domingo, 25 de marzo de 2018

ENCUBRIDORA (1952)

INTRO. Tercer, último y mejor ejercicio de intrusismo al western por parte del realizador favoritísimo, en la historia toda del medio, desde este espacio. No les engañaré aquí y ahora, vamos de cara, con el hecho de que (en base a las querencias propias) volcar la sabiduría on screen y la oscuridad narrativa del maestro "noir-expresionista" en algo tan avezado al sota-caballo-rey como es un western (y qué me perdonen los más fordianos de la sala, de ser necesario, pero es lo que hay) se me asemeja a algo afín a abrir una terrina del mejor caviar iraní para después hacerse un bocata con el pan de molde con el precio más "popular" del super... Tal cual. Un desaprovechar, en aras del espectáculo/pasta y a la brava, la mejor de las materias primas de manera completamente inexcusable. Con todo, qué duda cabe (y lógico, al estar ya Lang a estas alturas perfectamente asentado en el sistema de estudios), es "Encubridora" a la postre una de estas raras avis que riegan y dan mayor poso de grandeza al prácticamente inabordable acervo del realizador. Porque, aumentando lo sugerido en el ahora último paréntesis, la fatalidad y ruindad (sin olvidar aquello de los "motivos ocultos") que desfila en galeria por trama y personajes, nos traen a un Lang dentro de su "negruzco" elemento natural y, finalmente, porque el elemento "western" es aquí algo de ámbito meramente contextualizador, ya que ésta historia ofertada de contrabandos y traiciones podría sucederse con bien poco variar de maquillajes en la corte de Luis XIV o el senado de cuando Nerón (infinito -o poco menos- etc.). 

"SINOPSIS PRESTADA". Vern Haskell recorre todo el Oeste en busca del hombre que violó y mató a su prometida. Alguien le dice que quizá lo encuentre en Chuck-a-Luck, un rancho que sirve de escondite a toda clase de criminales y cuya propietaria es la cantante Altar Keane. Para entrar en el rancho sin despertar sospechas, se hace pasar por un forajido. El problema es que en ese lugar hay una norma inviolable: está prohibido hacer preguntas

A FAVOR. Cine negro disfrazado de "una del oeste" como seguramente nunca se ha visto. Tirando de un irreprochable Arthur Kennedy y, faltaría, del magnetismo inherente de una Marlene Dietrich que se come el film de un zarpazo (con su acostumabrada altivez impostada presta a quedar expuesta), y un uso del rodaje en estudio (tampoco hay exteriores aquí por raro parezca y como ocurrirá con la maravillosa -y piratera- "Moonfleet" de poco después) que sabe dar con esa medida justa de claustrofobia que el asunto pide y requiere, Lang se sobra y basta para bordar 90' más de cine a un nivel solo apto para los muy -MUY- contados y elegidos. Incómodo y árido film que se atreve además a conjurar (o "colar", en propiedad habida cuenta la época y el lugar) algo tan crudo como una violación, y posterior asesinato, claramente significado a modo detonante del hilo principal para la historia. También conviene señalar otro de los tics narrativos habituales del autor, además de la "omisión explícita" ya apuntada (recordemos que Lang es el rey de enfocar en fijo unos pies temblando, hasta el fin del estertor y para significar un estrangulamiento),  con esos "ir y venir" del protagonista que utiliza a fin de acrecentar la tensión contra-reloj de la trama... Por lo demás, aunque no recordaremos desde aquí ninguna virguería metalingüística de las suyas en forma de plano fijo generando omnisciencia para con el espectador y en contra del personaje, alguna sacada de lo suyo con el fuera de plano y algún rol que aparece de forma súbita (de "la nada", si prefieren) sí que se permite el viejo zorro. Muy recomendable en definitiva y a qué más.

EN CONTRA. Para los que les preocupen esas cosas, póngamos que la resolución del folletín no sería lo más inesperado del mundo... Aunque tampoco se qué esperaban los interfectos, habida cuenta el género: ensalada tiros al final la tiene que haber y la hay, que no queda otra (siendo ello una de esas cosas que, en efecto, me molesta -por lo abusivo y recurrente hasta la extenuación- de los westerns). Eso y, quizá, el rol de tercera "star" en discordia  otorgado a un vacuo e inocuo Mel Ferrer "más desaprovechado que Marlon Brando vestido de Don Pimpón" (Chiquito dixit en efecto y, en verdad, único tirón orejero posible al hacedor de "Metropolis" para con lo que hoy nos ocupa).


CONCLUSIÓN. Estimable Lang que, aún pasándolas más bien canutas para colarse en un hipotético top-10 de sus mejores films, consigue saltarse alegremente el etiquetaje de lo meramente "completista" en aras de su magnífica oscuridad y contundente viaje sin remedio a la perdición... "Ojalá  te fueras y volvieras hace diez años”, que le dice Marlene al otro... Impagable. En otra ocasión, si procede y por cierto, ya comentaremos que ésta película la persiguió con ahínco Lang en pos de, precisamente, relanzar la carrera de una Dietrich con los cincuenta ya rebasados pero aún en plena forma (por mucho que, de forma más o menos disimulada, ya se la empezaba a apartar para segun que funciones desde los estudios) y que, por lo visto y en oposición a ello, acabaron ambos (Marlene y Fritz) sin hablarse y haciendo la  convivencia en set imposible para ellos y todos los presentes... Pero eso, mis disculpas, es simple leyenda amarillista. "Encubridora", con la que por cierto perdemos el juego de palabras desde el original "Rancho Notorious" ("notorious" se desdobla, según acepciones, en algo "célebre", o bien, en algo de simple y llana "mala fama"),  es una señora película. Y eso es lo único que debiera importarnos al fin, está claro.

GUZZTÓMETRO: 8'5 / 10

miércoles, 14 de marzo de 2018

RECAUCHUTANDO DESDE EL EXILIO : #7. Aliens, ovejas y domingos en Madrid.


Genio absoluto. Casi inabordable, en realidad, por tan extensa en matices obra -mucho más allá del número de referencias que se quieran contar- y catálogo de posibilidades a disponer. Alguien que ha dignificado la música contemporánea como muy, muy, pocos. Tal cual y sin más. Este hombre (como Randy Newman en su registro más limitado -aunque igualmente necesario- y tan alejado) se descojona de las pegatinas habituales, rompe la baraja y se limpia lo que la gana le de con ella... No es alguien ni medio normal, mirándolo todo desde esa silla de ruedas que no es sino el más dorado de los tronos... Decodificador de muchos estilos que los profanos conocemos algo mejor a él gracias, ni que sea en pequeña medida, desde nuestra militante ignorancia. Este señor ha traducido el redil (varios rediles, en verdad) de lo específico a un plano terrestre, puro esperanto del... ¿rock?. Llámemoslo así, aunque en justicia sea más. Esto de hoy, finalmente, no es sino un conato (torpe si quieren) de acercamiento a una fuente creativa en convulsión continua con bien poco parangón en la música del último medio siglo: Robert Wyatt.

