miércoles, 15 de junio de 2016

METALLICA - "...And justice for all" (1988)

Como de vez en cuando recuerdo en la cochambra no estoy nada de acuerdo con los seguidores rocanroleros "old scholl", y/o puristas varios, que denostan subgéneros enteros, quedándose (además) tan anchos en el proceso. Y ni qué decir cuando media burla o, peor aún, condescendencia (camufladas o no) el tema ya , directamente, se me hace un hueco en lo que denomino la carpeta de: "cosas que me tocan un poco los cojones y tal", que tengo en el escritorio. Para lo que hoy nos ocupa considero que, aún estando muy alejado del tipo de música que suelo consumir de forma recurrente y siempre en gustos propios, admito sin problema que en el heavy metal (que no hard rock, insaltable matiz -cansino o no, pero insaltable al fin-),- como en el rap ya puestos a tirar de la manta-, hay también unos pocos discos a los que la etiqueta de "masterpiece" no me parece les haga ancho por ninguna parte... Otro día (intención hay al menos) ya pegaré murgas con RUN-DMC, Public  o los BB, pero hoy (que la cabecera tampoco da mucho margen a cábalas) nos quedamos en el "metal". Y, más concretamente, en el que sería de todas ídem mi favorito en dicho corral... de no existir la para mi descomunal e imprescindible banda de Steve Harris (Maiden es una debilidad personal desde casi 3/4 partes de mis cuarenta springs actuales, tal cual se lo cuento).


Lo que va después del disco de hoy es de sobra conocido por todo dios. En verano del 91 aparece "el black" (aunque para mi "el black" es otro, ya saben cual y ojo ahí):  venden más millones de copias que madalenas hay en el mundo y, hale, a vivir de rentas... O por lo menos hasta el "Death Magnetic" del 2008. Soy de los acuñan ese tan manido parecer al respecto, sí (que los hay , y son legión, que hasta del susodicho y neomilenario álbum echan pestes a destajo -el aún ulterior disco con Lou es de Lou, y más que bien hecho que está para mi pero, en efecto, es lo de "otro rollo"-). "Death magnetic", en cualquier caso,  nos llegaba como una docena de años tarde y de haber aparecido por allá el 96 (o aprox.) muchos lo hubiéramos abrazado sin reservas aún proviniendo del entonces ya icónico "negro" (que me parece un disco formidable y cojonástico a la par, ni qué decir, y aún a  pesar de aquello del "nothing else matters" -me rechina de siempre, detesto su exagerado sobreafectismo-). Les hubiéramos perdonado, no sin cierto encabronamiento seguramente, el largo lustro de espera y hasta, por qué no, la astracanada innecesaria hasta la saciedad del "Unforgiven XXIV" de turno... Pero, claro, la historia está como ha quedado: "loads" y "reloads", la jerigonza que liaron con la orquesta de Kamen (que como boutade o curiosidad está bien, pero no más allá... y nos pegaron la madre de todas las chapas con el asunto), "St. Anger" que es de lo peor que se puede escuchar en esta vida (criminal es poco)... Sin obviar, lógico, el largo transcurrir de los años sin "chicha de la buena y de verdad" por su parte y que ha acabado por jugar en su contra, en el aspecto de que las nuevas generaciones melómanas han crecido con unos Metallica ya en "clave desprecio" que, aunque injusta en aristas mil, no deja de ser consecuente (o por lo menos entendible), a tenor de su oferta en estudio desde dicho periplo.

Tras tan sobada historia/rollo, vamos ya con AJFA... O casi. Que queda contextualizarlo como ente propio, al margen de acepciones generales de la banda y tal (y ya les ahorro lo que supuso para el menda, a sus bisoños 13, esto en su momento... que es que se nos acaba "la interné", directamente). Treinta añazos atrás, desde el rabioso presente, Metallica estaba por entregar su magnífico y reverenciado "Maestro de marionetas", la famosa continuación del también excelente y básico "Ride the lightning" del 84 (posteo propio desde el Exilio aquí), que todavía puntua en incontables lugares como su mejor y más definitiva obra. Sin embargo, ya que siempre han habido puristas (y tocacojones), algunos dedos empiezan a señalarles como "vendidos" para con la reduccionista causa "trash-metalera" de la que ellos, pese a quien pese, serán siempre la referencia más visible  (lo de "la mejor" ya queda al gusto de quien escucha, ahí estaremos de acuerdo -y aunque para mi sí lo sea-, pero lo otro es incuestionable). Se juntaron en esto dos preceptos de base: por un lado hacían "intros" y pasajes calmos que, a oidos de los fans más extremos del subgénero en la época, no era lo que tocaba (y daba igual que hablemos de obras de arte como "Fade to black" o "Welcome home", faltaría); y, por el otro: el hecho de que en un ramillete de medio año (o muy poco más) a partir de otoño del mismo 1986 los otros tres combos del llamado "Big-4"  van a realizar tres tótems (y no solo del trash metal, ojo con esto, sino ya directamente  del "rock extremo" en general) tan estruendosos, incompasivos e incontestables como fueron (y son): "Peace sells", "Reign in blood" y "Among the living". Casi nada. Esos discos son, sobretodo por lo tocante a las bandas west coast (que los de Ian siempre fueron "otra cosa" a pesar de los obvios puntos de encuentro con sus compinches -y aunque no faltaría aquí quien recordaría el estreno de Exodus a colación-) la expansión ya cristalizada del trash al speed metal. Historia del rock más virulento en movimiento. Esas bandas eran lo más rápido, voltaico, malvado y despiadado que había... Y Metallica, a pesar de la majestuosidad de "Ride" y "Master", ya se había alejado alguna vez de más de los cánones del asunto para algunos... Y, claro, sumemos ahora el drama por el óbito del inolvidable Sr. Burton en aquella tan desgraciada tragedia por carreteras escandinavas... Pareciera finalmente, por todo ello y más (que lo dejo aquí pero, en efecto, hay "más"), que había cierto escepticismo con los ya entonces muy famosos sanfranciscanos (de adopción). La llegada de Newstead, cuyo trabajo es casi inaudible en lo que iba a ser el nuevo disco, y la desconfianza y chanza que los otros tres le dispensan desde casi el primer minuto (seguramente porque,  desde el primer día, tuvo el bajista un comportamiento más de fan que le ha tocado la loto que otra cosa, en crudo y sangrante  contraste a un amigo -y socio- recientemente perdido en horribles circunstancias... y  que además, para más inri, tenía su peso en el aspecto compositivo del grupo), tampoco ayuda... Tanta, demasiada, adversidad y recelo (desde tantos frentes, internos y externos) pudo haber terminado con la banda, sin más. Esto és, fue vaya, así. De alguna manera era como si, en algunos foros, hasta se esperase con fruición que la cagaran por todo lo alto con la continuación del puppets (de ello tomamos conciencia después, sobretodo y  gracias a documentos mil)... Y entonces, finales de verano del 88, sale "And justice for all"... Una obra de arte plena, sin  mácula alguna, y que se abre en tantas direcciones a la vez que convierte todo aquello tan, a priori, atemorizante del trash-speed metal en poco menos que un montón de críos jugando con cerillas en el patio trasero del vecino (diablillos...). 


