sábado, 15 de diciembre de 2018

SYMBOL (2009)

INTRO. Hace un par o tres de años el amigo de la casa Juanjo Mestre me recomendaba de manera denodada el film que hoy nos ocupa (enlace aquí para su entrada a colación desde su primordial espacio). Bien, por la excusa que prefieran (desde la clásica "porque servidor es así de berzas", a la efectiva "es que no me da la vida" y/o pasando,-entre demás opciones mil-,  por la siempre recurrente "coño, es qué se me había olvidado... y además el perro se me ha comido la interné"), la cuestión es que no fue sino hasta principios del presente verano que me embutí al fin entre ojos y coronillas "la trilogía primordial" del señor  Hitoshi Matsumoto. Compuesta a su vez por: "Big Man Japan" (2007), "Symbol" (2009) y "Scabbard Samurai" (2011). Una vez visto (y revisto) el material en cuestión, la ecuación solo puede ser una, siempre la misma y que además se soluciona sola: Matsumoto es una genio que está claramente como una auténtica puta cabra, pero (y sin el menor atisbo de duda) un Genio al fin. Y con la mayúscula ex profesa y bien gorda para que se vea. Ya que las otras dos, con sus mil matices, son susceptibles de aparecer por aquí en algún momento, nos ceñimos hoy a la consensuada (por consenso más o menos -pero sobretodo más- establecido) como la más equilibrada y mejor. Eso sí, y antes de proseguir, me parece recomendable indicar a "futuros clientes" del cineasta nipón el hecho de que verlas en su órden de estreno resulta especialmente satisfactorio... La primera empieza ciñéndose al manual básico del falso documental para desarrollarse (y terminar) en algo tan hiperbólicamente bizarro que trasciende a cualquier tipo de hilaridad tópica del género cómico (al que por otro lado pertenece de forma diáfana); y la segunda se arranca como una "comedia tipo" ("tipo" según sus bases, ya bien establecidas a estas alturas -y de ceñirnos siempre al órden de visualización sugerido, recordemos-) que continua  como un drama, nada gratuitamente luctuoso ni efectista, para desembocar en una conclusión de las que, en resumen, más vale que no te pille flojo de ánimo.

SINOPSIS PRESTADA. Un japonés se despierta solo en una habitación blanca bien iluminada, sin puertas ni ventanas o . Cuando presiona una protuberancia falica que aparece misteriosamente en una pared, un cepillo de dientes de color rosa se materializa de la nada, cae al suelo y pone en marcha una realmente extraña cadena de acontecimientos. Pronto el hombre preso que estaba realizando ya hilarantes intentos de escapar de la habitación, lanzando objetos al azar de las paredes, creando una ratonera de gran tamaño en la que una cuerda, una escobilla del WC y una jarra de barrollena de sushi puede ser el claves para su fuga. Mientras tanto, en un pueblo polvoriento, de un luchador enmascarado mexicano conocido como Escargot Man se prepara para una lucha importante. Su familia se reúne alrededor de él, preocupada por su aparente impasibilidad antes de la batalla. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Es una película por momentos claramente absurda. Digo más, ridícula y hasta (ya que nos ponemos) patética. También parece, puntualmente, aquejada de un mesianismo completamente injustificado y, a su vez, preñada de elementos discursivos que parecen pretender arengarnos de forma completamente simple y facilona. Todo eso lo tiene, o puede tener, el film. De acuerdo. Sin embargo, y por otro lado, el asunto es que por muy profunda téngamos la caverna de troll que habitamos: el ingenio, la imaginación, el descaro, la personalidad y la autodeterminación que posee cualquiera de sus minutos (y ya sin entrar en ninguno de sus peculiares valores estéticos) es tal que, a la postre, los niveles de polarización se tornan del todo extremos. "Magnética" sería, en efecto, mi manera predilecta al tratar de sintetizar la obra de Matsumoto. El comodín para llevarse la mano, su victoria final, llega cuando asimilamos al fin el significado del todo y atendemos en el "cómo" se nos ha explicado. Y  ello (siempre de comulgar y al hacer recuento) hace de "Symbol" algo completamente imprescindible. Algo que explica demasiada grandeza con excesiva ligereza, o algo demasiado ligero para ser contado con tanta grandeza... Elijan a discreción que para cuando se den cuenta, y de verdad se lo escribo, Matsumoto ya nos la ha colado a tod@s hasta el tuétano y como quien no quiere la cosa.Tal cual.

EN CONTRA. Tan personal, distinta y única es la propuesta que, me temo, de "no entrar" la batalla quedará por siempre irremediablemente perdida. Una pena, en mi opinión, pero (y de forma muy pronunciada en este caso) no sería prudente dejar de señalarse ello. Lo de "película/experiencia visual", quieras que no y en efecto.


CONCLUSIÓN. El film de mayor calidad al que realmente le calza plenamente el epíteto "diferente" de los vistos en mucho,-quizá demasiado-, tiempo. "Symbol" es en efecto algo distinto, se insiste y reitera, pero lo és además de forma nada afectada (que nadie confunda ese "distinto" con algo vacuo, sobreafectado, que busca epatar por epatar a lo Solondtz o diseñado para verse tan bonito en la superficie como completamente desalmado y prescindible en el fondo... con la chorrada "indie" de temporada sobredimensionada por determinada parte de la crítica, si prefieren). Una obra que no se acompleja ni acomoda durante todo su metraje, que tampoco recula ni se pierde en deleitación por la forma que valga, para (de forma casi tangible) centrarse en contar lo que quiere contar... Grandísimo, necesario trabajo el suyo Sr. Matsumoto (especialmente en estos tiempos -lo mismito que en 2009, que ya nos sirve- de naderías desproporcionadamente producidas en tropel y aupamiento del "freakie" tontainas que se ofende primero, por si acaso, y después pregunta) . No lo alargo más ya, pero (que no lo puedo reprimir) si me permiten la chaladura a modo despedida, pienso que de ser uno promotor de esta película y me encargaran venderla a quien fuere el asunto quedaría un poco: "Imagínen por un momento que están en la habitación de la Logia Negra de Lynch con las cortinas rojas, el suelo cebrado y demás... Bien, pues ahora aparecen de repente los Monty Python a traición y...". Y eso sólo para empezar.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

jueves, 22 de noviembre de 2018

LOU REED / "Rock'n'Roll Animal" (1974)

El próximo diciembre se cumplirán los cuarenta y cinco años de la grabación que desembocaría, un par de meses después,  en el emblemático "Rock'n'Roll Animal". La misma grabación también, no demos tiempo a los puristas para quejarse con ello, de la que nace el muy apreciable y musculoso "Live" de 1975 (compendio imprescindible de deconstrucción eléctrica -para fans y no tan fans- cuya relectura del "waiting for the man" defiende por si sola su insaltable adquisición). 

El "Animal" de Reed es ante todo, despejemos la obviedad cuanto antes, uno de los legados sonoros en directo más celebrados (e icónicos) de la historia rockera jamás registrado. Por ello, por ese status de "clásico" bajo cuya sombra lleva casi medio siglo habitando, la colección de leyendas, a colación de su gestación y circunstancias, hace saltar por los aires el más caro y preciso de los "anecdómetros": "pues claro que es en directo, no te jode", "es en directo con sonido ambiente recreado en estudio", "son una serie de jams que no se corresponden con el concierto en si", "no es en directo de verdad, anda que no se nota", "es una pataleta-respuesta al live de la VU aparecido unos meses antes sin su consentimiento", "es un ardid urgido por la discográfica para recuperar el brillo de Transformer cuanto antes tras la lechuza que se metió Berlin"... Y suma y siga cada uno en su casa si se aburren, que nos falta semana para llegar siquiera a la mitad. Por suerte, o no (pero es lo que pasa en este espacio en cualquier caso), lo que particularmente estimo procede es, simple y directamente, pasarse todo ello por el arco triunfal. Porque, en verdad, empecé este párrafo con una trola de las de tronío dado que, y esto es lo mejor, el "Animal" de Reed es ante todo un disco enorme como bien pocos, de los de perder el suelo de vista, más allá de cualquier otra consideración habida o por haber. Y ahora sí.

Tocaría ya, sin duda, mencionar los logros y aventuras del quinteto de la muerte que acompañó a Lou aquella noche de las navidades de 1973. Y, se admite, quizá la cosa desprenda algo de pereza (así de entrada y en estos internáuticos tiempos donde si a alguien le interesa de verdad algo tiene todos los datos objetivos, los subjetivos y hasta los  inventados a tres pasos o menos). Pero, con todo, resulta completamente imposible tratar de analizar un mínimo este tan seminal álbum sin detenerse un algo, aunque por mínimo sea o resulte, en ello. Ni que sea en aras de la justicia más elemental, se puede añadir. Por tanto, empecemos con los teclados de Ray Colcord, quizá el menos recordado del grupo por su menor vinculación al mundillo del rockerío (que abandonará por el televisivo a bien poco tardar) y al que debemos en "Animal", por ejemplo,  el elegíaco lecho que sostiene parte de "Heroin" y que, además,  brillará con especial fulgor tanto en la ya mentada relectura del "I'm waiting for the man" como en la "Sad song" desde el directo posterior editado en el 75. La base rítmica compuesta por la batería de Pentti Glan y el bajo de Prakash John, tiene (por sus partes) un currículo bastante considerable. Resumiento, y mucho, ambos formarán parte de las verbenas varias de Alice Cooper sin ir más lejos y, Prakash John (por si poco fuera) formó parte de las andanzas cósmicas ("funkadelicoparlamentarias", para los amantes de los hongos varios y si prefieren) de George Clinton. Lo que nos deja ya cara a cara con lo más gordo del asunto, una vez aparcado el concurso del genio firmante y principal de lo que aquí hoy se refiere (obvio ello): las impagables guitarras de Steve Hunter y Dick Wagner. Ambos provenientes ya de "Berlin" y, posiblemente, dos de los culpables principales que algunas generaciones de jóvenes se atrevieran (o animaran) a intentarlo con las seis cuerdas. Tal cual. Con este par lo del "currículo" ya es de mareo asegurado, que no dejan opción. Para no alargar (todavía más) invito a quien la gana le dé a indagar por las redes pero, que no me puedo negar ello, del todo imposible me resulta no mencionar que Hunter es el responsable compositivo de la parte incial de la mítica "dulce Juana" (lo de "intro", en efecto) aquí ubicada y que, atención toda, cada vez que escuchemos arrancar la acústica de la tan memorable "Solsbury hill" de Peter Gabriel le debemos, perentoriamente todos, justo recuerdo y reconocimento inmediato. Y es que mucho, demasiado es lo que se le debe a Wagner y Hunter desde el  "R'n'R Animal". En intento de síntesis (y con perdón por lo somero): un duelo irrepetible y salvaje para la posteridad en el que ganamos todos, que empezó muchas cosas (y puede que acabara con algunas otras) y al que algunas de las bandas favoritas de siempre para un sindiós de personas (como quien suscribe), de Television a Sonic Youth pasando por Dream Syndicate y lo indecible de más, deben hasta la vuelta el cambio.

