viernes, 27 de abril de 2018

"PROVIDENCE" / Alan Moore

Que Alan Moore es un Genio narrativo, y sin discusión posible, queda más allá de toda evidencia. Que es el más nutritivo y fascinante creador de historias jamás aparecido desde el llamado "noveno arte" es otra. Y que, por supuesto, en esta casa se es fan del mago de Northampton hasta niveles de muy complicado plasmar en palabras, vendría siendo un poco lo que nos remata la faena. Porque ya no es sólo que el tipo firmase tiempo ha el mejor cómic que jamás me haya caído en las manos -y de muy largo- con el dichoso "From hell" (ya aquí hace tiempo reseñado), sino es que además y a su vez, cualquiera de sus creaciones (incluso las menos rimbombantes o reconocidas de primeras y siempre de entre las que he tenido la suerte de leer, al menos) supera en cuentas propias a lo que quiera quien sea se nos cruce. De hecho, a pesar de su tan orgullosa militancia por su vehículo artístico elegido, nunca puedo evitar -por sensaciones- una especie de aupamiento natural que trasciende a dicho vehículo y, que se lo prometo a todos, sin ademán ninguneante alguno. Todo: de Eisner a Gaiman pasando por Miller, "Maus", "El Incal" y/o lo que quieran y pretendan, queda barrido, como mera ceniza, de un simple y descuidado soplo sobre el tapete por parte del señor éste con barba y pintas.

Tras la insaltable intro, recupero hoy pues y para al espacio al tan famoso escritor (y personaje). La causa es lo que reza en título. Y la motivación es que todavía me cuesta creer lo que ha logrado con ello mismo, tras ya varías vueltas en la noria... Lo que no me había ocurrido con sus otras obras (con "V" y los "Watchmen" de frente y faltaría), llegada la hora de realizar un texto que de forma intrusa me apartara de films y músicas (que es para lo que existe mal que bien este tugurio, está claro), lo ha conseguido ésta saga  de "Providence". Los vericuetos victorianos de Jack eran insaltables, por lo ya explicado y no se pudo evitar sin más. Pero (y por seguir con los ejemplos más reconocidos -aunque los pantanos, bromas, ligas o prometheas, etc, ahí queden también por supuesto-) donde su "vendetta" aún siendo una pieza magistral se me perdía, por momentos, un poco en la autocomplacencia (era mucho más joven el autor, y aunque le guste el sermón a Mr. Moore y nos guste que lo utilice, la continuidad narrativa se resentía a veces con ello aunque, quede claro, fuera de forma muy puntual), o también, donde sus legendarios "Watchmen" a pesar de su incontestable grandeza estructural, rallando en la casi-locura y  genialidad a la par, me dejaban siempre el dedo pequeño del pie fuera por aquello de que, quieras que no, no dejan de haber gentes en mallas en danza por enorme sea todo, en "Providence", no. No hay "donde" que valga. No sucede ello, en ningún momento ni parada del viaje. Todo queda reflejado y representado sin el más mínimo e imperceptible de los reproches. No es "From hell", porque eso es imposible. Pero sí, en definitiva, me ha llegado a un nivel de satisfacción y disfrute que va incluso mas allá del resto de su largo (y casi imprescindible en su totalidad) opus, hasta fecha presente y obviando la ya repetida e inalcanzable salvedad. 

Lovecraft. Claro. De la colisión de ambos autores no podía salir nadería alguna. Y me apetece ahora, por qué no, unas pocas palabras sobre el tan célebre creador de mitos y leyendas. Para acercarse más a una idea general sobre la importancia y legado de tan  legendario escritor ahí tienen, muy fácilmente ubicable en la red además, el apreciable documental del "Miedo a lo desconocido" (también reseñado, hace lo suyo, en este lugar). Particularmente, eso si, lo que más me molesta, y desde hace largo tiempo, es algunas percepciones que con él se dan (dado y darán, por siempre y me temo). Desde algo tan atávico y pomposo como ese ponderar lo que proceda en base a una tabla (imaginaria a la postre y por supuesto) de "arte mayor y arte menor", a Lovecraft le sangra la nuca ad eternum y sin solución posible por las collejas recibidas. Y vaya mierda, sí. Ahí donde Poe, el otro autor anglosajón más reverenciado y plagiado/expoliado de siempre desde "el terror", se las apaña por persistir en la historia como el gigante literario que és (que, hombre, para un Dumas o Dickens igual no le alcanza, pero se puede ver de parrandas con los Verne, Twain, Melville, Stevenson -etc.-, sin muchos sudores y con ley plena sin que a nadie extrañe o rechine en exceso), a Lovecraft -y siempre desde esa culoprieta lectura de artes, mayores o no, referida- se le acostumbra demasiadas veces a negar panes y sales. Claro, ese estilo suyo de adjetivar hasta los adjetivos ya previamente adjetivados le suele jugar a la contra (carne de meme hoy día y en verdad: -"¿Cómo está la sopa Sr. Lovecraft?"... -"Mmmm... Ominosa. La sopa está ominosa"... y a qué más). Pero, ay, más allá de toda la cacharrería cósmica, las influencias ajenas que atesoró -desde fuera o dentro de "su círculo"-, el estar adscrito a un "relato breve" como medio casi exclusivo de transmisión, o tantísimas otras circunstancias, al final nos quedará invariablemente un hecho tan tajante como irrefutable: este hombre creó una manera de contar historias tan única como personal, sin parangón previo que se le ajuste por completo y que, faltaría, sigue nutriendo al "elemento fantástico" como uno de sus más incontestables y reconocibles mascarones de proa desde cualquier tiempo y lugar. No, Lovecraft no es sólo cosa de jugadores de rol aquejados de acné, teenagers onanistas compulsivos, amantes de videojuegos con camisetas heavies, y/o demás tópicos de a duro tres docenas...  Este señor, bastante ajustado de la almendra por otro lado (que eso también... y cómo si no), fue también un gigante... Que además cayó recientemente, unas seis décadas después de su adiós, en manos de otro gigante... Y hasta aquí que hemos llegado.


