viernes, 19 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (IX)

Cap. 9: "Outlaws" / THE OUTLAWS (1975)

Los Skynyrd, Allman, la Marshall Tucker Band, Burrito (y de paso le pasamos la mopa a la estatua de Gram, ya puestos) y todo lo que se quiera. Antes y después de ese 1975 en el que apareció el elepé destacado hoy y desde lo que suele convenirse como "rock americano", southern o no (que eso, por vergüenza torera, se lo dejo a los que adoran esa vertiente rockera de forma ya más concreta), pertoca. Sea como fuere, el estreno de The Outlaws -homónimo al borrar el artículo- merece permenecer sin duda entre los imprescindibles de la mentada vertiente y/o sutiles variaciones... O por lo menos en la lectura que en esta humilde casa se hace y hará. E importa cero que, al contrario que ocurre con la mayoría de grandes nombres del tinglado, la formación no ofertara nada cercano a este nivel a lo largo de su carrera restante (aunque ojo, no se caiga en el desprecio gratuito, que este personal es apreciado y bastante por los ya antes señalados acólitos del género). "Outlaws",en definitiva y no se dude, trasciende con holgura a su etiqueta y demuestra por enésima (es de esos discos, si) que existe un punto donde la calidad manifiesta pisa y aplasta sin miramientos  todos los apriorismos y simpatías/antipatías habidos y por haber.

Un disco adictivo a poco más poder, con unas harmonías vocales de aplaudir de pie y unos juegos guitarriles del caerse de culo. En él se da espacio a la balada intachable (" It Follows from Your Heart") lo mismo que al virtuosismo porqué sí ("Waterhole"), tiene una tripleta inicial invencible que te mete dentro del disco por espuelas (imposible quedarme con una de entre "Song for you" y "Song in the breeze", para señalar la favorita personal de la colección de no darse después la coda que se dará) y, faltaría y entre otras (haciendo especial hincapié en el tan agradecido y vivaracho tono general), está ese remate ya apuntado con la prodigiosa "Green Grass & High Tides"... Canción que por si sola convierte este lote de tonadas en algo imprescindible. Sin más. A partir de aquí investiguen sobre la formación, vida y obra, lo que quieran (o no), demuestren lo mucho que saben dicendo que tal disco de los Allman o quien fuere es muchísimo mejor en comentarios y/o, en resumen, todo lo que les apetezca. Pero que nadie se haga la putada nunca de privarse de esta maravilla por prejuicios de ningún tipo... Masterpiece, de bluegrass, country, southern, zarzuela western y hasta del canto gregoriano, si hace falta. Y punto.

jueves, 18 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (VIII)

Cap. 8: "In Through the Out Door" (1979) / LED ZEPPELIN 

Ok, no sería LZ el colmo de lo ignoto y sea cualesquiera de sus discos el que se pretenda abordar. Pero su último estudio tiene ese aura de "patito feo" que tan injusta y antipática me resulta y que tantos discos de los grandes (de los realmente grandes de verdad) poseen a su pesar: un trabajo contundente, putámico a más no poder y mayormente denostado por la siempre tan subjetiva comparación pretérita con las (más o menos admitidas) cúspides de la formación/artista. De "New morning" a "Comes a time" sin olvidarnos de "Loaded",  "Workingman's Dead" o "Sunflower" y todo lo que se quiera... Discos amados sin reservas por los respectivos fans, pero también (y primordial ello) por ese impagable ingente añejo que no se deja engañar por la "bitácora establecida" y le dio, da y dará (espero y deseo) por sumergirse en los discos, ajenos a dires y diretes, para reivindicarlos en su más ajustada  grandeza y a fin de clamarla a todo viento asome. Menos rollos y en síntesis: con "In Through the Out Door" estamos ante un bicho de estos. Y qué quien toque bendiga por siempre al señor J.P. Jones por ello.

Partamos de la premisa que todos los discos de Zep son la releche (sí, hasta "Presence" que, de forma dolorosamente honesta, es el único que ralla pelín por debajo del resto tiene sus momentos que lo alzan hasta lo imprescindible sin debate a encaber). Y una vez admitido lo innegable ya podemos señalar su disco del 79 como "el disco de John Paul Jones", que lo mismo es bajista de leyenda que el genio escondido tras muchos de los arreglos de la formación. Y se nota y evidencia mucho ello. Se aprovechan (aprovecha Jones, mayormente, en su cualidad "arrengementista") las nuevas fórmulas de estudio de la época, del que tan machacón y ramplero uso darán algunas bandas del AOR más rijoso y militante, pero faltaría: en "clave Zeppelin". Victoria asegurada: los vericuetos de la extensa "Carouselambra", lo emblemático de la inicial "In the evening", la melosidad de "All my love", esta "South Bound Saurez" que tiene todo el nervio de antaño que conviene esperar, la saltarina y adictiva "Fool in the rain" que recuperaba el espíritu más abierto a disgregaciones y giros inesperados del totémico edificio doble del 75...  Y si hay que rocanrolear a lo Elvis en la cantina pues mucho más sobrado no se puede ir que Plant en "Hot dog" lo mismo que si toca despedirse con un vals de las galaxias como el de "I'm Gonna Crawl" pues para adelante oiga que somos los reputísimos Led Zeppelin. Y, en resumen, no ha habido ni habrá jamás nada que vuele más alto vínculado a la label "hard rock"... y eso como mínimo. Al año siguiente se nos iba Bonzo y en el 82 salía aquello de "Coda", más a fin de cuadrar contratos que otra cosa, pero "In Through the Out Door" cierra una octología que es un mundo en si mismo. Reincido, eso sí, con su permiso y para terminar (o el fan teenager que llevo dentro del cuarenton embalaje me mata): al final ni kuins, ni the jus, ni parpels, ni eisidisis, ni pollas en vinagre (y lo mismo para bandas tan queridas por mi persona como BÖC o los de Lynott)... Si de sacar a pasear guitarras y liarla a lo burro se trata: ayer, hoy y siempre ZEP. Los más versátiles, los más putámicos, los mejores. Y punto. Qué no te engañen. 

miércoles, 17 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (VII)

Cap. 7: "Fakebook" (1990) / YO LA TENGO 

Si bien es cierto que, en propiedad, "Fakebook" no es un disco de versiones íntegro (hay cinco piezas originales -revisitadas o no- dentro de las dieciséis que lo componen), no me arredra en absoluto llegada la hora de señalarle como el elepé de versiones ajenas favorito. De siempre y de la mano (en indisoluble empate eterno y eso sí) con el noventero "WGW" de Dylan, ya puestos a puntualizar del todo. "Fakebook" pilla a Ira y Georgia en aquel breve impás de los primerísimos noventa, justo antes de la llegada de James McNew (y con ello la encarnación ya definitiva y legendaria del combo) y si bien la elección de propuesta -un disco de covers- podía extrañar y dar síntomas de debilidad (más con la marcha del 33% del line up y la sombra de un disco magnífico como fue "President Yo La Tengo" que no encontró repercusión más allá de la crítica más especializada y sesuda de la época), el tiempo acaba por arrearle el consabido par de sopapos que tantas veces merecen apariencias y apriorismos... Hoy "Fakebook" es un discazo, Yo La Tengo una banda de la vida y, estaríamos buenos, la versión (definitiva) de su "Did I Tell You" un tema fraguado en otra galaxia.  

Y qué decir a estas alturas de comedia sobre la elección de temas ajenos atacados: héroes más o menos ignotos del folk pretérito, alguna banda pseudo olvidada pre-british invasion, el guiño a ese personaje interdimensional que responde por Robert Jonhston y (rescates de "rarezas" al margen, ojo), claro... Festival de Tom y Jerry total: Gene Clarck, Cat Stevens, Flamin'Groovies (vaya "you tore me down" se marcan los puñeteros, por todo lo sagrado y lo qué no), NRBQ, Kinks, John Cale... Todo con esas voces angelicales de los Kaplan que, sin saberlo entonces, estaban destinados a dispensar una de las secuencias de elepés más diversa y necesaria de la década que recién se estrenaba. Maravilloso trabajo de los que te engañan hasta ponerte en paz con todo, a modo pomada hasta en el más jodido de los días y aunque por un breve instante sea, y a qué más.

martes, 16 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (VI)

Cap.6: "Car Button Cloth" (1996) / THE LEMONHEADS

Tras unos cuantos discos agradables a la escucha pero algo planotes y faltos de temas de verdadera enjundia (con alguna que otra excepción, seamos justos), Dando y sus esbirros daban en la diana plenamente, y en aquellos primeros noventa, con la dupla "It's a shame about Ray"/"Come on feel". Todo un estallido de frescor, simplicidad bien entendida y honradez de corte clasicoide (con cierto poso punk y claro buen rollismo pseudo-hippie, para acabar de completar el cuadro) que se supo hacer su espacio entre tanto tremendismo y sobreafectación grunge. Tras aquellos años de bonanza, en cualquier caso, ya nada fue igual en popularidad para Evan y su "banda": el disco que hoy se destaca, un magnífico regreso en 2006 que mereció mucha mejor suerte y, sin más, un par de álbums de covers -bastante recomendables- dispensados con una década de diferencia entre si. Sin problema, por otro lado, Lemonheads tienen material de sobra acumulado para atracar a todo organizador de festival veraniego se cruce y, en realidad, el único pesar sería (y es) lo poco que ha editado Dando en el último cuarto siglo con composiciones originales, habida cuenta lo satisfactorio que ello ha resultado. Las dos veces (tres, si contamos su disco firmado con nombre propio en 2003 -que aunque algo inferior no deja de aportar algún que otro temón de cuidado-) y aún por poco bombo mediático se le diera.