Los temas. Los cinco originales... Así es como lo tenía mi hermano mayor en disco y así es como lo compré yo en cassette en un tugurio de la calle Tallers de Barcelona en la primera adolescencia (y por allá los segundos 80's)... Cassette que hedía a pachuli jazmín cosa mala y que era un caerse de culo cada vez que lo abría, pero eso es otro tema (ok). Resumiendo, que pasando mucho de las reediciones varias, y las consabidas adiciones de temas a sumar, por mi parte y con las oportunas disculpas inclusive (de requerirse ellas). Y sí, son solo cinco y, por supuesto, no vamos a resumirlos de manera exhaustiva a estas alturas de drama. Por cumplir con lo más tópico, y aunque esto parezca ya más destinado a detener algún tipo de abceso rijoso a algún parroquiano "especialito" que por aquí pueda perderse en alguna ocasión más que otra cosa, estaría lo de recordar que todos los temas pertenecen a la etapa velvética de Reed, y la que nos queda en remanente es una muy acelerada versión del "Lady day" que se encargaba de levantar "Berlin" (tras el luctuoso e inolvidable piano de bienvenida, con el tema homónimo de la maravillosa obra maestra hecha elepé en cuestión). En relación a ello, me temo que no es factible dejar de incurrir en el puro ridículo (volvamos una y otra vez a lo famoso del álbum y, por ende, esa casi imposiblidad de no caer en lo manido hasta el agobio, sino la risión) al tratar de reivindicar la susodicha "Lady day" lo mismo que "Wl/Wh", dado la enormidad manifiesta, inalcanzable a todas luces, de las otras tres. Para despedir, apetece confesar que el hecho de tener a Reed en lo más alto de las querencias rockeras propias, y con el pasar de los años cada vez más, me responde en gran medida a su irrefrenable, indisimulable inercia natural por extraer belleza aún desde la más abyecta suciedad (que al final, mediante su arte, se nos revela frecuentemente como parcial o cuanto menos matizable). No creo, en resumen, haya existido nunca un músico de rock, o por lo menos a estos panteónicos niveles, más alejado del "niño bonitismo" del "mírame mamá que quiero ser artista", de lo mera y sencillamente expositivo sin ir siquiera un algo más allá en pos de un éxito más o  menos masivo... No hay otro músico (siempre para quien esto escribe) cuya devocion, amor y sentimiento por algo tan elevado como es la simple y llana Piedad, como volante  y fin principal, haya quedado impreso para los restos en un opus  discográfico del Rock. Por esas y otras cuestiones, Lou Reed me resulta pues el más auténtico, veraz y honesto de todos los grandes animales del rocanrol. Y finalmente, por todo ello también, el disco a juego de hoy (en directo, diferido y pay-per-view) que tan bien se compadece de todo lo explicado, y con más electricidad y nervio que nunca para mayores inris, sigue siendo una leyenda muy viva, absolutamente necesaria y del todo inolvidable. Y fin.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO (2011)

INTRO. Como ya he comentado por aquí en alguna ocasión, no soy precisamente fan del Sr. Spielberg. Tampoco me considero un hater, ojo (y aunque así a alguien resulte). Es más, considero al King Midas de marras el más grande de la historia del cine toda en un lance muy concreto: secuenciando acción. Los Indianas (los tres primeros, vaya), Tiburón o, en menor medida, cosas más avezadas a un ritmo desenfrenado del tipo "Atrápame si puedes", la propia e inicial "El diablo sobre ruedas" (aunque sea un amazing stories "estirado"), o incluso la por muchos apestada "1941", son -o así lo considero- "mi Spielberg" (y aunque aún en dichos registros me la cague a veces, y aquí no me extiendo para no liarla más de la cuenta). Lo demás oscila entre un "no me interesa" o, abiertamente, un "dios mio, qué manera de tirar la pasta"... No soporto esa manera de dramatizar suya, a base de "unidades de información", donde se te lleva de la mano como a un borrego y se te subrayan las emociones a cada paso (todo muy bien envuelto en los aspectos técnicos y con la genialidad de turno de Williams en primer término, cómo no). Pero su inercia natural por la aventura , donde sí me lo creo y me luce, me parece del todo irreprochable en varios films. Y, finalmente y sin duda, el film de hoy, el que debiera haber sido realmente ese "Indi 4" (y no lo que fue), encaja de pleno en los mentados parámetros.

SINOPSIS PRESTADA. Tintín, un joven periodista dotado de una curiosidad insaciable, y su leal perro Milú descubren que la maqueta de un barco contiene un enigmático y secular secreto que deben investigar. A partir de ese momento, Tintín se verá acosado por Ivan Ivanovitch Sakharine, un diabólico villano que cree que el joven ha robado un valioso tesoro vinculado a un cruel pirata llamado Rackham el Rojo. Pero, con la ayuda de Milú, del cascarrabias capitán Haddock y de los torpes detectives Hernández y Fernández, viajará por medio mundo, sirviéndose de su proverbial astucia para burlar a sus perseguidores y encontrar antes que ellos El Unicornio, un navío hundido que puede proporcionar la clave de una fabulosa fortuna y de una antigua maldición. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Sólo por la belleza plástica de las imágenes cabría dar por recomendada la película. Pero es que, además (y además del genial concurso del de siempre en la partitura), el cariño por los personajes, los lugares, las historias... Todo lo que concita el "universo Tintín", en resumen,  queda reflejado de una manera que puede revertir en puras lágrimas para el seguidor del cómic. Tal cual. Sumando ahora que, para el no tan fan (o no tan conocedor del original), su único "problema" es enfrentarse a una película de aventuras que no deja de ser un cañón en momento alguno. Magnífico Spielberg y su ritmo de pautas para la aventura, haciendo lo que (para algunos) tendría que hacer -o intentar hacer, al menos- siempre. Y sí, si se coincide con la visión del asunto que aquí se tiene, los Hdez. Y Fdez. siguen siendo tan inexcusablemente tontos como de costumbre (lo que menos me gustó siempre de la obra de Hergé), pero todo se compensa con un Haddock (justo lo contrario que el paréntesis anterior) más que fiel al original y que rebosa carisma desde la primera aparición y casi, pareciera, sin siquiera intentarlo... De no entenderse así esto, pues nada: "¡ Bachi-buzuk !", "¡ Iconoclasta !" (etc).

EN CONTRA. Que formando, como lo hace (y además con Jackson de por medio, cuya opinión me reservo para otra ocasión), parte de una saga alguien se despiste y se lo pierda como el magnífico film -de animación y en general- que és por si mismo y de manera autoconclusiva.

CONCLUSIÓN. De muy lejos venía la querencia del cineasta por la icónica obra de Hergé. Y se nota. La panoplia completa y lograda al final (y empezando por esos títulos de crédito que son, directamente, un regalo impagable para los conocedores de la tan famosa colección de cómics) es de traca. Por si fuera poco, Spielberg se atreve con este tipo de animación real en 3D que, hasta entonces, no había funcionado todo lo bien que debiera y la jugada le sale, ni qué decir, de narices y más (muchas gentes, mucha pasta... si se pone, se pone, que eso supongo sería el reverso positivo de hacer de la macroproducción bandera). Para terminar y dar mayor sentido al título de epígrafe: film muy, endiabladamente en realidad, entretenido (y muy para bien, que no medie lectura más allá en ningún caso) que se recomienda sin reservas y como una contundente cima en el cine de aventuras que sin duda és.

GUZZTÓMETRO: 8'5 / 10

martes, 13 de noviembre de 2018

EL SALARIO DEL MIEDO (1953)

INTRO. Seguramente el dato que, de manera más recurrente, suele asociarse al film de hoy es lo de que junto a "Las diabólicas" conforma el "díptico sagrado" del realizador francés Henri-Georges Clouzot. Como bien pocas cosas dejan de ser debatibles en la vida, conviene precisar que el limitar la obra del cineasta a estas dos históricas referencias es pecar un tanto de somero... O hasta de "ninguneador", si me apuran. Clouzot, con esa "La verdad" como mascarón de proa y la mismísima Bardot a bordo, tiene otros pocos largometrajes (es una filmografía relativamente exigua, en definitiva) muy dignos de perdurar también en la memoria... Pero con todo, sí (se coincide y qué narices), "El salario del miedo"  resulta a la postre algo muy especial y que se eleva por encima de demasiadas cosas... Empezando por el otro film que se suele destacar, y por aquello de que pocas veces se filmó la tensión creciente de forma tan magistral en el medio. Tal cual.

