viernes, 13 de octubre de 2017

BECK - "Morning phase" (2014)

Beck ha hecho este año algo que a pesar de ser lo más parecido a un elepé podría catalogarse, sin especial apuro, como "terrorismo sónico". Directamente. Esto de "Colors" (2017) no hay por donde cogerlo y no se hable más (hacerlo es recordarlo y el escalofrío que ello genera es de gripe tan certera como inmediata). Seamos pues amables con el Srto. Hansen y recordemos hoy  de donde venimos, antes del recién estrenado (hoy precisa y oficialmente, ya puestos) engendro ya referido: "Morning phase" (2014). Un disco que, aunque desde paisajes más calmos, también abraza sin problema medie la sobreproducción por bandera; un disco cuya belleza parte más de la autoconsciencia que de la auténtica inspiración y/o sentimiento (a lo Elliott Smith o Nick Drake, para entendernos), o eso transpira en diversas ocasiones; un disco que, de la misma forma, se asemeja demasiado a una gran y tramposa producción hollywoodiense disfrazada de postal bucólica "de autor", sin que cuele en absoluto ni importe mucho el que se note... Un disco que, sin duda y en resumen, puede ser tildado en más de un foro y forillo como "artificial"... Y, qué cosas, con todo ello: uno de los mejores álbumes en lo que llevamos de década. Y con una contundencia más que abrumadora. Un caso altamente curioso lo de ésta "Morning phase" en cualquier caso, ni qué decir.

Me va muy bien que ahora mismo estén poniendo en la tele la magnífica "Fargo" de los Coen... No, no he mezclado textos (ni otras cosas) se lo aseguro a todos. Los Coen buenos, los que molaban (los de las siete primeras pelis -y poco más, todo sea dicho-) juegan siempre con esa carta concreta del posmodernismo que consiste en la ruptura de formas con los cánones, inamovibles y en mármol, del pasado. Cogen un "género tipo" y lo revierten en una forma más ajustada (y mejor o peor aceptada) a los tiempos corrientes, confiando en que su buen hacer prolongue su vigencia más allá de dicha premisa de base. Un punto de partida (espurio o lícito, según quien contemple) desde el que empezar a crear, sin más. Y eso, al extrapolar, es precisamente lo que define la música y arte de Beck Hansen. Ya desde el principio. Y, ni qué decir, es ello un jugar al filo del abismo continuo. Siempre habrán popes, de diversa índole y pelaje, señalando que si se quiere hacer una versión de "Oliver twist" hay que plasmar el mismo acervo, contextualización exacta y sabiduría de Dickens tal cual, sin añadidos ni cucamonas gratuitas (y que no les vengan con leches). Y en su derecho están, ojo nadie se confunda... Pero, de la misma forma, debe admitirse también que (centrándonos ya en temas musicales) si no hubieran habido gentes que se han atrevido a recoger ese guante para lograr, a posteriori, obras del calibre de "Yankee hotel foxtrot" o "Ok Computer" (por fugaces e incontestables ejemplos), el mundo sería hoy un lugar aún peor. Y también ha habido, hay y habrá mucha hez jugando a ese juego, evidentemente, pero (se insiste) no debe obviarse lo grande y magnífico que se ha logrado desde ese proceder. Y, final y precisamente, en dicho proceder pocos han sido, en efecto, tan osados (y heterogéneos) como Beck... Un tipo que samplea tres segundos de la Sinfonía Incompleta de Schubert, sin venir a cuento además, en medio de una canción y se queda tan ancho no deja mucho lugar a dudas en cuanto a intenciones, desde luego.

