viernes, 15 de marzo de 2019

ROMA (2018)

INTRO. La aún tan reciente "Roma" de Alfonso Cuarón, innegable ello, fue la "película sensación" de la temporada pasada. Y no exenta de controversia, además, por ese debate inmediato que se genera desde su condición de film estrenado para una plataforma televisiva (en exclusiva) que a su vez sigue recogiendo premios en todo festival cinematográfico se le cruce. Pues, en efecto (aún por cierta difusión en sala se le haya dado también y a colación de su recepción crítica), sin entrar siquiera a debatir sus méritos para lo segundo, lo primero sigue y seguirá siendo igual de cierto. Un tema éste, ciertamente, con una cantidad de aristas abiertas (buenas y malas) con el que prefiero no liarme mucho hoy y que, se me ocurre, merecerá seguramente una entrada específica a la sazón en el espacio (que no es el film de Cuarón una isla -capciosamente demonizada en algunos lugares- ni mucho menos, ya hace una buena temporada que cineastas e intérpretes varios de relumbrón han claudicado a los superpoderes de este tipo de plataformas -y la cosa pinta que va a ir a más, de forma muy raramente remediable-). Se prefiere u opta pues y para la ocasión, tratar de ceñirnos al largometraje en si, evitando (en la medida posible) disgregar hacia esos "otros aspectos" que lo envuelven. Lo que nos lleva, ya mismo, al segundo tema que quería abordar en esta "intro": su puntuación final en el consabido Guzztómetro  que remata siempre toda valoración de película se cruce en este tugurio. Siempre desde la subjetividad más recalcitrante y orgullosa (pero también humilde y gratuita), le he calzado un 7/10. Y tan ancho que me quedo. Las razones, o la mayoría de ellas en cualquier caso, se pasan a desglosar en los siguientes apartados. Pero, atención, recuerdo y recalco una pequeña puntualización más antes de ello (y siempre con su permiso):  un "7" para quien suscribe es un film evidentemente notable, interesante o entretenido (según casos), que aún sin llegar a la recomendación expresa en este blog (eso pasa "del 8 para arriba") sí habita, y sin duda medie, en un reconocimiento muy alejado de cualquier tipo de desprecio (y esto va, especialmente, para todos los "fans de redes varios" que viven celosa e implacablemente en su burbuja maniqueísta del "esto es un 10/0", tan imperante hoy por hoy).


SINOPSIS PRESTADA. Cleo (Yalitza Aparicio) es la joven sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio de clase media-alta de Ciudad de México. En esta carta de amor a las mujeres que lo criaron, Cuarón se inspira en su propia infancia para pintar un retrato realista y emotivo de los conflictos domésticos y las jerarquías sociales durante la agitación política de la década de los 70. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Cuarón ha logrado un compendio irreprochable hasta el punto que estamos ante un film que puede arribar a puras exaltaciones masturbatorias para los amantes de los valores de plano, la expresividad desde el montaje, la ausencia de música incidental (o extradiegética, si de sumar sílabas se trata) en pos de un tono visual o, faltaría, los travellings de todos los sabores con sus consabidos engarces a juego, etc. Pues todo ello lo tiene elevado casi a la enésima su obra y tal cual. La distancia "documental" que supuran estos recuerdos propios (pues es el propio cineasta quien amén de la fotografía y la dirección firma, de manera obvia, el guión) consigue funcionar durante buena parte de sus más de dos horas de metraje y ello, todo un logro que no estaría bien omitir, es lo que hace que incluso aquellos que no acaben de rendir pleitesía al film logren terminarlo sin excesiva dificultad (sí, y aunque sea para desmerecerle, en mayor o menor grado, a posteriori). En dicho sentido, los aspectos formales de "Roma" proyectan una fascinación pareja a la del músico virtuoso que ataca con denuedo su instrumento, sea o no de nuestro agrado lo que llega a nuestros oídos. De hecho, obviando el breve y muy irrisorio pasaje con el gurú "pseudo-heroico" en la explanada de karatekas o los líos que se monta el más joven de los infantes con sus historias en imposibles tiempos verbales, todos los problemas que en esta casa se le encuentran al film derivan, inefablemente, de lo tan excelso alcanzado en lo visual en contrapunto a "todo lo demás". Siendo ahí, en efecto y como enseguida paso a explicar, donde a algunos nos empiezan (o pueden empezar) a sobrevenir los problemas...

EN CONTRA. Y es que ese derroche de talento en lo arriba apuntado sacrifica (de forma autoconsciente o/y no, me temo) cuestiones tan importantes como la más mínima de las empatías para con sus personajes (impersonales, apenas esbozados), o la gravedad de un contexto, particular e histórico de tiempo y lugar, cuanto menos convulso. Quizá pretenda el realizador barrerlo todo bajo la moqueta de los someros "recuerdos de un niño" (el niño anteriormente apuntado y que además no es otro sino él mismo), que a saber... Pero, de no colar (como es aquí el caso), la verdad es que al enfrentar los momentos más sangrantes o presuntamente emocionantes de la narración (o sencillamente los más humanos, en definitiva), la película busca proferir y proyectar unos sentimientos para los que nada, absolutamente nada, se ha trabajado antes a mayor gloria de un proceder técnico que, por supuestísimo, debe y pretende regir antes que cualquier otra consideración para con la obra... ¿Qué se muere el bebé?, pues te apenas porque eso es triste por naturaleza no porque le pase a su protagonista en concreto (que, básicamente, te importa un bledo); ¿Qué de repente todo son tiros y corredizas por la calle?, pues ni me lo has explicado, ni sé de donde narices sale esto... y, además, ¿de repente me tiene que importar esta señora que ha salido un par de veces de fondo anteriormente, o me tengo que tragar que a la prota la quieren todos -por sorpresa o algo- como a un quince en la quiniela?... Claro, los someros "recuerdos de un niño" de antes, ¿no?. Ay, Sr. Cuarón, que con esto se le ve el felpudo y el término "efectismo" nos asoma con peligro (como a Boyle y su otro bebé muerto -en una película muy inferior a la suya, eso también-, por ejemplo rápido)... Lo que ud cuenta, para no hacer leña de más, lo cuenta de narices (sin duda), pero ni consigue que me importe y, honestamente, la historia en si es como bastante insulsa. La iluminación perfecta, la mesa perfectamente dispuesta, los cubiertos son de plata de la buena pero, ay, al levantar la tapa... ¿Pero qué es esto?, ¿pechuga empaná en un tupper y papas de churrería?...


CONCLUSIÓN. Interesante y meritoria cinta cuya sobreexposición en medios invita, de manera casi obligada, a un "dejar pasar el tiempo" (y bastante) para empezar a ponderar su importancia y valoración como procede. Aquí hoy, en efecto (y en perfecta acepción de la contrariedad galopante), se ha intentado, pero tanto moscardón revoloteando alrededor clamando su condición de "obra maestra inmediata" o, por contra, la de "boutade insustancial aupada por la crítica", propone por defecto una considerable e ingente prudencia a colación. "Roma", en todo caso, es una obra visualmente espectacular, un prodigio técnico cuyo pecado, desde este espacio, es su sacrificar todo lo demás en pos de su "cómo". Esa frialdad distante por montera,-casi documental por momentos, que argüiría alguien-, tampoco me supone un problema en si mismo (hay otros films con  vitola de "lentos" y mayor metraje que me suponen puros dieces en la historia del medio). Pero el sudar olímpicamente de sus dos primordiales acompañantes para alcanzar una obra plena partiendo de dicha premisa (una historia con auténtica fuerza o bien unos personajes magníficamente definidos -e interpretados-), hacen que, finalmente, el film se me aleje bastante de la ansiada excelencia que otros, en pleno y perfectamente válido uso de su criterio, sin duda encontrarán en él. Para irnos en clave positiva (que no duelen prendas), recalcar de nuevo que pese a las máculas que quien suscribe u otros pajarracos de similar índole podamos señalar, todas las loas y parabienes por su tan virguera caligrafía formal de cámara son algo inequívoca y absolutamente merecido.

GUZZTÓMETRO: 7 / 10

jueves, 7 de marzo de 2019

EL SUEÑO ETERNO (1946)

INTRO. Por más vueltas le venga dando, sigo sin entender cómo es posible que todavía no haya aparecido el maestro Hawks en este lugar (lo ha hecho como obligada referencia en varios textos, pero nunca -hasta hoy- con un film por él firmado y en la mayor tradición del espacio). De hecho, dada la importancia e impronta del realizador en la historia del medio, hasta tiene su mérito y todo (por la incompetencia que deriva de la injustificable omisión si se quiere, de acuerdo... pero mérito al fin). Bien, a fin de paliar ni que sea mínimamente el asunto, lo más acertado sería ir directamente a por la favorita suya en la casa... Cosa harto jodida, desde luego y habida cuenta la calidad media y esos picos tan icónicos que campan a sus anchas desde su obra. Al final siempre, tras pasos y repasos, me quedo irremediablemente en la insolucionable bifurcación que sigue: ¿"El sueño eterno" o "Río bravo"?... Imposible decidir entre ellas sin pesar medie. Tiraremos de la primera por aquello de reflejar, como en muy pocos lugares, el género favorito de quien suscribe, si... Pero espero no tardar demasiado en atacar la otra, que el tema escuece. Ahora ya sí  y sin más: Let's Bogie !


SINOPSIS PRESTADA. Un general millonario y excéntrico tiene dos hijas que están involucradas en asuntos más bien turbios. Decide entonces llamar al detective privado Philip Marlowe para que resuelva sus problemas familiares. Cuando Marlowe empieza a investigar, descubre muy pronto que las diversas ramificaciones del asunto lo convierten en una auténtica maraña. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Pues básicamente que si me doy rienda suelta total en este apartado me marco una oratoria que, comparando duraciones, el discurso más largo de Castro les iba a parece un hit de los Ramones. Tal cual. Tenemos en los morros un film que es film y prodigio a la vez, hasta el punto de tener un muy evidente "pero", perenne y recurrente como él solo (y como veremos más abajo "en contra"), que a su vez nos la trae bien floja a un sindiós de personas humanas. Entre cogorza y melopea Chandler se las apañó para seguir definiendo un género que le debe hasta el suelto el cambio; ello cayó en manos de un trío de guionistas que hasta marea repasar los nombres; a su vez, se tenía a uno de los mayores realizadores de la historia del cine dirigiendo el asunto; sin olvidar la aportación de un legendario compositor que, seguramente, es el que más obras maestras clásicas cuenta desde su currículum... ¿Le sumamos ahora, a todo ello, la dupla protagonista, a ver qué pasa?. Y si será gigante Hawks que logró, a la postre, que el todo resultante fuera el que fue, en su apreciación global y más allá de sus indiscutibles bondades desde la fractalidad. En definitiva, lo apuntado a principios de epígrafe (que tampoco he escrito nada sobre los diálogos, por ejemplo, y algunos merecen un blog temático solo para ellos), cómo no voy a querer hasta el tuétano de uno de los films que más y mejor definen mi género predilecto de siempre y desde un espacio que tiene el final de "El tercer hombre" a modo imagen de bienvenida... No es una opción, imposible ello.

