lunes, 8 de mayo de 2017

THE AFGHAN WHIGS - "In Spades" (2017)

Bien, bien, bien, bien... Pero qué muy bien, joder, Gregorio. De reputísima madre, en realidad. Para no seguir alardeando de riqueza semántica, vaya la andanada que ya dejé impresa para los restos en alguna red social:

"Pues la verdad es que aunque el de los Sadies esté más que bien, me postule muy  firmemente entre los "apreciadores" del disco de Davies + Jayhawks, aplauda la de dios el regreso de Kevin Weatherill  firmando (al fin !) como  Immaculate Fools o, entre otros, el nuevo de los puñeteros y eternamente pseudo-ignorados Bats que me ha llevado al huerto como siempre, y/o sin olvidar (por ejemplo) otro ilustre retorno como el de la tan querida Sra. Mann... La verdad, digo, a pesar de todo eso y más, es que para mi el ranking de los discos de este año es el que sigue:

1- El de los Afghan Whigs
2- Los demás
Fin".


Y desde ahí que sigo... Bien, bien, bien... Bueno, ok, ya paro... Pero es que (se lo prometo a todos) le ha salido un discarral maravilloso al tan admirado Mr. Dulli. Tal cual. La continuación plena y alcanzada, -aquí sí-, del muy ilustre "1965" con el que su banda nos abandonaba a finales del milenio pasado, para acabar regresando (tras tan cruel hiato) hace algo menos de un lustro. Si alguien tiene ganas o/y tiempo, aquí queda el especial que servidor se marcara hace unas semanas en el espacio vecino, a colación y a fin de dejar bien claro lo que The Afghan Whigs significan para quien suscribe... Muchísimo (en síntesis), y de paso, sirviéndome de todo lo ya vertido en ese otro texto, me ahorro hoy otras cuestiones que no sea el valorar éste tan fantástico "In spades", prácticamente salido del horno.

No ha escatimado esfuerzos de ninguna clase Dulli, ya de entrada, y de hecho puede que esa ambición salte a ojos y orejas en el par de primeras escuchas. Muchos músicos y mucho personal metiendo mano a estas "espadas", si. En verdad, el listado en los créditos de este elepé  es de todo menos corto. Ello, obvio, nutre la tan apreciable variedad de palos dispuestos en la sucinta decena (pelada) de canciones ofertada y deja, igualmente, cierta -falsa- sensación de que nos enfretamos a un disco con un tracklist mucho más generoso. En lo malo, eso sí, el riesgo de que alguien se haga un lío y aparque a las primeras de cambio un más que recomendable álbum despejándolo, con desdén y narices arrugadas, hacia el cajón de lo meramente "sobreproducido" o "excesivo"... Craso -"crasísimo"- error, en las cuentas personales, pero puede darse, vaya. Dicho posible "error", ni qué decir, parte además del desconocimiento previo de lo que fue y és esta formación... La banda de soul-garage más enorme e inalcanzable de siempre: por pura y dura pasión vertida y por su incalculable mayor altura de miras (al compararse, de cajones ello, con cualquier otro combo de rugientes guitarras que hayan tenido -o tengan- a bien el abrazar sonidos negroides en el proceso). Esto és: siempre les importó entre poco y nada esta clase de lecturas a posteriori tan claramente avezadas, cómo no, al "factor crítica"... Si hay que poner ocho trompetas o diez violines en algún tema puntual, -y así sea para tres segundos concretos, únicamente-, pues se hace y punto. Claro qué sí. Y aclarar, por si acaso, que estamos ante los jodidos Afghan Whigs aquí, un respeto (que se lo han ganado demasiadas veces ya)... Esto nunca será un poner "chimes", "sampleos" y truquitos mil de estudio por ponerlos.


