lunes, 23 de mayo de 2016

WILCO - "Being there" (1996)

Y después de "Being there" llegó "Summerteeth"... Su "disco del cambio". Wilco empezó a rebozarse en el trabajo de estudio, perdiendo su esencia rupestre, y recibiendo con ello la espalda en los morros por parte de sus seguidores más añejos (los que venían de Uncle Tupelo o, sencillamente, los que se negaron a éstas reinvenciones por parte de los músicos)... Pero, faltaría, a los que no gustamos de dogmas ni sotanas aquello nos importó e importa unas cuantas docenas de huevos. Ni qué decir. Porque está claro que, más allá del consenso de la "especializada" por el disco de la luna y los tres que seguirán, Jeff y cía. te pueden plantar un "Jesus etc." por aquí, un "Muzzle of bees" por allá, o una "Impossible Germany" por acullá y con eso, hale, a achantar hasta el más tocahuevos de la última fila de clase. Indebatible ello que es lo de blancos en botellas y sin más. Pero echemos vinagres también, que es gratis y por qué no... Y es que tanto se genuflexionó "la especializada" con la trilogía YHF-"el del huevo"-SKY que se pensaron los muchachos que hasta podían hacer remixes en studio del Padre Abraham y los Pitufos quedándose tan anchos en el proceso, con lo que -lógico- se acabaron por dar la leña padre... Sí, "el camello". El único disco que claramente (me) estorba en una discografía nutritiva perse, tanto en flagrantes highlights como en ocultos recovecos. Después, los dos que siguen, tienen sus cosas y aunque haya (y que pocos no son) quien ya los ha sentenciado forever, la sensación de "están en ello" existe. Y son Wilco y es Tweedy. Y eso es muchas cosas pero nunca "poco". No creo, en resumen, que convenga esperar otro "Being there" por sus partes en el futuro, ok, pero su "disco de redención clásica" (su "Rainy day music", si se prefiere), si bien difícil, tampoco me parece algo simple y llanamente imposible.


Por supuesto, de cajones ello, me parece lícito explicar (o intentarlo) la importancia que este disco, que -mayormente- hoy nos ocupa, supuso para algunas generaciones o, por lo menos, para importante parte de los individuos que las integran... A las next generations esto les sonará a milonga claro y, por supuesto, aquellas más provectas  se limitaron a ponerse el babero y disfrutar cual berracos y como sabe dios cuanto hacía que no lograban... Por mis partes, con veintipocos en el segundo lustro noventero, en plena efervescencia de Green days, brit-pops de fogueo o Marilyns Mansons (y la que los parió a todos juntos), aparecían estos pimpollos reivindicando las formas puras de antaño del rocanrol -y en varias de sus distintas formas- yanqui. Y esto, el triunfo final de esta formación y visto en perspectiva, supone un triunfo en la historia del rock como muy poco, o en el peor de los casos, "contundente". No un imposible hecho realidad, pero si algo altamente improbable hecho inesperada realidad, para entendernos. Quizá, en base a ello y por cierto, habría que recordar eso cuando -demasiadas veces- se tira con bala sobre los de Chicago, ya de un buen tiempo a esta parte (que no son unos "cualquiera" y punto, vaya). También estaban los Jayhawks (el otro lado de la misma e indispensable moneda), claro, y juntos lograron que el concepto "americana" volviera a ser de pronto un género rocanrolero además de una sección del corte inglés (y sigamos sumando en cuanto a improntas en la historia, desde luego). Pero a esos y por los que a día presente mato, yo al menos y ya lo confesé no hace mucho en este lugar, me reenganché plenamente con su RDM y en retrospectiva... A Wilco los viví prácticamente "en directo". Razón: "Being there", que es el "Nevermind" noventero en lo suyo (con lo odioso al comparar ya que el disco del bebé buceador no podría ser más explícito en su cover al perpetrar dicha comparación respecto al otro). Pero no, error... Es mucho más. Lo indecible. Tweedy no tuvo ningunos Sonic Youth o Pixies de los que copiarse por la curra, a la salud de los siempre precipitados jovenzuelos y bajo la sombrilla mainstream... Si "Apettite for destruction" nos supuso a muchos, en la primera adolescencia, el interesarnos por AC/DC, Lizzy, los Stones, New York Dolls o hasta los mismos Zep desde ahí y en adelante, "Being there" hacía (y logró) lo propio con Creedence, Byrds, Allman Bros, Young -con y sin búfalos y equinos de por medio-, Bands y demás tótems sagrados (y aquí hay quien recordará también a los Crowes, y ok -que me encantan desde ni me acuerdo también, nos jodió- pero estos siempre han sido más formales y sobre-seguro, y sin desmerecer jamás, -qué soy fan suyo coño-, pero para entendernos rápido y fácil)... Esto és: la crema. Y esa deuda es la que, para mi al menos, hacer querer y reconocer tanto a banda y músico. Una gratitud eterna y una deuda que jamás será pagada del todo. Imposible. Jeff, como Robbins en  "Cadena perpetua", se metió y arrastró por una tubería de mierda ("he tenido que besar muchos culos para llegar aquí", que espetaba a alguien en aquel celebrado documental) y salió heroico y henchido de gloria por el otro lado. Es por eso que, cuando alguien echa ponzoña (aún yo mismo) sobre lo que dios quiera que haga/n, me afano en recordar siempre que, en efecto: qué coño importa nada, cualquier consideración y venga de donde lo haga... su grandeza resulta y, en verdad és, intachable. Ya hicieron el Everest y nada más que gracias por todo lo demás que llegue partiendo de ahí. Y el Everest, por cierto y obvio, es "Being there". Uno de los mejores discos de la historia del rock, doble o no, dejado ahí como si tal cosa y al descuido en los mid 90's... Y a ello que vamos a continuación, ya de forma algo más explícita. 