"Car Button Cloth", amén de tener una portada y título (y explicación de ello a juego) que queda a medio camino entre lo lamentable y lo innecesario, es un disco absolutamente reivindicable. Esto es así. Se le/s hizo pagar los tres años de hiato desde el anterior y (amén que los gustos, al generalizar, hubiesen cambiado) la crítica le dio la espalda a un disco que integraba pistazas como " If I Could Talk I'd Tell You", "Hospital", "Knoxville Girl" o "Outdoor Type". Donde también teníamos inmediateces de funcionalidad infalible como "Something's Missing", "6ix", "One More Time" o, mi favorita de todo el lote, "Tenderfoot". Y donde todo lo no aún mentado, para completar y por supuesto, pues también fue y es bienvenido en mayor o menor dicha (hasta la pedazo fricada instrumental del "Secular Rockulidge" final que tiene su coña... o qué decir, por ejemplo también, de esa bossa "elliottsmithada" para "C'mon Daddy"). No todos los discos de Lemonheads/Dando, y ya para terminar, son "It's a shame..."  (su eterna masterpiece), faltaría, pero desde ello el condenao no tiene un disco que deje de resultar de apreciable para arriba. Sin matiz que valga y tal cual que se lo explico, oiga. Y fin.

lunes, 15 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (V)

Cap.5: "Madman Across the Water" (1971) / ELTON JOHN

Por supuesto. Aquí se va al traste del todo eso de "intentar acercar discos que sean menos obvios o acostumbrados"... Todo un multiplatino de marras el cuarto de Elton, a qué darle vueltas. Pero caray, con todo esto del biopic y la reivindicación por parte del "purismo rockero" (que de un tiempo a esta parte parece haber capitulado y otorgar al fin el puesto y lugar que merece el artista), uno no se puede estar de mencionar, ni que fugazmente sea, el favorito personal del músico. "Semos humanos" por un lado, y "Madman" un escándalo de disco por el otro y en definitiva.

Está claro que el primer lustro setentero de este señor es una de esas burradas infranqueables, de las realmente contadas, que ha dado el medio. A las músicas de Elton y las letras de Taupin, por aquellos días, les daba por levantar una piedra el campo y les brotaba un nido de canciones tremendas ahí donde a la mayoría les intentaba picar el consabido bicho de turno. Muy subjetivo pues, y por qué discutir en balde, señalar el presunto "mejor de todos". El homónimo, Hunky, Captain, Timbleweed, los baldosines amarillos y/o lo qué la gana de a quien fuere desde el apuntado periplo de tiempo. Sin embargo, mentiría de no admitir mi predilección por el que se destaca hoy en cabecera. Un dispendio de arreglos, síntesis de contenido y melodías que, por pura y dura calidad, mean tan lejos que cualquier tipo de injerencia acaba por descubrirse soez y gratuita y más pronto que tarde (qué más dan esos "lalalas" al final de tal canción, o la "sobreinstrumentación desmedida" para quien fuere de tal otra, con la barbaridad del todo se nos oferta aquí puesto en el otro platillo la balanza). Elton se adelanta casi cinco años a lo que propondrá la transformación de Fleetwood Mac con la llegada de Stevie y Lindsay, y dejaba claro (desde ya) que el hacer algo abiertamente "comercial", y de manera ex profesa además, no tenía ni tiene porque ir reñido con la personalidad expresiva ni, por supuesto, con la calidad. A partir de ahí, si alguien quiere buscarle matices resabidos a los tiny dancers, levones y demás, allá él/ella con lo suyo... Pero inefablemente será cosa de complejos absurdos. Y lo más triste es que él/ella lo sabe perfectamente. Infalible "classic album" y fin.

viernes, 12 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (IV)

Cap.4: "Live at the Old Waldorf, June 29th, 1978" (2003) / TELEVISION

Para aquellos que somos fans de "Marquee moon" hasta alcanzar una obsesión cercana a la patología psiquiátrica, directamente, esto de hoy no requiere de demasiadas palabras... Impagable sin más, por supuesto. Y por mucho ya tengamos el más que necesario "The blow-up" a modo testimonio de lo que Verlaine, Smith, Ficca y Lloyd podían lograr sobre tablaos.

Sólo el momento "regreso" de la propia "marquee moon" (the song), ya hacía el final tras todo su inextinguible viaje extradimensional, otorga la vitola de producto de luxe de la sección del gourmet del puto Corte Inglés al disco... Aunque hay mucho más y que no os engañe lo exiguo a piori del tracklist, faltaría. ¿O no es acaso Television uno de los grupos que más y mejor nos enseño enseguida que unas pocas canciones sueltas pueden cambiarte la vida a niveles que discografías enteras, y aún proviniendo éstas de músicos muy del agrado de uno, no pueden siquiera atreverse a soñar?. Tres canciones del emblemático estreno, cuatro de su cojonudísima y eternamente ninguneada -en mayor/menor grado- continuación, más el single de estreno del 75 ("Little Johnny Jewel") y a qué más. Magnifico set (y partido), que auna la bisoña frescura con los inefables rasgos diferenciales que hizo y hace de esta formación algo único e indispensable para miles sino millones. Y fin.
(Pd. Como siempre, ni qué decir, esto no es art rock, punk ni punk-rock, es Television: aprende a adorarlos -de no hacerlo ya- o arde en el más profundo de los avernos... o por lo menos cómprate un bosque bien gordo y allá que te pierdas)

jueves, 11 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (III)

Cap.3: "Anyway..." (1971) / FAMILY 

Lo malo de creerse demasiado a los críticos e historiadores varios de esto del rocanrol, e independientemente de firmas y vehículos de opinión concretos, es que se corre el muy preocupante riesgo de obviar (de robarse a uno mismo en base a pareceres ajenos, más o menos interesados pero siempre subjetivos en cualquier caso) cosas realmente serias... Family, para el caso, fue una de las mejores bandas del planeta en la bisagra 60's-70's. Una primordial formación que aunó rock contundente y formas folkies a un nivel parejo al de los mejores Jethro Tull, que en un momento dado se podían ir a por aventuras lisérgicas desbocadas al más puro estilo de los imprescindibles Genesis del periplo Trespass-Broadway (y atención a la obvia similitud de registro entre Chapman y Gabriel) o, ya puestos, sacar el libro de cuentos de Richard Thompson y cia junto a la hoguera en cualquier momento y  porqué sí. 

Elijo hoy "Anyway" porque en definitiva da igual en que disco nos quedemos para sentirnos plenamente satisfechos desde el periplo 68-73 de Family, y por mucho que en principio la "masterpiece oficial" se otorgue por sistema a la "doll's house" o, en su defecto, a "Bandstand" (y aunque, por otro lado, mi favorito sea "Fearless" hasta el fin de todas las cosas). "Anyway" tiene la virtud dentro del opus de la formación, en exclusiva y además, de ofrecer una estructura o forma distinta a lo mayormente establecido (cosa más común entonces que hoy y qué cosas). Por ende, tenemos una primera cara "live" que ofrece perfecto testimonio de la pericia y superpoderes de la banda on stage; y, sin salirnos del mismo artefacto y sin permiso medie, una segunda parte con nuevos temas de estudio tan distintos entre si y tremendos como conviene esperar. Rematando el asunto con la adición de la cojonástica  "In my own time" desde la edición yanqui. Aprovecho, ya en la despedida, para "linkear" la entrada sita en este mismo espacio (y desde hace tres veranos) del celestial "Fearless" y, faltaría, para recomendar una última vez todo lo que tenga que ver con tan magnífico personal. Que Family son tan majos que no creo te lo tengan en cuenta en caso contrario (ok) pero, de verdad te lo imploro: no te hagas a ti mismo la putada de perdértelos y/o recuperarlos con significante asiduidad... Además, aquí -en "Anyway"- está "Lives and ladies", qué más quieren. 

miércoles, 10 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (II)

Cap. 2: "Now we are Six" (1974) / STEELEYE SPAN 

Esto clama al matiz ya de inicio, está claro. Steeleye Span es una banda que resuena de alguna manera para todo amante del medio rockero más o menos "estándar" pero, por contra, estamos ante una formación capital e indispensable dentro del subgénero que toca hoy abarcar. Se ruega pues comprensión a todo simpatizante de eso segundo, british-folk nivel ninja supremo de las galaxias, que pueda por aquí dejarse caer. La contrariedad se adivina fácil para ellos... Aparece el listillo de turno con su "mini-sección" de tres al cuarto con "discos menos obvios" para combatir los calores veraniegos y, extrapolando, es como si a un fan (fan de verdad) de prog añejo se le intenta explicar lo necesario de King Crimson... De risa lironda el tema, vaya.

