viernes, 28 de septiembre de 2018

REIVINDISCABLE : "Moonhead" / THIN WHITE ROPE (1987)

Incrustados por lo general en ese cajón de sastre ochentero del "american underground" (Dream Syndicate, Green on Red o The Feelies, a modo ejemplos y para entendernos rápido), Thin White Rope dejaron un reguero de cinco discos dispuestos en poco más de un lustro (desde 1985 hasta el 91, concretamente), para desaparecer después en una especie de inmerecido olvido que, para resumir, no procede. De ese quinteto de obras, unas mejores que otras -según gustos, faltaría- pero todas buenas, "Moonhead" suele reseñarse y consensuarse como la niña más bonita y necesaria de su singladura... Y aunque -por supuesto- el tema es matizable, la verdad es que media comprensión. Es, en definitiva, el más cohesionado y alejado de altibajos de sus trabajos de estudio... Amén de un elepé de reputísima madre.


TWR (que queda más guay y me canso menos) fueron fundados por dos guitarristas Guy Kyser y Jozef Becker, siendo escritos y cantados la mayoría de sus temas por el primero, y su sonido tan influenciado por aquella enseñanza básica del maestro Reed (que Verlaine y cia entendieron más y mejor que nadie) donde se evidencia que lo que importa es el peso de las notas más que la cantidad de ellas, logrará infaliblemente y sin esfuerzo las delicias de un tipo de parroquia concreto... TWR de hecho sólo tienen el "problema" único y también concreto de haber surgido dramáticamente poco antes del momento en que su estilo y formas hubieran encajado con los tiempos que corrían ("The Gun Club 2.0", para quien lo quiera aprovechar). De hecho vendrían a ser un puente perfectamente válido para cosas tan dispares (o quizá no tanto como pareciera a priori, al menos) como Urge Overkill, Buffalo Tom y hasta llegar a los Archers of Loaf, y su inercia -visto hoy en perspectiva- sería un tanto afín a la de los Screaming Trees (o es la que podría haber sido de no haberse disuelto y si se me quiere entender), en el sentido de que, por mucho Lanegan medie, hasta que no estalló el pelotazo "grunge" su discurso no empezó a ser reconocido a unos niveles más, póngamos, "globales"... Quizá si su último disco ("The ruby sea"/1991) hubiera integrado una "nearly lost you" otro gallo les hubiera cantado... Una lástima. Mayormente por la cuenta que hubiera traído a sus cuentas corrientes. Por suerte, para nosotros los usuarios, queda la música. Y ahí esta gente, no se dude, puntúa bastante alto.

Centrándonos ya en su "almendra lunar" que reza en título, y previniendo que lo áspero y poco dado a la cucamona del registro de Kyser es de esos que entran o no (particularmente me encantan este tipo de voces/propuestas más o menos aguardentosas -y lo de éste señor tampoco es especialmente extremo en este sentido-), recomiendo ya sin reservas este disco a todos los buenos fanes del insigne Sr. Wynn y su banda habidos en el planeta. El estilo tortuoso de primeras del tema inicial, "not your fault", con el contrapunto entre lo arrastrado de la voz y la adictiva oscuridad del apartado instrumental (con sus poderosas y fuzzeras guitarras y demás), marca el tono perfecto de todo lo que vendrá. La sabiduría a la hora de presentar la más reposada, en contraste al resto, "thing" tras el stonerismo distorsionado del final de "take it home" y justo antes del inmersivo -y prácticamente instrumental- tema titular del álbum, tiene su valor a considerar seriamente. Con todo el catálogo ya dispuesto de alguna manera, desde ahí solo queda señalar las predilectas de quien proceda, sean más rápidas a lo "come around" o más calmadas al estilo de "waking up"... En cualquier caso, perderse en la opresiva e incompasiva propuesta de "Moonhead" se antoja, en ésta casa al menos, algo recomendable y necesario. Cualquier "velvetero" (y/o fan de sus más insaltables exégetas) de pro, sabe que extraer belleza del lodo es más necesario para el alma que el "niño bonitísimo" fatuo y gratuito, condenado (tarde o temprano) al olvido por lo siempre fungible de la premisa madre... Además, el vacile y chulería de terminar con un cover del bluesman Jimmy Reed ahí quede también. A modo colofón, señalar finalmente la obviedad de que (nos jodió)  no estamos con "Moonhead" ante un "Marquee moon" o un "The days of wine and roses" de la vida (eso son trabajos en mármol, de los de once in a life time que decía Byrne), pero sí ante un compañero de viaje que no por maldito y menos legendario deja de ser apreciable, y bastante más que meramente válido. Por todo ello (e incluso un poquito más) creo que, de no conocer disco y banda, merecerían ser éstos claramente reivindiscados por sus partes.