SINOPSIS PRESTADA. La tensión entre cuatro trabajadores de una compañía petrolífera estallará durante un peligroso viaje durante el cual transportan nitroglicerina. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. No sólo Montand, aunque cuadre ese protagonista para la posteridad en el que perfectamente podría ser el papel de su longeva carrera, los cuatro actores principales (y que rezan en la imagen de acompañamiento del texto) están abusivamente enormes en el film. Lo adelantada en modos que resulta, más en comparación al cine estándar del Hollywood de la época (que era el de mayor difusión y marcaba la pauta, se quiera admitir o no), tampoco debiera quedar atrás a la hora de destacar bondades. Por lo demás y no alargar en exceso (la estructura narrativa cojonuda, el metraje medido de narices, etc y que nos estaríamos demasiado rato, me temo), creo que no hay mejor recomendación que el llamamiento a rendirse todos ante esta inolvidable oda a la "tensión creciente" que antes comentaba y que Clouzot supo plasmar en imágenes (desde un guión de hierro a costa de la novela de Georges Arnaud, ya puestos) con una maestría tan plena como contundente. De esas películas, en definitiva, cuya recomendación no se limita únicamente a un "hay que verla", no.  Debe, merece ser revisitada perentoriamente y con cierta cadencia. 

EN CONTRA. Hombre, vale que hay que plasmar lo desesperado de la premisa de arranque que detona la trama para con sus roles principales... O que, por supuesto, el lugar y los tiempos pueden compadecerse con los distintos comportamientos (que también). Pero, honestamente me parece, el personaje de Véra Clouzot (esposa del director) va más allá de lo asilvestrado para incurrir incluso, y aunque ocasionalmente sea, en un caso de misoginia algo pelín forzado (todo un monumento a la estulticia y la simpleza sin ambages lo que el amigo Clouzot le dibuja a su señora, único papel femenino del folletín para un inri aún mayor)... Consciente -o no- de ello, siempre me resulta algo sospechoso que el siguiente film del cineasta sea precisamente "Las diabólicas", donde son  los personajes femeninos los que llevan de forma tan y tan denodada el peso de la trama. Eso, y que no se encaje el abrupto final del film, cabe puntualizar también... Que a mi, particularmente, me parece perfecto. Sin más (además, por si acaso, recuerdo que soy de los que piensan que un final regulero no tiene porque estropear necesariamente una buena película, de la misma forma que un buen final no me deja de señalar un film regulero en su conjunto cuando así me lo parece).

CONCLUSIÓN. Memorable y muy -MUY- "influenciador" clásico que ningún amante del cine debiera saltarse a la ligera.  

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

viernes, 9 de noviembre de 2018

J MASCIS - "Elastic days" (2018)

Creo que lo primero que hay que hacer es recordar lo buen disco que es "Tied to a star" del 2014, el ahora penúltimo de J Mascis en solitario. Un disco de notable, digno de todas las loas y alabanzas que se pueda cruzar quien sea por ahí (y que se cruzará a poco lo indague). Y el motivo de ello es que tras ya las primeras, y muy irremediablemente convulsivas, escuchas a este rutilante "Elastic days", sumándolo a que venía de una excelencia -sin pero a caber- como fue "Several shades of why", se intuye fácil que de cara al oyente simpatizante pero casual con la "causa mascistera" aquél magnífico elepé de hace cuatro años corre serio riesgo de caer, si bien no en el olvido, sí en un relativismo y/o cierto ninguneo que en modo alguno merece.

Explicado ello, conviene reparar por enésima en lo entrañablemente cabezón que és este tipo. Si bien "several" gana a "tied" por simple y puro tracklist, cabe aplaudir especialmente del segundo su afán por tratar de mostrar una mayor variedad de paisajes y texturas, siempre dentro de los modos esperados para ésta otra versión del músico (mucho más relajada y alejada de su acostumbrada muralla de marshals y fuzzeos a discreción). Siguiendo desde ahí, resulta que aún a pesar de tener en "Elastic days" una colección de canciones notoriamente superior en calidad media a lo inmediatamente anterior (que esto es así y se deja dicho desde ya), no se ceja en absoluto con ese empeño de seguir buscando nuevas fórmulas magistrales para esta deliciosa partida con naipes marcados contra si mismo que resulta su carrera en solitario desde el álbum de la tortuga del 2011. Puede que, en efecto y también, sean al fin estos días elásticos el paso primordial para que sus fans alcancemos el stendhal definitivo y mortal sin solución, el día que Jay cuadre un disco entero de "thumbs" y "alones" (cuando ello ocurra, ya les adelanto, para algunos se nos acaba el rock, echan la persiana y se cierra por dentro para siempre). Pero no nos adelantemos... Además eso, conviene señalar también,  es como esperar que un mapache ponga un huevo (por su reverso de advenimiento ya de lo simple y llanamente milagroso). 


Fuere como sea, el nuevo "disco hippie de Mascis" vuelve a la carga con ese descomunal y punzante uso de la eléctrica a traición, que se ha pasado de contrabando antes de entrar en la comuna y que resulta seña de identidad ya innegociable a estas alturas de cuento. Vayamos ya, y a modo sucinto ejemplo de ello,  con los cuatro adelantos conocidos (y más que fácilmente ubicables en las webs) de la docena de canciones que integran el álbum... Dos bastante buenas ("everything she said" y -un algo por encima- la homónima del disco) y dos buenísimas ("web so dense" y "see you at the movies"). Y en todas ellas, con sus diferencias a cuestas, se tira en mayor o menor grado del recurso descrito a principio de párrafo... Y, estaríamos buenos, fantástico ello es como decir nada, por lo menos en este espacio.  Aunque, por supuesto y con las oportunas disculpas por la obviedad, lo mejor aquí llegados es que todavía quedan dos tercios de disco por descubrir. Otras ocho canciones, si así lo prefieren... De las cuales un par ("sky is all we had" y "give it off") no me bajan, ni en la más cicatera de las lecturas, del primer grupo de las "bastante buenas" (de hecho, al sumarse a "elastic days" -the song- dejan entre las tres a la tonada de despedida destacada con la letra escarlata de canción menos buena de la colección... y siendo una buena canción, se reitera, pero tan megaburraico es aquí el nivel medio exhibido). La media docena restante... Bueno, póngamos que ahí está, al sumarse todas ellas a la dupla de arranque de artefacto ya mentadas, lo que hace de "Elastic days" un muy serio acreedor a lograr lo que su antecesor no pudo bajo la enorme e intimidatoria sombra del caparazón de la tortuga de Ende: generar debate sobre si estamos (o no) ante un posible mejor trabajo jamás firmado como "J Mascis", sin añadidos de ningún tipo, desde su portada. Tal cual.


Y nadie se engañe. No estamos ante añagaza alguna,  a fin de vender la moto, por parte de los fans más feroces de la jurásica banda madre, dado el tan evidente incremento voltaico  (aquí el uso de la eléctrica está  mucho -muchísimo- más presente que en "several" o "star"... pero si hasta hay solos, y no pocos). Las canciones son las que reinan. Simple y llanamente, el tracklist vuelve a tener un muy apreciable montón de estaciones que deslumbran durante el trayecto. Encarando el tema, "movies" y "web" son dos canciones enormes, qué duda cabe... Y sin embargo no superan ésta "I went dust", a dos voces, tan bucólica y reposada al principio como inesperadamente vivaracha en su conclusión (y sí, ha sacado la jazzmaster a pasear el muy bandarra, para que a todos los dinofans se nos haga el culo gaseosa cuanto antes). Tampoco superan el acostumbrado, aquí irresistible, juego "mascistero" del falsete de quita y pon de "picking out the seeds"... con esa melodía estirada al final con más electricidad de fondo. Ni de coña, vaya. Aunque para melodía la de "drop me", por supuesto. Que es como "everything she said" pero en cum laude doble y con ese momento de vello erizado entre el 2'15 y el 2'45 que vence a todo. También me rindo, y gustoso de ello, con la majestuosidad sincopada de "cut stranger" (otra predilecta imediata, sin duda, que no deja margen a otra cosa). Cerramos ya el tenderete, al fin, con ésta "wanted you around" que llevo catorce veces seguidas escuchando y no veo como parar (se me ha metido la guitarrita y no hay nada que hacer... y cómo retoma más grave cantando hacia el final, no se puede tener más clase... y con la pinta qué tiene) y, por supuestísimo, con la favoritísima que és "sometimes" y su acelerón intermedio de locura por montera... Y aunque sea directamente hacer trampas, que eso es un medio tiempo de Dinosaur Jr apenas encubierto (si alguien tiene dudas al respective que pase sin llamar por el despacho de los fenderazos de despedida).

Enésima virguería pues, siempre necesaria y más que bienvenida, por parte del músico que más emociona (más allá de la encarnación que elija para la ocasión) en esta casa y lográndolo como siempre, cuando no media sonido alguno,  desde esa tan engañosa y perenne falta de la misma y propia emoción que le caracteriza... A modo remate final y como me gusta recordar a veces, desde aquella entrevista noventera de Ignacio Julià a Mascis en el Ruta 66: "para que molestarse en decir nada cuando puedes expresar lo inexpresable pulsando seis putas cuerdas". Así lo dejó escrito el Sr. Julià entonces y aún hoy sigo sin encontrar cómo narices se puede definir mejor a este músico. De cabeza tod@s a por los "Elastic days".

jueves, 8 de noviembre de 2018

LA FORMA DEL AGUA (2017)

INTRO. La tan multipremiada, famosa y harto celebrada película de Guillermo del Toro del pasado 2017, si... Estamos ante un film que ante todo, y bien cierto ello, tiene un envoltorio maravilloso para triunfar por todo lo alto: gran ambientación, buenas interpretaciones con secundarios de nivel, tremenda soundtrack de Alexandre Desplat, trama bastante original... La pena, al menos en esta casa y eso también, es que sea un rollo patatero almibarado hasta la extenuación y más allá

SINOPSIS PRESTADA. En un inquietante laboratorio de alta seguridad, durante la Guerra Fría, se produce una conexión insólita entre dos mundos aparentemente alejados. La vida de la solitaria Elisa (Sally Hawkins), que trabaja como limpiadora en el laboratorio, cambia por completo cuando descubre un experimento clasificado como secreto: un hombre anfibio (Doug Jones) que se encuentra ahí recluido.

