viernes, 13 de octubre de 2017

BECK - "Morning phase" (2014)

Beck ha hecho este año algo que a pesar de ser lo más parecido a un elepé podría catalogarse, sin especial apuro, como "terrorismo sónico". Directamente. Esto de "Colors" (2017) no hay por donde cogerlo y no se hable más (hacerlo es recordarlo y el escalofrío que ello genera es de gripe tan certera como inmediata). Seamos pues amables con el Srto. Hansen y recordemos hoy  de donde venimos, antes del recién estrenado (hoy precisa y oficialmente, ya puestos) engendro ya referido: "Morning phase" (2014). Un disco que, aunque desde paisajes más calmos, también abraza sin problema medie la sobreproducción por bandera; un disco cuya belleza parte más de la autoconsciencia que de la auténtica inspiración y/o sentimiento (a lo Elliott Smith o Nick Drake, para entendernos), o eso transpira en diversas ocasiones; un disco que, de la misma forma, se asemeja demasiado a una gran y tramposa producción hollywoodiense disfrazada de postal bucólica "de autor", sin que cuele en absoluto ni importe mucho el que se note... Un disco que, sin duda y en resumen, puede ser tildado en más de un foro y forillo como "artificial"... Y, qué cosas, con todo ello: uno de los mejores álbumes en lo que llevamos de década. Y con una contundencia más que abrumadora. Un caso altamente curioso lo de ésta "Morning phase" en cualquier caso, ni qué decir.

Me va muy bien que ahora mismo estén poniendo en la tele la magnífica "Fargo" de los Coen... No, no he mezclado textos (ni otras cosas) se lo aseguro a todos. Los Coen buenos, los que molaban (los de las siete primeras pelis -y poco más, todo sea dicho-) juegan siempre con esa carta concreta del posmodernismo que consiste en la ruptura de formas con los cánones, inamovibles y en mármol, del pasado. Cogen un "género tipo" y lo revierten en una forma más ajustada (y mejor o peor aceptada) a los tiempos corrientes, confiando en que su buen hacer prolongue su vigencia más allá de dicha premisa de base. Un punto de partida (espurio o lícito, según quien contemple) desde el que empezar a crear, sin más. Y eso, al extrapolar, es precisamente lo que define la música y arte de Beck Hansen. Ya desde el principio. Y, ni qué decir, es ello un jugar al filo del abismo continuo. Siempre habrán popes, de diversa índole y pelaje, señalando que si se quiere hacer una versión de "Oliver twist" hay que plasmar el mismo acervo, contextualización exacta y sabiduría de Dickens tal cual, sin añadidos ni cucamonas gratuitas (y que no les vengan con leches). Y en su derecho están, ojo nadie se confunda... Pero, de la misma forma, debe admitirse también que (centrándonos ya en temas musicales) si no hubieran habido gentes que se han atrevido a recoger ese guante para lograr, a posteriori, obras del calibre de "Yankee hotel foxtrot" o "Ok Computer" (por fugaces e incontestables ejemplos), el mundo sería hoy un lugar aún peor. Y también ha habido, hay y habrá mucha hez jugando a ese juego, evidentemente, pero (se insiste) no debe obviarse lo grande y magnífico que se ha logrado desde ese proceder. Y, final y precisamente, en dicho proceder pocos han sido, en efecto, tan osados (y heterogéneos) como Beck... Un tipo que samplea tres segundos de la Sinfonía Incompleta de Schubert, sin venir a cuento además, en medio de una canción y se queda tan ancho no deja mucho lugar a dudas en cuanto a intenciones, desde luego.

Ahora, recogiendo todo lo vertido en el párrafo que precede, es cuando toca reconocer el sindiós de influencias que atesora el discurso del sujeto que hoy nos ocupa... Beck és, amén de un músico sensacional, un melómano compulsivo. Un tipo que adora a Dylan tanto como a Wonder, y a Prince tanto como a Public Enemy, o Led Zeppelin, Beatles, Sly & The Familiy Stone... y todo lo que en medio pille. Y ni tiene ni pretende tener medida (de ahí que muchos prefiramos antes al tan querido Sr. Everett, compañero de promoción -y con no pocas conexiones evidentes en lo musical-, mucho más cauto, prolijo y cuidadoso por lo general). Y eso, por supuesto, es la explicación de porque tiene Beck tanta gloria como "discreción" en su opus hasta día presente. Patina a veces por aquello del axioma popular del "quien mucho abarca" pero, igualmente, alcanza -en otras tantas ocasiones- cotas altamente necesarias y de muy difícil obviar. Nunca le ha preocupado en absoluto el liarse con chimes o efectos/ruiditos mil de estudio y, de alguna manera, hasta se ha abanderado en ello esporádicamente. Eso, de la mano con esa fuerza telúrica que le lleva a enfrentarse con todo y contra todos (éste tio el día menos pensado hace un disco de death metal acústico y se queda tan ancho), ha hecho de Beck quien es hoy. Tal cual. Para bien o/y para mal. 


... Y a veces, si, para muy -MUY- excepcionalmente bien. Como en "Morning phase". El más bonito de sus discos bonitos (que ahí están los notables "Mutations" y "Sea changes" para hacerle compañía, está claro). "Morning phase" es sin duda el triunfo de un muy delicado trabajo desde el exceso más recalcitrante como tablón de apoyo en el taller. Un trabajo que emociona desde el sudor del órfebre y que de alguna manera se las ha ingeniado, con su nuevo juguete, para lograr magia sin (quizá) ser mago. Y, de paso, se las ha apañado para que resulte muy difícil que uno no esté dispuesto a perdonárselo todo... Muchas cosas que me molestan, que me crean rechazo inmediato en otras producciones, aquí son algo por lo que estoy dispuesto a mirar para otro lado sin problema alguno me aqueje. ¿Sobreproducido?. Sin duda, pero quién dijo miedo... Hay easy listening de manual que te hará buscar el botón del ascensor por instinto, tufillo a AOR que te puedes caer de nalgas, multiinstrumentación abusiva por el morrazo... Da igual. El disco integra un pacífico y mecedor sentir de conjunto que te enjaula sin darte muy bien cuenta de como ha pasado ello. Como si el Moby de las narices hubiera adquirido la atormentada alma del eternamente añorado Elliott durante unos días...  "Morning phase" es, en efecto, un disco de amaneceres y poso reparador. Un disco cuya belleza global te acaba por derrotar, por mucho te/nos chirríe algún paraje concreto. De la misma forma, un álbum que sigue sonando en casa con una profusidad altamente considerable cuando otros, también apreciados desde su mismo año de edición, han ido marchitándose sin remisión. Y es que genio de facto o "mero prestidigitador de altos vuelos" (que decida otro), pocos (desde el rock del último cuarto siglo) engañan tan rematadamente bien -o nos dejan tan indisimuladamente satisfechos, en cualquier caso- como Beck en las ocasiones que  tiene el ingenio  realmente afilado y el punto de mira plenamente enfocado. En las cuentas propias: su mejor disco, si generalizamos más allá de los matices y sin más, sólo por detrás del tan lejano e intocable "Mellow gold". Así de tajante que me resulta el asunto. Y fin.

martes, 3 de octubre de 2017

1/4 DE SIGLO DE "ANGEL DUST"

Pues como ya se celebró, en su momento y en la casa, el veinticinco aniversario de su indispensable "The Real Thing", me temo no queda otra que hacer lo propio con su tan ilustre sucesor, que nos hacía lo propio éste pasado junio: "Angel dust". Sin duda alguna mi álbum predilecto de tan impagable personal y, sin duda igualmente, uno de los trabajos rockeros que más devastadoramente me ha volado la almendra de entre los que he tenido la suerte de gozar en "real time" (agenciándomelo en su estreno, si se prefiere y para entendernos del todo). Esto es así.  

Y es que cuando en algún momento de aquel 1992, a mis bisoños dieciséis para diecisiete, me acerqué a la tienda para hacerme con éste álbum (vinilo que aún conservo como oro en lo que te dije), y bajo la influencia aún de la onda expansiva de lo que me supuso su anterior y  tan cojonástica obra ya arriba mentada, bien poco podía imaginar uno lo que se me tenía reservado en su interior... "Angel dust", el multiplatino imposible, el delirio desbocado de unos músicos con un talento inabarcable en el cenit de su creatividad y descaro. Un complicado laberinto, altamente enfermizo por momentos, donde lo esquizoide y lo grotesco se tornan pura adicción sin poderse remediar y, a decir verdad, sin ser capaz uno de poder explicarlo demasiado bien. Y esto también fue y és así. Aunque no todo resulta tan rematadamente intrincado al desgranar sus partes y, está claro: "Midlife crisis", "Everything's ruined" o "A small victory" funcionaban al fin como magníficos singles, representando su cara más amable y accesible (o "amable y accesible" siempre en sus ex profesamente esquivas formas, debiera quizá matizarse). Pero es en lo demás, en "lo otro", donde el álbum encuentra y cimenta su innegable grandeza y leyenda (nadie se despiste). A algo tan inclasificable como la inicial "Land of sunshine" (con sus pasajes hablados, risas diabólicas y teclados circenses -etc-) la sucedía ésa "Caffeine" y su curva de sofoco agobiante con explosiones de pura locura de un Patton que, de forma natural, ya se descubría como principal ente creativo, de la insaltable mano del inefable Billy Gould. Embutida entre dos de los mentados singles, estaba la desconcertante "Rv" con sus aires de serenata de cantina del Oeste y, a modo colofón para la A side, teníamos "Malpractice" que era como un cruce entre Slayer y Pink Floyd en el manicomio del nido del cuco: ecos a los requiebros imposibles de aquellos Mr. Bungle en los que también operaba el cantante, las cuchilladas de Hermann, gloriosas apariciones del teclado de Roddy Bottum a traición y un considerable número de chaladuras a sumar, al fascinante todo conseguido. 

