lunes, 12 de marzo de 2018

EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA (1964)

INTRO. Aunque le añadieran a partir de determinado momento lo de "Soy leyenda" entre parentésis (imagino que sería a tenor del remake de 2007 con Will Smith), aquí y para el film de hoy el título siempre fue -y será- como reza en cabecera. Y punto... O no, claro, que en definitiva la obra original literaria del señor Matheson se llama igual que la neomilenaria revisitación. Eso sí, quede claro en cualquier caso, que esto de cambiar nombres a obras pretéritas, en favor de variopintas promociones y madangas ulteriores, no me asocia a mi lo de santos y devociones precisamente. Entrando ya en materia, conviene señalar de entrada que estamos ante una de las obras más notablemente llevadas on screen del célebre y ya mentado Richard Matheson ("El increíble hombre menguante", "El diablo sobre ruedas" o -de muchísimos otros ejemplos posibles- varios capítulos de entre los más memorables de la impagable "The twilight zone"), lo que ya sólo por si mismo nos merece cierto y serio grado de atención. 

"SINOPSIS PRESTADA". El doctor Robert Morgan es el único superviviente de una guerra bacteriológica que ha asolado el planeta y convertido al resto de los hombres en vampiros. Su vida se ha visto reducida a una sola tarea: eliminar al mayor número posible de esos seres sanguinarios durante el día y soportar su asedio cada noche. 

A FAVOR. Para los que podemos ver pelis de Vincent Price hasta la extenuación (que por supuesto sobreactua aquí alguna que otra vez, como prácticamente siempre y con esa teatralidad afectada que, por contra, a muchos nos resulta impagable y siempre bienvenida) la cosa se contesta sola. Algunos planos exteriores aportan con solvencia la majestuosidad que merece la historia (para otros pocos entonemos lo del "pasa palabra", eso si) y, especialmente, en algunas tomas largas  donde de la desolación lograda resulta, ocasionalmente, muy apreciable. La música (y la ausencia de ella) envuelve bien el asunto aún sin alcanzar lo memorable, y aunque el resto de personajes oscilen entre lo olvidable y el mero figurismo, nada nos chirría tampoco en esa dirección. Por supuesto, donde el film se hace grande y nos atrapa es en su humor negro soterrado (esas interacciones nocturnas con "los vecinos" son la leche), las andanzas con el día a día y el noche a noche de su  protagonista (aunque algún flashback de menos tampoco hubiera estado mal) y la sabiduría que queda en remanente en las post-lecturas, aún a pesar de que sus realizadores lo sacrifiquen un poco bastante más de lo conveniente en aras de una mayor, y más vendible, ligereza. Una pena esto último, ni qué decir. Con todo, no nos confundamos, es un film entretenido, que cumple y que, por su bien medido metraje y lo contundente de su premisa-base desde el relato, no alcanza lo de "plenamente recomendable" por más poco de lo que quizá pudiera parecer. Ni que sea por el inolvidable Sr. Price, está claro.

EN CONTRA. No nos andemos con medias tintas, al menos ésta vez: cualquiera que haya visto unos pocos capítulos siquiera de la inolvidable serie televisiva de "La dimensión desconocida", ya mentada en el primer párrafo, acoplará sensaciones y texturas a un elemento que, aún  siendo cine, bien podría ser igualmente (o en mayor proporción, tirando de honestidad) televisión. Que tampoco es el problema más grande de la vida a niveles de mero entretenimiento. Pero ese "daba para más", para su conversión a la gran pantalla y de haber caido en manos más capaces, está ahí. Y nadie se engañe por el hecho de que el propio Matheson formara parte del staff de guionistas... Domeñar un medio no acredita para poder desenvolverse con plenitud (o ya meramente a niveles parejos) en otro distinto, y esto no es sino uno de tantísimos ejemplos posibles de una cuestión donde las excepciones son muy notables pero, a la postre, francamente pocas (que por eso destacan y se suelen recordar tanto, además). 


CONCLUSIÓN. Qué lástima cuando un film que gusta nos deja ese poso del: "pero podría haberme gustado aún más"... Como, sin duda y para quien suscribe, es el caso. Los dos realizadores firmantes no tuvieron el oficio o el arte (u otras cuestiones que tienen que ver más con apéndices colganderos, quizá) de derogar la militancia de género en favor de una búsqueda hacia cotas más altas y, en bagajes finales, "el todo" se acaba resintiendo pues, en efecto, la historia daba para más. De no estar tan fervientemente adscrito a su género, de haber aprovechado los matices que Matheson les regala desde el texto original (y sin entrar en las -perdidas- posibilidades visuales que desde ahí se generan, para no hacer sangre) , éste largometraje podría haber sido una cosa muy seria en términos cinematográficos y su postergación en la historia (que no en la "cultura popular", ahí siempre ha funcionado bien y lo seguirá haciendo)... No se hace hincapié en la crítica social (lo de "¿quién es realmente el monstruo?", si nos ponemos a tirar hilos), adherida a estos "últimos hombres" que se limitan a quemar cadáveres, en vez de buscar soluciones con mayor denuedo; tampoco en los distintos tipos de estos "vampiros" y sus circunstancias; o, desde luego, en una mayor profundidad para con su rol protagonista en cuanto a su historia personal que es un sota-caballo-rey como un piano de cola (una menor declamación y flashbacks menos estirados, en favor de una mayor variedad de circunstancias y situaciones antes, durante y después de la epidemia, le hubiera sentado de lujo al tema). Con todo, Matheson es Matheson y Price es Price, y un algo de ellos se sobra y basta (no quepa duda) para que, al fin, el asunto siga funcionando por años pasen. Y aún sin enamorar como podría haberlo hecho. 

GUZZTÓMETRO: 7 / 10

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