Ahora, recogiendo todo lo vertido en el párrafo que precede, es cuando toca reconocer el sindiós de influencias que atesora el discurso del sujeto que hoy nos ocupa... Beck és, amén de un músico sensacional, un melómano compulsivo. Un tipo que adora a Dylan tanto como a Wonder, y a Prince tanto como a Public Enemy, o Led Zeppelin, Beatles, Sly & The Familiy Stone... y todo lo que en medio pille. Y ni tiene ni pretende tener medida (de ahí que muchos prefiramos antes al tan querido Sr. Everett, compañero de promoción -y con no pocas conexiones evidentes en lo musical-, mucho más cauto, prolijo y cuidadoso por lo general). Y eso, por supuesto, es la explicación de porque tiene Beck tanta gloria como "discreción" en su opus hasta día presente. Patina a veces por aquello del axioma popular del "quien mucho abarca" pero, igualmente, alcanza -en otras tantas ocasiones- cotas altamente necesarias y de muy difícil obviar. Nunca le ha preocupado en absoluto el liarse con chimes o efectos/ruiditos mil de estudio y, de alguna manera, hasta se ha abanderado en ello esporádicamente. Eso, de la mano con esa fuerza telúrica que le lleva a enfrentarse con todo y contra todos (éste tio el día menos pensado hace un disco de death metal acústico y se queda tan ancho), ha hecho de Beck quien es hoy. Tal cual. Para bien o/y para mal. 


... Y a veces, si, para muy -MUY- excepcionalmente bien. Como en "Morning phase". El más bonito de sus discos bonitos (que ahí están los notables "Mutations" y "Sea changes" para hacerle compañía, está claro). "Morning phase" es sin duda el triunfo de un muy delicado trabajo desde el exceso más recalcitrante como tablón de apoyo en el taller. Un trabajo que emociona desde el sudor del órfebre y que de alguna manera se las ha ingeniado, con su nuevo juguete, para lograr magia sin (quizá) ser mago. Y, de paso, se las ha apañado para que resulte muy difícil que uno no esté dispuesto a perdonárselo todo... Muchas cosas que me molestan, que me crean rechazo inmediato en otras producciones, aquí son algo por lo que estoy dispuesto a mirar para otro lado sin problema alguno me aqueje. ¿Sobreproducido?. Sin duda, pero quién dijo miedo... Hay easy listening de manual que te hará buscar el botón del ascensor por instinto, tufillo a AOR que te puedes caer de nalgas, multiinstrumentación abusiva por el morrazo... Da igual. El disco integra un pacífico y mecedor sentir de conjunto que te enjaula sin darte muy bien cuenta de como ha pasado ello. Como si el Moby de las narices hubiera adquirido la atormentada alma del eternamente añorado Elliott durante unos días...  "Morning phase" es, en efecto, un disco de amaneceres y poso reparador. Un disco cuya belleza global te acaba por derrotar, por mucho te/nos chirríe algún paraje concreto. De la misma forma, un álbum que sigue sonando en casa con una profusidad altamente considerable cuando otros, también apreciados desde su mismo año de edición, han ido marchitándose sin remisión. Y es que genio de facto o "mero prestidigitador de altos vuelos" (que decida otro), pocos (desde el rock del último cuarto siglo) engañan tan rematadamente bien -o nos dejan tan indisimuladamente satisfechos, en cualquier caso- como Beck en las ocasiones que  tiene el ingenio  realmente afilado y el punto de mira plenamente enfocado. En las cuentas propias: su mejor disco, si generalizamos más allá de los matices y sin más, sólo por detrás del tan lejano e intocable "Mellow gold". Así de tajante que me resulta el asunto. Y fin.

martes, 3 de octubre de 2017

1/4 DE SIGLO DE "ANGEL DUST"

Pues como ya se celebró, en su momento y en la casa, el veinticinco aniversario de su indispensable "The Real Thing", me temo no queda otra que hacer lo propio con su tan ilustre sucesor, que nos hacía lo propio éste pasado junio: "Angel dust". Sin duda alguna mi álbum predilecto de tan impagable personal y, sin duda igualmente, uno de los trabajos rockeros que más devastadoramente me ha volado la almendra de entre los que he tenido la suerte de gozar en "real time" (agenciándomelo en su estreno, si se prefiere y para entendernos del todo). Esto es así.  