Monumental disco. Solo por detrás (en lo suyo) del  "Powerlave" y el "7th son" de los de Harris, -siempre  para mi e insisto-, se alza como lo más burro que hay en esto de la música con coletilla "metal", por pura y dura (y aplastante) calidad. Y, ojo (doble sino triple mérito), lo hicieron en base consecuente a su estilo y sonido. Sin detener su evolución sino, por contra, reafirmándola de pleno. AJFA no es un "Master 2" en absoluto, no. Eso hubiera sido lo más fácil, lo más obvio... Y además es un encararse a todo, todo eso descrito que tenían en contra, y salirse con la suya sin que nadie se atreva a chistar en lo más mínimo por lo puro evidente del triunfo resultante...¿Qué no tocamos tan rápido como no se quién?... Pues ahora os jodéis y tocamos todavía más lento... ¿Qué flirteamos con el progresivo?... Pues ahora no bajamos de 6' minutos más que en un par de tracks... ¿Las intros os molestan también?... Os va a encantar nuestro tema titular del álbum... ¿"Baladitas", decís?... Coño, pues tenemos "one" muy buena... etc.


Metallica cambia velocidad por dureza, virtuosismo por técnica y terror de circo por mala leche real y tangible...  La guitarra "gaitera" que va creciendo en volumen a modo alfombrilla entrada a "Blackened" (y al disco) es ya algo clásico en el rock por propio derecho. Y desde ahí que se esconda todo dios que no se va a tomar prisionero alguno. El castañazo es de órdago, no en vano es uno de los dos temas más rápidos de planteamiento base en la colección (hay muchos momentos determinados donde, púntualmente, se alcanza velocidad endiablada en AJFA, ni qué decir, pero siempre embutidos o formando parte de una estructura general distinta)... Pero ahí donde el otro, el de despedida de disco, es pura metralleta todo él  (sin contemplaciones y al esternón), "Blackened" hace las veces de carta de presentación... El sonido es no muy sino, directamente, crudo del todo. Ni cartones ni trampas. Y tanto Hetfield (al que aprovecho para decirle que su rifle de anormal asesino de osos se lo puede meter por el culo, en horizontal y ayer), como el propio Lars, han criticado de alguna manera y ocasionalmente la batería en este trabajo, si... Pero eso no nos lleva sino de cabeza al tópico del "no hay peor crítico que el mismo artista". Lo árido, lo desnudo de ese proceder es precisamente el rasgo más distintivo del "sonido justice" y, en importante medida, lo que le otorga la vitola de "único" (los habrá mejores o/y peores, pero ningún disco suena del todo a esto), al nivel que quiera recordarse. Siendo ello, por cierto (inciso), lo que de siempre me lo hace tan meritorio y estimable... Los tres primeros están ahí en lógica evolución, por mucha puñetilla se quiera añadir, y lo que seguirá a este álbum... pues allá cada uno con sus neuras y opiniones. El "Justice" de los huevos es una isla de la tormenta en medio del oceáno de la historia rockera. Sin mases ni menos... y quien tenga de lo suyo que se acerque si quiere. Esto es así. Y "blackened", volvamos, resulta (desde ya, desde el mismo inicio) la piedrecita que se suelta en lo alto de la montaña nevada y acaba arrasando el poblado. Tremendo como se va rearmando el tema, reafirmando la propuesta, el solo de Kirk es la locura, y ese retomar la primera parte de la track sutilmente más rápida para definir en la conclusión ya es de pedazo músico de padre y muy señor nuestro (ay Kirk, ese "monaguillo de Satriani que no le llega a la suela a Mustaine  y siempre toca en la misma pentatónica y que sin pedal no es nadie"... y mil cosas más -Megadeth tiene grandes cosas, si, pero hay una especie de absurdo "deporte metalero" llamado "arréale al Hammett" que utiliza un sindios de personal a fin de reivindicar guitarrísticamente a su banda "x" en contraposicion a la fama o grandeza de Metallica-)... El dominio de tempos y tiempos es, seguramente, lo que más distancia al "big 4" del resto de la camada y el resto de cuestiones, en verdad, son pura pericia compositiva superior y mayor creatividad en exhibir recursos y paletas... y los "metálicos", en su periplo ochentero, se acaban por llevar todo al agua en base a eso mayormente. La apertura de AJFA no es sino el ejemplo perfecto de ello. A partir de aquí, en esta primera parte, nos esperan los casi diez minutazos de "... And justice for all" -(the song)-. Una de las por mi elegidas de banda y disco. Amén de, a su manera (a "lo Metallica"), representar los guiños de esa elaboración progresiva que para unos nunca habrá la suficiente y para otros resulta, poco menos, lo más denunciable y cansino de la formación en sus años de bonanza continua. Fácil deducir entre quienes se cuenta quien suscribe, si. Siempre me han encandilando esos cambios que van ganando velocidad para decelerar putámicamente si así lo consideran, lo solemne de la intro, el solo de turno, la densidad que va ganando en la parte final (y sin "milagros de estudio", bravo)... Muchos guiños, además, a diferentes partes del "Ride the lightning" en el transcurrir (mi otro disco favorito suyo, se entiende la devoción propia, claro). "Eye of the beholder" toma relevo con un marchamo tan inmisericorde como la misma piedra donde se talló la ya legendaria cover del álbum. Casi inédita en sus directos desde ya al bien poco de aparecer el álbum por las tiendas, sigue siendo uno de los mayores secretos del combo (tema adorado por sus fieles que lo siguen esperando en las actuaciones como agua mayera, pero cuya complicada ejecución convierten ello en casi un imposible). Para no alargar, y a título personal, recuerdo que fue durante largo tiempo mi favorita del elepé cuando me lo agencié... Y todavía no me ha cansado. En absoluto y donde taaantas cosas que en su momento me parecieron "lo más", o "lo único", en el último cuarto siglo (de paso) se perdieron ya completamente en el olvido. "One", por supuesto... La canción a la que deben más que a ninguna otra su "aumento" de status. Un jovenzuelo Hetfield visualiza el maravilloso  y recrudo film "Johnny cogió su fusil", firmado por el otrora guionista blacklisted Dalton Trumbo (reseña de la casa, ya puestos), y desde ahí desarrolla el hit ya masivo que, hasta entonces y a pesar de las buenas acogidas por doquier, se les resistía (creo que el videoclip, por si poco fuera, redefinió el concepto "infinito" de lo que lo pusieron en non-stop mode por aquellos meses). El "justice" ya tenía su "fade to black" con este nuevo prodigio de "no-balada" que fundía acordes morriconeros con lechuzas imparables para su tremenda conclusión (uno de los picos más álgidos en la historia de la formación esto segundo, ya puestos) y que gozó, -por extensión desde la historia madre-, de dicha para los que aplaudieron el alegato antibélico que encierra, lo mismo que, -por sangrante potencia sin cuartel-, para todos los descerebrados que duermen con el machete de Rambo bajo la almohada por la oscura fatalidad que irradia. Imparable victoria ésta en verdad, si, y visto hoy en perspectiva.

