lunes, 23 de mayo de 2016

WILCO - "Being there" (1996)

Y después de "Being there" llegó "Summerteeth"... Su "disco del cambio". Wilco empezó a rebozarse en el trabajo de estudio, perdiendo su esencia rupestre, y recibiendo con ello la espalda en los morros por parte de sus seguidores más añejos (los que venían de Uncle Tupelo o, sencillamente, los que se negaron a éstas reinvenciones por parte de los músicos)... Pero, faltaría, a los que no gustamos de dogmas ni sotanas aquello nos importó e importa unas cuantas docenas de huevos. Ni qué decir. Porque está claro que, más allá del consenso de la "especializada" por el disco de la luna y los tres que seguirán, Jeff y cía. te pueden plantar un "Jesus etc." por aquí, un "Muzzle of bees" por allá, o una "Impossible Germany" por acullá y con eso, hale, a achantar hasta el más tocahuevos de la última fila de clase. Indebatible ello que es lo de blancos en botellas y sin más. Pero echemos vinagres también, que es gratis y por qué no... Y es que tanto se genuflexionó "la especializada" con la trilogía YHF-"el del huevo"-SKY que se pensaron los muchachos que hasta podían hacer remixes en studio del Padre Abraham y los Pitufos quedándose tan anchos en el proceso, con lo que -lógico- se acabaron por dar la leña padre... Sí, "el camello". El único disco que claramente (me) estorba en una discografía nutritiva perse, tanto en flagrantes highlights como en ocultos recovecos. Después, los dos que siguen, tienen sus cosas y aunque haya (y que pocos no son) quien ya los ha sentenciado forever, la sensación de "están en ello" existe. Y son Wilco y es Tweedy. Y eso es muchas cosas pero nunca "poco". No creo, en resumen, que convenga esperar otro "Being there" por sus partes en el futuro, ok, pero su "disco de redención clásica" (su "Rainy day music", si se prefiere), si bien difícil, tampoco me parece algo simple y llanamente imposible.


Por supuesto, de cajones ello, me parece lícito explicar (o intentarlo) la importancia que este disco, que -mayormente- hoy nos ocupa, supuso para algunas generaciones o, por lo menos, para importante parte de los individuos que las integran... A las next generations esto les sonará a milonga claro y, por supuesto, aquellas más provectas  se limitaron a ponerse el babero y disfrutar cual berracos y como sabe dios cuanto hacía que no lograban... Por mis partes, con veintipocos en el segundo lustro noventero, en plena efervescencia de Green days, brit-pops de fogueo o Marilyns Mansons (y la que los parió a todos juntos), aparecían estos pimpollos reivindicando las formas puras de antaño del rocanrol -y en varias de sus distintas formas- yanqui. Y esto, el triunfo final de esta formación y visto en perspectiva, supone un triunfo en la historia del rock como muy poco, o en el peor de los casos, "contundente". No un imposible hecho realidad, pero si algo altamente improbable hecho inesperada realidad, para entendernos. Quizá, en base a ello y por cierto, habría que recordar eso cuando -demasiadas veces- se tira con bala sobre los de Chicago, ya de un buen tiempo a esta parte (que no son unos "cualquiera" y punto, vaya). También estaban los Jayhawks (el otro lado de la misma e indispensable moneda), claro, y juntos lograron que el concepto "americana" volviera a ser de pronto un género rocanrolero además de una sección del corte inglés (y sigamos sumando en cuanto a improntas en la historia, desde luego). Pero a esos y por los que a día presente mato, yo al menos y ya lo confesé no hace mucho en este lugar, me reenganché plenamente con su RDM y en retrospectiva... A Wilco los viví prácticamente "en directo". Razón: "Being there", que es el "Nevermind" noventero en lo suyo (con lo odioso al comparar ya que el disco del bebé buceador no podría ser más explícito en su cover al perpetrar dicha comparación respecto al otro). Pero no, error... Es mucho más. Lo indecible. Tweedy no tuvo ningunos Sonic Youth o Pixies de los que copiarse por la curra, a la salud de los siempre precipitados jovenzuelos y bajo la sombrilla mainstream... Si "Apettite for destruction" nos supuso a muchos, en la primera adolescencia, el interesarnos por AC/DC, Lizzy, los Stones, New York Dolls o hasta los mismos Zep desde ahí y en adelante, "Being there" hacía (y logró) lo propio con Creedence, Byrds, Allman Bros, Young -con y sin búfalos y equinos de por medio-, Bands y demás tótems sagrados (y aquí hay quien recordará también a los Crowes, y ok -que me encantan desde ni me acuerdo también, nos jodió- pero estos siempre han sido más formales y sobre-seguro, y sin desmerecer jamás, -qué soy fan suyo coño-, pero para entendernos rápido y fácil)... Esto és: la crema. Y esa deuda es la que, para mi al menos, hacer querer y reconocer tanto a banda y músico. Una gratitud eterna y una deuda que jamás será pagada del todo. Imposible. Jeff, como Robbins en  "Cadena perpetua", se metió y arrastró por una tubería de mierda ("he tenido que besar muchos culos para llegar aquí", que espetaba a alguien en aquel celebrado documental) y salió heroico y henchido de gloria por el otro lado. Es por eso que, cuando alguien echa ponzoña (aún yo mismo) sobre lo que dios quiera que haga/n, me afano en recordar siempre que, en efecto: qué coño importa nada, cualquier consideración y venga de donde lo haga... su grandeza resulta y, en verdad és, intachable. Ya hicieron el Everest y nada más que gracias por todo lo demás que llegue partiendo de ahí. Y el Everest, por cierto y obvio, es "Being there". Uno de los mejores discos de la historia del rock, doble o no, dejado ahí como si tal cosa y al descuido en los mid 90's... Y a ello que vamos a continuación, ya de forma algo más explícita. 