Y para abrir la segunda cara, pues nada, mi favorita del lote: "Kindergarten". Magnífico protagonismo de la guitarra de Martin y las teclas del otro, a la par, y un Mike que aprovecha descaradamente el marchamo más reposado para lucir voz y cante. Tras ella la oda al francés (y no me refiero a Sártre, precisamente) de "Be agressive", con sus cachondos coros y demás fanfarria que componían, sin duda, el momento más festivo del disco, si tal concepto puede darse aquí por admitido. Tras ella y su invencible "pequeña victoria", que la sigue, hora ya de refugiarse de pleno en la disgregación absoluta de "Jizzlobber", que es más inclasificable que "Land of sunshine", más sofocante que "Caffeine" y más puta loca que "Malpractice"...  Inolvidable y genial. Tan descarada, tan replegada sobre si misma y, por supuesto, tan sin miramientos medien que, para mi al menos, merece un puesto de honor inamovible entre las grandes tonadas de siempre de los tan cojonudos FNM. Que a su lado algo como "Smaller and smaller", que cierra la versión analógica del asunto, parezca casi normal, obra todo un pequeño milagro... Y cómo olvidar, por otro lado, su "danza invoca lluvias" de la parte central que se funde perfectamente con los teclados, en otro de esos incontables momentos de grandeza a traición que nutre la obra de los californianos. Para rematar faenas del todo, eso sí, debe sumarse al botín (y yendo ahora a la versión digital) la instrumental cover del"Midnight cowboy", que tanto juego les diera en los directos o, faltaría, su famosísima y tan celebrada versión del "Easy" de los Commodores (cuya aparición en ésta colección, -con la que nada y menos tiene que ver-, no venía si no a constatar por enésima lo realmente pirado que podía estar de lo suyo éste personal en un momento dado... y en los demás también). Pero sigamos, Que cojonudo es poco lo de "Crack Hitler". El bajo de Gould en éste tema vale por tantos discos enteros que ni me arranco a tratar de enumerarlos por lo puro imposible, aunque (si cabe) todavía me gusta un punto más la nueva versión de su "As the Worm Turns", ahora ya con el mejor cantante (qué ya podrían haberse re-grabado el primer par de discos con Patton de voceras los muy canallas, aunque fuera dándole una buena tela a Mosley...)  y en exclusiva para la edición nipona del elepé  Y se acabó, no lo alargo más. Tras "Angel dust", un disco muy bueno, otro muy malo y, finalmente, una laaarguísima travesía del desierto antes de volver, hace un par de años, con un más que apreciable y señor disco que, si bien no se acercaba a su díptico sagrado, si podía partirse la pana sin excesivos problemas con el también honorable par que los envolvieron. Larga vida y gratitud por siempre a la grulla, la cafeína y los jardines infantiles.

domingo, 24 de septiembre de 2017

CICLO Mr. ALLEN: 23. "BALAS SOBRE BROADWAY" (1994)

INTRO. Qué difícil se me hace atender a que, visto el estado de forma de nuestro protagonista entonces (repasar reseñas inmediatamente anteriores de ser necesario), sea seguramente con el film de hoy donde se halla el mayor consenso a la hora de señalar (y aunque sea después y no con él, en las más veces) el punto exacto del inicio de su deterioro creativo. Hay gente que sumaría a sus largos años de bonanza el film que sucede y, por contra, quien ya deja de integrar ésta película, que nos toca para saga y posteo, a dicha era dorada. Pero, de alguna manera, "Balas sobre Broadway" queda, en efecto y al generalizar, como la lanza clavada en el suelo. Como el fatal "hasta aquí", que comúnmente suele mentarse (y de forma algo desagradecida para con quien tanto y tanto nos ha dado -que si no lo pongo muero por lo que  ruego comprensión por ello-). Aunque también, que es de justicia ello, no conviene desatender a que todavía le quedaba un fogonazo futuro de pura genialidad maestra a Allen, "desmontaciones" mediante, y un par de muy notables -y también enteramente cómicos- logros a reivindicar. Sea como fuere, desde "Toma el dinero..." hasta éstas "Balas" és donde se suele concitar el mayor número de opiniones, más o menos eruditas, llegada la hora de ubicar al "gran y mejor Woody Allen". Que se podría sacar punta igualmente, claro: recordando que sus segunda y tercera referencias son una sucesión descarada de gags y sin más (aunque bastante divertidos, por lo menos en apreciables cantidades) que se alejan y bastante de sus mayores hazañas cómicas; que "Septiembre" (y por determinadas razones) no se acerca ni de coña a sus mejores referencias abiertamente dramáticas;  y que, y entendiendo que esto es ya más personal, "Alice" queda francamente desconectada -en calidad, entiéndase- de toda la retahíla de barbaridades que la anteceden y suceden en cronologías... En resumen, y eso clarinete: un cuarto de siglo (más/menos) de cine mayúsculo, plagado de films inolvidables y en una cadencia imposible. Y, como siempre haya ocasión (ni que sea inventada o arteramente generada) en ésta casa, no dejará ello jamás de reconocerse y aplaudirse hasta el fin de los tiempos.

"SINOPSIS PRESTADA". David Shayne es un autor teatral fracasado que, por fin, consigue financiación para una de sus obras. Pero a cambio tiene que aceptar una condición: darle un papel secundario a Olive, la incompetente novia del productor, el gángster Nick Valenti. Olive acude a los ensayos acompañada de su guardaespaldas Cheek, que, lejos de limitarse a vigilarla, se permite sugerir cambios para mejorar la obra. A fuerza de ceder a los consejos de Cheek, David empieza a dudar hasta tal punto de su talento dramático que acaba encargándole a Cheek que reescriba la obra.

A FAVOR. Divertidísimo film con aureola de "comedia clásica", heredera directa de los Lubitsch o Wilder, que pocas veces encontraremos de forma tan marcada y acentuada en el opus "allenero". Tal cual. Los actores, ya en materia, resultan inmejorables en todos y cada uno de sus roles. Empezando por este Cusack, que si bien para mi jamás debiera salir de este tipo de comedia pura (sin aditivos especialmente "románticos" o "gamberros", donde nunca me lo acabo de creer), que funciona como un tiro y como obvio trasunto del propio Allen; la gloriosamente sobreafectada Diane Wiest y su constructo, sino guiñol, de la Swanson del inolvidable "crepúsculo"; el macarra Palminteri haciendo virguería de la hipérbole con los (mafiosos) tópicos; o, cómo no, la aceleradísima, estridente e inolvidable Jennifer Tilly que parece se quiere robar el largometraje en cada simple segundo de aparición on screen... Divertidos y no poco también los otros roles secundarios (los más famosos y los menos), de entre los que me gustaría destacar especialmente (aún por encima de intérpretes incalculablemente superiores como Broadbent o Ullman) a éste Reiner y su breve, pero contundente, colección de máximas al tendío ("Hay que hacer lo que hay que hacer"... insuperable). La música, firmada por "un tal" George Gershwin, no se queda precisamente atrás y faltaría. Por lo demás, sólo nos resta deleitarnos con la intachable factura fotográfica por parte del bastante habitual Carlo Di Palma (que clava épocas y contextos con nota) y, por supuestísimo, disfrutar cual gorrinos del más que abultado carrusel de momentos cómicos con el que tan descacharrante  guión (firmado a cuatro manos por el propio Allen y Douglas McGrath -realizador de "Historia de un crimen"-) nos obsequia.


EN CONTRA. Que a pesar de su metraje, superior al de la media habitual de sus films, se me hace algo corto. Y, mayormente, porque  hay sitos aquí algunos personajes que, particularmente, me hubiera gustado ver más tiempo en pantalla... Egoísta, gratuito, o directamente estúpido (no problem) ello. Se acepta. Pero tras ni sé cuantas visualizaciones desde que acudí al cine en su estreno, opino que una mayor coralidad hubiera hecho la diferencia que le queda hasta la pura e incuestionable "masterpiece", y aún partiendo de la excelencia que, por otro lado, me supone y atesora de todas formas.

CONCLUSIÓN. Me parece bastante incontestable que cuando reparamos en eso que apuntaba a principios del epígrafe "a favor" (con lo de "comedia clásica"), es cuando nos damos plena cuenta de la fuerza y empaque de ésta pedazo película, y yendo más allá de su engañosa y aparente ligereza (que no se equivoque nadie aquí... de "título menor" nada de nada, mis estimadísimos compinches). Y lo voy a explicar... Allen tiene experimentos impagables en clave de falso y cómico documental, o bien comedias adheridas al drama que muy bien, y perfectamente, pudieran señalarse al revés: como dramas de dejes abiertamente cómicos... Sin embargo, comedias "puras", en aspecto y forma, cimentadas sobre una narrativa continua y sin dejar los goznes flojos para que se cuelen (o medio cuelen) otros modos, tampoco tiene tantas tantísimas como pudiera imaginarse... Y, en efecto, "Balas sobre Broadway" resulta de las más redondas y celebradas al fin. No para encaramarse, más allá de toda duda, al podio de las tres mejores aún acotando a dichas y "clásicas" premisas, quizá (ok), pero si de "las buenas". De las buenas de verdad. Y, para terminar, no veo cómo puede dejar de recomendarse, honestamente (y no ya sólo lo evidente de su visualización sino también, incluso y de la misma forma, su periódica recuperación), porque en definitiva: "El Arte es vida, ¡ y vive !"... Y aquí encontraremos siempre una cachondísima muestra de ello.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

miércoles, 20 de septiembre de 2017

THE DREAM SYNDICATE - "How Did I Find Myself Here?" (2017)

En resumen... El nuevo disco de Steve Wynn y su sindicato onírico vendría a resultarme como ese glorioso momento, reconocible por todos, en el que tan a gusto se está en un lugar que uno no puede reprimir aquello del: "De aquí no nos vamos hasta que nos echen" (o similar). Tal es su enjundia y pegada. Y la cosa tiene su explicación, faltaría...


Es muy fácil de entender en realidad. Cuando uno tiene en Lou Reed a uno de sus mayores héroes personales del rocanrol (y estamos en Top-3 de la historia, personalizando -chapuceramente si se quiere, pero aún por esas- al máximo el asunto), no cuesta demasiado de imaginar la opinión que a su vez se tiene de The Velvet Underground... Y de sus hijos/herederos más encomiables. Basta referir que, por ejemplo rápido, en ésta casa el disco de cabecera (omitiendo algún directo o algún doble concreto) es el mismísimo "Marquee moon" de Television, legendaria representación de dichos hijos/herederos y ni qué decir. Y, faltaría, la lista de dicha prole -con más o menos lustre según quién pondere- es más que meramente  amplia. A modo -MUY- fugaz muestrario: desde Patti Smith o Richman, los mentados Television de Verlaine o los Talking Heads de Byrne, pasando por The Feelies  y My Bloody Valentine, para llegar hasta los Yo La Tengo o los mismos Pavement... y un sindiós de posibilidades a encaber (y por quien narices pertoque), beben directamente de las célebres ubres de terciopelo criadas en aquella Factory de los mid-60's. Con todo, qué cosas, si tuviera que mentar hoy la formación/artista que con mayor vehemencia ha continuado (o continuó) "la saga velvetera", con todos sus tics y dotes diferenciables a cuestas, se me abre un debate imposible al llegar a la bifurcación: ¿Dream Syndicate o Sonic Youth?... Los segundos tenían el afán de experimentación, de emocionar de la forma más insospechada (y por ello más bienvenida) desde la suciedad y lo incómodo por montera. Pero, a su vez, sea seguramente la troupé de Wynn (a pesar de tener una discografía que alcanza apenas la cuarta parte de la de los dioses del noise-rock  neoyorquino) la que más simple y directamente me recuerda a la VU de las narices en formas y maneras... Y, ¡anda! (ya en presente), resulta que han sacado nuevo disco los Dream Syndicate. En pleno 2017 y tras casi tres décadas de hiato (que de escribir es fácil pero a ver quién narices se lo esperaba hasta hace bien poco). Y, ¡re-anda!, resulta que no es un "sacacuartos" sin más... De hecho, más que posiblemente, sea uno de los más mejores discos de Rock de éste año, sino el mejor y ya puestos a decirlo todo. Aplausos por doquier y a por éste "How did i find myself here?" que ya nos vamos...