Y es que cuando en algún momento de aquel 1992, a mis bisoños dieciséis para diecisiete, me acerqué a la tienda para hacerme con éste álbum (vinilo que aún conservo como oro en lo que te dije), y bajo la influencia aún de la onda expansiva de lo que me supuso su anterior y  tan cojonástica obra ya arriba mentada, bien poco podía imaginar uno lo que se me tenía reservado en su interior... "Angel dust", el multiplatino imposible, el delirio desbocado de unos músicos con un talento inabarcable en el cenit de su creatividad y descaro. Un complicado laberinto, altamente enfermizo por momentos, donde lo esquizoide y lo grotesco se tornan pura adicción sin poderse remediar y, a decir verdad, sin ser capaz uno de poder explicarlo demasiado bien. Y esto también fue y és así. Aunque no todo resulta tan rematadamente intrincado al desgranar sus partes y, está claro: "Midlife crisis", "Everything's ruined" o "A small victory" funcionaban al fin como magníficos singles, representando su cara más amable y accesible (o "amable y accesible" siempre en sus ex profesamente esquivas formas, debiera quizá matizarse). Pero es en lo demás, en "lo otro", donde el álbum encuentra y cimenta su innegable grandeza y leyenda (nadie se despiste). A algo tan inclasificable como la inicial "Land of sunshine" (con sus pasajes hablados, risas diabólicas y teclados circenses -etc-) la sucedía ésa "Caffeine" y su curva de sofoco agobiante con explosiones de pura locura de un Patton que, de forma natural, ya se descubría como principal ente creativo, de la insaltable mano del inefable Billy Gould. Embutida entre dos de los mentados singles, estaba la desconcertante "Rv" con sus aires de serenata de cantina del Oeste y, a modo colofón para la A side, teníamos "Malpractice" que era como un cruce entre Slayer y Pink Floyd en el manicomio del nido del cuco: ecos a los requiebros imposibles de aquellos Mr. Bungle en los que también operaba el cantante, las cuchilladas de Hermann, gloriosas apariciones del teclado de Roddy Bottum a traición y un considerable número de chaladuras a sumar, al fascinante todo conseguido. 

Y para abrir la segunda cara, pues nada, mi favorita del lote: "Kindergarten". Magnífico protagonismo de la guitarra de Martin y las teclas del otro, a la par, y un Mike que aprovecha descaradamente el marchamo más reposado para lucir voz y cante. Tras ella la oda al francés (y no me refiero a Sártre, precisamente) de "Be agressive", con sus cachondos coros y demás fanfarria que componían, sin duda, el momento más festivo del disco, si tal concepto puede darse aquí por admitido. Tras ella y su invencible "pequeña victoria", que la sigue, hora ya de refugiarse de pleno en la disgregación absoluta de "Jizzlobber", que es más inclasificable que "Land of sunshine", más sofocante que "Caffeine" y más puta loca que "Malpractice"...  Inolvidable y genial. Tan descarada, tan replegada sobre si misma y, por supuesto, tan sin miramientos medien que, para mi al menos, merece un puesto de honor inamovible entre las grandes tonadas de siempre de los tan cojonudos FNM. Que a su lado algo como "Smaller and smaller", que cierra la versión analógica del asunto, parezca casi normal, obra todo un pequeño milagro... Y cómo olvidar, por otro lado, su "danza invoca lluvias" de la parte central que se funde perfectamente con los teclados, en otro de esos incontables momentos de grandeza a traición que nutre la obra de los californianos. Para rematar faenas del todo, eso sí, debe sumarse al botín (y yendo ahora a la versión digital) la instrumental cover del"Midnight cowboy", que tanto juego les diera en los directos o, faltaría, su famosísima y tan celebrada versión del "Easy" de los Commodores (cuya aparición en ésta colección, -con la que nada y menos tiene que ver-, no venía si no a constatar por enésima lo realmente pirado que podía estar de lo suyo éste personal en un momento dado... y en los demás también). Pero sigamos, Que cojonudo es poco lo de "Crack Hitler". El bajo de Gould en éste tema vale por tantos discos enteros que ni me arranco a tratar de enumerarlos por lo puro imposible, aunque (si cabe) todavía me gusta un punto más la nueva versión de su "As the Worm Turns", ahora ya con el mejor cantante (qué ya podrían haberse re-grabado el primer par de discos con Patton de voceras los muy canallas, aunque fuera dándole una buena tela a Mosley...)  y en exclusiva para la edición nipona del elepé  Y se acabó, no lo alargo más. Tras "Angel dust", un disco muy bueno, otro muy malo y, finalmente, una laaarguísima travesía del desierto antes de volver, hace un par de años, con un más que apreciable y señor disco que, si bien no se acercaba a su díptico sagrado, si podía partirse la pana sin excesivos problemas con el también honorable par que los envolvieron. Larga vida y gratitud por siempre a la grulla, la cafeína y los jardines infantiles.