lunes, 26 de febrero de 2018

CASINO (1995)

INTRO. Cómo olvidar, en su época, la expectación generada por aquellos jugosos trailers que precedieron al film. O también, aquellos posters  con el triplete De Niro-Pesci-Stone, mirándonos desde casi todas las esquinas de la ciudad... Además, tampoco cabe engañarse: la onda expansiva de la maravillosa "Godfellas" (de un lustro atrás en el tiempo pero aún bien presente) acababa de redondear por completo el tema, llegada la hora de que "Casino" se aupara, por todas las legales, hasta lo que hoy llamaríamos el "must be" de temporada.  Tales eran las desmedidas ganas de ver éste film que, en efecto y se confiesa sin problemas, a algunos hasta nos dio por autoconvencernos (y durante un tiempo, al menos) de estar ante una grandeza que, desgraciadamente, jamás existió en realidad... Y si personalizamos, está claro, podría argüir -aquí y ahora- aquello de que no es lo mismo la entusiasta visión de una esponja humana de veinte añitos que la de un cínico, y ya mucho menos impresionable, cuarentón. Pero ni por esas. Ya entonces la sensación de estar ante algo "fallido", por toneladas de maquillaje hicieramos mediar aún desde la más trillada de las retóricas de a granel, existía. Y el tiempo, implacable y certero como el más fiable de los jueces que -casi-  siempre será, no ha hecho sino horadar en ello. Hoy día veo a "Casino" no ya como algo que, por supuesto, no sostiene la menor de las comparativas con algo tan excelso e irrepetible como "Uno de los nuestros" (y aún por tan obvias formas y modos compartan) sino que, además, me parece un sonado paso atrás desde la siempre reivindicable, y en verdad deliciosa (y para que uno escriba algo así de un film donde aparece Day-Lewis ya les aseguro que la cosa debe ir mucho más allá de un mero "recomendable"), "La edad de la inocencia" que precedió, en la filmografía "scorsesiana", al largometraje que hoy nos ocupa. Podría rematar epígrafe con alguna jerigonza del tipo "Casino apostó fuerte y perdió de la misma forma", si, pero tampoco es eso plenamente... Tiene sus activos, pese a todo, y Martin Scorsese (está claro) no sería precisamente un pinta-monas, por lo que rara vez dejaremos de aprender algo con él al volante... Pasa que aquí hay que esforzarse un poco más de lo que debiera y, desde luego, ser un algo benevolente también.


"SINOPSIS PRESTADA". Las Vegas, 1973. Sam "Ace" Rothstein, un profesional de las apuestas, es el eficaz director de un importante casino que pertenece a un grupo de mafiosos. Su misión es controlar el funcionamiento del negocio y garantizar que la corriente de dinero que va a parar a manos de sus jefes siga fluyendo. Las Vegas es un lugar ideal para millonarios y políticos, pero es también lugar de paso de tahúres, prestamistas, traficantes de drogas y matones. Un día el violento Nicky Santoro, al que sus jefes han encargado que cuide de Sam, llega a Las Vegas con la intención de quedarse.


A FAVOR. Lo complicado, así de entrada, de no comulgar con algo con bastante aceptación popular (como es el caso nos ocupa), es que parecerá siempre, inefablemente y para muchos, algo parido desde la pura bilis de forma absolutamente gratuita... Y, por mucho me esfuerce, me temo que al final va a dar igual que me dedique un rato a señalar las bondades de una obra a la que en definitiva, se sabe/se conoce, al final acabaré atizando con mi tan ponzoñoso y lego proceder. Pero es que dichas "bondades" en "Casino" no serían poca cosa  precisamente. O mejor dicho, sí son poca cosa por cantidad pero, atención, nunca (!ni hablar de ello ¡) por calidad. Traducido: lo poco de bueno que hay en "Casino" es, directamente, gigantesco. Y lo resulta porque, básicamente, es la parte que "toma prestada" desde "Godfellas": ritmo borbotónico y sin compasión medie para el primer tercio de film (quizá algo más) a base de voces off de sus protagonistas, maestrías de cámara de todas las formas que prefieran (puro ballet, de nuevo, en algunos lances) y, por supuesto (aunque también, por desgracia, solo de forma cruelmente parcial en ésta referencia), ese calor y alegría interna que solo un "gran maestro" del medio y arte puede proporcionarnos a los amantes del cine cuando sentimos que, en efecto: "el cabrón está de dulce"... Todo ello subrayado, cómo no en el caso nos ocupa, con una soundtrack de las de hacerle el pasillo del campeón varias veces. ¿Dónde radica el problema pues?... Ahora vamos a ello, no se dude, pero a modo avanzadilla: pues radica en la descompresión, la frenada tan marcada y anticlimática de todas esas cosas tan buenas (exceptuando músicas) que se da llegados a cierto punto del largometraje. Y para no remontar jamás. Eso sí, el episodio con James Woods fetén. Eso tampoco se lo quite nadie.


