viernes, 25 de noviembre de 2016

J MASCIS - "Several Shades of Why" (2011)

Con el en esta casa tan adorado bicho jurásico ya plenamente resucitado, y tras los pertinentes conciertos y giras a costa del excelso "Farm", se atrevía al fin Mascis con un disco que plasmaba, íntegramente, su faceta más íntima y acústica. De eso hace ya un lustro y, tan buena fue la experiencia (a cualquier nivel), que hasta espoleó a J para ofrecernos una muy notable continuación ("Tied to a star", 2014), con parada y fonda previa, eso si y cómo no, para el discazo de turno del hijo del dinosaurio. Sin embargo, por vorágines y prisas muchas de estos internáuticos tiempos que corren desde ya hace lo suyo, pienso que quizá no se prestó la atención que merece a ésta maravilla de las "Several shades of why"... Disco que pasa por ser el mejor con el nombre/alter propio del músico nos ocupa en su portada, que es abiertamente superior a su ya mentada continuación (que no por ello pierde su condición de más que recomendable, ojo con esto) y donde el melenudo y canoso "massachusettero" intentaba y conseguía llevarnos a esos lugares que solo parecen iluminarse bajo los eternos faros-guía de los Drakes, Mitchells o Elliotts... No parece poca cosa, desde luego, y básicamente porque no lo és. 


"Pero, a ver, ¿esto tío no era algo así como un superhéroe de la Jazzmaster distorsionada y fuzzeada hasta el infinito y beyond?"... O similiares, que se preguntaron en 2011 unos bastantes a los que este álbum pilló con la guardia baja... Fue ahí y entonces, claro, donde los acérrimos del músico (más allá de la encarnación que toque) nos hinchamos como pavos:  "sí, también es eso". Porque, prístino ello, en nuestra repelencia y vehemencia incondicional teníamos más que somatizado todo el ingente carrusel de "canciones bonitas", -y mayormente exentas de esa electricidad atronadora con el que tantos tenían exclusivamente ubicado a J-, que el tipo nos había regalado con la banda madre desde "Green mind" y en adelante (y sin obviar, jamás de los jamases, aquellos dos discos con The Fog ya en la bisagra neomilenaria).  


Ya desde la portada, obra de arte del diseñador Marq Spusta (el mismo de "Tied to a star", "Farm" y "I bet on sky") con obvios motivos "ende-morlaeros", uno intuía que esto podía ser algo muy burro... Y, caray y  joder al unísono, si lo era/és. Desde la órden inicial "Listen to me" hasta la postrera "What happened", Mascis alcanza su excelencia más sentía en demasiadas -DEMASIADAS- ocasiones, y en estos registros, para que "Several shades of why" sea meramente "un disco más"... De verdad y por favor, no hagan por la curra un díptico con "Tied...". Uno es un disco hermoso y muy bien parido que, en verdad, parece atado a una estrella, pero el otro, el que mayormente hoy nos ocupa y quede ello a fuego, es una "masterpiece" total que debe permanecer en las estanterías de toda casa de bien y junto a los mayores logros de aquellos tres genios/artistas que cerraban el primer párrafo del texto de hoy. Sin miramientos ni pacaterías medien. Ese es su lugar.


Y es que, seguramente, sea "Not enough" (que se te engancha desde la primera escucha sin solución posible) su "Freak scene" o "The wagon" acústica, si, pero es en la cadencia y sutiles arreglos del tema titular (lo comentaba hoy mismo en alguna red social, y creo no es la primera vez: "mi canción bonita por goleada en lo que de milenio va"), el descenso a la madre de todos los pesares para la tan "elliottera" y dolorosamente mínima "Too deep" o, faltaría, en la también impagable "Is it done", donde el talentómetro nos estalla en la morrera y en incontables pedazos. Pero también, al tanto y sin embargo, como tantas veces ocurre al extrapolar, es con el pasar de meses y años donde la majestuosidad y grandeza global de esta tortuga nos acabará derrotando de forma ya plena y definitiva... Cuando uno cae en la cuenta de lo muy adentro que ha calado el suplicante tono de ese tema de apertura ya mencionado y esa manera de repetir el título una última vez al cierre, la guitarra tan delicada como reverberante (puro cristal de donde las luces de Valle-Inclán) que nos despide "Very nervous and love", o la flauta con cierto deje "across the universe" que irá marchándose y volviendo en "Make it right", fundiéndose con la slide del pseudo-apadrinado, por parte de J, Kurt Vile (ya muy felizmente fuera de la coña aquella de los War on Drugs que nos la metieron doblada en sus inicios... durante unos diez minutos, eso si)... También tenemos la tan breve guitarrita saltarina que nos alegra  "Where are you", en uno de los pocos momentos "plugged" aquí a encontrar (y siempre de forma meramente anecdótica o plenamente complementaria, nunca protagónica, cuando ello ocurre), o ésta "Can I"  que es la más abierta y ex profesamente luctuosa  del lote... y donde, aunque a estas alturas todos tenemos claro que el Maestro Young es la más clara e indiscutible influencia de Mascis  desde siempre, se nos devuelve durante unos pocos minutos a aquel milagro que el canadiense logró en una de las B sides más hermosas jamás conseguidas por nadie desde su sacrosanta playa (ya tan lejana como jamás obviable). Para dar carpetazo final el canalla, eso si, hace sumar a la también ya antes referida "What happened" (y amén de los tenues arreglos de cuerdas y vientos de turno) unas cruelmente pocas notas eléctricas que, chiste privado o no, nos dejan el asunto, ya de forma definitiva, en ese altar reservado solo a los elegidos. Ese de los de limpiarle el polvo de a diario.


Moraleja: en estos "tiempos locos" donde tenemos nuestro disco más ansiado (lo mismo que la parihuela de turno que, meramente, nos "pica la curiosidad") desde un mes antes que aparezca en las tiendas, resulta bueno -y hasta sano- reparar a veces en que es mejor detenerse un poco... Que casi todo, la inmensa mayoría de cosas que vamos acumulando sin tones ni sones (solo por aquello del "porque podemos"),  no son al fin sino un montón de fugaces -y frugales- liebres corriendo y, de no ir con cuidado, corremos el riesgo de olvidar a la tortuga...  Y no les aburriré, aquí y ahora (ya en las últimas palabras de entrada), recordando como nos terminaba aquella fábula.


lunes, 10 de octubre de 2016

QUEMADO POR EL SOL (1994)

INTRO. Ya hace bastante tiempo que opino, desde la humildad más admitida y carente de postureo alguno (por lo menos en cuanto a intención), que "el cine europeo de los 90" merece un epónimo insaltable, digno de estudio hasta el fin y que, sea como fuere, debe figurar siempre  -subrayado, además- en la historia del cine toda ella. Tal cual. Como si de cualesquiera de las renombradas corrientes artísticas del pasado siglo se tratase: un capítulo del medio/cine que puede aunarse y reivindicarse de ser necesario, en bloque y yendo más allá de denominaciones geográficas de origen más concretas (por variedad, calidad y cantidad manifiestas... sin más). Durante un tiempo albergué la duda por aquello de que todos magnificamos, o tenemos cierta tendencia natural a ello por defecto (y se admita o no), lo que nos toca por generación... y también es cierto que, si se admite la premisa dispuesta, no nace ello por combustión espontánea ni mucho menos (hay un caldo de cultivo innegable, durante las dos décadas anteriores, que asientan las bases para que ello se de -en verdad muchos, o prácticamente todos, los "nombres" más recurrentes eclosionan de pleno en los 90 pero tienen, en efecto, un "background previo" como bastante importante-). Pero se mire por donde se quiera, y finalmente, no queda sino caer en lo obvio de que joyas tan diversas y sugerentes como "Europa", "La mirada de Ulises", "Underground", "La madre muerta", "Juego de lágrimas", "El secreto de la isla de las focas", "El ogro", "La vida es bella", "Stalingrado", "Cafe irlandés", "Before the rain" o "Delicatessen" (más que considerable etcétera), ofrecían y ofrecieron una dorada y altamente plausible alternativa a las manidas  superproducciones de Hollywood (que, al tanto, no de todo el "cine americano", así a granel e importante matiz) que ni puede, ni debe, caer jamás en el olvido... Que tampoco es una opción ello, claro, también obvio y puestos ya a decirlo todo. Y es, por supuesto, en dicha categoría/contexto donde, al fin, debe encaberse (de pleno y por toda la escuadra) ésta maravilla del ruso Nikita Mijalkov que responde por "Quemado por el sol". Film (peliculazo, si prefieren y en verdad) que es bastante recordado por agenciarse el "oscar extranjero"  en su momento y que, para resumir -qué duda cabe-, ofrece algo que va mucho, muchísimo, más allá. 


"SINOPSIS PRESTADA". Un condecorado y reverenciado héroe de guerra disfruta de la compañía de su familia en un tranquilo día estival, cuando de pronto recibe la visita inesperada de un hombre al que no veía desde hacía años. Conforme transcurre el día y se acerca la noche, el coronel descubrirá el verdadero motivo de la visita. Lúcida denuncia de las purgas stalinistas.