No haremos, para la ocasión, un song by song de las diecinueve piezas encerradas en este puto  tesoro sónico de las narices. Pero eso si,  lo primero y más remarcable se me ocurre (y que aún hoy me sigue sorprendiendo) es la variedad de palos que consigue con lo directo y sin ambages de su sonido en cuanto a producción en estudio (a veces parecen primeras putas tomas y a otra cosa... así como Ed Wood grababa sus escenas, pareciera). Y no quiero utilizar a la ligera el término "fresco", que me da rabia como recurso al adjetivar una obra y lo dejo siempre para los calippos y tal, pero... joder, qué bien encajaría, sí. Junto al ya clásico y fiel Stirratt y Coomer como base rítmica, Wilco, perdón, Tweedy se encierra con "el nuevo" (Jay Bennett) y "el viejo" (Max Johnston -en su último figurar en la banda... y al que muchos , conspiranoicos o no, señalan como el auténtico generador del espíritu clásico del combo aupados por aquello de que  "el cambio" se da tras su marcha, lógico-), y empiezan a elucubrar y desarrollar un cancionero que cubre hasta la más estricta y culoprieta de las exigencias se cruce. Tal es su poder. Además, -que hay o pueden haber muchos "ademases" aquí, ni qué decir-, al terminar el guiso y pegar unos pasitos para atrás  a fin de contemplar la mampostería, reparamos en lo enorme que les ha quedado todo a los muy cabrones: ganchos a la barbilla en la primera parte en desfile continuo, momentos menos obvios pero que se acaban por descubrir preciosos al terminar los fuegos artificiales en la segunda, unas instrumentaciones de imposible pagar que logran hilvanar de pleno la pleitesía por "los clásicos" con el sonar vigentes de su tiempo por la maestría empleada, una austeridad y credibilidad intachables que también van perfectamente de la mano y, entre tantas cosas más, un cierto poso de fiesta de ese que cuando ves a según que actores en según que film piensas "se lo han pasado de puta madre haciendo esto seguro", pero con corcheas y demás, claro... Sintetizando y menos leches: un puto portaaviones de rocanrol, dando igual la época a considerar (que esa es otra y no precisamente poca), y tal cual. 


