martes, 14 de junio de 2016

FAMILY - "Fearless" (1971)

Lo del "quien mucho abarca poco aprieta" es una de esas constantes de la vida ésta que, aún jodiendo según casos, suele generar pleitesía ulterior para con la "sabiduría popular" de marras. Y por muy garrafera nos resulte las veces, si. Me acerco hoy, partiendo de dicha premisa, a la singladura de la bandaza británica Family (1967-73) , cuyas hazañas -tan necesarias- han quedado, quizá, algo demasiado opacadas con el pasar de los tiempos... Y no solo ya por el carrusel de monstruos que deambulaban por el mundo en aquellos años de máximo esplendor rockero, no. Incluso en el "corralillo" donde más mejor conviene ubicarles (prog rock)  quedan siempre irremediablemente sentados en segunda fila para la hipotética foto de iconos históricos del subgénero. Planteado, todo ello y lógico, desde la perspectiva actual del "como ha quedado para la historia el tema" y, de paso, obviando que para los amantes específicos del prog-rock más celestial, resulta la banda de Chapman, cuanto menos, "intocable". 


La falta de eco para el público en general, y en dicho presente continuamos, es algo que no arreglaremos desde un espacio y lugar tan pequeño e ínfimo como esta cochambra, faltaría... Además, en este cuento no podemos echar culpas a "sistemas", "gobiernos" o, siquiera, a "tendencias/modas". Y con ello volvemos a la primera frase de la entrada... Pues, en verdad, nadie sabe todavía hoy, un 14 de junio de 2016, si Family eran prog, psicodélicos, blues, folk, experimentales, art rock  o zarzueleros (etc)... "Pues como tantas otras bandas de entonces, que ahí reside el mojo", que argüiría (si no literalmente sí en esencia) alguien, no sin parte de razón. Pero, al tanto, solo "parte". Pues al final de la maleta de sueños de todas aquellas legendarias bandas siempre, y lo que se dice siempre, acude al rescate una constante, un mínimo común múltiple en su sonido. Family, como siempre en la opinión muy personal de uno, no tenían eso. O no del todo. Estamos con una formación que te puede saltar de Crimson a Jethro, para llegar al "fluido", detenerse un poco más allá con algo de Canterbury, frenar para quedarse en las caricias de Fairport o, entre varias otras posibilidades, emerger al final en plan Genesis desatados del monumental periplo "nursery-lamb". Dos paradojas (llámenlo "curiosidad" si prefieren): Family nacían al unísono sino antes que todas esas gentes y, con un par, asolaron los top-10 de álbumes en sus tierras (y ruego un análisis mínimo aquí para asimilar a qué precio andaba la sardina por aquellos años) en más de una ocasión. En resumen, puede que estemos ante la banda -del subgénero ya repetido- que merece un mayor reconocimento histórico (y ahora llámenlo  "justícia" si prefieren), y a la mayor prontitud, de la mano con los también descomunales Caravan (con el agravante de que éstos últimos tienen, al menos, la inmensa sombrilla de la que liaron Ayers, Wyatt y cia en aquel lugar concreto y son, en definitiva, una referencia como algo más "encontrable" en los distintos libros/medios). 


Subamos, o bajemos (que sazone el consumidor), la apuesta ahora señalando que. para quien suscribe. el disco de Family que acabaría en la consabida isla de las narices no sería ninguno de los dos primeros a los que todo deben, ni tampoco el tan destacado y penúltimo "Bandstand" (discarrales de copones y griales los tres, ojo nadie se confunda), sino -y claramente, además-  esta viguería absoluta que reza en cabecera... "Fearless". Álbum éste que, por encontrarle uno una mística especialmente recalcitrante o, sencillamente, por ser uno así de tocacojones, sintetiza como nada el potencial y discurso de la formación en sus formas más conspicuas y putámicas. Alguien, a lo mejor,  más versado y/o erudito lo despejaría todo (todo "el asunto Family", entiéndase) de una guantá, y a mano del revés, aludiendo que esto no tiene más misterio que, en definitiva, un pasar de los elementos folk-psicodélicos de los inicios a una mayor tendencia hard-rockera de las despedidas (y como hicieran tantas otras gentes, además). Y "santaspascuas". Pero, miren, antes de tirar de tópicos a colación de grandes paletas cromáticas o ingentes sino incontables influencias en el muestrario, uno percibe ésta formación, las veces, como algo más cercano a la misma locura avezada a un espectro de creatividad desatada (la pared de lo más lógico, de lo que "conviene esperar", queda demasiadas veces derruida con ellos de por medio) que a otra cosa. Y el principal argumento, mi seguro del parchís, para con ello será siempre el fantástico elepé  que toca hoy. Con el que seguimos, ya de forma más concreta, abajo.