EN CONTRA. Una vez asimilados (que lleva su tiempo) los nombres propios vinculados a este largometraje, desde tantos frentes además, queda lo de siempre: "¿quién narices mató al chófer?"... Grandes genios de la exégesis e inalcanzables maestros de la hermenéutica han dedicado décadas de vida a tratar de hacer virtud de ello, en un requiebro harto torticero (no nos engañemos) y mediante discursivas plagadas de polisílabos que al final vienen a significar algo del tipo: "así mola más y todo". Bravo por ellos. Pero al final: "¿quién narices mató al chófer?"... Es un 10 catedralicio y más que contundente. La quintaesencia del noir-detectivesco clásico yanqui on screen (de la mano con el estreno de Huston), pero un fallo de guión es lo que és, por mucha racionalización extra fílmica de quien fuere se nos cruce.


CONCLUSIÓN. Piedra angular y viga maestra de la historia del "cine negro"... Y aquí lo podría dejar tan ricamente. Está claro. ¿Qué cómo le pongo "11/10" a una película que tiene un "fallo de guión" tan ubicable como famoso?... Pues miren, ¿dónde está escrito que algo fuera de serie debe ser perentoriamente "perfecto"?, que les respondo... Es más, les puedo mencionar algunas docenas de films con argumentos y realizaciones "perfectas" que me atraen tanto como levantar yunques en julio. En sus altas cotas, conceptos como la expresividad o la personalidad (y aunque tan subjetivos puedan resultar de primeras), mean desde mucho más arriba que todas las formalidades estándar del mundo (que, además, quién rige o dicta la validez de dichas "formalidades", esa es otra)... Aquí, por cierto, las personalidades son Hawks, Chandler, Bacall, Bogart, Faulkner, Brackett, Furthman, Steiner... Las cuentas salen solas. Maravillosa e indispensable masterpiece del medio en general y del género en particular. Sin más. Y qué le den al chófer.

GUZZTÓMETRO: 11 / 10

LOS ASESINATOS DE MAMÁ (1994)

INTRO. John Waters es un personaje que a algunos nos sugiere sentimientos encontrados. Por un lado está el hecho de que alguien que se rige y motiva, invariablemente, por elementos de denuncia social valiéndose de elementos absurdos e irónico-sarcásticos como él hace, siempre es de aplaudir. Pero por otro... Dejando de lado sus inicios (con Divine, la "trash trilogy" y demás), no deja de resultar algo luctuoso que si éstas jerigonzas que se monta con sus Dreamlanders hubieran dejado de lado, un poquito más siquiera, ese "epatar por bandera", hubiéramos tenido un cineasta todavía mucho más interesante. Waters se nos pierde demasiadas veces durante sus films en el escándalo por el escándalo (y el exceso por el exceso... ¿alguien suma a lo gratuito por lo gratuito en la sala?), y aunque nunca queda muy claro si es por afectación de celo artístico o (justo al contrario) por hacer precisamente mofa de ello, el río acaba al fin por desembocar en el mismo mar. Una pena. Porque ese vitriolo, esa mala leche y ese cinismo alcanzado (en su más necesaria vertiente), resultan cosas inapelables cuando, de forma más o menos puntual, se ven dirigidas por completo a la narración que toque. Y ahí Waters resulta muy muy divertido... Hoy toca "Serial Mom", que es como la versión South Park de "American beauty" o "Mujeres desesperadas", en cualquier caso. Un film que, adivinaron que era fácil, se descubre tan deslavazado en parte de su estructura como descojonante en muchas de sus escenas y que, por supuesto, nos deja para el recuerdo una interpretación principal memorable (y exageradamente divertida) por parte de toda una señora actriz que fue y és muchísimo más que "la tía buena de las pelis de los ochenta".


SINOPSIS PRESTADA. Comedia de humor negro en la que una madre asesina sin reparos a quien se le pone por delante. Beverly Sutphin (Kathleen Turner) parece haber encontrado el equilibrio perfecto en su vida: haciendo malabarismos para resolver las necesidades de su familia y las propias, consigue milagrosamente que todo siga funcionando. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Veamos... Una fascistoide y psicópata Kathleen Turner cargándose a dios y la madre por las naderías más absurdas podamos imaginar. ¿Qué más queremos?. Quizá sí que, puntualmente al menos, se le pasa de vueltas el guiso a Waters en su afán de denunciar la falsa hipocresía y bonhomía de cierta clase media yanqui de barrio residencial, iglesia y barras y estrellas ondeando al viento en el jardín. Pero media comprensión (hasta se exige, según como). La sátira, la palabra que mejor define por naturaleza al cineasta, se apoya de forma natural en la hipérbole, y si ésta se tensa en exceso se termina por sacrificar las posibles cargas de profundidad (en mensaje e intención) que aquella pueda incorporar. Y, faltaría, la efigie de la Turner cuchillaco de cocina en ristre y al trote por un barrio residencial-tipo es demasiado poderosa como para dejar de eclipsar discurso alguno. Con paradoja o sin ella, y ciñéndonos a lo positivo, Waters acaba pues por llegar a una comedia (negruzca, por supuesto) que funciona muy bien como tal, aunque su reverso más sarcástico y menos evidente pierda fuelle en el proceso. En cualquier caso, la andanada postrera con lo de los zapatos del color que no toca a mi ya me convence por si sólo.

EN CONTRA. Pues nada en realidad (y lo de siempre a la vez con este hombre)... Más allá de que el film, y en la plena -y sardónica- honestidad que rige siempre por parte de su autor (eso sí), ni se planteé en momento alguno tratar de ser más de lo que acabará resultando. Y por ello, como ocurre con Waters aún en sus formas más accesibles (y mejores, a qué engañarse), la idea primordial sobre la que gira el film supera con holgura al film en si mismo... Generando una sorpresa tan gamberra como divertida pero que, en contrapunto, no hace especialmente necesarias posibles "revisitaciones" (factor indispensable para alcanzar el "8" -desde el insaltable Guzztómetro de final de entradas- y con ello, recordemos de ser necesario, su condición de "recomendacion ex profesa" en este espacio). Eso y, cómo no, el título al que aquí se vio sometido (que amén de sonar como el culo nos hace perder el juego de palabras original).

CONCLUSIÓN. Con el permiso de los coprófagos que aquí puedan caer alguna vez (y/o como sin duda caerán, apostillaría alguien no exento de cierta y dañina mala entraña), pienso que estamos ante el film más logrado, así en general, de John Waters. Mi favorito suyo, en cualquier caso, junto a "Cecil B. Demente", superando la mayor (aunque también falsa) amabilidad de "Pecker" y dejando muy atrás esa anterior "Cry baby" que, en resumen, se me antoja completamente prescindible. Todo ello, por supuesto, dentro de ese acercamiento comercial (dentro de lo posible) y noventero cometido por el autor y que configuran, de no mediar autoengaño o lecturas extra-fílmicas de diversa índole, sus mejores años como cineasta. Quizá, cierto ello y volviendo parcialmente sobre lo ya vertido "en contra", peque de cierto "cutrerío" (con perdón) en su realización y aunque sea ese precisamente el "efecto deseado" desde la misma, lo que inequívocamente penaliza al film (cuyas costuras se tornan más evidentes y menos prolijas a cada nuevo análisis)... Pero, de la misma forma, en su apartado de pura y dura comedia resulta altamente descacharrante (y sin duda ello la primera vez que se visita), y aunque sus elementos satíricos acaben resultando de brocha que no de rotring, bienvenidos sean siempre tocacojones como el Sr. Waters. Como Kevin Smith pero para adultos y con muchísima más mala gaita, si prefieren una síntesis más acurada para éste film... Y lo  indecible de más divertido, claro, ni qué decir.

GUZZTÓMETRO: 7 / 10

miércoles, 6 de marzo de 2019

LA NOCHE DE HALLOWEEN (1978)

INTRO. No me parece muy justo que alguien a quien se le debe tantas horas de diversión (desacomplejada, además) sólo haya aparecido un par de veces en diez años de blog... Carpenter no se merece esto. Posiblemente el realizador que mayores muestras de humildad y cercanía transmite al ser abordado en entrevista se cruce. Un gamberro con a su vez, y que nadie se engañe, un talento a considerar muy seriamente en sus más altas cotas y que, en el peor de los casos, nos va a entretener de manera casi inefable (saludos a Chevy Chase desde ese "casi"). Hoy toca, además y nada menos, uno de sus dos o tres largometrajes de pleitesía absoluta... Pues aunque no alcancen las correrías del Sr. Myers a lo que después plasmaría Carpenter en su obligatoria revisión de aquella "thing" de su tan admirado Hawks (y para mi al menos y en las últimas su mejor film), qué duda puede haber de que "Halloween" tiene derecho a podio y medalla garantizados en su bastante extenso opus. Y ya que de Hawks tratamos, sigue a rajatabla sus enseñanazas llegada la hora de "encerrar a gente para putearla a espuertas", y se permite para la ocasión el capricho de tener a la hija de Janet Leigh como protagonista y a su retorcida merced. 

SINOPSIS PRESTADA. Durante la noche de Halloween, Michael, un niño de seis años, asesina a su familia con un cuchillo de cocina. Es internado en un psiquiátrico del que huye quince años más tarde, precisamente la víspera de Halloween. El psicópata vuelve a su pueblo y comete una serie de asesinatos. Mientras, uno de los médicos del psiquiátrico le sigue la pista. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. "Halloween" tiene un compendio de virtudes del caerse un mucho de espaldas, al hacer recuento, y representa en definitiva (y se me excuse la obviedad, por favor) una de las cimas del cine de terror de siempre. Estamos ante una referencia que por ejemplo, con un presupuesto inferior a los 350.000 dólares, logra convertirse en una de la películas más rentables de la historia a base de puro ingenio y absoluta devoción. Los planos larguísimos, donde vemos a Myers en primer término de espaldas o en la distancia acercándose tan queda como fatalmente en intenciones, son icónicos del medio por propio derecho. Jamie Lee se convierte en actriz antes nuestros ojos bordando su protagonista y Mr. Pleasence logra transferir tanta inquietud con sus tremendistas monólogos como el propio antagonista enmascarado. Las teclas, innegociables, del propio Carpenter son ya leyenda (por básicas resulten a quien fuere) en el apartado musical.  Y, para no alargar, resulta del todo imposible no detenerse un instante en el personaje de Mike Myers en si (creado por Debra Hill y el propio Carpenter) y la fascinación que de forma inmediata proyecta... Un loco fugado tras largos años de perentorio cautiverio (que no menté como se inicia el film pero no creo nadie lo haya olvidado porque, básicamente, no existe esa opción) que, de a poco, se nos descubre como un ente inmortal que encarna ese mal en si mismo que tanto obsesiona y sobre el que tanto nos advierte el Dr. Loomis durante el film. Quizá es fácil despistarnos a veces con tantas secuelas habidas, y que oscilan desde el "pues no está mal" a la vergüenza ajena, pero sin duda éste film ("la primera, la buena") debe perdurar por siempre en el justo escalón que tan sobradamente se ganó.