No haremos, para la ocasión, un song by song de las diecinueve piezas encerradas en este puto  tesoro sónico de las narices. Pero eso si,  lo primero y más remarcable se me ocurre (y que aún hoy me sigue sorprendiendo) es la variedad de palos que consigue con lo directo y sin ambages de su sonido en cuanto a producción en estudio (a veces parecen primeras putas tomas y a otra cosa... así como Ed Wood grababa sus escenas, pareciera). Y no quiero utilizar a la ligera el término "fresco", que me da rabia como recurso al adjetivar una obra y lo dejo siempre para los calippos y tal, pero... joder, qué bien encajaría, sí. Junto al ya clásico y fiel Stirratt y Coomer como base rítmica, Wilco, perdón, Tweedy se encierra con "el nuevo" (Jay Bennett) y "el viejo" (Max Johnston -en su último figurar en la banda... y al que muchos , conspiranoicos o no, señalan como el auténtico generador del espíritu clásico del combo aupados por aquello de que  "el cambio" se da tras su marcha, lógico-), y empiezan a elucubrar y desarrollar un cancionero que cubre hasta la más estricta y culoprieta de las exigencias se cruce. Tal es su poder. Además, -que hay o pueden haber muchos "ademases" aquí, ni qué decir-, al terminar el guiso y pegar unos pasitos para atrás  a fin de contemplar la mampostería, reparamos en lo enorme que les ha quedado todo a los muy cabrones: ganchos a la barbilla en la primera parte en desfile continuo, momentos menos obvios pero que se acaban por descubrir preciosos al terminar los fuegos artificiales en la segunda, unas instrumentaciones de imposible pagar que logran hilvanar de pleno la pleitesía por "los clásicos" con el sonar vigentes de su tiempo por la maestría empleada, una austeridad y credibilidad intachables que también van perfectamente de la mano y, entre tantas cosas más, un cierto poso de fiesta de ese que cuando ves a según que actores en según que film piensas "se lo han pasado de puta madre haciendo esto seguro", pero con corcheas y demás, claro... Sintetizando y menos leches: un puto portaaviones de rocanrol, dando igual la época a considerar (que esa es otra y no precisamente poca), y tal cual. 


Que "monday" y "outtasite (outta mind)" son un doble combo invencible que les granjea la entrada al Olimpo ya de base es algo sobre lo que ya pende la etiqueta de "obviedad"... Pero es que, definitivamente, esa primera parte es un caramelo de sabor infungible y ponerse a dar vueltas... A ver, tengo en  "What's the world got in store"  mi canción forever de la banda, el organillo de "Hotel Arizona" es algo con lo que el mismo Sr. Manuel descorchó un Moët & Chandon Brut Imperial en el cielo, "Say you miss me" es un poco más bonita y explota el tocadiscos, la sentida entrada al corral con "misunderstood" con su crescendo final, la alegría de "I got you...", el tabaco de liar en el atardecer del porche con "far, far, away" mientras de la cantina el viento nos trae a lo lejos esa "forget the flowers"... y ya solo queda (en esta primera parte) "red-eyed and blue" que con su calidez, silbidos y teclas con traje de domingo mediante, nos adelanta la suerte de eterna "búsqueda del tesoro pirata"  que tenemos escondida en el segundo, y nunca lo bastante reivindicado, disco de "Being there". Y es que ya la misma reelectura para "outta mind..." a lo Wilson a mi me mata tantas veces que hasta la misma parca me envia a la mierda... "The lonely 1", qué preciosidad la muy puta con esos teclados adheridos a sus classic chords... Y lo mejor, valgan redundancias, es que tampoco mejora a la deliciosa "sunken treasure" que nos re-abría el chiringuito. Le pagamos el peaje a los Fogerty y cia, en "someday soon" cómo no, nos hacemos un piano-blues de manual hasta que sacamos a pasear el banjo para tocarnos ya del todo en "why would you wanna live" o lo dejamos fluir a pelo y sin cucamonas ni aderezos en "(was) in your dreams". No se dejan nada, no. Que tampoco desentonaría demasiado, ya puestos y atención, esa "someone else's song" en el World Gone Wrong del maestro (al menos en espíritu, que esas canciones y letras son las que son, faltaría). Y la despedida con "dreamer in my dreams", está claro, que es el fin de fiesta de la cantina que decíamos antes... Y, en pie, ya solo nos queda "kingpin", que es cojonuda y donde les dejan claro a los Robinson que se anden con cuidao que ellos también pueden "stonerizarse" de cojones si la gana les da. Mucho, demasiado y todo a la vez, qué duda cabe ya a éstas alturas de la comedia con el "BT" de marras.


Y al final, qué cosas, con la tontería y a ritmo sandunguero sí llegó el song-by-song, mira tú  (si es que no te puedes fiar de nadie). Pero, de alguna manera y en el fondo, ya me lo veía venir. Si alguien se quiere dejar algo del festín allá él/ella con lo suyo. Servidor, visto ha quedado, no puede o no sabe.  "Being there" es demasiado disco. Uno irrepetible que, como el "Tomorrow the green grass" de los Jayhawks de las narices, merece guardarse/clasificarse en la discoteca privada entre "casas rosas" y "cosechas" (y/o similares barbaridades). Tal es su lugar e importancia (y putoamismo también), aún por "out of time" resulte en cronologías del medio. Menos vueltas: Historia sin más.Y fin.