Y qué gran influencia fue, por enésima, el Sr. Laurent Berger al ponerme en la pista de esta gente hace ya unos cuantos de años... Que no solo de Fairport Convention se vive y aunque, eso sí, estemos paradójicamente ante una formación liderada por un miembro fundador de los hacedores de "Liege & Lief". No es además, y para añadir más leños a la hoguera, "Now we are six" un disco exento de cierta controversia. En su tiempo y para sus fans más "puristas" resultó todo un pulso: añadir un drummer a tiempo completo (y con ello un sexto miembro que sumado a ser también su sexta referencia de estudio es lo que acabó por dar  título al cocido) y, atención, la producción de nada menos que Don Ian Anderson, generó una serie de críticas contrarias a la sazón  ("esto ya es rock al uso, no nuestra querida banda folkie que ejerce de infalible soundtrack en nuestro matutino recogimiento de fresas silvestres", que vino a significarse el tema en determinados lugares). Chorradas todo, en cualquier caso. "NWAS", más allá de su icónica portada, es una colección de paz y bonitez incontestable como para echar la tarde jugando al cinquillo en el poblado elfo que más cercano nos quede. Tal cual. Un magnífico disco, engastado en la mitad de los años de bonanza total del grupo y  perfectamente intercalable entre las cimas de Fairport o la Incredible String Band sin vergüenza ni pesar medie... Hasta esa tan breve versión del "twinkle, twinkle" de marras que se marcan con todo el morro que calza fetenísticamente y sin problema asome. Revitalizador trabajo, está claro, y en verdad toda un masterpiece que, definitivamente, debiera constar ya como tal al generalizar, sin etiquetajes ni mamarrachadas se crucen (o, si se prefiere, más allá de su corral particular al que, pese a quien lo haga y de hacerlo, trasciende holgadamente). 

martes, 9 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (I)

Cap. 1: "Let it Roll" (1988) / LITTLE FEAT 

Sin mayor explicación que empezamos este "suplemento veraniego". Como única y exclusiva acotación indicar que, en la medida posible, se intentará dar preferencia a referencias menos obvias y si con ello alguien se refresca la memoria, descubre algo o, por qué no, se siente de alguna manera inesperadamente correspondido al fin ("ya era hora que alguien dijera algo de este disco que a mi me parece de putísima madre", o similares), pues bienvenido sea siempre.

Como la sección parte de una premisa pretendidamente ligera y con textos no muy extensos (algo contra natura en este espacio, desde luego), nos limitaremos a atacar el meollo de por qué el álbum se antoja aquí recomendado y recomendable. Para el caso el resurgir de los legendarios Little Feat de 1988. Todo un perro verde en lo que vendría siendo la industria del medio... Se muere el líder indiscutible y genio tras los mejores y remotos trabajos (los 70's de los Feat es de esas cosas que hay que abrazar y punto y te jodes que no queda otra) y casi una década después los antiguos miembros se reunen y hacen un disco que, en síntesis, resulta magnífico. Y, atención, triunfando solventemente en los tan obvios esfuerzos por seguir "sonando a ellos" desde el proceso ("dedicated to Lowell George" además y faltaría). "Let it roll" puede, y por qué no admitirse ello, generar una falsa pátina de "producción 80's" que puede despistar en primeras audiciones, pero al final (y como ocurría con Prince, por ejemplo y cuasi paradigma del asunto) las canciones son tan buenas, tan regadas de arreglos enjundiosos y matices dispensados, que los prejuicios se ven derruidos de forma natural, y aún por vinagre se esté predispuesto a echar. Mucho groove, bastante rocanroleo y demasiado oficio que tenemos aquí en liza. Siguen Hayward y Payne desde el line up original, siendo éste segundo quien junto a Paul Barrere (que a su vez subió su guitarra al barco bien pronto, en el 72 y junto a Clayton y Gradney, también aquí presentes) se agarran el testigo compositivo. Las nuevas incorporaciones funcionan igualmente (Fred Tackett, especialmente, que  ya había estado vínculado a la banda en el pasado, en tiempos del llorado George) y al fin encontramos un disco que si bien no puede batirse en duelo con su primera e indispensable media docena de elepés (rematando la faena con su tremendo directo tomatero del 78'), si merece quedarse archivado, sin dobleces ni prejuicios medien, en el mismo estante. Otro día, si la salud y el tiempo acompañan, ya se abarcará a tan cojonuda/importante/admirada banda como procede (que vislumbro unos "Sailin' shoes" bailoteando en un futuro más o menos lejano desde este lugar), pero hoy lo aparcamos aquí y dejando este "Let it roll", que además refresca cual calipo de piñas del Caribe, claramente reivindicado.  

viernes, 21 de junio de 2019

DISCOGRAFÍA LOU REED (en solitario y "del menos bueno al más mejor")

El más difícil todavía desde entregas similares ya en este espacio vertidas, desde luego. Si ya resulta jodido de base contentar a todo el mundo desde algo con un planteamiento de este tipo, al enfrentarnos hoy a la lógica emoción/fanatismo que deriva del abordar la obra del ídolo personal, la subjetividad más indisimulable y desatada se pone de forma natural al volante y hale... Ancha es N.Y.
Como siempre antes de saltar a la arena, y para no alargar, vamos ya con las consabidas "instrucciones de uso". Y no por evitar "ofensas" (que evitar eso es imposible en los calendarios que gastamos), sino meramente para ahorrar esfuerzos al ingente tropel de  amigos del falta esto y/o lo otro.


A) El listado que seguirá hace, de forma injusta/incompleta/mamarracha, únicamente referencia a LA OBRA DE ESTUDIO FIRMADA EN SOLITARIO de Lou Reed... No hay plátanos, no hay directos ni, obviamente, aparecen discos en comándita "co-firmados". (si a estas alturas hay que explicar aquí lo legendario de los cuatro discos velveteros en que participó o lo primordial de según qué "live album" mejor cerramos el kiosko y quedamos todos en la sección de correos del Marca o similar).
B) Si pienso en mis mayores ídolos musicales de la vida firmando en solitario desde las portadas de los discos: de Randy a Bob, pasando por Neil, saludando a Costello y Waits y sin olvidarnos de Bowie (relativo etc), me encuentro que una vez asumida la condición extraterrestre de Sam Cooke (ahora nuevamente de mode,-como si puta falta le hiciera-, por un documental bastante irregular de Netflix), Lou es claramente el músico surgido del rocanrol que más he escuchado y al que más admiro. O por lo menos al generalizar. Y, básicamente, con y por ello reincido en lo antes apuntado: NO váis a estar de acuerdo y NO váis a coincidir y claro, por contra, SÍ váis a encontrar un sindiós de puntualizaciones y SÍ tendréis unas cuantas desaveniencias, pero, en síntesis y para resumir, no me va a importar  mucho ello (nunca lo hace pero hoy especialmente). Y lo mío no es chulería sino pura  y dura honestidad, ojo.  
C) No dejéis ningún comentario con lo de que "Transformer" se lo hicieron Bowie y Ronson... Otra vez no, por favor. Hasta los cojones de esto. Ya dejó lo de "tópico" tan atrás (y ya desde hace tanto) que los niveles de cansinamiento resultan completamente grotescos e inexcusables. 


18. Metal Machine Music (1975). Sólo por tener esto vinculado al catálogo de RCA/Sony con el morrazo y la irreverencia absoluta que ello implica (que nadie ejerció un choteo más glorioso a una "major" jamás en la historia rockera toda) se compensa holgadamente su existencia. Un suplicio intergaláctico de sonidos chirriantes de todo tipo sin solución de continuidad alguna cuya máxima expresión descriptiva, y por mucho que el muy honorable Thurston Moore diga que le encanta, podemos hallar en el testimonio de algún que otro técnico de estudio participante en el proyecto: "Jamás supimos si todo aquello era en serio o no". El reverso en el debe de todo el tema es que, por mucho mole y fascine la inalcanzable jeta del genio para la ocasión así como la reivindicación periódica que el mismo Lou argüía cada tanto (si es que es el mejor y ya está), el disco -doble además, para mayor jolgorio sicotrónico- es algo completa e innegablemente insoportable para cualquier mamífero que asole o haya asolado alguna vez el planeta. Y para cualquier electrodoméstico también. 

17. Mistrial (1986). A pesar de la profusión machacona del video de "No money down" en medios o algunos pasajes que puedan recordar en su vertiente más verbenera a los mismísimos Talking Heads (y tan influenciados éstos por el otro a su vez, que al final todo queda en casa), "Mistrial" se revela claramente como el "disco de canciones" de Lou al que menos apetece acudir. Inefablemente y sin disimule medie, para mayores inris. Saliendo de aquí, de cara al futuro inmediato de su obra tras necesario hiato, todo será crema, pero su referencia del 86, suerte de "The Bells" de Hacendado, sigue permaneciendo como el menos reivindicable del músico. Salvemos, eso sí, el díptico "Mama's got a lover" y "I remember you" por su mayor amabilidad (y mayor reconocimiento -personal al menos- en relación al resto del cocido) cuyo recuerdo, cercenado en parte por los coros "phil collianos" de la coda final "Tell it to your heart", ahí quede para siempre.

16. Growing Up in Public (1980). A partir de aquí y para no confundir al personal reconozco que de imprescindible no me baja ni uno (y recordemos el punto B de "las instrucciones de uso" de resultar menester). Lo que menos me convence de "growing" es la variante, excesivamente angulosa casi gutural,  usada por el callejero bardo al entonar algunas piezas. Sin embargo, el disco resulta extrañamente -MUY EXTRAÑAMENTE, habida cuenta el protagonista- desenfadado y (por lo menos en casa ocurre) alcanza una adicción muy particular difícil de describir pero, a luces todas, innegable. Hasta la chacota del "wild side" en sus "Smiles" es bienvenida sin problema. Tremenda la entrada (a pesar del punto, tan relativo por otro lado, señalado "en contra") con "How do you speak to an angel ?" y su "caída cabaretera" a modo estribillo, las palmas intermedias y, por supuesto, el encabronamiento final. El tema titular también es de los preferidos aquí, lo mismo que la tan simpática (sí sí, leyeron bien) "The power of positive drinking", pero a la postre el disco funciona perfectamente en cohesión continua y, ya que se pone, me deja ésta "So alone" que tan alto me puntúa, tono socarrón sino directamente burlesco mediante, en el ingente (e imaginario, dígase todo) "listado de temazos jamás justamente reconocidos" que nutren el largo opus de Lou Reed. 