viernes, 14 de septiembre de 2018

NICK DRAKE - "Bryter Layter" (1970)

Cualquier seguidor melómano que, además, presente un cierto interés en aquello que se viene a denominar "ciencias del comportamiento", tiene en Drake uno de los pináculos más insaltables llegada la hora de ponderar la tragedia que, desgraciadamente, deriva a veces de la sensibilidad pura de un artista/"ente creador"  al chocar ésta con el reverso comercial del asunto. Muy pocos ejemplos más diáfanos, y a toda la historia de la galaxia refiero, podemos hallar puestos a reconocer a un artista cuyo exagerado talento natural termina por castigar el plano físico de la existencia propia. Tal cual. Desde ahí, a colación de la persona nos ocupa, podemos tratar de perdernos en un irremediablemente equivocado ejercicio de relativismo (hermenéutica garrafera para todos los públicos... "pasen y vean") donde términos como "depresión" o "enfermedad" se repetirían, mínimo, cada par de líneas. Y reducir a alguien tan necesario, tan único y ubicable como siempre será Nick Drake a un estereotipo pseudo-psicológico, de los de a dos duros tres docenas, no parece muy respetuoso. Y no lo parece porque, básicamente, no lo és. 


Hoy trataremos mayormente el disco que reza en cabecera por la tan mundana y simple razón de ser el favorito, en las últimas, para quien suscribe. Aclarado esto, cualquier persona que les indique,-por contra a ello-, que el predilecto es el que antecede o, de la misma forma, el que sucede, incurrirá en otro acierto igualmente pleno e indebatible. Esto es así. "Five Leaves Left", "Bryter Layter" y "Pink Moon", son tres astros inderrumbables condenados a brillar por siempre y que no admiten socavación o ninguneo posible. Qué poco trabajo cuesta pensar en Kurt Wagner (como ejemplo de incontables) alucinando al borde del Stendhal la primera vez que se enfrentó al disco de estreno donde se descubre que la aridez y lo cálido pueden ir de la mano contradiciendo todos los apriorismos habidos; o también, imaginar a Elliott Smith (lo más parecido a Drake sin ser Drake que nos ha dejado la historia hasta hoy) destrozándose por dentro al son de la oscuridad de la luna rosácea y decidiendo al fin despedirse, de una puñetera vez, de sus compas de Heatmiser para empezar a volar en solitario... Pero, lo ya escrito, hoy nos quedamos en la segunda parada. Y con el disco que, según testimonios varios, más fastidió grabar a su autor...

Siguiendo desde ahí, resulta curiosamente sencillo ver en "Bryter Layter" una especie de boleto directo al fatal desenlace postrero de persona y artista... Joe Boyd, padrino y productor, parece tirar la toalla con Nick viendo el inexistente esfuerzo del bardo a la hora de encarar los más mínimos y básicos conceptos adscritos a la promoción tras su grabación. Boyd, quien está, por ejemplo, detrás del advenimiento de bandas avezadas al folk tan referenciales como Fairport Convention (de hecho, el propio Richard Thompson fue uno de los varios músicos que aportaron su talento en éste trabajo) o la mismísima Incredible String Band, se va a hacerse las américas y el músico pierde su único vínculo de confianza (y cortafuegos) con toda la parte que más detesta, y de la que más recela, del mundillo éste de grabar discos y demás (de hecho se suele hacer causa-efecto con el adiós del "tutor" y la devastadora oscuridad de buena parte de "Pink Moon")... Pero nadie se equivoque con esto, importante y por otro lado: no procede, desde ningún ángulo, culpar al histórico productor del resultado final de éste cuento (más bien lo que procede es darle las gracias hasta la afonía, ya puestos). La fatalidad de Drake es una suma de muchas pequeñas cosas que estallarían, al fin, en otra demasiado grande e irreducible.  