sábado, 21 de mayo de 2016

CATORCE LINGOTAZOS DE MR. SALOMAN Y SUS BEVIS FROND

No es la primera vez, ni será la última seguramente, que Nick Saloman y sus Bevis Frond asomen por este lugar. Quintaesencia de lo reivindicable desde el rock de las islands en las últimas tres décadas, paladín protector de la psicodelia añeja por montera, acaparador de una retahíla de discos que en cantidad y regularidad no tiene parangón en su zona horaria, así como, entre muchas otras cosas -y para resumir lo indecible-, uno de los casos de ninguneo más abyectos e incomprensibles que se puedan recordar en el transcurrir histórico del  medio nos ocupa... Cosa rara, además, dada la tendencia natural de los "media" british a la hora de ensalzar hasta el cinturón de orión, y beyond, la más mínima e inane hez que acaban de expulsar desde sus queridas lands. Y, atención, me consta no soy objetivo porque si bien me confieso defensor a ultranza de muchas y variadas cosas que asolaron las islas durante los 80, ya en los 90 y hasta hoy... Bueno, con las señaladas excepciones siempre habidas (que las hay, claro), pues póngamos que no. 




Nick, el "Rey Saloman" (como me gusta llamarle por ser uno así de cretino -se siente, pero es lo que hay-), suena genuino y auténtico como bien pocas cosas. Un músico fuera de tiempo, según cómo. Hablamos de alguien que se curtió de bien jovenzuelo, del segundo lustro sesentero en adelante, en cover bands de blues rock británico tipo Cream, Ten Years After, Yardbirds y demás, lo que sumado a una querencia indisimulable por el ya mentado elemento sicodélico (con o sin el "folk" en danza de por medio además -pero si es "con" y con los guitarrazos desbocados que suele marcarse sumando, pues casi mejor, al menos para mi, oiga-) de la época y, con ello, el ir puliendo su discurso en base al rock de "el otro lado del charco" (mucho Byrds lo mismo que mucho Young, Stills y demás que hay también en su discurso y de evidente manera) acabó por cristalizar en un estilo propio y entrañablemente particular. Un estilo que entiende el rock como algo pura y netamente "orgánico", que no rehuye sino que acepta e incluso enarbola las imperfecciones propias con orgullo y que se abraza a lo silvestre de la Incredible String Band lo mismo que a los trances eléctricos de Crazy Horse o la melodía sin edulcorantes de gran urbe del mismísimo Drake (se insiste que, por mucha "bronca" genere a veces, el poso folk es clave en su sonido). Siendo, precisamente y en efecto, ese sacrificar la perfección de un "sonido tipo" en estudio en pos de una personalidad agreste y vitalista y, sobretodo, auténtica lo que, a muchos más de los que pareciera (atención ahí), nos hace su obra y proceder algo tan y muy  plenamente apreciable. Es decir: este tio es de verdad. Sin cartones que valgan y aún menos trampas. 


Para no liarla más de la cuenta, aprovecho hoy lo tan funcional de su página bevisfrond.bandcamp para seguir propagando la obra y arte de tan suculento artista ("el Mascis europeo", para mi -y, ojo, esa es otra... Nick es un admirador a ultranza de platos tan del gusto propio como Guided by Voices, Pavement, Sebadoh, largo etc.-), y me marco cual epítome de la pradera un top 14 particular (linkeos mediante -CLICKEEN UDS EL TÍTULO DE LA CANCIÓN, vaya y sin más-) de su inacabable cancionero que alcanza ya las tres décadas de vida (y como una veintena de álbumes aprox., ya puestos). Antes de empezar, eso sí y que no se lo voy a ahorrar a nadie, dejo constancia de la pleitesía total por mi tripleta elegida en cuanto a sus elepés compuesta por "Triptych", "Valedictory songs" y "Hit squad" a los que, que es de justicia, conviene sumar el doble "New river head" que resultaría algo así como el vademecum definitivo a fin de adentrarse cuanto antes en el particular universo de banda y músico.

01. "Let Them Beautify You" (2000). Cuarto cortazo del descomunal "Valedictory songs". Directo a yugulares y sin permiso a pedir. Esas guitarras cruzadas por encima y debajo de la melodía es, como poco, una inmejorable manera de empezar el pupurrí de las narices... Qué cojones, si con esto no se queda todo dios atrapado de primeras que se dedique a la polka o a los cassetes del padre Abraham y los pitufos. Dicho he.


02. "Termination Station Grey" (1987). Del segundo disco, "Inner Marshland", del mismo año que el estreno. ¿Alguien habló de psicodelia?. Melodía clásica youngera, fuzzeos por doquier y un bridge que parece robado a los mismos Wilson... Mercury Rev y Flaming Lips, por ejemplos, se mueren de la envidia forever. Y es que "prometía" el chaval, si...

03. "Lights Are Changing" (1988). La tercera del tercero: "Triptych", y "la mia" (solo con permiso de "And then") en definitiva de BF. Si no se conoce, si se es honesto y por supuesto, además, gusta esto de las guitarritas estás perdido. Te has metido de lleno en la trampa del Saloman King y ya no saldrás jamás.

04. "You Saw Me Coming" (1996). Del disco "Son of Walter" y cosa bonita por todos lados sin debate a colar. Quien con esta y a éstas alturas no caiga rendid@ no tiene entrañas, corazón ni nada. Y qué difícil siempre lo que parece fácil en esto de la música... la buena, la que cuenta. Otro diez y sigamos.

05. "Hole Song No. 2" (1997). Segunda pieza de "North circular", la más evidentemente youngera del lote hasta momento presente y con su riff circense-circular que abre abismos de infiernos y/o locuras por bandera. Y esa parte final que es el tocamiento para todo fan de Mascis que se quiera y respete un mínimo. Noise melódico a la enésima. 

