martes, 30 de octubre de 2018

ELVIS COSTELLO & THE IMPOSTERS - "Look Now" (2018)

Ensalzar el nuevo disco de Elvis Costello porque se le nota bien de voz y canta muy bien vendría a ser algo análogo a afirmar que el Pacífico mola porque "es mu grande y está mu mojao". Desde dicha premisa,-y de cara al lector "casual" que pueda caer aquí-, conviene precisar ahora que estoy escribiendo del músico del que tengo más elepés en casa (de hecho tengo su discografía doblada en dos formatos), del músico que -muy claramente- más se ha mantenido en mis más altas querencias con el pasar del tiempo o, por ejemplo también y para no alargar, del músico del que hasta empecé un espacio internaútico exclusivamente dirigido hacia sus, prácticamente incontables, logros y hazañas... Vaya, que "me interesa un poco el tema", que se dice.


Tras superar felizmente ciertos problemas de salud, y volviendo al presente, Costello nos saca hace unos días su flamante nuevo álbum, "Look now", tras un lustro de sequía en estudio desde aquel "Wise up ghost" que, ya puestos y a todas luces, me pareció (y parece) su peor trabajo jamás firmado sea en solitario o en comándita con quien toque. Sin embargo, dicho trabajo podría esconderse sin problemas tras la sobada cortina de la "colaboración". Ese seguro del parchís que se utiliza a veces como puerta giratoria y que ayuda a mitigar y relativizar el fracaso de ventas y/o crítica ("era una boutade/capricho"... - y que por supuesto no forma parte del "canon principal"-), lo mismo que ayuda a reafirmarse y venirse arriba cuando el invento sale bien (a colación de lo que nos ocupa: cómo nos gustan a los fans las "colaboraciones" con la Brodsky Quartet o con el Sr.Toissant, ¿verdad?). Pero, ay, que esto de "Look now" se anunciaba de nuevo bajo la label "Elvis Costello & The Imposters" (que no son sino los Attractions de toda la vida, cambiando a Bruce Thomas por el ex-Cracker Davey Faragher al bajo)... Esto és:  atención máxima, emoción desatada y un contar los días para el rescate cual naúfrago stevensoniano. ¿Resultado final del drama? (para l@s más impacientes en la sala, que iría esto): un disco que está gustando bastante en general a la gente pero que, por contra y particularmente, me resulta de forma muy dolorosamente acusada uno de los tres o cuatro peores discos en el largo opus del Sr.MacManus (y venga como venga firmado desde su portada). Así de hiriente y cruda que me resulta la cosa desde la más honesta visión de la que soy capaz... "Cosa" que, por  cierto, no dude nadie que me jode lo indecible de más de escribir a mi que de leer a quien sea en este puñetero planeta.

Me consta, sí... Hay personal comparándolo por ahí con nada menos que con "Imperial bedroom" (lo que me parece que es para cagarse un mucho en la puta, ya de base), y hasta he leído a personas, que se autodenominan "fans", que les parece su mejor disco desde "King of America" (de esto, directamente, no pongo lo que pienso porque podría incurrir en  ulteriores problemas con la justicia ordinaria). Lo mejor de "Look now", tratando de hallar una lectura optimista desde el mismo fondo del pozo, és que por pura e inmediata causa-efecto todos los trabajos del Costello más irregular (aunque muy altamente apreciados éstos en casa por sus contados logros puntuales, que eso también) dan una zancada notable llegada la hora de ponderar la discografía "record by record" del artista... Sí, gracias a "Look now", hoy "Punch the clock", "Spike", "Mighty like a rose", "All this useless beauty" , "When i was cruel" o hasta "National ransom", son mucho mejores discos de lo que eran ayer. Tal cual. Pero no nos detangamos ahí: si alguien albergaba alguna duda de la condición de "masterpiece total" que muchos de sus fans de siempre otorgamos a "Brutal youth", "North" o "The Delivery Man", debe ello desvanecerse ipso facto. Perentoriamente, que no queda otra. Y es que desde la perspectiva propia, por mucho que leas o escuches y ya para rematar párrafo, los supuestos "mejores momentos" de éste nuevo trabajo serían un estorbo en "Momofuku" lo mismo que, ya directamente, una ominosa derrapada del todo inexcusable en el maravilloso y ya mentado "Imperial bedroom" de 1983 (comparar con los otros cinco discos de su sacrosanto sexteto de arranque con material original, o el par de gemas del 86, ya sería del todo insoportable).


