del Ruta 66 afirmaban... Demasiado avezado al teenagerismo pajillero o al egocentrismo sin fronteras del primer veinteañero que, por lo general, sabe de todo sin saber prácticamente nada... Y no son malas (que tampoco la releche, ojo) canciones/cosas como "Aeropuerto", "8" (aunque su letra sea el paradigma de la sobreingestión de azúcares) o "Una nueva..."... Pero ese tono general de "siempre/nunca", "todo/nada", de "qué especial que soy y lo és todo lo que me pasa" pues, con el pasar de los años, carga (por lo ramplón) y hasta aburre (por lo tópico), la verdad. En resumen, y dejo de hacer sangre ya, un trabajo que solo tiene sentido a cierta edad de la vida y completamente transitorio y rendido a ello (dos, tres o hasta cuatro ok -que hasta molan en esa medida, si-, pero un álbum prácticamente íntegro de "nuevas sensaciones" es lo que quería su público de los 40 pero, a la postre, siempre lo he visto como el punto más claramente prescindible -y barato- de su carrera)... Por suerte, el par que seguirán son algo muy distinto y, por supuesto también, el que precede aguanta sin demasiados pesares al Carbono 14, superadas ya el primer par de décadas de existencia.  Y con él es con el que nos vamos y quedamos a continuación.

"Super 8" debe ser, no creo me equivoqué y por una u otra cuestión -sin olvidar aquello de "lo generacional"-, el disco de rock cantado en castellano que más veces he escuchado en la vida (quizá de la mano con "Chantaje emocional" de Polanski y el Ardor, pero eso es muy distinto y ya si acaso lo dejamos para otro día). Colega constante y fiel que encabía sin demasiados pesares entre mis compulsivas (enfermizas, seguramente)  escuchas de Dinosaur Jr y Sonic Youth, cuando todo el mundo alrededor parecía volverse loco con aquello del brit-pop (que nunca será, me temo, especial santo de mi devoción... al contrario, según cómo). La reverberante guitarra distorsionada, de insecto marciano agonizando en los bafles, abriendo "De viaje" es algo icónico para mi. La pista de bajo de May y la batería de Paco son del tocarse sin más  (y ya solo por esto les quedo en gratitud por siempre a pesar de su exigua trayectoria en el total de la singladura del combo),  la potencia guitarrera y variaciones (y desvariaciones) mil de los omnipresentes Florent y J sumado a lo invencible del reverso melódico acaban por configurar una presentación, un "aquí estamos", de imposible mejorar. Siempre grande, siempre magnífica, que podría ser mejor que estar siempre con ella por galaxias infinitas y tal, vaya... (y acostúmbrense cuanto antes a los "siempre" y los "nuncas" para con estos primeros pasos planetarios, claro). "Qué puedo hacer"... Si, es fetén, claro. Que nadie se despiste con parte de lo contado en el anterior párrafo. Además media la comprensión, es de ley reconocerlo,  de que si no hubieran hecho algunas de éstas no se hubieran comido una décima de lo conseguido. Y, como también apunté antes, dos o tres situadas estratégicamente en el disco sientan francamente de cojones y resultan un subidón más que agradecido (es el abuso de ello, como tantas cosas en la vida, lo que me estropeará el guiso para el siguiente disco -amén que ahí no haya ninguna que se le acerque a ésta ni en la peor borrachera de la vida-). 