EN CONTRA. Lo inesquivable de ser el film que hace arrancar clara y definitivamente toda la martingala slasher que seguirá hace que se le ponga, por defecto (o en casi todas partes como  poco), al nivel de freddies, jasons y demás... Cosa harto injusta. Hay más cine en cualquier plano de la película de Carpenter que en toda la filmografía de todos los Wes Craven de este mundo. "La noche de Halloween" no será "El séptimo sello" en cuanto a valores cinematográficos y consideración crítica, pero vuela mucho más alto -lo indecible de más- que toda su profusa e ingente explotation, más o menos encubierta y  revienta taquillas, posterior.


CONCLUSIÓN. Más allá de la cuantiosa ristra de datos desde el conocido anecdotario (desde la máscara sacada de un molde con la cara de Shatner a que tenían que recoger las hojas secas para guardarlas de cara a su uso posterior tras cada escena ya que el film no se rodó en la estación que enseña... y lo que en medio pille), "Halloween" deviene un hito en la economía de medios en la historia toda del cine. Carpenter, irredento admirador del género al que mayormente se debe, supo colocar los dineros con maquiavélico acierto. Impresionado por los pináculos del cine de terror yanqui anteriores pero aún relativamente recientes como "La noche de los muertos vivientes" (1970), "El exorcista" (1975) y "La matanza de Texas" (1974), se autoinculcó el deber de "vestir eso de largo". El uso del soporte panaglide (que también usaría Mallick para sus maravillosos "Días del cielo" y que es la steadycam inventada un algo antes en la misma década pero plagiada por Panavision) logró una fluidez y facilitó una serie de escenas jamás anteriormente vistas en el género. Sabía que tenía que apostar claramente por la "parte técnica" (para alcanzar la expresividad desde ahí) y supo lograr que le importaran cero cuestiones del tipo vestuario o soundtracks ("que se lo traigan de casa", o "coño, si la música ya la hago yo con mi casio"). Ese denuedo en el "cómo", casi palpable y diferencial al comparar con el resto de "slashers" que triunfaron durante la siguiente década, otorga a su film un poso de calidad muy especial y característico. Mucha gente confunde de vez en cuando  "suspenses" y "terrores" (y a veces capciosamente, para permitirse al etiquetar así lo primero mirar por encima del hombro a lo segundo) pero, y para terminar, "La noche de Halloween" es a su vez una magnífica muestra de lo primero y, sin lugar a dudas, una de las estaciones con parada más obligada jamás parida de lo segundo. No hay derrota posible. Y ya pueden irse afilando una percha de no coincidir en dicha apreciación, que no queda otra.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10


martes, 5 de marzo de 2019

MEGATROL. Episodio #0 (de los muy serios peligros de la autoconsciencia y los Weezer)

Arrancamos ésta sección, diseñada y creada por completo a fin de "poner a parir algo", con una decepción de las que escuecen y no poco. Por lo menos en esta humilde morada y, en efecto (que el encabezamiento no engaña en modo alguno), a la archiconocida formación liderada por Rivers Cuomo que me vengo a referir. 

Así de entrada obviaremos lo lógico de que (faltaría) hay quienes sencillamente jamás pudieron con ellos y punto. Que en su derecho están. A estos les saludamos y deseamos lo mejor que, sin duda, ya han terminado más que probablemente la presente lectura para marcharse a lo que quiera Sam Cooke que dediquen sus horas. De cara al resto, pienso que antes de nada conviene repasar un algo la historia de la banda hasta momento presente. De forma somera al menos y, por supuesto, no por necesario (que es una gente muy famosa, en definitiva) sino para generar una perspectiva global que, opino, ayudará a captar mejor la auténtica magnitud del drama a la postre. Porqué sí, en efecto: hubo en tiempo en que los Weezer molaron. Pese a quien pese y bastante, además.


En aquellos mid-90's Weezer resultaron una especie de trasunto, facilón e inmediato sin duda pero no por ello alejado de lo disfrutable, de Pixies y Pavement. Sin la retorcida pegada o la adictiva complejidad de esas bandas (con las que en justicia no debemos compararles ni de lejos y por aquello de no pecar de ventajistas y tal), Weezer enarbolaron una especie de "pipiolo-power" muy desenfadado y amable, a base de una base rítmica demoledora y una inercia melódica innegable. Por supuesto, cuando aparecieron, buena parte de "la especializada" les dio la espalda de manera fulminante. Demasiado evidentes, demasiado planos... Y con todo, a muchos esta banda de Oregon nos olía entonces a algo mucho más sano y limpio (y auténtico, aún a su meliflua manera) que todo lo que iba  surgiendo desde el skate-punk, el brit-pop, el techno-pop, el post-grunge y la madre que los parió a todos juntos, sin  olvidarnos de aquellos Marilyn o Reznor que jugaban a ser el "Bowie yanqui", maquillando con aspectos y perifolla mil su falta de contenidos y talento, o la calamidad ya absoluta del todo con aquello del tan bochornoso "chandal-metal" posterior. No eran Weezer unos Beck ("aquel Beck", entiéndase) o la Harvey (que esta SÍ que nació genia y morirá como tal), por ejemplo, y aunque incalculablemente alejados, en interés y fuerza, de los grandes nombres del indie rock añejo americano surgidos en los ochenta, resultaba curiosamente fácil ver en ellos una especie de (con su permiso) "Nirvana de bolsillo". Mucho menos convulsos y desprovistos de toda gravedad que aquel/aquellos, lógico, pero con un octanaje en lo instrumental que tampoco difería tantísimo, a poco nos fijáramos y fijemos. Y, ahora ya sí, a dar sentido a entrada y sección...


Resumen de su singladura (y con ello empiezan al fin las leches). El primer disco de Weezer son nueve tonadas poco menos que perfectas y con una fuerza tremenda... Y además "Buddy Holly". Que es su canción más famosa lo mismo que -por lo ya inexcusablemente chorras- la única prescindible de su magnífico "blue album". El siguiente viene a ser la mitad de bueno pero, ojo, aguanta el tirón y cumple con solvencia en su condición de "el siempre difícil segundo disco". A partir de aquí, y tras la marcha de Sharp (que se irá a jugar con sus moogs a sus The Rentals), rompiendo ello la primera y mejor alineación de siempre del combo, la cosa se empieza a torcer seriamente. Cuomo se descubre como un tirano total (desde entonces y ya para siempre), Bell hace lo que le dicen sin más y Wilson (un batería magnífico, sin duda) echará mucho a faltar a su ex-compañero para sostener el sonido-tipo de la banda. Con todo, tras un lustro volvieron con el tan inferior "green album" y la harto patillera "island in the sun" por bandera que, de alguna manera y pese a todo, se las ingenió para colar alguna que otra tonada apreciable. Lo suficiente para que "estuvieran de vuelta", por lo menos para un ingente importante y aunque (primordial para mal) es justo aquí donde empiezan a vender lo que (piensan) de ellos se espera y perdiendo, en el proceso, el bobalicón pero entrañable frescor inicial. Después, aprovechando la puerta abierta que ha dejado su genuidad al marcharse, llegará para quedarse Scott Shriner como bajista, editarán "maladroit", y con ello su última colección de canciones más o menos digna en conjunto... Desde aquí, algunas pistas  sueltas -muy sueltas, en verdad- del "red album" -2008-  o del "everything will be alright in the end" -2014-, y nada más. O nada más allá de la vergüenza ajena que produce escuchar los gorgoritos y jadeos de Cuomo (puro Enrique Churches) desde hace ya muuuchos años al entonar; unas sobreproducciones intolerables de Backstreet Boys para arriba; unos discos horribles que no le deseo escuchar ni al Carnicero de Milwaukee (que no se acabaría aquí la cosa ni de lejos pero, concretamente, "make believe" es ya como la soundtrack de una puta mierda); un futuro que se adivina peor a cada paso (el reciente "álbum" de versiones es de cubo al lado para echar de la primera a la última pota pero, atención, que lo ya oído de su nuevísimo  "black album"  le convierte en las Meninas en estéreo al compararse y desde ya mismo); rematando todo ello con el dolor, punzante se insiste, de lo tan ominosamente alejado que ha quedado la cosa de lo que un día pareció, aunque fugazmente fuera, que podría haber sido. A modo postdata, y aún sabiéndome un defensor a  ultranza de la no-violencia, un palazo en toda la cara a Cuomo cuando en la canción "Lonely girl" dice lo de "I know you're sad"  (1'59") le sentaría tan y tan bien... Nada, nada: el primero, parte del segundo... Y a tomar pol saco, Weezer. Si Buddy viera lo que habéis construido en su nombre...

RESUMEN FATAL

Si lo que te gusta de Weezer es... "Su facilidad para la melodía con electricidad de por medio". Solución: escucha a los Superchunk.
Si lo que te gusta de Weezer es... "Su tono desenfadado y alejado del machismo rockero más casposo". Solución: escucha a Pavement.
Si lo que te gusta de Weezer es... "Su vertiente cómica tan pronunciada". Solución: escucha a los They Might be Giants.
Si lo que te gusta de Weezer es... "Que su cantante lleva gafas". Solución: escucha a The Lovin' Spoonful.

jueves, 28 de febrero de 2019

DISCOGRAFÍA ELVIS COSTELLO (del menos bueno al más mejor)

 Una de las cosas más rematadamente raras que me han pasado desde que estamos en el mundo éste de las "interacciones internáuticas" (llámese blogs, webs y/o redes sociales varias) fue a finales del pasado curso y con nada menos que el tan aquí admirado Elvis Costello como foco principal del drama. Tras varios años de sequía en producción de estudio y con una enfermedad -que a tantos miles nos asustó de primeras- a priori superada, presentaba al mundo el de Liverpool su flamante "Look now"... Disco, en general, aplaudido por dios y la madre (tanto desde el corralito del "deep fan" como desde el insondable mar de los visitantes ocasionales) que, por cuestiones varias ya en este lugar descritas en su momento (enlace a colación here), no acabó de agradar  a quien suscribe. Digo más, fue un planchazo importante. Siguiendo desde ahí, y por aquello del "joder qué raro se me hace ir a la contra cuando todo el mundo está alabando a Mí ídolo" (cuestión que todavía escuece), ya hace varias semanas que uno tenía intención y ganas de abordar un nuevo "relato costellero" en el blog... Para la ocasión, la chirigota que reza en título. Con todo el cariño y gratuidad del mundo que va la cosa, ni qué decir.