A FAVOR. Lo que ya he puesto de bueno en la "intro" , añadiendo para la ocasión únicamente que (y no me cabe duda) con los años aumentará todavía más su impagable invitación a "la siesta perfecta" que me resulta. ¿Qué queda del muchacho aquél  de "Cronos", Guillermo?...

EN CONTRA. Es tan "bonita de mirar" -y escuchar- como abiertamente chorras me resulta en cualquier otro aspecto. ¿Se requiere "suspensión de incredulidad" a manguera abierta?, vale no hay problema... ¿Tengo que pasar por alto todos los pasajes/giros absurdos e inexplicables de la trama?, mmm, bueno va... ¿He de rendirme sin rechistar ante su sensibilidad y estética de cuento de hadas preciosista?, pfff, ok, por la ambientación y contextualización original, pero no me pidas ya más... ¿Claudicarás, ya por último, en su inagotable festival de melindrosidades sin fin que acaban por configurar éste tan emocionante castillo a lo melifluo más allá de lo meramente forzado y humanamente asumible?... pues mira no. Y un racimo de pollas, que añado. Hasta aquí podíamos llegar. Fuera del campo, a la puta calle...No te cateo por el prodigio técnico que puntualmente resultas pero expulsada por reiteración, ya del todo inexcusable, de faltas.

CONCLUSIÓN. Como ya la resumí en su día: "Amelie se folla a una anchoa". Una anchoa mutante, para más señas... y más vale que les guste (y mucho) o los vecinos le señalarán con el dedo, tapando los ojos de su prole y recriminándoles, voz en grito, ser el monstruo insensible que sin duda son. Que el film sea tan necesario como una pedrada en la cara es lo de menos aquí. Recomendable sólo para fans de Mr. Wonderful y Los Teletubbies en su vertiente mas hardcore.

GUZZTÓMETRO: 5 / 10

miércoles, 7 de noviembre de 2018

30 AÑOS DE "DAYDREAM NATION"

Recordaba el pasado mayo y en este lugar el 30 aniversario de la edición de "Bug" de los Dinosaur Jr, tercer disco de la banda favorita de todas aquí (como ya se ha explicado en numerosas ocasiones), presto a cumplirse en un octubre ya ahora superado. Sin embargo, no fue el único trigésimo aniversario ilustre alcanzado en dicho mes. De hecho, y aunque deba tragar un algo de bilis (no demasiada, que en definitiva estamos ante otra banda top en querencias personales), tampoco fue el trigésimo aniversario más ilustre o importante cometido en ese mes. De hecho también, puede que en dicho mes de aquél 1988 se editará el disco más importante de la historia toda del fenómeno, antes ilustre y hoy -o desde ya hace bastante en propiedad- casi completamente adulterado, conocido como "indie rock".

"Daydream nation" es un caso digno de estudio en la historia rockera. Uno de esos realmente contados ejemplos de álbum que es, a su vez, el pináculo de una banda que ha tenido que generarse su propia escena a codazos y patadas, a base de talento y fe desbordando desde cada paso. Habría que esperar a los Wilco del tercer disco para encontrarnos de nuevo con algo parecido. Con la diferencia, eso sí, que Sonic Youth lo hicieron a ciegas y sin red, obviando lo mucho más particular de su combativa propuesta, no sobre un colchón de pétalos de orquídea dispuesto (aunque más que merecidamente sea/fue) por una crítica especializada muy predispuesta. Y es que realmente, Sonic Youth, -como sólo la Velvet Underground a este nivel de excelencia antes o después de ellos-, persiguió (y encontró) siempre la belleza desde la suciedad. Huyendo de lo meramente contemplativo, de lo obvio...Pero continuar desde esto, está claro, sería huir a su vez hacía la veneración absoluta que en esta casa se les profesa desde ni se recuerda (y también a su vez a este texto podrían faltarle varios días para terminarse en el año en curso).

Tenemos, además y con éste álbum, la virtud impagable de estar ante algo que crece en directo, sin fin ni dirección aparente (ni maldita la falta), puro envelesamiento através de unos músicos extraordinarios en el momento que se reconocen a si mismos como únicos e investigando hasta dónde pueden llegar. Y quizá se podría argüir que todo lo editado por Sonic Youth desde la llegada del gigantesco Steve Shelley (para mi el mejor baterista de largo en la últimas tres décadas ya de paso en esto del rocanrol) hasta, al menos, su "Washing machine" de 1995 (una de las mejores secuencias de discos de la historia para quien suscribe, ya que estamos) parece apuntar y lo hace en dicha dirección. Pero, ay, la destilación en "Sister" y "Daydream nation", donde sus primigenias lecturas de lo salvaje y lo formal se dan de morros en el pasillo desde entonces y para siempre, es algo demasiado y definitivamente irrepetible. 


No vamos aburrir ahora con eso de la salida de la no wave para alcanzar ese noise rock que inventan, ni los tantos paralelismos ya apuntados con la Velvet, o las influencias mil que asentaron para un sindiós de gentes, etc... Pasando mucho de "wikipedias" como siempre, vaya (ahí -en las webs- están las cosas para quien lo quiera/necesite). Ya puestos, tampoco vamos a centrarnos en la música en si, el sacrosanto tracklist iluminado hasta el fin de los días por esa ya tan emblemática vela negra, y aún a pesar de los incontables rincones de grandeza en él ubicados. Estamos de aniversario, esto ha sido sólo mero y breve homenaje/recordatorio, o al menos lo pretende... a colación de uno de, fácilmente, los diez mejores discos dobles de estudio jamás editados por nadie. Y a qué más. Sólo dar las gracias por enésima a estos tan añorados GENIOS por manufacturar tamaño pedazo de historia del rock. Felices 30 desde la hipernación.

LA CIUDAD DESNUDA (1948)

INTRO. Ya hace mucho tiempo que repasamos en este lugar la maravillosa "Noche en la ciudad" del realizador Jules Dassin. Uno de los films de cabecera para quien suscribe y desde ese "género negro" que habitará, por siempre, en lo más alto de mis querencias desde género fílmico se me cruce. Encontrar una burrada, una obra tan excelsa como aquella en la filmografía de tan magnífico (como algo ninguneado pese a todo) realizador se antoja complicado. Y, sin embargo, el hacedor de "Rififi" (por mentar también, ni que sea de pasada, la tercera en discordia de sus consideradas "grandes" a nivel de reconocimiento crítico) se acercó mucho, muchísimo (hasta rozarle los faldones), con ésta ya heptagenárea "The Naked City" cuya vigencia y fuerza sigue funcionando ajena a tiempos y modas -y modos- en el medio al que pertenece. 

SINOPSIS PRESTADA. Una calurosa madrugada neoyorkina, la modelo Jean Baxter es asesinada a sangre fría. El teniente de homicidios Daniel Muldoon (Barry Fitzgerald) se hace cargo del caso con la ayuda de un joven y competente detective, Jimmy Halloran (Don Taylor). Mientras los policías tratan de desentrañar los motivos que condujeron a la muerte de la chica y de encontrar a su asesino, la vida cotidiana sigue como si tal cosa en el corazón de la populosa urbe.

A FAVOR. Ya no es sólo lo bien que están Barry Fitzgerald y Don Taylor en los principales roles (lo mismo que el resto del elenco), o el repasar jocosamente los currículums de algunos de los implicados en los créditos... "La ciudad desnuda" es una colección de fotografías en blanco y negro de pura exposición, lo mismo que (y sobretodo) un ejemplo perfecto de la importancia seminal, desde la estructura, de ese estamento algo etéreo (por lo tan diversamente sobado) que responde por "ritmo narrativo". Regodearnos ahora que ésta manera de plasmar en imágenes por parte de Dassin el guión ajeno que le cae en las manos (y que él convierte en sinfonía visual, con la cotidianeidad policial en la gran urbe y demás inclusive) dio lugar a una exitosa serie televisiva, o también, recrearnos en la retahíla de premios y reconocimentos alcanzados (que pocos no serían), sería perderse y de gratis en lo más que meramente circunstancial. Vean y repasen este cañón con pólvora vitalicia de film, pardiez. Que es lo que realmente importa.

EN CONTRA. Inserte la publicidad de su negocio aquí por un módico precio a convenir con la dirección de este espacio (y por aprovechar el epígrafe ni que sea).

CONCLUSIÓN. Tremendísimo vehículo de noir policial en el pináculo de la carrera del gran Jules Dassin que ningún amante del género, ni del medio a decir verdad, debiera perderse so pena tortura medieval. Obligatoria más que recomendable y sin más.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10


martes, 6 de noviembre de 2018

LA INVITACIÓN (2015)

INTRO. Seguro que recordáis aquella parábola ochentera en clave cómica del famoso film de Sir Alfredo "Extraños en un tren", protagonizada por Danny DeVito y Billy Crystal. En ella, éste segundo hacía el papel de un novelista venido a menos que se ganaba la vida impartiendo clases de narrativa y, en determinado momento, se nos explica que uno de los deberes que ha puesto a su alumnado es realizar un pequeño texto avezado al suspense... DeVito, uno de sus alumnos en definitiva y cómo no, le presenta una chapuza a la que el otro responde con un inolvidable: "El texto tiene tres hojas, dos personajes y uno de ellos muere en la primera hoja. Te aseguro que no me ha costado mucho adivinar quién era el asesino"... Bien, pues por aquello de la extrapolación y el birlibirloque ya saben lo que opino, a grandes rasgos, del film nos ocupa ahora.