A FAVOR. El propio Mijalkov  se agencia el carismático rol principal (uno de los dos) del Coronel Kótov y, por no perder el tema endogámico del asunto o algo, utiliza también a su propia hija en el entrañable papel de la inocente Nadia. Brutales las escenas entre ambos, sobretodo (obvio) una vez se "descubre el percal"... se ruega mucha atención con esto que notarás te agarran las entrañas y te las retuercen a voluntad (avisados quedan). Entre el carrusel de personajes restante  (que no falte el viejo verde, los militares peones, las viejas chismorreantes, etc.) mención especial para Ingeborga Dapkūnaitė y su Marusia (papel más que trascendental para la trama y sus circunstancias) y, especialmente, para el co-protagonista Oleg Ménshikov y su Mitya con ese implacable deus ex machina de manual (la devastadora en lo emocional "escena del cuento" no merece más explicación para quien conozca el film... ni necesitará anuncio alguno en absoluto quien quiera dios se acerque al tema por ver primera -"cuando ocurra lo sabrás", está claro-). La estructura narrativa del film, sujeta firmemente por dos breves y muy crudos flash-forwards a modo tope de libros, es igualmente intachable (faltaría). Lo que nos deja ya el camino prístino, expedito y acendrado (con perdón, que me he pasado y me consta) para deleitarnos con la magnífica pericia visual que gobierna el film... El contrapunto de lo idílico (entre los pastorales exteriores que parecen beber directamente de "Una partida de campo" y la calidez -a todos los niveles- de la vivienda donde transcurre casi todo el film) y la oscura trama creciente que subyace, funciona, sin mácula ni puñeta a encaber, durante todo el metraje dispuesto. Y, al tanto, que prescindo (aunque escueza) de señalar más secuencias concretas... los fuegos fatuos, toda la inolvidable secuencia del coche, la cara ensangrentada y el llanto, el momento revelación en off donde no necesitamos se nos explique una hez ... Que no, que no (quiten), que "prescindo" de ello y punto. No acabábamos. Directamente.

EN CONTRA. Es de esos casos, adivinaron bien algunos (supongo), donde la "nada" más rimbombante hace presencia. Más allá de lo redicho del oxímoron (que siempre queda muy cool pero es en esencia baladí -sigamos de "palabros", que no pare la fiesta-), he leído alguna reseña donde se denuncia/señala lo que le cuesta al film activarse en cuanto a su trama y razón de ser argumental... Error, muy sonado y siempre desde las cuentas propias. Tan siquiera usaré, para la ocasión, lo tan sobado del "fuego lento" o el "ritmo creciente". Queda corto ello. Realmente la historia, el largometraje, necesita ese empaparse en la cotidianeidad de la dacha rusa que focaliza el contexto visual... Aquí alguien se acordará de Renoir o Fellini (o hasta lo llevará a ese eco en el tiempo que Kusturica atrapa al vuelo, ya de una forma mucho más cercana en cronologías), por la curiosa galería de personajes presentados, la candidez campestre que con tanto denuedo se logra o, cómo no, el costumbrismo por bandera que parece enarbolarse durante casi todo el metraje. Sin embargo, dejando "sacadas de chorra" al margen a la hora de mentar evocaciones maestras (que además inciden básicamente en lo visual -que es mucho pero tampoco todo-), es en el sustrato de "mal rollo", de venganza (disfrazada del "ismo" ideológico de turno, pero la vieja venganza mezquina y recalcitrante de siempre al fin) cocinada de forma tan fría como premeditada, donde Mijalkov  nos derrota y estremece sin remisión.


CONCLUSIÓN. Fantástica labor de este "hombre de cine" (su hermano mayor co-guionizó "Andrei Rublev" con Tarkovski, por si hay algún demandante de curriculos en la sala o algo) que aprovecha el amplísimo crisol de fondo de la Revolución Rusa -con los bolcheviques, los ejércitos de distintos colores y las ulteriores "purgas"- para montar un relato personal e hiriente hasta la médula, donde comedia, intriga y drama se hacen hueco, regalando por el camino no -precisamente- pocas escenas que no hay rey o zar nos las pagué en este puñetero mundo... Y, sobretodo (aplausos por doquier), ese no presumir nada para con el espectador. No se te lleva de la mano. Que cada uno elija a "su bueno" y a "su malo"... ¿Ës tácito que un coronel, por carisma posea y simpático nos resulte, se retire en la paz campestre con toda la colección de ingentes cadáveres que quedan a sus espaldas? (trasciende a bandos y bandas ello, claro qué sí), ¿y el otro?: ¿acaso es mejor utilizar ambages políticos para alcanzar un fin egoísta y vengativo, por mucha amargura o hasta razón se nos cruce?. La manera en que Mijalkov  pasa por encima de los mentados bandos buenos/malos en la Historia para centrarnos en una historia (atiéndase al cambio a minúscula) de seres humanos, con todas sus miserias y alegrías, deja muy atrás lo meramente notable...Casi tan atrás como la enseñanza postrera a extraer (primordial) que aquello tan recurrente siempre de barrerlo todo -en estos casos- bajo la gigantesca alfombra del "es tiempo de guerra" puede funcionar, fatal y ocasionalmente, como adagio al que agarrarse pero, al fin, no es sino maquillaje del más barato al enfrentarnos a dramas concretos y (e insisto) personales como los que "Quemado por el sol" nos propone. Un 10, para mi indiscutible.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10


(NdelA. -con permiso-. Me dijiste una vez Pedro, -y quizá no lo recuerdes que nos gastamos ya una edad tú sobretodo-, que, de todo el cine que habías visto, el ruso era el que preferías por encima de cualquier otro... Y mira que me jode horrores dar la razón a alguien cuando lanza estas andanadas, -y no es el menda quien las suelta, claro-, pero, con films como el que hoy nos ocupa de por medio...  pues no seré yo quien te reproche nada al respecto, en absoluto y vaya).

viernes, 16 de septiembre de 2016

REIVINDISCABLE: "Set the twilight reeling" (1996) y "Ecstasy" (2000) / LOU REED



El próximo octubre se alcanzarán los tres años (ya) del óbito del Genio. Y aunque, es cierto, su obra de estudio estándar (sin colaboraciones ni mandangas variopintas medien) se aparcó, finalmente y del todo, en el último año del pasado milenio, demasiado me temo que a colación de éste hombre nos falta vida, directamente y a un sindiós de personal, para dejar jamás de echarle en falta... Esto es así. Y si bien la veracidad de las cosas que genera el tiempo, en retrospectiva, es fría y devastadoramente feaciente, no por ello pierde en momento alguno su condición de (igualmente y/o por lo menos, siendo pacato, "a veces") cruel... Veamos, ahora -cuando la parca ya ha hecho lo suyo- es fácil cuadrar libro de balances (datos ya definitivos en mano), y así, para el caso nos ocupa: "éstas son sus masterpieces; ese disco está sobre/infravalorado (siempre en perspectivas del juez que toque, obvio); tiene esta etapa que tal cosa y esta otra que no se qué"... Vale, ok y lo que sea (son cuatro décadas de paso de artista, que cada uno libre su propia batalla con ello). Sin embargo, quisiera echar la vista atrás un segundo, unos muy pocos años atrás ya nos valen... Y desde ahí: ¿quién, de entre sus admiradores (en distinto grado si se quiere), no hubiera recibido con dicha una nueva referencia, -de esas "estándar" que referíamos-, de Lou?... Volviendo a la actualidad, y por ejemplo, uno sigue esperando con esperanza, valgan redundancias y sea ello justificado o no, ese último baile de los Randy Newman o Tom Waits (sudando mucho de la edad que rece en pasaportes, ni qué decir). Y así, tal cual, que estaba uno (en ese preciso estado de ánimo), por lo referente al bardo neoyorquino en el momento de su desaparición... ¿Y a dónde se pretende llegar con todo esto?, paciencia que a ello vamos... Pues, básicamente, a dos puntos concretos: por un lado Lou Reed nos seguía manteniendo ávidos de nuevo material a un ingente considerable (seguía siendo necesario, aún así en su versión menos lozana y salvaje -que la sabiduría es innegociable en definitiva-) y, también (pues también es algo que se genera desde su adiós postrero), el hecho de lo dañino me resulta ese gélido considerar en base a los "balances" antes referidos (más, y tan artero, cuando atacamos a algo/alguien tan admirado)... Que la historia nos la cuentan unos cuantos siempre y, por ello, se crea acervo de la mera opinión (y da igual lo calificada nos resulte... "opinión", subjetiva siempre y al fin), cosa que, en resumen y para no alargar (más): no mola nada. Los historiadores/críticos/plumillas ya han hecho su "recuento" y, en adelante, cuando algún barbilampiño teenager, o post-teenager de veintipocos,  requiera guía externo para ponderar la descomunal obra del artista, se verá perdido en un mar de estrellitas y puntuaciones que, adivinaron, siguen siendo "mera opinión" (guste o no de admitir a quien proceda). No parece muy justo, y aunque además (claro, sí y en efecto) sea al fin algo perfectamente extrapolable a muchos artistas y gentes ello. Así, que esto sería un poco el tema, lo que vengo a reivindicar (si "reivindicar" con alguien de este calibre es posible -se admite lo ridículo que a alguien pueda resultar ello sin problema, vaya-)  es la poca consideración y postergación (generalizando, pero es lo que hay) de ese par de "ultimos bailes" de Reed: "Set the twilight reeling" (1996) y "Ecstasy" (2000). Dos discos que, por supuesto, gozan de bastante alta admiración/consideración en casa propia.