Pero es ahora, definitivamente y al tanto, donde (me) viene lo realmente enorme de éste álbum... A excepción de "Jesus" (que para más narices es mi canción favorita de siempre de estos Planetas más eléctricamente vivaces, directos y sin ambages), entramos en una dinámica de falsos medios/lentos tiempos recargados de estática, que utilizando a su manera el discurso loud-quiet-loud que los adorados Pixies mejoraron del Gun Club en los últimos ochenta le da a este disco esa aura tan maravillosamente lograda y única... Algo así como escuchar a los Galaxie 500 y la familia sónica de Thurston y cia a la vez, y tan ancho me quedo pues así lo veo (y escucho) de siempre. Y, al loro nuevamente, que cuando se vuelven a salir del patrón es para generar ese "Desorden" que, de alguna manera (y dejando constancia que es top-3 inamovible de la formación para el menda junto a "Anuncio para coches" y "Parte de lo que me debes"), es como una pista "proto-autobús"... Ésta sí tendría que haber sido para mi el modelo sobre el que edificar la continuación inmediata de "Super 8"... Hubieran vendido menos, sin duda, pero el mentado "autobús" hubiera llegado mucho antes, para solaz personal. El sufrimiento adictivo de "Si esta bien" y la famosa "Brigite", el hipnótico masaje voltaico de "10000" que siempre me hace pensar en los queridos Yo La Tengo de "Painful" o el melodrama de "Estos últimos días" con ese final tan bonito de guitarras que tiene la cabrona... Muchos activos, está claro. Y todavía nos queda el susurrado/colgado "Rey sombra" y su perezosa melodía que se te engancha una y, en efecto -aún contradiciendo su significado en la canción-, "otra vez"... Y para el final ya, cómo no, la tremenda "La caja del diablo" que nos regala parte de lo mejor de casi todo lo que la precede en sus más de nueve minutos que, posiblemente, alejarán a los fans (en exclusiva) de "David y Claudia" o "Punk" pero dejará testigo por siempre de la entidad y calidad de esta formación... Otra clase "de viaje", sin duda, menos bonito y recordado de primeras que el otro, pero igual de necesario y nutritivo, en definitiva, al ser medido y contrastado por ese juez infalible que es el tiempo. ¿Algún pesar ya con la peli acabada y las luces encendiéndose en la sala?... Bueno si, uno hay, pero solo uno... "Nuevas sensaciones" ya me parece genial como sencillo, está claro, pero a "La casa" había que hacerle un hueco en "Super 8", por el amor de todo... Maravilla de canción e inexcusable cagada dicha exclusión para mi (esa bass guitar otra vez...).


En resumen: pasados esos veinte años (más el de propina) "Super 8" me sigue pareciendo un disco muy altamente recomendable... "el disco de rock cantado en castellano que más veces he escuchado", en efecto. Y, miren que les digo, muy orgulloso de ello además. Qué narices.

lunes, 7 de diciembre de 2015

OTIS, LA VIEJA EUROPE Y LOS HIJOS DE UTAH DEL "OLMIUSIC"

Me consta que ya parezco el hace bastantes años finado humorista gráfico Perich con sus exacerbadas chanzas (sin cuartel) a Perales, cambiando (eso si) el objetivo de mis ataques por la famosa web de caracter enciclopédico Allmusic y ese suyo ponderar las cosas -estrellitas de turno mediante- tan a la brava y ligera que me cruzo con no poca asiduidad en dicho lugar... Y es que a ver, vamos de cara y a por todas, lo de hoy ha sido muy strong y completamente inexcusable, brothers and sisters... ponerle 3 estrellitas sobre 5 al "Live in Europe" de Otis es para cagarse ya en algo muy seriamente  y tal (por lo menos en base a cuentas propias). Es de cinturón negro y siete dans en "merlucismo gratuito en pista indoor", y más allá...


