domingo, 10 de septiembre de 2017

IRON & WINE - "Beast Epic" (2017)

Había una vez (una vez de hace tres lustros, concretamente)  un tipo que fue capaz de hacer esto:



Y a aquel primer y tan delicado disco siguió un segundo igual de bueno. Y después un tercero, que fue uno de los mejores de su década... quizá por desgracia. Paradoja o tontuna ello, que decida quien lo quiera hacer.  "The Shepherd's Dog" (2007) nos enseñaba ya a un Sam Beam (pues así se llama el tipo aunque se disfrace tras vinos y hierros) con una creatividad desatada. Un disco, seguramente -o al menos con un "quizá" muy remarcable en la grupa- "su disco" (el que hay que tener y atesorar bajo llave en el cofre de los tesoros de la casa), donde su propuesta se abría sin reparos (ni forzados tirones) a nuevas posibilidades de producción, engastando ello con un nivel de acierto tal que el resultante destilado era pura miel de las mejores abejas de la Granja San Francisco. Desde ahí, las críticas positivas se desbordaron por doquier, por supuesto, y todo el mundo aplaudió un disco que, en resumen, no se podía dejar de aplaudir. El perro pastor no era meramente "bueno" o "muy bueno": era y fue sencillamente abusivo. 

Pero, ay (que es un pero cuya P en mayúscula y bien gorda no deriva sólo del empezar párrafo), el anillo único del reconocimiento masivo hizo mella en el buen Samuel... Tras hiato de cuatro años aparecía "Kiss Each Other Clean". Un disco seguramente menos horrible de lo que a veces he referido (tiene su mitad de disco -mas/menos- a reivindicarse, o al menos hasta cierto punto), de acuerdo. Pero és también el disco donde los chimes y "lindeces" varias de estudio se nos presentan como auténticos (y malditos) co-protagonistas. No sólo como meros y sutiles complementos de la canción orgánica que hasta entonces (o con el anterior, mayormente y vaya) había pilotado la nave con impoluta grandeza, y/o hasta pura maestría en no pocos lances. Y, por ello mismo, la lectura de los adoradores del can anterior fue algo benevolente (¿quizá demasiado?): "bueno el chaval se quería divertir en el estudio, y con tantos juguetes y tal...". Pero, no. No quedo ahí la cosa (si algo puede ir a peor...). En vez de generar retroceso, el tiro fue aplaudido por la modernez más abyecta y recalcitrante y, henchido de confianza (para demasiados -como quien suscribe- asimilada en dirección contraria a la que procedía o esperábamos) el tío lleva al epítome y paroxismo (y al "putamierdismo" en general) el asunto, y con la continuación, "Ghost on Ghost" (2013), logra que muchos de aquellos que tanto nos emocionamos con la desnuda sencillez de sus "naked as we came", y demás, nos escondiésemos a llorar en la cueva más cercana sin consuelo posible, mientras el ya varias veces mentado -y ya por entonces altamente añorado- cánido hacía su buen rato que había huido por la gatera de emergencias... Así de triste. 


Entre llanto y llanto, mientras nos rebozamos en las escuchas en bucle de sus tres primeros discos (más las cománditas con Calexico, de darse el caso), se anuncia, hace ahora un par de años, un disco de covers... Síntoma bastante inefable, por lo general, de que el árbol está más seco que el gaznate una momia etrusca de las de aún por desenterrar, en efecto. Pero anda, contrariedades de la vida rara ésta, resulta que la manera de atacar esas canciones (de fuera a adentro y no al revés, y de nuevo), algunas bien conocidas además, hace saltar una pequeña protuberancia en el encefalograma vital... ¿Resultará acaso que el muy bendito se ha dado cuenta que, pasando un mucho de críticas gafapastiles de mode y volviendo tres casillas atrás, puede retomar aún el/su maravilloso camino de amarillentos baldosines? ¿Es posible?... En un 2017 raruno donde se vienen dando algunas,-en mayor o menor grado-, decepciones a colación de expectativas creadas; donde se da algún más que bienvenido reencuentro no esperado; donde uno no acaba de conectar en absoluto con algunos de los trabajos que más consenso o cadenas de opinión generan en los distintos lugares; y dónde, en verdad, sólo los que realmente uno ya sabe de antemano que son de los que no le fallan nunca reinciden en ello con contundencia (no creo que a estas alturas Greg Dulli pueda ofertar algo que no sea plato de mi gusto y lo del maestro Newman ya lo doy por obviado), es cuando Sam Beam presenta, al fin, éste "Beast epic"... Y con él se obra este pequeño milagro que hoy aquí se pretende venir a referir.


Pues, en efecto, algo épico esconde este viaje de redención del músico nos ocupa. Vuelve a lo mínimo con pinceladas. Vuelve a oler a limpio, calma y a las cadencias que nos hizo abrazarlo hace una década. "Beast epic" tiene ese halo de la sabiduría del que ha vuelto vivo de la batalla, más sabio y más curtido, tras asimilar a lo burro lo absurdo de prácticamente todo y para deleitarse al fin con las anheladas cosas pequeñas que le hacían feliz y que, ahora sí, sabe como apreciar y querer. "Beast epic" es el disco con el que volvemos a escucharle, no a dejarle de fondo, porque (y esto es así) es el disco con el que nos vuelve a hacer compañía. El trabajo con el que se vuelve a sentar en la mesa de sus tres hermanos mayores y más antiguos que, sin apenas disimular la sonrisa, fingen falsa indiferencia al verle: "te ha llevado tu tiempo, enano". Y qué poco sorprende, ya puestos, que los cuatro compartan discográfica y que, a su vez, ésta sea distinta a las de "lo otro" firmado hasta hoy por el músico bajo su conocido (y hoy de nuevo reconocible) emblema. 



Denlo pues por ampliamente recomendado aquí. Qué destaque otro lo que quiera de forma más prolija. Hasta los minúsculos excesos, muy -muy- contados, de producción de este álbum funcionan fetén (como también lo hacían los de Elliott en su celestial "Figure 8"), y de nuevo esa sensación de que estás ante un trabajo (como ocurría con los dos primeros, que lo del perro era muy evidente) que es lo indecible de más de lo que parece a simples primeras escuchas... El toque Drake de "Thomas Country law", o el eco de Orbison o Isaak para "Bitter truth", lo atemporal de un pedazo de canción (donde por cierto se concitan gran parte de esos "excesos productivos" antes apuntados) como sin duda és la saltarina "About a bruise" o, por ejemplo también,  ese recordar al segundo trabajo en "Song in stone" o "The truest stars we know", lo mismo que (ya puestos) al tercero con el que fue primer adelanto del lote, "Call it dreaming"... Y lo que se quiera y pretenda mencionar. Porque en un mundo donde ya  hasta gentes de bien y buen criterio se toman en serio a cosas como The National, cuesta imaginar una noticia mejor y más nutritiva que un regreso, y con todo en su sitio, de Iron & Wine. Por favor, Sam, no te nos marches de nuevo. 

2 comentarios:

  1. El disco del año pasado con Jesca Hoop, a mí me pareció sobresaliente.Este nuevo se lleva, sin duda, matrícula de honor.

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    1. Pues tendré que escuchar ese disco de 2016, claro... Entre tanto, que no podría coincidir más, a celebrar éste fantástico "back to basics" de Mr. Beam que es, de nuevo, pura melaza.
      Saludos !

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