SINOPSIS PRESTADA. Will y Eden perdieron a su hijo años atrás. La tragedia afectó su relación de forma irreversible, hasta el punto de que ella desapareció de la noche a la mañana. Un día, Eden regresa a la ciudad; se ha vuelto a casar y en ella parece haber cambiado algo, convirtiéndola en una presencia inquietante e irreconocible incluso para Will

A FAVOR. Empieza con una pareja muy seria que va en coche a una reunión que parece que no les apetece mucho (lo que está muy bien, porque ya deja claro de entrada que además de serios son un poco gilipollas) y en estas atropellan a un coyote. El resto de la acción, que es toda la película, pasa en la misma casa. Y dicha casa es lo único claramente "a favor" aquí. Porque es muy bonita, las cosas como son.

EN CONTRA. Si esto ganó el premio principal en Sitges 2015, se constata al fin que la cosa está muy malamente. Que no tuvieran pasta para contratar a Hardy y cogieran al tipo éste hasta resulta entrañable según como (es un puto clon), no lo negaré. Yendo más allá, el rollo intensito que aquí se gasta (a medio camino de lo forzado porque sí y lo sobreafectado porque también), tanto desde el desarrollo como desde las mismas interpretaciones, alcanza lo directamente irrisorio y sin poderse evitar. Y, de verdad se lo prometo, a la postre me da igual lo tristemente previsible que és, aún sin añadir ese final supuestamente super epatante (que te megamueres, claro) donde, básicamente, uno encuentra una oportunidad fantástica para poner un gift de esos de Blancanieves diciendo lo de: "Espera un momento... No me importa"... Pero es que me resulta todo tan barato, tan telefilme de tres al cuarto... Siendo honesto, lo único que me podía mejorar un algo éste film de niños ricos traumatizados era la visita al final de Mike Myers, puñal en ristre y ganas de echar la tarde. Como ello no ocurre, pues con su pan se lo coman. Psicodrama para milenials impresionables y gentes con niveles de exigencia bajos tirando a nulos, en general. Y con perdón todo ello por si alguien se ofende y tal, faltaría.

CONCLUSIÓN. Hay veces en que a uno no le gusta la película (o lo que toque) que acaba de visualizar pero, a no ser que nos refugiemos en la negatividad más cerril, cabe o conviene admitir los logros, y por puntuales sean, que la misma nos presente... Es lo correcto, lo sano. O debiera. A veces será la música, otra la fotografía, quizás alguna interpretación concreta o, por qué no, hasta determinado lance argumental que (siempre en cuentas propias) no se ha sabido consumar como procede (considerable etcétera). Dejar de observar ello, más en estos tiempos de radicalidad extrema y maniqueísmo exacerbado espoleado por redes y medios desbordados, logra que los grises desaparezcan, que todo sea 0 o todo sea 10... Y eso, si se pretende alcanzar cierto grado de análisis más o menos justo (que lo de la seriedad es tan subjetivo en definitiva), es lo que a todas luces no tendría que ser nunca. Aclarado ello, que es primordial quieras que no, esta película es un auténtico truño de tres pares de cojones. Y fin.

GUZZTÓMETRO: 3 / 10

TERMINATOR (1984)

INTRO. Por mucho que se empeñe siempre en hacerla "tener un accidente", a fin que el film que hoy reza en cabecera figure como su estreno, la primera peli de Cameron fue "Piraña 2". Repasado ello, estamos con éste "The Terminator" no sólo ante mi film predilecto del afamado y millonario realizador canadiense sino, directamente, ante el único suyo que realmente (y muy marcadamente además) me linda con lo que sería la simple y llana excelencia. O poco menos. 

SINOPSIS PRESTADA. Los Ángeles, año 2029. Las máquinas dominan el mundo. Los rebeldes que luchan contra ellas tienen como líder a John Connor, un hombre que nació en los años ochenta. Para acabar con la rebelión, las máquinas deciden enviar al pasado a un robot -Terminator- cuya misión será eliminar a Sarah Connor, la madre de John, e impedir así su nacimiento.

A FAVOR. La ambientación retro-futurista que, aún desarrollándose la acción en el presente de los mid-80's, consigue proyectar la irrupción de los dos crononautas (con la inestimable e insaltable colaboración de su inolvidable y "sintetizada" soundtrack). La tensión creciente tan bien lograda. Arnold en el papel de su vida (un cyborg asesino completamente inexpresivo) y el otro par de protagonistas, Linda Hamilton y Michael Biehn, que logran dar la credibilidad necesaria al guiso. Terminando, por supuesto, con el carrusel de pasajes icónicos que hacen del film piedra de  toque infranqueable del género al que pertenece. 

EN CONTRA. Si por alguna razón alguien quiere hacer defecto del "chispazo" de turno por aquello de los fx de la época, allá el/ella con lo suyo. No es mi caso y, además, añado que probablemente esté detrás algún pueril intento del fan irredento de T2 tratando de convencernos que es mucho mejor, apostillando -más que probablemente y de seguidilla- un definitivo "porque mola más" (pura añagaza pseudo-argumental del que prefiere espectáculo visual a riqueza narrativa).

CONCLUSIÓN. Magnífico, tremendo film que auna como pocos sci-fi y terror (por mucho que esto segundo, y a pesar de su lectura "soft" en ciernes, se haya perdido un algo en el olvido del omnisciente colectivo al alzarse con el tiempo en pura iconografía pop). Obviando su condición de indispensable, solo queda reincidir que para muchos, y por años pasen, ésta siempre será la única y auténtica "la buena"... La otra, "Terminator 2", es un magnífico film de acción (las otra secuelas -y variaciones- ni siquiera entran en consideración aquí), de los mejores de siempre muy seguramente. Pero, de forma irremediable, la magia y grandeza de ésta historia nos sigue y seguirá anclada a muchos en éste tan poderoso largometraje de su tan orwelliano año de estreno... En la segunda peli de James Cameron, para terminar de concretar ya del todo.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

martes, 30 de octubre de 2018

ELVIS COSTELLO & THE IMPOSTERS - "Look Now" (2018)

Ensalzar el nuevo disco de Elvis Costello porque se le nota bien de voz y canta muy bien vendría a ser algo análogo a afirmar que el Pacífico mola porque "es mu grande y está mu mojao". Desde dicha premisa,-y de cara al lector "casual" que pueda caer aquí-, conviene precisar ahora que estoy escribiendo del músico del que tengo más elepés en casa (de hecho tengo su discografía doblada en dos formatos), del músico que -muy claramente- más se ha mantenido en mis más altas querencias con el pasar del tiempo o, por ejemplo también y para no alargar, del músico del que hasta empecé un espacio internaútico exclusivamente dirigido hacia sus, prácticamente incontables, logros y hazañas... Vaya, que "me interesa un poco el tema", que se dice.


Tras superar felizmente ciertos problemas de salud, y volviendo al presente, Costello nos saca hace unos días su flamante nuevo álbum, "Look now", tras un lustro de sequía en estudio desde aquel "Wise up ghost" que, ya puestos y a todas luces, me pareció (y parece) su peor trabajo jamás firmado sea en solitario o en comándita con quien toque. Sin embargo, dicho trabajo podría esconderse sin problemas tras la sobada cortina de la "colaboración". Ese seguro del parchís que se utiliza a veces como puerta giratoria y que ayuda a mitigar y relativizar el fracaso de ventas y/o crítica ("era una boutade/capricho"... - y que por supuesto no forma parte del "canon principal"-), lo mismo que ayuda a reafirmarse y venirse arriba cuando el invento sale bien (a colación de lo que nos ocupa: cómo nos gustan a los fans las "colaboraciones" con la Brodsky Quartet o con el Sr.Toissant, ¿verdad?). Pero, ay, que esto de "Look now" se anunciaba de nuevo bajo la label "Elvis Costello & The Imposters" (que no son sino los Attractions de toda la vida, cambiando a Bruce Thomas por el ex-Cracker Davey Faragher al bajo)... Esto és:  atención máxima, emoción desatada y un contar los días para el rescate cual naúfrago stevensoniano. ¿Resultado final del drama? (para l@s más impacientes en la sala, que iría esto): un disco que está gustando bastante en general a la gente pero que, por contra y particularmente, me resulta de forma muy dolorosamente acusada uno de los tres o cuatro peores discos en el largo opus del Sr.MacManus (y venga como venga firmado desde su portada). Así de hiriente y cruda que me resulta la cosa desde la más honesta visión de la que soy capaz... "Cosa" que, por  cierto, no dude nadie que me jode lo indecible de más de escribir a mi que de leer a quien sea en este puñetero planeta.

Me consta, sí... Hay personal comparándolo por ahí con nada menos que con "Imperial bedroom" (lo que me parece que es para cagarse un mucho en la puta, ya de base), y hasta he leído a personas, que se autodenominan "fans", que les parece su mejor disco desde "King of America" (de esto, directamente, no pongo lo que pienso porque podría incurrir en  ulteriores problemas con la justicia ordinaria). Lo mejor de "Look now", tratando de hallar una lectura optimista desde el mismo fondo del pozo, és que por pura e inmediata causa-efecto todos los trabajos del Costello más irregular (aunque muy altamente apreciados éstos en casa por sus contados logros puntuales, que eso también) dan una zancada notable llegada la hora de ponderar la discografía "record by record" del artista... Sí, gracias a "Look now", hoy "Punch the clock", "Spike", "Mighty like a rose", "All this useless beauty" , "When i was cruel" o hasta "National ransom", son mucho mejores discos de lo que eran ayer. Tal cual. Pero no nos detengamos ahí: si alguien albergaba alguna duda de la condición de "masterpiece total" que muchos de sus fans de siempre otorgamos a "Brutal youth", "North" o "The Delivery Man", debe ello desvanecerse ipso facto. Perentoriamente, que no queda otra. Y es que desde la perspectiva propia, por mucho que leas o escuches y ya para rematar párrafo, los supuestos "mejores momentos" de éste nuevo trabajo serían un estorbo en "Momofuku" lo mismo que, ya directamente, una ominosa derrapada del todo inexcusable en el maravilloso y ya mentado "Imperial bedroom" de 1983 (comparar con los otros cinco discos de su sacrosanto sexteto de arranque con material original, o el par de gemas del 86, ya sería del todo insoportable).