Como ya es sabido por algunas buenas y malas gentes que me conocen para mi el más grande ever, el mejor cantante y mejor voz (y sea de soul, rock, death metal húngaro o techno-lambada acústica), será por siempre jamás su souledad Sam Cooke. Esto es así y en mis querencias no se le acerca dios o demonio en lo suyo (que es "cantar", básicamente). Pero ni tan siquiera un fan irredento y mal lechoso como quien suscribe puede, en las últimas, negar que hubieron unos pocos elegid@s que, en efecto, pueden sentarse a su mesa... O, si se prefiere, cuya comparación, y aunque comparación solo sea, no me deviene un insulto y falta de respeto galopante para con el hacedor de "A change is gonna come". Otis, como James o Aretha es uno de los casos más flagrantes. Evidentemente. Si, hasta para alguien que preso de su repelencia y biliosismo sin fronteras como el menda no deja (ni dejará) nunca de afirmar que buena parte del éxito de Redding pasa por el expolio desmedido -mayormente en sus inicios- al catálogo de Sam, resulta a la postre cristalino ello (además, conviene reparar en lo lógico del asunto por el  tan temprano óbito... que tampoco le dio tiempo a tanto, y la que lia igualmente el puñetero con el tan cruelmente breve del que dispuso). Es lo de siempre: lo tozudo de la puta y dura realidad, en resumido resumen. Porque este hombre que nos abandonó a unos tan tempranos veintiséis deja en la historia, y al entender propio, un vacio tan abismal que la lista entera de los cacareados y también finados con una añito más del rocanrol no acierta a llenar ni en su décima parte... Y me sabe especialmente mal por el tan admirado Jimi -por el que mato-, pero así (se insiste) lo siente uno. Bien, dicho todo eso, es cuando además les suelta servidor ahora que TODO lo de "esas gentes" (los mentados y algunos que otros más) que me he cruzado hasta fecha presente en "live mode" me sabe, infaliblemente, a puta ambrosía destilada en el alambique secreto de todo el maldito santoral al completo. No hay estrellas en el cielo para puntuar esos discos en directo... qué más que meros "discos" son documentos históricos por derecho propio, joder. Y, cómo no, "Live in Europe" de Otis, los cojones treintaitrés va a ser la excepción. 

La cover de los Stones no tiene desperdicio, y aunque más justita me parece la de los Fab-4 (lo cual, particularmente, me parece lo más lógico de la vida a poco se analice un mínimo) Mr. Redding sale airoso sin excesivos pesares o sudores.... Están "My girl" de Smokey y "Shake" de Sam atacadas con el delirio y/o la fuerza que corresponde a cada una. Esa "I can't turn you loose" por el amor de todo lo querible (y supongo va reparando todo dios, que por obviado lo dí, en los nombres de las canciones que aquí se vienen refiriendo o citando llegadas estas alturas)... La apertura con "Respect", el pandemonio de la despedida con "Try a little tenderness"... Escandaloso sin más. Y, claro, los pelos escarpiados ya del todo para su "These arms on mine" que ya hacen la colección completamente memorable y disfrutable a la par aún sin siquiera haber mentado todavía la puñetera "I've been loving..." de las narices. En fin, que "tres estrellitas" a esto, si, desde luego... Y después, sin ningún miramiento o pesar, te calzan cinco, pleno, a cada medianía/castaña neomilenaria  que es ello como para caerse de nalgas un mucho sino ya del todo... Por no ir a posibles ejemplos más humillantes/sangrantes, sres/sras de Allmusic: ¿de verdad que si algunos de los White Stripes o el estreno de las monas árticas son discos "five stars" para uds, el "Live in Europe" de Otis Redding se queda en three?... Ojo al tanto!, ¿qué es eso que parece se va volando por la ventana?... ¿es un pajaro?... ¿un avión?... No !... És su maldita credibilidad !! (desgraciaos, incluso).

Pd. Ya puestos, ni que sea por ser la última grabación, y aunque "live" sea, del gran músico en vida y aún aceptando que, como en tantas ocasiones, tengan el gusto ahí donde la espalda pierde su nombre mientras los pepinos amargan... no sé... un poco de respect, cariño o algo, ¿no? (y aunque de seguidillas ganara el inolvidable Otis la champions en post-mortem, como el Cid).


