viernes, 16 de septiembre de 2016

REIVINDISCABLE: "Set the twilight reeling" (1996) y "Ecstasy" (2000) / LOU REED



El próximo octubre se alcanzarán los tres años (ya) del óbito del Genio. Y aunque, es cierto, su obra de estudio estándar (sin colaboraciones ni mandangas variopintas medien) se aparcó, finalmente y del todo, en el último año del pasado milenio, demasiado me temo que a colación de éste hombre nos falta vida, directamente y a un sindiós de personal, para dejar jamás de echarle en falta... Esto es así. Y si bien la veracidad de las cosas que genera el tiempo, en retrospectiva, es fría y devastadoramente feaciente, no por ello pierde en momento alguno su condición de (igualmente y/o por lo menos, siendo pacato, "a veces") cruel... Veamos, ahora -cuando la parca ya ha hecho lo suyo- es fácil cuadrar libro de balances (datos ya definitivos en mano), y así, para el caso nos ocupa: "éstas son sus masterpieces; ese disco está sobre/infravalorado (siempre en perspectivas del juez que toque, obvio); tiene esta etapa que tal cosa y esta otra que no se qué"... Vale, ok y lo que sea (son cuatro décadas de paso de artista, que cada uno libre su propia batalla con ello). Sin embargo, quisiera echar la vista atrás un segundo, unos muy pocos años atrás ya nos valen... Y desde ahí: ¿quién, de entre sus admiradores (en distinto grado si se quiere), no hubiera recibido con dicha una nueva referencia, -de esas "estándar" que referíamos-, de Lou?... Volviendo a la actualidad, y por ejemplo, uno sigue esperando con esperanza, valgan redundancias y sea ello justificado o no, ese último baile de los Randy Newman o Tom Waits (sudando mucho de la edad que rece en pasaportes, ni qué decir). Y así, tal cual, que estaba uno (en ese preciso estado de ánimo), por lo referente al bardo neoyorquino en el momento de su desaparición... ¿Y a dónde se pretende llegar con todo esto?, paciencia que a ello vamos... Pues, básicamente, a dos puntos concretos: por un lado Lou Reed nos seguía manteniendo ávidos de nuevo material a un ingente considerable (seguía siendo necesario, aún así en su versión menos lozana y salvaje -que la sabiduría es innegociable en definitiva-) y, también (pues también es algo que se genera desde su adiós postrero), el hecho de lo dañino me resulta ese gélido considerar en base a los "balances" antes referidos (más, y tan artero, cuando atacamos a algo/alguien tan admirado)... Que la historia nos la cuentan unos cuantos siempre y, por ello, se crea acervo de la mera opinión (y da igual lo calificada nos resulte... "opinión", subjetiva siempre y al fin), cosa que, en resumen y para no alargar (más): no mola nada. Los historiadores/críticos/plumillas ya han hecho su "recuento" y, en adelante, cuando algún barbilampiño teenager, o post-teenager de veintipocos,  requiera guía externo para ponderar la descomunal obra del artista, se verá perdido en un mar de estrellitas y puntuaciones que, adivinaron, siguen siendo "mera opinión" (guste o no de admitir a quien proceda). No parece muy justo, y aunque además (claro, sí y en efecto) sea al fin algo perfectamente extrapolable a muchos artistas y gentes ello. Así, que esto sería un poco el tema, lo que vengo a reivindicar (si "reivindicar" con alguien de este calibre es posible -se admite lo ridículo que a alguien pueda resultar ello sin problema, vaya-)  es la poca consideración y postergación (generalizando, pero es lo que hay) de ese par de "ultimos bailes" de Reed: "Set the twilight reeling" (1996) y "Ecstasy" (2000). Dos discos que, por supuesto, gozan de bastante alta admiración/consideración en casa propia.