Mucho, puede que todo -y por todo lo ya aquí vertido y más-, esté perfectamente explicado y documentado desde su obra y biografía "oficial". Pero, yendo de meollos, lo que raramente se verá relatado en lugar alguno es lo de putísima madre que se lo pueden pasar aquellas gentes que atesoren el legado e historia del músico (con sus distintas metas volantes a señalar) al arribar a éstos, sus dos últimos elepés. Si es que, que de cajones resulta, se consigue pasar por encima de esas manidas "estrellitas y puntuaciones" y, lógico, les otorgan el pábulo que realmente merecen (sin dejarse influenciar en modo alguno, sin miramientos por encima de hombro tercien)... En sendos trabajos Lou sigue siendo Lou, y consigue ofertar algo digno de llevar su nombre, sin condescendencias medien (y ojo que lo que antecede, en estudio -que ya obviamos el fugaz "retorno velvetero"-, es la tremenda trilogía NY-Drella-M&L, casi nada): eléctrico, ácido, inquieto y cabrón como él solo, sin descuidar momentos para la sentida emoción en el relatar/cantar. El mismo inicio de "Set the twilight reeling" con la vigorosa "Egg cream" y la descomunal "NYC man", con su toque jazzero y con su ser más bonita que la madre la parió, logran por si solas descojonarse de todas las, ya por triplicado mentadas, "estrellitas" que antes decíamos. Y desde ahí, cómo no, todo es un seguir sin pausa: desde la evidencia del líder velvetero para "Finish line", pasando por el abrazo dylanita en modos y formas de buena parte de "Trade in", y consensuándose, al ir abriendo sus distintas ventanas, una marcada intención de sacar a pasear la eléctrica a poco se de el tercio... "Sex with your parents, part II" que nos canta el puñetero en uno de esos, siempre bienvenidos, blueseos callejeros que el tio murió bordando. Más acelerado en "HookyWooky", más inmediato en "Adventurer", siempre funcionando fetén y con el viento a la espalda (que más de lo mismo todo para las canciones omitidas, faltaría), hasta la conclusión ya esperada/esperable (a guitarrazo limpio tras una premisa más calma) con el tema titular -donde, ya puestos y en un momento puntual antes del acelerón final, suena una bass guitar que te funde en seco-. En cuanto a "Ecstasy"... Vaya de entrada que me parece, y refiero a nivel de toda la singladura del artista (al tanto), uno de sus trabajos más gratuita e injustamente infravalorados. Tal cual. Un disco, uno de Lou Reed además, que incluye "Modern dance", "Mystic child", "Big sky", "Baton rouge" o "White prism" no debiera ser tomado ni dispensado a la ligera... En absoluto. Se engancha al columpio el pedazo de insobornable cabronazo en los dieciocho minutazos de la tortuosa "Like a possum", saca a pasear su variante arty en "Rock minuet" (donde funde estática con cuerdas clásicas), y aunque el tema titular en ésta ocasión es algo con lo que uno no comulga, no faltan más blueseos de los que te dije (de los de meada en backstreet a la luz de una farola con bombilla casi ya presta a fundirse) o, también, inesperados gozos como la tan limpia y brillante guitarra que acompaña la arrastrada "Tatters" (por la que el Sr. Tweedy posiblemente mataría, aún hoy). o, por qué no, el subidón de "Future farmers of America", que logra aquí un efecto similar al logrado por aquella "There is no time" del ya monolítico "NY" del 89. Y ya está. Hasta aquí llegamos. Dejando constancia (y hasta disculpas de ser menester), una vez más, de aquella obviedad del que "reivindiscar" algo de este tipo viene a ser en la últimas como hacer lo propio con un Durero, o poco menos... Que está de más, más que probablemente y vaya. Pero así, pues mira, uno al final se quita mierda de encima y se queda tan ancho. Como siempre desde una postura de "mera opinión" todo ello, pero: visiten y re-visiten estos dos discos que tienen su "chicha" (posiblemente más de la sospechen o recuerden, con perdón ahora por la presunción gratuita) y además, joder, que son de quien son...


sábado, 10 de septiembre de 2016

CAR SEAT HEADREST - "Teens of denial" (2016)

A ver, resumen... MENUDA PUTA LOCURA TOTAL DE DISCO !

La culpa no es sino del Cosmic Master, y amigo de la casa, Johnny... Pero por partes. Ésta vez el enésimo "pseudoabandono" del espacio -durante varios días- no ha venido solo rendido a motivos de índole personal, no. Y es que se han juntado una serie de lanzamientos discográficos de interés variopinto, y así en tropel, en un espacio temporal muy reducido que, lógico, me han robado hasta el más minúsculo de los ratos de asueto. Y ojo que siguen saliendo, dita sea... Además, con un nuevo Dinosaur Jr de por medio, claro... Pues bien, aunque para mi el disco de Mascis y cia es el del año sin debate posible, me insistía Johnny que prestara especial atención al disco de temporada del imberbe éste de Will Toledo (veinticuatro recién arribados, el granuja) con su alter del "respaldo de coche para la almendra"... Que, además (atención), anteponía y todo al magistral disco del trio jurásico ! (también altamente apreciado por él, eso si). Bueno, ahí de entrada no estoy de acuerdo, claro (Dinosaur Jr es mi banda favorita, en definitiva y debe entenderse). Pero, SÍ, desde luego... Éste muchacho, con su pintaza neird encaja-collejas, es un maldito y puñetero tesoro. 


Todas las chorradas, leídas u escuchadas, sobre esos hypes sobrevenidos a auténticas animaladas y que para mi no pasan (en el mejor de los casos) de lo meramente "correcto" desde lo que llevamos de milenio, se transforma en cruda y dura realidad con Car Seat Headrest de forma tan evidente que te salta a la yugular y te vence sin remisión. Tal cual. Cuando los grandes y mejores nombres del indie rock yanqui (antes de grunges y demás y su tan artera y plena inclusión al mainstream, con la paradójica etiqueta "alternativa" para mayores guasas -y perdiendo de paso la aposición complementaria ese "indie" en el proceso-) fueron dejando paso a los "nuevos tiempos", hubieron algunos pocos que se empeñaron, dios sabe que lo intentaron, en mantener la llama... Y, así sin ninguna vergüenza, como si nada hubiera pasado desde mediados de los 90, llega Will Toledo con sus dos disquitos y retoma esa senda que los Pavement, Built to Spill, Guided by Voices, y demás, dejaran tan bien apuntada para gozo de unos cuantos y que "las injerencias -alternativísimas, siempre, recordemos- de mercado" sofocaron con sus oasises, offespringles o kornettos (largo etc, y por lo general siempre con una credibilidad y necesidad en la historia rockera afín a la que pueda tener, por ejemplo, un manojo puerros, ni qué decir).

(el Harry Potter del rocanrol a día presente tratando de marcarse un selfie decimonónico)

Sea como fuere, éste "Teens of denial" ("adolescentes de la negación"), nos devuelve esa adictiva frescura de la alquimia garagera, el flagrante descaro lo-fi del "make it yourself", y aquella gloriosamente eléctrica ruptura de manidas convenciones, que tantas y tantas cosas parece pasarse por la forrera, para alcanzar un fin (aquí SÍ) orgánico y sin ambages que, de paso, logra que uno se reencuentre con el placer de escuchar "musica de guitarras" de la que, decidida y finalmente, APORTA. Y que no es "la de siempre", sin u otra vez más (en pos del hit y tentetieso, de forma plana y transparente,  a cualquier nivel se considere). A sumar el tan amplio rango de referencias que aquí se abraza (incluso más allá de lo más evidente ya explicado), que esa es otra... "Teens of denial" tiene "su momento" tanto para los fans de Dream Syndicate y los Feelies como lo tiene igual para los fans de Mudhoney o Superchunk (descuajaringante etcétera). Metiendo tantas cosas (y de las buenas de verdad, las que a tantos nos molan y nos dan la vida) en la coctel-cao que el tío/banda acaba por desarrollar su propia y cojonuda lasaña de gourmet, para dicha y jolgorio general de todos.



Además, por si todo lo vertido resultara poco, Toledo no tiene reparo (y sí la personalidad) en marcarse algunos temas especialmente largos, con sus giros y requiebros en la grupa, que dotan al asunto de una feaciente credibilidad (apostillen "épica" si quieren, aquellos más osados)  y de una certeza de estar ante algo nuevo a lo que, realmente y al fin (y de una puta vez), se debe prestar seria atención, como bastante obvia. Y, ojo, sin encaberse el tedio en momento alguno, sin rellenos de a granel. En plata: "Cosmic hero" y "Vincent", y alguna otra que supera la media docena de minutos tan ricamente, son de 10 sin discusión a valer, ok... Pero es que, además, está "The ballad of the Costa Concordia" que, directamente, huele a Historia del Rock  durante sus once minutazos de paso (de acuerdo, y permítanme aquí el hiato fugaz, con ella tenemos la canción del año Johnny, y muy claramente además -me pareció que Lou sonreía en el cielo y todo, en algún momento de la primera vez la escuché-). Si, cómo no, adherimos ahora al cocido pelotazos más inmediatos, como la inicial "Fill in the blank", "Just what i needed..." o esa maravilla del "Destroyed by hippie powers" (la madre que te parió, niñato... que alguien me de putas "drojas" para dejar de escuchar esto... por el amor de todo !), pues ya para que seguir escribiendo nada dado que, en efecto, eso es justo lo que sobra en éste "Teens of denial". 

(la sala común de Gryffindor al completo y viendo pasar moscas)

Y es ahora, al final y por supuesto, el momento donde, siempre para mi y en un mundo mejor, todos aquellos no aquejados de impostura tendenciosa y/o colaboracionistas de la medianía hinchada a la brava por los media, agarran todos los discos de los Artic Monkeys, Clap your Hands, White stripes/Jack White, Strokes, Vampire weekend, Arcade fire, Franz Ferdinand y demás mandangas de a duro la docena y los tiran ya a tomar por el culo, de una vez por todas y para siempre... Para, lógico, ponerse a escuchar con desmedida fruición (como si no hubiera un mañana) a éste Will Toledo, cuya pinta de protagonizar el remake de "La revancha de los novatos" esconde, a su vez, más sangre, intención y honestidad rockera de lo que todas esas gentes juntas lograrán reunir jamás, así vivan mil vidas. Este chaval es "de verdad". Es lo que debiera ser, joder. Y lo que es mejor: es franca y rematadamente bueno. Más que bueno en verdad, o por lo menos hasta hoy (que estoy ahora con el primer disco, del pasado año, y joooder igualmente...). Gracias, Cosmic Master, el segundo mejor disco del año corre de tu cuenta esta temporada.

viernes, 19 de agosto de 2016

RECAUCHUTANDO DESDE EL EXILIO: #6. Poetas e inmaculados.



“Venimos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí un tiro en el culo, por maricón."