15. New Sensations (1984). Sí, claro, "Suzanne"... ¿Qué hace tan "abajo" esto?. Y además, ni mucho menos, se detienen ahí las bondades del álbum. Soy así de cabrón, miren. Por otro lado, no pienso repetir en cada maldito epígrafe la primera frase de la anterior referencia del listado... Me acojo a la comprensión del concepto "subjetivo" que, quien fuere aquí caiga, tenga bien controlada. En este caso, puesto a señalar "el pego" del disco, me quedaría con el tan profuso uso de coros y algún protagonismo abusivo de los teclados desde la producción. Tampoco le acabé de pillar nunca mucho el punto a "jealous" ni a "joystick" y, por qué no, el tema de despedida tampoco me alcanza el mito precisamente... Con todo, por todo el resto, "New sensations" tiene una serie de vericuetos cojonásticos de difícil llevar la cuenta (incluyendo, por la rareza exclusiva que representa, el intrusismo reggae con mariachis más la banda municipal de Villaconejos y todo lo que se cruce de "High in the city"). Y, mayormente, en su corpus central. O de "Turn to me" a "My friend George", para hacerlo ya evidente con menos misterios y tontunas cruzando. Ni qué decir, al pasarle la factura particular, es además el disco donde encuentro "Fly into the sun"... Últimos disparos, Lou mata al boss postrero del nivel final y, por supuesto, se alza con la victoria again tras recuento de puntos. Buena partida.

14. Rock and Roll Heart (1976). Esto es/fue un complot... Así a modo "titular". Siempre, al repasar este disco y "Sally" (cogiendo el cercanías), me sobreviene la idea de que el "capricho experimental" de la MMM generó un sinfín de enemigos, dentro y fuera de "la industria", a nuestro entrañable Lou. Mucho personal se lo tomó por lo ídem y, desde ahí, cuan fácil resulta imaginar una reacción, y desde no pocos frentes, del tipo: "esto nos lo pagas, cabronazo". "La especializada" sintió que se le reían en la puta cara. La mentada "industria" se sintió ultrajada... Y bien por ti, Lou. Claro qué sí. Como a todo dios no te quedo otra que pasar por el aro alguna vez (esas producciones de algún que otro disco y como ya hemos comentado hoy mismo), pero nunca fuíste "cómodo" y marcaste los tiempos de las cosas como en la punta del pincel se te puso y como muy pocos han logrado. Discos como éste (y algunos más posteriores, amén del ya apuntado "Sally can't dance", que el odio expansivo con lo explicado de la MMM se adivina poderoso) con sus "Temporary thing", "Ladies pay", "Vicious circle" y toda la retahíla de píldoras de menos de 3' que aquí a sus anchas tan bonitamente campan, serán siempre abrazados y venerados por tus fieles... Hasta un instrumental por ahí en medio que por tener tiene esto también, e infinitas gracias por "A sheltered life" en cualquier caso. Qué no te la metan doblada los incontables dires y diretes (y demás gilipolleces): discazo.

13. Set the Twilight Reeling (1996). Sapos y culebras a dos carrillos para quien suscribe meter un disco tan infravalorado, en general, como querido en estas posiciones... Pero claro, amén de lo ya explicado, esto es un ranking personal sobre quien és. Pasa ello aquí, ya ha pasado más arriba y pasará más abajo. El penúltimo de estudio de Lou en solitario es un poderoso cofre de tesoros agazapados prestos a estallarte en los morros, sin previo aviso y porqué sí. Te jodes, que no queda otra. Podría estar mejor "balanceado", okey, no todos los temas pueden ser "Adventurer", "NYC man" o el que da título. Pero la clásica "narrativa reediana" saturada de estática en "Riptide" o la inicial "Egg cream", son caballo ganador inapelable para todo amante del discurso habitual del artista que se precie. Todo ello, y por no mentarlas todas, bajo el manto de las favoritas personales "Trade in" y "The proposition" que se suman, con merecimiento indebatible,  a la mentada "Adventurer". Pieza que, por si sola, convierte "Set the Twilight Reeling" en parada obligada. Te lo pueden tratar de ningunear a pesar de todo, atención y cómo no. Por escrito, de voz o en morse si procede. Pero, ojo, de la misma forma e igualmente, será ello una falacia. Y siempre lo será.

12. Sally Can't Dance (1974). Dos estrellitas de nada en Allmusic... El primer simple y puñetero minuto de "Ride Sally ride" sirva como ejemplo imperecedero de que, a veces, se envia un demasiado poco a la mierda a la gente. Da igual lo "oficial" del medio, lo "respetado" de la firma o el "consenso" que deriva... Al final de la cola, con las palomitas compradas y la entrada en la boca, lo de los culos y las opiniones. Sin más. "Sally" es un disco imprescindible. Y lo és mucho más allá del famoso tema titular o el otro más recurrentemente recordado, aún en menor medida sea, del "Kill your sons". El brillantísimo uso de las guitarras, lo bien que entran teclas y vientos, la expresividad vocal en plenitud con esos coros negroides medidos al nanómetro... Un disco que calza de narices entre dos tótems sagrados del medio, como son el sangrante drama berlinés y la inmarcersible noria de la famosa ínsula neoyorquina, no tiene porqué dar más explicaciones ni motivos. Punto, a qué más. A los "estrellitas" del Allmusic, eso sí y en cualquier caso, un par de bostas bien majas. Todo pagado y qué las disfruten. 

11. The Bells (1979). Segundo disco binaural (cuestión en la que no me pienso enredar, mírenlo en wikipedias o similares de proceder) tras la experiencia de Street Hassle y, seguramente, uno de los trabajos más esquivos, por las diferencias fractales desde sus partes, del autor... O aparentemente, al menos. Cabe decir que la particular producción logra (puede hacerlo) aposentar una primera lámina externa de cohesión. Sin embargo, será al poco de darle vueltas, de zambullirse en él, cuando uno se da cuenta de lo tan distinto que se nos ofrece. Si se hace virtud o mácula de ello ya queda, como siempre, en los oídos de quien escucha/oye. Que no queda otra. Nunca me ha tirado mucho, por otro lado, el intrusismo funky de "Disco Mystic"... Pero el tema está en las otras ocho, claro. Y qué curioso me resulta de siempre que sea, precisamente, en la mentada y propuesta "cohesión de sonido" donde el disco menos me puntua (sin ser servidor tan mierda como para compararle a su tercer trabajo con todo el ventajismo y la maldad, el mismo y tan posterior "M&L" se lo merienda crudo sin empezar a sudar en dicho sentido). Cogidas las campanas "de a una", será cuando el tema se me pone serio, y serio de verdad en las cuentas personales: la final y titular "The bells" es uno de los "momentos arty" más tremendos de Lou; la tan vivaracha "With you" suena a jocoso choteo a costa de Ziggy y la inmediata "Looking for love", por contra, sonará a más de lo mismo de primeras para descubrir enseguida un músculo mucho más asentado en alcoholes y sudores que en las purpurinas de la otra; a sumar ahora el debate sobre si se prefiere la mayor excentricidad narrativa de "All through the night" o la mayor lógica formal de "Families", por lo tocante a las cadencias más calmas del lote. Eso sí, la inicial y esquizoide "Stupid man" o, la favorita personal aquí, "I want to boogie with you" (suerte de blues deconstruido con más tonos de fondo que el mercado de las especias de Estambul y crescendo putámico a modo cierre), son las que más y mejor logran que acuñemos los fieles lo de "no me toques la campanas"... Ni las narices tampoco, por favor y ya aquí llegados.

10. Lou Reed (1972). Por algún tipo de cuestión antropológica que se me escapa, y por pura y dura ignorancia que se admite sin pesar (igual deriva ello del celebérrimo cinismo que rige en la tan famosa urbe, sin más), NY tiene una tendencia tan marcada como general en lo de dar de menos, sino putear directamente, a sus paisanos "rockeros". Da igual que Blue Öyster Cult pueda rivalizar en calidad hard-rockera con Lizzy o los AC/DC del segundo lustro setentero, que The dB's sean una de las bandas newavers más cojonudas jamás existidas, o que los Dictators se puedan merendar a todo lo que no sean sus vecinos de la volátil hermandad postiza o los putos Clash dentro del asunto punk rock (por lo menos en la acepción más global del tema). Si vale, los Dolls o los ya sugeridos Ramones (pero es que esas camisetas son tan chulas... -como las del CBGB's que, por romanticismos se le eche, era un puto garito aunque tocase hasta Dios ahí y por mucho que en retrospectiva lo dibujen a veces como la puta Meca... que lo era, pero entonces no se sabía que lo era y si se me quiere entender-). Desde ahí... A ver, la "banda de NY" es y será la Velvet. Fin de cualquier tipo de debate. Que su líder indiscutible saque su estreno en solitario y que el disco, indudablemente, posea una calidad magnífica (empálmenlo de seguidilla con Berlin y dejénlo brillar en esplendor para apreciarlo como procede), no sirvió para mucho (que contraste con la west coast, si -y por no hablar de UK, donde te aupan sin rubor medie la cosa más tonta que venda cuatro copias en la misma semana y mientras sea autóctona-). Esto fue así.  "Wild child", "Lisa says", "Ride into the sun" resultan incontestables. La muy stoniana "Walk and talk it" ruge con plena solvencia y "I love you" es bonita de narices... Y, etcétera, para no alargar más, of courses. Otra tropelía de "los que cuentas las cosas en los sitios con mayor difusión", en resumen, y el ejemplo diez millones del "tu miente que algo queda"... "Lou Reed" (el disco), es de puta madre. Que se lo prometo a tod@s y sin más. 