No és "Look now" una ponzoña absoluta, tampoco quiero referir eso aunque a alguien pueda resultar lo contrario (y ojo con esto, por favor). Lo firma quien lo firma y lo canta quien lo canta, en definitiva... Acude en varias ocasiones al rescate la prosodia al pronunciar cierta palabra, el puente melódico de quilates que sorprende o, también, algún momento de desnudez interpretativa que puede evocar, esporádicamente, a algún logro del pasado. La pena es que de la colección de palabras que preceden la más significante és, sin duda y por desgracia, "esporádicamente". Repito lo que vine a significar hace unos días en alguna red social: parece un cantante melódico, carcunda y coñazo, al final de su carrera y ganándose la vida como puede en cualquier casino de Las Vegas para una audencia de cien años de edad promedia... Hay quien se llena la boca con el concepto "crooner" al respective, y de acuerdo, pero es todo tan pedorro y constreñido (la emoción tan forzada, contemplativa -¿impostada?-... Costello parece imitar una mordida en vez de morder muchas, demasiadas veces en este elepé)... Es disco de "nuevo rico", de tanta opulencia y exceso en su producción que, a su vez, de tanto querer proyectar elegancia y clase acaba por caer de bruces en lo vulgar, lo inocuo y finalmente (que me duelen los dedos de tener que escribirlo) en lo barato. Vale, ok, "under lime" o "unwanted number" entrañan algún momento  notable entre tanta jacaranda; o las mejores del disco con la gorra: "stripping paper" (la única que recuerda de verdad de alguna manera -de lejos, más concretamente- a alguna de las esquinas del dormitorio imperial) y "photographs can lie" (con su olorcillo a outtake de "North", a pesar de que aquí me suena algo sobreafectado lo que allí erizaba el vello sin poderse evitar... y atención que, para que escueza todavía más, tiene los huevos el tío de dejarse la muy superior "Isabelle in tears" -lo mejor que hay en todo el lote de largo- como bonus track), pueden salvar un algo ni que sea el cocido... Pero, a la postre: ¿por qué esa sobreinstrumentación tan pasada de rosca?... ¿De verdad hacían falta todos esos coros abusivos, todos esos plomizos vientos metálicos omnipresentes, todos los teclados mierder de "Vacaciones en el mar" y, sobretodo, todo ese meter tanta algarabía que ya no sabes dónde narices estás de la puñetera canción?. De acuerdo que al "pureteo", por una u otra razón y aún a según que niveles (y para mi Declan el tuyo es el más alto, no se olvide), ya le mola a veces eso de esconderse tras un parapeto de sobreproducción (y, para el caso, está además lo de repetir en refugiarse tras los faldones de Bacharach) pero, hombre...  Vuelve Costello. No dejes de dar las gracias al Sr.Burnett por su ayuda de hace unos años, faltaría, pero vuelve...Deja los coros negroides, las trompetas y el "croonerismo" (ya hiciste todo lo que tenías que hacer, mucho antes y mucho mejor, en este sentido). Llama de nuevo a Nick, desenfunda la guitarra acústica y deja que se escuche la otra, hasta deja a Nieve ser Nieve si procede...  Este rollo a lo revenido, a lo Michael Bublé, en otros vale... Pero tú, tú precisamente, no. Por favor, Declan, no más de esto.

martes, 2 de octubre de 2018

CAMPANADAS A MEDIANOCHE (1965)

INTRO. Resulta importante, a modo premisa de arranque, señalar que dar completamente por cierta cualquier declaración del gran genio que hoy nos ocupa (y desde las docenas de documentos  desde los distintos medios que aún se conservan) és inefablemente caer en el riesgo de incurrir en la dura y pura falsedad. Orson Welles amaba, abiertamente y con devoción, el engaño y (es bien conocido) se vanagloriaba de ello hasta el punto de sublimarlo en "arte"... De hecho, él se consideraba por encima de todo un "mago", por la obsesión y fascinación natural que la distorsión de lo real le producía. No deja de ser paradigmático (y hasta cachondo), en dicho sentido, que el film donde Welles nos resulta más honesto consigo mismo sea "F for Fake", con todas sus láminas de embustes y falsedades en tropel (un fullero, que no se escondía de serlo sino todo lo contrario, contándonos de manera deliberadamente tramposa una historia de fulleros... fantástico claro). Explicado todo ello, es fácil encontrar documentos donde el genio, ya en los últimos años de singladura, sacaba pecho de forma especialmente denodada con dos de sus obras: "El cuarto mandamiento" (esa maravillosa película -rotunda "masterpiece", para docenas de miles entre los que me cuento, en realidad- que todavía podría haber sido más... "si le hubieran dejado") y, obvio, el film que hoy nos ocupa. Atropelladísima producción hispano-suiza de los mid 60's; fusión de varias obras shakesperianas cohesionadas para la ocasión;  rodada en diversas localizaciones españolas con reparto de varias nacionalidades  y... En fin, busquen en wikipedias y/o similares si gustan, que información de (y sobre) éste largometraje concreto tenemos para aburrir al mismo tedio. Eso sí, y con perdón por lo gratuito: "Campanadas a medianoche" (como por ejemplo ocurre en "Con la muerte en los talones" o "Centauros del desierto", y aunque en verdad -al ponernos pejigueros- sólo se limite a retirar el "Falstaff" del título original) me resulta una muy acertada manera de trasladar el título del film a nuestro idioma... Apuntándome siempre, por ser así de cabrito y tal, a cualquier ronda en eso de poner a parir las incontables "traducciones licenciosas de títulos de pelis a la lengua cervantina" habidas en la historia, justo me parece que cuando al revés ocurre (o me lo parece a mi al menos en ésta ocasión, vaya) no debe quedar ello exento de aplauso.


"SINOPSIS PRESTADA". Inglaterra, Guerra de los Cien Años (ss. XIV y XV). Enrique IV, primer monarca de la dinastía de los Lancaster, en 1399 le arrebata el trono a su primo Ricardo II. Adaptación de varias obras de Shakespeare: "Enrique IV", "Enrique V", "Las alegres comadres de Windsor" y "Ricardo II".

A FAVOR. Cuando, aunque ocurra de mucho en mucho ello, la respuesta a esas mayúsculas que preceden de forma inmediata puede ser "todo", la labor (y en contra de lo que pueda suponerse a priori) se me complica un tanto... Y en esas estamos hoy, claro. Las interpretaciones (con el milagro on screen, que ya no mera actuación. obrado por el propio Welles por delante y encima de todo lo demás) son magníficas, el tono tan marcadamente árido de interiores y exteriores (que nadie se haga lo suyo un lio con el tema de "necesidad manda" desde el rodaje, por favor) casa de dieces con el relato por completo, la estructura narrativa (premiada en más de un lugar, ya puestos) es directamente genial y sin más... ¿Quizá la música de Angelo Francesco Lavagnino -funcional y correcta, sin mácula a encaber- podría haber sido más "épica" o prestar un leit motiv más emblemático, puestos a buscar un agujero por pequeño sea en el zurcido?... ¿Y para qué?, me preguntaría... Welles es un maestro de caracterizaciones de personajes y ángulos de objetivo, lo mismo que un domeñador de estructuras muy personal en lo narrativo. Un concepto como "épico" desde la partitura que debe acompañar cualesquiera de sus obras, donde siempre busca acompañamiento "casual" y certero (a la par) por encima de subrayar o someter nada, le es tan extraño y antinatural que, en cierto modo, parecería incluso un elemento irónico (sólo el trabajo de Hermann en algún momento muy concreto de Kane o, ya forzando bastante, el de Mancini en Sed de Mal, y sólo "quizá" habida cuenta la fama de sendos films, podrían emularse a ello... aunque, atención ruego, siempre por querencia de los cinéfilos varios en lecturas a posteriori que por intención desde el origen, me temo). Que no hay de donde rascar, vamos... Buscarle problemas a ésta "Falstaff" de Welles son, en síntesis, ganas de tocar los huevos porqué sí y no hay otra. Que sí, que sale el maestro Gielgud, la Moureau, la sñra Rutherford o Fernando Rey (y demás, sin olvidar a Keith Baxter); que a Orson le encantaba mucho España; que engañó hasta a Satanás para tirar esto adelante... Lo dicho, tienen material para dormirse sobre la creación de ésta obra, pero (y ya para terminar apartado) vean y revean éste film siempre, hasta la misma extenuación, aunque únicamente sea por la simple y mera labor interpretativa del propio Welles. Culpable de que, sin ir más lejos, cada vez que piense en William Shakespeare llevado a la pantalla la primera imagen que inefablemente me viene a la cabeza es su oronda y sonriente cara con un cazo a modo corona. Impostada, cómo no.

EN CONTRA. Nada. Por mencionar algo, únicamente estaría el hecho (muy volátil y presto a no dejar este epígrafe en blanco mayormente) de no caer en la trampa de perderse la formidable película ofrecida -sin más-, en pos del embelasamiento (bastante lógico por otro lado, si en verdad se ama la historia de esto de los focos y las claquetas) por la inagotable galería de triquiñuelas, de todo tipo (tanto en producción, como en ejecución y/o montaje final), en las que se vio inmerso el artista para terminar su obra... Que por supuesto, está claro y lo que sigue a lo siguiente también, darían no ya para otro film sino, directamente, para una serie de su plataforma digital favorita. Y de varias temporadas, además.


CONCLUSIÓN. Bien sencilla en realidad. Si desde la dirección de este espacio resulta del todo incomprensible cualquier listado, top o chocarrada de misma índole, con los 10 mejores realizadores de la historia del medio/arte con la ausencia de éste señor que nos ocupa y, a su vez, nos hemos enfrentado hoy a una de sus cuatro o cinco referencias más incontestables... Pues nada, háganse uds mismos las cuentas que salen solas. Para quien suscribe, la mejor interpretación de Shakespeare en cine que existe está aquí y, de la misma forma, la mejor interpretación actoral de Orson Welles habida en toda su carrera está aquí también. Obligatoria clase de cine e imperecedera obra de arte, no veo a qué alargarlo más.