06. "New river head" (1991). Del colosal doble album que lleva su nombre... Y, claramente, una de las mejores cinco piezas de tan cojonuda formación/carrera. Guitarra rugiente, guitarra melódica, un estribillo que deshace todo lo deshacible (y lo que no también) y con ese reverso folkie ya apuntando surgiendo de sorpresa en el mismo. Majestuoso temarral en el que rebozarse sin medida y hasta el fin. 

07. "Waving" (1991). Y justo antes que la anterior y en el mismo disco, atención, teniamos esta otra preciosura que a ver quién coño la paga... Folk, ya a cara descubierta, mínimo con acústica y violines de puro babero. Ésta ya, directamente, es como para buscarse uno una ermita apañá y que te busquen... 

08. "Through the Hedge" (2004). Del más que respetable "Hit squad" llegan estos nueve minutazos de contienda guitarra vs. hammond que crece y crece y... Catártica como ella sola la cabrona, de esas canciones que molan de escuchar en la superfície pero que, en realidad, es en la maraña de fondo donde se fragua la batalla y de donde a uno le costará salirse. 

09. "And then ?" (1993). La "otra mia". El tema de cierre de "It just is" es uno/otro de los ganchos más obvios y putámicos para agarrarse cuanto antes a la saga "salomanera". Qué melodía, qué bonita y saltarina la jodía... Y qué breve la muy hija de puta. "And then we die"... no hay derecho, hombre.

10. "Nursery Rhyme" (2002). Del disco "What Did for the Dinosaurs" tenemos esta adictiva guitarra-reloj  de ida y vuelta con su dinámico marchamo vencedor de entre medias... Y lo mejor es que uno ya no sabe ni le importa si es que no tiene estribillo o es que lo és todo el rato. 

11. "Everyday sunshine" (1993). También en "It just is"  tenemos esta hermana, por arrojo y vitalidad, del primer corte propuesto en el listado... Y de nuevo la virtud de Nick y asociados para entrelazar electricidad  y melodía a nivel ninja, si. Que no se la infravalore nunca por estar en tan ilustres compañias aquí, al tanto y ni qué decir con eso.  

12. "Heavy hand" (2011). Antepenúltimo y guitarrero tema del todavía relativamente reciente  "The leaving of London". De las favoritísmas de "las rápidas" de Bevis, desde luego. Y por si lo redondo de la melódica e incesante calbagata fuera poco el tio se marca una guitarra que no por breve deja de resultar la mar de vacilona para separar partes y que después se ve desbordada por el volcado/vuelta del asunto (y es que esos apenas seis o siete  segundos de "regreso" sobre el 1'54" me vale a mi por tantas canciones enteras que ni lo intento explicar). 

13. "Old man blank" (1988). De regreso al "tríptico" para esta sufrida tonada "folkadélica" más hippie que todas las palomas de Woodstock tocando la flauta de pan al unísono. Y más teclados añejos sosteniendo aquí y cediendo, para la ocasión, solo parte de su implacable protagonismo  a una ocasional guitarra intrusa que resulta aún más hippie que todo el resto de esta sufrida tonada "folkadélica" más hippie a su vez que todas las palomas de... Y, coñas al margen, ojo con ese órgano que no se lo quita el demonio  de la cabeza ni con agua hirviendo... Avisados quedan.

14. "You got to unwind" (1988). No nos movemos de disco desde la anterior y, más concretamente, nos recogemos ahora en el tema que lo cierra. Triunfo popero total e inmediato que, sin escamotear la innegociable guitarra-guía que conviene esperar,  recuerda lo mismo a los Fleetwood Mac 75-79 en espíritu que a los primeros REM  en ejecución. Magnífico broche, ni qué decir. Aunque, bueno, ya puestos... 



Bonus trackaza. "The garden feature" (2013). De su penúltimo trabajo, "White numbers" y con uno de esos estribillos que a veces te clava el puñetero para quedarse ya para siempre contigo. Y la garra que tiene toda ella, a pesar (o precisamente en contraste con ello) de esos "and she's gone" que se marca. Formidable, o sinónimo favorito a elegir. Y sin más, y ahora ya si: Fin... Escuchen (o escuchen más incluso en caso de ya hacerlo) a Nick Saloman y sus Bevis Frond por todo lo sagrado (y lo que no también), todo lo más que añadiría. 

(Pd. Breve reseña del cuajanésimo "Triptych" sito en este lugar desde otoño/2015)

jueves, 12 de mayo de 2016

GENESIS - Foxtrot (1972)

Un lustro y si llega. Eso es lo que duró, desde principios de los 70, uno de los line-ups  más descomunales que hayan existido jamás en la historia del mundillo éste del rocanrol. En verano de 1971 Gabriel, Banks, Rutherford, Collins y Hackett se encierran en estudio y ese mismo otoño presentan al mundo su "Nursery Cryme", empezando así una secuencia de cuatro studio albums (más directo embutido por ahí en medio) que siempre consideraré el triunfo definitivo de ese monstruo llamado prog-rock, tan en auge por aquellos tiempos... y aclaro a los escépticos que ese subgénero me interesa desde la más tierna bisoñez... Ojo. 


Batallita guzzera: por el año 84-85 (y con apenas una década de vida servidor de uds) mi hermano trece años mayor consigue su primer curro y con su primer sueldo, viva él, no se le ocurre otra que comprarme mi primera doble pletina para cassettes (marca Crown, cómo olvidarlo... y espoleado ello por la generosidad más intachable lo mismo que por un muy posible "hasta los huevos"  de que el "petaco" -pues así me llamaba entonces el jodío- le rallara los vinilos cada maldita vez que salía por la puerta de casa). Y a juego con dicho presente me regaló también un cinta para estrenarlo, claro... Dicha cinta, mi primera original rockera de propiedad privada y mia para siempre, no era sino el apuntado "Live" de Genesis de 1973. Para resumir: aunque sin duda no sea ello el mejor de los currículums de la historia como fan de nada, creo se entiende (con la historieta que se acaban de meter entre pecho y espalda por la curra) que lo mio con esta formación no serían "unos picores de la semana pasada", precisamente... Y sigamos.