9. The Blue Mask (1982). El, para muchos, gran disco del primer lustro ochentero de Lou Reed (para quien suscribe hay otro incluso mejor en dicho e infravalorado periplo). Con su icónica y remozada portada por montera, la irrupción de Quine y su mayor acepción crítica mediante, la "blue mask" permanece, lo sigue haciendo, en justicia plena como uno de los trabajos más celebrados, así en general, del músico. Lo que no deja de resultar curioso una vez reparamos en que, ciñéndonos a contenidos, dista de ser uno de sus elepés más claramente inmediatos. A excepción del propio tema "The blue mask" (con parajes de  Sonic Youth antes de Sonic Youth) o la arengadora "Waves of fear", no encontraremos estaciones de gran estruendo/octanaje aquí... Sumemos a ello, y sin problema, medios tiempos de enjundia como "Average guy" y "Underneath the bottle", que funcionan de narices y de paso hacemos (eléctrico) bulto. Con todo es en "las otras", en todo lo demás (tan calmo y bonito todo), donde el álbum levanta vuelo y ya no baja ni a por tabaco. Se nota, y mucho, la limpieza "post-alcoholizada" que los biógrafos y lugares varios suelen señalar... Para a los que el Lou narrador, el mastica palabras, nos da la vida más que ningún otro músico, "The blue mask" resulta un compendio casi hasta tópico ya. Y porque, "tópica" o no, la evidencia es siempre la misma: no hay cochino dinero en la galaxia para la compañía nos hacen y harán siempre "Gun", "Woman", "Day John Kennedy died", "My house" y "Heroine". Por si todo lo demás falla alguna vez, cómo no y por improbable resulte ello, siempre nos quedará "Heavenly arms" para arrastrar la más jodida de las manos en la peor de las partidas. 

8. Legendary Hearts (1983). Lo escribía hace un par de días en Fb y lo itero, aquí y ahora en directo, para todos ustedes: "creo que de señalar "el disco infravalorado oficial del Sr. Reed" me quedo definitivamente con los corasones de leyenda...". Estamos ante un trabajo de efecto inmediato para con "el fiel", lo mismo que un potencial gancho importante para toda persona que pretenda empezar a asomarse al "hide side" del músico, una vez ya asumidos los "tótems sagrados". Y la razón, básicamente, es que si no lo tiene todo (todo lo que define y nos hace reconocer al músico de manera instantánea) poco le falta. Quizá algo más de electricidad, quiza algún viraje arty/experimental inesperado por sumar o, por supuesto, algún que otro hit sonado que lo ubique rápidamente en tiempos y espacios... Pero, reincido, pues todo eso lo tiene a su manera y al hacer recuento final: si algo le falta tampoco es demasiado. Me resulta fantástico que repita las notas de "How do think.." para subrayar "The last shot", o que cierre con la "transformera" y maravillosa "Rooftop garden". También está el saludo hacia los tiempos futuros de NY desde la vaticinadora "Turn out the light" y, por supuesto, la cuota eléctrica cubierta con solvencia desde "Martial law", "Bottoming out" y "Don't tell me about work".  Por otros derroteros está el asunto que si a alguien no le funciona el magnífico tema titular de inicio como ese "hit" que requería el disco para auparse entre el resto de sus incunables, aprovecho para explicarle que el tema favorito del álbum, el tremendo crescendo reposado -con ese viejo amigo del juego de guitarras matizándose sutilmente que matarán siempre a quien les escribe- de "Make up mind", todavía no fue mencionado... En parte, seguramente, por ser el "favorito", aún conscientemente de que no puede ser el mejor. Ya que el más emocionante y gran "gema tapada" del lote se halla, y debe reconocerse ello, en "Home of the brave". Y, de acuerdo, quizá no tengan estos corazones legendarios al final la magia arrebatadora e inalcanzable  de algunos de sus otros discos pero, nuevamente, es que está tan y tan cerca...

7. Ecstasy (2000). El último disco en solitario o, al menos, en la acepción más clásica posible del concepto (que The Raven tiene sus momentos sugerentes, sin duda, pero en síntesis es lo de "otra cosa"). Y qué bien le sentaron los 90, partiendo ya desde el disco que cerraba su década anterior. Todo gloria, desde NY a Ecstasy, el disco con Cale, el reflote velvetero...   Mucha sabiduría en cada paso. Unos más putámicos que otros, lógico, pero todos necesarios. Ecstasy, para el caso, evidencia lo poco y nada que le importaba a Lou todo lo que ocurría alrededor en "la escena" que toque. Si M&L es algo temático y heterogéneo hasta casi lo inasumible en tiempo de guitarritas, Ecstasy es su trabajo con más músculo eléctrico en una etapa donde se ha acostumbrado ya al público a expandirse a "nuevos horizontes" (que ahí lo dejo, mayormente, por no estar un buen rato cagándome en todo lo santo). Un sonido realmente poderoso y libre de cucamonas que, eso sí y faltaría, no prescinde por completo de bonitos momentos más calmos y reparadores. Lo que comentaba un poco y anteriormente sobre los "Legendary hearts" pero sin aquellos "casis" de por medio, visto de otro modo. En Ecstasy sí que está "todo".  Furia rockera: las dos de inicio (especialmente "Mystic child", que es una voladura del parlamento, directamente) , la del final (y qué gran final, Lou), "Future farmers of America" (sublime título) y alguna más...; "hits" potenciales del copón: "Modern dance", "Baton Rouge" o "White prism"; licencias arty-electrificadas para todos los públicos ("Rock minuet") o con los dos rombos bien gordos (los casi 20' de la tan virguera "Like a possum"); sin olvidar, entre alguna otra cuestión, la bonitez pura de la que se mira como en una foto, para mutar en un, más o menos tímido, estallido final a modo remate  ("Turning time around" o "Tatters"). Gran broche, no a una carrera (que, como se escribía a principio de epígrafe, aún aguardaba en el futuro "alguna movida" a sumar), pero sí a una etapa, una década de paso esplendorosa, cuya única duda a colación reposa en si todavía es pronto para compararse libremente, sin vergüenza medie y con total propiedad, a sus legendarios 70's en solitario.

6. Street Hassle (1978). Aunque los primeros segundos de disco, con la Dulce Juana chapurreada por ahí en medio y demás, nos lleven a un estadio de pensamiento del tipo: "Ya está, se le ha ido la olla del todo", la verdad es que "Street Hassle" contradice las molestias que anuncia el título y se delata, de forma harto contundente además, como uno de sus trabajos más personales y poderosos. Así, de la mano ambas condiciones, además. Para los amantes de las wikipedias, cómo no, está lo de ser el primer disco de rock publicado con sistema de grabación binaural. Sin embargo, será su contenido (como siempre y procede) lo que a muchos nos canjeará su entrada en el salón de los discos más imprescindibles del músico (un salón muy grande para algunos, como quien suscribe y dígase todo, pero de verdad que este es de los de sillón vip). Y no sólo por recuperar la velvetera "Real good times together" o por la monolítica pieza titular lo consigue (aunque  la madre del tano, la de dios y la del cordero juntas... historia sin más, claro). La destrucción blues ya de facto, que no mera deconstrucción, en "Dirt", la abrasiva electricidad que sostiene la cojonudísima "Shooting star" que te carga el móvil sin cables, o los matices guitarriles que abren "I wanna be black" hasta niveles insospechados desde su engañosa simplicidad a poco se azuce el oído, son otros motivos infranqueables. Y las no mencionadas, también (faltaría). Coros, vientos metales y pianos aparecen por todos lados, atacando por donde menos lo esperas y no hay cobertura de fuego posible... Victoria asegurada del canalla, en resumen, y aunque de forma menos evidente que en otros casos se consiga. 