Visto de otra manera, que al final termina en lo mismo: si con una barbaridad como "Bryter Layter" el músico no está por la labor de darse a conocer y medrar en la industria (a la que para más inri parece temer, y cada vez más, como al diablo y toda su familia junta), ¿qué cojones se puede hacer ya?... Se sabe que Drake dio mucho por el saco en la grabación (le molestaba bastante la proliferación masiva de producción en algunos pasajes) y tan siquiera la ocasional presencia de un monstruo como John Cale mitigó plenamente el descontento del músico. Como comentaba en el primer párrafo, intentar entender lo que sucedía en la cabeza de Nick Drake es algo, en propiedad, simple y llanamente imposible. Pero contrastar la belleza extrema, desatada y absoluta, de lo que escuchamos con lo que encontramos (recurrentemente) en la biografía es algo muy -MUY- perturbador. Un anticlimax inexplicable, cercano al terror. De esas cosas que te hacen muy pequeño y delatan lo poco que sabemos en realidad, de forma luctuosa y feaciente, del infinito juego de transmisores con el que venimos de fábrica y sus posibles triquiñuelas. "Bryter Layter" (que hace referencia a un término propio de los partes metereológicos pero en inglés antiguo -y que por lo visto refiere a algún tipo de broma privada-) es una sucesión de cuerdas sutiles y vientos suaves envolviendo el etéreo registro del siempre llorado juglar. Un disco que arranca cada una de sus dos caras con una delicada pieza instrumental  y que, para resumir, "sigue desde ahí" (en modos y alma) con todo el resto, y hasta despedirse (al final ya de todo) con otra a juego más . Es también, cómo saltárselo ello, el trabajo que incluye la belleza ya completa hecha canción que es la archiconocida (al menos para todo melómano de bien que se precie un mínimo) "Northern sky"... a su vez, lo más parecido a un ""hit"" (atención a las dobles comillas) que jamás viera editado en vida el autor. Aunque, faltaría, destacar una canción concreta de la vidriera ésta catedral resulta, se quiera o no de admitir, cuarto y mitad de  ordinario (sin horadar más y a modo ejemplo, justo antes de "northern", hemos escuchado una también legendaria "Poor boy" que auna tenues coros gospel, marchamo jazzístico de manual y folk acústico en su vertiente mas clásica, todo ello como quien se quita la pelusa el ombligo). "Bryter Layter", para terminar (porque, como el otro par suyos, es uno de los discos más preciosos que existen y no tenerlo controlado es como morirse un poco de ascopena cada día que pasa sin que ello ocurra... que no tiene más esto), resulta en definitiva la obra de un genio irrepetible, aceptando que hay más personas vivas en la tierra que no son él y de forma especialmente marcada... O más que en ninguna otra parte, si se prefiere. O si gustan, e igualmente,  también podemos asumir tan inolvidable disco como en el tópico del pequeño roedor que cruza la carretera de noche y se queda helado ante las repentinas luces del coche que viene de cara... Que, cierto ello, quizá no salgamos muy bien parados nosotros al extrapolar la fábula (nos toca el rol de la alimaña, está claro), pero el vehículo que integra esas luces incluye a su vez un talento único e imperecedero que, aunque siquiera lo pretenda en modo alguno, nos pasará por encima. Para siempre y de forma inevitable. 

sábado, 8 de septiembre de 2018

HELLBOUND: HELLRAISER II (1988)