Un único apunte, antes de entrar al foso de gladiadores. Se ciñe el siguiente listado a los veinticinco discos de estudio que vienen a ser el grueso de la "discografía tipo/estándar" del músico, grabados en estudio y con material original (o por lo menos de forma significante, esto segundo). Esto és:  aunque (y obviando a los "complices" habituales) aparezcan las colaboraciones con Toissant, Bacharach, la Brodsky Quartet o The Roots, se deroga de raíz toda la retahíla de completismos de "b sides", álbumes de versiones ajenas, soundtracks, intrusiones "puramente clásicas", directos (oficiales y no) o colaboraciones varias y por doquier de cualquier otra índole... Y apelo a la comprensión de base del personal, en todo caso... ! Qué son ya más de cuatro décadas de genialidad gafotas en danza ¡


25. "Wise Up Ghost and Other Songs"  (2013). La mera y dolorosa producción de este disco, el penúltimo ahora y firmado con The Roots, ya le confiere con holgura ésta "posición de honor" en el listado... Si se criticó en la casa "Look now", por ese tan innecesario como abusivo exceso de añadidos desde la grabación, con esto de "Wise up..." la cosa se torna directamente inadmisible. Ver y escuchar a Costello en verbenas que parecen salir de performances ad hoc para reality-shows envuelto, a su vez, de una producción tan antinatural y machacona (a ratos solo faltan Britney o Justin bailando por ahí en medio) acaban, irremediablemente me temo, por configurar el peor y más fatal paso de tan imprescindible carrera. Póngamoslo en "colaboraciones varias" y mejor miremos para otro lado los fans, vaya... ¿Cuela si decimos que "no és canon"?.

24. "Secret, Profane & Sugarcane" (2009). Que Declan y el legendario Sr. Burnett hicieron buenas migas enseguida y durante mucho tiempo (o hasta hoy, directamente y si prefieren) es algo harto conocido a poco se pilote la singladura de nuestro protagonista. Qué ya estaba a los mandos para la producción de "Spike", y antes con el gigantesco "King of America" (nada menos), el maestro T-Bone... Sin embargo, lástima, el álbum que ahora toca es, con importante diferencia además, lo más marcadamente aburrido y coñazo que ha grabado nunca Costello. No es un truño (eso solo me lo merece la referencia anterior en la lista), claro, pero es que no se sale de aquello tan rijoso y carcunda que "los especializados" gustan de denominar "ejercicio de estilo" ni un puñetero milímetro. Siendo positivo, Costello por oficio y talento sale vivo de su intrusión a las american roots más profundas (que de eso iba la cosa en definiiva) pero, desgraciadamente, el tracklist sólo nos regala "sulphur to sugarcane" o su revisión de las "complicated shadows", como material de verdadera enjundia.

23. "Goodbye Cruel World" (1984). Primera colaboración en aparecer aquí con los maravillosos Attractions originales en liza y, que ello hasta tiene su coña, el disco que el propio McManus señala como el peor de su carrera desde el libreto de su reedición digital. Pub music con aromas a pana y pureteo qué agradó en la época por su parcial reverso "pseudo-soul", pero cuya deuda autoinculcada hacía un sonido tipo y un tracklist tirando a flojeras no acabó de dejar brillar como se pretendía... Una impagable perla entre todo ello, eso sí: la versión desnuda de su "worthless thing", desde los bonus de la mentada reedición, no hay cristo ni demonio que la pague.

22. "Look Now" (2018). Lo ya explicado hace unos meses: "under lime", "unwanted number" y algún muy contado tema de corte mucho más minimalista que el resto, salvaría yo aquí y  únicamente del lote. Todo subjetivo, ni qué decir. Pero desde ese punto donde muchos "costelleros" de pro preferimos -una y un trillón de veces- verle rodeado de violines, cuerdas acústicas variopintas o/y pianos clásicos sin sampleos medien (en vez de coros abusones, metales porqué sí y chimes de todo tipo a tutiplén -y haciendo ello todavía más doloroso, si cabe, el tema del disco del 2009 ya antes repasado-) "Look now" se pega una señora toña del todo indisimulable. Me gusta que guste, de hecho me alegra bastante (todo reconocimiento para este genio se me antoja a mi poco de forma invariable), pero, tras un lustro de espera un disco "karaokil" (a la sombra de Bacharach) y que puedes hacer cada tres días si se te pone en la punta... ¿De verdad Elvis?. 

21. "Painted from Memory" (1998). Un poco lo del caso que precede pero veinte años antes. Sólo que con algo de puntuación superior de media desde el simple y llano tracklist. Se nota en verdad que estamos ante un disco de colaboración a otro nivel con Bacharach (va firmado en comándita queramos que no), y aunque -otra vez- está ese Declan que se empeña de forma contumaz en ser Sinatra sin hacerle puñetera falta, sólo por "the sweetest punch" y "god give me strenght" la cosa se acerca ya a lo abiertamente recomendable. Lo menos bueno, para quien suscribe (y de forma obvia si se ha estado un algo atento a lo que precede en el posteo), es que estamos ante un elepé temático de su vertiente menos atrayente... Dos hasta mola, tres tira que te va, cuatro a lo sumo (y tensando al límite) "shes" por disco vale... Pero no más porfa. Que tanto azúcar se me hace bola. ¿Qué canta muy bien?... Claro, no te jode. Busca ahora el peor disco de Jeff Beck, verás que (oh, surprise) también toca muy bien la guitarra en él. Si es que...

20. "All This Useless Beauty" (1996). Dice mucho del nivel medio de Costello que un disco donde asoman temas como "shallow grave", "you bowed down", "complicated shadows" o la preciosa e inicial "the other end (of the telescope)", aparezca en esta posición. Es también el último disco, ahora ya sí y del todo, con los Attractions originales (la relación con Bruce Thomas, por lo visto, era ya como bastante irrecuperable). Sea como fuere, aún asumiendo el paso atrás (que lo és y claramente) desde "Brutal youth", toda esta belleza inútil encierra un disco lo bastante amable al que lo único que en verdad se le puede echar en cara, o al menos de forma clara, es su ausencia de nervio. Muy poco del arrojo y fuerza de sus gloriosos tiempos pretéritos queda en estas composiciones... Aunque, por supuesto, lo poco que asoma suele coincidir con lo mejor del disco (no se qué me da, además, que a Bruce esto del "croonerismo sinatrero" no le acababa de convencer del todo mucho rato seguido... tampoco). 

19. "When I Was Cruel" (2002). Uno de los discos más infravalorados de Elvis. Y sí, aún estando en la posición 19 (qué tratamos de quien lo hacemos, reparemos un segundo en ello de ser menester). Casi por sorpresa y sin mucho bombo aparecía tras varios años de sequía en estudio (colaboraciones al margen) éste WIWC. Regado de algunos de sus temas más abiertamente rockeros en lustros ("daddy can i turn this ?", "dissolve", "45", "tear off your own head") y algunas bonitas semi-baladas de alta consideración para contrastar ("tart" o "alibi"), lograba este disco alcanzar cotas muy mayores a las de su inmediato antecesor (tanto en su carrera como en este listado). Además, está también "my little blue window" y a pesar de algún que otro tema que, póngamos, queda algo alejado de sus grandes cimas, con ello se alcanza para cuajar al fin una colección realmente apreciable. Uno de los grandes secretos agazapados en el largo opus costellero que, seguramente, pueda sorprender a más de un@ y dos. Y para bien.

18. "Spike" (1989). Uno de los dos discos aparecidos en la etapa de colaboraciones con McCartney y el que, por supuesto, contiene la celebérrima "Veronica". Y, de nuevo, vuelve a ser una irregularidad bastante obvia la que no me permite hacer saltar a posiciones más elevadas éste disco. Aún a pesar, atención, de tener algunas piezas del calibre y octanaje de "tramp the dirt down", "deep dark truthful mirror" o (entre otras) la inicial "this town". Pero, lo dicho y redicho: tratamos sobre quien lo hacemos... Más me fastidia a mi (se lo aseguro), qué "God's comic" es una de mis canciones favoritas suyas desde ni me acuerdo. Con todo, esa segunda parte donde parece priorizarse la búsqueda de determinadas texturas por encima de cualquier otra consideración acaba por dañar un "todo" que, para mi al menos, hubiera sido "más con menos"... menos temas, se entiende (y como cuatro o cinco, además).

17. "Punch the Clock" (1983). Con todo el respeto a los TKO Horns, pero este será por siempre el "disco trompetero" de EC&A. Y el penúltimo antes de tomarse un ya casi imprescindible hiato de año sabático (por aquello de no de morirse por  puro agotamiento y tal). El que para muchos siempre será el álbum de "Everyday i write the book" (uno de sus grandes zarpazos de siempre "al otro lado del charco") y para otros, como servidor, el de la maravillosa "shipbuilding" (una de las letras más incontestables y luctuosas de su carrera, con la burrada perentoria que acarrea ello) que el maestro Wyatt también supo hacer suya. En este caso, más que irregularidades lo que no me permite "ascender" el álbum a posiciones más serias es que tanto viento metálico y tanta jacaranda por montera lo que es alegrar alegra, no lo negaré, pero también (y ya lo siento pero no lo puedo evitar) me resulta por momentos una especie de reverso en modo "banda el pueblo en las Fiestas de Villaberzas de Abajo" del muy -MUY- superior y anterior "Get happy !!"... Eso sí, "the world and his wife" es a su vez el fin de fiesta total. Las cosas como son.

16. "Mighty Like a Rose" (1991). El otro con colaboraciones maccartnianas. Sin duda con una de las peores portadas, no solo suya sino de toda la historia del mundo (y con algún tema del primer segmento de disco que nunca me ha convencido mucho, ya puestos), pero también, con un equilibrio más ajustado entre highlights evidentes y joyitas (y joyazas) semi-ocultas que el más celebrado, en general, "Spike". El disco de "how to be dumb" (eso és Declan, coño, así me gustas) o esa maravilla cósmica de cierre que responde por "Couldn't Call It Unexpected No. 4" (lo ves hombre, con orquesta clásica mucho mejor... dónde vamos a parar, que está también "All grown up" por ahí en medio por si poco fuera). Casi hasta me hace cierta gracia que el tema más recordado, el surfero de bienvenida al disco, me resulte de los menos memorables a pesar de su, indiscutible, emblemática condición. Se insiste, que nadie se nos despiste con la horrenda y floripondia cover, MLAR es un trabajo muy altamente reivindicable y que, curioso o no, me aguanta mucho mejor en las querencias personales que otros con bastante mayor aceptación popular.