Y es que se intentará, se hará lo que se pueda, claro. Pero es jodido que por un lado debamos referirnos a este solo álbum que corona la entrada en pugna y yuxtaposición al instinto asesino de hacer un acercamiento global a un artista tan enorme y que no había aparecido por aquí antes... Rematando, claro ello, con que un mero y fugaz "acercamiento global" a Wyatt es como un flyer para la chapuza asegurada ya de arranque. ¿Cómo entender, -tratarlo ni qué sea-, un disco de este señor sin saber de su icónica y eterna relevancia progresiva?... O los dramas personales  desde su biografía... O su persistencia en hilvanar jazz, rock experimental, folkeos de todos lo colores... O sus colaboraciones casi incontables... O el que sea venerado y reverenciado entre lo más manido de toda la galaxia pop-rockera desde el año la alpargata... (exagerado etc). Algunas de esas cosas se entienden, no hay secreto en ello, echándole horas de vuelo a su obra (de alguna manera todo lo referido se hace notar en su discurso musical) , y algunas otras no es sino la respuesta lógica a la asimilación de lo que escuchamos. La propuesta de Wyatt no es de afuera para adentro... Empieza su historia con todo en su interior, a punto de estallar, y deteniendo en pause-still el momento de la detonación... Desde Soft Machine (sino antes con The Wilde Flowers), en Canterbury, con Ayers y cia a mediados de los 60's, y hasta anteayer. Y claro que no toda su obra son masterpieces, y (por lo general) su música no nos resulta apenas inmediata... Es la batalla del eterno explorador, por devoción y porque, sencillamente, no se detendrá jamás (no hagan caso de anuncios de jubilaciones anunciadas que este hombre es de "con las botas puestas" por naturaleza y sin poderse evitar). Da igual lo que pase a su alrededor: ¿qué gusta y la crítica se toca?... pues que les aproveche, ¿qué es flagrantamente ignorado/denostado?... pues ídem de lo anterior. 


Tras todo ello, sencillamente referir que elijo "Shleep" por, se admite, ser mi predilecto en las últimas de lo que se reconoce, mayormente, por su discografía en solitario estándar. En él, tras  su onomatopéyico y cándido título, se esconde un viaje con más estaciones que el Orient Express del que se extraen (y extraerán) gemas casi a cada nueva escucha. Es lo de siempre con este señor... Más allá de canciones más buenas o más malas, es capaz de encapsular el tiempo en pasajes y momentos concretos que valen por si solos lo que centenares de otros discos. Esto és así. Sin más, la alegre algarabía cósmica de la inicial de "Heaps of sheeps" da la bienvenida reforzando esa bonita portada que invita al soñar despierto y dormido. Hasta coreos que le metió a este montón de ovejas al galope en slow time.  Y sigue "The duchess"...  Y, cómo siempre, Robert tiene esa virtud única suya de acercar el jazz a la cofradía prog (aún la más militante o cerrada que piensa que ese estilo es solo para los que lo tocan y el resto es postureo), y, de la misma forma, el prog al sibarita jazzero, sea en modo free o no, de turno (que pueda opinar que cualquier forma de rock o pop es, básicamente, inferior)... Eso "lo tiene", es suyo, sí (okey)... Pero más alla de etiquetajes y huyendo de esa necesidad congénita de tantos, por no poner todos y en mayor o menor medida, por clasificar, tenemos la enésima evidencia de que este señor tiene como un acervo propio. Un género en si mismo si prefieren.  Tomemos por ejemplo esta pieza, evidentemente experimental, que le acerca a "Trout mask replica" (1969) lo mismo que, por qué no, a algún momento determinado del segundo disco de Eels (1998)... Es así. Demasiada distancia entre ambas cosas, demasiado distintos a cualquier nivel, y por ello y tras lo descrito (que és al fin a dónde se quiere llegar), realmente, ¿alguien piensa que puede limitar a Wyatt a un solo y genérico estilo?... ¿quizá a dos?...  Atendiendo además que el siguiente corte puede ser, -y és para el caso-, siempre algo distinto, otro volantazo y (sumemos todavía más) aún con las similitudes que nos hacen reconocer tan rápidamente al artista. "Maryan" es algo tan exageradamente hermoso y, a la vez, algo tan poco plano y evidente que intimida... Tiene vientos metálicos, y a la vez un limpiar escobillas casi de bossanova, hasta que asienta el liviano tono folk y lo reafirma (y lo hace cuajar) todo con unas cuerdas lloronas que desarman... Cuanta información, cómo procesar tanto... Pura emoción, mejor dejar de persistir en esbozar el menor de los sesudos análisis. "Was a friend" recupera la estructura menos inmediata (siempre en la medida posible con este músico) de la segunda pista pero, esos teclados... Ceremonial, casi fúnebre, el peso de una nota llevado al límite entre nuevos acercamientos jazzísticos. Y de nuevo el "elemento decodificador"... Nos lo traduce a los legos y hace que esa música, a veces tan complicada y retorcida para nosotros, nos abrace sin remisión. ¿Quién más puede hacer eso y ya sin entrar en toooodas las veces que lo ha logrado en su tan dilatada carrera?... Ni lo intenten que era retórico ello, adivinaron bien. "Free will and testament", antes de saltar párrafo, ya no me parece ni de este mundo... Lo dejo en un "el cielo hecho música" que comentaba hace unos pocos días en alguna red social y punto. Y esa sensación, siempre presente con Wyatt claro, de que nadie ha hecho más música para todos con la eterna paradoja a cuestas, -insaltable paradigma aquí-, de que su música "no és para todos". O eso reza el prospecto, vaya... y seguramente porque a Robert, puñetero él en su visión y arte, le importa más iluminar los rincones oscuros de la sala de baile que el siempre tan confluido centro de la misma. 

"September the ninth" sigue reforzando la idea motriz del álbum, ese leit motiv onírico que le alimenta desde la misma portada,  con otro ejercicio de free jazz reposado y esos vientos intermedios que se acercan y separan, meciendo, hasta que las voces dan el relevo para el tercio final. Otra miga de pan para el camino sin fin, vaya. Y, desde ahí, "Alien" coge el relevo para más de lo mismo que, contrariamente, no podría ser menos "lo mismo" en base a la música que se nos ofrece. Llegados a este punto, cómo no, ya hace rato que, perentoriamente, se ha dejado de molestar uno en tratar de encontrar la cantidad de géneros y subgéneros cruzados que puede meter este hombre en una sola canción... O estás para eso o te dejas llevar, está claro. Y lo segundo tiene la victoria tan exageradamente asegurada que para qué explicarlo. La más breve "Out of season" oficia de intermedio entre partes con su propuesta de folk marciano a modo embutido del bocata de Miles para la merienda. Y "entre partes", básicamente, porque las dos que vienen ahora son tan distintas entre si como con todo lo que precede... Y aunque sea ello una constante tan marcada en el habitual proceder del artista (insisto, que ni me cansa ni me pesa, que limitar a este músico a criterios progs o jazzísticos es quedarse un bastante en la superficie). "A sunday in Madrid", otra de "mis más elegidas" de la colección, es como la Incredible String Band en una tarde de vacaciones por la big city. Con su modo de incesante speech y encontrable (y hermosa) melodía instrumental de fondo encuentra a su vez, por si poco fuera, su relevo en este "Blues in Bob minor" que es, para entendernos, el momento mas "movido" del viaje y algo para lo que, directamente, no hay dinero en este plano de existencia... Y ya está bien que de vez en cuando haga alguna de estas Robert. Así deja claro que el camino, tan suyo  y tan propio, que ha elegido y le caracteriza no es óbice para que en un momento dado haga algo más o menos "estándar" y nos recuerde a todos que a completo le tosen bien pocos... aunque, ojo, se reincide en el "más o menos" (que están los teclados, percusiones y -parte de- todo lo demás, cómo no... no olvidemos sobre quien tratamos). Punto final con la tenue, espectral en verdad, instrumental de minuto y medio "The whole point of no return" que és como el final de los sueños y que, contradiciendo a su magnífico nombre, no te deja otra que volver a empezar desde el principio..."És un poco sobrecargado/hermético/pedante (etc.) este señor... no hay para tanto"... Y te lo repites -en bucle- una y otra vez... Sin podértelo explicar del todo pero tampoco sin poder evitar escucharle, al menos una última vez.  Que siempre, no quepa duda, será "otra" y no "la última".