"SHOOTENANNY !"... O EL LIBRO DE ESTILO DEFINITIVO DE Mr. EVERETT


Que en este antro se es fan, y mucho, del Sr. Mark Oliver Everett (que es lo mismo que decir Eels) es algo que ya se ha tocado en diversas ocasiones. Vaya por delante el especial que se le dedicara aquí tiempo ha (en el que debiera incluirse algún tipo de anexo por realizarse antes de su todavía última -y magnífica- referencia en estudio) y, por si poco resultase tamaño ladrillo, añado porqué sí la reseña que realizara servidor para el Exile SH Magazine (también hace un tiempo) del que por siempre será mi disco favorito suyo en particular y uno de los predilectos ever, y ya directamente,  firmado por quien quiera dios que toque al generalizar: el primordial e impagable "Electro-shock blues" de 1998.


Ello dicho y por otro lado, me ha parecido hoy, ya iba siendo hora de hacerle justícia en la casa al disco de cabecera de entrada. La razón más importante y significante de ello me resulta el que estamos ante su, y claramente en base a gustos propios, segunda mejor referencia. Para cerrar el podio, el top 3, me temo que más allá de los logros futuros que puedan darse, -los que nos pueda regalar Mark-, la pugna entre su castillo parido durante años y años de erosión creativa a fuego lento ("blinking lights") y la maravillosa fantasía pop-folk con ecos a la infancia del tercer disco con su desfilar de cascabeles y xilófonos ("daisies of the galaxy"), nunca me dejará en remanente un vencedor del todo claro... Ello (la tremenda enjundia de esos dos álbumes -y obviando aquí un considerable etc.-) sumado al nivel habitual, excelso, de nuestro mayormente barbudo prota de hoy cuya única bajada de pistón se encuentra en sus dos referencias del 2010 (especialmente en "tomorrow morning" donde, cómo no, se puede encontrar igualmente algún que otro tema de desbordante calidad), logra generarme siempre un mérito de "extra bonus deluxe que te cagas" llegada la hora de evaluar este "Shootenanny !" del 2003.

El gran comodín, activo y triunfo de éste, el quinto elepé de la saga, reside claramente en su férreo e intachable balanceo. Todo "lo de Eels" aparece en "Shootenanny !" de una u otra manera en su mejor y más cojonástica forma... Y, desde luego, se acercarán "Hombre lobo" o "Wonderful glorious" en el futuro (par de fistros insaltables, ni qué decir) pero solo aquí (al modesto, pero harto convencido para el caso, entender de uno) tenemos la destilación absoluta y clavada de lo que se intuía podía lograr Eels desde el primer, y ya casi monolítico, disco. Tiene este trabajo un inicio con la electricidad marciana heredada del inmediatamente anterior -y muy notable- "Souljacker",  con la dupla formada por el blues de manual, aunque falsamente arrastrado por desarrollo, de "All in a day's work" y (claro) el morrocotudo y adictivo single "Saturday morning", que no en vano fue la careta de presentación del álbum. Pero atención, que vuelve la fantasía melódica sin miramientos (y orquestación clásica y todo de ser menester) del primer y tercer disco con "The good old days", "Wrong about Bobby" y la final "Somebody loves you" (imbatible hat-trick !). Bombástico también el doblete  que se monta el tio con las emblemáticas y vivarachas "Rock hard times"y "Dirty girl"... Y mención aparte para "Lone wolf", una de mis canciones por siempre del barbas (que debió haber sido single y número uno hasta el infinito y beyond para quien suscribe), está claro. Y si para la reposada "Restraining order blues" vuelven fugazmente los pelos escarpiados del segundo disco en "Fashion awards" le da la consabida vuelta tuerquera de más con ese falsete que el canalla se saca del badajo. "Love of the loveless" (tremenda) y "Agony" siguen, a su vez, también con la linea de producción de "Souljacker" pero, en esta ocasión, por lo tocante a medios y lentos tiempos respectivamente (y mucho ojo al transcurrir de la segunda con ese final de peli "neilyoungera" con guitarra reverberante). Lo que, ya finalmente, nos deja en cueros y de cara ante la preciosa y desarmante desolación de una "Numbered days" que es una de mis tres canciones predilectas del artista... en el día que peor me cae. "Song of the life" absoluta de esas para mi en resumen postrero (y para no alargar ya más).