5. Magic and Loss (1992). Justo antes del "arrejunte velvetero" y tras el disco tributo a Warhol con Cale (a su vez precedido por NY... buenos tiempos, vaya), que aparecía éste M&L. Disco que, y para plasmar cuanto antes la consideración que en este lugar se le oficia, quedó en la primera posición de uno de aquellos posteos fungibles que aquí antaño se  realizaban... El título de dicho "posteo" era, por cierto y que ya se adivinaba fácil: "Mejores discos de los 90"... Partimos de dicha premisa, pues. Y, desde ahí, toca enfrentarnos a esta "pasión pasolinística" que lo mismo puede ser rocanrol de toda la vida y para marcharse, de repente y sin venir aparentemente a cuento, a por otra cosa completamente distinta... Mucha vida, enfermedad y muerte en este disco, pero relatada sin manierismos innecesarios, sin afectismos asomen. Desde la madura sabiduría que retrata o explica, sin tratar de aleccionar ni caer en grandilocuencias fatuas. Aquí ya no median provocaciones, intereses externos ni nada, en definitiva, que no sea hacer justo lo que él, el ente creativo, quiere hacer sin rendir cuentas a nadie. Y se nota. Hay precedentes ecos del NY, cómo no, que de ahí surge la epifanía que dirige estos últimos trabajos noventeros de Lou. Y, al igual que con aquél, otra rotunda masterpiece que nos plantaba en la morrera. Menos evidente, algo más encriptada, pero igual de contundente. Puede que "What's good" ejerciera de socorrido single y que tal o cual tema más inmediato se nos aposente antes al querer rememorarlo, pero es su todo (poso literario al volante, alcanzando una narrativa global que pasa olímpicamente de trascendencias que ni busca ni pretende) lo que tan único y especial le confiere. Podría ser para rematar, y bien tranquilamente además, el disco mejor producido de su carrera pero todo, hasta eso también, queda eclipsado al fin por ese "global" ya ampliamente señalado.   

4. Berlin (1973). No, no está el 1 o el 2, que sería lo habitual y acostumbrado. Y ni tan siquiera voy a caer en la molestia de explicar el porqué (soy demasiado fan y ya lo bastante mayor para excusarme por temas de querencias personales, e igualmente, si me lio a "demostrar lo mucho que me gusta y tengo sobado el disco", por aquello de evitar reproches, este texto no se iba a acabar este semestre). El disco es una obra de arte, una viga maestra, no sólo de su artista firmante sino de la leyenda rockera toda, en general y tal cual. El tan desolador dramón temático sobre el que gira le confiere su tan celebrado sustrato literario. A sumar, finalmente para la ocasión y no alargar incluso más, el hecho de ser la niña bonita de "la especializada" hasta el fin de todas las cosas (e independientemente de que, en su día y cómo no, no se le tratara precisamente bien desde dicho estamento)... Y está bien que así sea, o al menos a mi me lo parecerá siempre. Desde un análisis frío, tratando de alcanzar con seriedad lo siempre tan utópico de lo empírico al avezar en cuestiones de este tipo (y se quiera ver o no), lo cierto es que "Berlin" es el trabajo que cristaliza a músico y artista en un todo. Más y mejor que nunca, antes o después. Dando por más que obviado lo imprescindible del álbum, la única cuestión que le ubica "sólo" en la cuarta posición del listado es tan simple (vanal, si prefieren) como que servidor, al repasar "tracklists" en contraportadas, prefiere (tras los quince asaltos y a los puntos) otros tres ejemplos... Y por aquello de no tener siempre la necesidad de hallarme en un estado de búsqueda exclusivo para con el "arte mayor". Aunque, atención, nadie se confunda con tanto "redichismo" (el sito aquí o en cualquier otro lugar): "Berlin" es también, y a pesar de todo lo sugerido en contra, un disco de rock de reputísima madre, sin más y sin tirar de lecturas o argumentaciones "elevadas" (de hecho ahí reside gran parte de su grandeza, aunque "los eruditos varios" no lo mencionen nunca ya que, por supuesto, eso es "muy ordinario y vulgar"). Y no puse canción alguna en esta ocasión (cierto, lo mismo que no hice hincapié en el relato, menté a los niños llorones o destaqué la descomunal instrumentación que se nos regala para los restos) pero, caray: ¿de verdad hace falta a estas alturas y con este disco precisamente?. La ausencia de "Berlin" (todo un epónimo en verdad y en el mundillo, desde hace tiempo además -que existe lo de "marcarse un Berlin" para cuando alguien graba, o pretende grabar, determinado tipo de trabajo, en efecto-) delatará por siempre jamás lo fariseo de cualquier colección de referencias rockeras y por abultada ésta sea.

3. Coney Island Baby (1976). Los tres que faltan irán rápidos, se lo prometo... que se intentará, al menos. Son discos sobre los que he escrito, leído y hablado tanto que ya ni sé por donde meterles mano al abordar un nuevo texto... De entrada el elepé que ahora nos ocupa contiene seguramente, en su tema final y titular a la vez, la notas de guitarra eléctrica más emocionantemente sugerentes que haya escuchado nunca. Tal cual. En verdad, CI es un disco en condena permamente al redescubrimiento, que sigue aportando matices y "momentos" para con todo lo que queda entre dicha e inmortal pieza de despedida y, por supuesto, el par de "singles" inapelables de la entrada, con aquello del loco sentimiento y lo de la chica de Carlitos. Desde dicha premisa ya hace largos años que descubrí, por ejemplo, que "Gift" es uno de mis temas favoritos suyos de siempre; que aunque sea un remozar velvetero "She's my best friend" es la releche y eso es lo único que cuenta de verdad; o, igualmente,  que una canción puede molar y mucho por tonto sea su título, que Lou no es/fue un blues-man de enjundia a tiempo completo porque únicamente no le salió del pasaporte o, de la misma forma, que por años pasen nunca sabré si me gusta mucho "Kicks" realmente y que, a su vez, no la puedo dejar de escuchar (es magnética, la muy cabrona: a ratos me parece una tomadura de pelo editada con ruido de fondo de Casa Pepe y al segundo después tiene una demostración de intesidad avezado a lo expresivo de muy difícil encontrar a estos niveles... y, ojo que esto es lo mejor, a la siguiente escucha lo que me mola es lo primero y lo que no lo otro... ya me rendí hace mucho en lo de tratar de entenderlo, en cualquier caso). En fin, que the glory of love might see you through... y forever además.

2. Transformer (1972). Ya se apuntaba al principio de entrada, pero allá vamos de todas formas... Aquí lo importante es que Ronson y Bowie cogieron a este pobre desgraciadito sin talento alguno de Lou Reed en horas bajas al que nadie quería y revitalizaron su carrera gracias a su mayor "grandeza total" desde una producción que debe, perentoriamente, llevarse siempre todo el mérito del disco. Que quede, claro: Lou no tiene ni merece ningún crédito aquí, es un disco de Ronson y Bowie. Que no se olvide nadie nunca y por favor. Por ello si alguien os viene, alguna vez y de forma inequívocamente errónea, con subterfugios del tipo: "hombre, las canciones y letras no dejan de ser suyas" (cerdos ímpios); o "a ver, un productor tiene siempre que aportar y tratar de mejorar los originales del artista que toque por defecto, se llame como lo haga y si es que sabe hacer un mínimo su maldito trabajo" (cuánto hijo de puta ignorante); "pero, ¿Lou no estaba también, de todas formas, en la mezcla final y al llevar su nombre el disco no elegiría él qué entraba en el último corte o no?" (qué asco, por dios); "a todo esto, ¿no eran el otro par, Bowie especialmente, quienes iban locos por trabajar con Reed que era su ídolo y no al revés?" (voy a vomitar); "hombre, joder, qué este tío era el líder de la VU,  uno de los tipos que más ayudaron a deconstruir todo lo conocido hasta ellos en el medio para lanzarse a nuevas vías expresivas y tal -llámese punk o art rock, etc.-" (hasta aquí, ya no lo soporto más)... Conmino a todo el mundo a que borre con tippex el nombre de Lou Reed en la portada y pongan con boli "Bowie y Ronson" en su lugar. Porque, por famoso o manido sea, lo que no hay que hacer nunca es dejar de escucharlo en caso alguno. Siempre que se pueda y como una de las grandes cimas rockeras de cualquier tiempo que siempre será (y por mucho "ninguneador de lo famoso/tópico" se nos cruce en este caso). Y eso sí, que se insiste por vez postrera, que no os despiste nunca lo de "todos los títulos compuestos por Lou Reed", que os vigilo... (Pd. Oh, conozco este datito de mierda, voy a repetirlo siempre que aparezca el tema aunque sea más matizable que la conciencia de un político y a su vez menospreciar gratuitamente el talento de alguien que, básicamente, era un PUTO GENIO que en su vida necesitó a ningún Ronson ni Bowie de la vida para serlo... Y "cuánto hijo de puta ignorante", desde luego).

1. New York (1989). Treinta añitos de la mano ya. Comprado en el viaje fin de curso de 8º y recomprado a posteriori alguna que otra vez... Parte innegociable del poker elegido en casa de discos de la vida, junto al "directo resucitado" de Cooke, la inalcanzable y ásperamente gloriosa marquee moon y, cómo no, el del señor Simonon desenfocado presto a destrozar su bajo... Que además, qué cosas, contiene mi track de la vida, junto al "You tore me down" de los Groovies y el "Watch your step" costellero, con toda aquella coña del último cetáceo yanqui, el jefe indio, el pirao con el bazooka y demás... Y no, no creo que sea un tema generacional en absoluto. Por edad, no le sigo desde sus 70's o antes, por lo que "sólo" he ido descubriéndole, en lecturas a posteriori, desde hace algo más de tres décadas (y únicamente desde éste disco concreto que ahora nos ocupa en "real time"). Pero, con todo, tras no me parece poco tiempo de escuchar su obra al completo, pienso y creo feacientemente que "New York" es su disco más cohesionado y perfecto... Cojo todo el largo opus del Genio, lo pongo en la fila de reconocimiento, me alejo varios metros para girarme y entonces, al ver el plano general, me sigue pareciendo (en el 89, el 99, el 2009 y ahora mismo) el torreón más alto del castillo. No por mucho, porque eso es imposible (la goleada humillante, con algo tan enorme y tan trufado de aristas de grandeza de por medio), pero me lo sigue pareciendo. Invariablemente. Y fin.

jueves, 16 de mayo de 2019

DINOSAUR JR / "Bug: Live at the 9:30 Club, Washington, DC, June 2011" (2012).