Definitivamente ya, lo dejo en que para mi (y muy humildemente) Wyatt és, sea ciñéndonos al disco hoy destacado o generalizando (uno de esos casos tan contados en la vida donde ello no incurre en error), como ese libro enorme, gigantesco grimorio mamotretómico, con en el que uno se pelea siempre... Lo aparca, lo recupera, lo abraza y lo repudia... Hasta que, finalmente, te sobreviene la risa al entender, al fin, que el muy puñetero te ha vencido en tu puta cara y no te diste ni cuenta. ¿Alguna vez han jugado al ajedrez contra alguien que realmente, pero realmente (no de boquilla o gratuita jactancia), "sabe" de ello?... Ese momento en que, contra todo pronóstico, resulta que en verdad no tenías control alguno y, de inmediato, sabes que nunca lo tuviste... Robert Wyatt es, con perdón, el cabronazo Maestro de los cojones que esboza una casi imperceptible, afable y muda sonrisa al otro lado del tablero.



Robert Wyatt - "Shleep" (1997) : 10 / 10

01. Heaps of Sheeps/ 02. The Duchess/ 03. Maryan/ 04. Was a Friend/ 05. Free Will and Testament/ 06. September the Ninth/ 07. Alien/ 08. Out of Season/ 09. A Sunday in Madrid/ 10. Blues in Bob Minor/ 11. The Whole Point of No Return.

lunes, 12 de marzo de 2018

EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA (1964)

INTRO. Aunque le añadieran a partir de determinado momento lo de "Soy leyenda" entre parentésis (imagino que sería a tenor del remake de 2007 con Will Smith), aquí y para el film de hoy el título siempre fue -y será- como reza en cabecera. Y punto... O no, claro, que en definitiva la obra original literaria del señor Matheson se llama igual que la neomilenaria revisitación. Eso sí, quede claro en cualquier caso, que esto de cambiar nombres a obras pretéritas, en favor de variopintas promociones y madangas ulteriores, no me asocia a mi lo de santos y devociones precisamente. Entrando ya en materia, conviene señalar de entrada que estamos ante una de las obras más notablemente llevadas on screen del célebre y ya mentado Richard Matheson ("El increíble hombre menguante", "El diablo sobre ruedas" o -de muchísimos otros ejemplos posibles- varios capítulos de entre los más memorables de la impagable "The twilight zone"), lo que ya sólo por si mismo nos merece cierto y serio grado de atención. 

"SINOPSIS PRESTADA". El doctor Robert Morgan es el único superviviente de una guerra bacteriológica que ha asolado el planeta y convertido al resto de los hombres en vampiros. Su vida se ha visto reducida a una sola tarea: eliminar al mayor número posible de esos seres sanguinarios durante el día y soportar su asedio cada noche. 

A FAVOR. Para los que podemos ver pelis de Vincent Price hasta la extenuación (que por supuesto sobreactua aquí alguna que otra vez, como prácticamente siempre y con esa teatralidad afectada que, por contra, a muchos nos resulta impagable y siempre bienvenida) la cosa se contesta sola. Algunos planos exteriores aportan con solvencia la majestuosidad que merece la historia (para otros pocos entonemos lo del "pasa palabra", eso si) y, especialmente, en algunas tomas largas  donde de la desolación lograda resulta, ocasionalmente, muy apreciable. La música (y la ausencia de ella) envuelve bien el asunto aún sin alcanzar lo memorable, y aunque el resto de personajes oscilen entre lo olvidable y el mero figurismo, nada nos chirría tampoco en esa dirección. Por supuesto, donde el film se hace grande y nos atrapa es en su humor negro soterrado (esas interacciones nocturnas con "los vecinos" son la leche), las andanzas con el día a día y el noche a noche de su  protagonista (aunque algún flashback de menos tampoco hubiera estado mal) y la sabiduría que queda en remanente en las post-lecturas, aún a pesar de que sus realizadores lo sacrifiquen un poco bastante más de lo conveniente en aras de una mayor, y más vendible, ligereza. Una pena esto último, ni qué decir. Con todo, no nos confundamos, es un film entretenido, que cumple y que, por su bien medido metraje y lo contundente de su premisa-base desde el relato, no alcanza lo de "plenamente recomendable" por más poco de lo que quizá pudiera parecer. Ni que sea por el inolvidable Sr. Price, está claro.

EN CONTRA. No nos andemos con medias tintas, al menos ésta vez: cualquiera que haya visto unos pocos capítulos siquiera de la inolvidable serie televisiva de "La dimensión desconocida", ya mentada en el primer párrafo, acoplará sensaciones y texturas a un elemento que, aún  siendo cine, bien podría ser igualmente (o en mayor proporción, tirando de honestidad) televisión. Que tampoco es el problema más grande de la vida a niveles de mero entretenimiento. Pero ese "daba para más", para su conversión a la gran pantalla y de haber caido en manos más capaces, está ahí. Y nadie se engañe por el hecho de que el propio Matheson formara parte del staff de guionistas... Domeñar un medio no acredita para poder desenvolverse con plenitud (o ya meramente a niveles parejos) en otro distinto, y esto no es sino uno de tantísimos ejemplos posibles de una cuestión donde las excepciones son muy notables pero, a la postre, francamente pocas (que por eso destacan y se suelen recordar tanto, además). 


