jueves, 29 de septiembre de 2016

ABOUT... MARQUEE MOON


Se admite sin problema que dedicarle a estas alturas un "about" a "mi disco" por antonomasias (solo con los permisos del directo de Miami de Cooke y la llamada londinense de los que te dije) puede resultar algo manido y tópico de narices, si... De la misma e igual forma que se admite que me importa ello más bien nada tirando cero (estaríamos buenos). Y para allá que nos vamos.


Qué tiene en realidad éste disco, y antes de valorar otras opciones, que le hace tan especial, tan insondablemente icónico para no pocos miles de personas... ¿No será ya producto de cierta tontuna generalizada en según que foros? ¿Del puro y duro postureo? ¿Se ha convertido el estreno de Television en algo análogo (por mero principio inductor) al tipo que no se pierde una chirigota masivo-festivalera-veraniega sin sacarse la camiseta de los Division ni para ir a cagar o, por qué no, a ese teenager mameluco que se compra la samarra con el emblema stoniano -o ramonero- sencillamente porque, claro, "mola"?... Pues miren, con todo lo corrido ya bajo el puente y tal puede que sí, que en efecto así sea (si hasta lo mentaban, tampoco hace tantos años, en una canción de Amaral -que no tengo nada especialmente en contra así de gratis y más allá de su "radioformulismo" por montera, pero que, definitivamente y en resumen, no son para mi-). Pero, ojo primordial, no fue siempre precisamente así... ni mucho menos. "Marquee moon" fue durante no pocos años uno de esos trabajos fetiche (a la par que seminales del caerse) para la facción más purista, rabiosa y tocacojones de la "prensa especializada". Como los estrenos de Big Star y Dream Syndicate, el "Shake some action" de los Groovies, y demás muy contadas ambrosías a las que el rocanrol  ha acabado por hacer justicia con el pasar de los años, partiendo de un reconocimiento para nada ingente en sus respectivos momentos de ser alumbrados. Esto es así, y aunque hoy pueda resultar difícil de creer a las nuevas hordas de seguidores rockeros, aún por exigentes y reverentes con la historia del medio resulten. "La especializada", o parte significante de ella al menos, se volcó casi desde el principio con el disquito de Verlaine y cia, en cualquier caso... Y cómo no hacerlo, por otro lado.


Grabado en el 75 pero no publicado hasta dos años después, en pleno apogeo del legendario CBGB (otra de esas "camisetas recurrente-chanantes", ni qué decir), con los Ramones, Talking Heads, Patti Smith, Blondie y demás en la foto de familia, "Marquee moon" recogía sin reparo ni vergüenza alguna el legado "velvetero" y lo llevaba hasta el infinito y beyond... La manera de cantar del propio Verlaine, desesperada, rota, más propia de Bolan o del Bowie glamero que de otra cosa, origina un contrapunto insaltable, magnético, a la música tan épicamente oscura y directa que aquí encontraremos. "El vademecum definitivo para cualquier banda que pretenda hacer música de guitarras", que le leí una vez a alguno de los gerifaltes más apreciados de la prensa musical autóctona (-estoy en un 90% seguro que fue el señor Ignacio Julià, el maestro pergeñador de dicha andanada-)... Y eso es mucho decir, está claro, pero... ¿tanta exageración resulta?. En absoluto, al menos en el humilde parecer personal. Nunca he escuchado, que se lo prometo a todos, un álbum con unas guitarras que me hayan resultado tan inteligentes, tan enfermizamente sugerentes como las de este álbum. Sin ningunear, porque es imposible ello básicamente, la labor del bajo del "blondie" Fred Smith o, aún mucho menos, la batería de génesis jazzística de Billy Ficca (seguramente el último gran no-secreto de disco y banda en cuanto a su sonido-tipo más reconocible y apreciado), la labor del muy ilustre Richard Lloyd y el propio Tom Verlaine con sus guitarras entrelazadas, sus solos que parecen llevarnos de cabeza a la perdición, sus disgresiones putámicas y sin olvidar (jamás de los jamases) la limpieza, lo bien, lo arriba que suenan las notas (joder, incluso), convierten ésta luna televisiva en un tótem inmarcesible de la historia rockera toda ella y sin pero a caber. Porque no cabe, no puede caber nunca esa opción, -el olvido-, directamente.


Fuerte y evidentemente marcados por la manera de atacar las seis cuerdas de Lou Reed, esa manera donde no es el número de notas ni aún mucho menos el volumen sino, simple y llanamente, lo sentido (la intencionalidad y el hacer sangrar) de dichas notas, Verlaine y Lloyd hacen de "Marquee moon" un ícono del punk-rock lo mismo que del art-rock... Grupúsculos a los que, ni qué decir y para más cojones, no pertenecen de pleno en ninguna de las maneras. Y ya que tratamos sobre el maestro, ¿recuerdan ese final de "Coney Island", con su guitarra llorona que hiela la médula en cada una de las mil veces que la escuchamos?... Para mi ese sentimiento, esa misma búsqueda (y ejecución) es la que raja el disco que hoy nos ocupa de arriba a abajo y de lado a lado: desde la inicial y vivaracha "See no evil" hasta el melodrama postrero de "Torn curtain". 


Básicamente, "Marquee moon" es el disco que pongo cuando no se que poner, al que recurro cuando ando tan bajo de ánimos que casi ni me apetece escuchar música, el que dejo para el último (el puesto de honor) en esas tardes de oldies sin cuartel o, también, el que (definitivamente) menos me cansaré de escuchar jamás. Será quizá el tan agradecido efecto sedante que encuentro siempre en "Venus", el ya mentado tema de cierre (con su tristeza de final de verano a cuestas), o igualmente la preciosura intocable de "Guiding light" y el medio tiempo con esa guitarra a lo Ronson en Ziggy -que se merienda hasta la misma repetición del título para el chorus- en "Elevation" (y todo  ello por no hablar de la épica eterna de los diez minutos de paso del tema titular, está claro), o quizá también, cómo no, por lo emblemático de las otras tres (algo más "movidas" pero sin descantille casposo de rock-star medie en modo alguno -que todo es "contenido" en este disco-)... Puede que, desde dicho trío de bicocas, sea "See no evil", por aquello de arrancar el asunto, la más recordada de forma iterante (que de mal me parece una bosta ello, marca el perfecto tono de todo lo que vendrá sin trampas ni cartones), pero la parte final de "Friction", la "subida" guitarrera de "Prove it"... Demasiado enorme todo, demasiado disco. Sin más, Y punto.


Tiempo ya solo para agradecimientos.... Agradecimientos todos para Verlaine, Lloyd, Smith y Ficca, por meter en un mismo disco todas (o muy poco menos) aquellas cosas que más me gustan y atraen del rock desde ni me acuerdo y dejarlas encapsuladas hasta el fin de los tiempos en una misma y única flagrante obra de arte. Como las novelas de Vian o algunas pelis de Lang, "Marquee moon" me picó demasiado fuerte (puede que demasiado pronto, que yo qué sé en definitiva) y se quedó conmigo para siempre... Digo más: del incendio salgo con él o no salgo. Sí, tal cual, eso es lo que pienso mejor sintetiza lo que me significa a mi "Marquee moon", y para dar ya carpetazo al tema... Mi "guiding light" (en efecto) de esto de las guitarritas. Tal cual y fin.

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