Y hasta aquí. Hasta aquí el vademecum definitivo (hasta que lo contrario se demuestre, al menos y como todo) del mundo "Everett/Eels" que oferta y consigue, más y mejor que nunca -recalco y reitero-, el cojonástico "Shootenanny !" de marras. Qué aproveche.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL AZUCARADO E INDISPENSABLE COBRE AZUL DE MR. MOULD

Por supuesto que hay que agradecer, y mucho, a David Barbe y Malcolm Travis los servicios prestados (tremenda base rítmica a degüello y sin contemplaciones) pero, lógico, decir Sugar -la banda- es como decir T. Rex o Eels (por ejemplos rápidos de incontables posibles): un eufemismo escondido detrás de un ente creador único y acojonante a todas luces y sombras.


Bob Mould no es meramente "bueno", ni "mola", ni "está muy bien"... Este señor es un elegido para la gloria y tal cual. La importancia -e influencia- de Hüsker Dü en la historia del rock guitarrero es algo nunca lo bastantemente reconocido (esta gente sacó el hard core del guetto como los Mats hicieran con el punk rock o, por qué no, Sonic Youth con su impagable noise de marras y el art rock), su carrera en solitario tiene tantos discos buenos que uno se descuenta fácil (y algunos, ojo, brutales hasta gritar basta) y, en medio de todo eso, todavía tenemos a estos tan esporádicos como tremendos Sugar que dispensaron un par de discos y un EP que son gloria bendita entre 1992 y 1994... Discos de culto, a pesar de su bastante reconocida y reverenciada condición, en no pocos lugares.


Tras partir peras con Hart (a los que los Posies dedicaron una cojonuda track en su "Amazing disgrace" y que, ya puestos, se marcó un discazo de narices hace un par de años que pasó casi completamente desapercibido -entre otras cosas, que el pájaro se las trae también-) y huyendo de la mayor oscuridad de Hüsker, y siguiendo desde la mayor tendencia melódica de su último studio album (el magnífico "Warehouse", si), Bob oferta lo más amable y accesible que jamás haya parido en esos tres años -más el pico- de gloria bajo la label Sugar. Y, por supuesto, de Sugar hay que tenerlo todo (hasta las caras B) pues, seguramente, nadie hizo "ruido melódico de manual" al nivel de esto en su década. Sorprende la mezcla conseguida de algo tan claramente rádio-formulable, y a la vez, tan igualmente provisto de la enjundia y la personalidad (e integridad) que conviene esperar del artista firmante de todas esas canciones. Y es que, sin tener nada en contra de Grohl (junto a Homme lo mejor que la rádio-fórmula rockera e inmediata -y facilona, cabe admitir- nos puede ofrecer desde hace bastante), siempre que escucho a Sugar no puedo dejar de preguntarme como Foo Fighters puede amasar millones y esto se quedo en las puertas del éxito masivo... No es que sean ligas distintas: es que no es ni el mismo puto deporte (superioridad azucarada incalculable y eterna). 


Su estreno, éste "Copper blue", sería seguramente y además el (y un) disco que le recomendaría hasta al diablo. "Una bonita colección de melodías", sí señor Mould, está claro. Pero mucho más que eso también. Uno de los discos más aclaparadoramente adictivos que he escuchado en la puta vida ésta. Tal cual. Y yo, gilipuertas de mi, lo puse solo el "33" de mi reciente listita de discos favoritos noventeros... Ahora lo escucho (mientras escribo esto) y les aseguro que quitaba media docena fácil para meterlo en el top-20 (el mal de hacer las cosas a lo bestia y sin miramientos por el autoengaño ese de "lo hago como me caiga y mi subconsciente, que no se equivoca,  hará el resto"... y raramente funciona eso, no nos engañemos) . Diez canciones  "todo singles" donde el tan honorable músico se las apaña para poner todos sus activos en danza en mayor o menor grado... y no veamos todos a qué nivel, la madre lo facturó. Prima la inmediatez, claro (ahí tienen los tres emblemáticos y directísimos singles, más otras como "Fortune teller", "Hoover dam"  o la tan amable "If i can't change your mind"), pero el tono arrastrado de la cojonástica "Slick" y la incompasiva y continua "The slim" -donde más recordamos la procedencia, la banda madre del músico-, más el plus de las enormes piezas de apertura y cierre ("The act we act" y "Man on the moon", al respective) , acaban por configurar un señor discazo. Y si, siempre he visto cierto expolio a pixieland en el inicio de su harto putámica "A good idea" (ese bass y esa entrada de segunda guitar... ) pero me la trae mucho más que lironda ello... Además, segura y precisamente sean los -tan admirados también- Pixies los primeros interesados en no pasar cuentas de las de "quién coje algo a otro" con Mr. Mould de por medio... Para devorar hasta la extenuación (disco y banda), en resumen y sin más. Y fin.