15. "National Ransom" (2010). El último trabajo de auténtico calado en la cronología hasta momento presente. Como si hubieran ubicado y aprendiendo a paliar todo lo que en "Secret, Profane & Sugarcane" no funcionó como debiera, Costello y Burnett (con la ayuda de algún ilustre del "americana" como el Sr. Lauderdale) se aplicaron en serio para este "National ransom".  Ese zambullirse sin cuidado ni escafandra en las old roots pero, a su vez, salpicar e introducir con tino rockeos del tipo "the spell that you cast", "five small words", el tema titular, "I lost you" y alguna más, confiere una calidad al trabajo que le aleja (y mucho) de lo ofrecido en 2009 para acercarse, aunque parcialmente sea, a lo tan cojonástico que se logró en aquel "delivery man" de unos añitos antes... Para todo lo demás: "Dr. Watson i presume" y "Church underground". Que les tosa quien se atreva (que ya iremos a llevarle bombones al hospital).  

14. "The Juliet Letters" (1993). Parada insaltable de cualquier amante de los melismas y vibratos costelleros que, por muy obvias razones, brillan aquí a un nivel casi inabordable. Junto a "North" la prueba más sangrante y evidente que al timbre y arte de nuestro ídolo le sientan mejor los cuartetos de cuerda (literalmente para el caso, merced a The Brodsky Quartet) y/o la casi desnudez instrumental, que otros "palos" anteriormente descritos. Sería fácil buscarse ahora un antropólogo de guardia para que nos explique como, según una serie de vericuetos epistemológicos del copón, Declan lleva todo eso en la sangre desde los tiempos de Dickens -sino antes con Don William-, de una manera que excede por mucho sus intrusiones y logros americanos. De cualquier manera, esta obra de arte que también es disco, sigue perdurando gracias a un sindiós de músicos e intérpretes del mundo entero que siguen recreándolo año tras año. Irrepetible, en defintiva, y una de las muestras más contundentes de porque este señor se sienta en la mesa de los más grandes de siempre. El último en la historia hasta hoy que puede hacerlo, del brazo con su amigo de Pomona, en realidad.

13. "The River in Reverse" (2006). El mejor disco de colaboración con quien sea firmando desde la portada (aún a pesar del milagro que precede -cuya clásica premisa de base aleja a muchos, por desgracia-) , dejando a Attractions e Imposters al margen. Y tenía que ser con el Maestro Toissant, of course. Sintetizó a la perfección los activos y posiblidades que el registro costellero le ofrecía el mito de Louisiana, y de esa mixtura salió un disco que todo melómano de bien debiera tener en botín. Se reserva el de N.O. alguna pieza concreta como singer, pero el resto las ataca Costello con una sobradez y solvencia a prueba de todo. De hecho algunas de ellas pasarán a ser moneda corriente en casi todos los sets que el gafotas ha acometido desde entonces. Y no quería destacar nada de forma ex profesa, esto es todo un señor ejemplo de homogeneidad que (aquí sí) fluye además tanto por partes como globalmente, pero de verdad que la ausencia en discotecas privadas de ese díptico de despedida, con "wonder woman" y "six-fingered man", de cualquier "vanático" (sito en este planeta y que se precie un mínimo) resulta del todo inexcusable.

12. "The Delivery Man" (2004). Aunque no la acabó de rematar por todo lo alto, la primera década neomilenaria de Costello es algo que, y pienso ya hay sobrada perspectiva, se antoja como bastante incontestable. De hecho, pienso que de entre esos "grandes" anteriormente referidos (de los todavía en activo o sencillamente vivos, se sobreentiende) fue el que estuvo más claramente en forma e inspirado en dicho decenio. En cualquier caso su "delivery man" es, y quede claro desde ya, su gran disco de "sonido americano" (para ubicar torpe pero también rápidamente). Con íconos como las sras. Williams y Harris colaborando (sin olvidarnos de la steel de Mr. McFee), un tracklist de puro diamante y, ojo, la alegría derivada de una nueva montura para sus desventuras (aquí es donde los Attractions pasan a ser los Imposters, apareciendo ya el Cracker Davey Faragher como flamante nuevo bajista), TDM es uno de los mejores álbumes de su década lo mismo que de quien, en última instancia, lo firma. Así de molante y tajante es la cosa... Pasa que nos acercamos ya al top-10 del artista y ahí, ni qué decir, hay puras hostias de concurso y como panes para entrar. (Pd. No sería muy honesto si no destaco, ni que sea por la gatera y a traición, "country darkness" y "bedlam"... que no son de este puto planeta y punto).

11. "Armed Forces" (1979). "Hostias, se ha dejado el de los elefantes fuera del top ten. A la cárcel cyon él"... De acuerdo, se ve venir de lejos y se asume sin problema. Pasa que, al igual que ocurre con el anterior del listado, existe eso del "por algún lado hay que cortar"... Excusa  que quizá suene algo barata o vacía (o chorras, por qué no), se sigue admitiendo y habida cuenta de que nos enfrentamos a "Oliver's army", los "accidents will happen", la "green shirt" o, entre otras desde algunas ediciones del álbum, hasta al famoso cover de Lowe con aquello del "PL&U". Pero excusa que, en definitiva, no deja de ser también realidad en las  cuentas propias. Claro qué es un discazo (estamos en sus "años dorados" de aceptación crítica/público), por lo que no me paro ni medio segundo a comentar algo tan obvio. Pero, por unas u otras razones, los diez que seguirán me parecen albergar una mayor compensación general desde sus respectivas colecciones de canciones, y aún sin (en algunos casos) alcanzar unos picos concretos tan sonados y rotundos (y legendarios ya a estas alturas) como los de "Armed forces"... Qué sí, qué también es una masterpiece de aquí te espero... De hecho, no se qué narices hago excusándome: fue el primer vinilo suyo que me agencié, tiempo ha, y me deje un dineral en un 1st Ed. UK que no hubo ni hay puto derecho.

10. "Momofuku" (2008). Pues sí. Se coló en el top-10. Y sin duda no faltarán comensales que arrugarán ceños por incluir en tan selecto reducto a "Momofuku"... Más dejando fuera del mismo el que precede. "Momofuku", por supuesto, tiene una portada tirando a espantosa y una explicación (y motivación para la misma) aún peor... Por no hablar que no hay "olivers" ni "accidents" -etc- en su interior. Lo que sí tiene, miren, es un tracklist que, con alguna muy puntual excepción (básicamente la pseudo-bossanova "Harry worth" que me parece que no va a ningún sitio y, muy parcialmente, la inicial "no hiding place" por esos "nanas" por ahí en medio, que me abaratan un bastante una pieza por lo demás magnífica), resulta completamente incontestable. El mejor disco en estas vestimentas, que son las más cercanas a un pop-rock estándar suyo por otro lado, desde la juventud brutal y con sobrada contundencia. Puros trallazos como "american gangster time", "Stella hurt" y "go away", conviven con lindeces como "flutter and wow" o la preciosérrima "my three sons" y con total naturalidad. Además el colchón de temas restante es tan variado como notable... De hecho la gema definitiva del lote me reside a mi en uno de estos temas en que, quizá, no se repare de primeras..."Pardon me, Madam, my name is Eve"... Pura crema costellera, donde rabia y miel se funden en uno como en ninguna otra parte y me recuerdan de nuevo, por enésima, una de las mejores formas (sino la mejor) que jamás he leído o escuchado describiendo el proceder y estilo del músico: "un frasco de veneno escondido en un guante de terciopelo". Tal cual.

9. "Blood & Chocolate" (1986). Muy pocos músicos, aún a estos niveles, han logrado clavar dos álbumes tan magníficos y a la vez diferentes en una misma temporada. Ese 86 desdoblaba a nuestro prota entre las mandolinas y violines folk del rey yanqui y el retorno a lo grande a sus modos más poperos y/o estándar  (abandonados desde el domitorio imperial del 82). En esto segundo nos quedamos para B&Ch, por supuesto. Bastante más que mero acompañamiento, en su conjunto, para la excelsa "I want you"... Sobre la que, a qué engañarse, resulta imposible no detenerse un momento. Estamos ante una pieza maestra de la historia del rock, y muy burra además, con esta rabia interior creciente de un tipo que no entiende porque su pareja necesita ir a hablar con su anterior relación de nada, para irse cabreando y pudriendo por dentro cada vez más. Ese sentimiento se va reflejando en una agonía siempre a más (que és menos) desde la interpretación y desde lo musical alcanzado, mediante un metalenguaje muy extraño (con parangón ubicable únicamente en la fiebre de la "heroin" de Reed), cotas de pura asfixia... No es de extrañar en absoluto que alguien con el fuste de Michael Winterbottom desarrollará, años después, un largometraje a partir de ella (que más allá de lo que digan las lyrics, la intención es -o debiera- algo vital y, qué duda cabe y guste más o menos, muy poca gente canta/interpreta con la intención de Costello). Por lo demás B&Ch dispensa pildorazos del calibre "I hope you'r happy now" y "next time round", le lanza un guiño al futuro "delivery man" con la inicial "uncomplicated" y, entre una colección de gemas poperas, hasta oferta con "Tokyo storm warning" una de sus canciones más largas de siempre con esta curiosa vampirización beatlelera y un Steve Nieve sosteniendo el tema con una maestría que no por recurrente debe dejar de aplaudirse jamás. Si se considera, finalmente, que se vuelve a contar con el maestro Lowe a los mandos, la cosa cae sola y de maduro.

8. "This Year's Model" (1978). El disco que casi todo el mundo tiene en casa (ni que sea por ademán completista las veces) , el de la portada más famosa y (entre otras, como ser el primero con los Attractions -por ej. y casi nada-) ser el infalible suyo en todas las verbenas del tipo "los X mejores discos de rock de la vida" habidas y por haber. Cabe comprensión, así de entrada, con eso último. Es sin duda el más "deudor de su época" ya que, en efecto y a pesar del innegociable mimo para con las melodías, el trote borbotónico e incompasivo de sus nuevos socios dan un poso punkie innegable al álbum. Curiosamente, en lo personal, es junto a "Armed forces" el menos perfecto de entre su imprescindible sexteto de arranque de carrera con material original (cámaras y elefantes "sólo" son dieces entre puros onces, para quien suscribe). A partir de ahí, qué narices explicar a estas alturas de las "pump it up", "Chelsea" y demás... Y es que quizá, se admite, sea un tópico ya la alta consideración que la crítica (e historiadores del medio varios) le otorgan sin falta. Cierto ello. Pero de la misma forma, ¿acaso deja abierta otra opción el puñetero disco?. Sólo, y como ya he hecho, la de perdernos un rato en chorradas subjetivas (y absolutamente gratuitas) de a duro tres docenas... Ahí reside la fuerza de lo verdaderamente incontestable, quieras que no.