El segundo disco, pues por si no lo había comentado antes (ahi va, los donus !) estamos ante un doble album, empieza ya sin intros ni leches... "The shortest straw", brutal como ella sola. Y cómo me compensó, la muy cabrona, tener que soportar ese inicio de concierto en el 96 con nada menos que tres "heros of the days" de las narices (y para no se que historia de un ulterior video a editar -money for all !-)... En algún momento de la velada suena la emblemática distorsion guitarril que la caracteriza y aquello, el pabellón, casi revienta desde los cimientos... Y con esa conclusión, nuevamente, que es puro "lightning"... Insisto en lo de carencia de máculas. Y es que, ahora, llega "Harvester of sorrow". El otro single del disco... y el nombre de una camiseta que llevé casi un curso entero -o a poco fuera ello posible- por aquellos tiempos , ya puestos. Marcha pseudo-militar que funcionando francamente de narices (un "oldie" en definitiva) es la que señalaría si hubiera que, so pena tortura china y japonesa,  sacrificar alguna de las nueve paradas de tan nutritivo camino... Ese tonecillo marcial bien entrada la pieza ("proto-wherever i may...", para quien lo quiera aprovechar) es incontestable se mire por dónde de la puta gana y, con ello -con lo del "sacrificio"-, no intento sino significar por enésima el tan alto nivel de consideración que me merece este trabajo. "The frayed ends of sanity" es, ésta sí, mi elegida para la gloria del AJFA (de la mano con la que titula el asunto, anteriormente repasada). Un top-10 sólido, imperturbable a todo, en mis temas de la formación... El carismático inicio con los "uuuuaa-hu", el cambio de ritmo para encarar el chorus, lo contundente de éste, la parte instrumental con Kirk haciendo de las suyas... Muy fuerte padre, que ni para coger aire nos dan, todo esto. "To live is to die", aún con Burton co-acreditado, es la instrumental del compendio. Sin el carisma de Ktulu o el virtuosismo de -la excelsa- "Orion", no deja de ser una apisonadora -y temazo- que sirve para reapuntalar por enésima el espíritu progresivo del disco... Eso, precisamente (que tampoco me canso ni cansaré de señalarlo), que tan especial nos lo hace, y más allá del mero "opus metallico" y que nos dispone, de todas ídem, para la conclusión ya absoluta de la acelerada (la que más del disco, como ya apunté antes igualmente) "Dyers eve" y su degüello sin tregua... Sensacional derroche de adrenalina para rematar un disco que -para muchos al menos- nos cierra, a su vez, la "sagrada trilogía" de la formación... Los más puristas incluyen sin mínimo pestañeo medie el estreno, al multiplatino "black" ("nothings" y "matters", al margen) no seré yo quien le busque la vuelta, nunca de los jamases... Me gustó "Death magnetic", si, que lo escribí antes también... Y, qué coño, hasta en los "loads" hay alguna cosa -aunque muy contada, desde luego- interesante (en el "Anger" no... eso no tiene perdón de nada ni nadie)... Pero, al final: "ride-master-justice". Eso es la cúspide del combo y a lo que deben su leyenda... Y "Justice", a "modo brochero", siempre me resultará el más cohesionado, personal y "único" de ellos. Ningún disco, suyo o de nadie, suena plenamente parecido... Y esto, se mire por donde se quiera, es al fin un tomahawk en la almendra tan certero como infungible.... No es piedra, no, es mármol (el cabrón y en efecto). Y así és como debe quedar al final de todo, en plena justice y para los restos.

martes, 14 de junio de 2016

FAMILY - "Fearless" (1971)

Lo del "quien mucho abarca poco aprieta" es una de esas constantes de la vida ésta que, aún jodiendo según casos, suele generar pleitesía ulterior para con la "sabiduría popular" de marras. Y por muy garrafera nos resulte las veces, si. Me acerco hoy, partiendo de dicha premisa, a la singladura de la bandaza británica Family (1967-73) , cuyas hazañas -tan necesarias- han quedado, quizá, algo demasiado opacadas con el pasar de los tiempos... Y no solo ya por el carrusel de monstruos que deambulaban por el mundo en aquellos años de máximo esplendor rockero, no. Incluso en el "corralillo" donde más mejor conviene ubicarles (prog rock)  quedan siempre irremediablemente sentados en segunda fila para la hipotética foto de iconos históricos del subgénero. Planteado, todo ello y lógico, desde la perspectiva actual del "como ha quedado para la historia el tema" y, de paso, obviando que para los amantes específicos del prog-rock más celestial, resulta la banda de Chapman, cuanto menos, "intocable". 