martes, 1 de diciembre de 2015

UNA MAÑANA NUEVA FOREVER


Es mi disco setentero favorito del Genio junto a "Street legal" y, por lógica y a partir de ahí, uno de mis elegidísimos de Zimmerman. Necesaria la premisa, pido se sepa disculpar, a fin de poder avanzar sabiendo todo cristo a que atenerse en adelante.

La grandeza de "New morning" es algo fácil o difícil de tratar de explicar al ir siempre ello en base del "dylanismo" del sufrido lector/oyente que toque. Seguramente una de las últimas razones de mi redención total aquí sería el ver o entender uno en lo musical, y en equilibrio perfecto, al "Dylan de antes" y al "Dylan de después". Y claro que el artista ha producido masterpieces a posteriori (es el fucking Bob Dylan, nos ha jodido), pero la evidencia -por la que me disculpo nuevamente- golpea de muerte certera a la hora de afirmar que si éste hombre es "dios" es por lo que facturó en los 60's y 70's... Y la "nueva mañana", finalmente, me resulta el crossover postrero, la bisagra indebatible, mucho más allá del mirar calendarios ya que, obvio, queda en mitad de camino. 

El contexto histórico y su reacción -la de Bob- hacia el mismo nos da, en cierta medida, la clave del sonido y sentir del disco. Cabreado con el mundo y la industria musical se sacude todas las pulgas con la autólisis comercial del "autorretrato" ya que no quería seguir siendo "una voz generacional" ni nada se le asemejase por mucha presión externa mediara (el estaba más por el "qué coño hacen matándose en la otra punta del mundo" que no por el "qué valientes nuestros bravos soldiers en Nam"... y se limitó a ser consecuente consigo mismo, jodiera  a quien lo hiciera). La leyenda ya era gigantesca y putámica entonces, ahí están sus discos/tótems sixties que le eternizan -enchufado y no-, la credibilidad como músico único (del folk al rock, del rock al country, de los changes a blonde, de blonde a Nashville... y vuelta empezar juntándolo todo), la fiesta con The Band... En fin, lo que sale hasta en las bolsas de madalenas. Pero, y siempre particularmente en impresiones, hay algo pegado por siempre de forma indeleble e inmejorable a "NM": la Libertad es, en efecto, el sentir predominante del álbum... pero no es la libertad de "vamos a salvar al mundo" de su barbilampiño primer lustro de singladura, no, es la libertad personal -tocando ya la treintena-  a lo que se canta y por lo que aquí se deja caer el músico. Y no es meramente un ejercicio de onanismo personal, ojo -"oh cuánto sufro, dejadme en paz demonios de la industria y demás tocahuevos"-, y es un disco buscado y muy destilado (a vueltas siempre con lo de que "self portrait" es en definitiva las canciones menos buenas de las sesiones de skyline y éste -cosa bastante discutible, bootleg de turno mediante-), si, pero en lo musical no se limita, ni mucho menos, a encerrarse en ese sentimiento apuntado... en ese sentir de amargura. Es más, en un ejercicio que auna de lleno sabiduría y pura genialidad, le da la vuelta por completo al calcetín: es muy variado en comparación a otras obras (frecuentemente mejor consideradas en dichas comparaciones), bastante e indisimuladamente alegre en melodías e instrumentaciones, y (para no alargar más) que, en cualquier caso, (me) genera siempre un sentimiento de "ya soy mayor, y ahora -en adelante- voy a hacer lo que me salga de las narices definitivamente"... sin necesidad de demostrar nada a nadie (atendiendo ello a vida y obra del "duluthero", claro está).  Ese es el tipo de "libertad" que se encuentra y se genera desde "New morning", la de un Dylan que se acuerda que también es peatón amén de elegido y se gusta y acepta como tal. De ahí (y recordemos lo de "siempre para el menda mode") su tono de celebración (maxime en lo sonoro). No puede ser casualidad los matices souleros con la Sra. Stewart o el desfilar de teclas... Joder, reparemos en el título del disco, mismamente, ¿qué mas hace falta?.  


