lunes, 24 de abril de 2017

DAVID BOWIE - "Hunky Dory" (1971)

"Hunky Dory", o la conversión real y auténtica del músico  (por mucho que ahora haya "historiadores " del asunto que apuntan -a toro pasao, valientes puñeteros- que los trabajos anteriores ya le habían encumbrado)  del "artista muy prometedor" a supercrack absoluto del rocanrol mundial y alrededores... Después de él -de Hunky- a forzar la máquina para envolver su único (e inolvidable) hit hasta entonces en un disco ya un poco como dios manda, y dejarlo finalmente todo expedito para que Ziggy se coma al planeta entero de medio zarpazo. Pero eso sería en el 72, en el 71 -volvamos- Dave nos proclamaba estos nuevos "ch-ch-ch-ch-changes", en comándita con el insustituible Ronson. Y a ello vamos...


"Todavía no sé que estaba esperando...". Y desde ahí, el famoso alter de David Jones que nos ha llegado ya del todo: el más maquillado, narcisista, opulento, excéntrico, gilipollas, mejor y brillante guia para entender el primer lustro rockero de los setenta. ¿Qué decir -ya de entrada- de "Changes" a estas alturas?. Misma consideración para "Oh! you pretty things", fantástica y ahora ultrareconocible canción que, por cosas de esas que uno no acaba de entender, tuvo que esperar más años de los debidos (hasta el bastante ulterior boom con los recopilatorios, antologías y demás) para gozar del reconocimiento en la historia que merece. El mismo pianito final de aquella le sirve para empalmar directamente con "Eight line poem", que parece secuestrada a lo Proserpina de los archivos secretos de Reed en plena siesta... Entonada, eso sí, a la manera de Dave: cambiando el aire de canalla renegado de Lou por ese teatral tono trágico de la diva la portada... Muy buena canción (claro) que, cómo no, palidece únicamente por la mera razón de anteceder a lo que lo hace... Nada menos que la inmortal "Life on Mars?", faltaría y que (en síntesis)  debiera estar prohibido escucharla sentado."Kooks" tiene un muy logrado aire a lo Beatles, Kinks y demás, pero pasado por el tamiz del artista/genio nos ocupa  que la hace como especialmente reivindicable."Quicksand", que cierra la cara A, se mueve en los mismos terrenos dramáticos de la "vida marciana"... Una preciosa canción (versioneada por dios y la madre para mayor inri) que quedará tapada, como casi la totalidad del resto del disco pareciera a veces, por los hits (sonados) anteriormente mentados. 


Y, atención, si lo del relativismo avezado a la magnífica "quicksand" jode, lo homónimo que ocurre con la "sargentopimentera" "Fill your heart", con sus pianitos y violines a cuestas, no lo entiende ni cristo (aún teniendo en cuenta que es la única pista del disco no firmada por Bowie -la autoría que reza en créditos va para el pianista nuevaorleano Biff Rosey y de Paul Williams-). Aires marcianos para la intro de "Andy Warhol", dedicada al ínclito y al que Dave rendía pleitesia, donde (una vez acabados los "ruiditos") nos encontramos con una pieza acústica del nivel de los mejores singles de un tipo que, en la humilde opinión propia, ya se caracteriza por tener una de las mejores selecciones existentes en ello... Sea como fuere, aún tengo que ver una lata de sopa que merezca ponerse a la altura de esto (con perdón de proceder, pero es que no se pudo evitar y tal)...Y sigue "Song for Bob Dylan", que  no baja el pistón. Y que es justo lo que propone, amén del obvio "sentío homenaje", una canción del Zimmerman convenientemente llevada al terreno del británico (esas guitarrillas distorsionadas del estribillo le delatan al granuja). "Queen bitch", con la única duda razonable de la dupla de avenuras del Major Tom, es probablemente mi canción favorita del tiparraco desde siempre... A qué mas ( de hecho, hasta puede que Ziggy ya empiece a avistar el planeta desde aquí). Y, hale, tiempo ya solo para cerrar persianas  con "The Bewlay brothers", que es la canción más larga del álbum y que guarda cierta correlación compositiva con la mismísima "space oddity". Empieza y se conduce con un leve raspeo de guitarra para estallar en uno de esos  estribillos como solo Dave y cuatro más pueden... Añadiendo, además y para la ocasión, un coro extraterrestre que se va diluyendo hasta el final de un disco que, para miles y miles al menos, no nos debiera terminar jamás. Un disco que no... no tiene claroscuro posible que valga y por denuedo mal lechoso se arrostre al tema. Leyenda o mito, elijan su sabor favorito en definitiva (y siempre dentro de esa gama -la más alta-) para referirse al Hunky de las narices y su impronta en la Historia toda del Rock, que no errarán nunca. Y fin... o casi, vaya, porque a todo esto: ¿comenté ya que es mi favorito suyo, no?.