"Fearless" no está por leches y empieza con la dulzura del mismo Lennon secuestrado por los dos bosquímanos de la Incredible String Band para la despampanante , en todos los frentes, "Between blue and me"... Por lo menos, hasta su viraje blues y el descubrir que Roger Chapman tiene, de base, el registro más cercano al mismísimo Gabriel que quien sea se pueda cruzar jamás en este plano existencial (ligeramente más acerado seguramente , más Paul Rodgers en su "vertiente berreante" para entendernos, ok, pero la evocación al creador de Rael -no se dude- resulta inmediata). "Sat'd'y barfly", por sus partes, considera que ya se fue bastante amable con la anterior: pianola de cantina western, vientos "sgt. pepperos", poso de ruptura de género a lo Soft Machine (que arrancaría, ya puestos, una sonrisa del mismo Wyatt más animado) y, entre otras, una curiosa mezcla de extrañeza y adicción difícil de poder explicar... Y, a todo esto, ¿por qué narices me recuerda a ratos esto a mi a Manfred Mann?... Achaquémoslo a la "crisis los cuarenta" esa y avancemos mejor, si. Para la tercera, "Larf and sing", lo que es a uno ya lo rematan del todo:  marchamo a medio camino de la bossanova y el free-jazz con estribillo/intermedio de grupo coral a capela (puro hit para barberías 50's) y para la casa... Imparable, que decía aquel. Y aquí llegados, y a pesar de lo mucho nos queda, ya no debiera pasar desapercibido que nos acabamos de embutir tres canciones que no tienen absolutamente nada que ver una con otra y qué, además, triunfan de pleno cada una en lo suyo. Pero sigamos, que no hay dolor (ni miedo, en efecto), con "Spanish tide". Y esta marea que nos dedican resulta, cómo no, otro batiburrillo de géneros intercalados que lo mismo te recuerdan a Caravan que a los Who, con parada y fonda en Jethro, para dispararse ya del todo en el vivaracho grueso instrumental de la segunda mitad donde, nuevamente, la sombra de la vertiente más experimental del perifollo prog nos golpea sin compasión. "Save some for three" es ya la puñetera fiesta con sus trompetas, piano sin tregua y ese breve momento guitarril posterior que parece no venir a cuento pero es la cocción difinitiva del tema... De mis favoritas en verdad , qué cojones, con ese auparse a lo Weather Report y la escueta chirigota de carnaval de Río a modo despedida. Se llega al ecuador con "Take your partners", la pieza más larga del lote (la única que alcanza los 6' -todo un logro, o casi, en un "disco prog"-) que genera de entrada una expectativa fetén ("a ver por dónde narices tiran cuando acabe esto") y que encierra en su seno una jam lisérgica de postín (y  tres pares) que recompensará sin mácula a los fans más reticentes del mismo Sr. Garcia. La segunda parte (partiendo de la edición digital, y -ligeramente, por los "bonuses"- no original, que atesoro) en siguiente párrafo... Audaces only, ni qué decir.