INTRO. Tras otro parón considerable, no voy a tener el cinismo de utilizar lo de "veraniego" en un espacio donde los "parones" son contumazmente elevados a puro arte, quisiera anunciar aquello de "se vuelve por todo lo alto con"... De verdad, qué sí. Pero, ay, sería mentir de una manera tan flagrante que hasta a mi me da un algo de apuro. Tampoco me parece "Hellbound" lo peor de la vida, me apresuro a aclarar (en lo suyo y a lo que juega sigue siendo una referencia más o menos apreciable, aún tras filtrar pros y contras finales). Pero, está claro, vuela bastante por debajo de lo que vendría siendo el concepto "a lo grande" y tal... Lo de hoy pues, en efecto, responde más a una deuda anunciada y pendiente desde ya hace varias entradas de blog que a otra cosa. Sea como fuere (encaremos ya el asunto), ésta nueva entrega de las correrías de Pinhead y cia (estrenada al año siguiente de la primera) continua habitando de forma directa bajo la sombra del creador del folletín, Clive Barker, aunque desde guión ajeno nos opere. Y si bien es cierto que, igualmente, el realizador también es otro para la ocasión (y muy regulero y se nota, ya puestos, que sólo repasar brevemente el opus del tal Tony Randel es como un valle de lágrimas en si mismo), con el hecho de ofrecer una secuela ya no directa, sino inmediata del primer episodio, se logra alcanzar un continuísmo pleno y, con ello al fin, un díptico bastante apañado al rendir balances. Lo peor, lo digo ya: tras tanto y tanto llovido uno recordaba ésta como "la más mejor de las dos"... Lo que nos lleva de cabeza a la moraleja postrera, antes de saltar al siguiente epígrafe: hay cosas que si se dejan al final del cajón, pues coño, por algo será también... "Hellbound" cuela (puede hacerlo, con la bondad que eso sí nos demanda por obvios motivos del carbono 14 y habida cuenta el género nos ocupa) sin un denuedo extremo pero, definitivamente, me parece hoy día marcadamente inferior a "Hellraiser". Quizá con otro piloto otro gallo hubiese cantado, conviene admitir, porque lo triste del tema es que el "qué" no está nada mal (de verdad que no)... es el puñetero "cómo" lo que nos chafará, en mayor o menor grado (según gustos u apetencias del comensal que toque), aquí la tortilla.

"SINOPSIS PRESTADA". Kirsty Cotton acaba recluida en un sanatorio donde intenta olvidar la pesadilla vivida con la muerte de sus padres. Sin embargo, allí coincide con el siniestro Doctor Channard, quien encuentra en la joven la pieza que necesita para llegar al éxito en sus intentos de encontrar la puerta a una dimensión oculta.

A FAVOR. Pues, sobretodo, lo luctuoso de que a pesar de los esfuerzos titánicos de Randel y sus adláteres, no se logra socavar del todo una conclusión redonda y satisfactoria de lo relatado en "Hellraiser". Los virajes de cuento gótico siguen funcionando, por mucho corre pasillos de videoclip de metal guarro ochentero y festival del chorro-láser fosforito se nos crucen en el tercio final; los roles principales encuentran un fin razonable y coherente; los cenobitas en general y Pinhead en particular ganan en dimensión (y tragedia);  y, al terminar, nos queda esa certeza del que le han contado, a poco se analice, un chiste realmente cojonudo... y aunque (eso sí) se lo haya contado el tipo con menos gracia de un simposio de notarios en el más grisáceo de los días de lluvia. Por aparecer, hasta tenemos (en medio del caos insondable que es la "dirección actoral" del film) una nueva sobreactuación impagable de Clare Higgins que mira más intenso que toda la saga de "Scanners" junta y que quiere ser tan y tan mala que al final hasta nos granjea cierta aquiescencia y todo. Por lo demás, mejor nos limitamos a realizar un llamamiento a la comprensión pues, por supuesto, ese esfuerzo por extraer desde lo estrictamente visual la estructura y narrativa de la historia, es un trabajo que, como espectadores, no tenemos porqué estar obligados a hacer... O no si, por supuesto, quien tenía que realizar su trabajo/arte como procede hubiera obrado un algo en consecuencia (que con un poquito ni que sea ya nos valía a muchos, caray). Fijarse, en base a ello, que a pesar de lo que veremos en el siguiente apartado, éste largometraje sigue recordándose con cariño en no pocas almas y lugares del orbe. Así de sólido es aún hoy el relato, una vez despojado de todos los "aderezos" y "lindeces" (en lo formal) que de manera tan inmisericorde le endilgaron.