martes, 4 de abril de 2017

CINE EUROPEO DE LOS 90 (1 de 3)

Uno de los grandes errores que solemos cometer todos, generalizando y por defecto, avezado al mundo del cine y su historia, sería seguramente el categorizar films por su país de origen. Sólo lo ofertado desde el cine yanqui (por "el efecto Hollywood" y su obvia sobreexposición histórica) suele encontrarse desglosado en géneros -y subgéneros-, sino  siempre poco menos. El resto es "una película italiana", "japonesa", "cine francés", "una producción británica", ... etc. De alguna manera, aceptamos en este sentido, y tan ricamente, el yugo de La Meca del Cine. Bien, pues hoy me propongo (de forma algo somera, tampoco lo negaré) intentar darle la vuelta a dicha "trampa"... Y qué, por un día, le den pomada a Mickey Mouse !


Porque, veamos, más allá del ponderar posibilidades económicas en la factura puntual de algo o la mera demografía contante y sonante (más gente =  más películas, fin del misterio), los USA se han apoderado, por pura maquinaria, del noble arte del cine y su historia... o eso -y seguimos generalizando no se olvide- se proyecta mayormente (no cabe engañarse). Aquello de que la historia -redundando y tal- la cuenta quien la cuenta, si. Sin embargo, miren, esto me conviene para lo de hoy... Lo de leyes hechas y trampas que se vienen, para el caso. Y es que ya hace mucho -MUCHO- tiempo que considero "el cine europeo de los 90" algo digno de recalcarse con letras doradas en la leyenda toda del medio. Y así, en comándita... Que los United son muuuy grandes y en base a dicha ventaja juegan, claro. Ahora bien, si quieren jugar, juguemos hoy también nosotros "a lo grande".  Y es que aunque por mucho que el cine americano de la última década del pasado milenio empate con sus 70's y  supere (claramente) en el recuento general a sus 80's (aunque lógicamente se alimente, en significante medida, de cierta parte de lo que ahí aconteció y/o sus semillas plantadas), con esa sublevación "spielbergiana" (más esbirros varios) donde el cine es ante todo "algo que debe venderse", no les alcanza a "los del otro lado del charco" para alcanzar siquiera la comparativa con lo que el mismo decenio generó desde "el viejo continente". Es más, y directamente, no nos sentamos a debatir nada porque, básicamente, no hay debate que valga aquí.


Los 90's yanquis tienen momentos de pura gloria, auténticas masterpieces y qué duda se puede albergar en ello: Scorsese nos planta en la morrera dos portaaviones de cine como "Uno de los nuestros" y "La edad de la inocencia", Lynch remata sus años dorados con la tan esquizoide como magnética "Lost highway", Allen pega los postreros coletazos de grandeza absoluta, los Coen (hoy tan a menos venidos por "méritos propios") se salían en prácticamente la totalidad de sus siete primeras referencias, el gamberro de Tarantino sacaba tajada y nos lo hacia pasar a todos de reputísima madre con su fritanga de serie B borbotónica, el gran Altman bordaba sus "The player" y "Short cuts", Spike Lee nos sumergía en la realidad (negra y no) de lo que no sale en las fotos de promoción turística de "la gran urbe", Jarmusch se salía con sus "Night on earth" y "Dead man"... Considerable etcétera, sin obviar la llegada de grandes nombres de otras lides narrativas o/y escénicas como Auster o Mamet al mundillo, o (ya hacía el final) la aparición de savia nueva con los Anderson, Jonze, Payne y demás. Repitamos el "etcétera" una vez más, incluso... E incluso con ello, al atacar la comparativa que propone este texto, como que no les alcanza (sigue sin existir -siempre para quien suscribe, obvio ello- ese "debate" antes mentado, para entendernos).


Sin más y utilizando una formulación muy básica de un par de referencias por año (salvo donde me resulte imposible por un u otro motivo):

1990.  Puede que algo con el volante (y la etiqueta) de la superproducción, que claramente fue "Cyrano de Bergerac" (Rappeneau), despiste a alguien que espere aquí un carrusel de "films  de autor" o un compendio de trascendencias on screen sin fin... Error. La belleza de las imágenes y cuadros dispuestos en el film que encumbró internacionalmente a Depardieu se me antoja una magnífica manera para empezar lo aquí hoy pretendido que debe, debiera vaya, trascender a  ominosos maquillajes y a su aceptación sin reservas por parte del "gran público"... O, mejor aún, siempre podemos recordar ese sonoro sopapo en nuestra mejilla favorita que nos endosó Loach, si si ese mismo tipo que solo hace "coñazos histórico-costumbristas", en su indispensable y tan cruda "Agenda oculta". La fuerza y desgarro del tema abordado, ese romper la capa del engaño  en la que siempre vivimos en aras del "estado del bienestar" (sin que nadie nos pregunte nunca nada y menos),  tampoco debe hacer olvidar a nadie lo tan necesariamente asfixiante (con todos los perdones habidos por el oxímoron, pero nos entendemos, creo) de sus bondades visuales (inteligentísimo contraste entre lo oscuro que se investiga en las cloacas y el baño de luz en las exposiciones públicas -o que no se pueden esconder, sencillamente- de la trama). 