7. "North" (2003). La pleitesía plena que rindo a este disco debiera ayudar a entender mejor esas "leches" que le endilgo, aún inmerecidamete si se quiere, al último editado hasta hoy... Su menos que es más llevado al paroxismo sonoro. El "disco recompensa" definitivo para los fans enamorados del cantante por timbre y capacidad interpretativa. Desde unos valores clásicos evidentes (Deutsche Grammophon presta la pegatina, por si alguien alberga dudas) y con una inercia muy mínima en lo instrumental, la expresividad del entonar costelero se dispara a unos niveles de emoción casi inabarcables. No es sólo el trabajo que todo fan de Waits debe tener perentoriamente, además (que va mucho más allá la cosa), también es un álbum que le da la bienvenida al otoño (el suyo) con una autoconsciencia bien entendida que exuda madurez, sin lamentos fatuos ni emociones enlatadas. Qué nadie se nos despiste desde ya los meros títulos de algunas pistas. Es un disco donde las letras son claras protagonistas, obvio, pero se desarrollan éstas desde una perspectiva de asimilación, de dejarse ya de estupideces y explicar las cosas como son/fueron. Sin medianías ni dobleces... Y para poder seguir desde ahí en la mayor plenitud posible (pues ese és el remanente final e impagable de "North", no el de recogerse a llorar en esquina alguna). Uno de sus discos más escuchados desde ya un significante tiempo a esta parte por mis partes (sospechando tan queda  como firmemente a la par que ello irá a más con el pasar del tiempo) y un prodigio en estilo y "economía de medios" en pos de la pura emoción, que funde elegancia y veracidad a niveles prácticamente inasumibles. I'm in the Mood again...O still, si se prefiere y claro qué sí. 

6. "Brutal Youth" (1994). Tras marcharse el ángel de "north" con un último suspiro, volvemos a la tierra para enfrentarnos a la gran e inesquivable referencia pop-rockera del Elvis Costello noventero. Y, desde luego (vaya de primeras), ésta juventú brutal tiene más que bien merecida su tan alta aparición en este listado. Esto suelo explicarlo siempre igual... y hoy no será una excepción. Si cogemos al "Costello-estándar" ya anteriormente apuntado, el que ofrece esa mixtura-tipo recurrente (y personal) en su acepción del pop-rock con la que más se le suele ubicar en muchos lugares, nos encontramos que, en justicia y propiedad, empieza ello en el 86 y con B&Ch. Desde ahí: "spike", "rose", "beauty", "momofuku" y, por supuesto, "look now", serían los otros que más clara y evidentemente se encajan de forma natural en la descripción. Bien, el que falta en la relación, su brutal youth del 94, es muy claramente su mejor disco en dichas vestiduras. Por supuesto, y por pura lógica al enfrentarnos a un tracklist que alcanza hasta quince estaciones y con tanta variedad de palos, no todas son la maravilla definitiva. Paticularmente, desde hace algún tiempo y siendo buenas canciones cogidas por separado, la inicial y vivaracha "Pony St." me desmerece un algo de las otras tonadas más movidas del lote, igual que la tan melosa "you tripped at every step" se me antoja pelín innecesaria cuando, además, ya has pagado de sobras tu cuota "she" antes y mejor con la maravillosa y exageradamente superior "this is hell". De haberme quitado este par, en cualquier caso, más de un sudor de preocupación y mirada furtiva hacía atrás se hubiera dado desde ese top-5 que en seguida pasamos a abarcar... Porque, sin entrar en la colección de hits -potenciales y/o de facto- aquí vertidos, ese rush final con esas cuatro pistas (horse/glad/rage/hour) es uno de mis momentos favoritos en la carrera toda del popular alter del Mr. Declan. O de cualquiera. Y tal cual se lo escribo.

5. "Imperial Bedroom" (1982). El gran disco de pop clásico británico de Costello y cia. Se suele apostillar, lo primero si no antes, que la producción del legendario (y hace unos pocos meses fallecido) Geoff Emerick es o fue absolutamente capital aquí... Y sí que es verdad ello. Pero también, en parte, recrea de alguna manera algo afín al jovenzuelo que, jugando con mayores, se sabe de repente una pregunta del trivial y se viene arriba relamiéndose con ese acierto esporádico... IB es más que eso, no se limita a mero patio de recreo a disponer por parte de un productor musical indebatiblemente genial (que también estuvo Emerick en la "useless beauty" del 96 y, definitivamente, aunque apreciable de forma puntual no quedó tan bien la cosa ni de lejos). El productor de los Fab se deja notar y mucho, sí, pero son las composiciones (tan dispares y con tanta calidad) de nuestro bardo las que rigen aquí en primer órden. Qué nadie se engañe. Con unos ecos que, particularmente, me suelen rememorar más peajes a los Kinks que a los propios Beatles (esos giros hacia el pop de cámara, los temas abordados, el uso de determinada instrumentación, las propias letras...), la colección de canciones se abre en tantas direcciones distintas que uno al final no sabe cuantos discos hay metidos ahí dentro. De hecho, esa amalgama entre lo tan ornamentado de determinados momentos y la desnudez de otros conviviendo en maquiavélico equilibrio, configura uno de los grandes logros y casi inexplicable vigencia del álbum. No me enredo mucho, para terminar, con lo que pienso sobre eso que algunos señalan con la última y reciente referencia de estudio al que hacen (con un par o tres de lo suyo) acreedor de alcanzar la sinonímia con este irrepetible disco... Porque hay para cabrearse y partirse la caja a la vez hasta la pura implotación, mayormente. En cualquier caso, el disco de "Man out of time"... a qué añadir nada más. Bueno, sí, que el "disco bonus" de la consabida reedición digital es de los mejores (y más necesarios) en este caso.

4. "King of America" (1986). Una de las cosas más interesantes y satisfactorias del fundamental KoA es que se ha acabado por ganar esa corona de forma tan natural como evidente con el pasar de los tiempos. Y es que estamos, en efecto y sin duda, ante el gran álbum folk de Elvis Costello. Quizá si el mascaron de proa, a fin de presentar el disco, no hubiera sido su famosa cover del "Don't let me be misunderstood" (que está bien, claro, pero no se significa apenas con el resto del disco) la cosa se hubiera aceptado algo mejor en su momento (hoy el "rey yanqui" goza de su más que obvia condición de "clásico", pero ha requerido de cierta exégesis el tema y seguramente fruto del desconcierto que derivó de lo explicado en el paréntesis anterior). Fuere como fuera, y al revés también, tenemos aquí enclaustradas, entre mandolinas y violines y para los restos, varias de las canciones más hermosas jamás registradas por Costello (y algunas bastantes inéditas en las compilaciones más conocidas del artista, atención con esto). Sin más, la inicial y bastante popular "brilliant mistake" se revela como mi arranque de disco favorito suyo de siempre y aún por emblemáticas sean "no action", los "accidents" y sin olvidarnos del tan querido "clubland". En adelante,-pues esa canción SÍ marca tono y cadencia para con el resto de forma muy directa-, van cayendo las "our little angel", "little palaces", "indoor fireworks", "Jack of all parades", "poisoned rose", "suit of lights", "i'll wear it proudly" y demás, sin obviar para nada los parajes más vivarachos con  (entre otras) "lovable" o "glitter gulch". Se nota, muy claramente además, que venía Elvis con ganas de incorporar cierta instrumentación al estuche propio tras su aventura como productor de los indispensables Pogues (en su mejor momento y para más inri) y, para resumir, no veo cómo le podría haber salido mejor la cosa, la verdad. Imprescindible de los de pasar lista.

3. "Get Happy!!" (1980). Si señalar un top-5 o 10 (aún por chocarrero y gratuito sea, que lo és) de alguien con tanta obra, tan admirado y seguido, se me antoja complicado de todos los apéndices conocidos juntos, ceñirlo a 3 ya me resulta como, directamente, jugárselo uno sólo a la ruleta rusa...Esto és: "éxito garantizado". Además, como los dos favoritos en el caso nos ocupa son los mismos desde siempre, encontrar el famoso "tercero en discordia" es casi un salto de fe al vacío por la parte que me tocas. Pero no... Está claro (coñio -con perdón por el exabrupto pero es que así me reafirmo y tal-), claro qué sí: el cojonástico "Get happy !!" debe pisar podio al fin. El viejo pandemonio soulero en clave punk (y si le damos la vuelta a los conceptos también cuela sin mucho problema) que tanto se quiero y al que tanto se acude en casa. Además está esa avanzadilla al futuro regente antes apuntado con la deliciosa "New Amsterdam" (realizada sin los Attractions por Elvis en un rato que se aburría) que si bien, pareciera al incauto, pudiera no pegar ni con cola en el lote (más tras lo señalado con aquella conocida versión, y con lo que con ella ocurrió, sita en el otro y futuro disco) se abraza aquí sin problema... Un tema pop en un disco folk es una estridencia, un tema folk en uno pop se somatiza sin problema, faltaría (que ahí reside una de las mayores "grandezas poperas" en realidad). El resto no admite fisura ni discusión.  Nos sirve lo mismo para descubrir como hubiera sido el estreno con los Attractions que como bacanal completamente desbocada y que, por inmediata causa-efecto, convierte "model" y "forces" en discos casi pacatos al comparar. Sí, el disco más soul de Costello es también el más punkie. Me gusta eso. Y además se termina con "Riot act" (si se empieza por el lado que a priori toca, que eso es todo una aventura en según que ediciones del disco) que es formidable y que, en efecto, nos enseña que Declan ya sabía hacer "estas cosas" antes que cualquier productor, sea cual fuere, se cruzara en su camino. Agotador en la mejor acepción posible de término y para siempre el cojonérrimo "Get happy !!".

2. "My Aim Is True" (1977). 24 horas de alquiler de estudio y apenas 2000 libras (de las de antes, eso sí) es todo lo que necesitaron Costello y Lowe, con la ayuda de unos pocos músicos en estudio que a posteriori -y de forma más anecdótica que otra cosa para lo que aquí nos importa- mutarían en esos The News que acompañaban a Huey, para empezar a fraguar una obra y leyenda rocanrolera de las que se cuentan con bien pocos dedos. La versión en bruto del primerísimo Costello, a base rockabillismos y blueseos por doquier salpicados ya de las trazas melódicas que definiran al artista en adelante. Siempre me ha resultado éste disco, y que los Attractions y sobretodo el maestro Nieve me perdonen, una oportunidad realmente única de tener a Elvis en un estado energético tan crudo como único (por la edad, bien fácil resulta de entender) y fuera del sonido tipo que incorporarán los Attractions. Banda ésta que no es que se aprecie en la casa... es que se adora, sin más. Pero, pura lógica y sin entrar en las atribuciones de los dos Thomas, un talento tan inabarcable como el que se agazapa (y se sigue agazapando) tras esos teclados debe perentoriamente fiscalizar un algo el sonido.... Imposible que no sea así. En cualquier caso, lo que aquí se consiguió desde las grutas de Stiff Records es algo que sigue ofreciendo, aún hoy, cierta sombra al largo opus del músico (que intente irse de algún sitio sin tocar "Alison", si se atreve). Las predilectas, en esta ocasión, son "miracle man", "no dancing"...Bueno, son TODAS, qué narices. Pero, eso sí, en esta colección reside por siempre uno de los temas que, ya desde la primera y tan lejana escucha, me dejo bien diáfano que había dado con un genio realmente único. De los de quedarse al lado suyo  por siempre, como waiting for the end of the world...