La falta de eco para el público en general, y en dicho presente continuamos, es algo que no arreglaremos desde un espacio y lugar tan pequeño e ínfimo como esta cochambra, faltaría... Además, en este cuento no podemos echar culpas a "sistemas", "gobiernos" o, siquiera, a "tendencias/modas". Y con ello volvemos a la primera frase de la entrada... Pues, en verdad, nadie sabe todavía hoy, un 14 de junio de 2016, si Family eran prog, psicodélicos, blues, folk, experimentales, art rock  o zarzueleros (etc)... "Pues como tantas otras bandas de entonces, que ahí reside el mojo", que argüiría (si no literalmente sí en esencia) alguien, no sin parte de razón. Pero, al tanto, solo "parte". Pues al final de la maleta de sueños de todas aquellas legendarias bandas siempre, y lo que se dice siempre, acude al rescate una constante, un mínimo común múltiple en su sonido. Family, como siempre en la opinión muy personal de uno, no tenían eso. O no del todo. Estamos con una formación que te puede saltar de Crimson a Jethro, para llegar al "fluido", detenerse un poco más allá con algo de Canterbury, frenar para quedarse en las caricias de Fairport o, entre varias otras posibilidades, emerger al final en plan Genesis desatados del monumental periplo "nursery-lamb". Dos paradojas (llámenlo "curiosidad" si prefieren): Family nacían al unísono sino antes que todas esas gentes y, con un par, asolaron los top-10 de álbumes en sus tierras (y ruego un análisis mínimo aquí para asimilar a qué precio andaba la sardina por aquellos años) en más de una ocasión. En resumen, puede que estemos ante la banda -del subgénero ya repetido- que merece un mayor reconocimento histórico (y ahora llámenlo  "justícia" si prefieren), y a la mayor prontitud, de la mano con los también descomunales Caravan (con el agravante de que éstos últimos tienen, al menos, la inmensa sombrilla de la que liaron Ayers, Wyatt y cia en aquel lugar concreto y son, en definitiva, una referencia como algo más "encontrable" en los distintos libros/medios). 


Subamos, o bajemos (que sazone el consumidor), la apuesta ahora señalando que. para quien suscribe. el disco de Family que acabaría en la consabida isla de las narices no sería ninguno de los dos primeros a los que todo deben, ni tampoco el tan destacado y penúltimo "Bandstand" (discarrales de copones y griales los tres, ojo nadie se confunda), sino -y claramente, además-  esta viguería absoluta que reza en cabecera... "Fearless". Álbum éste que, por encontrarle uno una mística especialmente recalcitrante o, sencillamente, por ser uno así de tocacojones, sintetiza como nada el potencial y discurso de la formación en sus formas más conspicuas y putámicas. Alguien, a lo mejor,  más versado y/o erudito lo despejaría todo (todo "el asunto Family", entiéndase) de una guantá, y a mano del revés, aludiendo que esto no tiene más misterio que, en definitiva, un pasar de los elementos folk-psicodélicos de los inicios a una mayor tendencia hard-rockera de las despedidas (y como hicieran tantas otras gentes, además). Y "santaspascuas". Pero, miren, antes de tirar de tópicos a colación de grandes paletas cromáticas o ingentes sino incontables influencias en el muestrario, uno percibe ésta formación, las veces, como algo más cercano a la misma locura avezada a un espectro de creatividad desatada (la pared de lo más lógico, de lo que "conviene esperar", queda demasiadas veces derruida con ellos de por medio) que a otra cosa. Y el principal argumento, mi seguro del parchís, para con ello será siempre el fantástico elepé  que toca hoy. Con el que seguimos, ya de forma más concreta, abajo.

"Fearless" no está por leches y empieza con la dulzura del mismo Lennon secuestrado por los dos bosquímanos de la Incredible String Band para la despampanante , en todos los frentes, "Between blue and me"... Por lo menos, hasta su viraje blues y el descubrir que Roger Chapman tiene, de base, el registro más cercano al mismísimo Gabriel que quien sea se pueda cruzar jamás en este plano existencial (ligeramente más acerado seguramente , más Paul Rodgers en su "vertiente berreante" para entendernos, ok, pero la evocación al creador de Rael -no se dude- resulta inmediata). "Sat'd'y barfly", por sus partes, considera que ya se fue bastante amable con la anterior: pianola de cantina western, vientos "sgt. pepperos", poso de ruptura de género a lo Soft Machine (que arrancaría, ya puestos, una sonrisa del mismo Wyatt más animado) y, entre otras, una curiosa mezcla de extrañeza y adicción difícil de poder explicar... Y, a todo esto, ¿por qué narices me recuerda a ratos esto a mi a Manfred Mann?... Achaquémoslo a la "crisis los cuarenta" esa y avancemos mejor, si. Para la tercera, "Larf and sing", lo que es a uno ya lo rematan del todo:  marchamo a medio camino de la bossanova y el free-jazz con estribillo/intermedio de grupo coral a capela (puro hit para barberías 50's) y para la casa... Imparable, que decía aquel. Y aquí llegados, y a pesar de lo mucho nos queda, ya no debiera pasar desapercibido que nos acabamos de embutir tres canciones que no tienen absolutamente nada que ver una con otra y qué, además, triunfan de pleno cada una en lo suyo. Pero sigamos, que no hay dolor (ni miedo, en efecto), con "Spanish tide". Y esta marea que nos dedican resulta, cómo no, otro batiburrillo de géneros intercalados que lo mismo te recuerdan a Caravan que a los Who, con parada y fonda en Jethro, para dispararse ya del todo en el vivaracho grueso instrumental de la segunda mitad donde, nuevamente, la sombra de la vertiente más experimental del perifollo prog nos golpea sin compasión. "Save some for three" es ya la puñetera fiesta con sus trompetas, piano sin tregua y ese breve momento guitarril posterior que parece no venir a cuento pero es la cocción difinitiva del tema... De mis favoritas en verdad , qué cojones, con ese auparse a lo Weather Report y la escueta chirigota de carnaval de Río a modo despedida. Se llega al ecuador con "Take your partners", la pieza más larga del lote (la única que alcanza los 6' -todo un logro, o casi, en un "disco prog"-) que genera de entrada una expectativa fetén ("a ver por dónde narices tiran cuando acabe esto") y que encierra en su seno una jam lisérgica de postín (y  tres pares) que recompensará sin mácula a los fans más reticentes del mismo Sr. Garcia. La segunda parte (partiendo de la edición digital, y -ligeramente, por los "bonuses"- no original, que atesoro) en siguiente párrafo... Audaces only, ni qué decir.