CONCLUSIÓN. Qué lástima cuando un film que gusta nos deja ese poso del: "pero podría haberme gustado aún más"... Como, sin duda y para quien suscribe, es el caso. Los dos realizadores firmantes no tuvieron el oficio o el arte (u otras cuestiones que tienen que ver más con apéndices colganderos, quizá) de derogar la militancia de género en favor de una búsqueda hacia cotas más altas y, en bagajes finales, "el todo" se acaba resintiendo pues, en efecto, la historia daba para más. De no estar tan fervientemente adscrito a su género, de haber aprovechado los matices que Matheson les regala desde el texto original (y sin entrar en las -perdidas- posibilidades visuales que desde ahí se generan, para no hacer sangre) , éste largometraje podría haber sido una cosa muy seria en términos cinematográficos y su postergación en la historia (que no en la "cultura popular", ahí siempre ha funcionado bien y lo seguirá haciendo)... No se hace hincapié en la crítica social (lo de "¿quién es realmente el monstruo?", si nos ponemos a tirar hilos), adherida a estos "últimos hombres" que se limitan a quemar cadáveres, en vez de buscar soluciones con mayor denuedo; tampoco en los distintos tipos de estos "vampiros" y sus circunstancias; o, desde luego, en una mayor profundidad para con su rol protagonista en cuanto a su historia personal que es un sota-caballo-rey como un piano de cola (una menor declamación y flashbacks menos estirados, en favor de una mayor variedad de circunstancias y situaciones antes, durante y después de la epidemia, le hubiera sentado de lujo al tema). Con todo, Matheson es Matheson y Price es Price, y un algo de ellos se sobra y basta (no quepa duda) para que, al fin, el asunto siga funcionando por años pasen. Y aún sin enamorar como podría haberlo hecho. 

GUZZTÓMETRO: 7 / 10

jueves, 8 de marzo de 2018

ABOUTADES : #2. WES ANDERSON

Pues con la tontería se cumplieron hace dos años las dos décadas del "estreno de largo" de Mr. Anderson como cineasta. Ocho largometrajes y una colección de cortos y colaboraciones varias después, creo que ya puedo afirmar firmemente, sin mucho miedo y/o rubor, que estamos con este tipo ante mi realizador favorito de los surgidos en dicho periplo de tiempo. Y muy claramente, además, qué narices. Con toda su ligereza, hasta candidez desmedida a veces, Wes ha acabado por procurarse un estilo, y una capacidad narrativa, propia e inmediatamente ubicable a poco asome nadie por cualquiera de sus films. Lejos de los efectismos "palomiteros" de los Shyamalan, Boyle o Nolan (etc) que desde ya hace algún tiempo imperan, el tejano ha terminado por alzarse en la consabida isla en la tormenta, y superando por el camino (y por pura y dura constancia) las meritorias obras puntuales que algunos reseñables coetáneos suyos como los, a modo ejemplo rápido, Mendes o Payne hayan -y han- podido ofrecernos... Otra cosa es que Yimou se desayune bien un par de días y te plante cualquier barbaridad en los morros, cargándose cualquier estúpido ranking se le cruce en el camino... Pero ese estaba  de antes y es desviarse del tema, si. 


El colega de farras e inquitudes de los hmnos. Wilson me -como dirían beyond del charco- "campeona" desde las directrices apuntadas por, y para resumir, generar en su obra esa virtud estética que comentaba arriba, sabiéndola aplicar a una narrativa on screen que, siempre o casi, me resulta inefablemente interesante. Magnética incluso en sus lances más logrados. Inconfundible (hasta casi ya el autohomenaje a estas alturas) en lo visual, con un denuedo y cariño que transpira más allá de la pantalla por la música (original o no) que nos sirve en todos sus films, esa facilidad intachable en la construcción de personajes carismáticos innegable (mediante, está claro, a la fidelidad de unos intérpretes determinados más, importante esto, ese conseguir "hacer suyos" sin remisión y de forma natural a los que se van incorporando) y rematando, obvio, por un gusto muy particular por esta narrativa sincopada que pasa de la deleitación por la belleza de lo meramente contemplativo a un correcalles desmedido, o un ardid cómico completamente inesperado, para el minuto siguiente... Por todo ello, digo y sigo, Wes Anderson me merece desde ya (y a pesar de toda la tralla que aún se le presume a sus cuarenta y siete primaveras) un figurar, cuánto menos, en los libros de la historia del medio. Tal cual. 


Además de todo ello, donde debiera quedar claro que Wes es -qué duda cabe- un "esteta" sin remisión, si, pero (primordial !) "con contenido" para la ocasión (nada que ver con las Sofias y Solondz de turno), y que sobrevuela a una altura inmedible por encima de todas esas bagatelas de "Junos" y "Miss Sunshines", tan mega "cool" e insufribles para quien suscribe (quien no vea la diferencia entre esas chorradas y cosas como "Entre copas", "American beauty" o incluso "Cómo ser John Malkovich", que vuelva a la casilla "Porkys", por favor), tenemos el hecho de que éste realizador ha logrado una cosa muy difícil en este medio (por la humildad y honestidad se requiere) en su todavía lozana singladura: "autocorregirse". Ahí donde, en cronologías, los Coen la cagan (hasta que lo contrario demuestren y, la verdad, poca sino ninguna esperanza queda ya), Wes ha conseguido regenerarnos a muchos la alegría y buena salud de sus primeros films... Y no creo, no pinta al menos, sea fácil ello. Fíjemonos en los Coen, ni que sea por seguir con el ejemplo dispuesto... Hoy venidos a menos y siendo criticados con vehemencia (y seguramente con toda la razón para mayor inri) por sus últimas obras, este par (para no pocos, al menos) realizaron siete films seguidos de una tacada (los siete primeros y/o  hasta el Nota, vaya) que a muchos nos siguen resultando algo de pura y dura veneración hasta los restos. Desde ahí, y siendo uno "coeniano" además, solo cabe rendirse a lo evidente de que únicamente  en "El hombre que nunca estuvo allí" y quizá, -siendo extra-benevolente-, en su famosa y oscarizada recreación de Cormac McCarthy, se acercarán de nuevo Joel & Ethan a sus mejores y mayores logros remotos... Los que somos (o hemos sido) muy fans podemos tener siempre la mayor de las mejores intenciones llegada la hora de ponderar la nueva referencia que toque pero, aún desde esa tan subjetiva perspectiva, comparar sus dos últimos films, mismamente, con cosas del tipo "Muerte entre las Flores" o "Barton Fink" (o incluso "Rising Arizona", qué cojones), es algo que duele en el alma. Esto es así.... y sígamos en siguiente párrafo, con su permiso.