Esto nos explica la historia que afirmó el chófer del vehículo, jactándose el hijo de la grandísima, que llevó a uno de los mayores genios artísticos que ha dado el país, de arriba a abajo y de izquierda a derecha, al paredón. Sea como fuere, por maldad y mezquindad habida o por haber que medre y medie en el orbe, la obra y arte del granadino sigue y seguirá hasta los end times figurando como inextinguible fuente de inspiración para un ingente incontable (en cantidad y variedad, además)... Está claro, cómo no. Me recuerda ello las famosas palabras de Kubrick, en los primeros 70's y a fin de defender del alubión de crítica negativa su conocida revisión de la cítrica novela de Burguess: "venimos de simios armados, no de ángeles caídos (...), por ello lo que debe sorprendernos en la especie no es cuan bajo hemos caído sino, más bien, ha qué altura nos hemos elevado". Y, acabando de encuadrar el tema y por supuesto, tanto se elevó Lorca que, puestos a inspirar, sirvió -por ejemplo- como principal efecto detonador creativo para este "mudo poeta" de hoy con el que, medio siglo después del horrible crimen explicado, se descolgaran los Immaculate Fools.


Mediados de los 80's, contando diez añitos su humilde servidor, me cae en las manos el disco aquel de "hits" de la época titulado "Soy increible" (increible selección, por cierto y sin duda, que mezclaba sin vergüenza alguna a -por ej.- Level 42 y Communards con Lloyd Cole y los Style Council, quedándose tan ancha en el proceso... cosas de los ochentas, sí). En dicho artefacto aparece "Hearts of fortune", la canción que da título al estreno de los Immaculate del 85 (que, señores de Allmusic, el primero no fue "Dumb poet"... a ver si nos fijamos un algo, caray)... Para no alargar: fascinación inmediata desde entonces y hasta el fin, ya les digo. Podríamos perdernos en tópicos de a granel un rato sobre cuestiones como que el sonido de la banda, para ubicar de primeras (de ser menester), resulta un medio camino entre Echo y Psychedelic con la sombra "big music" de las primeras obras de Mike Scott y cia de evidente telón de fondo...Pero ello me resulta frío, sesudo y también desalmado. La verdad. El hostiazo que me resultó el registro de Kevin Weatherill por vez primera será siempre recordado como plena epifanía para quien escribe. Por supuesto, para quien quiera información con la bio del grupo no tiene más que marcarse un breve paseo por las webs... De hecho se lo aconsejo, dada mi casi nula capacidad objetiva para con esta formación (son muchos años y aunque a día de hoy tenga bastantes cosas por delante en el "top particular" pocas bandas me gustan, sin haberlo dejado de hacer nunca, desde hace tanto, ruego se me entienda). Basta decir, sere breve, que se formó en el primer lustro ochentero por dos parejas de hermanos (los Weatherill y los Ross), que pegaron con especial fuerza en nuestro país (quizá de ahí el tan pronunciado tirón de la banda -sobretodo por parte de su líder- para con nuestra geografía e historia), que tuvieron sus breves momentos de gloria a consecuencia del estreno y del disco de hoy (más algún single concreto de los dos álbumes que sucederán) codeándose con diox y su madre en esta parte más esplondorosa de su ínterin vital como banda para, finalmente, caer en esa especie de limbo extraño donde recalan las "bandas de culto"... Ya saben: adorada a rabiar por un puñado contado de fieles, más bien ignorada a nivel general y, por supuesto, con la certeza de que (tarde o temprano) alguien de mode les sacará del cajón del olvido y serán reivindicados (al fin y de una puta vez) hasta la saciedad cuando ello, obvio, ya les sirva de más bien poco... Que hay mucho más, desde luego, pero vamos mejor ya con el disco (discazo), sí.  

Antes de nada, como casi siempre en estos casos, refiero que el temario a tratar será el de la versión original analógica... Y ojo con esto, que existe un "best of" digital como bastante sandunguero con la misma cover directamente (con un par... de neuronas, sí) que no es sino el mismo disco con un par de temas añadidos... Chapuzón del quince, por supuesto: ni es un "best of" como procede, ni es el "Dumb poet" con la sucesión de temas en que fuera ideado. Sin más, Cara A, primera canción: "Never give less than everything"... Que nunca se te ocurra dar menos que todo (que cada esquina que gires será tan brillante como un broche nuevo)... Eso y más que nos suelta Kevin, con ese masticar las palabras tan característico suyo. Tremenda apertura de expansivo planteamiento que, no quepa duda, a pesar de ello planta ya de inicio esa bandera de rabiosa y preciosista  nostalgia heredada -también- del postpunkeo que les toca por generación y procedencia (que semos del mismo Kent, oigan). Tremendo lo de: "siempre hacemos daño a los que amamos y supongo que así seguiremos...  quizá es hora de un cambio, o de tragarnos esa amarga píldora". Esa mezcla de resignación, de tomar conciencia lo miserable que se és, en contrapunto al entonar del cantante y la vitalidad instrumental es de traca (ir de depresivo por la vida puede molar a alguien -por lo menos a veces- pero, al fin, ya está... se asume y para adelante, oiga). La sigue "Tragic comedy", another single y más "alegría huertera"... La sombra del poeta  asoma durante todo el disco (aún sin comparaciones, está claro -imposible en las formas, evidente, pero con afilada intención-) y aquí se va directo al hueso... No es "Dumb poet" un disco de "historietas" sin más, no. Detrás de tan preciosa melodía, con ese carismático inicio de los que se te quedan forever ("se que es una broma, otro juego, algo de diversión puede aliviar el dolor"), hay una fatal certeza de ruptura, de "hasta aquí hemos llegado"... Comedia, -algo ligero- que es lo más que me puedo acercar ya a tí... hasta que llegamos al "isn't funny anymore" y se le suma el otro concepto del título para acabar de remachar el tema... Y con lo preciosa que es la melodía. No tienen compasión que valga este cuarteto de cabrones, no. Sigue horadando en la agonía "One minute". Agonía en lyrics siempre, cuidado ahí. Pues aquí el ritmo ya se dispara y, en verdad, encontramos la más vivaracha tonada (de la mano con la penúltima parada del viaje) del lote. Pero claro: ni un minuto que admitiremos ya que nos hagan esperar... y "¿qué vas a hacer?" que es la pregunta... La moneda está en el aire y con las ganas que nos quedamos de saber cómo acaba el folletín, por supuesto (si es la resolución postrera a la tragicomedia anterior o si, por contra, del mismo ultimatum se destila esperanza no es sino el tópico de vasos medio llenos/vacios para el significar que quien toque contemple/escuche quiera otorgar). Eso sí, esa irresolución no nos hiere en exceso, como espectadores del teatrillo que somos... Entra ya la maravillosa "Dumb poet" -la canción-, media docena de los minutos pop-rockeros más emblemáticos y necesarios de la década donde habita. Así de burra es la cosa (vaya a modo ejemplo que -para mi- por pasarse, hasta se pasa por el cerro a la misma "Killing moon"... Y no aburriré ahora al personal con lo fans que soy del puñetero "Ocean rain" de Echo -me respiren aliviados-). Maravillosa, emocionante, parábola con los pensamientos del poeta (y a estas alturas supongo que ya está demás el referir que el disco está directa/abiertamente dedicado a la figura de Lorca). Para bajar del cielo, sigamos, Kevin nos cierra el primer acto acústica en ristre (aunque aplausos también para el tenue pero preciso acompañamiento) con esta hermosa oda a la soledad/abandono que responde por "So much here"..."Demasiado aquí que me recuerda a tí"... Y, hala, a rebozarse en el tema. Es además la track más corta del álbum y por ello, está claro, ni da ni presta tiempo a contemplaciones desde su devastadora y directa letra.


Para abrir la otra side del disco los Immaculate nos enseñan, al fin, que en verdad no son tan cabrones o, mejor (o peor, como prefieran), amargados de la vida... Tras tanta oda al abandono, rupturas y soledades, dejan salir por fin el sol (tanto en lyrics como en melodía) con esta "Wish you were here" que tanto tiene que ver con el clásico de Pink Floyd como con "La chatunga" (nadie se haga lios a priori con covers que no existen y tal). El momento a la añoranza que es  nostalgia más que agonía, por esta vez, lo mismo que el canto british proud  por excelencia del disco... "The weather is fine, here in England", que hasta sueltan los tíos por ahí en medio sin el menor atisbo de problema... A su vez "Don't drive the hope from my heart", eso sí, no engaña a nadie desde su tan directo título... Y poco duró la tregua, vaya. Aquí ya se pasa, directamente, al ruego sin cortapisa ni subterfugio retórico a mediar... Y qué difícil me ha resultado siempre entender que el mamón diga lo de "impotente para siempre" y según como hasta suene alegre...Y atención con la instrumentación del tema aquí también que, por injusticias varias producto del tan peculiar y ubicable registro del singer que lo suele eclipsar todo, se demuestra por enésima que los otros tres no vendrían siendo precisamente atrezzo... En especial Andy Ross, haciendo bueno el tópico recurrente ese del rock por el que la supremacía en una rock band frecuentemente queda supeditada a un mirar quién la tiene más gorda entre el lead vocals y el lead guitars (para el caso, ciertamente, baste explicar que tras este disco los Ross dejarían la banda). Cancionaca enorme esta "Pretty prize now", ya empezando la curva de recta final, con el cabalgar del bajo omnipresente de Paul, el breve pasaje dream pop, el re-arranque  guitarrero... y de nuevo esos paisajes sónico-expansivos, vaya ... Cuando se ponen de esta guisa me los imagino siempre tocando en una gran extensión natural al pie de unas montañas incluso -puro "Doctor en Alaska", oiga-, y disfrutando uno cual berraco del reverberar de esta música ya en un modo extremo... Mi canción predilecta, tras lo evidente del tema de cabecera, es algo que hace como un cuarto de siglo que no tengo nada claro, se admite, pero (claramente) esta tiene varios boletos... lo mismo que la que sigue, faltaría. Es tal el sangrar de la pieza final "Stay away", obviando su inicio de puro "Closer", la preciosura total de la spanish guitar de Andy por ahí en medio o su épica dream pop posterior, que uno ya no sabe si es la separación definitiva de tanto de lo que precede en el disco, una petición expresa para protagonizar un entierro vikingo o, ya puestos, la canción pro-eutanasia más hermosa registrada (si me permiten les confesaré que esta última opción es siempre la que más me llena... y me da igual las puntualizaciones pertinentes ya que me agarro a eso -porque me conviene, sí- de que en última instancia el arte se siente más que se explica). 