Y, tras todo ello, volvamos ya a la obra hoy nos ocupa. Para seguir, sin que sirva de precedente, un poco de información útil: la manera, en base a cronologías, en la que debe leerse todo el folletín. Fue a mediados de los 90 cuando Moore escribió, en una primera toma de contacto con la cosmología lovecfratiana, un breve relato titulado "The courtyard". Dicho relato fue llevado al cómic, ya a principios del nuevo milenio y bajo su exhaustiva supervisión, en una adaptacíon firmada por Antony Johnston que contaba, a su vez, con el magnífico trabajo del dibujante Jacen Burrows (y memoricen desde ya el nombre que es el tipo que se ocupará de toda la saga). Y ahí que se aparcó el asunto... aparentemente. Porque en 2010, y tras más de un lustro, Moore presentaba al mundo su "Neonomicon" (que ya el nombre te ubica un poco,si), que continuaba con lo relatado en "The courtyard", justo en el punto donde ésta termina (ambas obras, como todo lo que seguirá, muy plausiblemente editadas en un solo tomo por la editorial Panini en nuestras latitudes). "Neonomicon" es un relato francamente crudo. Como siempre con Moore, aludirá quizá alguien... Pues sí. Pero todavía más. Violencia, sexo y sucios lenguajes explícitos campan a sus anchas por gran parte del contenido. Y, con todo, a pesar de ese algo abusivo "efectismo" que parece sacado del libro de estilo de la HBO para cuando se les acaban las ideas ("cuando no sepas que hacer pon una polla o un par de tetas y arreglao") y que, a qué negarlo, puede confundir a más de uno, subyace en la historia ese "hay algo más que se esboza o susurra pero que no se nos explica", donde tan bien se mueve siempre el autor inglés. Además, al final y como suele ocurrir, tampoco hay para tanto (aunque eso sí, esto ya te avisa desde la portada con un muy inconfundible "solo para adultos" -que añadiría uno aquí lo de: "mantener lejos de...", ya puestos-), y "Neonomicon" és, en resumen, una bien resultona historia de polis con elemento fantástico (y sectas secretas piradas) que se las apaña tan ricamente para funcionar de forma autónoma. Pero, claro, si esto se acabase aquí, y ya de entrada, no estarías leyendo esto ahora mismo... Y es que, en efecto: ¿pues no resulta que, con todo ello, el muy cabrón no había hecho sino una introducción de "lo gordo" que todavía estaba por llegar?... 


Entre la primavera de 2015 y la de 2017, Alan Moore (con la ayuda de Burrows) escribe y edita "Providence", el acercamiento más delirante y desacomplejado a Lovecraft que, independientemente del medio, jamás me haya acercado a los ojos (fuera de lo obvio, con la obra del propio autor). Cada uno de sus 12 numeros (que Panini nos ha reunido en tres tomos) referencia -de manera directa, o más o menos sutilmente parcial- a, como mínimo, algún relato escrito por Lovecraft, y siempre maravillosa extrapolación mediante... Dunwich, Innsmouth, los gatos, los libros prohibidos, los cultos, las montañas y la locura. Sobretodo la locura, en realidad. "Providence" es una visita al zoo del bestiario (e imaginería) lovecraftiana de cabo a rabo y al revés. Sin embargo, ay, es que además Moore no puede negarse ese complicar la madeja suyo que le es tan caro y propio: un algo de áspera contextualización histórica, ese hacer parte activa al propio H.P.L. de la historia para alcanzar este metalenguaje casi imposible (que llega a la pura histeria al final cuando hace aparecer a la "persona real" -que existe de verdad y entre nosotros, vaya- que se considera el mayor erudito de la obra de Lovecraft en el planeta), o -por ejemplo también- todo el asunto con el diario personal del desdichado protagonista en su espiral de descenso continuo cerrando cada uno de los capítulos... Y más. Muchísimo más, en lo que no quiero rebozarme en exceso y en aras de evitar "destripes" gravosos. Recréense, busquen, investiguen y, por encima de todo, disfruten de los incontables pasajes que convierten "el todo" dispuesto en algo simple y llanamente memorable. Les repito de nuevo que, por favor, no se olviden (primordial) de la dupla Courtyard/Neonomicon antes de tirarse de cabeza con lo del título de cabecera de entrada, y lo dejo ya del todo no sin antes aplaudir con las orejas una postrera vez a éste señor, Alan Moore, quien rebasada ya su sexta década de vida ha vuelto a acercarme a un nivel de satisfacción y dicha, al leer un tebeo/cómic/novela gráfica, que jamás pensé pudiera repetirse. O casi. Que se peleen pues watchmens y vendettas por el bronce y hasta el fin de los tiempos... La plata, justo ante las mismísimas puertas del averno, se queda -al menos para mi- en Providence. 

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