No es algo nuevo ello, faltaría, ese "decaer en calidades" de forma estrepitosa e incluso hijoputesca (a colación de las expectativas a la postre erradas de quien toque) en  "opuses" varios ... Y solo el tiempo, cómo no, nos demostrará si responde ello a un pozo que ya se secó, o por contra, a una (o más de una) piedra puntual en el camino producto de la autocomplacencia. Y curiosa la constante que este último concepto nos trae a veces... Lo hemos visto tantas veces...Pareciera que no hay nada peor para un cineasta, incluso uno de mucho talento, que la lisonja general, el parabien externo desmedido... Ahí, por esa misma razón se puede sospechar sin mucho ambage, tuvimos al Trier puntualmente perdido para la causa en la chirigota "gafapastera" y sin sentido de aquello del "dogma" tras una retahíla de films tremenda, o por ejemplo también, al Jarmusch de esas "Flores rotas" que a tantos entusiasma pero, desde la humildad y tal, me resulta algo directamente impresentable y hueco de emoción alguna viniendo de alguien que se ha marcado maravillas como "Dead man", "Down by law" o "Night on earth"... En el caso de Wes, dicha "autocomplacencia", llegó con su cuarto film: "Life aquatic". Pero por partes, mejor. Tras un primer film divertido pero obviamente no exento de carencias (tenemos en "Bottle Rocket" una autoparodia de Caan magnífica y se apuntan muchos de los rasgos futuros pero, en efecto, hay ciertos sobreafectismos dramáticos que no pegan en algo tan liviano... las "ganas de demostrar" desatada del primerizo, cabe adivinarse aquí -o su "Rising Arizona", a la que no le llega al ombligo ya puestos, particular si prefieren-), un segundo donde la mejora es total que no meramente palpable ("Rushmore Academy" es la leche de divertida y Murray se sale por todos lados, qué duda cabe, en éste su primer film de auténtica enjundia) y un tercero, finalmente, donde ya se empieza a asomar el concepto "masterpiece" desde algunos voceros de "la especializada"  (ya puestos, "The Royal Tenenbaums", aprovecho, es mi película favorita suya junto a la todavía hoy última estrenada -suerte de "cuarto mandamiento" rociada con comedia urbana del mejor Allen y un poco de "absurdo" putámico a modo aderezo final-), tras todo ello (insisto), alguien le empezó a calentar la cabeza a Wes con lo "genial" que era o, tranquilamente, él mismo se vino arriba a lo bestia tras la ingente colección de críticas positivas acumuladas y atenciones por doquier recibidas. Resultado: su primer paso atrás. Cómo no.


Y, atención, que  "Life Aquatic" tiene igualmente una serie de activos acojonantes: seguramente mi "soundtrack original" favorita en su filmografía hasta hoy reside aquí (y no lo digo por las bonitas covers acústicas de Bowie por parte de Seu Jorge, que ahí quedan también), algunas de las escenas más icónicas en lo visual y algún que otro viraje cómico altamente cachondo también se hallan en este film, si, pero... La historia, aún con todo el embalaje "wesandersiano" a ubicar claramente, se nota menos tensa, natural y fresca, demasiado autoconsciente (debatida en demasia y estructurada en base a un montaje final que, tijera en mano, se sabe espera al final del camino) al comparar con lo ofertado hasta entonces. Aquello del "mola, pero...". Para rubricar dicha sensación, seguirá el que para mi es claramente su referencia menos lograda: "Viaje a Darjeeling"... Que de nuevo, y porque este tipo es muy bueno (básicamente), no es algo que deba tirarse a la basura sin más, ojo. Aquí está la famosa carrerita de Brody y Murray en pos de no perder el tren y con la gloriosa "This time tomorrow" de los Kinks de fondo o, atención, esa especie de travelling frontal de casa de muñecas, ya al final, con el devenir de todas las almas que alimentaron la historia y su suerte al final del relato. ¿El problema?. Pues todo lo que queda en medio. Grandes panorámicas, grandes conversaciones, grandes "lo que sea", pero al fin, a mi todo esto me importa tres mierdas, oiga... Nada, que no conecto (¿seguro qué no es de la hija de Francis este engrudo?, tiene todos los rasgos). Ni tan siquiera la impagable Huston, casi al cierre, puede rescatar algo tan irremediablemente destensado e insufriblemente naif (de verdad que, por numerosos momentos, a mi esto se me asemeja a unos pijos angelinos de "chupi-exóticas-que-te- supermueres" vacaciones cámara en mano que, en absoluto, el viaje de redención zen que parece se nos quiere vender). Y a pesar del par de virguerías apuntadas, en esta (única, hasta hoy al menos) ocasión a lo de "esteta con contenido" se le puede cambiar la preposición del medio con sangrante asertividad. Eso si, aplausos en las gradas, Wes es mucho Wes y le dará la vuelta a ello, a lo grande y como ya se apuntaba más arriba... 


Lo siento si me paso de listo al parecer de alguien, -perdón incluso-, pero ese lustro (inédito hasta entonces) que se toma para su siguiente film "normal" (o "no animado", en propiedad) nuestro protagonista de hoy delata, ya del todo, ese darse cuenta de que "no vamos bien" (por la vía ésta del Darjeeling, sobreentiéndase ello)... Había que tomar medidas. Y se tomaron. En medio de una y otra, a finales de la pasada década, el muy granuja se refugia (muy inesperadamente, además) en la animación stop-motion de su cachondísimo "Fantastic Mr. Fox" y, -alehop-, de repente "vuelve a molar", y en la buena acepción de ello (cómo no hacerlo con un zorro-títere que galopa por el campo al son de los mismísimos Stones...nos jodió). Ahí teníamos de nuevo al Wes irreverente y gamberro, nos despedimos del "exclusivamente -o casi- contemplativo" y, en síntesis: nos volvemos a divertir (pues, nadie se engañe, Anderson es ante todo un "director de comedias"). Tras ese "giro hacia la luz", nos llegaba al  fin (ya en 2012) "Moonrise Kingdom", donde volviendo a sus orígenes (infantes mediante) logra al fin sacar a pasear toda su cacharrería habitual por unos planos/secuencias exteriores (obviamente, para cualquiera que conozca el film, encontrables mayormente en la primera mitad de metraje) que son, AQUÍ SÍ (por aquello de estar engastados a un sentido argumental y ser consecuentes a partir de ahí), para aplaudir hasta la autolesión... Puede que, en efecto, estemos parcialmente al menos (que repito lo de "desde la primera mitad del film") ante lo más logrado hasta hoy por este cineasta a niveles estrictamente visuales. Tan arriba llega en esto  que no será hasta revisualizaciones posteriores donde, finalmente,  aprenderemos a apreciar una segunda mitad (y resolución de la historia) que de malo no tiene un ápice y que, en verdad, oferta un logrado contraste, con ese -intencionado- ritmo desbocado y desfilar de roles sin pausa, al comparar latencias narrativas con lo que precede... Así y de nuevo, el cabrito nos alcanzaba su más plausible rasgo distintivo al recuperar, lógico, sus mejores formas:  "llegar a lo grande en emoción/satisfacción desde lo pequeño de lo cotidiano/doméstico". Bravo, si... Pero es que, y esto es lo mejor, para su siguiente película (y todavía última hasta fecha presente) el bandarra se superará ya a lo burro y del todo... Así de cara y desde ya: "El gran hotel Budapest" es una maravilla de principio a fin. Sin mácula ni decaer existente, desde su misma presentación. Divertida, nostálgica (en ese sentido entre lo patético y entrañable que tanto le/nos gusta), muy bonita sin más (aunque con algún lance de mala leche que ahí queda) y con un plantel de personajes tan variopinto como impagable (de nuevo esa tan certera "coralidad" de los Tenenbaums, y aunque aquí los protagonistas son más que evidentes)... Todo "lo mejor de Wes Anderson", al fin,  centrifuga y funciona en este film como debe y se espera. Y ahí estamos, ya para terminar, con las expectativas por las nubes y esperando para ayer la siguiente andanada... Para la que, por cierto, parece ser volverá a la animación... Pues bien por él, oiga, que haga lo que quiera. Ya no tiene que demostrar que es bueno (ya no necesita viajes a ninguna parte), ahora lo sabe y -la cague o no- se intuye fácil que, venga lo que venga, será ya genuinamente "wesandersiano". 