domingo, 14 de agosto de 2016

TOM WAITS - "Alice" (2002)


Tras unos 70's Y 80's donde asienta una de las carreras más oscuramente atrayentes, lo mismo que más sangrantamente preciosas,  nos ha deparado la música contemporánea, fácil era de suponer en 2002, desde una perspectiva ya pura y duramente neomilenaria, que el  talento del famoso alter de Thomas Alan Waits había tocado ya techo en algún punto del camino (y de imposible convenir global, además, dada la magnificencia del opus en cuestión). Lo único pues, en base a todo ello, que nos quedaba a todos no era sino un esperar algún esporádico eco, algún áureo chispazo aislado, del deslumbrante pasado, en toda y cualquier obra que su futuro (el futuro artístico del de Pomona) nos llegase a deparar... Sí, el debate, goloso e irresoluble, estaba ya servido entonces, y desde mucho antes en realidad: que si el estreno es tan bueno como "Sword..." sino mejor, que si tal o cual otro está infravalorado (o justo al revés), si era/es todo ello (esa clase de encuestas y/o cábalas) una pérdida de tiempo gratuita y plena desde el momento que existe un prodigio como "Rain dogs"... O "Franks..."... o... Lo que se quiera. Y fantástico, si. Perfecto todo. Solo una cosa, el matiz, de que al final, pero al final de todo y en resumen, veníamos y venimos a tratar sobre un genio. Y los genios tienen una curiosa tendencia a hacer genialidades de vez en cuando... Y es ahí donde, por fin, dejan en evidencia a todo pontificador, -profesional u aficionado-, se cruce. Y el mundo es entonces un lugar significativamente mejor. Al menos durante unos breves instantes.

En el último año del pasado milenio, acabándose ya una década muy marcadamente inferior a todo lo que precedía en cuanto a su obra de estudio ("Bone machine" del 92 y muy poco más -y aún por magnífico nos resulte a algunos ese disco-) y mucho más que seguramente debido ello a su colateral carrera como actor (especialmente prolífica en el apuntado decenio), nos aparecía aquel "Mule variations". El regreso (al fin) pleno de Waits tras siete temporadas de devaneos toscos y/o nada preclaros en lo musical. Obra incómoda y áspera por momentos (y aunque tan fácilmente adivinable resultara ello, más visto ahora en perspectiva) que incluía, en cualquier caso, prácticamente todo el carrusel de modos y posibilidades del autor. La continuación espuria de "Bone", que a su vez era la continuación espuria de la sacrosanta trilogía 83-87, que a su vez fue la continuación espuria del díptico "Valentine-Heartattack", que... En síntesis: la montaña sigue creciendo y venga una de palmadillas en hombros para socios y simpatizantes todos con la causa "pomoniense"... Solo un pesar (eso si) en el todo resultante, la china en el zapato: y es que aunque "mule", como ocurre con el disco del 92 -y retrotrayéndonos al inicio del primer párrafo en significantes-, sea una obra a atesorar (y notable perse), no nos deja de resultar a muchos algo así como el "pupurrí-tipo de estilo Waits, marca registrada"... Un disco (nadie se confunda) que no meramente "mola" por ser de quien és y sonar como suena, desde luego, sino que esconde en su seno una apreciable colección de callejones oscuros que, de improviso, se ponen a brillar repentinamente para iluminar la ausencia de luz más luctuosa y amenazante, sin poderse evitar ello de ninguna de las maneras... Pero también, ay, ojo, un disco que pareciera realizado en "auto pilot" por el genio desde su concepción de base, un disco que no nos deja de resultar a unos cuantos (de esos "muchos" que decía) algo así como un reflejo menor y no tan descomunal/absoluto como lo ya tan conocido (y querido) desde aquel ya apuntado e irrepetible tríptico ochentero "sword-rain-franks" (desde cualquiera de sus partes, además y ni qué decir). Por todo ello, ya en ese 2002, aplaudí de nuevo, obviamente y  sin reservas, la nueva remesa que el eterno granuja nos deparaba: "Blood money". Que resultaba, sin pacatería medie, tan cojonudo como "Bone" y "Mule": una nueva batería de temas bien sujetos, gloriosamente anclados, en lo esperado y ansiado por su parte que, aunque exento ello de esa alquimía tan única lograda en el pasado, sí nos evidenciaba el resurgimiento, y ya ahora firmemente contrastado, de tan necesario ente creativo... Lo que uno no sospechaba en absoluto, por ser así de pollino o lo que fuere, es que el otro disco aparecido también en esa primavera del mismo año, y que denosté de primeras en su momento (no hay tiempo para todo y, por información previa del cómo fueran fraguados uno y otro, opté por "la pasta sangrienta" como novedad), sería con el tiempo el que cerraría mi top-5 histórico del músico. Un músico que, siempre para mi y sin duda se me cruce, es junto a Costello el último grande, -pero grande de los de verdad-, en la historia rockera de entre los que firman en solitario. La ya aquí más que recurrentemente apuntada trilogía ochentera y el siempre emocionante estreno tenían ya, al fin, una nueva y flagrante compañera de juegos: "Alice". 

Será por esa alma bastarda, noctámbula y canalla que le hermana al mismísimo Bukowski, o será por aquel vagabundeo como puro way of life con que tanto le fascinaron los beats (a saber) pero, sin duda, que bien le sienta siempre a Waits el poso literario... Tampoco es que haya mucha duda de ello, claro... de hecho, a poco se miren un algo tantas y tantas de sus lyrics, supura de obviedad el tema para ir más allá y caerse irremediablemente de morros en el cocido de lo puro tautológico. Sea como fuere, "Alice" se cocina en los muy primeros 90's (de ahí, por lo mal entendido desde la más militante ignorancia del concepto "refrito", que me quedara con el otro -que paradójicamente también fuera creado, y con unas premisas muy parecidas, bastante antes de su "puesta de largo"... aunque esto lo supe después, claro-), y forma, íntegramente, parte de una  pieza teatral homónima dirigida por el dramaturgo Robert Wilson y con temas co-escritos principalmente junto a su esposa -la de Waits- Kathleen Breenan (y ya puestos, hace muchos años me consta procede el todo de una obra teatral noventera pero, ni qué decir, la condición de dicha "co-escritura" de canciones junto a su compañera sentimental de siempre -o poco menos-, así como el nombre del dramaturgo en cuestión, lo sé desde hace un rato... que lo he mirado en la wikipedia y tal). "Alice", por temática, gira en torno a la persona de la "niña real" que inspiró a Lewis Carroll para crear su famosa y tan conocida fábula literaria... Ello, ese girar fantasías y realidades (con el plus añadido de la fama Carroll de estar, y por decirlo de una forma sensiblemente prosaica,  como una puta cabra), le da a Waits el combustible genérico necesario para fundir en viñetas, ora abstractas ora explícitas, el embalaje sonoro de la pieza teatral y de paso, por supuesto y con el tiempo, la maravilla de álbum que reza en título para esta entrada de hoy. 

Tras todo lo vertido ya solo queda, finalmente, la "nadería" de enfrentarnos a un temario que es diamante puro (y perfecto). Del hielo que se hunde bajo los pies al escribir el nombre patinando encima para el nostálgico tema de apertura ("Alice", claro), o la fácil e inmediata extrapolación de cierta parte del cuento con lo de "We're all mad here", pasando por el ensoñador recitar ya directo y sin ambages de "Watch her dissapear" y/o llegando al jazz ebrio y desgarrado, secuestrado sin miramientos desde tiempos remotos, en "Table top Joe"... Todo ello se retuerce y brilla para emerger de forma plena en "Alice"... Pero es que hay más, tanto más... Pues en verdad hay más temas "diferentes" o "alocados" (como pueda resultar esa última "table...", que, mayormente por esa premisa inicial del "cuento" -que envuelve de forma etérea y constante el todo-, tan bien funcionan y encajan aquí), todavía no referí el principal activo que otorgan a ésta "obra de arte" el ganarse a pies juntillas esas diez letras y dos espacios: el dispendio tan ingente de canciones simple y llanamente emocionantes en las que zambullirse. Y, atención, sea ello entendido bajo los modos y maneras de sus primeros dos elepés, como desde las maneras y modos de su tan celebrado periplo mid-80's... Pues qué mácula, qué impureza, puede extraer nadie de barbaridades como "No one knows i'm gone", "I'm still here", "Flower's grave" o  "Lost in the Harbour"... Escalofríos cualquiera de ellas. Y además los impagables lamentos de puro "swordfish" en "Fish & bird" y "Poor Edward"... O esa despedida con "Barcarolle" antecediendo al ténue, mínimo, fade out instrumental para el último adiós en "Fawn"... Demasiado talento, músico y disco. No se me ocurre como rematar mejor el asunto. Quizá solo reiterar, ya por último y al cierre, lo de que: "los genios tienen una curiosa tendencia a hacer genialidades de vez en cuando"...  Y ahí es donde duerme "Alice" por las noches, bajo un cielo que no tiene bastantes estrellitas, de esas que tanto gustan a críticos y sucedáneos, para puntuar y ponderar justamente, jamás de los jamases, sus incontables bondades.

jueves, 11 de agosto de 2016

E.T., EL EXTRATERRESTRE (1982)

INTRO. Disculpas anticipadas... Así, ya de entrada (que me consta es un film que encandila a millones más que miles). Razón: a mi "E.T." me parece de siempre una mierda de las que casi no hay. Me lo pareció con siete años en las navidades de 1982 (tras una cola de cariz prácticamente mesiánico) y me lo parece hoy, con cuarenta palos y una hija de cuatro a la que, por supuesto y  mientras me sea humanamente posible, mantendré bien alejada de esta ponzoña de pseudo-film. El toro por los cuernos, para no alargar y ya a las primeras de cambio:  pero es qué, y esto va por sus incontables palmeros y simpatizantes (que son -y serán siempre, me temo- legión), no os dáis cuenta que és, literalmente, LO MÁS PARECIDO A UN ZURULLO DE MEDIO METRO !!??  

