viernes, 14 de septiembre de 2018

NICK DRAKE - "Bryter Layter" (1970)

Cualquier seguidor melómano que, además, presente un cierto interés en aquello que se viene a denominar "ciencias del comportamiento", tiene en Drake uno de los pináculos más insaltables llegada la hora de ponderar la tragedia que, desgraciadamente, deriva a veces de la sensibilidad pura de un artista/"ente creador"  al chocar ésta con el reverso comercial del asunto. Muy pocos ejemplos más diáfanos, y a toda la historia de la galaxia refiero, podemos hallar puestos a reconocer a un artista cuyo exagerado talento natural termina por castigar el plano físico de la existencia propia. Tal cual. Desde ahí, a colación de la persona nos ocupa, podemos tratar de perdernos en un irremediablemente equivocado ejercicio de relativismo (hermenéutica garrafera para todos los públicos... "pasen y vean") donde términos como "depresión" o "enfermedad" se repetirían, mínimo, cada par de líneas. Y reducir a alguien tan necesario, tan único y ubicable como siempre será Nick Drake a un estereotipo pseudo-psicológico, de los de a dos duros tres docenas, no parece muy respetuoso. Y no lo parece porque, básicamente, no lo és. 


Hoy trataremos mayormente el disco que reza en cabecera por la tan mundana y simple razón de ser el favorito, en las últimas, para quien suscribe. Aclarado esto, cualquier persona que les indique,-por contra a ello-, que el predilecto es el que antecede o, de la misma forma, el que sucede, incurrirá en otro acierto igualmente pleno e indebatible. Esto es así. "Five Leaves Left", "Bryter Layter" y "Pink Moon", son tres astros inderrumbables condenados a brillar por siempre y que no admiten socavación o ninguneo posible. Qué poco trabajo cuesta pensar en Kurt Wagner (como ejemplo de incontables) alucinando al borde del Stendhal la primera vez que se enfrentó al disco de estreno donde se descubre que la aridez y lo cálido pueden ir de la mano contradiciendo todos los apriorismos habidos; o también, imaginar a Elliott Smith (lo más parecido a Drake sin ser Drake que nos ha dejado la historia hasta hoy) destrozándose por dentro al son de la oscuridad de la luna rosácea y decidiendo al fin despedirse, de una puñetera vez, de sus compas de Heatmiser para empezar a volar en solitario... Pero, lo ya escrito, hoy nos quedamos en la segunda parada. Y con el disco que, según testimonios varios, más fastidió grabar a su autor...

Siguiendo desde ahí, resulta curiosamente sencillo ver en "Bryter Layter" una especie de boleto directo al fatal desenlace postrero de persona y artista... Joe Boyd, padrino y productor, parece tirar la toalla con Nick viendo el inexistente esfuerzo del bardo a la hora de encarar los más mínimos y básicos conceptos adscritos a la promoción tras su grabación. Boyd, quien está, por ejemplo, detrás del advenimiento de bandas avezadas al folk tan referenciales como Fairport Convention (de hecho, el propio Richard Thompson fue uno de los varios músicos que aportaron su talento en éste trabajo) o la mismísima Incredible String Band, se va a hacerse las américas y el músico pierde su único vínculo de confianza (y cortafuegos) con toda la parte que más detesta, y de la que más recela, del mundillo éste de grabar discos y demás (de hecho se suele hacer causa-efecto con el adiós del "tutor" y la devastadora oscuridad de buena parte de "Pink Moon")... Pero nadie se equivoque con esto, importante y por otro lado: no procede, desde ningún ángulo, culpar al histórico productor del resultado final de éste cuento (más bien lo que procede es darle las gracias hasta la afonía, ya puestos). La fatalidad de Drake es una suma de muchas pequeñas cosas que estallarían, al fin, en otra demasiado grande e irreducible.  


Visto de otra manera, que al final termina en lo mismo: si con una barbaridad como "Bryter Layter" el músico no está por la labor de darse a conocer y medrar en la industria (a la que para más inri parece temer, y cada vez más, como al diablo y toda su familia junta), ¿qué cojones se puede hacer ya?... Se sabe que Drake dio mucho por el saco en la grabación (le molestaba bastante la proliferación masiva de producción en algunos pasajes) y tan siquiera la ocasional presencia de un monstruo como John Cale mitigó plenamente el descontento del músico. Como comentaba en el primer párrafo, intentar entender lo que sucedía en la cabeza de Nick Drake es algo, en propiedad, simple y llanamente imposible. Pero contrastar la belleza extrema, desatada y absoluta, de lo que escuchamos con lo que encontramos (recurrentemente) en la biografía es algo muy -MUY- perturbador. Un anticlimax inexplicable, cercano al terror. De esas cosas que te hacen muy pequeño y delatan lo poco que sabemos en realidad, de forma luctuosa y feaciente, del infinito juego de transmisores con el que venimos de fábrica y sus posibles triquiñuelas. "Bryter Layter" (que hace referencia a un término propio de los partes metereológicos pero en inglés antiguo -y que por lo visto refiere a algún tipo de broma privada-) es una sucesión de cuerdas sutiles y vientos suaves envolviendo el etéreo registro del siempre llorado juglar. Un disco que arranca cada una de sus dos caras con una delicada pieza instrumental  y que, para resumir, "sigue desde ahí" (en modos y alma) con todo el resto, y hasta despedirse (al final ya de todo) con otra a juego más . Es también, cómo saltárselo ello, el trabajo que incluye la belleza ya completa hecha canción que es la archiconocida (al menos para todo melómano de bien que se precie un mínimo) "Northern sky"... a su vez, lo más parecido a un ""hit"" (atención a las dobles comillas) que jamás viera editado en vida el autor. Aunque, faltaría, destacar una canción concreta de la vidriera ésta catedral resulta, se quiera o no de admitir, cuarto y mitad de  ordinario (sin horadar más y a modo ejemplo, justo antes de "northern", hemos escuchado una también legendaria "Poor boy" que auna tenues coros gospel, marchamo jazzístico de manual y folk acústico en su vertiente mas clásica, todo ello como quien se quita la pelusa el ombligo). "Bryter Layter", para terminar (porque, como el otro par suyos, es uno de los discos más preciosos que existen y no tenerlo controlado es como morirse un poco de ascopena cada día que pasa sin que ello ocurra... que no tiene más esto), resulta en definitiva la obra de un genio irrepetible, aceptando que hay más personas vivas en la tierra que no son él y de forma especialmente marcada... O más que en ninguna otra parte, si se prefiere. O si gustan, e igualmente,  también podemos asumir tan inolvidable disco como en el tópico del pequeño roedor que cruza la carretera de noche y se queda helado ante las repentinas luces del coche que viene de cara... Que, cierto ello, quizá no salgamos muy bien parados nosotros al extrapolar la fábula (nos toca el rol de la alimaña, está claro), pero el vehículo que integra esas luces incluye a su vez un talento único e imperecedero que, aunque siquiera lo pretenda en modo alguno, nos pasará por encima. Para siempre y de forma inevitable. 

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