Le toca a la "controversia Collins", claro. Siempre presente cual jinete negro cuya sombra presta a arrugar narices cuando se trata de explicar la importancia e impronta en la historia de tan famosa formación (no se puede esquivar ello). Que su carrera en solitario es uno de los puntos más chuscos y evitables de todos los tiempos no será nunca uno quien lo niegue (un horror a la altura de bien pocas cosas, por lo menos en cuentas propias) y su liderazgo -que nunca lo fue del todo en el fondo porque esto de siempre es el juguete de Rutherford y Banks antes que de nadie más- en comparación a la anterior/clásica genialidad desmedida del histrionismo del sinpar Gabriel pues, indebatible ello, póngamos que "desmerece" en el muy mejor de los casos... Aunque, al tanto, que hasta el demonio es defendible según perspectivas... Los inicios del añejo combo experimental Brand X, avezado al free jazz y demás palos minimalistas, tiene en el señor Felipe Colinas un pilar importante; los coros y arreglos vocales que le hiciera a Gabriel en la mejor etapa del grupo ahí queda -lo mismo que su, entonces, muy apreciable pericia baquetera-; los dos-tres primeros discos sin el creador de Rael, y aún en los 70, guardan todavía importantes fogonazos de lo que había sido el monstruo (y aunque al irse Hackett ya del todo el asunto será otro cantar, diáfano ello); y, -atención que esto es lo más difícil de "defender"-, en la ochentera etapa más avezada a la radio-fórmula y reprobable, para con una formación que tanto había sido (entiéndase), se pueden encontrar algunos temitas muy contados la mar de resultones -e incluso con su espíritu prog de otros tiempos de por medio las veces- entre las multiplatino y chicleteras mandangas habituales (y, sí, el "trabajo de investigación" es casi un nuevo Watergate, por la paciencia y denuedo requiere, pero es de justicia -creo yo- el hacerlo constar)... Además, qué coño, lo de Rutherford con "los mecánicos" casi que es todavía peor, y aunque (ni qué decir) uno quisiera arrancarse las orejas con las manos antes de volver  a escuchar la "susudio" de las narices, ni que sea una sola vez más en la puñetera vida ésta (lo de los temas "románticos" de Collins, dentro o fuera del grupo y eso sí, ya ni lo menciono porque son el vómito asegurado, sin más).

Pero, superado ese escollo en lo que a escepticismos de base toca, volvemos ahora a 1971... Otros tiempos, otra banda. Historia a decir verdad y con la "H" mayúscula bien gorda no solo por su mera ubicación gramatical. Tras su estreno sixtie ("From genesis...", con su muy notable  psicodelia pop-rockera por montera) tan altamente reivindicable como a veces omitido (los del Allmusic, por poner el ejemplo más recurrente se me ocurre, ni lo mentan en su discografía -así con un par y tal cual se lo cuento-), llegarían a la nueva década con el bastante radicalmente distinto  "Trespass" bajo el sobaco... Más madera a reivindicar (o a mi siempre me ha gustado, vaya) y, en definitiva, el disco que marca el cambio de rumbo y sonido. Disco que sin elevarse a la altura de los cuatro que vendrán de seguidilla, sí ponía las premisas y modos que les harían alcanzar su reconocimiento global... Y es que ya faltaban un par de ingredientes sólo: Collins y Hackett. Y con dicho par Genesis tiene, al fin, la fuerza y el virtuosismo que envuelve plenamente  los tejemanejes de Mike y Tony lo mismo que  la teatralidad sin fin de Peter. Si se prefiere, y aunque sea tirar del tópico de señalar por enésima a los dos de siempre (por omisión en este caso): juntar a Gabriel, Banks y Hackett en una misma formación es algo de complicado tropezar musical ulterior... Bueno, de hecho no es/era una opción (que hable esa Historia que decíamos antes de ser ello menester). Tras el paso de gigante del "Nursery", llegarían las celebradas leyendas artúricas de "Selling England..." y/o el folletón (que folletín hace corto) de Rael que hiciera las veces de epílogo de Gabriel... Pero, claro, este texto tiene la cabecera que tiene. Y, tras el disco de la enfermera golfista, llegaba de inmediato el colosal "Foxtrot". Mi disco predilecto de la banda lo mismo que del subgénero del rock al que pertenece (y eso que me encantan Caravan, aprecio mucho las movidas de Ayers y Wyatt -Viva Canterbury, coño !-, me emociono solo con ver las chimeneas del "Animals" y/o tengo la flauta de Anderson más escuchada que la pandereta de mi hija -etc.-). "Foxtrot" me resulta, claramente, uno de esos "discos de la vida" y sin mas vueltas a darle, vaya... Aunque, igualmente, se las daremos (las vueltas) a continuación, faltaría menos.