"SINOPSIS PRESTADA". Un pequeño ser de otro planeta se queda abandonado en la Tierra cuando su nave, al emprender el regreso, se olvida de él. Está completamente solo y tiene miedo, pero se hará amigo de un niño, que lo esconde en su casa. El pequeño y sus hermanos intentan encontrar la forma de que el pequeño extraterrestre regrese a su planeta antes de que lo encuentren los científicos y la policía. 


A FAVOR. La inmortal y preciosa banda sonora del Sr. John Williams... está claro. Pero es que para mi,- y más disculpas, en esta ocasión por adelantar candela que debiera ir más correctamente encabida en el apartado que sucede-, ni la más preciosa de las músicas me rescata de prácticamente todo lo que se ve en pantalla desde el film que hoy nos ocupa (un poco como cuando Wim Wenders les hace un video a los puñeteros U2 pero al revés -ahí lo chungo es lo que suena y no lo que se ve, lógico-). Ah !, y el póster, que mola bastante, eso si.

EN CONTRA. La ciruela gigante en si; la cara de empanao de Elliott; lo repelente de la futura yonka de Drew; lo pagafantas de los adultos; que al final sobreviva; cada vez que abre la boca para decir lo de la casa y el teléfono; lo cursi y anodina que és en su conjunto (y casi escena por escena también); lo que me recuerda a Dña. Croqueta cuando lo disfrazan; lo exageradamente estúpida que me parece en contrapunto a su enorme aceptación global; que más que "para soñar" es para tener pesadillas (coño); que algo tan tocho y chusco haya trascendido a referencia pop; y más, mucho más (y siempre en la misma dirección):  es rematadamente absurda (en la peor acepción), alela más que inspira a la fantasía de los críos, tiene un chasis estructural que parece facturado por un niño de cinco años con paperas, las partes (o conatos) cómicos son la muerte por asco-pena total... Y así estaría horas. Pero se insiste y para dar carpetazo: es una hez con patas y ojos y el carisma de un manojo puerros... Fin del debate. No lo entiendo, de verdad qué no... "Cristal oscuro", "Los goonies", las del "Regreso", "Willow", "La historia interminable", la del Bowie con calzones, "Legend", "Los gremlins"....o hasta los "Critters", lo qué cojones quieran y puestos a ponernos el pijama de la nostalgia generacional... Pero, "ET"???... nunca !... never !!... Asco-pena !!!

(Y en resumen: eres una mierda asín de alta, que lo sepas)

CONCLUSIÓN. Firmaría sin problema el que Spielberg figure entre los mejores cuarenta o cincuenta realizadores de la historia del cine... nunca, ni en guasas, por debajo del 30, eso sí. Más allá de eso, considerarle seriamente más allá del "cine de aventuras" me parece algo con lo que desde luego no comulgo en absoluto. Se puede hacer alguna excepción, son muchos años en el negocio (con toda la intención ese vocablo ahí colocado, no lo niego), y puede que aún con todos sus efectismos que la abaratan "Schlinder" (o esa "Munich" que no he visto por ejemplo también y, por ello, yo qué sé en definitiva) parezca a muchos una pura  "masterpiece", pero, al fin, para mi este cineasta és y será siempre "Tiburón", las de Indiana, esa relativamente reciente "Tintín" de animación (que bien cojonuda le quedó) o incluso esa primeriza "FUEL" que le pusiera en el mapa... Ahí es donde (me)brilla este tipo sin que, ojo importante, no medie condescendencia alguna por mis partes (en ese tan entretenido "cine de aventuras" el tipo es un crack incuestionable, el mejor en ello me atrevería a añadir). El problema me sobreviene es al hacer el consabido sobredimensionamiento de las cosas... o/y las gentes. Por ello, y en contra de ese ponderar como "genial" por tantas gentes todo lo que toca, cuando Spielberg se acerca -o lo intenta- al drama puro y duro, y siempre en mi humilde opinión, es casi seguro que la va a cagar. Y a lo grande. Y lo peor, y aquí quería llegar especialmente, es cuando intenta jugar la baza de lo "entrañable" dirigiendo su babosería que te lleva de la manita, su emoción precalentada de micro, a los más pequeños, sacrificando el consabido concepto "aventuras" ("lo suyo", vaya) en el proceso... Ello alcanza el summum en ésta tan célebre bazofia que hoy refiero desde el título. Y ahí donde los "Encuentros..." se pueden salvar (tediosa película que entre el buen hacer actoral de Dreyfuss y el jugar con la "expectativa al qué" puede tener un pase si pilla de buenas o fácil conformar), o aún "Hook" puede hacerse -muy- relativamente atractiva para los mentados infantes (lo de Williams y los críos no tiene perdón posible, sin más, pero el "Garfio" del gran Hoffman puede hacer las veces de alfombra bajo la que barrer sus múltiples miserias), nada en este plano existencial me salva (ni poniéndolo todo de mi parte) a este montón de arrugada arcilla con dedo brillante rodeado de niños repelentes que van en bici. Lo siento. Seré un desalmado o lo que se quiera pero es que, por no tener, "ET" tan siquiera tiene esa vertiente aventurera que destacaba y destacaré siempre como el mejor palo a jugar por su creador (¿por ese breve "vuelo de bicis" es esto "cine de aventuras"?... ¿de verdad?). Entiendo que por generación hay muchos films ochenteros que sin ser (pero es que ni de coña, vaya) tan buenos como queremos pensar/recordar nos marcaron irremediablemente la infancia (ay de aquel/aquella que me toque "Los Goonies" o la saga de McFly, particularmente), pero es que se insiste (ya por vez postrera), a mi este "ET", me pareció siempre una pasa arrugada sin carisma alguno, y por no repetir lo del "zurullo con ojos" -que me parece mucho más exacto-, y la peli de un chorras que no hay por donde cogerlo... Una gota de consecuencia si queda del resultante: y es que no me ha extrañado jamás que sus congéneres no reparen en que se han olvidado a un gilipuertas que solo saber decir dos putas cosas y hacer brillar el dedo cual napia del entrañable (que eso si lo és) monigote de "Operación" de MB Juegos. De hecho, les confieso ya casi al cierre, siempre he sospechado que se lo "olvidan" a posta... Como en todos los veranos, y por desgracia, hay algunos hijos de la gran puta desaprensivos que abandonan a sus mascotas en arcenes... Eso es un poco, y ese sería mi resumen final, lo que opino que hacen los familiares con en el ente que da título al film hoy aquí abordado y, en verdad, su auténtica y real trama (pasa que la autora del guión, Melissa Mathison, nunca se lo confesó al tito Spielberg por no perder un pastizal... y media comprensión con ello, si). 

GUZZTÓMETRO:  3 / 10 (y los tres puntos -casi íntegramente- por gentileza de Mr. Williams, quede claro)


Pd:


miércoles, 10 de agosto de 2016

LA COSA (EL ENIGMA DE OTRO MUNDO) (1982)

INTRO. Pues aunque es referida de pasada en varios posteos todavía no se había abordado en IGWT la famosa versión de Carpenter sobre "el enigma de otro mundo". Y fijarse que prefiero la opción "versión" que lo del "remake", aquí  (la toma del armazón principal es incuestionable pero, caray, Carpenter corta y tira por/de lugares bien distintos)... Y, recordemos, ya se tocó la original (de 1951) tiempo ha en la casa, y le metí un poco-bastante la del pulpo (se admite y se recuerda igualmente), lo que generó algunos comentarios en desacuerdo que. aunque más que respetables. no son compartidos en absoluto por mi persona (ni entonces -hace como un lustro- ni hoy)... Sigo pensando que uno puede hablar de "encanto de la época", "la mano de Hawks" -que por algo sería que no quiso aparecer como director en los credits- y/o "respeto a los mayores" (y además a mí, eso ! -para el que como tres cuartas partes del mejor cine jamás generado se encuentra en los 40's, 50's y cercanías-), pero al finaaal del todo de la cadena (nadie se engañe hasta según que punto) encontramos algo que, a priori, debe generar miedo y suspense y por contra, principalmente, lo que hace es que te descojones y cosa fina (y más de ella que con ella, primordial matiz). Sin embargo, con disculpas por la elipsis rumbera de décadas, cualquier cosa que huela a Hawks le puso, pone y pondrá lo nunca escrito a John Carpenter (su héroe personal desde la niñez -ejemplo rápido/sobado: el film del "asalto a la comisaría" que le hace saltar a la palestra es otro remake, de "Río bravo" en esta ocasión, que aunque, en efecto, convenientemente "makeado" no se esfuerza siquiera en disfrazar su origen... es más, se enorgullece de ello-). Y, lógico por tema y género, lo de esta "thing" (que Hawks produjo tres decenios antes)  no era sino un caramelo demasiado goloso que el creador de Mike Myers iba o pudiera a saltarse, así a la torera. Por ello, cuando a la primera de cambio le cae encima un presupuesto más abundante que en ocasiones anteriores, el tío no se lo piensa ni un segundo (seguramente, aunque "La niebla" o el "Rescate en NY" pudiera generar disensiones a algunas gentes, es fácil adivinar que esa "Halloween" -epítome casi en lo de hacer un dineral con cuatro duros y entre colegas, por mucha hija de famosos figure- le granjea, finalmente, el crédito para ello). Resultado: para un ingente incontable (en donde me incluyo de cabeza y sin mirar siquiera antes si hay agua en la piscina), John Carpenter realiza el film de su carrera y, al igual que ocurre con el "Alien" de Scott (que para mi le vence claramente a los puntos, todo sea dicho), siendo éste, además, perfectamente encajable entre los diez mejores films de terror de siempre, lo mismo que entre los diez o quince mejores films sci-fi de siempre (y no me queda duda de que quien no lo vea así del todo, por lo menos, sí tendrá la obligación de admitir el debate)... Y sí, igualmente, el aroma "serie B" ronda, -habrá algo más de pasta pero sigue siendo Carpenter (of course)-, pero al fin y para resumir:  muy poca coña con ello.