Mucho, puede que todo -y por todo lo ya aquí vertido y más-, esté perfectamente explicado y documentado desde su obra y biografía "oficial". Pero, yendo de meollos, lo que raramente se verá relatado en lugar alguno es lo de putísima madre que se lo pueden pasar aquellas gentes que atesoren el legado e historia del músico (con sus distintas metas volantes a señalar) al arribar a éstos, sus dos últimos elepés. Si es que, que de cajones resulta, se consigue pasar por encima de esas manidas "estrellitas y puntuaciones" y, lógico, les otorgan el pábulo que realmente merecen (sin dejarse influenciar en modo alguno, sin miramientos por encima de hombro tercien)... En sendos trabajos Lou sigue siendo Lou, y consigue ofertar algo digno de llevar su nombre, sin condescendencias medien (y ojo que lo que antecede, en estudio -que ya obviamos el fugaz "retorno velvetero"-, es la tremenda trilogía NY-Drella-M&L, casi nada): eléctrico, ácido, inquieto y cabrón como él solo, sin descuidar momentos para la sentida emoción en el relatar/cantar. El mismo inicio de "Set the twilight reeling" con la vigorosa "Egg cream" y la descomunal "NYC man", con su toque jazzero y con su ser más bonita que la madre la parió, logran por si solas descojonarse de todas las, ya por triplicado mentadas, "estrellitas" que antes decíamos. Y desde ahí, cómo no, todo es un seguir sin pausa: desde la evidencia del líder velvetero para "Finish line", pasando por el abrazo dylanita en modos y formas de buena parte de "Trade in", y consensuándose, al ir abriendo sus distintas ventanas, una marcada intención de sacar a pasear la eléctrica a poco se de el tercio... "Sex with your parents, part II" que nos canta el puñetero en uno de esos, siempre bienvenidos, blueseos callejeros que el tio murió bordando. Más acelerado en "HookyWooky", más inmediato en "Adventurer", siempre funcionando fetén y con el viento a la espalda (que más de lo mismo todo para las canciones omitidas, faltaría), hasta la conclusión ya esperada/esperable (a guitarrazo limpio tras una premisa más calma) con el tema titular -donde, ya puestos y en un momento puntual antes del acelerón final, suena una bass guitar que te funde en seco-. En cuanto a "Ecstasy"... Vaya de entrada que me parece, y refiero a nivel de toda la singladura del artista (al tanto), uno de sus trabajos más gratuita e injustamente infravalorados. Tal cual. Un disco, uno de Lou Reed además, que incluye "Modern dance", "Mystic child", "Big sky", "Baton rouge" o "White prism" no debiera ser tomado ni dispensado a la ligera... En absoluto. Se engancha al columpio el pedazo de insobornable cabronazo en los dieciocho minutazos de la tortuosa "Like a possum", saca a pasear su variante arty en "Rock minuet" (donde funde estática con cuerdas clásicas), y aunque el tema titular en ésta ocasión es algo con lo que uno no comulga, no faltan más blueseos de los que te dije (de los de meada en backstreet a la luz de una farola con bombilla casi ya presta a fundirse) o, también, inesperados gozos como la tan limpia y brillante guitarra que acompaña la arrastrada "Tatters" (por la que el Sr. Tweedy posiblemente mataría, aún hoy). o, por qué no, el subidón de "Future farmers of America", que logra aquí un efecto similar al logrado por aquella "There is no time" del ya monolítico "NY" del 89. Y ya está. Hasta aquí llegamos. Dejando constancia (y hasta disculpas de ser menester), una vez más, de aquella obviedad del que "reivindiscar" algo de este tipo viene a ser en la últimas como hacer lo propio con un Durero, o poco menos... Que está de más, más que probablemente y vaya. Pero así, pues mira, uno al final se quita mierda de encima y se queda tan ancho. Como siempre desde una postura de "mera opinión" todo ello, pero: visiten y re-visiten estos dos discos que tienen su "chicha" (posiblemente más de la sospechen o recuerden, con perdón ahora por la presunción gratuita) y además, joder, que son de quien son...


2 comentarios:

  1. El "Ecstasy" me dice más que el "Twilight", pero está muy bien eso de sacar a paseo (y con orgullo) obras de las que llaman menores de los maestros del rock. Dicho esto, los retomo estos días.

    Un abrazo, Guzz.

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    1. "Ecstasy" es más variado y me resulta en las últimas "más disco", por puro y duro contenido, en general, si ("mea más lejos", por así decirlo y con perdón por la vulgaridad), pero tampoco el otro me desmerece demasiado en la, gratuita pero siempre lúdica y por ello bienvenida, comparativa (para mi le aguanta el pulso bastante bien a éste y a muchos, la mayoría en realidad y una vez aparcados los tótems sagrados, de sus discos pretéritos). Además, el maestro es el maestro... digo más, no fui yo precisamente quien dijo aquello de: "Lou Reed es tan bueno, importante y necesario como Young y Dylan" (por mucho lo suscriba siempre)
      Abrazos !

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