"Foxtrot" fue, vaya aquí de entrada, el disco número 20 en la chirigota aquella que plasmé en el espacio, hará como año y medio aprox., con los TOP-25 BEST ALBUMS EVER por mis partes... No está mal, no. Más allá de su colección de conceptos tan evidentes como ocultos y todo lo que en medio quede, de la denuncia social a los cuentos para niños que caben en sus 50', atrapados por siempre en las lyrics lo mismo que en la propia y ya legendaria portada, lo que mejor me vendría a definir éste disco es la sensación tan gloriosamente intangible de puro y duro "banquete musical" al que se nos somete. Sin compasión medie. Del desfase más exacerbado a la delicadeza más extrema quedan aquí enclaustrados. Ya de salida "Watcher of the skies" con su calma tensa a modo intro y melotrón en ristre (pura experimentación de Banks -recalco para que no haya duda: para mi, soy de esos, el gran genio musical vinculado a esta formación junto a Gabriel-), acaba estallando en un relato  sci-fi  que a su vez dejará paso a algunos de los primeros pasajes con el combo zurriendo al unísono y, personalmente, logrando el bajo de Rutherford que le perdone todos los pecados que el tipo acometerá, -con su entonces tan lejano y famoso proyecto fuera de la banda-, en un futuro aquí completamente inimaginable. Aunque, desde luego, por mucho cuento de marcianos en una Tierra ya desierta a la salud de Mr. Clarke medie, la sobria y solemne bonitez extrema de "Time table" es demasiado... inalcanzable solo nuevamente, por este mismo personal -y por no mucha gente más, ya puestos-, en los "Carpet crawlers" del cordero de Broadway y en el cuarto tema de este mismo disco (o por lo menos, obvio y como siempre, en base a los gustos propios). "Get'em out by friday" es una magnífica jacaranda de esas que Gabriel borda como nadie, cambiando de voz para los distintos personajes a introducir (puro proto-burgermeister de su estreno en solitario del 77) e invitando a los espectadores a zambullirse en esta coñona historia -no exenta de crítica social por fácil y lógica extrapolación directa- de gente que tiene un límite para crecer a fin de poder llenar más pisos... Tras la hijoputez de nota del protagonista de éste, sarcástico más que irónico, melodrama se vuelven a alzar a los cielos, eso sí... "Can-utility and the coastliners" es "mi tema" por siempre de Genesis, no el mejor en las últimas seguramente (eso, sospecho, es lo ya mentado e inalcanzable de "los que reptan en la alfombra" del doble del 74 o el inabarcable broche de "Foxtrot", al que casi ya hemos llegado en este texto), pero sí el que mejor me sintetiza sus mejores y más memorables cimas y activos... Adaptación muy personal de la historia danesa con saga nórdica mediante y biografía de regente de fondo, en cuanto a contexto, tiene en lo musical un inicio melódico sencillamente memorable, donde el arte de Gabriel directamente camina sobre aguas, para irse después rearmando el todo en una verbena donde, concretamente, Banks  se reencarna en el hermano loco de Bach que escondieron en la mazmorra... Y (me) fastidia un poco ese cierre pelín abrupto, no lo negaré, ya que la reentré de Gabriel siempre he pensado que debiera estirarse un algo bastante de más en pos de una mayor épica, pero en cualquier caso, quien no quiera liarse con suites de más de dos dígitos en el minutero tiene aquí por siempre a los Genesis, en su mejor y más plausible versión, encapsulados hasta el fin de los tiempos en menos de 6'... Que quien toque diga la suya, pero sea como fuere a mi de "impagable" no me baja esto ni queriendo. Y, ahora, ya que hablábamos de aquel, las preciosas cuerdas barrocas de Hackett para su tan mínimo intermezzo en "Horizon's" son las encargadas, al darle vuelta vinilera al asunto, de alcanzarnos a la orilla donde empieza la madre de todas las suites progresivas... En efecto, los casi veintitrés minutazos de "Supper's ready" con sus siete partes diferenciadas como siete soles. Un mundo en si mismo donde no debieran aventurarse alegremente los incautos o pueden quedar tan irremediablemente taraos como servidor al abusar de ello con los años y tal... Si no se comulga, ni qué decir, pues tan amigos (oiga) pero, quede claro, lo más feo que le puedo yo otorgar a esto, en lo que a epítetos pertoca, es aquello de "prodigio". Directamente. Para resumir lo irresumible (intentarlo al menos): no muchas cosas tan enriquecedoras me ha dado esto del rocanrol, independientemente de la época a tratar, como el perderme en los infinitos recodos e imposibles virajes atrapados en la "recontraputeramente" celestial "Supper's ready". 


Muy largo ha quedado esto, pero no me importa (es "prog" !). ¿Nota final?... Pues no, no nos engañemos. No es un diez. Y muy claramente, además... "Foxtrot" habita fuera de tablaturas y puntuaciones. Una masterpiece intocable de la música que empezó a correr en otoño del 72 a lomos de un zorro que no se detendrá jamás... Disparad, disparad los cabro... cazadores, perdón, que no comulguéis (nunca le alcanzaréis). Y fin.


miércoles, 4 de mayo de 2016

THE JAYHAWKS - "Paging Mr. Proust" (2016)

De ya un considerable tiempo a esta parte resulta curioso como, de forma natural y en esto del rocanrol, cuando "un grande" lanza nueva referencia se genera un debate -casi inmediato- durante no pocas jornadas, y desde distintos frentes, por parte de todas las buenas (o malas) gentes que comulgan con el medio. Y ni qué decir, y ya centrando algo el tema y tal, el nuevo y rutilante Jayhawks no iba a quedar exento de ello de ninguna de las maneras... Muy satisfactorio, además y para el caso -desde un punto de vista de sano y jocoso debate, entiéndase aquí-,  el desfile de opiniones variopintas que uno se viene cruzando. Desde la decepción indisimulada, pasando por el quedarse a medias sin rendirse plenamente y/o llegando, finalmente, a la muy alta consideración. De todo que encontramos a colación de éste "Paging Mr. Proust" de Louris y cia. Y antes de seguir, aclaro ya, servidor se cuenta entre los terceros. Todo lo que me han "quitado" los Posies -ver posteada anterior si procede- me lo han traído (sin esperarlo, además) los Jayhawks. Bravo, claro qué si.