"SINOPSIS PRESTADA". En una estación experimental de la Antártida, un equipo de investigadores descubre a un ente extraño venido del espacio, que según todos los indicios ha permanecido enterrado en la nieve durante más de 100.000 años. Al descongelarse, experimenta una metamorfosis sorprendente... 

A FAVOR. Como gran fan de Hawks que és, y me repito, el factor "gente encerrada pasándolas más bien putas por culpa de un violento agente exterior" es uno de los motivos y recursos que más marcadamente nutren el cine de Carpenter. Ello, obvio, alcanza su punto extremo en la película que hoy nos ocupa. Detrás de las plastelinas mil y los lanzallamas, tendremos aquí por siempre un ejercicio de tensión al límite muy rara y contadamente alcanzado. O al menos con este nivel de calidad mediante. Otro factor a reseñar, que de siempre me resulta cuanto menos curioso, es el hecho de que para este proyecto la Universal le pone al realizador a nada menos que al Sr. Morricone (mi compositor predilecto de la historia del medio -que lo confieso sin dolor me pese-) a los mandos de la soundtrack... Cosa que, -y que podía haberse visto venir de lejos sin problema-, a Carpenter se la trae bien floja, supeditando la partitura de puro suspense (y casi por completo) del genial músico a las dos notas de teclado que irán por siempre indeleblemente unidas a éste film. Y, aclarado quede, no es ello por orgullo mezquino o gratuito... Carpenter es el primero en afirmar en su humildad, acostumbrada y tan poco común en esto del cine, que dista mucho de ser un "gran músico", pero sus composiciones (mejores o peores) van siempre unidas a sus imágenes y, a la postre, tan celoso es en ello en concreto que no piensa claudicar ante nadie... o al menos jamás del todo. Tan siquiera ante un monstruo como Ennio. Por lo demás, aplaudir las magníficas secuencias de exteriores en el inicio y la gran sensación de agobio lograda en espacios reducidos (cuya salida muy hábilmente se nos esconde a los espectadores en alguna ocasión), unos efectos que aguantan curiosamente muy bien -es "el festival de la plastelina", recuerden- el carbono 14, el concurso de un cast implicado de lleno (con un Russell -trasunto habitual de Wayne como el madelman de acción particular del realizador cuando le es menester-), y un ritmo en creciente continuo que no se lo salta nadie y que no puede, ni debe, dejar de aplaudirse. Como colofón, y aunque deteste por lo general esa -para mi malsana- costumbre de ponderar films enteros en base a su final, señalar y subrayar su inolvidable conclusión que es como para quedarse aplaudiendo de pie un buen rato en la sala/salón al terminar el film.

EN CONTRA. Que los ya explicados, e insaltables por denominación de origen, tics de Serie B habidos en los FX puedan confundir a alguien... "The Thing" es un pedazo de película que, amén de entretenida hasta el hartazgo, debe guardarse sin reparo entre "aliens" y "tiburones". Tal cual. 

(Kurt machaca, Kurt destroza...)

CONCLUSIÓN. Claramente influenciado por el tipo de cine fantástico imperante en aquellos tiempos -ver las dos mentadas en apartado anterior, mismamente-, Carpenter configura un descomunal batiburrillo que sin dejar de rendir pleitesía al original (al que mejora a un nivel infinito -algo sin parangón en la historia del cine o poco menos, ya puestos-), implementa toques de su admirado Lovecraft y/o de sus aún más admirados westerns (con los que se criara). mientras de paso aprovecha para quitarse la espina de un primer film (también sci-fi y con monstruito -aunque ahí era un balón de playa rojizo más bien, si-) del que nunca, y ya entonces en esos primeros 80's, se ha mostrado especialmente orgulloso... Dos películas de marcianos trascendieron especialmente en 1982. Una me parece de siempre una de las mayores mierdas jamás habidas en el medio (y en verdad el "bicho" en si se asemeja a una bosta de medio metro con ojos, directamente... solo la música, gloriosa, de Williams salvaría yo de la hoguera en tamaña babosería sin excusa, y aún por mucho esté avezada principalmente al público infantil -que qué bien nos viene ese paragüas a modo comodín, eh Stevie ?- ) . Por suerte, la bastarda, la fea y cutre, es uno de los films más gozosamente disfrutables (al menos desde la perspectiva de la pura y dura -y siempre necesaria se confiese o no- "evasión") se puedan ver. Ya nunca volvería a volar tan alto Carpenter (ni remotamente y aún por mucha comprensión se quiera mediar dada la simpatía que a muchos nos genera) pero, desde luego, gracias por siempre por ésta tremenda "thing"... Tuun-tún... 


GUZZTÓMETRO: 9 / 10

martes, 9 de agosto de 2016

CICLO Mr. ALLEN: 21. "MARIDOS Y MUJERES" (1992)

INTRO. Ya que atacamos en la anterior entrada el concepto del metacine con Michael Keaton y su encomiable protagonista para ese "Birdman" de hace un par de temporadas, me parece un muy buen momento para retomar (al fin) la saga de Mr. Allen. Motivo: la devastadora escena final en el film -que no del film- con la Farrow y el propio genio neoyorquino en estos "Maridos y mujeres" de 1992. Póngamonos en solfa con el tema (que creo además que es ello uno de los puntos clave en ese documental, para mi algo decepcionante en su conjunto, de hace bien poco a costa del realizador):  el escándalo de Woody con su hijastra, con Mia de por medio, azota los medios del planeta entero y es justo en ésta situación (de repulsa absoluta por otro ser humano) cuando resulta que les queda por rodar la escena (su última escena) de la separación final -en la película- a ambos intérpretes... Cuando veamos ese escena pues, escena muy sentida donde se tocan y donde hacen gala de una madurez intachable (Woody intenta acercarse con una última caricia y la otra le suelta lo de "no hagas eso, se ha acabado y los dos lo sabemos"), pensemos en la contención de la ira de Mia por la traición desdemedida y, también, en el odio soterrado a su vez de Allen por el infierno (mediático) que está viviendo derivado por la manera de conducir las cosas por parte de su ya ex-compañera... Eso debe ser lo de ser "profesional" que se dice, ya que además (por supuesto) están los dos fantásticos y, en resumen, eso es lo que debemos extraer principalmente... Pero, se insiste, no reparar en el plus añadido de las circunstancias, más allá de lo que estamos viendo de forma inmediata, nos resulta (o nos pasa a algunos, vaya) de imposible esquivar. Más allá de todo ello, ni qué decir igualmente, tenemos un largometraje rico y pleno como pocos que no deja de ser un drama (con las pertinentes y contadas pinceladas cómicas de turno) que muestra el mundo de la pareja -ya madura y asentada a priori- en la urbe, con su pequeño muestrario de triunfos y miserias perfectamente engastados. Y es que casi un cuarto de siglo después, "Husbands and Wives" sigue siendo la última película que tienen que ver "los que están por casarse" y no las tengan todas, así como una de las ultimas maravillas incontestables de un Allen cuyos largos años de bonanza absoluta (lo que va del "sleeper" a "las balas", siempre con las matizaciones y contadas excepciones a mentar pertoquen por parte de quien proceda) ya estaban tocando a su fin. Y aunque entonces fuera impensable ello. 



"SINOPSIS PRESTADA". Jack (Sydney Pollack) y Sally (Judy Davis), dos de sus mejores amigos, sorprenden a Gabe (Woody Allen) y a Judy (Mia Farrow), anunciándoles su intención de separarse. Pasado el primer momento de estupefacción, la pareja empieza a plantearse si su matrimonio se basa en una relación realmente sólida. Mientras Jack y Sally tratan de rehacer sus vidas al lado de otras personas, Gabe comienza a flirtear con una de sus alumnas de la universidad (Juliette Lewis), y Judy empieza a sentirse atraída por el nuevo amigo de Sally (Liam Neeson)

A FAVOR. Con los cincuenta más que bien entrados Woody acierta de pleno con este retrato, desprovisto de todo azúcar y edulcorante al respective medie, a colación de la vida de y en pareja (que la elocuencia desde el mismo título ya ahí queda, en verdad). Y no faltan (estaríamos buenos) todos lo guiños de rigor, además: tenemos el tipo de música que ya esperamos (desde pasajes de Clásica al propio Gerhswin y/o estándares jazzeros en liza), esa cámara casi plantada en los morros en planos que más que "primeros" parecen tener ínfulas de radiografía, una verborrea sin pausa  en la que -ya puestos- se dicen para la ocasión muchas más cosas de las que meramente se oyen y, o sin olvidar aquí, un generoso desfilar de roles y situaciones que logran romper el estereotipo recalcitrante que no dejan de ser pero que (al tanto) se moldean para lo indecible de bien merced a la personalidad y pericia de un tipo que, ni qué decir, está en sus salsas con ello hasta el punto que logra no se repare en lo manido de los tópicazos que (nadie se engañe e insisto) se nos depara. Del plantel actoral, amén del propio Allen, me gustaría especialmente destacar, cómo no (y como siempre que aparezca, donde sea), a la magnífica Judy Davis... Pocas actrices, u actores, pierden los papeles on screen con la potencia que ella logra (y, atención, sea en registro cómico o dramático). Finalmente, es también de recibo mencionar aquí como se consigue, con qué plenitud, desde el guión, enfocar los distintos estados que la ruptura del seno conyugal genera (y regenera)... Como se logra plasmar la diferencia entre lo que és y lo que parece, entre lo que engañosamente se desea como un mero capricho y lo que en realidad se quiere (y se sea o no consciente de ello), en este tan complicado juego que aquí se quiere y logra analizar. No me parece casualidad en absoluto  lo logrado por el autor en ese preciso punto de su vida, y con la crudeza y agudeza que nos ofrece.