El tracklist del disco no tiene fisura alguna. No veo a que darle mucha más cancha al tema dada la fama del álbum y del ente firmante. Es un 10 pleno y tal cual (eso es Ley). Además, ojo, es un disco que escucharemos y descubriremos muchas veces en la voz y arte de muchas otras gentes... Pero, claro, ni que sea fugazmente, por tener ésta "New morning" pues tiene... La alegría del tono de la célebre "If not for you" (esa harmónica hace salir el sol a su hora favorita de la noche), los teclados (los dos) de "Day of the locusts" tan magisteriales ("yeah !", of course), "Time passes slowly" que es primer Tom Waits antes de Tom Waits pero con esa guitarra que te mata (por pura clase atesora, la cabrona),  "Went to see the gipsy" que ya nos hace flotar del todo con lo de with music in my ears y demás (de las favoritas de este hombre, con la enormidad que ello supone), vals-midwest a la salud de Mr. Orbison (que es como para enviar -por enésima- al bosque a todos los cantamañanas que dicen que Robert no sabe  cantar y sandeces por el estilo) para la maravillosa "Winterlude" y, cerrando la primera parte, "If dogs run free" que es el reverso negroide de Zimmerman en slow burn más y mejor que nunca (o poco menos).

En el segundo acto nos topamos, ya  de frente, con "New morning" -the song- que detiene el tiempo en su recitar hasta su estribillo randynewmaniano del caerse... Todo dios en pie ahora para la preciosura de ribetes gospel "Sign on the window" que es donde, por no ser unos putos pirómanos enfermos y tal, se libran los del bosque del párrafo anterior de no morir calcinados en un incendio (pelos de corral gallinero entero por siempre con ésta barbaridad).  "One more weekend" es el bluesero puente a la línea del cielo de Nashville... Dejémoslo, para resumir, en que si saliera en  "sweetheart rodeo" hubiera colado de posible single sin demasiados problemas. "The man in me" es la canción que abre "El Gran Lebowski" (que ya con eso se sobra para ser intocable aún a pesar de lo de puta madre que és por si misma y propio derecho)... Otra para misa y punto. "Three angels" es un speech con parada y aderezo soulero que, efectivamente y se mire por donde se quiera mirar, te hace alzar la vista buscando ángeles dejando espacio, solo y ya finalmente, para la despedida con la brevísima "Father of night" donde queda (nuevamente) clara la ascendencia soular de muy buena parte del disco y se cierran persianas del todo.


Resumiendo: "Freewheelin'", "Bring", Blonde", "Highway", "BOTT", "Desire"... Lo que se quiera y más con este sinpar, y persisto en la mayúscula, Genio. Pero, por favor, no se mueva nunca a segunda fila por nadie , y aún sin salir del olimpo, a  ésta maravillosa "New morning" pues ese es también -y como mínimo, atención- su lugar para una serie de pájaros como humilde pero honesto (al menos con esto, vaya) servidor de uds. Y otra ronda de lo mismo para el también celestial "Street legal", faltaría.