No és "Look now" una ponzoña absoluta, tampoco quiero referir eso aunque a alguien pueda resultar lo contrario (y ojo con esto, por favor). Lo firma quien lo firma y lo canta quien lo canta, en definitiva... Acude en varias ocasiones al rescate la prosodia al pronunciar cierta palabra, el puente melódico de quilates que sorprende o, también, algún momento de desnudez interpretativa que puede evocar, esporádicamente, a algún logro del pasado. La pena es que de la colección de palabras que preceden la más significante és, sin duda y por desgracia, "esporádicamente". Repito lo que vine a significar hace unos días en alguna red social: parece un cantante melódico, carcunda y coñazo, al final de su carrera y ganándose la vida como puede en cualquier casino de Las Vegas para una audencia de cien años de edad promedia... Hay quien se llena la boca con el concepto "crooner" al respective, y de acuerdo, pero es todo tan pedorro y constreñido (la emoción tan forzada, contemplativa -¿impostada?-... Costello parece imitar una mordida en vez de morder muchas, demasiadas veces en este elepé)... Es disco de "nuevo rico", de tanta opulencia y exceso en su producción que, a su vez, de tanto querer proyectar elegancia y clase acaba por caer de bruces en lo vulgar, lo inocuo y finalmente (que me duelen los dedos de tener que escribirlo) en lo barato. Vale, ok, "under lime" o "unwanted number" entrañan algún momento  notable entre tanta jacaranda; o las mejores del disco con la gorra: "stripping paper" (la única que recuerda de verdad de alguna manera -de lejos, más concretamente- a alguna de las esquinas del dormitorio imperial) y "photographs can lie" (con su olorcillo a outtake de "North", a pesar de que aquí me suena algo sobreafectado lo que allí erizaba el vello sin poderse evitar... y atención que, para que escueza todavía más, tiene los huevos el tío de dejarse la muy superior "Isabelle in tears" -lo mejor que hay en todo el lote de largo- como bonus track), pueden salvar un algo ni que sea el cocido... Pero, a la postre: ¿por qué esa sobreinstrumentación tan pasada de rosca?... ¿De verdad hacían falta todos esos coros abusivos, todos esos plomizos vientos metálicos omnipresentes, todos los teclados mierder de "Vacaciones en el mar" y, sobretodo, todo ese meter tanta algarabía que ya no sabes dónde narices estás de la puñetera canción?. De acuerdo que al "pureteo", por una u otra razón y aún a según que niveles (y para mi Declan el tuyo es el más alto, no se olvide), ya le mola a veces eso de esconderse tras un parapeto de sobreproducción (y, para el caso, está además lo de repetir en refugiarse tras los faldones de Bacharach) pero, hombre...  Vuelve Costello. No dejes de dar las gracias al Sr.Burnett por su ayuda de hace unos años, faltaría, pero vuelve...Deja los coros negroides, las trompetas y el "croonerismo" (ya hiciste todo lo que tenías que hacer, mucho antes y mucho mejor, en este sentido). Llama de nuevo a Nick, desenfunda la guitarra acústica y deja que se escuche la otra, hasta deja a Nieve ser Nieve si procede...  Este rollo a lo revenido, a lo Michael Bublé, en otros vale... Pero tú, tú precisamente, no. Por favor, Declan, no más de esto.

martes, 2 de octubre de 2018

CAMPANADAS A MEDIANOCHE (1965)

INTRO. Resulta importante, a modo premisa de arranque, señalar que dar completamente por cierta cualquier declaración del gran genio que hoy nos ocupa (y desde las docenas de documentos  desde los distintos medios que aún se conservan) és inefablemente caer en el riesgo de incurrir en la dura y pura falsedad. Orson Welles amaba, abiertamente y con devoción, el engaño y (es bien conocido) se vanagloriaba de ello hasta el punto de sublimarlo en "arte"... De hecho, él se consideraba por encima de todo un "mago", por la obsesión y fascinación natural que la distorsión de lo real le producía. No deja de ser paradigmático (y hasta cachondo), en dicho sentido, que el film donde Welles nos resulta más honesto consigo mismo sea "F for Fake", con todas sus láminas de embustes y falsedades en tropel (un fullero, que no se escondía de serlo sino todo lo contrario, contándonos de manera deliberadamente tramposa una historia de fulleros... fantástico claro). Explicado todo ello, es fácil encontrar documentos donde el genio, ya en los últimos años de singladura, sacaba pecho de forma especialmente denodada con dos de sus obras: "El cuarto mandamiento" (esa maravillosa película -rotunda "masterpiece", para docenas de miles entre los que me cuento, en realidad- que todavía podría haber sido más... "si le hubieran dejado") y, obvio, el film que hoy nos ocupa. Atropelladísima producción hispano-suiza de los mid 60's; fusión de varias obras shakesperianas cohesionadas para la ocasión;  rodada en diversas localizaciones españolas con reparto de varias nacionalidades  y... En fin, busquen en wikipedias y/o similares si gustan, que información de (y sobre) éste largometraje concreto tenemos para aburrir al mismo tedio. Eso sí, y con perdón por lo gratuito: "Campanadas a medianoche" (como por ejemplo ocurre en "Con la muerte en los talones" o "Centauros del desierto", y aunque en verdad -al ponernos pejigueros- sólo se limite a retirar el "Falstaff" del título original) me resulta una muy acertada manera de trasladar el título del film a nuestro idioma... Apuntándome siempre, por ser así de cabrito y tal, a cualquier ronda en eso de poner a parir las incontables "traducciones licenciosas de títulos de pelis a la lengua cervantina" habidas en la historia, justo me parece que cuando al revés ocurre (o me lo parece a mi al menos en ésta ocasión, vaya) no debe quedar ello exento de aplauso.


