sábado, 12 de mayo de 2018

"Bug" - DINOSAUR Jr (1988)

Treinta años del "bicho jurásico". Treinta años para "freak scene" (el "smell like teen spirit" de la generación anterior -como me la describieron una vez en el Ruta 66 hace ya algo más de dos décadas-). Y, faltaría, treinta años también para el último disco de estudio,  mucho antes del tan magnífico e impagable renacer neomilenario, con el line up clásico de la banda elegida, por encima de cualquier otra y para siempre, en éste lugar. 


Cuenta la leyenda que ya el año anterior "You're living all over me" logró poner definitivamente en el crisol de opciones a seguir en determinados  círculos, y muy en serio, a los Dinosaur. Pero, realmente y atención ruego, fue en 1988 y con "Bug" cuando cristalizó (o se profesionalizó ya en serio, si prefieren)  por completo el asunto. Plantar de seguidilla, en un periplo inferior al año, dos de los discos más seminales para la historia del medio partiendo de todo el convoluto aquel que se fraguó desde conceptos tan marcianos (entonces) como noise rock, college bands, hard core -melódico o no- o, entre otras y faltaría, el mismo indie rock (mucho antes de ser sólo sobre-comercializado y repelentoide "indie"a secas), tenía que dejar y dejó su huella ya de primeras. Diáfano ello. En cualquier caso, en octubre de la añada señalada, teníamos ya "Daydream nation" y "Bug" entre nosotros... Y siquiera tratar de empezar a hacer recuento de la retahíla de bandas y canciones que en la década posterior se nutrieron, con mayor o menor acierto y/o disimulo,  del dicho par de tótems resulta algo simple y llanamente inabarcable.  Dejando para otro día, no se dude, el disco de la candela negra de sus colegas sónicos (que por otro lado, como es bien conocido, los pasos de Sonic Youth y Dinosaur Jr se cruzan en muy numerosas ocasiones y hasta hoy mismo -lo que no deja de ser lógico: eran y son los dos "abusones" de la promoción, con el único permiso posible de aquellos más fugaces Pixies  del pleno esplendor-), el histórico tercer álbum del sulfúrico power trío Mascis-Barlow-Murph, y qué duda cabía, recoge hoy en la casa un tan humilde como muy sentido recordatorio... 

"Bug" se inicia con el inolvidable riff de la emblemática y tan jaleada "Freak scene". En la que tampoco nos quedamos demasiado, por lo evidente y obvio de su importancia en la historia, más allá de señalar (y ni que sea para que algún otro fan no me pegue por la calle o algo) su enfermizo e inconfundible overdub de capas guitarriles que sigue funcionando, hoy como ayer, tan incendiariamente fetén... Sin embargo, ya de salida, el elepé ofrece una limpieza  extraña y característica (sin olvidar nunca sobre quien tratamos, lógico -que aquí "fuzzean" hasta las panderetas al cabo y al fin-) que, de alguna manera, nos acompañará durante todo el trayecto (escasos 35') y que, a su vez, parece sacrificar parte de la frescura/locura del anterior monolito, en favor de una mayor cohesión y estructura lógica en la producción. Es más, horadando más en ello y por raro parezca como rara suene a alguien la andanada que precede al ahora mismo último punto y seguido, posiblemente (qué cosas) "Bug" sigue siendo hoy la más coherente y cuajada de sus propuestas de estudio, llegada la hora señalada de valorar la producción de un trabajo de estudio de Dino Jr como un "todo". Dicho ello, seguimos con el melodrama noisy de "No bones", que se retuerce hacia dentro con un muy reverberante bajo de Barlow manteniendo el guiso, que no hay cristo lo pague, y antes siempre de la, ya más que esperada, eclosión guitarril del capo. Todas son favoritas aquí, en cualquier caso, no vamos a jugar dicha baza... La más inmediata "They always come", mismamente, parece auspiciar los primeros metros de andadura para el celebrado  "wagon" posterior, para irse a pastos más emocionantes en su parte media (uno de los momentos más memorables en un disco ya memorable de por si, está claro)... Y cómo está, que debe insistirse una y todas las veces, Lou en éste trabajo... La saltarina y contundente "Yeah we know" se encarga de cerrar la primera parte del folletín y, por supuesto, sigue dejando constancia de ese mayor mimo en la producción del disco que aquí se alcanzaba (atención infinita por esos incontables matices que nos golpearán por siempre desde su tan engañosamente simplicidad aparente).


Sin compasión se nos cruce, la -para mí, al menos-  muy altamente adictiva "Let it ride" arranca la cara B con una velocidad y fiereza de muy difícil describir. Si Thurston o Lee le hubieran producido un disco a Neil, y por aquellos tiempos especialmente, bien fácil resulta imaginar por donde irían los tiros tras escucharla ni que media vez sea... Por su parte, "Pond song", con su más bucólico marchamo (aunque con sorpresa, que estaríamos buenos) es la otra puerta (junto a la tercera del lote ya apuntada) más claramente entreabierta al futuro "Green mind". Y entonces llega "Budge", con esa guitarra que parece sacada de su compañera de promoción "Teenage riot" (que quizá sea el revés la cosa, y viva todo ello en cualquier caso) y ese coro, tan querido como berreable, adherido al angst habitual de J al entonar... "Todas favoritas" escribía antes, si, pero por alguna razón y honestamente ésta (como "The lung" desde el anterior o "Muck" del que sucederá)  es innegociable en toda compilación casera que servidor pergeñe... Las cosas como son. Aunque también, y a la postre, cualquier canción de éste trabajo puede replantear serias dudas en dicha dirección... La tan inquietante primero como poderosa después "The post", con ese estribillo que se sobre electrifica a traición y los vericuetos intermedios de Mascis, resulta tan enorme como lo que se quiera. Si, además, tenemos a algún ferviente seguidor en eso de señalar piezas ninguneadas de grandes artistas en la sala, con ésta le toca la lotería varias veces en lo que a Dinosaur Jr pertoca. Tiempo sólo ya para la estruendosa histeria desatada de "Don't" a modo despedida, con Barlow dejándose el bazo como vocalista/gritador, en lo que sería la pieza experimental del trabajo y justo antes de marcharse con sus tremendos Sebadoh a liarla, dejando a J y Murph plantados con varios pares de narices... Todo un "precioso" final para algo tan denodadamente barroco y asilvestrado como "Bug", en definitiva (y aunque alguien quiera encontrar con ello contrariedad posible con eso anterior, ya doblemente explicado, de su mayor celo estructural en relación a lo que precedía). Desde aquí, con todas las opiniones y percepciones por doquier de quien toque según la parada del viaje, el resto es historia... Se reencontrarán de nuevo los tres a mediados de la pasada década y firmarán, ya que se ponían, cuatro de mis cinco discos de Rock favoritos en lo que de milenio va (el otro, ni qué decir, es la despedida de Sonic Youth... y qué cosas). Sea como fuere, que no falte el recojonudísimo "Bug" en ninguna colección privada que se precie... ¡ Y Feliz Aniversario !

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