"Children" ... bendito cabrón, Roger. Si la primera cara empieza con Lennon, ésta segunda se va a por un  Macca de manual. Esa "parada" con guitarra de lecho por en medio... Bonita y acústica como para perderse en ella, claro qué sí. Y qué alejada, por cierto, de las formas habituales que suelen asociarse con la jerigonza "prog" (y a vueltas con tooodo lo de antes, está claro). Tras el remanso de paz, vuelta a la carga con "Crinkley Grin"... Breve intermedio de un minuto que, de forma amenazante, ya nos deja claro que no nos póngamos demasiado cómodos... Que "children" puede ser (y és) muy preciosa y tal pero aquí, en definitiva, se ha venido a jugar a "otra cosa". Así, "Blind", puede que lo más "rockeramente estándar" que aquí encontraremos, con su aura Humble Pie de primeras, parece no conformarse consigo misma y se va a los vientos de Anderson, entre algún que otro pasaje propio del folk más acido del segundo lustro sesentero... no sea que perdamos atención un solo segundo siquiera, si. "Burning bridges" es de alguna manera el peaje bluesie, nuevamente en muy marcada clave folk (y saludo al "tercer beatle", ya que nos ponemos) que pese a contar con esa guitarra-turbina, que revolotea sin pausa, configura (y aún bien lejos de estorbar en absoluto) el momento que menos me emociona del lote... Lo que, en efecto, me dejaría una montante final de: "discazo, pero el cierre no es todo los bombástico que la ocasión requiere", en el balance postrero  (recuerdo aquí que soy un defensor a ultranza de la importancia secular del "último tema de disco" a fin de acabar de cerrar una "masterpiece" de facto... o no). Pasa nada. Cuento -recuerdo- con la edición digital de dos bonuses del calibrazo de "Weaver's answer" y "Strange band", que no es que me rubriquen de pleno meramente el tema, no, es que me envian al puto "Fearless" éste al mismo Olimpo sino beyond... En otras editions, por cierto, están -por contra a esas dos- "In my own time" y "Seasons", qué también déjalas sueltas y verás que risa (y ambas dos muy superiores, siempre para el menda y con lo diferentes resultan entre si por bandera -que faltaría. claro-, a los "burning bridges" igualmente)...  No podría acabar aquí, en cualquier caso, sin dejar constancia de que aunque, en efecto, "Strange band" resulta cojonuda perse (otro "rollo Caravan", para resumir a brocha muy  gorda -que, sean marimbas o xilófono, puto genio quién lo haga eso-), lo del melodrama  de "Weaver's answer" ya directamente no hay cristo nos lo pague... De las predilectas de la formación, dicho todo sea y a qué más. Y fin... Bueno, no, qué coño... A mantener todos la llama de la Family bien combustida forever (que se lo merecen como pocos, pardiez), y otro día, si eso, ya recupero el tremebundo "Mail order magic" que el puñetero de Chapman se marcara solateras en los primeros 80's...

lunes, 6 de junio de 2016

THE PSYCHEDELIC FURS - "Talk Talk Talk" (1981)

Un 5 de junio como el de ayer pero de hace catorce años nos dejaba el insustituible Dee Dee Ramone, el bajista punk-rockero por antonomasias de aquí al último infinito. Pero, hoy y para la ocasión, la efeméride a destacar en la cochambra va  a ser otra. Por ser el efecto motivador del texto, no tiene más. Y es que, en un día como el apuntado pero de hace seis décadas, nació Richard Butler. Principal compositor y cantante de aquellos Psychedelic Furs que tanto animaron (y dignificaron) las listitas de singles ochenteras para desaparecer al girar la esquina de la siguiente década con una última en referencia en estudio con bien poca repercusión y que, -y paradójicamente al humilde entender propio-, era una especie de regreso a sus dos primeros (y mejores) álbumes y cerraba, definitivamente, una singladura siempre presta a reivindicarse y ser recordada. Y ser recordada más allá de aprecios y querencias de aquellos que los vivieron en primera persona por "tema generacional". Ojo con eso. Que bandas como "los pelajes psicodélicos" tampoco crecen en los geranios del balcón.


El disco de toma de contacto, por las partes que me tocan, fue aquel "Midnight to midnight" que mi hermano mayor dejó entrar en casa en algún momento de a mediados del segundo lustro ochentero... Buenos tiempos de líricas británicas. Pues en verdad les aseguro, ya puestos y sin la menor pacatería medie, que el cacareado hasta el aburrimiento y para algunos, como quien suscribe, innecesario brit-90's de las narices es una broma... un insulto, al compararse con bandas y músicas que ofertaron en la misma zona horaria los, muy gratuitamente a la ligera a veces, denostados eighties... Pongan en un platillo de la balanza las cabezas visibles de ese brit-pop de wonderwalls y boys&girls (etc) y en el otro a los Smiths, Echo & The Bunnymen, Waterboys, The Cure, Dexy's Midnight Runners, XTC, Pogues, Jesus & Mary Chain o los nunca jamás bastante reivindicados Chameleons, considerable etcétera (sin contar, de ninguna manera, a los "yutú" que me dan como un mucho de asco desde cualquiera de sus etapas)... con el jocoso final feliz de que el famoso estreno de los Stone Roses es del 89 (9 años después que el "Closer" de los DIvision -sigamos sumando-), y rematando con que Jarvis Cocker, el más versado y versátil de los que triunfaron en los 90 sale de ese otro tiempo... donde se la comió, mayormente, doblada (lógico, si...  -este superhéroe del brit-noventero era el primo tonto el pueblo en los ochenta... y a pesar de su juventud por entonces que podría servir de excusa, es de justicia señalarlo, déjenme recrear en ello por favor-). Ah, mira (o lee para el caso), y recontrarremato el tema con que aquello más plausible de lo que nos vino de las islands desde el decenio expolímpico y en adelante son cosas que o no tienen nada que ver con brit-pops (PJ Harvey, o los propios Teenage Fanclub si nos ponemos faldones a cuadros) o, ya directamente, reniegan de ello con toda la agriedad y veneno posible (Auteurs). Fin del tema y sigamos con nuestros protas de hoy.