1. "Trust" (1981). A ver... Nací a finales de 1975 y llevo escuchando discos de todas las épocas del rock desde que me alcanzan los primeros recuerdos. Mis álbumes favoritos de la historia son "Marquee moon", "London Calling", el "Live at the Harlem Sq. Club", "New York" y éste. Mis canciones predilectas en el mismo periplo son "You tore me down" de los Groovies, "Last great american whale" de Reed y, amén de cualquier cosa que cante Sam Cooke, el "Watch your step" de Elvis Costello aquí ubicable... Desde dichas premisas: ¿queda algo por aclarar?. Busquen por internet, que si uds están agotad@s leyendo esta entrada imagínense yo que la estoy escribiendo, y deléitense si gustan con lo de que fue el primer disco con orquesta, o con que el tema antes apuntado al igual que "New lace sleeves" los tenía el canalla ya escritos de varios años antes... Para mi, al final, lo que sucede con "Trust" (que esto, obviamente, ha sido motivo de introspección personal en busca de respuestas en incontables ocasiones) es que todas, absolutamente todas, las mejores cosas que tiene la carrera de este descomunal músico se hacen su hueco, de forma más o menos evidente, en él. Que no se compren antologías, ni best of, ni greatest hits y/o similares los que pretendan entrar en el mundo de este otro genio de Liverpool... Cómprense "Trust". Y sigan desde ahí. Y no me rechisten... don't say a word, don't say anything.


miércoles, 20 de febrero de 2019

CINEAÑADAS : 2001

... Y casi cuatro años más tarde vamos con un nuevo listado de films favoritos de una temporada concreta. En esta ocasión se opta por una remesa mucho más cercana en el tiempo, como son las referencias surgidas durante el todavía relativamente reciente 2001. La excusa es tan liviana (y gratuita) como enfrentarnos a aquellos largometrajes que nos cumpliran la mayoría de edad durante el año en curso. Sin más. También, cierto ello, se trata de la "cineañada" más moderna hasta momento presente en el espacio. Y con diferencia, además. Lo que, quizá, pueda generarle cierto debate a según quien de cara a la vigencia y grandeza (o no) de determinados títulos concretos... Hay parte, en el segmento más carcunda dentro del mundillo éste de la cinefilia, que necesita a veces de un mínimo de cuatro décadas antes de considerar, seriamente al menos, la entrada (o no, again) de una obra dentro del selecto grupúsculo de "las grandes"... Y me consta mucho porque, a qué negarlo, servidor opera de vez en cuando bajo dichos y tan rancios como inexcusables dogmas. 2001, sea como fuere... El año donde el más insignificante reducto de crediblidad que aún pudiera quedarle a "la Academia" se va definitivamente a la mierda ya del todo, en ese "épico" momento donde el funcionarial, inexpresivo y bobalicón cine de Ron Howard se impuso al mundo de Tolkien on screen por un lado y por el otro, infinitamente más hiriente y deleznable a la sazón, a nombres tan legendarios como los de Scott, Altman y Lynch (viniendo los dos últimos, además, con sendas masterpieces incuestionables del santo copón bendito bajo el sobaco).


Como siempre ocurre, y justo antes de empezar con el listado, no puede dejar de señalarse el hecho de que por lógicas circunstancias de espacio y tiempo, el asunto se limita a únicamente unas pocas referencias concretas. Aunque sin embargo, no se dude y también como siempre al atacar este tipo de verbenas en la casa, antes de definir y sintetizar el rol que sigue se ha indagado en varias páginas y lugares en pos de, en posibles medidas, no dejarse nada significante en tinteros y de cara a las subjetivas querencias propias. Y alguna fastidió de dejarse fuera (tampoco se dude esto), lo mismo que otras lo "lograron" con toda la intención... Y después,finalmente, esta el caso de "Amelie", que me moriré sin saber si me gusta o no de verdad (un caso extraño para mi: lo que mé gusta del film me gusta mucho pero, a su vez, lo que no lo hace me parece directamente punible ante juez, conviviendo ambos estadios en un 50% casi perfecto, además)... A por ello, ahora ya en serio y en cualquier caso, no sin antes recomendarles (aunque fugazmente sea) el documental de los "Nómadas del viento", claro.


10. En la habitación / "In the Bedroom" (Todd Field). Por indie que a priori fuera y por mucha soundtrack de Thomas Newman que tuviera, "In the bedroom" es ante todo un dramón de los de manual. Curioso caso el de Field, además. Al menos como realizador (pues también es actor): sólo dos films en su carrera hasta momento presente y ambos muy ampliamente aplaudidos por la crítica aunque, por contra, sin mucha intención posterior (pareciera) de prodigarse más allá... El primero de ellos, el aquí destacado, es un monumental duelo interpretativo entre Tom Wilkinson y Sissy Spacek (sin olvidarnos de una también magnífica Tomei) que defiende, por si solo, la recomendabuilidad expresa del film. No es, a qué engañarse, un largometraje ligero en el sentido de que, en efecto, es de esos a los que "hay que encontrarles el momento". Pero, atención, tampoco es un film, póngamos, "difícil". Precisamente su principal poder y mayor virtud recae en su crudeza y falta de ambages. Posee silencios alargados de esos que tanto agradan a la parroquia gafapasta, en efecto, pero Field no se hace lios tratando de epatar a nadie porqué sí (a lo Solondz) ni tampoco agobia suspendiendo emociones de forma abusiva hasta hacerles perder a éstas su valor (a lo Coixet). Un muy meritorio equilibro de expresividad y emotividad el logrado por Field en definitiva y del que, me atrevo a conjeturar, el mismo maestro Bergman se sentiría bien  orgulloso.

9. Enemigo a las puertas / "Enemy at the Gates" (Jean-Jacques Annaud). Ya hace tiempo que se evidenció la incapacidad de Annaud por dar proyección a ese segundo lustro ochentero suyo donde, entre rosas y osos, todo auguraba una carrera futura completamente imparable. De verdad que intenté ver un par de veces "El amante", y tampoco descarto intentarlo de nuevo alguna otra vez (la calidad en puro y simple oficio del cineasta es, al margen de otras cuestiones, considerable), pero es que se me hace más bola que un bocata churros... Y, por si poco fuera, lo de los años en el Tíbet con Brad Pitt subleva el paisajismo preciosista a indisimulable coñazo del averno por mucho John Williams medie. Con todo, menos mal, vaya esta excepción... Porque, desde luego, "Enemigo a las puertas" me parece todo un señor peliculón. Que a nadie despiste aquello tan manido del "basado en hecho reales" (y aunque lo sea, y muy famoso además). La historia se agarra a la realidad que trata y logra reproducir (cosa muy aplaudida en su momento) y merced a un elenco tremendo, con un Law al frente -en el que podría ser el papel de su vida fácilmente- y un Harris que hace pequeños a todos y todas como marcial antagonista, se alcanzan aquí cotas de puro y duro cine de muy alto octanaje... Pero si hasta logra Annaud que Joseph Fiennes parezca un buen actor y todo... A qué más.

8. Los otros (Alejandro Amenábar). Nunca seré demasiado fan de "Tesis" me temo. E, igualmente, "Abre los ojos" me parece un quiero y no puedo de los que duelen. Con todo, "Los otros" me merece un film muy notable, y sin dobleces ni medias tintas se crucen. Además, importante, me parece que envejece de narices y, de hecho, es una película cuya estima me sigue creciendo con el pasar de los tiempos. Quizá, al hacerse también uno mayor (lógico), se va aprendiendo a dejarse de las tontunas del veinteañero que pretende saberlo todo y un día, de repente (y extrapolando para el caso nos ocupa), el hecho de que nos recuerde en varios pasajes a aquella imprescindible "The innocents" de los primeros 60 o alguna otra, deja de puntuarnos (para mal) para empezar, al fin, a considerar al film de Amenábar de forma intrínseca y como realmente procede. Y ahí es donde la cosa coge fondo y fuerza. Además, que de "coger prestado" a la postre, y ni que muy parcialmente sea, no se libran ni los Lumiere (qué narices). "Los otros" es un film con una ambientación magnética, unas interpretaciones intachables y un mimo por la forma que excede en mucho la dependencia del "giro final" en pos del efecto tramposo que da sentido a todo sobre la bocina final. Pues la conclusión de "The others" es, en efecto, la cereza en el pastel. Simple y llanamente. Antes hemos visto también una gran película que, no se dude, micciona desde mucho más arriba que todos los sextos sentidos -y similares- de este mundo juntos.

7. La maldición del escorpión de jade / "The Curse of the Jade Scorpion" (Woody Allen). Como todavía no se ha llegado a este film dentro del interminable ciclo dedicado a Allen sito en este blog, conviene señalar que se espera atacar aquí (y como procede) al susodicho en algún tiempo futuro (no muy lejano, de ser posible). Dicho queda. Desde ahí, señalar que estamos con esta "maldición" ante el penúltimo escalón que realmente me cuenta, dentro del tan ingente opus del realizador hasta fecha presente. De hecho, resulta bastante revelador reparar en que esta película y la siguiente serán ya las últimas con un Allen absolutamente protagónico y en danza durante todo el metraje. En cualquier caso, se logra aquí algo realmente divertido y tan bien cuidado (en formas y modos) que ni tan siquiera la co-protagonización de Helen Hunt -de la que no soy precisamente fan- consigue estropeármelo. Cosa por cierto, y que se lo aseguro a tod@s, nada fácil... Magnífica ambientación, ritmo y diálogos sin tregua y algunas de las últimas grandes escenas cómicas del cineasta (ojo a los encuentros con Charlize Theron, que son oro), bien valen que descalbaguemos a este film (y a "Hollywood ending", de forma aún más acusada) de las medianías que rigen en prácticamente toda la obra neomilenaria de Allen. Lejos de sus grandes tótems pretéritos, que tampoco está bien engañarse, pero (si no median prejuicios y se acerca quien fuere con la "mirada limpia") con todavía el aroma suficiente del "gran Woody Allen" para ser recordada. Que lo merece.