"¿Cómo me encontré aquí?"... Sea pura retórica o apostrófico lamento, poco importa. És ello, sin más, la historia de una victoria indebatible, macerada (de forma orgánica y natural) desde el volante del puro, duro y aplastante talento. Lo más fácil de asimilar de inicios, lo que en seguida te salta al hocico ya desde la primera escucha, sería que, en efecto, Wynn y sus esbirros han querido rescatar de forma muy autoconsciente sus registros más recordados y añorados. Porque es así y ahí (para mi al menos) no media debate. Dicho proceder, sin duda, puede hacer arrugar algún ceño al seguidor clásico que lo és/era, principalmente, por el innegable acervo innovador del combo... Los que aplaudieron, especialmente, esa deconstrucción de modos y domeñación eléctrica, y que (seguramente) duermen cada noche con un cojín forrado de negro con las palabras "White Light/White Heat" en blanco, bien gordas y visibles... Y, ojo, que en su derecho están y, por supuesto, den su gusto aplaudido por mi parte. Ahí tampoco me media debate. Pero es que, ay, és desde ahí, precisamente, donde se genera de alguna manera lo de: "mola pero se ha ido a lo seguro"... Donde se puede incurrir, por desgracia, en el ninguneo (anteponiendo el criterio propio -eso del "esto ya me lo sé", "esto ya me lo conozco", etc.-), en el proceso, y por parte de gentes que, para mayor sangría, conocen y quieren a músico y banda (y leyenda)... Y eso, adivinaron, es lo que me toca un algo las narices... Pues si bien es cierto que han tirado, claramente, por un recuperar tonos desde sus dos primeros y mejores (e indispensables) álbums, sacrificando el giro de los dos siguientes hacia pastos más, póngamos, inmediatos (que a mi también me gustan y no poco, ni qué decir, sobretodo ese "Ghost stories" que se mueve entre los dos reversos de la banda como en ningún otro sitio), pienso que no se acaba de asimilar demasiado bien quizá en algunos foros y forillos lo que aporta, hoy en día, un nuevo disco de Dream Syndicate. Y no un disco cualquiera, atención, sino una barbaridad de disco como  "How did i find myself here?", más concretamente... Y, de verdad, que no quería jugar la baratura de enarbolar el naipe de la comparativa con las formaciones que, a distintos niveles (desde el gafapasteo más repelente en su modernez, hasta lo más risible y patético del mainstream), "lo petan" hoy día... pero es que és de cajones, pardiez. ¿Qué ya lo hemos escuchado antes esto?... Pues cojonudo, sabes más que nadie, viva tú (incluso)... Pero sigue siendo un álbum de reputísima madre el nuevo DS. Un álbum altamente nutritivo, punzante y eléctrico, en el que (al fin) perderse y refugiarse de nuevo. 


No me engaño, por otro lado. No pretendo marcarme un Braveheart defendiendo algo que no lo necesita en absoluto ya que, básicamente,  el disco está teniendo una aceptación acojonante, por lo menos al generalizar... Pero es que, miren, dicha "aceptación acojonante" me sabe a poco a mi. Soy así de mezquino, cabrón o lo que prefieran del catálogo...  Y no puedo evitar el fastidio que me causa que, al igual que ocurrió años ha con el maravilloso "The eternal" de Sonic Youth, a un disco que se caga lo indecible en prácticamente todo, dentro de la oferta de temporada, se le dispense un trato de "buen disco" y a otra cosa butterfly (que tengo cinco novedades en el torrent y otra del rapidgator en ".rar" que no pueden esperar tanto)... NO. Y mil veces ello. "Filter Me Through You", que arranca el asunto, podría pasar tranquilamente por uno de los mayores hits jamás grabados por Ira Kaplan y cia. Solemnidad eléctrica bajo un cielo que reverbera estática acunada por ese órgano tan apenas imperceptible como constante. Magnífica alfombrilla de la puerta acceso para "Glide", que es el cambio de marcha partiendo de exactamente las mismas armas, y donde se acelera melodía e instrumentación... y el veneno ya ha sido inoculado y te circula por la sangre como debe y procede, ni qué decir. Para "Out of My Head", y su overdub constante de principio a fin (sin miramientos ni compasión, rememorando a los Reid menos complacientes),  ya la cosa cabalga sola como un tiro y se pierde uno tratando de contar cosas (todas buenas y algunas enormes) a las que nos retrotrae lo que escuchamos. Sin embargo, como cabritos lo son un rato pero tampoco se quiere abusar, en "80 West" juegan la "baza pixie" (y recuerdo que estos ya hacían antes "estas cosas" que todos los pesos pesados del posterior indie-rock yanqui de mayor enjundia). Tras la mayor accesibilidad de dicha pista tenemos "Like Mary", el caramelo de mieles y limones que nos recordará a todos, por enésima, qué buenos pueden resultar los Galaxie 500, en general y, especialmente, según te pillen. Tras la calma, siempre tan -agradecidamente- cara en este trabajo, ahí tenemos "The Circle", el highball definitivo por si alguien lo necesitaba. La versión hipervitaminada de la anterior "Out of my head", destilando electricidad (concepto o condición que he repetido mucho y se lo aseguro que, en ésta ocasión al menos, no es casualidad ni mucho menos) y reverb por todos y cada uno de sus segundos. Pero llega la virguería, claro. El tema títular: "How Did I Find Myself Here" (la canción -y perdiendo la interrogación explícita para la ocasión-). Prodigio de obvias tonalidades jazzísticas donde, también de forma obvia, se nota especialmente la aportación de la magnífica, y ya histórica, base rítmica compuesta Mark Walton y Dennis Duck en 1984, lo mismo que, de una u otra manera, varios de los tótems insaltables para Wynn (de el guitarrazo al tendío del maestro canadiense, hasta la ensoñación de los neoyorquinos del subterráneo, y tanto de más que en medio nos pilla).Tras los once minutos de epopeya de estilos y tonalidades, solo nos queda ya ésta postrera "Kendra's Dream", donde más allá de aparecer en título, la miembra original Kendra Smith colabora, marcándose "un Nico" y recordándonos aún una última vez quien és la principal y más sentida influencia de éste personal... Por lo demás, admitir que se omitió demasiado torpemente, hasta ahora, las aportaciones (y de tan obvia importancia) por parte del otro guitarrista, Jason Victor, secuestrado desde alguna de las anteriores encarnaciones de Wynn, lo mismo que recalcar que, en efecto, nos encontramos ante un tracklist escueto... Aunque con trampa, ya que lo és sólo a la vista. Sus ocho canciones alimentan como ochenta de otros y, en cualquier caso, por ésta vez aquellos que claman (no sin altas dosis de acierto, por lo menos al humilde entender personal) por discos "sin rellenos", por regresar a los trabajos donde las canciones sean menos pero gocen de un mayor autonomía y entidad propia, se verán más que ampliamente recompensados... Sintetizando: de vuelta y con un disco que merece apoltronarse junto a sus cuatro hermanos mayores (y los dos primeros también, no se dude) sin ningún complejo ni tirantez medie. Por ello y en conclusivo resumen: ¿en 2017, y con "lo que hay", un disco de Dream Syndicate digno, por todas las legales, de llevar su nombre no és acaso de lo mejor del año?... Volvemos a lo "de cajones", sin duda. Y, finalmente, no sé si alguien le podrá mirar de una forma que no sea de abajo a arriba, al hacer recuento definitivo de lo ofertado éste año a nivel de studio albums, pero (para quien suscribe al menos) la cosa va a estar complicada de narices. 

(Pd. Otras reseñas ilustres, para desconfiados y pacatos varios, me las encuentran aquí: Addison de Witt, Bernardo de Andrés). 

martes, 19 de septiembre de 2017

¿VENCEDORES O VENCIDOS ? (EL JUICIO DE NUREMBERG) (1961)

INTRO. Tiene sus narices que algo tan fungible como "Adivina quién viene esta noche" sea el film por el que más suele recordarse al realizador Stanley Kramer. Incluso aquella tan desmedida astracanada a la carrera (vibrante y/o divertida según te pille, pero astracanada al fin) de "El mundo está loco, loco, loco" goza de mayor popularidad que el film que toca hoy. Sin embargo, nadie se engañe, la mejor y más contundente muestra del buen hacer del famoso cineasta neoyorquino tras la cámara residirá, por siempre, en ésta "Judgment at Nuremberg". Muy superior, al humilde entender personal, no ya a los otros films referidos hasta ahora (evidentemente), sino a las otras referencias con mayor enjundia que aparecen en el catálogo del autor: "Encadenados" (1958) y  "La herencia del viento" (1960) (lo mismo que a esa debilidad que me supone "El secreto de Santa Vittoria" de 1969 -ya en éste espacio abordada hace bastante tiempo-). No la liemos más aquí y basta referir, de momento, que estamos (y en la más pacata de las lecturas) ante un top-10 inamovible de los mejores films de juicios nunca habidos. Y con la boina, además. Tal que así es la cosa.

"SINOPSIS PRESTADA". En 1948, tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuatro jueces, cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica, van a ser juzgados en Nuremberg. Sobre Dan Haywood, un juez norteamericano retirado, recae la importante responsabilidad de presidir este juicio contra los crímenes de guerra nazis.

A FAVOR. Magnífica decisión lo de apostar, para el libreto on screen, por el mismo autor de la obra teatral (Abby Mann , quien por cierto iba a ganar el Oscar de marras al mejor guión adaptado por su labor). Se nota. Y mucho. Pues tanto escritor como realizador derogan, casi  por completo, el limitarse a colgar pasquines efectistas, practicando el ventajismo fácil del contentar la férula antinazi del gran público, sin más, para tratar (y a la postre conseguir) de plasmar varios de los distintos puntos de vista y situaciones que, agazapados tras tan horrendo capítulo de la Historia, se pudieron generar y, por infinita desgracia, se generaron. Ese rehuir, de forma ex profesa, los blancos y negros propios del maniqueísmo más simplista y recalcitrante es pues, sin duda alguna, el principal volante e intención de lo que se nos viene a relatar en las tres horazas de metraje aquí reunidas... Y que pasan de forma bastante fugaz, por otro lado (síntoma inefable del buen hacer desde la sala de máquinas). Mejor, partiendo de dichas premisas, procurar tener la mente abierta y entender que ante algo tan fatalmente extraordinario como fue el yugo nazi, las percepciones demasiado "aprioristas" pueden hacer que nos quedemos muy cortos o, al revés, nos pasemos demasiado de largo según sea a lo que atendamos de forma ya más prolija y concreta (quizá los hijos de puta lo sean más aún de lo que imaginábamos o, por contra, haya a quien se le abra por sorpresa el beneficio de la duda, más todo lo que en medio quede -siempre a colación de lo que aquí se nos enseña-... y aunque, por supuesto, cuñadismo habemus: "todo eso se sabe ya... que no deja de ser histórico"). Es desde ahí donde, está claro, podremos al fin disfrutar de un magnífico largometraje de los de "juicio y tentetieso". Por tan sumamente serio sea el tema por un lado, mientras que, por el otro, conseguiremos deleitarnos, no quepa mínima duda, con un casting coral (toda una especialización, o casi, por parte de Kramer) relleno de nombres famosos y a cual más tremebundo llegada la hora de ponderar sus aportaciones... Porque, y esto es quizá lo que más me agrada del film, esa pluralidad de roles tan diversa, con su correspondiente reparto de verdades y/o miserias particulares a cuestas, es de muy difícil pagar del todo. Quédense con quien prefieran: Tracy como juez pre-jublidado en uno de esos roles que nadie puede hacer mejor; un Richard Widmarck aparentemente contenido cuya contención explota esporádicamente para aplauso de sus fans (como quien suscribe); la Dietrich mostrando un derivado social determinado "post-holocausto", en el que rara vez se ha reparado en el medio y/o en la temática abordada; Lancaster como el flemático juez juzgado cuya tragedia se torna doble por la autoconsciencia final (y con magnífica bofetada de despedida ya tocando los títulos de crédito); Maximilian Schell como el resuelto y a veces acelerado (y media comprensión que le toca bailar con la más fea de todas en su rol) abogado defensor de los encausados; Judy Garland en su torturado testimonio, cuyo paroxismo acaba por despertar al "león dormido" del letargo; o, por supuesto, con éste Monty Clift, ya en sus últimos años y presa de varias adicciones (hasta el punto que su aportación se realiza en bastantes tomas y partiendo de la pura improvisación, con carta blanca del realizador, en gran medida) que pretende robarse el film de un zarpazo en apenas diez minutos de trabajo... Con quien quieran, vaya y me repito. Que es lo de caerse un barco en un crucero y darle al agua: acierto seguro. 