Los Furs tienen un inicio brutal. Tremendos discos, de verdad de la mejor, tanto el homónimo como éste "Talk...". Tras ello, merced a las producciones-tipo de la época y una menor oscuridad melódica en sus canciones, ganan en popularidad pero (irremediable) pierden en, póngamos, "elemento diferencial"... Nunca sin perder el norte del todo, tampoco cabe ser tan cafre (en esto, no), ya que el registro y maneras de Butler siempre están ahí en las últimas, si. Pero es lo que hubo/hay y aún siendo el primero en reconocer que un disco realmente malo estos, de verdad nuevamente, no lo tienen (y recordemos siempre lo de las "percepciones propias" de ser menester, obvio ello). Dicho registro, el de Butler como cantante, es la victoria asegurada para aquellos no bajaremos nunca del pedestal la canallería entrañable del gran Mike Scott o aplaudimos sin reservas la manera, tragicómica en efecto, de angular las palabras de Kevin Weatherill en sus Immaculate Fools... El sonido además, o al menos el más habitual en sus mejores momentos (el hoy más recordado y plausible, de preferirse), lograba un híbrido magnífico entre la profundidad pseudogótica de los Echo en su armazón y la inercia melódica natural de la banda de Mars y Morrisey que, muy poco después, arrasaría con todo a su paso. También, por cierto y por si alguien -por alguna razón- nunca les ha dado jamás pábulo todavía, debieran agradar sin muchas reservas a los celestiales aussies de la Church, donde (al menos en esos dos primeros trabajos) se pueden congregar juntos sin demasiado problema... 

"Talk talk talk", finalmente y de una vez ya, sería muy posiblemente su disco más accesible de primeras, lo mismo que un "best of" potencial ya de forma intrínseca. No se asuste nadie (no, no, que no abandonen todavía la sala los más beligerantes fans de Bauhaus y The Fall, o los más eruditos/sibaritas de Swell Maps y Half Japanese... que no media nada malo aquí). Recuerdo haber tratado el tema alguna vez con el Cosmic Master, Johnny (al que considero la eminencia en este tipo de ruedos que vengo a destacar de forma más conspicua en el texto), y creo que no consideraba malo para nada este disco pero que, en cualquier caso, prefería algún otro de la formación... No se lo reprocho (y escribo de memoria, recuerdo, que lo mismo aparece ahora y me contradice o algo). El estaba ahí, claro. Y por muchas redes, documentos on screen, wikipedias y pollas mil medien hoy día, el "vivirlo de primeras" siempre da una perspectiva más fundada en la últimas y al que conviene prestar especial atención en contrapunto al, por otro lado, mero recalentamiento al microondas, y aún por mucho cariño se le eche al tema. Si no ando errado con todo ello, pues, me reafirmo en que no puedo estar  de acuerdo (bendita discordancia libre del menor de los problemas, dígase todo)... "Talk talk talk" y el estreno son sus mejores discos (si) pero, en las ultimas, prefiero a los puntos el de cabecera de hoy por, básicamente, tener algunos de los himnos de la formación sin perder en absoluto el espíritu e inercia del anterior en sonido-tipo y planteamiento de premisa base. Así, empezando la A side, "Dumb Waiters" es el libreto,  el faro-guía que resume en 5' la que se nos viene encima: guitarras saturadas, la carismática voz por encima de todo, ritmos continuos, secciones de viento a traición y una densidad y profundidad de campo/sonido a tomarse muy en serio... Esto parece y va a ser cosa fina, si. Tras dicha intención de estilo,  "Pretty in pink", ya a modo apertura indefendible de viejo maestro ruso, es un puro cañón de tema. Seguramente su single/hit más famoso para muchas gentes. Declamar a lo Weatherill (de hecho. coño, ¿seguro que no son la misma persona con alter egos secretos de por medio o algo?), el viraje con frenada para el emblemático estribillo... Un merecido y memorable hitazo de platino ley, vaya y sin más. Hasta el punto que, ojo con eso, puede opacar el brillo de todo lo que seguirá y le envuelve. Y no debiera. Nada, o poco menos, más lejos. De hecho, ya en la trotona "I wanna sleep with you" pisan un algo más aceleradores, no se nos venga abajo la verbena, y (al tanto) esa entrada de saxo... joder. Discarral tenemos aquí, oigan. Para "No tears" bajan celeridad para que luzca como procede el magnífico relatar de un Butler que parece querer calzar ahí los zapatos de un improbable Reed "inglesado" que acude (sin prisas) a una cita con su colega David para el estribillo y la parte instrumental con vientos y demás... "Mr. Jones", de seguidilla, nos trae su variedad más apunkarrada pero con unos matices "noiseros" que se alejan de las andanadas típicas del subgénero y que nos hacen pensar (o algunos nos puede pasar) que si con parte de lo anterior -y lo posterior también- se anticipan a los Immaculate, aquí hacen lo propio con esos Reid que todavía tardarían casi un lustro en presentarnos su majestuoso "psycodulce". 

Y entonces le damos la vuelta al asunto y... "Into you like a train" (vale, de acuerdo, entre eso y la de "I wanna..." de antes está claro que por entonces Richard no era el colmo la sutileza al titular canciones... pero, caray, qué canciones -que es lo que importa en definitiva-). Y, no, de verdad qué no... No son los Cult del "Love". El ritmo sin contemplaciones, nuevamente, transmite como bastante putámicamente  y por cierto el transporte que se apunta para éste, otro de sus temas más celebrados. En "It goes on" no aflojan y cuadran una de mis elegidas con esta recreación  de la pretty de rosa, más rápida y con nueva decelaración, más certeros vientos para el chorus y sin olvidar el bajo al galope y guitarra de relevo en el intermedio... Y, aquí llegados, hacemos palpable de una vez lo evidente, porque el trabajo al saxo de Duncan Kilburn en este disco es como para hacerse daño aplaudiendo y, en cierta medida, genera parte importante de ese "elemento diferencial" para con el álbum (y por entonces formación) que antes señalaba. "So run down" sigue con lo mismo sin cuidado a valer. Más maraña eléctrica donde, para la ocasión, conviene estar especialmente avispado con un empalme (a todos los niveles) en las guitarras, y a considerar muy seriamente, cuando se sobreponen al bajo revoloteador, justo antes de la reentré de Butler... La propia inercia del tema le hace llegar a meta fetén y para adentrarnos ya en esa "All of this & nothing" que parece sacada de los "Scary monsters" del (aún llorándose) duque-maestro en sus lands. Más reposada, que no exenta de vigor, es uno de esos regalos inesperados y siempre bienvenidos para los que gustamos (y mucho) de voces/entonaciones como las de nuestro ayer cumpleañero, ya sesentón y -en las últimas y las primeras- máximo protagonista de entrada (que hasta el par de  discos de su etapa noventera al frente de los fugaces Love Spit Love es algo de donde rascar... y no poco, a pesar de su condición espuria desde la banda madre). Y qué bonita, ya al fin y cierre, ésta "She is mine" que nos acuna en "despedida mode". Dejándonos el buche lleno y el ánimo nutrido con uno de esos discos que, hoy, siete lustros después sigue teniendo tantos misterios escondidos como brillantes cimas. Y, que me parece lo mejor a mi, sin poderse decidir uno del todo si prefiere lo uno o lo otro para caer, finalmente, en la cuenta del: "qué burro soy, caray... no tengo porque elegir si lo tengo todo"... Discazo no, un "classic album" con pompas y trompetas (aunque mejor saxos) por doquier. 