miércoles, 7 de marzo de 2018

ROCKUMENTAL: "Gimme danger" (2016)

Como adicto, quizá enfermo (por qué no), del sub-género llamado "rockumental", creo tengo bastante claro a estas alturas que el ofrecer un documento/producto en ciernes que, REALMENTE, alcance la vitola de lo plenamente recomendable sin reservas medien se antoja algo muy, muy complicado. Lo que sigue ya lo he comentado alguna otra vez en éste mismo sitio pero, si, creo que (precisamente por lo que precede) se debe incidir en ello...Y es que ya mismamente las variables mil en base a los gustos y querencias del quién -y el qué- contempla convierten, desde la misma premisa inicial, el asunto en rehén de una objetividad directa y plenamente imposible. Además, siempre está el hecho de que, en definitiva, un documental (o bio-documental, rockero o no) no deja de ser también una ficción donde los actores, sencillamente, hacen de si mismos ofreciendo una visión (para bien o/y mal) completamente parcial. Sólo queda pues, en efecto, aplicar una confianza ciega a que el realizador tenga un punto de vista que encaje con las expectativas personales de cada uno... Que deje de lado (o no) los aspectos ajenos a la leyenda para centrarse en temas más personales; que se centre (o no) en la obra editada y conocida pura y dura, pasando de procedencias y génesis del artista; que aporte (o no) un carrusel de variopintas opiniones que van desde la viuda, pasando por el repartidor de leche, para llegar al periodista de turno que parece, en algunos casos, viva enclaustrado en este tipo de productos... Considerable etcétera. El ansiado equilibrio siempre será pues de una subjetividad galopante, por pura inercia y condición. Pasa, eso sí, que de vez en cuando te cruzas con algo como el documental "Nothing can hurt me" con la singladura de Big Star (ya aquí abordado tiempo ha) o, por supuesto, éste magnífico "Gimme danger" de hoy a costa de los sacrosantos Stooges y es entonces, -oh brothers & sisters, incluso-, donde todos los prejuicios y diretes nos van importar entre exactamente poco y definitivamente nada. O quizá algo menos. 

Jarmusch es un grandísimo cineasta y, obviamente, un grandísimo fan de los Stooges. Y se notan ambas cosas. Que no les engañe lo que puedan escuchar o leer, la estructuración y planteamiento de este "rockumental" está tan por encima de la media que, de hecho, ni vislumbra de lejos ese ecuador imaginario que nos separa el documento válido del mero panfleto. Imposible que esté todo, pero el todo que ya sabíamos está, algo de lo que no también, las imágenes de archivo no faltan y, entre muchas otras cosas, que el grueso de la narrativa -y recuerdos- corran por cuentas del propio Iggy (especialmente y cómo no), de los Asheton (en paz nos descansen ambos monstruos -y qué pena que Scott no llegase a ver estrenado el film-) o de James Williamson, es algo que nos hace sumar el tema hasta lo enteramente estimable y de pleno. Toda la vida artística de la formación que se nos enseña, en conjunto y en sus distintos capítulos, queda intachablemente retratada, lo mismo que su impronta en la historia, la influencia que genera para un sindiós de músicos... El encuentro con sus también imprescindibles compinches de promoción, estilo y lugar Mc5, el cambio a las seis cuerdas de Ron (uno de los momentos más felices de la historia rockera toda) antes de la llegada de James, el reencuentro y reconocimiento masivo (al fin) sobre tablaos desde algún momento de la década pasada, el adiós de Dave o, ni qué decir, las inagotables y variopintas movidas mil de Mr. James Newell Osterberg, Jr... Todo se hace su espacio y lugar en "Gimme danger" de una manera fluida, en su medida justa, y hasta darnos una visión global de la importancia y grandeza "estuchi" que no por ampliamente conocidas dejan de resultarnos satisfactorias. Los jodidos Stooges, siempre lo indecible de más que perros y búsquedas con destrucciones, aquella fuerza telúrica sin medidas ni contemplaciones que arrasó con todo a su paso, y pasando de reconocimientos y claudicaciones en el proceso... No hay documento, aún contradiciendo todo lo que aquí se explica de forma tan ex profesa, que les pueda hacer justicia del todo seguramente, ok... Pero "Gimme danger" es un goloso festín que, no se dude, se alza al fin en indispensable por el pulso y oficio (y cariño) de quien lo firma y (de cajones ello) por el puro y duro magnetismo de la tan legendaria formación que lo protagoniza. Obligatorio para cualquier amante de "esto de las guitarritas" que respete un mínimo la historia del medio (y a si mismo, ya puestos), y a qué más.

martes, 6 de marzo de 2018

LA BRUJA (2015)

INTRO. Resumido a la mínima expresión y para no hacer perder tiempos a los poco pacientes... Si van a ver un film de terror de los estrenados en el decenio presente, y hasta hoy, de verdad que se lo prometo: que sea "Babadook" (ya aquí revisado) o éste. Así de rimbombante y certero a la par que me resulta el tema. Amén de lógico, en el momento que se repara en que ambos films, y ambos óperas primas, son la niña de los ojos de sus respectivos realizadores tras largo tiempo de ser pulidas, matizadas y sintetizadas hasta su mejor y más reluciente presentación. "The witch", como ocurría con la película de Jennifer Kent, huele a limpio, a desacomplejado y, por supuesto, a todo lo contrario que suscitan las "producciones en línea", firmadas las veces por algunos nombres afamados desde ya hace varios años (y que, ni qué decir, nunca o muy esporádicamente resultan necesarios), que se suelen vender desde las habituales procedencias mayoritarias -y más pudientes en presupuestos y promociones- para con el género que hoy toca. Tirando de paráfrasis y menos rollo: transpira el cariño que se le ha puesto, de principio a fin y desde cada uno de los vericuetos que la componen. Y, antes de ponernos a enumerar sus tantas bondades, una apuesta personal: me juego lo que les de la gana que Robert Eggers a visto la danesa, inmarcesiblemente magnética y cuasi centenaria "Häxan" ("La brujería a través de los tiempos"/1922, una colección de imágenes que machaca el subconsciente y fascina sin remisión como muy pocas cosas desde la historia toda del medio y arte) más veces incluso de las -salubremente- convenientes. 

"SINOPSIS PRESTADA". Nueva Inglaterra, 1630. Un matrimonio de colonos cristianos, con cinco hijos, vive cerca de un bosque que, según las creencias populares, está dominado por el mal. Cuando el hijo recién nacido desaparece y los cultivos no crecen, los miembros de la familia se rebelan los unos contra los otros: un mal sobrenatural les acecha en el bosque cercano.