EN CONTRA. Muy difícil no perderse en concatenaciones subjetivas, con estos temas de por medio (ésta entrada bien pudiera ser perfecto ejemplo de ello, se admite sin problema). Pero, de verdad se lo aseguro, que el esfuerzo por evitarlo, -y de conseguirlo ni que sea parcialmente-, vale la pena y mucho... Que sean después, entonces, las consideraciones morales y denuncias de cada espectador particular... Primero disfrutemos del puro y duro Cine aquí ofertado. Que es mucho. Y me consta que es harto difícil, no se me escapa, porque más allá del alzamiento de los putos nazis y de lo que de él deriva, hay un debate aquí acojonante, y apenas soterrado, sobre legalidades de estado vs. justicias elementales que... Joder, ya estamos otra vez !... Pero es que tan lógico me resulta ello, de todas formas... Tan desgarrada es ésta historia (precisamente por ello, por ser "historia" -y señalarnos, por ende, con el dedo y empíricamente como la especie fallida que tan claramente somos a veces y a un nivel mucho mas allá del difícil digerir-) que, sin quererlo y de forma natural, desdibuja tanto algunos roles determinados (y aún por muy bien interpretados estén), como también, y ocasionalmente, otros aspectos de su facturación cinematográfica. Y da igual que, faltaría, esos aspectos sean presentados de forma irreprochable (se insiste porque es así). Es una batalla pérdida de antemano, por dura y pura comparativa tan natural como lógica. 


CONCLUSIÓN. Kramer sabía, en todo momento, que se tenía que sacar tajada del conocimiento general que se tenía (y tiene) del tema al estrenarse éste film, por obvias y todavía entonces recién cicatrizadas heridas (poco más de tres lustros pueden parecer muchísimo  tiempo hasta que reparas que en el otro platillo de la balanza lo que ejerce el peso es el término "holocausto", diáfano ello). Y es que: ¿cuál es/fue en realidad el grado de implicación del pueblo alemán "no amenazado" durante el alzamiento? ("es al pueblo alemán a quien se está juzgando aquí", que espeta en uno de sus fraseos Maximilian Schell -el otro "oscarizado" de la función-), no es sino una manera, poco sutil pero altamente efectiva, de preguntar a su vez al espectador: ¿hasta qué punto, realmente y partiendo de una premisa obvia de honestidad, nos la jugaríamos por poner en riesgo a nuestras vidas y familias por ayudar a un vecino de dos calles más abajo al que apenas conocemos?... Acojona realmente, a poco se analice. Y puede, incluso, que de repente ya no seamos tan gallitos, en este mundo de redes sociales y selfies... ¿Y los jueces? (los de la película y los que no, si se quiere, aunque mejor centrémonos en los primeros por acotar ni que sea)... De entre millones de víctimas (inocentes) asesinadas siempre habrá "una primera" (y como tan certeramente se nos subraya en la conclusión)... ¿Puede ahí el mero disfraz de la legalidad regida por intereses -más o menos oscuros al generalizar, y más oscuros que una noche sin luna ni día le aguarde para el caso nos ocupa- opacar la más evidente, epatante, cruda y repugnante de las injusticias? Pues, en efecto, es ahí donde tenemos el decodificador postrero para hacernos una opinión del episodio específico que en éste film se nos relata... Que los altos cargos nazis eran un atajo de genocidas, sádicos y deshumanizados hijos de la gran puta, no es algo ni que se planteé en él. Se da por obviado en todo momento y punto (aquí no hay nadie frivolizando, tornando fatal tragedia en efectista espectáculo... poniendo, no sé, piedrecitas en algún sitio al final de la peli o similar, por ejemplo). Lo único -se insiste- que puede achacarse a "¿Vencedores o vencidos? (El juicio de Nuremberg)" (amén de la innecesaria licencia a la hora de traducir título a la lengua cervantina por parte del hacha de turno), en definitiva, es que la empatía, -por parte de sus propios hacedores-, que se genera con lo que se nos explica fagocita en parte las puras y duras formas (ocasionalmente,  incluso, llega a acercarse al documental para algún pasaje). No por ello, y se insiste con mucha mayor vehemencia, debiera dejarse de disfrutar un tremendo ejercicio de Cine. Y de muy alto octanaje. Como el que sin duda se nos dispensa. 

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

viernes, 15 de septiembre de 2017

LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL (1938)

INTRO. Lo de que Billy Wilder tenía colgada en su despacho de trabajo una placa que rezaba en ella "¿Cómo lo haría Lubitsch?", para inspirarse cada vez que le sobrevenía una duda, es (en efecto) una de las anécdotas más sobadas y manidas del mundo del cine. Sin duda. En cualquier caso, tenemos en liza con ésta película de hoy, y precisamente, a ambos dos... A los dos más grandes y mayores genios de la comedia que Hollywood, o el cine americano en general (y aunque ninguno de los dos lo sea), haya proporcionado jamás al mundo (y con todo el perdón del mundo a los adoradores de los Capra, Cukor, Edwards o Allen -relativo etc.-, entre los que en mayor o menor grado también me cuento), en su primera colaboración. No alargo más éste epígrafe. Si ello, dicha barbaridad más que obviable para cualquiera que ame y conozca un mínimo medio y arte (y su historia),  no es reclamo para acercarse al film (en caso de no haberlo hecho nunca), me temo que solo me queda recordarle que la temporada de petanca está presta a comenzar, o bien y por qué no, espetarle directamente: ¡Venga a la calle, que esos pokemons no se van a cazar solos, canalla! (o similar).


"SINOPSIS PRESTADA". Michael Brandon es un millonario malcriado y mujeriego que ha tenido siete esposas, todas atraídas por su fortuna. En una tienda de la Riviera conoce a Nicole de Loiselle, pero en un principio ella le rechaza. El caso es que Nicole, hija de una familia de nobles franceses venidos a menos, decide, a instancias de su padre, aceptar finalmente la proposición de matrimonio de Brandon, pero deja claro que lo hace sólo por su dinero... 


A FAVOR. Que Claudette Colbert (una de las grandes estrellas de la etapa "dorada" de Hollywood) puede devorar éste y cien roles iguales antes de desayunarse es algo de cajones, de la misma forma que todo el plantel de secundarios (con un jovencísimo Niven a la cabeza) rema aquí a favor de la comedia en las formas que convendría esperar. La sorpresa, para quien no conozca el film (obvio), estriba mayormente en éste poco reconocible Gary Cooper, tan alejado de su hierática -a veces incluso pétrea- expresividad con la que tantos le suelen asociar... Y error, claro, Cooper demuestra aquí con holgura que podía hacer el payaso como el primero y sin problema... bajo la batuta adecuada. No es que, nadie se confunda, se convierta de pronto aquí "el que enfrenta peligros solateras" en una especie de proto-Lemmon (por ejemplo), pero Lubitsch sabe utilizar su porte y severa expresión para llevarlo a donde quiere con muy certero resultado (y para hacer eso tienes que tener un actor, no un póster, y Cooper -además de "estrella"- sin duda que lo era). También, cómo no, saca el realizador gran partido de la acostumbrada colisión que se da en el tan ágil  guión, donde la sofistificación por montera de Brackett se da de leches con el enredo y enjundia natural de ese pequeño genio llamado Billy Wilder (que el propio Lubitsch pidió que le ficharan bastante antes que, el a posteriori también legendario director,  tuviera la primera y tan ansiada oportunidad de ponerse detrás de una cámara). Y es que, en síntesis, estamos ante una película que, a pesar de las circunstancias que los anacronismos varios puedan generar vista hoy, no deja margen posible al error. Las partes involucradas son demasiado, así en general, para que se incurra en ello... Y siempre, una y diez mil veces, se ruega reparen en la estructuración y andamiaje logrados por este Maestro. Vean más allá de épocas y tics o maneras de ellas completamente deudoras. El proceder, la manera de plantear los films (en puestas en escena, cadencia narrativa o  curva de desarrollo de personajes) de Lubitsch es algo que se vio en este planeta en 1938 y que, está claro, seguiremos viendo el año que viene (y en adelante), en distintas comedias de ámbito netamente narrativo (no de gags) . Recomendable siempre. Como, de hecho, cualquier lección del hombre que firmaría, cuatro años después del film que hoy nos ocupa, la mejor comedia en el 7º Arte que (al menos yo) haya visto nunca.

EN CONTRA. No sería la primera vez, ni la última, que Wilder (uno de los mejores guionistas -que no sólo director- de Hollywood y no en una década concreta sino, directamente, en la historia y con perdón por la obviedad) dispensaba un "final feliz" de forma abrupta, o incluso forzada. Finales muy positivos de forma inmediata, sin duda, pero también netamente lo que hoy llamaríamos "casuals" (que servían a la postre más para cerrar a negro la obra que otra cosa), y cuya continuación más allá -dos días después, por ejemplo- ya no asegura del todo dicha "felicidad" para los protagonistas y sus cuitas/alegrías... Lo que es correcto, sin duda, desde la perspectiva que tratamos sobre el cínico por antonomasia del medio y su historia. Sin embargo, para el caso nos ocupa, en un comedia avezada a todos los públicos de 1938 y producida por los Grandes Estudios eso pasaba, inefablemente, por algo abusivamente edulcorado  (y aún que lo sepas de antemano y lo veas venir desde antes de plantearte siquiera ver/rescatar el film). Por supuesto, en esta película, se concitan dos de los mayores grandes genios del Cine (así, con mayúscula) y este detalle con la conclusión sirve meramente para que de forma completamente zafia, repelente y tiralevitas un enteraillo de a duro la docena, como quien suscribe, le quite el punto que diferencia un obra excelente de la pura y dura "masterpiece". Sólo para eso ya que, en definitiva, es algo cuya acepción depende por completo de donde ponga cada uno el umbral de la empatía al ponderar épocas y amabilidades en los puntos de vista propios.