EN CONTRA. Pues que cuando termina ese algo más de fantástico primer tercio de film o, siendo generosos, la justa mitad del mismo (nunca más allá de ello), las costuras empiezan a sufrir cada vez más y sin reculación posible hasta su, ya netamente indiferente, conclusión. El personaje de De Niro pierde por completo su interés, el de la Stone evidencia que en verdad jamás lo tuvo y, finalmente, el de Pesci acaba tan perdido en si mismo que acaba por alcanzar el agotamiento, el hastío, por pura hipérbole continua... Algún fan irredento del cineasta podrá, si le viene en gana, esgrimir ahora la lanza de que eso es sabiduría y conocimiento del medio (sin más), ya que el ritmo narrativo lo marca, a su vez, los distintos estados y circunstancias de sus protagonistas hasta hacerse uno, ambas dos cosas... Pues no oiga, no compro. Digo más: y una polla, hasta aquí podíamos llegar. ¿Acaso, en la otra ("la buena"), el personaje e historia de Liotta nos dejó de interesar un ápice cuando el ritmo frenético se detuvo?. Que Scorsese es un maestro, se insiste, no seré yo quien se siente siquiera a debatirlo por simple y dura obviedad. Pero si la caga pues, caray, la cagó y los sofismas subjetivos mil del acérrimo, a fin de excusar lo inexcusable, me los pone en una bolsita que se los daré al perro, muchas gracias. Y, ojo al tanto, que podría hacer más sangre... Así por ejemplo: ese final del rol de Pesci y su hermano , tras una historia firme y mejor apuntalada (o sin un bajón tan sonado al menos -y hablamos de un mínimo de 90 de sus 180 minutos prácticamente, que esa es otra-) hubiera sido un clímax dramático final bastante memorable, sin embargo, siguiendo del páramo argumental que lo hace, se me antoja algo efectista y barato -sino gratuito- sin más (una brochada bien gorda que despista, y hasta epata, sobretodo al venir de quien lo hace). Y hay bastantes otras, si, pero aquí que me planto. Y es que te debo demasiadas horas de alegría en mi vida, Martin, no te lo mereces en definitiva.




CONCLUSIÓN. Dicen malas lenguas (y/o plumas) que Martin volvió con fuerza a su vieja costumbre de mirar espejos de mano muy de cerca y demasiadas veces al día en algún momento de éste rodaje ('chas gracias, Robbie, cabrón). Y, en efecto, llegado a cierto momento de su singladura, y como ya hemos señalado antes, "Casino" parece caer en una especie de calma-chicha, plomiza y anodina sin fin...Y vale, ok, Martin es de los que rueda, y enfrenta cada escena, siempre con el montaje (de Thelma Schoonmaker en éste caso, como en tantísimos otros) ulterior en la cabeza sin responder, necesariamente, lo que va rodando con el órden cronológico que pertoca desde el metraje, pero...¡ Pardiez !, qué fácil resulta aquí liarse con cábalas de en que momento está por "lo de los espejos" un pelín de más o de menos. Por hacer algo distinto, y para la ocasión, rubricaré hoy de forma un tanto antropológica: el espectador de Casino es feliz; el espectador de Casino disfruta; el espectador de Casino ya no se lo está pasando tan bien de repente; el espectador de Casino  se empieza a mosquear un poco; el espectador de Casino bosteza; el espectador de Casino se aburre horrores sin saber muy bien cuando ha empezado a suceder ello; el espectador de Casino se ha dormido... Buenas noches.

GUZZTÓMETRO: 6 / 10

2 comentarios:

  1. En esta película, Scorsese parece como si tras la excelente “UNO DE LOS NUESTROS” volviera, años después, sobre los goodfellas de “MALAS CALLES” en el supuesto de que hubieran conseguido materializar sus sueños de violencia, poder y dinero. En “CASINO” nos cuenta cómo la mafia controló Las Vegas y finalmente perdió (por luchas intestinas o por su incapacidad de adaptación a los nuevos tiempos) este feudo que pasaría a manos de otras “mafias” modernas y pragmáticas, con renovados métodos más sutiles y eficaces. Scorsese nos da de nuevo una lección de brillantez narrativa y exhibe su impresionante capacidad para dibujar con detallismo y verosimilitud personajes, contextos y situaciones que producen escalofrío. Aunque tal vez se le fuera la mano en algún que otro momento.

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  2. Muy de acuerdo con tu análisis, Guzz. En el fondo "Casino" es una repetición regular de "Uno de los nuestros". Me uno a tu reivindicación de la excelente "La edad de la inocencia", film que con tu permiso voy a revisar.

    Abrazos.

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