Y eso que "Do to the beast" (2014), fue muy bien recibido. Y muy justamente. No había esa empalagosa iteración en los clichés recurrentes de la banda que vuelve tras largo tiempo desaparecida y se limita a esconderse tras los rasgos tópicos que más pasta les generó  en su momento. Volvía ese afán de retorcerse en la oscuridad, de extraer belleza melódica lo mismo que descensos a los infiernos desde ella y de, en definitiva, no dejarnos dar nada por sentado, aún sabiendo perfectamente sus acólitos en que directrices de sonido nos íbamos a mover... Además, nos colaban con esa impagable "Lost in the woods", de cabeza y por la escuadra, una de sus mejores canciones de siempre, desde ya y con la burrada que acarrea ello. Sin embargo, a pesar de ese y otros temas (que si bien no tan enormes eran aquello del "déjalos ir" y como poco), el disco adolecía de cierta falta de, póngamos, cohesión. Sin caer en lo deslavazado, no podría/n ni queriendo (está claro), se añoraba ese sonido general que envolvía el todo hasta otorgar al disco la condición de único... Sin pedir algo completamente temático, como la inolvidable "novela negra rock" de "Black love",  y abrazando sin reservas lo bueno ya descrito (el no ir a lo fácil, que las sombras y el peligro siguieran ahí), quedaba un remanente final en el que, aunque "Do to the beast" no puede faltar en la colección de ninguna de las maneras, le faltaba un "volante global"... Como sí fue en su momento la furia de "Up in it", el melodrama de "Congregation", la elegancia en "Gentlemen" o el poso de "noche en la ciudad" saliendo del garito soulero y hediendo lo indecible a nicotina de "1965"... Más fácil que todo eso: "Do to the beast" gustaba sin esfuerzo y lo quisimos desde enseguida que salió (nada que ver con los "pseudo-patinazos" de los Pixies actuales -o desde su "resurrección", si se prefiere-) pero, no cabe engañarse, no emocionaba en su conjunto al altísimo nivel de su obra previa (que no todo el mundo puede ser los putos Dinosaur Jr, claro)... Aunque, atención, "In spades", sí que lo hace. Y cómo lo hace...(bien, bien...¿recuerdan?).


"In spades" no entra tan fácilmente como su predecesor. Es más retorcido, con más ángulos y claroscuros.. Más rico en contrastes y más satisfactorio al final del camino, una vez éste queda asumido del todo y entendido globalmente tras las escuchas que quien toque requiera. Mejor, sencillamente. Un laberinto sin tregua que sorprende primero ("nunca habían hecho esto antes"), colapsa después ("¿pero cuántos instrumentos hay ahora mismo?"), y vence, a la postre, sin remisión posible... Porque, y de nuevo sencillamente, es enorme. Son diez canciones que parecen veinte. Diversas (mucho) entre sí,  de lo más mínimo a lo más extremo, "In spades" deja un poso épico, un poso de ser el disco donde un Dulli más valiente que nunca se atreve hasta contra el mismo demonio que nos saluda desde la tan cojonuda portada  y, de alguna manera, logra que el asunto le salga perfectamente alicatado por todos los flancos. Aunque, claro, tampoco nadie le coja miedo al tema, de cara a primeros contactos... Dije antes que "no entra tan fácilmente" como el anterior, en efecto, pero no dejan de ser ellos/él y tampoco es algo contra lo que se deba pelear con excepcional denuedo. El fan de siempre no tardará en hallar ese denominador común propuesto y por otro lado, para el oyente más casual,  ¿qué puto disco de esta banda no tiene al menos cuatro o cinco temarrales a los que agarrarse individualmente, más allá de lecturas -esperpénticas o no- que apunten hacia algo más global?. Con su único socio inamovible de siempre al bajo (John Curley), el preocupantemente diagnosticado del maldito cáncer desde hace unos meses Dave Rosser a las guitarras, el suertudo de Patrick Keeler al que le ha tocado la madre de todas las loterías (pasar de Raconteurs a Afghan Whigs es como que te fichen los Lakers jugando en el Caja de Ronda... aunque su importante parte de culpa tendrá por ello, claro) y un sindios de personal arrimando hombros en estudio (aunque siempre bajo su férrea batuta, ni qué decir),  Greg Dulli recupera de pleno el nivel de su obra noventera y ya puesto, como es tan fácilmente deducible además, firma el disco más necesario y adictivo en lo que va de año para, al menos, un ingente nada desdeñable de personas. Servidor entre ellas, adivinaron bien que estaba chupado... ¿Se han fijado, por cierto, que no destaqué canción alguna y aún y así me reafirmo, una última vez incluso -aquí en plena prórroga-, de que estamos ante un discazo de los de agarrarse fuerte adonde se pueda?. Y en este caso no me resultó "chupado" ello precisamente, ojo. Hay algunas que se adivinan desde ya insertas en el tan privilegiado club de sus grandes tonadas de siempre (sin duda) pero, y también insisto postreramente con esto, perderse en los distintos vericuetos de éste "In spades", -y más a presente día-, me resulta algo para lo que no hay cochino dinero. De cabeza a por él, que ya lo decía Jerry: "a friend of the devil is a friend of mine". Sin más. Y esto que se acaba aquí.

2 comentarios:

  1. Después de leer esto, que es sencillamente MARAVILLOSO y comprobar que tienes cero comentarios sólo puedo decir lo siguiente:

    Qué solos estamos!!! PERO NO NOS IMPORTA!!!.

    No se hizo la miel para la boca del cerdo

    Mil millones de gracias por predicar la palabra de Dios Dulli

    Abrazos

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  2. Pues sí, ratifico todo lo dicho... DISCAZO. No esperaba otra cosa de Dulli and cía...
    De los pocos poquísimos valores seguros en la música mundial.
    Por cierto lo del símil del Caja de Ronda, me ha encantado...
    Saludos

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