domingo, 5 de junio de 2016

BOB DYLAN - "Fallen Angels" (2016)

Encontrarán en la redes tantas (tantísimas) reseñas, e indistintamente de si se descubren "a favor de" o justo lo contrario, del producto que hoy nos ocupa, y que le dan tantas patadas a esto que tienen uds delante ahora mismo que, no quepa duda, no hay maldito Pitagorás nos las cuente todas... Esto es así. ¿O no?. Qué cojones... Alguien tiene que hacer la mejor reseña de este disco más allá de toda duda en algún momento de la historia y, miren, como tengo ahora un hueco pues, hale, a echar el rato y tal... Nos ponemos el traje superhéroe y a sobrevolarlo todo. Pues, en verdad, esa -el "sobrevuelo"- es la baza que pienso jugar hoy aquí (y ya que de naipes va la cosa).


Pasaremos por encima de todo. Por encima de estar ante el músico blanco más importante de la música popular del siglo pasado -y hasta hoy- firmando en solitario. Por encima de la colección de ilustres artistas que arriman aquí el hombro en estudio (mírense la wikipedia, a ver si esperan que se les haga todo el "trabajo sucio" de gratis, no te jode). Por encima, incluso, de la procedencia y leyenda propia de cada una de las piezas integrantes de éste, el disco número pollacientos del señor Zimmerman (y repasar último paréntesis anterior de ser menester)... De cualquier cosa, en definitiva, incluyendo la evidencia de que cuando éste señor con sus setenta y cinco palos en la joroba asola el presente, con nueva referencia bajo el sobaco, se sigue parando el universo de la música popular para un sinfín de melómanos del orbe.  Y lo haré (el "pasar por encima" de todo eso y todo lo demás)  porque, coñas al margen ya, hay opiniones y sentencias mucho más sesudas y eruditas a poco me giren uds la esquina webera. Y, también, porque hay en cualquier caso dos puntos básicos que me hacen adorar (pues ese es el infinitivo en mis cuentas) YA, desde anteayer y en adelante, a estos serafines caídos casi en su totalidad (que me cojean un par): la lección (enésima) de historia que me supone por parte de éste Dylan (recordemos hay varios) que se dedica a ejercer de Bruce Lee del medio,  extrapolando las lechuzas por doquier de aquel por el repartir, en su caso, su cirujana prolongación del acervo músico-cultural de su país y, por otro lado, lo mucho que me transmite el jocoso sudor de badajo le supone al fin todo lo que se diga, o pueda llegarse a decir alguna vez, de su último elepé de estudio hasta presente fecha... Tiene, al fin, todos los triunfos en esa mano de la cover. Y lo sabe tanto que hasta le aplaudo la chulería sin disimule a mediar (entónese risa condescendiente antes del fraseo, incluso): "A ver, cántaro souls, pero tenéis reputa idea de lo qué son esta piezas que aquí os traigo"... Es de locos. Ya me lo hizo con "World gone wrong", si, con el espíritu de la saga Williams, Johnson y demás... Ahora, por eso, se "armongstraniza" y hasta "raycharlsea" a ratos... Que se nos viene a la city, el canalla  !!. Viva la qué lo parió, -one more time-, sin más. Y sigamos abajo, claro.

Sobre lo primero, lo de "la clase de historia"... Hay quién, sin duda, acusará a recibo el hecho de que se podría vertir ese razonamiento sobre su anterior álbum de la misma y jodida manera. Ok. Pero es que uno no lo ve así del todo, qué quieren les diga. Y lo voy a explicar y todo. Sirviéndome, ojo, para la ocasión del magnífico, para mi imprescindible, disco de covers noventero que antes menté..."World gone wrong" que es un pedazo elepé (lo mismo que un impagable documento histórico-cultural, así a lo bestia y tal cual, por derecho propio) y, en verdad, mi favorito suyo de esa década (si si, TOOM es el peral entero que no solo "la pera", sin duda... pero aún por esas). A ese disco, con perdón por lo manido, lo precedío el también disfrutable (y también de covers -que a mi plimes:  "singer not the...", recordemos-) "Good as i been to you". Qué déjalo ir, si, pero que por alguna razón no me transmite esa magnificencia total de su secuela y por mucha rola bienintencionada le quiera dar... Es un trabajo de gran calidad, -tratamos sobre quien lo hacemos en definitiva-, pero que también me entraña un cierto poso de capricho pasajero, o de "meto el dedo en la piscina a ver qué tal"... WGW ya no tiene ello. Ya está perfectamente determinado y, sobretodo, enfocado. Se nota la relajación bien entendida de lo qué se quiere y a lo qué se va. Bien, pues ahora, cogiendo ese embalaje y trasladándolo a la dupla shadows-angels, me viene a ser eso mismo pero como por, al menos, diez (maxime porque en la otra dupla no existe una diferencia tan -TAN- abrumadora en contenido, o yo no la veo al menos). Y, desde ahí, hilvanaremos con el segundo motivo principal (que hay otros, ojo) de mi deleitación con estos  "Fallen angels" antes ya apuntada...