EN CONTRA. Hace unos días aconteció la noticia de que un mendrugo de los de tronío intentó robar un mono de un zoológico para regalárselo a su novia... Fracasando estrepitosamente (cómo no) en el intento y, en verdad, quedando lleno de merecidas heridas y hecho, para resumir, una auténtica hez tras el ataque en tropel de los pobres e inocentes primates... Bien, si el pedazo de cretino en cuestión hubiera triunfado en su empeño y tras ello, una vez reposando en solaz propio, hubiera puesto a la pobre bestia tras una cámara para realizar éste film de hoy, pienso firmemente que estaríamos ante un trabajo superior en la forma a lo conseguido por Tony Randel. Tal cual se lo explico. Los intérpretes (que se merecen todas las loas del universo conocido) hacen lo que pueden por dar sentido a la propuesta on screen... Y lo hacen, faltaría, cada un@ a su puta bola y como humanamente puede. De forma por completo deslavazada y desbalanceada de sus compañeros (quizá es un sentido guiño a  los amantes del free jazz más extremo y yo, sencillamente, no lo estoy pillando por ser así de tarugo). Buenas ideas y personajes completamente desaprovechados y/o despejados simple y llanamente porqué sí. Muy doloroso este particular concreto, ya puestos. Obviando los humos inexplicables y los efectos que chirrían casi más por lo innecesario que por lo caduco (que lo segundo se puede excusar, el problema es lo otro), la cámara parece posarse donde, básicamente, se aguante de pie... y "para adelante, oiga". El paroxismo final (para no alargar todavía más, que si te detienes a buscar de cerca te quedas bizco)  donde las actrices miran al Rubik malvado, lo mismo que a Pinhead y sus cuitas, mientras se asustan o se lamentan en planos contra-planos cutrísimos que, de verdad se lo prometo, pueden incurrir en simple y llana hilaridad... Vemos "algo"/ cambio de plano con ellas con cara de estar pasándolo muy mal; volvemos a ver ese "algo"/ ídem de lo anterior; vemos "otra cosa"/adivinen... Podrían estar perfectamente en un concierto de los Manowar o mirando ofertas del super, usando dicha disposición visual. Muy chungo todo, vaya. Lo del socorrido y majadero susto final, que se ve venir desde antes siquiera que empiece la escena, se lo ahorro por simple y mera bondad elemental.


CONCLUSIÓN. Buena historia/continuación, mala -muy mala- realización. No tiene más esto... Bueno, quizá reseñar lo muy obvio de que si no has visto la primera no te vas a enterar de un pimiento. Lo que no és sino la enésima "cima", raramente repetible,  en la inclasificable labor del pergeñador firmante en última instancia (que una cosa es marcarse una "secuela directa" y otra ciscarse por la curra en el visitante accidental)... Eso sí, le pongo un 6 (indicativo de "psché, no está mal" en el Guzztómetro) pese a todo, reincidiendo por enésima en la gamba pelada perfecta que es la historia  (a nivel de simple y puro relato) , al anexarse ésta -condición inesquivable ello- como buen y contundente cierre a la primera entrega (sustos finales al margen que, particularmente y aún no gustándome de base por lo puro chorra, me quedan excusados -aunque a regañadientes sea- por aquello de pertenecer a un subgénero alejado del mainstream más recalcitrante y que tiene también su derecho a buscarse las lentejas, presentes y futuras, como pueda).

GUZZTÓMETRO: 6 / 10

-Pd. Reseña de "Hellraiser" en el espacio (10/06/2008)-