A FAVOR. Incidiremos continuamente en su propuesta visual, está claro. La preciosista elección de paisajes y lugares, la brillante y sugerente colección de encuadres tan diversa y que tan bien sabe alzarse sin aspavientos ni estridencias (cosa a aplaudir con las orejas siempre en un director novel que nos alcanza un cierto nivel ya de primeras), la austera e intachable caracterización de sus personajes... Este "cuento folk de Nueva Inglaterra", co-producido por varios paises, rebosa credibilidad e inquietud de forma tan natural como incontestable. La elección sonora más allá de su música, usando las ausencias con una sabiduría casi impropia de alguien que se estrena tras la cámara, es otro activo a tener en alta consideracíón. O, desde luego, los intérpretes cuyo fantástico trabajo hace tan creíble el relato, ejerciendo de cereza en lo alto de un todo que, no se dude, de pastel no tiene absolutamente nada. A vueltas con lo mismo: se nota el fuego lento, el mimo en la estructuración y decisiones previas. Y no descontemos, por favor, el hecho de que los momentos de mayor tensión o impacto son siempre una recompensa que hallamos inefablemente engastados al lugar y momento que procede (nada de elementos "shyalamanteros" -excluyamos siempre "El bosque", si, que sigo sospechando que no puede ser suya-, ofreciendo un conjunto exclusivamente dirigido a ese "oh" postrero y a fin de excusar/compensar de un plumazo todo el interminable tedio que precede). En definitiva, se recomienda sin miramientos, desde este espacio, su necesaria visualización para zambullirse sin titubeos ni escafandras en su tan enfermiza como bella -muy bella, en verdad- atmósfera. No lo dudo, a pesar de su lozanía, éste film merece y debe permanecer en el recuerdo. Si atendemos, por último y  además, a su condición "de género" que, en efecto, debiera quedar trascendido meramente a sus fieles, la verdad es qué ya no sé que narices explicar más para convencerles a todos.

EN CONTRA. Evidente. Esa misma indisimulada pertenencia ya apuntada, tan obvia y hasta orgullosa, al género de terror le hará perder miles y miles de espectadores, solo por dicha y tan gratuita convención. Una pena, sin duda. Y tan luctuosa como inevitable para doble de escozor porque, ya sólo el mero aspecto visual sin más (que se insistirá una y todas las veces), convierte éste film en algo tan nutritivo como recomendable... En fin, un asco y tal vaya pero, en definitiva, qué se le va a hacer... Pinten con tiza un pentáculo y guarden sus prejuicios dentro durante hora y media a ver si funciona, es lo único que se me ocurre para con los incrédulos.


CONCLUSIÓN. Habrá que estar realmente al tanto con el tal Eggers. Veremos si mantiene pulso y estilo o, como Wan, se nos pone a hacer secuelas de "fast and furious" y "aquamans" (entre algún que otro acierto, siendo justos pero -en definitiva- tan relativo como esporádico ello en cualquier caso). La principal esperanza radica, y muy claramente, en que ningún otro realizador que haya cultivado el género en -como mínimo- el último cuarto de siglo de cine se acerca, ni en chiste, a la contundencia narrativa y lirismo visual de "La bruja" (de verdad que, para mi al menos, ni "los otros" o los "faunos" -lo mismo que cualquier martingala televisiva de Shyamalan que nos cuelan como cine y por ejemplo también-, etc, mantiene forma y ritmo como el estreno de Eggers) . Por de pronto, su siguiente proyecto se títula "The Lighthouse", juega con folklores propios de mitologías marinas y, además, ya cuenta con el gran Willem Dafoe en su elenco... No pinta mal, no. 

GUZZTÓMETRO: 8'5 / 10

lunes, 5 de marzo de 2018

CONSPIRACIÓN DE SILENCIO (1955)

INTRO. La carrera de John Sturges, caracterizada por westerns y films bélicos de amplio presupuesto (es el realizador de "Los siete magníficos" a modo ejemplo más popular), encuentra aquí su referencia más lograda y con mayor pulso cinematográfico, al menos en las siempre subjetivas cuentas de esta casa. Construida por completo sobre el volante del "pueblo pequeño, infierno grande" y no exenta de crítica para con el febrilmente endogámico sistema de vida que, incluso hoy, todavía impera en varios lugares de la geografía de la "deep America", "Bad Day at Black Rock" es un ejercicio de ajustada relojería on screen, muy altamente apreciable y sin apenas grietas a señalar.

"SINOPSIS PRESTADA". En 1945, un hombre con un solo brazo llega al desolado pueblo de Black Rock. Es John MacReedy (Spencer Tracy) y busca a Joe Komaco, un granjero japonés cuyo hijo le salvó la vida durante la guerra. El comportamiento de los vecinos es extrañamente hostil y grosero, y las preguntas de MacReedy sobre Komaco no reciben respuesta. Es evidente que ocultan algo, lo que despierta la curiosidad del forastero, que no está dispuesto a irse antes de averiguar el terrible secreto que esconde Black Rock.

A FAVOR. Hora y veinte clavada de oscura trama, en ritmo siempre creciente, para alcanzar éste  ejercicio de síntesis tan plausible como logrado. Sturges dispone una puesta en escena sobria y adusta a la par (sin estridencias medien) para apoyarse sin disimulo en un elenco -y personajes- sin margen de error y deja que la solidez argumental de la historia funcione por si misma sin jamás, importante y primordial matiz (que es lo realmente complicado al humilde entender propio), dejar sensación de abandonos o derivas. Spencer Tracy magnífico en su protagonista, siempre en esa cadencia que le es tan cara (a medio camino del espectador estoico y el carismático abuelete entrañable); el implacable trio de malvados Ryan-Marvin-Borgnine genera una inquietud y malas vibraciones casi palpables, ya desde su mínima y mera presencia; sin olvidar a esa Anne Francis tan hastiada del lugar y sus gentes; o, por supuesto, a Walter Brennan ejercitando un versión "muy libre" de lo que se espera del estamento que vela por la ley en el lugar... Por lo demás, se insiste, estamos ante un más que notable, sino directamente necesario, señalar sin contemplaciones un sindiós de miserias (extremas las veces) derivadas del estulto reduccionismo de miras y el odio gratuito más abyecto. Muy recomendable y más si -finalmente- sumamos, aún en una última ocasión, a todas sus bondades la tan ex profesamente ridícula disposición visual y mínimo tamaño del poblado donde transcurre la acción que, de alguna manera, nos retrotrae al tan cruel como inolvidable esperpento (por lo también patéticamente reducido del lugar en contrapunto al núcleo de pura maldad alcanzado) que, sin duda, Von Trier llevó al puro paroxismo para su maravillosa "Dogville" de tantas décadas después.

EN CONTRA. Realmente poco. Básicamente, cosas tan caprichosamente esporádicas como, por ejemplo, lo antiestético que se da en algún viraje semi-violento (o de mera pelea/escaramuza, en propiedad). En dicho apartado el sonrojante manotazo "karateka" de Tracy que se cruza por ahí en medio sólo es comparable a la controvertida coz burrera que Wayne nos regala en determinado momento de Liberty Vallance... (aunque, obviamente: otros tiempos / otros modos, tampoco debiera puntuar más allá de lo meramente anecdótico en justicia). El resto sería, no se dude, correr el riesgo de incurrir en contrariedades varias: no se puede aplaudir lo milimétrico del metraje y después, por la gatera, señalar la falta de épica que quizá se podría haber logrado con un desarrollo más espléndido en minutajes... Seamos consecuentes ni que sea por ésta vez, vaya.