No comulgué, así se lo digo (y por mucha contradicción quiera alguien encontrar/señalar), con el anterior... Le aplaudí y hasta me divirtió, igualmente, la chulada. Ese: "soy yo y puedo hacer y hago lo que me de la gana puta". Pero me sugirió, cual Dyango o Perales a la americana (y aún a pesar de la calidad innegable), al cantante de boleros caduco que se saca los cuartos que pueda sacarse aún en clubs de fiesta rancio-pureteros... En su caso, lo del tópico de cantante tonaillas retro-vintage a lo rat-pack jubilándose en casinos de Las Vegas y tal, si (creo que fue el Sr. Laurent Berger quien en su magnífica reseña lo sugería -y si no fue él se la miran igual, la reseña, que está tremenda-). Las canciones ahí eran historia, también y no poca, y por ende: ¿dónde está pues lo qué no -me- funciona?. La razón, siempre en percepciones propias y aunque sea rebozarse sobre lo mismo, es que en "Shadows"  lo visualicé de esa guisa (precisa y muy claramente además): micro en mano on the stage, mientras el personal cena sentado y sin prestar nadie (siquiera él mismo en algún pasaje, pareciera) especial atención... Un ramillete de estándares recreados por enésima de forma caprichosa y sin mojarse mucho, como tirándose los trastos de lejos con las canciones pero sin involucrarse a conciencia... sin llegar al folleteo, en definitiva. Sí, vale, está eso tan sobado de "las hace suyas", está servido en "su clave", etc y lo que se quiera... Pero, al fin, yo me quedé con cierto desánimo y con la certeza -por mendruga pueda resultar- de que no se había peleado (y qué viva el reboce again) demasiado con el setlist dispuesto... "Fallen angels" me resulta, a cualquier nivel y aquí llegamos a "lo bueno", la cara opuesta de esa misma moneda. "Fallen angels" me vuelve a proyectar imágenes, dirección... Sin fisuras ni pollas (un par de tropiezos, todo lo más, y uno de ellos abierto a debate, incluso). "Fallen angels" es el arremangue, el "vale, ahora en serio". Ya la misma elección de temas, -lo indecible de más casamenteros entre ellos respecto al anterior-, donde los motivos jazzeros le pegan un codazo en el bajo vientre al croonerismo que lo deja bizco perdío y sin remisión, son un triunfo en si mismo. "Fallen angels", como también he visto apuntado en alguna parte, es una evidente soundtrack para el mejor Allen (el de Manhattans o Annie Halls) retratando "su ciudad". "Fallen angels" no es Dyango o Perales... "Fallen angels" és, demasiadas veces como para no significarlo, un coger del brazo a la Moreau, con Miles ocasionalmente de fondo  en "Ascensor para el cadalso", y pasar las noches vagando por calles, tan dormidas como despiertas se quieran ver o encontrar y acabar, por último, entrando en algún piano-bar cochambroso y encontrarte allí con un primerizo Waits medio chuzo y tratando de recordar en qué puñetera clave iba la versión de algún oldie jazzero que le toca empezar...Todo eso y más que me resulta a mi "Fallen angels". Y aún atendiendo a su corta vida, si... que esa es otra, salió hace días y parece que esté entre nosotros desde siempre (son "covers añejas", vale, pero les aseguro que aquí uno en su flagrante ignorancia no las tenía controladas por mucho Mercer y demás medien... que qué coño sé yo de todo eso del Tin Pan Alley, además, joder y caray).

Y claro, luego quedaría esa cosa, esa boutade, de valorar el  "contenido" y eso. Las canciones y tal... "Pero, hombre, Sr. Dylan, ¿por qué no se curra vos mejor algo en la dirección de "pay in blood" o "narrow way" que le quedaron tan bien en el Tempest y se deja de temas ajenos del año la berenjenas?"... Pues no, miren. Será que no. Y para mi, la verdad, mejor aquí llegados. Quizá, sencillamente, porque centrándonos en el último cuarto de centuria la singladura el genio, lo prefiero a la luz del candil en cabaña maderos que de juerga en el porche con los colegas. Y "Fallen angels", por mucha sombra jazzística y por mucho "música de la ciudad en la noche" ilumine los paredones, tiene precisamente ese poso del guiso a fuego lento, con ese leit motiv  órfebre suyo de jugar a "mínimos" para hacer brillar el arreglo, la nota, la palabra o lo qué coño proceda en el momento preciso. En el lugar justo y adecuado... Tampoco tiene más esto. Y eso que empieza con un corta-pega en espíritu desde el anterior: "Young at heart", una de las menos "negras" del lote. Pero, recuerden: las que en el otro eran más aquí son menos (y al revés, claro, que por mucha bosta le haya podido echar encima, "Shadows" tiene -de cajones ello- alguna que otra contada que al tanto...). Y empieza entonces una retahíla de pasajes magnífica, cojonástica  y donde, piensa uno desde la humildad y tal, reside en las últimas el alma de este trabajo: de los vientos de "Maybe you'll be there", a las cuerdas certeras atraviesa-médulas de las guitarras (y qué guitarras en este disco, por cierto) en la batalla steel-bossa de "Polka dots and moonbeams", llegando a la melodía de esta "All the way" que parece despedir la madre de todos los dramas en sangrante fade out continuo y rematando, -en pie todo cristo-, con una "Skylark" que es amén de una preciosidad, y definitivamente, la elegida para la gloria absoluta del lote en mis querencias (sin palabras me tiene esto desde la primera escucha... y no van pocas). De lo que queda destacaría para mal (o lo que menos me atrae al menos): "All or nothing at all"; y, por contra, para bien (o mejor muy bien): "That old black magic", "On a little street in Singapor" y, especialmente, ésta "It had to be you", que me parece la competencia directa y más plausible a "Skylark" por el cetro postrero y final de estos caídos ángeles... Ángeles que, faltaría, no son sino las propias canciones. Y un día el "abuelito" dejará de sacar a pasear las palas de electro-shock para con este tipo de "cositas" y entonces... Entonces si que nos van a dar por culo a todos (y se sea consciente de ello o no, para más inries)... Pero eso ya sería otro tema, si.


Y al final, al final del todo y para mi al menos, esa sensación de qué nadie -y en todo este puñetero mundo- se descojona más de la importancia se le atribuye a Dylan que él mismo. Cuando lo noto, lo intuyo, con esa relajación y seguridad que ya comenté en algún momento, el granuja me sigue resultando directamente inalcanzable. Y es que él, el muy fascinante hijo la grandísima, ya ganó (a todos los niveles y en definitiva) hace tanto que ni se acuerda de cuándo ocurrió y por ello, al final, todo se limita a un tan vanidoso como inútil "este si/este no" por parte de quién escucha y/o procede cada vez... Para mi (a pesar de lo ya apuntado del par que no me acaban de pleno): cuatro ases y comodín a juego es su mano en la portada de este disco. O a lo mejor es que al final, sencillamente, soy más de Armstrong que de Sinatra y, miren, nunca me lo había planteado. Gracias -también- Robert por hacerme caer en ello.