Que "monday" y "outtasite (outta mind)" son un doble combo invencible que les granjea la entrada al Olimpo ya de base es algo sobre lo que ya pende la etiqueta de "obviedad"... Pero es que, definitivamente, esa primera parte es un caramelo de sabor infungible y ponerse a dar vueltas... A ver, tengo en  "What's the world got in store"  mi canción forever de la banda, el organillo de "Hotel Arizona" es algo con lo que el mismo Sr. Manuel descorchó un Moët & Chandon Brut Imperial en el cielo, "Say you miss me" es un poco más bonita y explota el tocadiscos, la sentida entrada al corral con "misunderstood" con su crescendo final, la alegría de "I got you...", el tabaco de liar en el atardecer del porche con "far, far, away" mientras de la cantina el viento nos trae a lo lejos esa "forget the flowers"... y ya solo queda (en esta primera parte) "red-eyed and blue" que con su calidez, silbidos y teclas con traje de domingo mediante, nos adelanta la suerte de eterna "búsqueda del tesoro pirata"  que tenemos escondida en el segundo, y nunca lo bastante reivindicado, disco de "Being there". Y es que ya la misma reelectura para "outta mind..." a lo Wilson a mi me mata tantas veces que hasta la misma parca me envia a la mierda... "The lonely 1", qué preciosidad la muy puta con esos teclados adheridos a sus classic chords... Y lo mejor, valgan redundancias, es que tampoco mejora a la deliciosa "sunken treasure" que nos re-abría el chiringuito. Le pagamos el peaje a los Fogerty y cia, en "someday soon" cómo no, nos hacemos un piano-blues de manual hasta que sacamos a pasear el banjo para tocarnos ya del todo en "why would you wanna live" o lo dejamos fluir a pelo y sin cucamonas ni aderezos en "(was) in your dreams". No se dejan nada, no. Que tampoco desentonaría demasiado, ya puestos y atención, esa "someone else's song" en el World Gone Wrong del maestro (al menos en espíritu, que esas canciones y letras son las que son, faltaría). Y la despedida con "dreamer in my dreams", está claro, que es el fin de fiesta de la cantina que decíamos antes... Y, en pie, ya solo nos queda "kingpin", que es cojonuda y donde les dejan claro a los Robinson que se anden con cuidao que ellos también pueden "stonerizarse" de cojones si la gana les da. Mucho, demasiado y todo a la vez, qué duda cabe ya a éstas alturas de la comedia con el "BT" de marras.


Y al final, qué cosas, con la tontería y a ritmo sandunguero sí llegó el song-by-song, mira tú  (si es que no te puedes fiar de nadie). Pero, de alguna manera y en el fondo, ya me lo veía venir. Si alguien se quiere dejar algo del festín allá él/ella con lo suyo. Servidor, visto ha quedado, no puede o no sabe.  "Being there" es demasiado disco. Uno irrepetible que, como el "Tomorrow the green grass" de los Jayhawks de las narices, merece guardarse/clasificarse en la discoteca privada entre "casas rosas" y "cosechas" (y/o similares barbaridades). Tal es su lugar e importancia (y putoamismo también), aún por "out of time" resulte en cronologías del medio. Menos vueltas: Historia sin más.Y fin.


2 comentarios:

  1. Sin duda uno de los grandes discos de los noventa, Guzz. Para mí ni Wilco ni Jayhawks están a la altura de The Band, Led Zeppelin o la Allman Brothers Band, por ejemplo, aun reconociendo las emocionantes virtudes de "Being There" o "Tomorrow The Green Grass".

    Abrazos.

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    1. Para mi tampoco, ojo. Pero esos discos concretos si me merecen estar entre las grandes obras de tan reputadas, con perdón, gentes... Es más, confieso que en mi querencias personales (y aún a pesar de adorar B&S o lo del Filmore) no veo a los Allman en concreto tantísimo por encima... Lo otro si (el otro par que mentas). Lo otro es once in a lifetime que decía Byrne y ni qué decir.
      Abrazo, Gonzalo !

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