GUZZTÓMETRO:  10 / 10

viernes, 28 de septiembre de 2018

REIVINDISCABLE : "Moonhead" / THIN WHITE ROPE (1987)

Incrustados por lo general en ese cajón de sastre ochentero del "american underground" (Dream Syndicate, Green on Red o The Feelies, a modo ejemplos y para entendernos rápido), Thin White Rope dejaron un reguero de cinco discos dispuestos en poco más de un lustro (desde 1985 hasta el 91, concretamente), para desaparecer después en una especie de inmerecido olvido que, para resumir, no procede. De ese quinteto de obras, unas mejores que otras -según gustos, faltaría- pero todas buenas, "Moonhead" suele reseñarse y consensuarse como la niña más bonita y necesaria de su singladura... Y aunque -por supuesto- el tema es matizable, la verdad es que media comprensión. Es, en definitiva, el más cohesionado y alejado de altibajos de sus trabajos de estudio... Amén de un elepé de reputísima madre.


TWR (que queda más guay y me canso menos) fueron fundados por dos guitarristas Guy Kyser y Jozef Becker, siendo escritos y cantados la mayoría de sus temas por el primero, y su sonido tan influenciado por aquella enseñanza básica del maestro Reed (que Verlaine y cia entendieron más y mejor que nadie) donde se evidencia que lo que importa es el peso de las notas más que la cantidad de ellas, logrará infaliblemente y sin esfuerzo las delicias de un tipo de parroquia concreto... TWR de hecho sólo tienen el "problema" único y también concreto de haber surgido dramáticamente poco antes del momento en que su estilo y formas hubieran encajado con los tiempos que corrían ("The Gun Club 2.0", para quien lo quiera aprovechar). De hecho vendrían a ser un puente perfectamente válido para cosas tan dispares (o quizá no tanto como pareciera a priori, al menos) como Urge Overkill, Buffalo Tom y hasta llegar a los Archers of Loaf, y su inercia -visto hoy en perspectiva- sería un tanto afín a la de los Screaming Trees (o es la que podría haber sido de no haberse disuelto y si se me quiere entender), en el sentido de que, por mucho Lanegan medie, hasta que no estalló el pelotazo "grunge" su discurso no empezó a ser reconocido a unos niveles más, póngamos, "globales"... Quizá si su último disco ("The ruby sea"/1991) hubiera integrado una "nearly lost you" otro gallo les hubiera cantado... Una lástima. Mayormente por la cuenta que hubiera traído a sus cuentas corrientes. Por suerte, para nosotros los usuarios, queda la música. Y ahí esta gente, no se dude, puntúa bastante alto.

Centrándonos ya en su "almendra lunar" que reza en título, y previniendo que lo áspero y poco dado a la cucamona del registro de Kyser es de esos que entran o no (particularmente me encantan este tipo de voces/propuestas más o menos aguardentosas -y lo de éste señor tampoco es especialmente extremo en este sentido-), recomiendo ya sin reservas este disco a todos los buenos fanes del insigne Sr. Wynn y su banda habidos en el planeta. El estilo tortuoso de primeras del tema inicial, "not your fault", con el contrapunto entre lo arrastrado de la voz y la adictiva oscuridad del apartado instrumental (con sus poderosas y fuzzeras guitarras y demás), marca el tono perfecto de todo lo que vendrá. La sabiduría a la hora de presentar la más reposada, en contraste al resto, "thing" tras el stonerismo distorsionado del final de "take it home" y justo antes del inmersivo -y prácticamente instrumental- tema titular del álbum, tiene su valor a considerar seriamente. Con todo el catálogo ya dispuesto de alguna manera, desde ahí solo queda señalar las predilectas de quien proceda, sean más rápidas a lo "come around" o más calmadas al estilo de "waking up"... En cualquier caso, perderse en la opresiva e incompasiva propuesta de "Moonhead" se antoja, en ésta casa al menos, algo recomendable y necesario. Cualquier "velvetero" (y/o fan de sus más insaltables exégetas) de pro, sabe que extraer belleza del lodo es más necesario para el alma que el "niño bonitísimo" fatuo y gratuito, condenado (tarde o temprano) al olvido por lo siempre fungible de la premisa madre... Además, el vacile y chulería de terminar con un cover del bluesman Jimmy Reed ahí quede también. A modo colofón, señalar finalmente la obviedad de que (nos jodió)  no estamos con "Moonhead" ante un "Marquee moon" o un "The days of wine and roses" de la vida (eso son trabajos en mármol, de los de once in a life time que decía Byrne), pero sí ante un compañero de viaje que no por maldito y menos legendario deja de ser apreciable, y bastante más que meramente válido. Por todo ello (e incluso un poquito más) creo que, de no conocer disco y banda, merecerían ser éstos claramente reivindiscados por sus partes.

viernes, 14 de septiembre de 2018

NICK DRAKE - "Bryter Layter" (1970)

Cualquier seguidor melómano que, además, presente un cierto interés en aquello que se viene a denominar "ciencias del comportamiento", tiene en Drake uno de los pináculos más insaltables llegada la hora de ponderar la tragedia que, desgraciadamente, deriva a veces de la sensibilidad pura de un artista/"ente creador"  al chocar ésta con el reverso comercial del asunto. Muy pocos ejemplos más diáfanos, y a toda la historia de la galaxia refiero, podemos hallar puestos a reconocer a un artista cuyo exagerado talento natural termina por castigar el plano físico de la existencia propia. Tal cual. Desde ahí, a colación de la persona nos ocupa, podemos tratar de perdernos en un irremediablemente equivocado ejercicio de relativismo (hermenéutica garrafera para todos los públicos... "pasen y vean") donde términos como "depresión" o "enfermedad" se repetirían, mínimo, cada par de líneas. Y reducir a alguien tan necesario, tan único y ubicable como siempre será Nick Drake a un estereotipo pseudo-psicológico, de los de a dos duros tres docenas, no parece muy respetuoso. Y no lo parece porque, básicamente, no lo és. 


Hoy trataremos mayormente el disco que reza en cabecera por la tan mundana y simple razón de ser el favorito, en las últimas, para quien suscribe. Aclarado esto, cualquier persona que les indique,-por contra a ello-, que el predilecto es el que antecede o, de la misma forma, el que sucede, incurrirá en otro acierto igualmente pleno e indebatible. Esto es así. "Five Leaves Left", "Bryter Layter" y "Pink Moon", son tres astros inderrumbables condenados a brillar por siempre y que no admiten socavación o ninguneo posible. Qué poco trabajo cuesta pensar en Kurt Wagner (como ejemplo de incontables) alucinando al borde del Stendhal la primera vez que se enfrentó al disco de estreno donde se descubre que la aridez y lo cálido pueden ir de la mano contradiciendo todos los apriorismos habidos; o también, imaginar a Elliott Smith (lo más parecido a Drake sin ser Drake que nos ha dejado la historia hasta hoy) destrozándose por dentro al son de la oscuridad de la luna rosácea y decidiendo al fin despedirse, de una puñetera vez, de sus compas de Heatmiser para empezar a volar en solitario... Pero, lo ya escrito, hoy nos quedamos en la segunda parada. Y con el disco que, según testimonios varios, más fastidió grabar a su autor...

Siguiendo desde ahí, resulta curiosamente sencillo ver en "Bryter Layter" una especie de boleto directo al fatal desenlace postrero de persona y artista... Joe Boyd, padrino y productor, parece tirar la toalla con Nick viendo el inexistente esfuerzo del bardo a la hora de encarar los más mínimos y básicos conceptos adscritos a la promoción tras su grabación. Boyd, quien está, por ejemplo, detrás del advenimiento de bandas avezadas al folk tan referenciales como Fairport Convention (de hecho, el propio Richard Thompson fue uno de los varios músicos que aportaron su talento en éste trabajo) o la mismísima Incredible String Band, se va a hacerse las américas y el músico pierde su único vínculo de confianza (y cortafuegos) con toda la parte que más detesta, y de la que más recela, del mundillo éste de grabar discos y demás (de hecho se suele hacer causa-efecto con el adiós del "tutor" y la devastadora oscuridad de buena parte de "Pink Moon")... Pero nadie se equivoque con esto, importante y por otro lado: no procede, desde ningún ángulo, culpar al histórico productor del resultado final de éste cuento (más bien lo que procede es darle las gracias hasta la afonía, ya puestos). La fatalidad de Drake es una suma de muchas pequeñas cosas que estallarían, al fin, en otra demasiado grande e irreducible.  