6. El hombre que nunca estuvo allí / "The Man Who Wasn't There" (Joel Coen). A pesar de contarles uno (que soy yo) hasta tres films completamente imperdonables a los hermanitos, lo cierto es que con todo el "decaer" de su cine que se quiera (con el pasar del tiempo y tal) en esta casa siempre se ha sido bastante "coeniano". Las cosas como son. Con todo, y de la misma forma, también soy de los que ven muy claramente (o de los que cuya vergüenza mínima les alcanza para no negar evidencias) unos Coen pre y post-Lebowski (-"Nota" included en la parte buena, ni qué decir-). Los siete primeros films, con los matices que se quiera y vaya (desde ahí, con alguna que otra posible excepción, servidor es de los que ya empieza a contar -no sin cierto dolor- "grandes aciertos parciales" más que films enteros perfectamente facturados) ...Aunque, atención, que en verdad son ocho. Hay que contar uno más, como con los mosqueteros, y por supuesto es éste: "The Man Who Wasn't There". Que en verdad estaba previsto fuera su octava referencia, pero las prisas surgidas de la oportunidad de trabajar con Clooney precipitaron el proyecto de la bastante irregular "O brother".  Suerte de noir disfrazado de drama costumbrista, o precisamente al revés, que sirvió a los Coen para ofrecernos uno de sus films más poderosos en lo visual y, a su vez, personales en lo narrativo. Magnífico Thorton con su hierático barbero de provincias protagonista como, y que quién lo iba a dudar ya a esas alturas, magnífica resulta igualmente la partitura del siempre fiel Sr. Burwell. Su afiladísimo humor negro, unos pocos pero selectos secundarios de postín y su tan inteligente uso de lo anticlimático hacen el resto para éste, seguramente el largometraje más visualmente elegante (al generalizar, en su conjunto) de los Hmnos. Coen hasta hoy.

5. El señor de los anillos: La comunidad del anillo / "The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring" (Peter Jackson). El cine de fantasía y la alta consideración por parte de la "crítica especializada" no suelen ser compañeros de viaje muy recurrentes. De hecho, suelen repelerse ya de primeras y sin mediar ni esperarse explicación alguna. Pero atención, sea por la magia tolkieniana, por el oficio de Jackson (-cineasta que personalmente, fuera de alguna chaladura gore a recordar con cariño desde sus inicios o por supuesto esta tan famosa trilogía del anillo, me parece tan necesario como una chancla con visera-) o por el simple y consabido "vaya usté a saber" de turno, éste largometraje gozó de una acepción global como bastante contundente. Sobretodo éste. O ésta, la primera en definitiva... Y no disimulen los fans de Bresson y Ozu del fondo, sí esos que hacen ver que la cosa no va con ellos, que esta entrega inicial nos gustó a todos. Después ya la irá cagando poco a poco Jackson (aunque sin perder nunca el norte del todo, que eso en justicia -y al igual que ocurre con la titánica condición de su esfuerzo- no se le puede negar), pero "La comunidad..." a pesar de cargarse a Glorfindel para poner a la hija del de Aerosmith, de no mentar al gran Bombadil ni que sea en un bostezo, o evidenciar (ya de primeras) que el director y los guionistas jamás entendieron un ápice los personajes de los primos de Frodo, -etc-, generó una especie de alegría general y en comándita que ni se puede negar ni es justo de olvidar. Los millones de fans teníamos al fin nuestra Tierra Media on screen en aquel 2001, quién lo hubiera dicho... Fue tal la devoción, la gratitud manifestada, que arrastró ello a medio planeta (y parte del extranjero) a los cines en una especie de conjura súbita de lo que no se libró prácticamente ni el Tato. Como dijo Cate Blanchett, ya a modo broche: "quien quiera sentir la magia de El Señor de los Anillos que se lea los libros, esto sólo son unos magníficos films de aventuras"...Y, concretamente, éste primero siempre nos resultará a muchos el mejor y más nutritivo de dichos films. Con diferencia, además.

4. Gosford Park (Robert Altman). A partir de aquí el nivel se propulsa lo indecible hacia adelante para quien suscribe. No veo a qué negarlo o siquiera disimularlo... Los cuatro films del listado que quedan habitan, en cuentas propias, muy -MUY- por encima del resto de su promoción. De hecho, el reparar en que estas cuatro maravillas fueron expuestas al mundo en la misma temporada ha sido un objeto de inspiración importante para acometer la fechoría de hoy... Empecemos con esta tan impresionante "Gosford Park", la última gran película del gran Altman. Todo un ballet de interpretaciones tan distintas como bien resueltas, con una cantidad de actores (y actorazos) que pueden hacer pensar en algún tipo de ardid vínculado a la magia negra por parte de la persona que se encargara del casting, y un Altman que hace volar el objetivo con una mezcla de suavidad y velocidad al alcance de muy poca gente y para acabar de cimentar esta coralidad tan denodadamente dispuesta que define al film antes y más que cualquier otra cosa. El paso de la parte inicial  con el consabido drama de los de mansión y tentetieso, de "arriba y abajo" si prefieren, al "whodunit" de manual de la postrera, es otro lance de puro aplauso... Sin histerismos, sin casqueria barata... Aparece Fry en su papel de investigador desfacedor de entuertos, el rol más cómico con diferencia del lote, y de repente estamos en otra película. Que es también la misma e igual de buena a la vez. Además, sale Emily Watson que es mi actriz favorita. Qué más puedo pedirle a éste film... En verdad (tirando ya del todo de la manta), el favorito personal de un pedazo de bestia parda como fue Mr.Altman de no existir los "Short cuts" de marras. Fíjense en que nivel de estima me habita.

3. Los Tenenbaums. Una familia de genios / "The Royal Tenenbaums" (Wes Anderson). Ya escribí en la anterior entrada sobre lo mucho que se aprecia la obra del amigo Wes en este lugar. Una mezcla de manierismo esteta por montera y marcado gusto por el absurdo realmente logrado. Único, a decir verdad. Uno puede reconocer al realizador en un solo fotograma y a su vez esperar algún giro cómico que sin duda, tarde o temprano, caerá como la consabida mosca de la paella. Y, con alguna excepción muy señalada y ubicable, el tipo no falla. Estos Tenembaums, además, me resultan con cierta holgura su mejor referencia de la mano con sus posteriores desventuras en el  Hotel Budapest. Una colección de fotogramas a atesorar por el innegociable mimo dispuesto, una banda sonora impagable, algunas secuencias que ahí quedan para la posteridad y, faltaría, un casting perfecto donde hasta lo que, según apriorismos varios, podría chirriar no lo hace en modo alguno. Además, y no poco o menos importante, es realmente divertida. La sola escena de la trepanación de venas al ritmo del tan querido y añorado Elliott Smith ya es un hito en si mismo, igual que cualquier segundo donde aparezca el gigantesco Hackman en pantalla (qué pena que no se prodigara más en la comedia este señor), o también, la mera presencia de la sombra de la Sra. Huston (sobre la que no me atrevo siquiera a intentar definir por ser na debilidad personal muy sonada)... Muchos, demasiados para contarse así en crudo y a vuela pluma, son los activos de esta película que, en definitiva, supuso a Wes Anderson lo de "llegado para quedarse" ya del todo y desde entonces. Asunto que, por supuestísimo se espera y desea, nos dure para rato.

2. Mulholland Drive (David Lynch). Dejando de lado su ninguneada "Dune" ochentera, realizada por encargo de De Laurentis, lo cierto es que las otras dos pelis más "normales" (para entendernos rápido y fácil, a pesar de lo somero) de Lynch son dos "masterpieces" tan rotundas como inolvidables: "El hombre elefante" y "Una historia verdadera"... Y de esta segunda venía precisamente el genial autor antes de enfrentarse al film que ahora toca. El film que dispara la carrera de Naomi Watts e, igualmente, todo un señor bofetón a los que auspiciaban algún tipo de "bestia domesticada" para con los años de madurez creativa del cineasta. Magnífica película a cualquier nivel. Su última gran obra donde, de nuevo, la disgregación estructural, el gusto por lo onírico y lo simbólico atacando a la realidad sin piedad o un sentido por lo estético tan opresivo como retorcido, nos supuso a varios millones algo de un magnetismo tan pleno como inexplicable. Por supuesto, quien así lo quiera, se puede perder en explicaciones y sentidos (irremediablemente subjetivos, por otro lado), o en hacer recuento de fractalidades para que, al menos, le cuadre la estructura global del film... Sin embargo, Mulholland Drive  seguirá siendo al fin otra historia noir de muy oscura base que Lynch nos cuenta de forma directa y asertiva, pero desde ángulos tan extraños como inesperados. Y continuamente. Al igual que ocurre con terciopelos y carreteras, o así lo entiendo yo al menos, lo mejor siempre será dejarse llevar y maravillarse por el proceder de este hombre que siempre, inefable e incompasivamente, juega más a proyectar sensaciones determinadas que cuadrar una "narrativa-tipo" como mandan los cánones... En los que, también inefablemente, se acostumbra a  mear encima. Una fascinación y adicción muy única, y sin comparación clara, la que nos logra este genio a un ingente demasiado importante para hablar alegremente de "poses" o "casualidades" que valgan... Y los vericuetos de Mullholland Drive es a la postre y ni qué decir, de "las gordas" (y por ende imprescindible) suyas.

1. El viaje de Chihiro / "Sen to Chihiro no kamikakushi" (Hayao Miyazaki). Qué pena si alguien se extraña de esto. De verdad lo escribo. Ya no es sólo por que apareza,sin remisión posible, en muy altas posiciones de todo listado de "mejores películas de la vida" se nos cruce, o por ser (simple y llanamente) el mejor film de animación de la historia (con el único permiso real de la obra previa inmediata del propio Sr.Miyazaki y, eso sí, afilando mucho el asunto ello)... "Chihiro" es la Fantasía (así con mayusculaza) hecha película. Con toda la falta de condescendencia del mundo para con el público infantil (práctica poco menos que innegociable para Hayao) y un respeto por el formato clásico "cuento" que puede hacer sonrojar de envidia de Andersen a Dahl y a quien quieran dioses y demonios que se nos cruce. Muy pocas veces, y de darse el caso (particularmente solo se me ocurre la casi centenaria Caligari como posible contendiente), tendremos la sensación de estar viendo un sueño en pantalla a este nivel. Hasta alcanzar la pura ataraxia porque hasta el señor Stendhal se nos queda corto. La tan minimalista como inolvidable música del infalible Hisaishi, en la cúspide de su carrera (faltaría), subraya una sucesión de eventos que, de manera directamente inasumible, funcionan sin mácula amargue tanto en la continuidad narrativa como en la belleza de imágenes. En otro espacio quizá alguien les espetara, así de frente y de gratis, que hay que estar muy amargado y ser muy gris para no rendirse a este largometraje, lo mismo que tratar de relativizarlo un ápice  por su "animada" condición es, sin más, algo propio de un patán impresentable... Por suerte, respiren tranquilos, están en este lugar. Y aquí nos limitamos a rendir pleitesía eterna a éste film que, por resumir, no és sino la genialidad más genial de un genio. Uno sin comparación posible en toda la historia del medio habida o por haber, ya puestos.