1991. Ya llegaban aquí Jeunet y Caro con la vitola de cineastas a tomar muy en serio en su tierra pero, visto en perspectiva, pienso que ni los más positivistas auspiciadores adivinaron de pleno la que se nos venía encima con su tan célebre e inolvidable "Delicatessen". Cuento al óleo (ya  desde el mismo gorrino del póster) que reparte candidez y pesadilla a idénticas partes, sin descuidar el bienvenido absurdo y un gusto por la estética de encuadres multiangulares que enriquecía el todo sin llegar a agobiar jamás. ¿Y qué decir a estas alturas de aquella "Europa" de Von Trier?... El tren de la bruja pergeñado por el danés donde nos mostraba el "después" de la Alemania nazi ya oficialmente  derrotada y sin ahorrarnos un ápice de toda la ponzoña que quedó a su genocida paso. Del b/n al color y sin omitir puntos de vistas, "Europa" (aún con todo el dolor y pesadumbre a extraer) se desdobla como muy pocas películas entre la trama que se nos cuenta y lo que vemos de fondo... O peor, lo que el muy cabrón nos deja imaginar. Imprescindible hace corto.


1992.  Aquí entramos en una fase del tema que (me) resulta imposible acotar sin más a dos referencias y, me temo, será insaltable mencionar alguna que otra de más...  Y es que, honestamente, no veo cómo omitir algo tan antipático, desagradable, hijoputesco y, sobretodo, único como lo de  "Ocurrió cerca de su casa"... Aquel falso documental belga que mostraba las andanzas de un psicópata en serie y que parecía mofarse, sin apenas disimule, de esos gángsters tan "guays" que nutrían el cine norteamericano de la época. Tomando como modelo recurrente los personajes de Tarantino, un poco "la sátira de la sátira"  que vendría a ser esto. En verdad, ya puestos, el propio Quentin de la mano con Stone intentó emular su espíritu para aquellos "Asesinos natos" y, en verdad igualmente, la comparativa es para romperse el alma por el puro descojone... Mucho mejor aún resultó aquella "La vida de bohemia" (Kaurismäki), donde el patetismo, la comedia y el cine de autor (autoconsciente o no, que poco me importa aquí al abrazar el todo resultante) se iban de juerga juntas y sin problema medie. La mala leche, la burla a la que somete al "bohemio estándar" que mientras pueda tomar café y fumar en oscuros garitos (mientras suelta sus "rollos", cómo no)  ya se da por realizado aunque se confundan en el proceso conceptos más que básicos llegada la hora de abarcar logros y obras de "artistas reales"(aún los más granados), es algo de difícil pagar. Pero, ojo, si de mentar dos se trata... Algo tan especial, e inubicable por premisa, como "El sol del membrillo" de Erice (este señor que en academias de cine del planeta es un capítulo entero y que por aquí rara vez se menciona) debe ocupar uno de los puestos de honor. Mezclando dos conceptos tan a priori antagónicos como son el rigor documental y la evocación poética, el hacedor de "El espíritu de la colmena" extrae toda la emoción posible al tratar ex profeso de huir de todo efectismo artificial. Cualquiera que pretenda entender el compromiso de un artista con su arte debiera acercarse, al menos una vez en la vida, a la figura del pintor Antonio López aquí esculpida en celuloide. Más prosaica pero no menos necesaria, por su parte, sería la que nos queda de la añada: el "Juego de lágrimas" de Neil Jordan. Ya de entrada, vamos a lo obvio, queda aquí por siempre jamás uno de los mano a mano interpretativos más descomunales se puedan recordar, por parte de unos Whitaker y Rea para cuya labor no hay bastantes premios a otorgar en este mundo... Y qué nadie se detenga nunca en el romance transgénero (ahora que está tan de moda abarcar el tema, además) que tanto revuelo montó en su día... No se hagan tamaña putada, por el amor de todo. "The crying  game" es, para resumir,  el romance de un asesino completamente enamorado (a  nivel de enfermedad, de jugárselo todo) através de las meras palabras de su propia víctima, cuya devoción trasciende credos y deberes. Memorable se mire por donde la gana dé.

(continuará)