Cómo no va a ser ésta "mi banda" si hasta, a modo clarísimo homenaje por mi recién estrenada paternidad, hicieron de ese 2012 el año de su consolidación ya absoluta tras el inolvidable reencuentro del 2005... No contentos con editar en septiembre el cojonudísimo "I bet on sky", justo el mes anterior aparecía en los comercios del ramo esta decibélica y bendita locura que hoy pretendo acercarles a tod@s: "Bug: Live at the 9:30 Club, Washington, DC, June 2011" (Outter Battery)... Cómo para no "consolidarse", está claro.

Lou, Murph, J y la colección de pedales de J entraron en el apuntado club poco más de un año antes de la edición del disco en cuestión y, por supuesto, la liaron a lo muy burro y sin contemplaciones de ningún tipo. Dando por seguro que el set completo incluía algún corte más (es muy de ellos ese momento de Lou preguntando al personal qué quieren escuchar para atacar a posteriori la "wagon" o "fury" -etc.- de turno), la rodaja en cuestión es lo que vende ni más ni menos. La oportunidad de zambullirse en el legendario "bicho" del 88, a degüello y tal cual. Ni qué decir, estamos ante todo y con esto en una verbena de noise melódico exaltado a la enésima, del caerse de culo y para no levantarse. Da igual que ya sepamos lo que nos espera (respetan por completo el órden del cancionero original), la manera, la furia con que se atacan los temas sumado a la mayor sabiduría de la experiencia en muy determinados y concretos momentos, convierten el asunto en imprescindible para todo fan del trío que se respete ni que sea un algo. Los himnos más evidentes como "Budge", "They always come" o (cómo no) la inicial y eterna "Freak scene" son un sopapo de K.O. insalvable, los vericuetos de "No bones" y "The post" se disponen con solvencia plena y (para no alargar) la pseudo-jam noisy de despedida en "Don't" es el cielo jurásico en la tierra para los acólitos de la forma de entender y ejecutar el señor Mascis las seis cuerdas... Ya puestos, qué narices, tomamos plena consciencia (ya intuible desde el original pero aquí se subraya del todo) de que "Pond song" es/fue ya de alguna manera -por forma y tono- el primer tema de "Green mind", que -por intensidad y variedad- las guitarras de "Yeah we know" son la releche en skateboard y, faltaría, que lo de Barlow en "Let it ride" es ya de lo de "no lo intenten en sus casas"... Háganse con esto, háganse ese favor (que no se les agote) y abusen de ello hasta el puro sangrar de oído. Masacre jurásica. 

(Pd. Reseña del "Bug original" pergeñada en mayo de la pasada temporada y en este mismo espacio aquí)

miércoles, 15 de mayo de 2019

UN CONDENADO A MUERTE SE HA ESCAPADO (1956)

INTRO. El film, por lo general, más recurrentemente mencionado de Robert Bresson junto a la inmediatemente posterior, y también imprescindible, "Pickpocket". Insaltable relato de una fuga carcelaria que, de forma exclusiva y por una vez, se ciñe por completo a los devaneos mentales y el sentir del posible reo escapado durante todo el proceso. La manera tan engañosamente "fría", en el naturalismo de Bresson para las formas elegidas, inunda el metraje y, desde ahí (sin que apenas se perciba de forma autoconsciente), acaba por lograr  una adicción total con su puñetero ritmo de gota malaya que jamás llega a detenerse del todo y merced, mayormente, a esa mezcla de resolución y prudencia de un protagonista que, sin pretenderlo pareciera, nos hace cómplices de su tan luctuosa historia. Seguramente, por cadencia y estilo, el maestro francés es de los que nos exige (puede hacerlo) una atención completa, dado lo tan perentoriamente inmersivo que nos ofrece... Aunque la recompensa, por otro lado y no se dude, lo merece. Y del todo que no sólo mucho.  

SINOPSIS PRESTADA. Abril de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Fontaine, un joven de 27 años miembro de la Resistencia francesa, que lucha contra la ocupación nazi, es arrestado por la Gestapo para ser interrogado. Fontaine sospecha que va a ser ejecutado y empieza a planear su fuga. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Todo lo extradiegético que tan puntualmente suena es de Mozart,  la interpretación de François Leterrier (en su único trabajo actoral antes de emprender carrera como realizador) queda para el recuerdo y, entre otras, hasta tenemos a un jovenzuelo Malle haciendo de ayudante del propio Bresson... Pero es qué hay bastante más: el hecho de ceñirse a una autobiografía (la de  André Devigny) de forma tan adusta y despejada de frivolidades, lo de contar con la fotografía tan sobria como llena de fuerza de Léonce-Henri Burel (que aunque ya aparece en el film anterior de Bresson repetirá desde aquí en los dos films posteriores, anotándose una tripleta de pura leyenda)... Todo es irreprochable y sin más desde este largometraje. La utilización tan descomunal del "fuera de campo" que nos recuerda al mismísimo maestro Lang, el tan inteligente uso de la soldadesca para plasmar al mal enemigo (impersonal, casi sin rostro, logrando una ominosidad tan certera como continua) o una distancia en el relatar general que, por contra, en vez de enfriar se torna magnética y acaba por arrastrar llevándose la mano sin solución de respuesta o ninguneo posible medie. Por todo ello y tantas cosas más (las elecciones de ángulos de plano servidas por Bresson y Burel son en muchas ocasiones de atesorar en álbum por si solas, vaya por enésimo ejemplo a añadir), este "condenado" del maestro francés se alza como algo indebatiblemente imprescindible... Lo bien medido de las elipsis, la camadería soslayada con los otros presos, la relación de confianza/desconfianza con el joven una vez es condenado, el episodio del intento acometido... Lo dicho, un no parar. 

EN CONTRA. Quien se espere un drama carcelario épico "made in Hollywood" se va a llevar un chasco importante. Esto es así. En verdad, se caracteriza (hasta se enorgullece pareciera) el film de Bresson por remar justo en sentido contrario a ello. La demanda de inmersión a una experiencia tan espartana como total de la película que hoy toca queda tan -TAN- lejano a agujeros tapados con pósters, túneles subterráneos o Paul Newman comiendo huevos cocidos (etc), que el subgénero afín sólo se empata al roce y por mero contexto genérico. Y aún sin ser ello nada plenamente "en contra" de cara a los baremos de este lugar, está claro, sí debía significarse de alguna manera (y por deferencia a aquell@s que duden en acercarse al film por vez primera, mayormente).


CONCLUSIÓN. Junto a la igualmente imprescindible "Le trou", firmada por Jacques Becker tres años después (y claramente influenciada por éste "condenado"), el "film de fugas" definitivo en la vertiente más realista y adusta posible. Bresson rechaza  de plano cualquier tipo de dramatización vanal y con un óptica por momentos cercana al falso documental (sutilmente matizada por una voz en off extraordinariamente medida) logra meternos de lleno en su propuesta. Haciéndolo, además, sin caer en sobreafectismos ni forzadas introspecciones de cariz existencialista en primera persona a fin de rellenar metraje (recurso harto sobado y hasta tópico en films con disposiciones argumentales de este tipo). Sumando, finalmente, esto a lo ya vertido "a favor" no se puede más desde aquí que recomendar abiertamente el film. Seguramente, aún hoy, lo más cercano a una fuga carcelaria jamás mostrada en pantalla en primera del singular.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

martes, 30 de abril de 2019

DISCOGRAFÍA R.E.M. (del menos bueno al más mejor)

Repito hoy, con la legendaria y tan añorada banda de Athens, la jugada que cometí hace algunas semanas a la salud del señor Elvis Costello. Sólo un par de premisas de base antes de entrar al ruedo:

a) Lo de "del menos bueno al más mejor" es una forma de hablar/escribir, sin más y fin. Que, por increíble parezca, no faltó quien me afeo tamaña chorrada en la anterior ocasión. 


b) No olvidemos, por favor, la absoluta subjetividad de este listado desde cualquier frente. Que aquí no se pretende nunca sentar cátedra alguna, pardiez ... Y después hay quien se indigna y no se qué (lo de las putas redes sociales y sus cuitas a cuestas, vaya, que parece mentira que tenga que gastar dactilares en esto).



15. "Around the Sun" (2004). El más flojo con diferencia de todos sus discos para cerrar al fin su, con permiso, "trilogía prescindible". Y es que no le sentó nada bien la marcha del entrañable granjero cejijunto Bill al sonido de la formación. Producciones sobrecargadas, hasta flirteando con bases electrónicas o sampleos inexplicables de forma puntual, y una frialdad otrora impensable fueron, por desgracia, moneda corriente en este disco y en el par que preceden... Pero de manera especialmente luctuosa en éste, sí. Y básicamente porque, produciendo con el culo o no, por lo menos en el otro par te cruzas con algún que otro tema a considerar seriamente de vez en cuando. En "Around", sólo la inicial "Leaving in NY",  "Wanderlust" y (especialmente) "Aftermath" pueden conseguir, ni que de manera ocasional sea, que no nos importen demasiado los "sonidos de más".  R.E.M. son patrimonio de la historia del medio, aquí al menos no se alberga duda alguna, y no creo que tengan disco alguno que pueda considerarse un "truño", puro y duro y como tal... Eso sí, de tener algo parecido siempre será ello "Around the sun", mucho me temo.