CONCLUSIÓN. Cooper y la Colbert en pantalla, el duo Wilder-Brackett a la máquina de escribir y, por encima de todo, la maestría del gran Lubitsch , configuran -sin posible debate- éste clásico que encaja ni hecho a medida con el consabido epíteto de "delicioso". El realizador exprime hasta dejar seco el ingenio wilderiano (Brackett estaba más siempre por los contextos y el aspecto externo y verosimilitud de personajes -que no es poca cosa, no medie ninguneo-), con ese réplica y contra-réplica constante que definirá en años venideros al hacedor de perdiciones y apartamentos (dentro o fuera de la comedia, vaya), y plantea un relato que si bien blanco imperial y/o falto de auténtica mala  uva si se quiere, funciona como un tiro desde su misma primera secuencia, a costa de pantalones de pijama y vendedores paliza de gran almacén. Con o sin final denodadamente azucarado (y en resumen), "La octava mujer de Barba Azul" sigue siendo un ejemplo más de estructuración inmaculada por parte de su irrepetible ente firmante cuyo eco, está claro, no desaparecerá jamás del todo mientras haya la cosa ésta del cine (¿se han fijado que sino la totalidad de sus films, prácticamente todos "los Lubitsch" tienen varios remakes, convenientemente avezados -o no- al tiempo que toque?... no piensen que es casualidad, en efecto). Y es que, en definitiva, lo de "el toque Lubitsch", que encontraremos en todo libro o enciclopedia (y más) de la Historia del Cine que se nos cruce en ésta vida, no es porqué sí. En mármol y para siempre ello.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

jueves, 14 de septiembre de 2017

BABADOOK (2014)

INTRO. La australiana Jennifer Kent se estrenaba como cineasta tras la cámara al colaborar con Trier en aquella pura virguería, siempre a reivindicar por lo menos en esta casa, de "Dogville" (2003). Nada mal, está claro (otra cosa es que se quedara prendada del arte del danés tras ver "Bailar en la oscuridad", cuya opinión propia dejaremos para otro momento pero, desde luego, ya adelanto que muy positiva no resulta). En cualquier caso, y antes de continuar, quizá deba advertirse al lector que, como siempre, éste texto no va a quedar exento de spoilers (recuerden: "si no los he puesto es sólo porque se me han olvidado", que reza uno de los mantras de esta cochambra). Y, en efecto y para solaz de los shyamalanistas de pro, estamos hoy ante un film que juega de alguna manera esa baza del "giro efectista", que tanto gusta a los fans del creador del niño que "a veces ve fiambres" (y que, por contra, a otros nos resulta tan, sino directamente barata, sí claramente avezada a determinados productos del  medio televisivo... de donde jamás debiera salir dicho realizador, excepto en el caso  de la tremenda "The village" -que sigo pensando que no puede ser suya-). Sin embargo, atención (primordial ello), Kent lo logra de una forma netamente narrativa, sin tirones: se ve venir y ya se juega y cuenta con ello. De hecho, ese giro del terror a lo dramático es precisamente lo que da entidad y dote diferencial a su film. Film que, por supuesto, se dio un sopapo de público (que no de crítica) bastante considerable... Pintaba a "peli con monstruito" para llenar salas con teenagers palomiteros y, ni qué decir, el tema no podría estar más alejado de  ello (no era una superproducción, claro... no hay dinero para promoción, se vende como humanamente se pueda -y a quien se pueda- y, faltaría, después pasan "imprevistos"). Poco importó que, a la postre, se revelara la película como un vehículo de desgarradora fuerza (y belleza, a su siniestra manera) que atacaba un tema demasiado serio, y muy raramente tan bien plasmado, concitando realidad, fantasía y simbolismo en casi alquímicas proporciones. 




"SINOPSIS PRESTADA". Seis años después de la violenta muerte de su marido, Amelia (Essie Davis) no se ha recuperado todavía, pero tiene que educar a Samuel (Noah Wiseman), su hijo de seis años, que vive aterrorizado por un monstruo que se le aparece en sueños y amenaza con matarlos. Cuando un inquietante libro de cuentos llamado “The Babadook” aparece en su casa, Samuel llega al convencimiento de que el Babadook es la criatura con la que ha estado soñando. Entonces sus alucinaciones se hacen incontrolables y su conducta, impredecible y violenta. Amelia, cada vez más asustada, se ve forzada a medicarle. Pero, de repente, empieza a sentir a su alrededor una presencia siniestra que la lleva a pensar que los temores de su hijo podrían ser reales

A FAVOR. Todos los secundarios de esta película son completamente intrascendentes y acartonados... y no sabemos por qué. La aparencia formal y ritmo empleado son completamente lánguidos y grises... y lo mismo. Sólo tenemos a un niño con evidentes problemas de histeria y contención (que redefine de paso el concepto "ahostiable", desde casi el primer minuto de su aparición on screen) y una torturada, más que meramente sufrida, madre que ni sabe ni entiende qué le ocurre... Ambos intérpretes, breve pero insaltable paréntesis, espectaculares: tanto  Essie Davis (que se echa a la espalda el cesto entero del film sin que se resienta el menor mimbre nunca), como el mentando infante -hijo de Satán-, Noah Wiseman, debieran haber dejado al mundo académico (y festivalero) del medio sin premios, de darse un algo -siquiera una pizca- de justicia en dicho medio... Desde aquí (y ruego atención con lo arriba explicado de los spoilers en ésta casa, lo mismo que con la "sinopsis expoliada" posterior), solo cabe irse rindiendo, durante el trayecto/metraje, a una historia que, de hecho, no deja de ser un cuento, por mucha clave gótico-pesadillesca calce, de presentación-nudo-desenlace, y hasta con su moraleja (perfecta, el mejor aplauso de una obra ya de por si plausible en varios frentes) a cuestas. Porque es al descubrir que éste atemorizante "Babadook", con el que "sueña" el niño, no es sino la manifestación de la depresión de su madre -generada desde lo explicado en la primera frase de la sinopsis-  cuando todo lo anteriormente dispuesto cobra sentido... Y lo vas viendo venir de a poco, sin pausa ni margen de error (de nuevo fantástico en cadencias y tiempos el trabajo de Kent), y se nota que así se quiere que resulte ya que, sin duda, és ahí donde reside el mayor y mejor activo del todo generado: es un drama crudo y altamente hijoputesco lo que aquí tenemos realmente delante. Drama que, únicamente y eso sí, le ha robado a alguien el disfraz de Halloween en un descuido (y a modo de tan obvia como simbólica licencia narrativa). Y, ojo, que si que hay escenas de terror explícito (con "el bicho" con sombrero en danza y tal) también, pero, irremediablemente, dichas escenas pasan a ser el Bambi -o similar- de marras, y de forma automática, al comparar con el auténtico terror que aquí se propone. Porque, una vez se asimila dicho significante real, es cuando la percepción y empatía para con el crío -hasta entonces tan exageradamente odioso- nos da un 180, cuando entendemos esa relación fría y falta de alma con el resto y, cómo no, cuando (en un ejercicio de metalenguaje impagable por parte de la realizadora -¡cabrona!, de paso-) la mortecina fotografía y las apáticas imágenes (y puestas en escena) te empapan y calan de forma tan luctuosa como inevitable. Y, atención, lo mejor para su inmejorable conclusión: el monstruo acaba encadenado en el sótano, viviendo entre sombras y siendo alimentado de a diario con toda cautela y respetuoso mimo... Y el niño que pregunta: "¿Cómo está hoy mamá"?... Genial. Esto no es un producto-drama de Hollywood para consumo masivo, caro en costes pero pobre y artificial en contenidos, y otra resolución (un fantástico o bíblico "alejop, que ya me he curado de golpe") hubiera abaratado y, lo que es mucho peor, frivolizado con lo que se nos presenta. Kent tiene la sabiduría de plasmar que con "eso" no hay birlibirloque chorras que medie en concluidas cuentas (y por mucha ficción que, en definitiva, sea su cuento). Que se tiene que aprender a vivir como se pueda (y sin más) con ello, a domeñarlo hasta que el mal queda somatizado y aplastado por la bondad (en sus distintas formas) o, al menos, lo más aplastado que se pueda lograr... Dicho logro, el de su protagonista en su historia y por cierto, me parece a mí mucho -MUCHO- más épico y heroico que el de todos los films con gente en calzoncillos volando y/o astronaves disparando que el cine de hoy nos pueda ofertar en tan abusiva profusión. 


EN CONTRA. Que gran parte del público no se encontrara con el slasher (fantástico o no, pero con antagonista de carnaval en cualquier caso) que esperaba y le diera la espalda de forma tan abiertamente soez. "Babadook" no es otro film de terror al uso, en efecto... Pero, sin atisbo mínimo de duda, es un film terrorífico a todas luces y sombras (sobretodo sombras). Mucho, lo indecible de más de lo que cualquier mamarracho disfrazado, puñal en ristre y a la carrera, pueda generar. Demasiada gente que acudió a verla para "pasarlo mal", no esperaba realmente "pasarlo mal" (qué cosas)... y muchísimo menos encontrarse con algo que les obligara a discurrir a posteriori o, desde luego, que les afectara el ánimo con el denuedo y precisión que aquí se alcanza. 

CONCLUSIÓN.Su cortometraje "Monster", de casi una década atrás en el tiempo, no dejó plenamente  satisfecha a la realizadora. Está claro. Ese monstruo era, a su vez, "la criatura" de Kent (quien doy por obviado que además de dirigir, firma el guión original de corto y largometraje). Un Frankenstein particular lo mismo que una idea que, y el tiempo le da holgadamente la razón, merecía un desarrollo muy mayor. El efecto que persigue y a la postre logra, además (y para tratar de sintetizar), sería algo afín a la siguiente escena: 

... Imaginen la tópica postal de un grupo de niños de doce años de colonias, por la noche y alrededor de una hoguera mientras el "monitor random" de turno les explica "relatos de terror"... cuando el pobre tipo lleva ya cuatro del tirón, y ahí ni dios ni demonio hace ademán o gesto mínimo de tener intención de acostarse, tiene que soportar además al retaco listillo e insufrible de turno: "A mi esto no me da ningún miedo. Otra más pero que sea de terror de verdad, ¿eh?, ¿eh?" (a sumar desde ahí distintas formas de asertividad y aquiescencia por parte de los demás gremlins)... Entonces el monitor random (al que a partir de ahora ya llamaremos José Mª, porque tiene toda nuestra simpatía y es como de la familia) piensa para si: "Cabritos, pues os vais a cagar, hombre ya... Ahora si que no dormiréis, malditos"... Y entonces José Mª les explica Babadook. Y los niños quedan traumatizados. Y se marchan a la cama, donde ocuparán las próximas (infinitas) horas de noche que les aguardan mirando techos, o partes inferiores de somieres de literas, con los ojos abiertos como platos para tortilla de quince huevos... Por su parte, José Mª saldrá al porche (o similar) de la casa de colonias, se dejará caer en el balancín satisfecho consigo mismo como en muy pocas ocasiones ha logrado en ésta vida e, incluso (¿por qué no?), puede que se lie un peta mientras se pone un disco de Joni Mitchell, para ya hacerse uno, en plena paz reparadora y comunión total con la misma madre naturaleza. Fin.

Ese és, ejerciendo el trasunto con los niños de acampada y extrapolando (y con perdón por "la historieta" que se llevan a casa de gratis, de proceder), el sentir final que éste film puede causar al incauto y/o desprevenido. Desde ahí, solo aplaudir una última vez el intachable trabajo de sus dos protagonistas y, sobretodo, la valentía de Jennifer Kent  por abordar un tema tan incómodo como es la depresión (uno de esos términos utilizados sin sentido y de forma recurrente por millones pero que, en su acepción real y/o patológica, esconde un -en efecto- monstruo incomprensible para los que por suerte jamás hemos caído en sus garras), de forma tan lírica como directa. Diferente, crudo, incómodo y claustrofóbico pero, por encima de cualquier otra consideración, necesario film. Toda una victoria, al humilde entender de éste lugar y en verdad.