Mi relación con los Jayhawks... Contextualicemos que sale gratis, vaya.  Llegué tarde a esta formación. Con la dupla "Sound of lies" y "Smile", concretamente. Con Olson fuera de la ecuación y espoleado por las recomendaciones expresas de los medios "alternativistas noventeros". Y esos discos, aunque indudablemente buenos (o hasta "necesario" en el primer caso, que añadiría), no me atraparon al nivel que logró Tweedy con "Being there" por lo tocante a la cacareada resurrección de americana (cuyos protagonistas principales de hoy son máximos culpables, no quepa duda) ni, por supuestísimo, al nivel de Elliott Smith por lo tocante a la profusión de "melosas canciones bonitas" en carrusel continuo. Con el pasar de los tiempos uno se había medio olvidado de ellos, lo confieso sin problema, y entonces (un glorioso día) sacaron "Rainy day music" ya en los dos miles... Mi tercer disco predilecto suyo y, eso sí, al que más aprecio le reservo siempre en el sentido de que fue el que me procuró, de una vez por todas, "la epifanía jayhawk" (por así llamarlo) que me hizo fijarme ya en este combo de forma seria en adelante y para siempre. Fue gracias a RDM  que descubrí dos de los mejores discos, suyos o de quien sea, que existen en sus formas y maneras habituales ("Hollywood" y, sobretodo, "la hierba verde", cómo no). Esos álbumes son la crema. Sin más. Y eso que los dos primeros aunque buenos (indudablemente) me proyectaron cierta sensación de "vale, muy buenos, pero para esto me pongo a la puta Creedence"...  Y aquí pueden señalar o mentar todos los matices que quieran (que esto es todo mera opinión en definitiva y esta banda es muy -merecidamente- importante para mucha gente). Pero fue con la dupla mentada, y con uno ya acariciando la treintena en aquellos mediados de década pasada (que también debe señalarse, creo yo, porque uno se va dejando de leches con el pasar de los años y cada vez más), donde me percaté de la enormidad de estos músicos. Tanto en composición como en ejecución (putos maestros, sin más). Lo que en "sound" y "smile" más aplaudí, emergió con fuerza en los días de lluvia y, a la postre, se quedaría ya conmigo para siempre con aquel sacrosanto par de benditos trabajos... Ahí ya no es solo la veneración  por Parsons o el propio Fogerty, ojo... Ahí se encuentra la esencia de los queridos Big Star o incluso de "los de la playa" en lo arreglos, la pasión de Neil de playas y óxidos en el transcurrir de las canciones e, incluso, la propia Band me revolotea por esos surcos con la gracia propia de los mismísimos Byrds.  Palabras mayores, no. Pura religión (de la buena, de la que no engaña ni pide nada a cambio) todo ello y en definitiva. Y, lógico, no creo sea lícito poner (por muy buenos sean) a los Jayhawks a la misma altura de todos esos tótems (de la misma forma que no pongo a los cojonudos y añorados Crowes a la altura de los Stones o el puñetero Otis, por ejemplo) pero las influencias son claras... y cuesta mucho encontrar (porque es bastante improbable ello, mayormente) en las últimas tres décadas alguien que las haya honrado (y con ello elevado incluso más si cabe) al nivel alcanzado por los creadores de "Tomorrow the green grass".  Esto es así. 


Y siguiendo desde todo eso, llegamos ahora a un lustro atrás en el tiempo (con la contrariedad perfectamente asumida de ello)... Aparecía "Mockingbird time", el regreso de Olson tras más de tres lustros y el silencio de casi una década roto (al fin) en lo que a obra de estudio de la banda toca... Bien, sin ser el regreso triunfal más allá de toda duda que a muchos nos hubiera gustado, ese disco -de notable... bajo, pero notable al fin- lograba con facilidad recordarnos a todos, en no pocos momentos, lo grande que era este personal a la hora de confeccionar melodías, frecuentemente azucaradas hasta el delirio las veces, de corte clásico (y un "notable bajo" de los jayhawks vale por tantas discografías enteras que nos descontamos, tampoco descuidemos eso). Algo casi sin parangón, en los muy últimos años ya sugeridos y más allá de que Wilco hayan desayunado fuerte con tal o cual canción (Ryan Adams, lo siento y por poner a otro "conocido reconocido" que más o menos se pueda encajar aquí, no juega en champions que se queda en uefa para mi). En cualquier caso, ese trabajo (tampoco debe negarse) dividió un algo a los "fans-añejos-mucho" del combo... Como con el nuevo, si. Del "esto ya no es lo que era" al "siguen siendo los amos en lo suyo", que nos encontrábamos igualmente en esos ya muy plenamente internáuticos tiempos y por doquier. Y ahora, hace unos días, "Paging Mr. Proust"...  Qué también es, para mi, de notable. Pasa que, al tanto y agarrarse, este és "alto"... Y a ello que vamos a continuación.

