viernes, 2 de febrero de 2018

SONIC YOUTH / "The Eternal" (2009)

Ya es tener lo que te dije que el "disco de guitarras" que más he disfrutado, dejando de lado todo lo ofertado por Dinosaur Jr (obviamente, por ser la banda favorita del espacio), y más  me ha arrastrado al huerto sin remisión posible en todo lo que llevamos ya de milenio lo tuvieran que venir a hacer todavía los puñeteros Sonic Youth. Tal cual. "The Eternal" (2009), si, con esa feucha portada que se asemeja a una potada de Galactus y su tan rimbombante y pomposo título (que bien poco les pega, medien ironías o no, ya puestos).


Resulta interesante (o me pasa a mi, vaya) la manera en la que llegan a éste, su último studio album de su -con permiso- "discografía estándar" (que todavía les dio tiempo, antes de la disolución, para hacer una banda sonora de un film francés... y por cierto, aprovecho, acoto con el entrecomillado que precede porque si nos liamos con todas las aventuras y mandangas paralelas -juntos y/o por separado- de esta gente nos falta vida para acabar de mentarlo todo). Si repasamos, aunque someramente sea, la leyenda de la formación, queda bastante claro que aquel épico "mar diamante" que cerraba su básico disco de la lavadora (estamos a mediados de los noventa ahora, si), hacía también lo propio con su etapa de máximo esplendor, arrancada con "Evol" de -prácticamente- una década atrás en el tiempo. Una bien generosa ristra de trabajos que, para resumir, nos significan a muchos (o a muchos más de los que quizá pareciera) una de las sagas más felices y nutritivas surgidas desde cualquier momento y lugar del medio nos ocupa. En cualquier caso desde ahí, precisamente, lo "experimental" empieza a trascender abiertamente a lo "rockero" en su singladura (los dos pilares que sustentan el chiringuito, y que en su derecho estaban). Todavía tenemos a los SY de siempre,-para entendernos rápido aunque pequemos de simples-, en algunos momentos del posterior  "A thousand leaves" (1998), que se multiplican en el ya neomilenario (y altamente reivindicable) "Murray St." (2002), diáfano ello. Pero, recordando de nuevo que esto se explica desde la premisa de su "discografía estándar" en todo momento, no será hasta la dupla de los notables (y también recomendables) "Sonic nurse" (2004) y "Rather ripped" (2006) donde la banda vuelve a practicar, abiertamente, sus formas más recurrentes y reconocibles... O casi. Porque aunque los añorados modos y las mentadas formas regresan, faltaba algo que no por más mundano dejaba de ser básico para una banda de rock de las que se cuentan entre las mejores de siempre (y Sonic Youth, pique lo que sea a quien lo haga, lo fueron): los himnos. Y es que por mucho que "molen" por concepto o se hable de martingalas mil  (con formas deconstruidas y demás) a colación de su discurso, ésta gente son lo que son mayormente por "Teen age riot", "Dirty boots", "Sugar Kane" , "Catholic block" y demás gemas (que son legión, para más inri). Esto és: su vertiente menos encriptada (procuro evitar usar lo de "accesible", me transmite cierta soberbia siempre... y con éste personal de por medio todavía más). 


Bien, pues eso explicado al final del párrafo que precede se "soluciona" a lo bestia (a lo megaburro) en "The eternal". Posiblemente su disco más inmediato desde y junto a "Dirty". Y es ahora que aclaro eso de lo "interesante" me resulta su fecundación y presentación. Que con todo lo transgresores que fueron, con lo anticomerciales que en general resultaron o, también, con lo combativos e incorruptibles se nos autopresentaron de principio a fin de su existencia como banda (y con razón plena, nadie se despiste), decidieran concluir el camino con un brindis soleado, tan claro tan apenas disimulado, a esa vertiente "menos encriptada" de su discurso que antes refería, me resulta motivo para quitarse todos los sombreros del planeta al unísono. Y uno, visto hoy en perspectiva y como fan, se puede autoengañar aduciendo que hicieron este disco de despedida "para nosotros"... Como festín, como bacanal final. Pero, de forma más y mejor acusada, se transpira que no es sino un pocas veces más merecido ejercicio de "autohomenaje" lo que aquí rige. Como si, sentados en un banco del parque y viéndolo jugar al frisbee, se dieran cuenta con indisimulable orgullo del insaltable monstruo de pantagruélicas proporciones que había resultado su historia y que estando como estaban,-de alguna manera intuyéndolo (sino sabiendo ya de facto)-,  en la curva que precede a la última recta debían pisar gas. Ya hasta el final y del todo. Se recoge la energía del par de discos que anteceden, se aplica a todo lo que les quedaba dentro (-sin desmerecer, ruego atención, lo que han venido realizando a posteriori por separado... Lee está en una forma estupenda, por ejemplo y a tenor de su obra solateras posterior-) y desde ahí, sin más, salen las barbaridades de canciones que salen... Y ni tan siquiera voy a destacar una en esta ocasión, lo que pienso de este disco -y de principio a fin- ya quedó reflejado en el primer párrafo de la entrada (a qué más). "The eternal" és, muy fácilmente, uno de los mejores cinco discos de Sonic Youth, lo que le convierte en Historia del Rock. Punto. Cualquier racionalización a posteriori, cualquier destacar pétalos favoritos,  se asemeja irremediablemente a la redacción de la vaca que realizan nuestros pequeños al volver de la excursión en la granja. Todo lo que debe transmitir lo tiene y en unas formas que hacen música del más húmedo de los sueños de cualquiera de sus seguidores: inquieto, misterioso, adictivo, retorcido, único... Así es "The eternal".


No sabíamos, no sospechábamos entonces que esto iba a ser el consabido "cante del cisne" (y para ir finalizando ya también el texto presente). Pero a la postre (que no pinta a otra cosa tras la ya bastante lejana separación de Kim y Thurston) así ha sido. Y no podría haber sido mejor. La banda que pervirtió la llamada "no wave" neoyorquina de los últimos 70's (y cercanías) para reinterpretarla en su ya clásico "noise rock" generando, en el proceso, el hecho de convertirse en la última banda de la historia rockera toda que, desde el clásico formato "guitarra-bajo-batería", aportó algo realmente nuevo, distinto y necesario. Y hasta día presente. "The eternal" es al fin, por todo ello y más, un disco magnífico lo mismo que un documento imprescindible en la leyenda rockera. Un último ruedo y una última lección donde Thurston, Lee, Kim y Steve (-y el "pavement" Marc Ibold, para la ocasión-) nos enseñan cuán gratificante, por difícil resulte de asimilar ocasionalmente, es extraer belleza de la suciedad y rescatar armonía desde el caos. Y  quizá no cabía otra viniendo de ellos, los hijos "velveteros" más constantes, si. Pero no es algo que se asemeje precisamente fácil y, desde luego, ellos lo lograron como bien pocos. Quizá más veces que nadie. Por eso son eternos. Y qué le follen a Galactus. 

2 comentarios:

  1. Sin martingalas mil: una puta obra maestra. El mejor adiós posible, portada incluida. ¿Quién ganaría uno de esos hipotéticos combates tuyos entre Sonic Youth y Thee Michelle Gun Elephant?

    Abrazos.

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    1. Mira qué coincidimos por lo general... pero con esto ya quedamos a las puertas de ponernos túnicas y montar la primera secta noise del planeta... De no ser por el "tema portada", eso también, si. ¿SY vs. TMGE?... Mmmm ...Dinosaur ! (jajaja)
      Abrazo, Gonzalo !

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