GUZZTÓMETRO:  8'5 / 10

martes, 12 de septiembre de 2017

NEIL YOUNG & CRAZY HORSE - "Rust never sleeps" (1979)

(feb/1979-  Oficinas de Warner Music. NYC)


- ¡¿Que qué dices que quiere hacer, el muy cabrón ?!
- Pues como te cuento...
- Repítemelo, por favor, que de verdad no me puedo creer ésta mierda.
- (suspiro)... Pretende coger parte de lo grabado en la gira por la Costa Oeste a finales del año pasado, aislarlo del sonido ambiente lo más posible, parchear un algo en estudio y...
- ... Y no !! Ni hablar, y una polla como una olla ! Ya le pagamos el caprichito ese de los dos discos de "oh qué triste estoy... el mundo es una desgracia... el sueño ha muerto", que eran como un puto velatorio hippie.
- Bueno, en verdad fueron tres, y la crític...
- No te atrevas, no te atrevas a mentarme a la crítica, cabronazo ! Tengo por la línea 2 al jefe de estudio de los Ramones diciendo que se quiere suicidar y la mesa llena de demos que me envia el puto Eno de cada vez que el pirado de Byrne bosteza... ¿Pero a quién coño se le ocurrió lo de comprar a los mataos éstos de Sire Records?.
- Pues creo que fue a usted mismo, por lo de: "no quedarnos desfasados y estar con la juventú" y tal... Fueron sus palabras textuales, de hecho.
- Vale, ok. Restregámelo,  no te cortes, hombre... A ver, volviendo a lo de Mozart y ya que hablamos de "textualidades"... Cuando te dí Reprise me dijiste que esto iba a "funcionar solo", que con la alineación de músicos que tenías ya de base era, y cito yo también, "imposible cagarla"...
-¿Y?
- Y tengo a los putos abogados de Sinatra en la chepa cada vez que alguien vende un maldito disco menos de lo que se preveía a ver cómo me pueden dar pol saco...
- Hombre, Fleetwood ha vendido algún disco, creo...
- ¿Vas a utlizar eso cada vez que nos veamos, no?. 
- Tan mal no lo estamos haciendo, vengo a referir.
- A ver si te enteras, que te lo he explicado ni se las veces ya... Cuando trabajamos con alguien nuevo no hay problema porque ésa gente no se entera de nada, -son putos contables y picapleitos quieras que no-, pero cuando lo hacemos con "un nombre" la cosa trasciende y me empiezan a meter el hocico hasta en el ojete... Si se anuncia disco del puto "canadiense de oro" ten por seguro que los tengo aquí en media hora...
- Bueno, pues que le digan al Don que se calme un rato que "Harvest" todavía debe de estar pagándole algún que otro picadero de la playa...
- Sí, claro. Muy chulito tú desde aquí. Cuando de luz verde al rollo éste que me estás explicando ésta gentuza va a querer "lo suyo", no te quepa duda... Me van a empezar a sugerir promociones, a agobiarme con costes de producción, a inundar con estudios de mercado y, por supuesto, no van a parar de joderme la vida hasta que estampe la firma en alguna mierda de documento a modo garantía... Cosa que, por supuesto, acabaré haciendo por puro agotamiento y sólo para que se vayan a cagar un rato...
- Buenos, hablamos de quien lo hacemos... Quieras o no, el disco de oro te lo asegura.
- Precisamente empanao... Después de hacer un platino múltiple el tío apenas ha superado el medio millón con otro disco -y detente que te veo venir- por muy cojonudo que a nosotros dos nos parezca todo lo que hace en comparación a esa basura AOR de ahora...
- Eso es muy injusto. El anterior vendió bastante bien...
- Si, pero siempre es eso, "bastante bien", no hace saltar la banca o amenaza con hacerlo, al menos. Y el anterior al anterior, que a mi en concreto me parece de puta madre (pero insisto que eso es otra historia), al final lo salvó el single, no nos engañemos.
- Pero es que vaya single...
- Si.

(momento de embelesamiento de ambos mirando al vacío)


- En fin... Y ahora me vienes con pegotes de directos... ¿Cuántas canciones tendrá el disco?
- Pues nueve. Siete de las actuaciones y quiere meter un par de grabaciones de hace unos años a las que quiere dar salida de una vez por todas, dice...
- ¡ Además recauchutando ! Joder, lo tiene "todo" esto... ¿Y es cañero al menos?
- Es mitad acústico (o semi-acústico) y mitad eléctrico.
- Bueno, al menos así alternando tendremos más opciones... Pero es que todavía te recuerdo jurándome y perjurándome que "Zuma" lo iba a petar más aún que "Harvest", en este mismo despacho...
- No, si ahora "Cortez the killer" va a ser una mierda...
- Es que no te enteras !! 
- Vale qué sí. Que se esperaba que vendiera un poco más y...
- Mucho más.
- Qué buena es la de Cortez...
- Y "stupid girl" y "Barstool blues", ¿qué?
- Buah...

(otro momento de embelesamiento de ambos mirando al vacío)


- Estoooo, por cierto...
- ¿Si?.
- Sobre eso de alternar...
- A ver, ¿qué coño pasa ahora?.
- Que dice que lo quiere hacer en dos partes claramente diferenciadas. Las más tranquis en una cara y las más guitarreras en la otra, y...
- Pero esto qué és... ¿Qué somos Pink Floyd, ahora? ¿Hacemos discos conceptuales? Y yo sin saberlo... Dile que una mierda y no se hable más. Estaríamos bue... ¿Qué? ¿Ya está grabado y editado, no?
- Si.
- ¿Y me vas a enseñar ahora mismo la portad...? No ! Ni hablar !! Es fea de cojones !!! Ya la cagamos con "Zuma"... Otra vez no, coño !!!
- Alea jacta est.
- ¿Pero quién leches va a querer escuchar éste refrito sandunguero de outtakes rescatados y directos maquillados?... Me estás matando tío, directamente...
- Pues que lo sepas que él dice que será superinfluenciable y que, en pocos años, todo dios que se entere de algo va a querer sonar igual como en alguna de las dos caras sino las dos, y...
- Y qué sí, hombre, qué sí... Si a mi ya me da igual todo...
- Tienes un heart of gold.
- Hijo de puta.


(Pd. "Rust never sleeps", obviamente y aunque sea lo de menos en comparación a la grandeza de la obra maestra imperecedera de su medio que és, confirmó el disco platino un año después de esta conversación)

domingo, 10 de septiembre de 2017

IRON & WINE - "Beast Epic" (2017)

Había una vez (una vez de hace tres lustros, concretamente)  un tipo que fue capaz de hacer esto:



Y a aquel primer y tan delicado disco siguió un segundo igual de bueno. Y después un tercero, que fue uno de los mejores de su década... quizá por desgracia. Paradoja o tontuna ello, que decida quien lo quiera hacer.  "The Shepherd's Dog" (2007) nos enseñaba ya a un Sam Beam (pues así se llama el tipo aunque se disfrace tras vinos y hierros) con una creatividad desatada. Un disco, seguramente -o al menos con un "quizá" muy remarcable en la grupa- "su disco" (el que hay que tener y atesorar bajo llave en el cofre de los tesoros de la casa), donde su propuesta se abría sin reparos (ni forzados tirones) a nuevas posibilidades de producción, engastando ello con un nivel de acierto tal que el resultante destilado era pura miel de las mejores abejas de la Granja San Francisco. Desde ahí, las críticas positivas se desbordaron por doquier, por supuesto, y todo el mundo aplaudió un disco que, en resumen, no se podía dejar de aplaudir. El perro pastor no era meramente "bueno" o "muy bueno": era y fue sencillamente abusivo. 

Pero, ay (que es un pero cuya P en mayúscula y bien gorda no deriva sólo del empezar párrafo), el anillo único del reconocimiento masivo hizo mella en el buen Samuel... Tras hiato de cuatro años aparecía "Kiss Each Other Clean". Un disco seguramente menos horrible de lo que a veces he referido (tiene su mitad de disco -mas/menos- a reivindicarse, o al menos hasta cierto punto), de acuerdo. Pero és también el disco donde los chimes y "lindeces" varias de estudio se nos presentan como auténticos (y malditos) co-protagonistas. No sólo como meros y sutiles complementos de la canción orgánica que hasta entonces (o con el anterior, mayormente y vaya) había pilotado la nave con impoluta grandeza, y/o hasta pura maestría en no pocos lances. Y, por ello mismo, la lectura de los adoradores del can anterior fue algo benevolente (¿quizá demasiado?): "bueno el chaval se quería divertir en el estudio, y con tantos juguetes y tal...". Pero, no. No quedo ahí la cosa (si algo puede ir a peor...). En vez de generar retroceso, el tiro fue aplaudido por la modernez más abyecta y recalcitrante y, henchido de confianza (para demasiados -como quien suscribe- asimilada en dirección contraria a la que procedía o esperábamos) el tío lleva al epítome y paroxismo (y al "putamierdismo" en general) el asunto, y con la continuación, "Ghost on Ghost" (2013), logra que muchos de aquellos que tanto nos emocionamos con la desnuda sencillez de sus "naked as we came", y demás, nos escondiésemos a llorar en la cueva más cercana sin consuelo posible, mientras el ya varias veces mentado -y ya por entonces altamente añorado- cánido hacía su buen rato que había huido por la gatera de emergencias... Así de triste. 


Entre llanto y llanto, mientras nos rebozamos en las escuchas en bucle de sus tres primeros discos (más las cománditas con Calexico, de darse el caso), se anuncia, hace ahora un par de años, un disco de covers... Síntoma bastante inefable, por lo general, de que el árbol está más seco que el gaznate una momia etrusca de las de aún por desenterrar, en efecto. Pero anda, contrariedades de la vida rara ésta, resulta que la manera de atacar esas canciones (de fuera a adentro y no al revés, y de nuevo), algunas bien conocidas además, hace saltar una pequeña protuberancia en el encefalograma vital... ¿Resultará acaso que el muy bendito se ha dado cuenta que, pasando un mucho de críticas gafapastiles de mode y volviendo tres casillas atrás, puede retomar aún el/su maravilloso camino de amarillentos baldosines? ¿Es posible?... En un 2017 raruno donde se vienen dando algunas,-en mayor o menor grado-, decepciones a colación de expectativas creadas; donde se da algún más que bienvenido reencuentro no esperado; donde uno no acaba de conectar en absoluto con algunos de los trabajos que más consenso o cadenas de opinión generan en los distintos lugares; y dónde, en verdad, sólo los que realmente uno ya sabe de antemano que son de los que no le fallan nunca reinciden en ello con contundencia (no creo que a estas alturas Greg Dulli pueda ofertar algo que no sea plato de mi gusto y lo del maestro Newman ya lo doy por obviado), es cuando Sam Beam presenta, al fin, éste "Beast epic"... Y con él se obra este pequeño milagro que hoy aquí se pretende venir a referir.


Pues, en efecto, algo épico esconde este viaje de redención del músico nos ocupa. Vuelve a lo mínimo con pinceladas. Vuelve a oler a limpio, calma y a las cadencias que nos hizo abrazarlo hace una década. "Beast epic" tiene ese halo de la sabiduría del que ha vuelto vivo de la batalla, más sabio y más curtido, tras asimilar a lo burro lo absurdo de prácticamente todo y para deleitarse al fin con las anheladas cosas pequeñas que le hacían feliz y que, ahora sí, sabe como apreciar y querer. "Beast epic" es el disco con el que volvemos a escucharle, no a dejarle de fondo, porque (y esto es así) es el disco con el que nos vuelve a hacer compañía. El trabajo con el que se vuelve a sentar en la mesa de sus tres hermanos mayores y más antiguos que, sin apenas disimular la sonrisa, fingen falsa indiferencia al verle: "te ha llevado tu tiempo, enano". Y qué poco sorprende, ya puestos, que los cuatro compartan discográfica y que, a su vez, ésta sea distinta a las de "lo otro" firmado hasta hoy por el músico bajo su conocido (y hoy de nuevo reconocible) emblema. 