"SINOPSIS PRESTADA". Inglaterra, Guerra de los Cien Años (ss. XIV y XV). Enrique IV, primer monarca de la dinastía de los Lancaster, en 1399 le arrebata el trono a su primo Ricardo II. Adaptación de varias obras de Shakespeare: "Enrique IV", "Enrique V", "Las alegres comadres de Windsor" y "Ricardo II".

A FAVOR. Cuando, aunque ocurra de mucho en mucho ello, la respuesta a esas mayúsculas que preceden de forma inmediata puede ser "todo", la labor (y en contra de lo que pueda suponerse a priori) se me complica un tanto... Y en esas estamos hoy, claro. Las interpretaciones (con el milagro on screen, que ya no mera actuación. obrado por el propio Welles por delante y encima de todo lo demás) son magníficas, el tono tan marcadamente árido de interiores y exteriores (que nadie se haga lo suyo un lio con el tema de "necesidad manda" desde el rodaje, por favor) casa de dieces con el relato por completo, la estructura narrativa (premiada en más de un lugar, ya puestos) es directamente genial y sin más... ¿Quizá la música de Angelo Francesco Lavagnino -funcional y correcta, sin mácula a encaber- podría haber sido más "épica" o prestar un leit motiv más emblemático, puestos a buscar un agujero por pequeño sea en el zurcido?... ¿Y para qué?, me preguntaría... Welles es un maestro de caracterizaciones de personajes y ángulos de objetivo, lo mismo que un domeñador de estructuras muy personal en lo narrativo. Un concepto como "épico" desde la partitura que debe acompañar cualesquiera de sus obras, donde siempre busca acompañamiento "casual" y certero (a la par) por encima de subrayar o someter nada, le es tan extraño y antinatural que, en cierto modo, parecería incluso un elemento irónico (sólo el trabajo de Hermann en algún momento muy concreto de Kane o, ya forzando bastante, el de Mancini en Sed de Mal, y sólo "quizá" habida cuenta la fama de sendos films, podrían emularse a ello... aunque, atención ruego, siempre por querencia de los cinéfilos varios en lecturas a posteriori que por intención desde el origen, me temo). Que no hay de donde rascar, vamos... Buscarle problemas a ésta "Falstaff" de Welles son, en síntesis, ganas de tocar los huevos porqué sí y no hay otra. Que sí, que sale el maestro Gielgud, la Moureau, la sñra Rutherford o Fernando Rey (y demás, sin olvidar a Keith Baxter); que a Orson le encantaba mucho España; que engañó hasta a Satanás para tirar esto adelante... Lo dicho, tienen material para dormirse sobre la creación de ésta obra, pero (y ya para terminar apartado) vean y revean éste film siempre, hasta la misma extenuación, aunque únicamente sea por la simple y mera labor interpretativa del propio Welles. Culpable de que, sin ir más lejos, cada vez que piense en William Shakespeare llevado a la pantalla la primera imagen que inefablemente me viene a la cabeza es su oronda y sonriente cara con un cazo a modo corona. Impostada, cómo no.

EN CONTRA. Nada. Por mencionar algo, únicamente estaría el hecho (muy volátil y presto a no dejar este epígrafe en blanco mayormente) de no caer en la trampa de perderse la formidable película ofrecida -sin más-, en pos del embelasamiento (bastante lógico por otro lado, si en verdad se ama la historia de esto de los focos y las claquetas) por la inagotable galería de triquiñuelas, de todo tipo (tanto en producción, como en ejecución y/o montaje final), en las que se vio inmerso el artista para terminar su obra... Que por supuesto, está claro y lo que sigue a lo siguiente también, darían no ya para otro film sino, directamente, para una serie de su plataforma digital favorita. Y de varias temporadas, además.


CONCLUSIÓN. Bien sencilla en realidad. Si desde la dirección de este espacio resulta del todo incomprensible cualquier listado, top o chocarrada de misma índole, con los 10 mejores realizadores de la historia del medio/arte con la ausencia de éste señor que nos ocupa y, a su vez, nos hemos enfrentado hoy a una de sus cuatro o cinco referencias más incontestables... Pues nada, háganse uds mismos las cuentas que salen solas. Para quien suscribe, la mejor interpretación de Shakespeare en cine que existe está aquí y, de la misma forma, la mejor interpretación actoral de Orson Welles habida en toda su carrera está aquí también. Obligatoria clase de cine e imperecedera obra de arte, no veo a qué alargarlo más.

GUZZTÓMETRO:  10 / 10