EN CONTRA. Nada se me ocurre. Pocas películas de Woody Allen cumplen tan bien como en ésta, en sus formas y acabados, con lo que se vende de salida. Su mayor empaste dramático (nada disimulado, además), que no tenga algún viraje cómico intruso/memorable, o que (sencillamente) no estemos ante una historia "mayor" ya de base -como en "Delitos y faltas"-, no debiera ser nunca motivo para girar gesto alguno. Además, su comedia (que también la tiene) construida más en favor del patetismo de las relaciones humanas cuando éstas se suceden fuera de las "zonas de confort" (llámenlo "rutina", si prefieren ahorrar tiempo) que en la construcción de gags, tiene (debe tener) también su peso importante.    

CONCLUSIÓN. Sin ser un drama puro y duro al nivel de "Interiores", "Septiembre" u "Otra mujer", Allen se acerca seriamente a ello pero, en esta ocasión (y puede que merced a su propia aparición que de forma indeleble ya tenemos asociado a la comedia de forma cognitiva) usando el ritmo propio de sus films más, póngamos, "tipo". Esa mayor agilidad en pantalla, sumado a la ya mentada y acostumbrada velocidad de diálogos, parece relativizar la trascendencia (y contundencia) de algo que así explicado, directamente, lo és menos. O al menos lo parece... o al menos, quizá, hasta que hacemos el análisis ulterior y pasamos del "otra ligera y refrescante peli de Allen", al "joder, qué mala leche tiene esto, ahora que me fijo"... "Maridos y mujeres" no es, ya al fin, tan grande como otras paradas en el camino de su creador o, más fácil, no es tampoco más de lo que propone... Pero lo que propone, me repito, lo cumple con nota. Y, bien mirado, sí que es bastante grande (qué narices). Otra cosa es que no sea algo tan cómodo y amable como otros films dada la temática a tratar, de acuerdo, pero no por ello pierde, de ninguna de las maneras, su condicición de igualmente necesario. 


GUZZTÓMETRO: 9 / 10

lunes, 8 de agosto de 2016

BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) (2014)

INTRO. Siempre a la última en el mundo del cine en este espacio, es un honor hoy "atacar" el bastante cacareado penúltimo film de Iñárritu: "Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia)"... de hace un par de años. Como tantas veces dejo ya de entrada una impresión general de lo que me parece el artilugio a tratar, a fin de que aquellos/as con mayor reestricción de tiempos y espacios puedan seguir con sus quehaceres como si tal cosa: muy bien, joder, Iñárritu, pero qué muy bien (y sigamos). Cuando alguien, un artista u ente creativo que puede pasar por tal, se marca una disgregación personal del modo o, lo que en definitiva es lo mismo, ataca sin miramientos los convencionalismos estructurales habituales del medio corresponda, el asunto se me asemeja siempre al consabido "melón por abrir" llegada la hora de echarle guante uno por vez primera (y por mucha información o opiniones variopintas medien o precedan, si). Y es que el margen de satisfacción o disgusto restante, con este tipo de proceder, es algo de imposible calcular. Lo de la "apuesta personal" y el lógico maniqueísmo a derivar del "me encanta/lo detesto". De ello, extrapolable siempre a la visión de quien proceda, he podido extraer majaderías superficiales, muy calculadamente dirigidas a un tipo de personal muy concreto (y que siempre habrá), como la chalada de la Bjork cantando desde dentro una cueva o, también, el tramposo y artero de Solondz con sus películas huecas de contenido y que solo buscan epatar de la forma más rimbombante posible... En ejemplos a la contra, disfrutaré siempre con el discurso musical tan curioso (y adictivo) de los siempre añorados Morphine o, igualmente, aplaudí a rabiar y sin reserva asome, la fantasía, sin cuidado en medidas (y bravo por ello, aquí), de Jonze y aquello del "Cómo ser John Malkovich"... Cuestión de gustos. Cuando uno enarbola desde la premisa-base propuesta, y sin disimule valga, lo de:  "aquí lo importante es más como te lo cuento yo que lo que te cuento en si", ya es un poco a lo que se viene a jugar (por todos), está claro. Y sintetizando, retomemos el hilo de paso, a Iñárritu (como ya pasó en aquellos "Amores perros") lo de éste "Birdman" le ha quedado de tremendo para arriba, al menos en los bagajes propios. El truco, que eso no falla, en los matices... Para el caso: unas interpretaciones crudas y sin mácula se cruce, capitaneadas por posiblemente el  mejor actor protagónico que haya asomado nunca al mundillo superheroico hasta día presente. 


"SINOPSIS PRESTADA". Después de hacerse famoso interpretando en el cine a un célebre superhéroe, la estrella Riggan Thomson (Michael Keaton) trata de darle un nuevo rumbo a su vida, luchando contra su ego, recuperando a su familia y preparándose para el estreno de una obra teatral en Broadway que le reafirme en su prestigio profesional como actor

A FAVOR. La propuesta visual del realizador, o el dispendio en plano secuencia con cámara en la chepa de los actores y sobre el que tanto se ha dicho y leído ya, te lleva de la mano (de comulgar, obvio) durante las casi dos horas de metraje sin problemas. Tiene, además, este cineasta aquí la virtud de incrementar o disminuir la intensidad de ello según el pasaje a tratar, sin que casi nos percatemos de ello (esa "cámara nerviosa", que casi parece dar botes, cuando Keaton se encabrona o está especialmente alterado -véase las discusiones con el rol de Norton o la popular escena cuando tratar de regresar al teatro-, queda muy alejada de su fluidez en los suaves movimientos de los "momentos yoga" -por ejemplos, todo ello-). Esa gracia, por así llamarlo, por implementar en no pocas ocasiones el objetivo y movimiento de cámara al estado de ánimo (el que toque) del protagonista me resulta, más que seguramente, uno de los grandes activos de éste largometraje. Otro, también sin duda, es el que ni todas las cucamonas habidas en dichos movimientos, y demás ardides técnicos, logran sofocar que, básicamente, estamos ante un "film de actores" (como por otro lado conviene esperar de una película que tiene el mundo del teatro, más que bien anclado y omnipresente, en el contexto de fondo). Y aunque el destacar a uno de los secundarios será pecar (y mucho) por omisión, me parece de recibo hacer lo propio por ese ejercicio de metalenguaje reservado también al ya mentado Norton (que lo de Keaton no es lo único aquí en este sentido) y su insufrible diva que al entrar en conflicto con el rol principal nos regalan los momentos más cómicos/patéticos del tema (es conocida la fama de "tocacojones total" en los sets de rodaje por parte del protagonista de "American History X"). Lo que nos deja ya únicamente por abordar, y obviando (que ya es obviar) la pericia del guión a varias manos, la soundtrack habida o la dirección de fotografía del habitual -de Iñarritu- Emmanuel Lubezki (mucho ojo y respeto a este tipo), el papelón de un desatado Michael Keaton... Que, al contrario que film, realizador, guión y fotografía, se quedó sin Oscar en "lo suyo" (la Academia prefirió dárselo a una niña de trece años con aspecto enfermizo), pero, miren... Casi que me alegro (una "Academia" que premia el "trabajo actoral" de un engendro insufrible como la Bullock, o nomina a un mueble esquinero como Damon, no creo yo merezca mucho respeto -así en general y más concretamente por su nula fiabilidad a la hora de ponderar la calidad de ese "trabajo actoral" on screen-,  según lo ve uno). Grandísimo trabajo, y elaboración de personaje, el de este portentoso actor que se tira a la espalda el peso del film con una facilidad pasmosa y pasmante a la par y del primer al último de los minutos... Como siempre, vaya (otra cosa es el nivel de acierto -más bien regular- a la hora de escoger roles, pero la calidad, con Keaton, me parece a mi más allá de toda duda)... Además quedaría también todo el tema del mentado "metalenguaje" por la parte que a él le toca (que "És Batman", claro) ... Pero tan obvio y largo a la par sería ello que ni empiezo dado que, más allá no sé, pero de noche se nos hace fijo. 


EN CONTRA. Las pamplinerías con las explicaciones/cábalas mil de ese "final abierto" que se pueda encontrar el personal por las redes... Nada, ni caso hagan. Dicho final está bien como ha quedado y su -tan plausible- ambigüedad es lo que, precisamente, le da el valor... Esto  no es Nolan o Shyamalan... Es cine del bueno, no una excusa para comer palomitas en un sitio oscuro entre "ohs" de sorpresa (otro día si eso ya les explicaré porque Shyamalan -excepto en "The village", que siempre defenderé la teoría gratuita del "esto tan bueno no puede ser suyo, no jodamos"-  debiera haberse centrado en la tv que lo del cine le queda pelín grande, o también, porque Nolan es un puro envoltorio de formas, resultón meramente a un nivel blockbuster y en el mejor de los casos, sin más).


CONCLUSIÓN. Personal (sabiendo "molar" sin perderse en la tontuna de "lo guay"), dramática (sin sobreafectismos molestos asomen), divertida (jugando muy bien el "patetismo bien entendido" sin caer en lo absurdo -del cual soy ferviente seguidor pero no es ello lo que vende el film-) y agónica (que ni a respirar deja tiempo las veces), la penúltima referencia del Sr. Iñárritu se recomienda y mucho por todas las bondades ya referidas pero... para rematar, y vender ya del todo la burra en el cierre: los fanes del "Misterioso asesinato en Manhattan" de Allen tienen aquí, atención, una cita como bastante ineludible. Y no, no es "Birdman" tan devastadoramente cómica y sí más dramática (y tampoco es Iñárritu aún en su mejor forma comparable al casi mejor Allen, claro), pero el tan agobiante  como preciso uso de cámara/fotografía, los diálogos atropellados a borbotones, los grotescos giros cómicos imprevistos... Buen film, buen cine y, además, "Amores perros" ya no es mi film favorito de su principal ente responsable. Muy recomendable al entender personal. 


GUZZTÓMETRO: 9 / 10