jueves, 28 de abril de 2016

CINEMA PARADISO (1988)

INTRO. Siempre que sale, -o hago salir para el caso-, a colación la tan cacareada "Amelie" de Jeunet me sobreviene la misma ambivalencia... o "paja mental", si prefieren, que es menos redicho y llegamos al mismo puerto. Le aplaudo lo esteta así como su ingenio (lo que sería el embalaje externo, soundtrack incluida), claro qué si, pero detesto y mucho su tan forzada complicidad buscada. Ese pretenderse entrañable a cada jodido aliento del metraje, llevándonos de la manita en el proceso y ay de aquél que chiste un algo...  Entonces uno se reafirma, orgulloso, en los cánones propios en cuanto a gustos y disgustos (porque todos semos la polla limonera -o similar- en nuestra almendra, claro ello). Así, personalmente y por ejemplo: "a mi solo me hacen reír, de siempre e inefablemente, la anarquía de Groucho y lo absurdo de los Python... el resto es todo circunstancial y rendido a si en A o B situación acierta con lo suyo quien toque"... Y cambié de género (o no), ok, pero para resumir la cosa sería que a lo que quiera dios me acerque en calidad de espectador debe (o eso pienso) agradarme de forma intrínseca y natural, sin presión ni intencionalidad desmedida/artificiosa desde su gestación. Lo uno me parece cálido y digno de recordarse o, cuanto menos, respetarse y lo otro me resulta frío, calculado y, básicamente, de garrafón barato de a granel. 

Pasa que, de vez en cuando, la vida ésta te da lecciones (insiste en ello la muy reputa) en tantas formas que no hay quien las cuente y, en efecto, los mentados y dichos "cánones propios" acaban tan al fondo del cubo las bostas que uno no puede sino envainarse sus preceptos (tan gratuitos, por lo general, y si media un mínimo de honestidad para con uno mismo -imprescindible ello-)... "A mi no me gustan los westerns"... Y un día ves los óleos del desierto on screen de Ford en "The searchers" y, por silogismo directo e inesquivable, se te cae todo lo tuyo al suelo y con la vergüenza abriendo el desfile. Tal cual. Y, extrapolando desde ahí, recuerdo ahora "La vida es bella" de Benigni... "¿Una comedia-drama de dejes costumbristas y generacionales, en pos de la lagrimilla ocasional,  con la IIª de fondo y que resulta a su vez un "solo de guitarra" del histrión de turno?"... Quite, quite, que no estamos para eso (lo de la "polla limonera", recuerden)... Y entonces, la ves. Y te gusta. Y piensas: "qué jodio el Benigni éste" (y qué grande en aquella ceremonia en el 98, andando por las butacas y demás -"esto es cine-arte de verdad, de calidad y para las masas, cretinos... a ver si aprendéis algo"). "La vida es bella" te dirige sin miramientos, te pone la mano en el hombro y te dice por donde tienes que ir a cada segundo de film (eso que tanto detesto a priori, si)... Y, aunque te joda ello hasta la exaltación plena de la bilis, te lo comes. Porque, básicamente, el "secuestro" aquí funciona y está hecha -toda ella- con un mimo y una pasión que no puedes/puedo obviar (a mi dame estas cosas y, por mucho gusten y con perdón incluso si procede, los primeros planos del cabolo de Gibson con faldones o del Costner con los lobos se los regalo a todos uds para siempre). Por si fuera poco, "La vida es bella", de alguna manera, rubricaba también y de alguna manera una década de cine europeo excelso, y digno de reivindicarse siempre por variedad y cantidad de referencias, en cuanto a reconocimiento global. Para rematar, finalmente y del todo, el envite solo queda ya confesar, antes de cambiar de parrafada, que "La vida es bella" me parece casi, CASI, tan buena como el "Cinema Paradiso" de prácticamente una década atrás en el tiempo... (y me sigan extrapolando, háganme el favor, que la cosa creo se entiende y además les sale de gratis).


SINOPSIS PRESTADA. Cinema Paradiso es una historia de amor por el cine. Narra la historia de Salvatore, un niño de un pueblecito italiano en el que el único pasatiempo es ir al cine. Subyugado por las imágenes en movimiento, el chico cree ciegamente que el cine es magia; pero, un día, Alfredo, el operador, accede a enseñarle al pequeño los misterios y secretos que se ocultan detrás de una película. Salvatore va creciendo y llega el momento en el que debe abandonar el pueblo y buscarse la vida. Treinta años después, recibe un mensaje, en el que le comunican que debe volver a casa