"No suenan como antes"... "Demasiado producidos"... "Muy planos"... "Ya no hay grandes canciones"... o mi favorito: "La portada es una mierda", etc. Por partes. Como comenté por algún lugar de las redes, despejaría los dos primeros "peros" con un: yo también prefiero con claridad el "Being there" al YHF, pero joder qué disco igualmente. Esto se escuda además en que Louris y cia han tenido el arte y oficio de saber implementar los efectos y licencias de estudio embutidos en unas composiciones pura e innegablemente clásicas (lo que conviene esperar de ellos, vaya). No se han apoyado en ello a ciegas, con ímpetu fanático, sin poner todo lo que podían de su parte (un poco al contrario de lo que han hecho los Posies en su nuevo engendro, también de rabiosa actualidad -muy rabiosa en este caso-). Y se nota. Lo de "la portada" siquiera creo merezca consideración y, finalmente, detrás de lo de "planos" creo que existe una predisposición al "no" insaltable, o bien, una precipitación de pareceres (por no haber dado alguna que otra hora de más de vuelo al asunto) que, en mayor o menor grado, se deja intuir bastante. Pero, ojo importante, conviene recordar ahora que yo estoy "a favor" de lo, casi íntegramente, ofertado con este disco... No duden que encontrarán opiniones, mejores o no pero perfectamente válidas en cualquier caso, que les conducirán por terrenos bien distintos... Casi antagónicos -según donde-, realmente y todo sea dicho. Eso sí, sea como fuere e igualmente, con lo de "ya no hay grandes canciones", y perdónenme ahora por emplear "jerga técnica": los cojones 33 !!


El único problema inexcusable, metidos ya en harina, con éste Mr. Proust (y siempre para mi) empieza y acaba en "Pretty roses in your hair". Cuarta canción del lote y la única que me merece, sin pacatería medie, netamente aquello de "fallida". Floja, destensada, ñoña porqué sí... que no, que no hay por donde agarrarla y punto (esos "pom pom pom" es de lo peor que le he escuchado a esta formación claramente... su único salvavidas posible sería quizá la youngera guitarra distorsionada intermedia en slow burn pero... nada, ni por esas -demasiado tarde y demasiado breve-). Pero, atención malechores, que (ahora ya sí) le toca al resto... O casi. Porque, obviando lo de las pretty roses, cabe admitir que la más justita sería esa segunda "Lost the summer", que sin molestar si puede atravesarse un algo pues, hasta que no se le pilla el rollo a su reverberante guitarra y su medio tiempo continuo que nunca llegará a acelerarse un ápice, pueden requerirse algunos viajes previos varios...  Y hasta aquí las "concesiones" para con sus detractores, en cualquier caso y bien claro quede. La despedida con esa hermana pequeña pero digna de "feel flows" que responde por "I'll be your key" funciona francamente bien. La jam a lo Anastasio con sus Phish -y el Sr Garcia de fondo en la foto- en "Ace" a mi me convence de pleno (algún sonido electrónico o  chime de estudio que pueda darse a mi, por lo puro insignificante a poco se analice, no me logra generar zozobra en el bote y llegamos a puerto sin problema). Mejor incluso "Lovers in the sun" que, candores y melosidades mediante, es como revisitar el todavía relativamente reciente "Fade" de los Yo La Tengo y, atendiendo que ese fue el disco de su año, con eso lo digo todo. Y de lo que queda, con o sin algún ruidito de más o menos, las más movidas o las que proponen un pop más evidente y directo me siguen gustando cada vez más y más... "Leaving the monsters behind" tiene un cierto reverso a lo Fleetwood Mac 75-79 del que me agarro y ya no me caigo ni queriendo; "The dust of long-dead stars" (la más rápida de la colección) me recuerda a esas verbenas que se monta a veces el admirado Sr. Everett con sus Eels cuando se cansa de retorcerte la médula con sus pasajes más sentíos (y otra más para linea); y, claro, a su vez "Comeback kids", con más partes de "producción frunce-ceños" para los fans más cerradamente "countrescos", acabará saliéndose con la suya pues por mucho samplereo -tan fugaz como guarro- le anteceda el playero estribillo es el que és (o que me gusta y punto, si prefieren... y eso que en un hipotético podio hijoputesco de lo que menos me gusta del elepé sería la única que, en un día de esos malos y encabronado, también dejaría subir -aunque siempre en innegociable tercera posición, ni qué decir y tras el par ya explicadas más arriba, a las que por otro lado supera con manifiesta holgura-)... Sin embargo, QUE AQUÍ QUERÍA LLEGAR UNO, el principal trouble que les sobreviene a los tocacoj... a sus detractores, y  a fin de pretender dar la menor validez a sus argumentaciones, son las cuatro que todavía (con toda la sangre fría y puterío) no he referido... Y lo resumo mucho, pero MUCHO, con una pregunta bien fácil y entendible: ¿quién cojones en este planeta puede meter en 2016 cuatro canciones como "Quiet corners & empty spaces" (Nilsson alives !), "Isabel's daughter" (lo que pasa de 1'55" a 2'20" aprox. no es de este mundo y punto), "The devil is in her eyes" (canción del año hasta presente momento y a qué más) y "Lies in black & white" (con todo lo vertido y fijarse, qué curioso, que esta es mi favorita del lote... menudo BANDarra está hecho ud señor Louris !) en un mismo y jodido disco?... Disco del qué, para más narices, parte de sus fanes/simpatizantes echan pestes sin cortarse medio pelo... Eso, piénsenlo un algo siquiera, es calidad -la de la banda- evidenciada a la enésima y lo demás son tonterías. 

¿Recomendable?. No... algo más que eso, incluso. El disco, ya más que concienzudamente asimilado a día presente, tiene unos picos tan -TAN- elevados que pararse en algún escollo (o tres en la más cicatera, amarrategui y mamerta de las cuentas) puntual se me asemeja al crápula al que le regalan un millón de euros y se queja del color del maletín... E insisto, si no hay predisposición ya de salida al que no guste (que "mucha mierda de esa hay" me atrevo a afirmar ya al cierre, y aún con algunas ocasionales disculpas concretas a encaber aquí), esas cuatro canciones por si mismas/solas son tan putámicamente enormes que valen por un camión contenedor de mil ejes repleto de discos enteros hasta la bandera. O mejor: son los Jayhawks y "Paging Mr. Proust" merece llevar su firma. Fin del debate, venga de donde lo haga, y a por él.