lunes, 4 de junio de 2018

BLADE RUNNER 2049 (2017)

INTRO. Recogiendo opiniones y críticas por doquier de todos los tipos y colores se podría afirmar ya, apenas nueves meses tras su estreno,  aquello de "el pueblo ha hablado": la secuela de la legendaria Blade Runner no es el pestiño que tantos temían pero, con las excepciones de turno (que siempre las habrá -y  genial que así sea-), es algo que ni puede ni debe compararse con su tan reputada hermana mayor. Esto, ya de entrada, nos plantea una cojera importante llegada la hora de enfrentarse al film en cuestión. O así lo ve quien suscribe. Porque, básicamente, se nos demanda una predisposición determinada que no es sino una llamada a la benevolencia impuesta por la patilla y que, por supuesto y tras mínimo análisis, desemboca en una coartada muy calculada de antemano que, quieras que no, algo jode... El truco es fácil de entender, muy ladinos los responsable de éste film, si: no entramos a competir con "vuestra niña", sabemos que la nuestra no es tan buena pero, eso sí, lo haremos lo mejor que sepamos para complaceros y siempre con la cabeza gacha... Firmemos un pacto de no agresión y todos tan felices para casa... ¿De acuerdo?. Pues sí, vale... pero, también no, oiga. No firmo eso de "Hombre, está bien pero no la compa..."... Epaa, frena, frena, frena: yo haré lo que me salga a mí de las narices. Estaríamos buenos. Y más con algo que reza lo que reza éste film en título. Pues és ahora cuando les explico que el film de Ridley Scott es prácticamente -junto a "Manhattan" de Allen- el único  posterior a mi año de nacimiento (por allá las mitades setenteras) que siempre me encuentra y encontrará su sitio en el consabido -y absolutamente gratuito- "top-10 al uso de películas favoritas de la historia del cine toda"... Como se lo escribo y desde ni me acuerdo ya. Imposible para uno pues, y por bondades tenga el film (que las tiene, bastantes y algunas de puro aplauso), ponerse en frente una pantalla a ver una cosa llamada "Blade Runner 2049" sin un cuchillo pirata entre los dientes y asegurándome antes que la tabla de estribor está bien lijada... 

"SINOPSIS PRESTADA. Treinta años después de los eventos del primer film, un nuevo blade runner, K (Ryan Gosling) descubre un secreto profundamente oculto que podría acabar con el caos que impera en la sociedad. El descubrimiento de K le lleva a iniciar la búsqueda de Rick Deckard (Harrison Ford), un blade runner al que se le perdió la pista hace 30 años

A FAVOR. Vayamos de frente: estamos ante un cañón, irreprochable por completo, en el aspecto  audiovisual que se nos dispone. Y durante sus casi tres horas de metraje (ojo con esto también), nada menos. Aquel estado de impagable sedación entre las imagenes, el sonido y la música que tanto cariño y estima nos despierta -y despertará siempre- a algunos se alcanza, y en no pocos momentos, en ésta secuela firmada por Denis Villeneuve. Gosling se echa con solvencia el film a las espaldas con su muy correcto protagonista (para mi algo abusivo en tiempo en pantalla -lo que quizá delata ciertas carencias en lo tocante a "todo lo demás" desde la trama-) y los secundarios (que son absolutamente todo el resto del elenco -con Ford inclusive, nadie se engañe-) funcionan del mismo modo, o poco menos... Mencionar o reincidir aquí, y eso sí, que ese funcionar la otra ("la clásica") como un reloj en dos tramas paralelas a la par se sacrifica, con éste tan persistente protagonista, que dejamos de tener on screen muy raramente (sin desvirtuar ello el trabajo actoral de Gosling en modo alguno) ... Pero, perdón por disgregar, todo esto iría mejor en el siguiente apartado, está claro. Mejor centrarse e insistir, para el caso, en lo positivo. En el magnífico carrusel de parajes oníricos y sonidos new age que logran rememorar, y muy meritoriamente, el tan ubicable -por lo único- espíritu que Ridley Scott, con la impagable ayuda de David Webb Peoples, Hampton Fancher y, especialmente, Vangelis nos regalaron, para toda la posteridad, hace ya tantos años y a la salud siempre del gran Phillip K.Dick. En dicha lectura, tenemos una señora película en ciernes que merece cierta consideración (ni que sea por aquello del "factor nostalgia") al fan de siempre y que, además, puede demostrar a algunas nuevas generaciones que, de verdad, se puede hacer cine avezado a este género sin tirar de tipos en mallas dándose de leches por los sitios o peluches parlantes de galaxias muy muy lejanas... Explicado todo ello, eso sí y faltaría, toca pinchar un poco el globo y arrearle un algo en el siguiente e inesquivable epígrafe (y porque somos así de cabrones en este lugar, qué se le va a hacer).

EN CONTRA. La historia en si, claro. El argumento, o mejor dicho: su vanalización, si prefieren. Todo lo que no és marco y aderezo. "Blade Runner 2049" hace crecer tanto el contexto como hace disminuir las desventuras de sus personajes. Lo que en 1982 (o mejor, en 1992 -para mi siempre la mejor versión-) era noir intrigante, elegante y magnético sobre un inolvidable crisol de distopia sci-fi, aquí es un pseudodrama familiar que, por mucho estire y tense el mentado crisol (y muy bien, en este aspecto -no me pesa iterar en ello-), se apoya en tres o cuatro escenas de acción que, de alguna forma, nos pretenden hacer olvidar, si nos pilla de buenas, el desprendimiento (tan dolorosamente evidente) de estilo desde el puro, duro y neto contenido argumental. Y eso, básicamente -y obviando, además, algún que otro capricho puntual en la historia que abarata todavía más-, (me) resulta una auténtica putada... A modo más prosaico: ¿saben cuando ven a alguien cuya belleza resulta hasta ominosa y de repente abre la boca y uno piensa lo de: "Dios mío, qué dios le conserve la guapura"?... Eso sería un poco lo que, pìenso, le ocurre a "Blade Runner 2049". 


CONCLUSIÓN. Tras ver recientemente lo pergeñado, los bodrios a los que se han visto reducidas y mancilladas algunas franquicias sci-fi (con aderezo de terror, pero sci-fi al fin) tan queridas como "Alien" o "La cosa", uno se temía lo peor para con lo que hoy nos ocupa. Por suerte, y pericia de sus hacedores, esta cosa ha quedado más digna. Mucho más, en justicia. Ignoren, si gustan y aunque sea parcialmente, lo descrito "en contra". No cabe engañarse, la secuela de aquel maravilloso film ochentero (que se pegó una toña descomunal en taquilla, por cierto y antes de convertirse en todo un  hito del videoclú) había perdido antes de empezar. Y, por contra, se ha logrado un producto que si bien no alcanza lo puramente "recomendable", no deja de resultar a su vez notable gracias a un mimo y denuedo en el aspecto que, según se opina aquí al menos, también debe reconocerse abiertamente y sin rezongo o aspaviento alguno. Y aunque dicho notable sea "bajo", si... En lo menos bueno, la sangrante obviedad: todo aquello, toda esa grandeza y magia irrepetible se perdió ahí. Y sólo justo ahí. Como lágrimas en la lluvia, por supuesto.

GUZZTÓMETRO: 7 / 10

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