"Children" ... bendito cabrón, Roger. Si la primera cara empieza con Lennon, ésta segunda se va a por un  Macca de manual. Esa "parada" con guitarra de lecho por en medio... Bonita y acústica como para perderse en ella, claro qué sí. Y qué alejada, por cierto, de las formas habituales que suelen asociarse con la jerigonza "prog" (y a vueltas con tooodo lo de antes, está claro). Tras el remanso de paz, vuelta a la carga con "Crinkley Grin"... Breve intermedio de un minuto que, de forma amenazante, ya nos deja claro que no nos póngamos demasiado cómodos... Que "children" puede ser (y és) muy preciosa y tal pero aquí, en definitiva, se ha venido a jugar a "otra cosa". Así, "Blind", puede que lo más "rockeramente estándar" que aquí encontraremos, con su aura Humble Pie de primeras, parece no conformarse consigo misma y se va a los vientos de Anderson, entre algún que otro pasaje propio del folk más acido del segundo lustro sesentero... no sea que perdamos atención un solo segundo siquiera, si. "Burning bridges" es de alguna manera el peaje bluesie, nuevamente en muy marcada clave folk (y saludo al "tercer beatle", ya que nos ponemos) que pese a contar con esa guitarra-turbina, que revolotea sin pausa, configura (y aún bien lejos de estorbar en absoluto) el momento que menos me emociona del lote... Lo que, en efecto, me dejaría una montante final de: "discazo, pero el cierre no es todo los bombástico que la ocasión requiere", en el balance postrero  (recuerdo aquí que soy un defensor a ultranza de la importancia secular del "último tema de disco" a fin de acabar de cerrar una "masterpiece" de facto... o no). Pasa nada. Cuento -recuerdo- con la edición digital de dos bonuses del calibrazo de "Weaver's answer" y "Strange band", que no es que me rubriquen de pleno meramente el tema, no, es que me envian al puto "Fearless" éste al mismo Olimpo sino beyond... En otras editions, por cierto, están -por contra a esas dos- "In my own time" y "Seasons", qué también déjalas sueltas y verás que risa (y ambas dos muy superiores, siempre para el menda y con lo diferentes resultan entre si por bandera -que faltaría. claro-, a los "burning bridges" igualmente)...  No podría acabar aquí, en cualquier caso, sin dejar constancia de que aunque, en efecto, "Strange band" resulta cojonuda perse (otro "rollo Caravan", para resumir a brocha muy  gorda -que, sean marimbas o xilófono, puto genio quién lo haga eso-), lo del melodrama  de "Weaver's answer" ya directamente no hay cristo nos lo pague... De las predilectas de la formación, dicho todo sea y a qué más. Y fin... Bueno, no, qué coño... A mantener todos la llama de la Family bien combustida forever (que se lo merecen como pocos, pardiez), y otro día, si eso, ya recupero el tremebundo "Mail order magic" que el puñetero de Chapman se marcara solateras en los primeros 80's...

2 comentarios:

  1. Soy fan hasta las trancas de Family y, a diferencia tuya, si que elijiría su primer "Music in a doll´s house" como su mejor momento (ese disco me fascina, realmente lo encuentro atómico). A pesar del olvido actual Family fueron una banda muy popular en la Inglaterra de los 70, tanto que cuando fueron (después de mucho esfuerzo) cabeceras en conciertos de dos grupos, sus abundantes seguidores tenían a bien abuchear a los teloneros o a otros "desconocidos" entonces (el Don Van Vliet de Capt. Beefheart cuenta cosas sobre el particular). Voy a darle un nuevo repasito a la discografía de los ingleses, y terminaré con Streetwalkers, muy grandes.
    Abrazos familiares,
    JdG

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    1. Epaa, respondo dos meses más tarde pero lo algo al fin. Gracias ante todo Javier por sumarte a la familiar causa... Y eso que explicas, y enriquece el texto, me sirve además para agarrarme a pies juntillas en lo de que, básicamente, el "gran pecado" de Family, en lo que a su poca percepción global en la historia pertoca, fue esa desbocada pericia de palos y opciones a tocar... No se cerraron puertas y, por ello, no suelen ser mentados, -o no de la forma recurrente que merecerían por talento-, en los grandes listados del prog, el hard-rock 70's, el folk rock o lo que se quiera... Lástima por que, desde luego: rediós qué banda !!
      Abrazo, Javier !

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