Denlo pues por ampliamente recomendado aquí. Qué destaque otro lo que quiera de forma más prolija. Hasta los minúsculos excesos, muy -muy- contados, de producción de este álbum funcionan fetén (como también lo hacían los de Elliott en su celestial "Figure 8"), y de nuevo esa sensación de que estás ante un trabajo (como ocurría con los dos primeros, que lo del perro era muy evidente) que es lo indecible de más de lo que parece a simples primeras escuchas... El toque Drake de "Thomas Country law", o el eco de Orbison o Isaak para "Bitter truth", lo atemporal de un pedazo de canción (donde por cierto se concitan gran parte de esos "excesos productivos" antes apuntados) como sin duda és la saltarina "About a bruise" o, por ejemplo también,  ese recordar al segundo trabajo en "Song in stone" o "The truest stars we know", lo mismo que (ya puestos) al tercero con el que fue primer adelanto del lote, "Call it dreaming"... Y lo que se quiera y pretenda mencionar. Porque en un mundo donde ya  hasta gentes de bien y buen criterio se toman en serio a cosas como The National, cuesta imaginar una noticia mejor y más nutritiva que un regreso, y con todo en su sitio, de Iron & Wine. Por favor, Sam, no te nos marches de nuevo. 

sábado, 9 de septiembre de 2017

GOSFORD PARK (2001)

INTRO. ¿De verdad no había aparecido aquí todavía este film?. Qué raro. Huele a posteo borrado por error, o a complot del IMDb y Filmaffinity al alimón, incluso (cabrones !! -por si acaso-). Pues mira, casi que mejor, bien pensado. Porque admitiendo que no és el ya hace poco más de una década desaparecido señor Altman uno de "los más grandes" o indiscutibles realizadores de la Historia del Cine, si tiene numerosas referencias y logros de alto agrado en esta casa (así como alguna que otra "masterpiece" concreta como bastante indebatible, ya puestos). Y, curioso o no, de entre dichas bonanzas la mejor de todas para quien suscribe, la más querida e insaltable, és el impresionante (y ya neomilenario) ejercicio de puro cine que reza hoy en cabecera de entrada. Lo que, en efecto se admite, puede resultar curioso (que lo mismo no, claro) a alguien y por más de una razón... Por un lado queda éste film muy desplazado en tiempos de su década dorada (los 70's), lo mismo que de ese tremebundo reflote de los primeros noventa (con aquellos dos maravillosos largometrajes corales que se marcara el cineasta de seguidilla -y "Short cuts" es una de las mentadas "masterpieces", si, qué duda cabe-). Y, por otro, "Gosford Park" llega embutida, en el largo opus del realizador yanqui, por un pedazo de señor truño tan inexcusable como "El Dr.T y las mujeres" (que la antecede) y, por si poco fuera, una paja mental-visual sobre ballet (que la sucede), sobre la cual estoy como bastante convencido que ni él mismo fue capaz de terminar de ver jamás, siquiera una sola vez... Siempre quedará Robert Altman como alguien a respetar sin reservas, para resumir, en cuanto a su aportación al medio (está claro y por esos ya mencionados o sugeridos logros -que no son pocos, además-) pero, de igual modo, la sombra de la "irregularidad" queda también indeleblemente asociada a su arte y figura (resumiendo de nuevo: cuando la cagaba no "reparaba en gastos", no). En cualquier caso, "Gosford Park" es una maravilla absoluta (y escrito ello por alguien que, con el pasar de los años y tal, procura ciscarse lo más posible en los "absolutismos" varios de este mundo), lo mismo que -atención- uno de los más favoritos films del primer decenio neomilenario (en el nº2 creo que la puse cuando acometí la payasada de turno en ciernes -solo por detrás del magistral y excelentísimo pianista de Polanski-). Así de "fans" que es uno de esta película, vaya.

"SINOPSIS PRESTADA". Noviembre de 1932. Godsford Park es la magnífica mansión campestre a la que Sir William McCordle y su esposa Lady Sylvia invitan a familiares y amigos para una partida de caza. Los invitados son muy dispares: una condesa, un héroe de la Primera guerra mundial, el ídolo de masas Ivor Novello, y un productor de cine norteamericano. Mientras los invitados ocupan las lujosas habitaciones de arriba, sus criados conviven abajo con la servidumbre de los anfitriones. Sin embargo, no todo es lo que parece, ni entre los huéspedes ni entre los criados que se afanan por el bienestar de sus amos.


A FAVOR. Vademecum de dirección actoral y puesta en escena de Mr. Altman. Directamente. Y de acuerdo que cuenta con el casting que cuenta, pero aún y así. Es tan magnífico (y diverso) el carrusel de intérpretes e interpretaciones aquí planteado y presentado que ni tan siquiera voy a destacar a nadie concreto (y eso que mi actriz favorita de todo el mundo mundial junto a Bette Davis -la impagable Sra. Watson- aparece por ahí en medio... y por ello entiéndase que no se pudo evitar la mención al fin, con sentidas disculpas por la contrariedad). Sumemos ahora el hecho de que la narrativa elegida consigue, de forma natural, otorgar a cada rol su propio y pequeño universo...Que lo había hecho antes el realizador y muy bien. Está claro y basta con repasar sus celebrados films de principios noventeros. Pero, hasta la película hoy nos ocupa,  había sido siempre de forma fragmentada. Personajes con sus cuitas y situaciones particulares que, de alguna manera, se entrecruzaban o no... En "Gosford Park"  se va más allá con eso. No sólo es la suma de partes desprendidas de inicio entre si. Es esto más una trama cerrada (y encerrada) en un mismo y perfectamente constituido contexto, funcionando a la vez, rizando el rizo rizado más que nunca en estas corales formas tan del agrado del cineasta. Por lo demás, Altman no dejó sino acunarse, con toda la intención y sabiduría procedía, por el acervo británico de la que tanto y tanto hace gala este largometraje (el guión, la fotografía y la banda sonora -todo inmaculado e irreprochable- llevan pedigrí british en la firma y, en verdad, sudan pura teína por todos los poros). Particularmente, para resumir y finalizar párrafo, no dejaré de subirme y con remarcable asiduidad a este muestrario de hipocresías y cinismos, donde la bondad (tan contada) se paga de una u otra manera-en efecto- pero también, al fin y por ésta puta vez al menos, la maldad también. "Masterpiece" del medio y punto, vaya.

EN CONTRA. Qué no se encaje bien el volantazo cómico desde la aparición del personaje de Fry en adelante. Y, básicamente, porque ese acelerador de acciones (y situaciones), que desde entonces se genera, crea un contraste brutal entre escenas donde cada una de ellas ejerce de imprescindible microcosmos hasta llegar a la magnífica conclusión donde, para hacerlo rápido, uno no acaba de ubicar muy bien de qué género es el film que acaba de terminar de ver... Y normal porque, básicamente, le ha pasado un trolebús de veinte ejes de puro cine por encima. Sin más (que ya se lo explico yo, por ser así de majo).


CONCLUSIÓN. Mi film predilecto junto a "Short cuts" del algo irregular (si se quiere y a qué negarlo, visualizando hoy su opus entero a posteriori) pero también, y en no precisamente pocas ocasiones, imprescindible Altman, llegaba con ésta altamente inesperada (para algunos, al menos -y no por calidades, faltaría, sino por pura y dura temática de premisa base-) propuesta neomilenaria... El hacedor de "Un largo adiós" y "Nashville" traslada todo su conocimiento en dispendios corales y plantea una orgía de miradas, frases y gestos, donde todo oscila del bastante al mucho -o muchísimo- más de lo que aparenta. Esa dualidad entre significados y significantes para con los personajes y sus circunstancias hacen que no bajemos la guardia y no quede sino aplaudir escena por escena. Por otro lado, si el final no "impacta" o impresiona (o similar), se siente. Pero no mucho, en verdad, ya que básicamente no es eso a lo que juega este largometraje en ninguno de pasajes. Altman hizo algún film ulterior a éste, sí y ya para terminar, pero (sin duda) la maravillosa "Gosford Park" hace toda la justicia del mundo al tópico aquel sobre la irrepetible belleza del consabido y postrero canto del cisne.  Imprescindible en querencias propias. 

GUZZTÓMETRO: 10 / 10 

jueves, 31 de agosto de 2017

LOS ODIOSOS OCHO (2015)

INTRO. No engaña el título, no. Bien odiosos que resultan estos ocho. Sin embargo, qué cosas, más odiosos me resultan aún los dieciocho años que le ha costado al famoso realizador ofrecer(me) una referencia digna de apoltronarse junto a su tripleta de salida inicial. Tal cual. "The Hateful Eight" lo afirmo ya de salida, -para los impacientes y eso-, me parece (al fin y de una puta vez) la película que debería haber seguido a "Jackie Brown" en la filmografía oficial de Tarantino. O la que nos debía a algunos, cuanto menos.


Resumo ahora (y lo más rápido que sea capaz, que es un tema ya aquí abarcado en otras ocasiones) mi historia de amor/odio con el que fuera "el niño terrible de Hollywood", hace ya más de dos décadas. Tarantino, de alguna o varias maneras, nos resultó a muchos algo así como los Nirvana del cine... Recogía los frutos del trabajo inmediatamente anterior de otros (sitúemonos en los últimos ochenta/primeros noventa), que si bien mucho más del agrado de quien suscribe (y varios miles de chusmas similares, faltaría)  no tenía esa gracia -por así decirlo- para ser aceptado por un muy superior número de gentes y gentuzas. Pese a quien pese, Quentin (como los otros en lo suyo) fue la bisagra que abrió la puerta a un tipo de cine que, de nuevo para resumir, lo hubiera tenido mucho más complicado sin su tan puntual y concomitante aportación. E independientemente de que su calidad sea decididamente mayor a lo ofertado por el de Knoxville, o lo resulte a quien toque, vaya (que eso es otro debate). En cualquier caso, y con todos los "peros" con los que quien quiera (o pueda) nos pretenda avinagrar, la progresión Reservoir-Pulp-Jackie ahí queda ya para la historia del medio... Tras ello, por supuesto y eso si, la cosa se va a torcer la de "diosescristo". El "Tarantino personaje" fagocita por completo al "Tarantino cineasta" y, of courses, la cagamos pastorcillos. Este tipo nos tenía que llevar a un nuevo amanecer robando, cual Prometeo embadurnado en ketchup, el fuego de los dioses para llevarlo hasta nosotros, pobre e insulso vulgo. Pues Tarantino era, en efecto, ese chico del videoclú de barrio que se había visto todas las zarrapastrosas series B's y Z's del mundo pero, ojo (primordial), también era un estudioso del medio (así en general) con una devoción indómita por montera y que, no se dude, se las sabía todas de Griffith a Cassavetes, pasando por Godard, su prima la calva y la madre que a todos los parió... Y ello, claro qué sí, tiene su eco (más o menos ubicable) en la inicial progresión -de films- sugerida. ¿Sabían, por fugaz ejemplo, que Tarantino se niega de siempre a filmar con cámaras auxiliares, de esas comodín del "por si acaso" (avezadas a solucionar posibles problemas surjan en el postrero montaje y que tantas extrañezas, sin aparente explicación, han generado en la historia), del mismo e igual modo por el que se solían regir numerosos grandes maestros del medio en otros tiempos?... Todo eso, ese celo en y por generar una voz propia, desaparece tras la tripleta sugerida. Le señalan como el adalid de "lo cutre" (utilicen el eufemismo que prefieran si ello no les atrae o convence, pero en eso nos quedamos), y hace una "kungfutera" chorrada efectista y barata (y no al presupuesto asignado para el film me refiero, precisamente) a mayor gloria de su entonces querida Uma Thurman que, sin dejar de tener sus momentos de entretenimiento, es algo para lo que (está claro) ya tenemos a los John Woo y Rodríguez de este puñetero mundo... Él nos prometía (y nos daba, hasta llegar ahí) más. Y pónganle el aderezo que prefieran, faltaría, pero esto fue y era así. 