Visto de otra manera, que al final termina en lo mismo: si con una barbaridad como "Bryter Layter" el músico no está por la labor de darse a conocer y medrar en la industria (a la que para más inri parece temer, y cada vez más, como al diablo y toda su familia junta), ¿qué cojones se puede hacer ya?... Se sabe que Drake dio mucho por el saco en la grabación (le molestaba bastante la proliferación masiva de producción en algunos pasajes) y tan siquiera la ocasional presencia de un monstruo como John Cale mitigó plenamente el descontento del músico. Como comentaba en el primer párrafo, intentar entender lo que sucedía en la cabeza de Nick Drake es algo, en propiedad, simple y llanamente imposible. Pero contrastar la belleza extrema, desatada y absoluta, de lo que escuchamos con lo que encontramos (recurrentemente) en la biografía es algo muy -MUY- perturbador. Un anticlimax inexplicable, cercano al terror. De esas cosas que te hacen muy pequeño y delatan lo poco que sabemos en realidad, de forma luctuosa y feaciente, del infinito juego de transmisores con el que venimos de fábrica y sus posibles triquiñuelas. "Bryter Layter" (que hace referencia a un término propio de los partes metereológicos pero en inglés antiguo -y que por lo visto refiere a algún tipo de broma privada-) es una sucesión de cuerdas sutiles y vientos suaves envolviendo el etéreo registro del siempre llorado juglar. Un disco que arranca cada una de sus dos caras con una delicada pieza instrumental  y que, para resumir, "sigue desde ahí" (en modos y alma) con todo el resto, y hasta despedirse (al final ya de todo) con otra a juego más . Es también, cómo saltárselo ello, el trabajo que incluye la belleza ya completa hecha canción que es la archiconocida (al menos para todo melómano de bien que se precie un mínimo) "Northern sky"... a su vez, lo más parecido a un ""hit"" (atención a las dobles comillas) que jamás viera editado en vida el autor. Aunque, faltaría, destacar una canción concreta de la vidriera ésta catedral resulta, se quiera o no de admitir, cuarto y mitad de  ordinario (sin horadar más y a modo ejemplo, justo antes de "northern", hemos escuchado una también legendaria "Poor boy" que auna tenues coros gospel, marchamo jazzístico de manual y folk acústico en su vertiente mas clásica, todo ello como quien se quita la pelusa el ombligo). "Bryter Layter", para terminar (porque, como el otro par suyos, es uno de los discos más preciosos que existen y no tenerlo controlado es como morirse un poco de ascopena cada día que pasa sin que ello ocurra... que no tiene más esto), resulta en definitiva la obra de un genio irrepetible, aceptando que hay más personas vivas en la tierra que no son él y de forma especialmente marcada... O más que en ninguna otra parte, si se prefiere. O si gustan, e igualmente,  también podemos asumir tan inolvidable disco como en el tópico del pequeño roedor que cruza la carretera de noche y se queda helado ante las repentinas luces del coche que viene de cara... Que, cierto ello, quizá no salgamos muy bien parados nosotros al extrapolar la fábula (nos toca el rol de la alimaña, está claro), pero el vehículo que integra esas luces incluye a su vez un talento único e imperecedero que, aunque siquiera lo pretenda en modo alguno, nos pasará por encima. Para siempre y de forma inevitable. 

sábado, 8 de septiembre de 2018

HELLBOUND: HELLRAISER II (1988)

INTRO. Tras otro parón considerable, no voy a tener el cinismo de utilizar lo de "veraniego" en un espacio donde los "parones" son contumazmente elevados a puro arte, quisiera anunciar aquello de "se vuelve por todo lo alto con"... De verdad, qué sí. Pero, ay, sería mentir de una manera tan flagrante que hasta a mi me da un algo de apuro. Tampoco me parece "Hellbound" lo peor de la vida, me apresuro a aclarar (en lo suyo y a lo que juega sigue siendo una referencia más o menos apreciable, aún tras filtrar pros y contras finales). Pero, está claro, vuela bastante por debajo de lo que vendría siendo el concepto "a lo grande" y tal... Lo de hoy pues, en efecto, responde más a una deuda anunciada y pendiente desde ya hace varias entradas de blog que a otra cosa. Sea como fuere (encaremos ya el asunto), ésta nueva entrega de las correrías de Pinhead y cia (estrenada al año siguiente de la primera) continua habitando de forma directa bajo la sombra del creador del folletín, Clive Barker, aunque desde guión ajeno nos opere. Y si bien es cierto que, igualmente, el realizador también es otro para la ocasión (y muy regulero y se nota, ya puestos, que sólo repasar brevemente el opus del tal Tony Randel es como un valle de lágrimas en si mismo), con el hecho de ofrecer una secuela ya no directa, sino inmediata del primer episodio, se logra alcanzar un continuísmo pleno y, con ello al fin, un díptico bastante apañado al rendir balances. Lo peor, lo digo ya: tras tanto y tanto llovido uno recordaba ésta como "la más mejor de las dos"... Lo que nos lleva de cabeza a la moraleja postrera, antes de saltar al siguiente epígrafe: hay cosas que si se dejan al final del cajón, pues coño, por algo será también... "Hellbound" cuela (puede hacerlo, con la bondad que eso sí nos demanda por obvios motivos del carbono 14 y habida cuenta el género nos ocupa) sin un denuedo extremo pero, definitivamente, me parece hoy día marcadamente inferior a "Hellraiser". Quizá con otro piloto otro gallo hubiese cantado, conviene admitir, porque lo triste del tema es que el "qué" no está nada mal (de verdad que no)... es el puñetero "cómo" lo que nos chafará, en mayor o menor grado (según gustos u apetencias del comensal que toque), aquí la tortilla.

"SINOPSIS PRESTADA". Kirsty Cotton acaba recluida en un sanatorio donde intenta olvidar la pesadilla vivida con la muerte de sus padres. Sin embargo, allí coincide con el siniestro Doctor Channard, quien encuentra en la joven la pieza que necesita para llegar al éxito en sus intentos de encontrar la puerta a una dimensión oculta.

A FAVOR. Pues, sobretodo, lo luctuoso de que a pesar de los esfuerzos titánicos de Randel y sus adláteres, no se logra socavar del todo una conclusión redonda y satisfactoria de lo relatado en "Hellraiser". Los virajes de cuento gótico siguen funcionando, por mucho corre pasillos de videoclip de metal guarro ochentero y festival del chorro-láser fosforito se nos crucen en el tercio final; los roles principales encuentran un fin razonable y coherente; los cenobitas en general y Pinhead en particular ganan en dimensión (y tragedia);  y, al terminar, nos queda esa certeza del que le han contado, a poco se analice, un chiste realmente cojonudo... y aunque (eso sí) se lo haya contado el tipo con menos gracia de un simposio de notarios en el más grisáceo de los días de lluvia. Por aparecer, hasta tenemos (en medio del caos insondable que es la "dirección actoral" del film) una nueva sobreactuación impagable de Clare Higgins que mira más intenso que toda la saga de "Scanners" junta y que quiere ser tan y tan mala que al final hasta nos granjea cierta aquiescencia y todo. Por lo demás, mejor nos limitamos a realizar un llamamiento a la comprensión pues, por supuesto, ese esfuerzo por extraer desde lo estrictamente visual la estructura y narrativa de la historia, es un trabajo que, como espectadores, no tenemos porqué estar obligados a hacer... O no si, por supuesto, quien tenía que realizar su trabajo/arte como procede hubiera obrado un algo en consecuencia (que con un poquito ni que sea ya nos valía a muchos, caray). Fijarse, en base a ello, que a pesar de lo que veremos en el siguiente apartado, éste largometraje sigue recordándose con cariño en no pocas almas y lugares del orbe. Así de sólido es aún hoy el relato, una vez despojado de todos los "aderezos" y "lindeces" (en lo formal) que de manera tan inmisericorde le endilgaron.

EN CONTRA. Hace unos días aconteció la noticia de que un mendrugo de los de tronío intentó robar un mono de un zoológico para regalárselo a su novia... Fracasando estrepitosamente (cómo no) en el intento y, en verdad, quedando lleno de merecidas heridas y hecho, para resumir, una auténtica hez tras el ataque en tropel de los pobres e inocentes primates... Bien, si el pedazo de cretino en cuestión hubiera triunfado en su empeño y tras ello, una vez reposando en solaz propio, hubiera puesto a la pobre bestia tras una cámara para realizar éste film de hoy, pienso firmemente que estaríamos ante un trabajo superior en la forma a lo conseguido por Tony Randel. Tal cual se lo explico. Los intérpretes (que se merecen todas las loas del universo conocido) hacen lo que pueden por dar sentido a la propuesta on screen... Y lo hacen, faltaría, cada un@ a su puta bola y como humanamente puede. De forma por completo deslavazada y desbalanceada de sus compañeros (quizá es un sentido guiño a  los amantes del free jazz más extremo y yo, sencillamente, no lo estoy pillando por ser así de tarugo). Buenas ideas y personajes completamente desaprovechados y/o despejados simple y llanamente porqué sí. Muy doloroso este particular concreto, ya puestos. Obviando los humos inexplicables y los efectos que chirrían casi más por lo innecesario que por lo caduco (que lo segundo se puede excusar, el problema es lo otro), la cámara parece posarse donde, básicamente, se aguante de pie... y "para adelante, oiga". El paroxismo final (para no alargar todavía más, que si te detienes a buscar de cerca te quedas bizco)  donde las actrices miran al Rubik malvado, lo mismo que a Pinhead y sus cuitas, mientras se asustan o se lamentan en planos contra-planos cutrísimos que, de verdad se lo prometo, pueden incurrir en simple y llana hilaridad... Vemos "algo"/ cambio de plano con ellas con cara de estar pasándolo muy mal; volvemos a ver ese "algo"/ ídem de lo anterior; vemos "otra cosa"/adivinen... Podrían estar perfectamente en un concierto de los Manowar o mirando ofertas del super, usando dicha disposición visual. Muy chungo todo, vaya. Lo del socorrido y majadero susto final, que se ve venir desde antes siquiera que empiece la escena, se lo ahorro por simple y mera bondad elemental.


CONCLUSIÓN. Buena historia/continuación, mala -muy mala- realización. No tiene más esto... Bueno, quizá reseñar lo muy obvio de que si no has visto la primera no te vas a enterar de un pimiento. Lo que no és sino la enésima "cima", raramente repetible,  en la inclasificable labor del pergeñador firmante en última instancia (que una cosa es marcarse una "secuela directa" y otra ciscarse por la curra en el visitante accidental)... Eso sí, le pongo un 6 (indicativo de "psché, no está mal" en el Guzztómetro) pese a todo, reincidiendo por enésima en la gamba pelada perfecta que es la historia  (a nivel de simple y puro relato) , al anexarse ésta -condición inesquivable ello- como buen y contundente cierre a la primera entrega (sustos finales al margen que, particularmente y aún no gustándome de base por lo puro chorra, me quedan excusados -aunque a regañadientes sea- por aquello de pertenecer a un subgénero alejado del mainstream más recalcitrante y que tiene también su derecho a buscarse las lentejas, presentes y futuras, como pueda).

GUZZTÓMETRO: 6 / 10

-Pd. Reseña de "Hellraiser" en el espacio (10/06/2008)-