CONCLUSIÓN. Magnífico, contundente y muy altamente recomendable film. Enésimo ejemplo, además, de que aunque se suela generalizar en algunos lugares (de forma harto somera, todo sea dicho) a aquellos 50's como una década perentoriamente adherida a las gigantescas superproducciones "cinemascópicas" (en lo que a cine estadounidense refiere), dicho decenio merece, por lo simple y llanamente heterogéneo, una consideración afín a la de sus dos más cacareadas y mejor consideradas predecesoras. Para mi puede que más, a decir verdad. Nunca, seguramente, se comercializó cine de tan alta calidad, tan variado y en tal cantidad desde aquellas latitudes... Y, por supuesto, aunque esta "Conspiración de silencio" no sea al fin "Sed de mal", "Centauros del desierto", "La noche del cazador", "Vertigo" o "Doce hombres sin piedad" -largo etc.-, es de esos films que ayuda a cuajar el guiso sin dobleces ni gestos a torcer. Y aunque no sea del Sturges mejor.

GUZZTÓMETRO: 8'5 / 10

viernes, 2 de marzo de 2018

REIVINDISCABLE : "Wish" / THE CURE (1992)

Lo del nuevo disco de The Cure (que se ve qué ya sí/ qué de verdad/ qué se lo prometo a todos que sale éste año -etc.-) ya empieza a parecer el cuento de la lechera, el del pastorcillo con el lobo y hasta el de la rata que barría su escalera. Todos juntos, revueltos y llevados casi al mismo absurdo, como pertoca a todo elemento netamente "choteable" que se precie. Particularmente, ni qué decir, me importa bien poco lo que se diga u escriba al respective, mientras se concrete al fin el asunto. Que somos muy de Robert Smith en esta casa, en definitiva. Además, a mi los dos últimos (tan atizados y denostados) ya me ofrecieron una fuente de sincero disfrute (de hecho tienen su propia "reivindiscación" pretérita en este lugar).  

The Cure tienen, por supuesto, el añadido de ser "una de esas bandas". Como, por ejemplo, ocurre con los Police, REM, Queen o hasta los aquí eternamente odiados (y perdón a todo melómano de verdad que por aquí se pase) "yutú", tienen un ramillete de hits cuya popularidad masiva les hace accesibles para un crisol de incontables seguidores. Y seguidores que van desde el enfermo que no sale a la calle a la luz del día para sacar lustre al busto de bronce de Mr. Smith compulsivamente, hasta el cabestro que solo tiene el "best of" de turno desde el año el anacardo pero que, eso sí, no se pierde ninguno de sus interminables bolos cuando pasan por su ciudad y por ende, así por la curra, se autolegitima como erudito en ciernes. Y todo lo que en medio pille, ni que decir. Especialmente dañino, eso sí, me resulta el "fan añejo" que ningunea, relativiza y/o hasta desprecia toda su obra desde el segundo lustro de los ochenta y ya para siempre... Pero eso es un debate quizá demasiado largo y toca, al fin, responder al título de la entrada.

Principios de los 90, tras la gira agotadora del célebre "Disintegration", que hizo plena justicia a su nombre (dejando a la banda hecha unos zorros a nivel humano en el seno de la misma), toca entrar a grabar su, ya de entrada, complicada continuación... És lo que tienen las ventas multiplatino inesperadas -el anterior había ido muy bien, si, pero el disco de "Pictures of you" fue mucho más allá-, partiendo de algo poco avezado al consumo masivo desde los muchos y distintos "apriorismos". A esas alturas, ni qué decir, sus fans más, póngamos, "cerrados" de otrora ya les miran con recelo mientras, en la otra esquina del ring, el "gran público" quiere -y exige- más "lullabies" y "just like heavens"... Y, así explicado, la verdad es que la dinámica y elección de los temas en "Wish" se deduce ipso facto. Quisieron contentar a todo el mundo sin dejar de ser "ellos mismos" (o "él mismo", si prefieren que, seguramente, sea más correcto) y, sinceramente, siempre pensaré que lo logró/lograron con holgura sobrada y solvencia plena. Da igual que "los amigos del allmusic" le pongan dos estrellitas, da igual lo que los antiguos fans cascarrabias -o meramente tocacojones- que se plantaron en 17" o Pornography quieran o pretendan aludir... "Wish" es un discazo. Sin más.

Deudor, sin duda y si se quiere (y qué importa ello a poco se analice, dada la envergadura de los temas), de sus singles estrella "high", "a letter to Elise" y, especialmente, "friday, i'm in love". Pero, igualmente, poseedor de una retahíla de esquinas oscuras prestas a brillar de improvisto, de grandilocuentes y emblemáticos acordes (cuyo obviar solo sirve para evidenciar -otra vez más- el nivel del que venimos tratando), y/o también, de una variedad que se escapa del autohomenaje para atreverse a explorar grandes territorios (expansivos como nunca pero sonando todavía, como procede, como alguien "meciéndose con un abrigo empapado al borde de un acantilado"). Los solo en primera apariencia lánguidos  lamentos de "apart", la superior "trust", o mi favorita en este apartado, "to wish impossible things" ya defienden por si solos la reivindicación profesa de esta colección de canciones. Tal cual. Pero es que además están esos estupendos topes para libros, densos para bien y poderosos sin discusión, que responden por los obvios "open" y "end", cada uno con su respectiva entrada para los restos (para incontables formaciones uno de los mayores momentos de esplendor cualquiera de estos dos temas, diáfano ello). También dan pábulo, por qué no, a los que aplaudieron momentos verbeneros anteriores como  "why i can't be you ?" y similares con la saltarina "wendy time", mientras se dispensan dos auténticos temazos como "from the edge of the deep green sea" y "doing the unstuck" (junto al single "high" y las "impossible things" los momentos de huevada cruzada absolutos del lote para quien suscribe). Aunque, eso si, seguramente sea en la maraña eléctrica de "cut" donde más y mejor se evidencia lo enorme de una música (Simon Gallup, déjemonos de leches y aprovecho, es uno de los mejores bajistas de la historia rockera y le pese a quien lo haga) que, en definitiva, vuela y volará siempre mucho más alto -y en más direcciones- que la de cualquiera de sus compañeros de promoción post-punkie. Para todo lo demás ahí están por supuesto sus cojonudos, famosos y emblemáticos singles. Pero eso sí (ya para cerrar), no olvides jamás que si alguien trata alguna vez de ningunearte, aún en lo más mínimo, éste pedazo de álbum encontrarás siempre la mejor y más definitiva de las respuestas,-para el tarugo infractor-, en la propia y fantástica rodaja que hoy nos ha ocupado el espacio: you wish impossible things... Tal cual.