En ese punto casi recibimos o aceptamos con cierta aquiescencia la charlotada aquella del "Death proof", que ya era vendida como una gamberrada sin ambages en sanguinolento díptico con la (todavía mayor) memez a juego de su colega mexicano (al alejarse el asunto, desde su premisa de origen, de la desorbitada sobreestimación masiva -tan incomprensible para algunos- de lo de las katanas y chándales amarillos). La lectura positiva era entonces: "bueno, ya ha iconizado a la parienta y ya ha hecho la gamberrada con su amiguete... ahora volverá donde lo dejamos"... Y no. Rotundamente, no. Aunque, para mi al menos, "Malditos bastardos" vuela bastante  por encima de kárates y "desencadenaciones" (obviemos la mentada gamberrada anterior -de hecho, creo recordar que él mismo no lo cuenta entre esos diez films que quiere hacer en total-), por muy concretos y puntuales logros en forma de disgregación gratuita (en la buena y bienvenida acepción de ello), el arco argumental no deja de ser afín a cualquier martingala setentera de Bronson ajusticiando a todo julián se le cruce... Ello, para agilizar en la medida posible, alcanza el pleno epítome en "Django unchained" (que es como Kill Bill pero en el oeste y, por ende, con disparos en vez de espadazos)... Hay, seamos justos, siempre alguna puesta en escena, alguna set piece contada, reseñable en todos sus films (un maniático nunca deja de serlo del todo, diáfano ello) pero, sea como fuere: ¿volverá Tarantino a hacer alguna vez el cine que para algunos -más de los/las que pareciera, se lo aseguro- era capaz de realizar o, por contra, seguirá haciendo brochas gordas de venganzas mil -puerilmente ocultas en contexto toque- hasta el fin?... O, si se prefiere: ¿volverá a buscar "su cine" o se limitará a seguir con "lo que de él se espera"?. Tarantino mola siempre en el sentido que a algunos popes y pedorros varios del medio, los que mandan en esto de los premios (por ejemplo), no les queda otra que nominarle en varias categorías siempre que estrena (por puro revisionismo y crudas comparativas, Tarantino al igual que los hoy tan venidos a menos Coen o hasta -el para mi prácticamente siempre innecesario- Burton, queda muy por encima de los Nolans, Boyles y/o Shyamalans de turno), pero en respuesta a las preguntas que anteceden, y siendo completamente honesto, la respuesta parecía, hasta hace nada y menos, lo más alejado posible a una afirmación... Siquiera parcial, y aún con buenas y asertivas intenciones/predisposiciones de por medio. Es entonces cuando, el muy pedazo de cabrón y contra pronóstico positivo previo se nos cruce, entregaba (que hace un par de añitos ya) este odioso octeto en forma de western post-secesionista al trote "morriconero"...  Dieciocho años, Quentin. Ya te vale.


"SINOPSIS PRESTADA". Pocos años después de la Guerra de Secesión, una diligencia avanza por el invernal paisaje de Wyoming. Los pasajeros, el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell) y su fugitiva Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), intentan llegar al pueblo de Red Rock, donde Ruth entregará a Domergue a la justicia. Por el camino, se encuentran con dos desconocidos: el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), un antiguo soldado de la Unión convertido en cazarrecompensas de mala reputación, y Chris Mannix (Walton Goggins), un renegado sureño que afirma ser el nuevo sheriff del pueblo. Como se aproxima una ventisca, los cuatro se refugian en la Mercería de Minnie, una parada para diligencias de un puerto de montaña. Cuando llegan al local se topan con cuatro rostros desconocidos: el mexicano Bob (Demian Bichir), Oswaldo Mobray (Tim Roth), verdugo de Red Rock, el vaquero Joe Gage (Michael Madsen) y el general confederado Sanford Smithers (Bruce Dern). Mientras la tormenta cae sobre la parada de montaña, los ocho viajeros descubren que tal vez no lleguen hasta Red Rock después de todo.


A FAVOR. Cabe precisar antes de nada que se debe o conviene valorar éste film de forma intrínseca (o por lo menos en la humilde opinión propia). Huyendo ex profeso de comparativas directas con la obra inmediatamente anterior del realizador. En caso contrario, ese notable muy alto que le encasqueto (y bien feliz por ello) al final se torna, por pura causa-efecto, en "jodida masterpiece inamovible en la historia toda del cine"... Tal cual se lo cuento, oigan. Por otro lado, que el aquí oscarizado Ennio Morricone (mi compositor de soundtracks predilecto, ya puestos y de gratis que se lo llevan ello) es dios, es algo por lo que se puede pasar de puntillas tan ricamente y sin mucho problema (por lo netamente obviable del asunto). Morricone pariendo una soundtrack digna de llevar su firma. Fin del tema, sin más. Aunque, desde luego, hay más cine bajo su batuta, y la sabiduría visual del amigo Quentin, en esos créditos con el travelling circular en slow time a la tumba enterrada en la nieve, y con el carromato acercándose,  que en todos los obstinatos recurrentes hasta el hastío del tan cacareado Nolan de los cojones hasta día presente... Por ejemplo. Magnífico Tarantino en cualquier caso para la medición de tiempos narrativos, eso no se dude. De hecho, puede que encontremos aquí seguramente, más que en cualquier otro aspecto, esa sensación de "ha vuelto" que a algunos nos resulta, en mayor o menor grado de aceptación, éste estupendo film. Aunque, ruego atención, de quedarme con una cosa y sólo una en las últimas, creo que lo haría con la construcción de roles (y una ronda de lo que quiera al director/a de casting a la voz de ya). Tenemos a Madsen haciendo de Madsen (no creo o parece que pueda hacer otra cosa, por otro lado, aunque bienvenido sea siempre para este tipo de rol determinado) y/o, lo que es infinitamente mejor: a Roth haciendo un poco lo que le sale del badajo, a destacar visiblemente ambos de entre los personajes menos abiertamente protagónicos. Y sin olvidar (para morirse aplaudiendo, que se merece el punto y seguido para él solo) esa mirada del gran y veterano Bruce Dern que funde el hielo, mientras trata en vano de aguantar estoicamente la impagable y vejatoria andanada verborreíca a la que se encuentra tan crudamente expuesto hacia la mitad del film... Aunque, qué duda cabe, son Russell, Jackson, Leigh y éste Walton Goggins (el más pirado de todos los hijos de puta que aparecían en la serie "The shield") que espero salga de aquí reforzado para hacer lo que la gana le dé en el futuro (qué buen actor, hostias y con perdón por "la jerga técnica", como siempre), los que más y mejor brillan. Y, ya puestos, aunque insisto que Goggins está muy -MUY- bien y que, desde luego, Kurt Russell resulta aquí la leche a todos los niveles (y eso sin entrar en lo pavloviano del "efecto nostalgia", Carpenter mediante y al verle con barbas, nieve alrededor y un peligro inminente en liza), lo de mi tan admirada desde ni me acuerdo -y tan aquí ajada y hecha mierda- Jennifer Jason Leigh (mi actriz yanqui de su generación predilecta sólo por detrás de Marcia Gay Harden) devorando el film sin miramientos en tantas y tantas ocasiones y, cómo no, lo de Samuel L. Jackson haciendo de trasunto imposible de Poirot en forma de "cazarrecompensas putámico" pistolas en ristre, resultan (y son) cosas de imposible pagar... No falta la verbena de la paloma, además ("que ningún deep fan incondicional se me ponga nervioso", que pensaría el hacedor de Pulp Fiction), a modo hiperbólica y desmadrada sangría de despedida. És Tarantino (no se requieren más explicaciones). ¿Qué más quieren?. Todo el estilo y toda la gamberrada del realizador se abrazan plenamente de nuevo, tras una mayoría de edad de duro hiato en el tiempo, en "The hateful eight". Muy bien. Aplausos de nuevo (qué ya era puta hora conviene insistir lo que sea menester, si) en la grada y, lo que me es muchísimo más revelador de cara a lo que en verdad me ha agradado y convencido esta película (más allá de cualquier astracanada que puede teclear o no aquí), su siguiente film es algo que de nuevo -y para bien o mal a posteriori, que todo llegará o no- vuelve a intrigarme... 


EN CONTRA. Que, por cerrazón automática (seguramente merecida, por otro lado) producto del declive del cineasta en proporción a lo que prometía en sus inicios, se meta a este odioso grupo en la misma estantería que Bills, bastardos y Djangos... Esto es mucho más película, se enfrente el tema desde cualesquiera sea el frente que de la cochina gana de señalar. Esto es así, incluso y para rematar epígrafe en "cuñado mode" ni que sea.

CONCLUSIÓN. Casi dos décadas después de "Jackie Brown" Tarantino vuelve a hacer una particular, truculenta y muy bien hilvanada "historia de personajes" ubicada en tiempos y espacios concretos, en vez de extrapolar la estructura de "Yo soy la justicia 3" al cine de kung-fu, nazis o cowboys (en clave de "sentío homenaje a la Serie B mode" para pretender disimular carencias y mayores inris)... Queda el innegociable ketchup como común denominador, está claro (que por mi no hay problema, nunca lo ha habido a decir verdad, por ese lance y lugar de encuentro concreto de su cine), pero los tirones efectistas a fin de epatar porqué sí (sin incrustarse de forma natural a la cadencia narrativa) desaparecen, de una maldita vez, y para volver a dar la bienvenida a los inesperados giros regados de humor negro y mala leche que proyectan una nueva, intencionada y completamente distinta situación desde ellos. El penúltimo acto (pues, -que no lo puse antes-, estamos ante un film dispuesto en capítulos), con el flashback más largo de los dos que hay en el film (y dando por bueno como tal el primero, que habría debate a lo mejor), y donde todo el mundo (nosotros el público, entiéndase) sabe lo que va a ocurrir pero, definitivamente, el muy canalla logra que nos echemos atrás en el asiento para disfrutar simple y llanamente como enanos de como nos quiere explicar el chiste, es uno de los momentos más brillantes y conseguidos en la carrera del cineasta. Tal cual y con amplia holgura. Y ello es solo un ejemplo, además (aunque ese diálogo directo y explícito para con  todo lo que precede -que es lo que sucede- que desde ahí se logra, de magnífico -como mínimo- no me baja). Otro día, aunque esta entrada me quedó "algo breve", ya les aburriré a lo mejor con lo que me ha retrotraído esto a las bisoñas y queridas lecturas del "Blueberry" de Giraud o, en definitiva, con lo mucho que me agradan estas historias ("crepusculares" o no, aunque siempre queda guay ponerlo, si) del oeste inmediatamente posterior a la guerra secesionista yanqui, donde tantos y tantos combatientes tuvieron que reinventarse en dios sabe qué para poder susbsistir... De momento, y quién lo iba a decir a estas alturas de guiso, tenemos al granuja de Tarantino de vuelta. Sin paliativos parciales ni matices valgan. A lo grande y de muy contundente manera. Lo que, habida cuenta de como anda la onza de cine de calidad en salas hoy por hoy (y/o desde ya hace lo suyo, no nos engañemos), de poca cosa tiene bien poco... Nada, en realidad. 


GUZZTÓMETRO: 8'5 / 10