A FAVOR. Giuseppe Tornatore dirige y guioniza este aclamado largometraje donde absolutamente todo, TODO, le sale de nota. ¿Saben ese jugador de baloncesto que además de ser bueno "tiene el día" y parece del todo imposible que falle nada?. Pues tal cual. Visualmente es "bonito de mirar" como poco (y, al tanto, sin mediar nostalgias ni ponerse a mirar nada más allá... perse, que se dice): desde los planos generales de plazas y calles hasta la última musaraña del mismo cuartito de proyección merecen aquí su ajustado y bien medido grado de consideración para el realizador. El casting, igualmente, tampoco tiene mácula ni ponzoña a señalar y sí mucho a aplaudir... Ciñéndonos a los protagonistas -y con perdón por obviar el carrusel de muy buenos secundarios-, los tres Salvatores lo hacen de narices o cualquier otro apéndice a elegir. Eso sí, aunque la icónica escena del primer beso le toque al del medio (Marco Leonardi, el Salvatore aún bisoño pero ya no niño) y el culmen de la emoción recaiga al final en Jacques Perrin en una de esas secuencias que se dan de un mucho a un no me acuerdo en esto del cine, es el -entonces- "niño actor" Salvatore Cascio el que se quedará con nosotros de por vida... Junto a, ni qué decir, el monstruo interpretativo francés Philippe Noiret que hace de su Alfredo un monumento al arte actoral on screen a la altura de la puta gana señalar. Memorable, y a qué más. El relato en flashback de manual y la maestría sabiendo girar el constante e irreprochable todo final logrado en picos puntuales de la historia, que logran destacarse sin relativizar el resto, es otro punto a destacar (redundancias valgan y mayormente porque dichos "picos" son cine en estado puro... aquello del: "vete de aquí que ya no quiero oir más tu voz, a partir de ahora lo que quiero es oir hablar de tí", es de "nivel rosebud black label deluxe" para arriba, directa y mismamente por ejemplo). En fin, que ya a estas alturas no se qué cojones añadir, claro ello y más allá de recomendar su visión y revisión periódica (me parece que ya quedo más o menos claro que me agrada "un poco" este film)... Bueno... Quizá señalar que la banda sonora de Ennio Morricone (que sacó tiempo para ello entre "intocables" y "misiones" -estaba "un poquito" en forma en aquel segundo lustro ochentero el maestro, si... aunque, diáfano ello, ¿cuándo no lo está este hombre?-), mi compositor de soundtracks de cine favorito de siempre en las últimas (ya puestos), tampoco vendría siendo de "aprobadillo raspado" precisamente... De hecho, y con perdón, es una puta maravilla (otra más en sus cuentas -independientemente de si hablamos ahora de las virtudes de la obra hoy reseñada o del grandioso Ennio, así en general y durante toda su tan lóngeva y necesaria carrera-). Por supuesto, para ir cerrando ya apartado, de ser quien toque especialmente aguerrido o difícil de conmover hasta el punto de autopromocionarse como tal e incluso jactarse en ello, debe evitarse el visionar jamás esta película en solitario... Que se le puede resquebrajar el mundo y quedar ulteriormente muy jodido en remanencias de ánimo... que después no ganamos en psiquiatras y tal, oiga (avisad@ queda forever con ello quien proceda).


EN CONTRA. Que por la misma razón no me gusta comprar discos reeditados en formato de luxe (esos con más temas y duración... y por mucho estén impresos a fuego en las querencias personales), tampoco me agrada revisar formas distintas de aquellos contados films que, desde que recuerde al menos, me merecen la mayor calificación en base a las cuentas propias... Por ello, en efecto, no he visto (me niego) nunca "Cinema Paradiso" con su aproximada media hora original de más (y de antes de su comercialización internacional). Y no se me escapa, ya puestos, que más allá del tema "curiosidad" (perfectamente válido de por si), aquí se suma el hecho de que la obra está concebida así por su mismo realizador... Es algo con su punto enfermizo, en efecto (no lo negaré, no). He visto, lógico, éste largometraje de hoy en numerosas ocasiones con el transcurrir vital (y tal) propio y no le quiero cambiar nada. Nada de nada. Una cosa es poner al carapan de "la segunda que es la primera trilogía" como padre de Luke, qué manda huevos de mil corrales, y otra muy distinta cambiarle una sola coma a "Moby Dick" como uno la ha conocido siempre... y por mucho me lo mandase hasta el mismísimo Melville.

CONCLUSIÓN. En su segundo trabajo como realizador firmante Tornatore hace trizas el socorrido tópico de las segundas partes mientras se marcaba el film por el que, tampoco conviene engañarse, mayormente será recordado. Afiladísimo y certero en todos los frentes el relato de Toto y Alfredo (y cia) derriba escepticismos y prejuicios hasta que el ceño más fruncido se destensa y no resta sino claudicar ante su dispendio de bondades. "Cinema Paradiso" vence pues al vapor, sin llegar a ahogar pero inundando , arrastrando a su juego, inefablemente a todo aquel que se acerque medio descuidado y logra al fin (por pura y dura grandeza manifiesta -qué por estar está hasta Morricone, joder !-) que conceptos como "ñoño" y/o "sensiblero" aquí endilgados se equiparen, para con quien así se manifieste, al cateto que mirando alguna célebre genialidad del Louvre en viaje organizado suelte, sin rubor medie, alguna zascandilada del tipo: "pos pensaba que era más grande"... Bueno (que no vale obviarlo y no lo pienso hacer) y todo esto, para dar ya carpetazo postrero y no perdernos todavía más en lisonjas (que a ver quién las acaba), amén de su inolvidable final torticero y cabrón, a costura abierta y la nada nos importa, que más de un cuarto siglo después me sigue haciendo llorar... Plenamente imprescindible más que meramente recomendable. O al menos en el humilde entender (y sentir) personal.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

2 comentarios:

  1. Enorme la primera parte, coincido en Amelie, no tanto en La Vida es Bella, y totalmente en Cinema Paradiso, peliculón del santo copón oiga, y homenaje al cine en su época más épica, para no ser demasiado originales en el comentario.
    Estupendo post.
    Abrazo.

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    Respuestas
    1. La de Benigni puede rascar un algo por el autofestival sin medida que se da el tío... La tuve en cuarentena un tiempo tras haberla adorado bastante, lo confieso, pero al final en la erosión, con la perspectiva del tiempo y tal, me ha acabado medrando en los gustos propios... Por supuesto la de Tornatore es mejor, sí, o al menos para mi también. Y de hecho el término "clásico" (y en plenitud) no veo le quede ancho por ningún lado. Peliculón y punto, está claro.
      Abrazo, Addison !

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