14. "Up" (1998). Primer disco sin Berry y el peor de su carrera con muy preocupante diferencia hasta ese momento de la historia. No pintaba bien la cosa, no... Con todo, y sin dejar de atender a lo explicado en el epígrafe anterior con el tema de aquellas producciones suyas de la bisagra neomilenaria -de lo que "Up" también es indisimulable cómplice-, sí hay en este disco (como ya se ha adelantado) algunas composiciones a rescatar. Y es que a pesar de su tónica delavazada asimilando el álbum en conjunto o de su proliferación de temas abiertamente  flojos (que son la mitad y un poco más), no creo que se pueda negar la pericia compositiva de piezas como "at my most beautiful", "walk unafraid", "daysleeper" o "parakeet", si no media una animadversión malsana de base. Una pena, sobretodo (en cuentas propias) por la mentada "daysleeper", que la canta como dios el canalla.

13. "Reveal" (2001). Este lo despejo rápido porque, prácticamente, podría calcar todos los "pegos" del par de arriba. Sólo reconocer que, por cadencia general de los temas, es aquí donde menos molesta (aún haciéndolo) las tan sobrecargadas sobreproducciones explicadas... Eso y una barbaridad de tema para el recuerdo. Y no me refiero a la tan popular (y para mi correcta sin más) "Imitation of life", sino a la muy excelsa y maravillosa "I'll take the rain". Esa sí qué sí...

12. "Out of Time" (1991). La fruta de discordias, sin duda. Ya eran una banda abrazada por el mainstream antes de llegar aquí (que el todavía ochentero "Green", primer trabajo en Warner, tuvo ya sus ventas multiplatino), pero la multidifusión machacona e incesante de sus singles en aquellos días, de la mano (además) del tono que estos presentaban en contraste a sus mayores logros de la década anterior, hizo que mucha, demasiada gente, les girara la espalda desde entonces y ya para siempre... Y demasiada penitencia ello, seguramente. El fenómeno del estallido de las college bands, piedra angular de ese indie rock añejo (antes de grunges y demás) que a tantos nos da la vida, no se entiende sin Replacements o Hüsker Dü en su vertiente más beligerante... Pero tampoco sin el lirismo clásico que recuperaron -y reconstruyeron- más y mejor que nadie Buck y cia. Y ese es el lugar de respeto en la historia que debe o debieran ocupar siempre R.E.M., por melifluas o frívolas resulten a quien sea las ultrasobadas "losing", "shinny" o "heaven". Buena parte de  "la especializada" los empezó a tratar como si fueran mierda avezada al consumo masivo (del tipo U2 o Bon Jovi, para entendernos rápido y fácil) y ahí los castigaron cerrando por fuera al salir. Absurdo, claro, porque sin salir del mismo "Out of time" tenemos ese cuarteto de despedida donde "aquellos REM" todavía están y además, qué narices: "Radio song" mola y, más concretamente, "Country feedback" será una de las grandes "tapadas" por siempre jamás.

11. "Collapse into Now" (2011). Sigo pensando que los dos discos de despedida merecieron mucha -muchísima- mayor atención, así en general. E, igualmente, me sigue sin parecer justo... Lo de los cinco primeros discos no iba ni va a volver jamás, está claro. Pero éste y el que antecede (que es todavía mejor), nos traían de vuelta a los R.E.M. de "monstruos y aventuras" y de manera contundente, además. Como si la trilogía "up-reveal-sun" hubiera sido un espejismo perpetrado gratuitamente por dios sabe que entidad cósmica especialmente hijoputesca,  repetían (en efecto) Stipe, Buck y Mills la estructura de aquellos discos apuntados desde los mid-90's. Desde tal disposición, si bien "Accelerate" nos retrotrajo a muchos a las "frequencies" y "eyeliners", "Collapse into Now" conseguía hacer lo propio con aquel gran cajón de sastre que fue "hi-fi"... Y ni fue ni es poca cosa. Varios temas "rápidos" de una enjundia ya aquí cristalizada en recuperación plena, tiempos medios e intermedios que calzan sin problema (y sin sensación de rellenos asomen) y rematando con esa joyita semi-ignota que es "Every day is yours to win", "Collapse" se revela al fin como una más que digna despedida y, ya puestos, el primer disco del listado de hoy que me parece francamente insaltable.  

10. "Green" (1988). Y si "out" fue la fruta aquí llega la semilla... Primer álbum en major y, aunque no lo "petarían" ya del todo en el orbe entero hasta el siguiente, todo un multiventas que se liaba a leches con el estreno de los Guns'n'Roses, el de los Living Colour o hasta (y entre otros) con los mismísimos New Kids on the Block en los US Charts (y de costa a costa). A título personal fue el primero que tuve de ellos, por lo que, en verdad, no se le puede negar aquí cierto plus de estima en dicho sentido (qué mi yo de trece años quería tener "stand" en casa para escucharla a todas horas sí o también, estaríamos buenos)... Pero, ojo y aún a pesar de ello, no menos cierto es que nunca (pero nunca y tal cual se lo cuento) he soportado "get up" y "orange crush"... Sé que son "importantes", que para much@s son leyenda pero, nada. No se puede evitar (la una me parece una chorrada y la otra nunca me parece quede claro adónde pretende llegar ni si lo consigue). Lo bueno, eso sí, es que el resto del disco me parece incontestable todo él y sin fisuras de tipo alguno (y atención ruego para esa variedad exhibida). Sea el último de una saga como pocas en esto del rocanrol  o, por contra, el primero de "otra cosa", cuando al fin conseguimos despojarnos de planteamientos tan fatuos como innecesarios (a poco se analice), seguiremos y  seguimos teniendo un muy señor disco en "Green". Qué no te falte.

9. "Monster" (1994). Vendido en su momento como "el disco grunge de los REM" (tócate lo tuyo, está claro) por el mero hecho de que volvían a enchufarse guitarras. Bastante irregular en su conjunto, no veo a qué negarlo, pero (atención) con la incontestable virtud de que los temas buenos aquí sitos pues... Pues es qué son muy buenos, caray. "Tongue" es una preciosidad (directamente), el panegírico a Cobain para "Let me in" casi que otra, el par de andanadas eléctricas de abertura están de narices (y con el mismísimo Thurston Moore en una de ellas, nada menos), "Star 69" es una sonrisa inmediata para los que queremos a "los fines del mundo como lo conocíamos hasta ahora pero estamos bien" y "Strange currencies" tiene una solemnidad buen rollista que no debiera pasar inadvertida... Por lo demás, el tema ya nos resulta menos incontestable. Me gusta esa especie de extrapolación a sus formas de los Jesus & Mary Chain para "Circus envy" y "King of comedy", pero también me agobia un bastante la saturación abusiva en la reverberación elegida (y más que repetida) por Buck en este disco en la dupla "Bang and blame" y "I took your name" (para mi el punto más bajo del álbum con gran diferencia). Y, del mismo modo, aunque la épica oscura de la despedida en "You" me cuela sin problema, "I don't sleep...", por sus partes, me parece una nadería contundente tirando a completa. Lo dicho: a discreción de quien proceda pero, eso sí (y que es lo más importante en definitiva), las elevadas cimas de "Monster" siguen haciendo de él algo recomendable. 

8. "Accelerate" (2008). Para mí la versión más pulida y corregida del anterior. Digo más: me parece su mejor "disco de guitarras" (para todo aquel buen entendedor se cruce por aquí). El trío de salida y el par de despedida (sin olvidar el intermedio con el tema titular) son de una contundencia importante y, a su vez, los tiempos más calmos tampoco tienen desperdicio alguno (magnifica "Until the day is gone", especialmente). Y por si poco fuera, ojo, aún no se apuntaron los temas preferidos con la psicodélica (a su manera) "Mr. Richards" y la  como bastante invencible "Hollow man"... Michael, Peter y Mike vuelven a lo básico y nos recuerdan, sin chimes ni rollos macabeos raros en producciones, que esto no se les da precisamente mal. Sumemos finalmente el meritorio trabajo de síntesis, perfectamente enjaulado en poco más de media hora de disco, y ya para despedir sólo nos queda lamentar que no tengan un par o tres de discos más en esta dirección... Más simple a lo mejor pero, también sin duda, mucho más nutritiva que "otras cosas". Traducido: esto, y justo esto, es lo que tocaba tras la marcha de Berry y para seguir desde aquí.

7. "Automatic for the People" (1992). Nunca se perdonará en algunos sectores de opinión lo de este trabajo me temo... Parte de la "prensa especializada" no asumió que tras tantos inputs manifestados en contra de las luces del disco anterior ("que os estáis pervirtiendo comercialmente", "que sonáis menos auténticos", "que así no, tenéis que volver a lo de antes" -etc.-), el cuarteto no les hiciera puto caso y aplicará al mundo lo de las tazas y los caldos. Resultado: una de las cimas del rock noventero, pese a quien lo haga, y a base de instrumentación clásica sin cuidado medie (y clásica de la de Bach, al tanto, no de la de Chuck o el pequeño Esteban). Hicieron hit de la única concesión comercial para con los fans del disco anterior (para que quien ahí estuviera rabiando ya lo hiciera del todo y hasta el puro estallido de úlcera) y se volcaron en unas composiciones donde los mantras más sobados del rock se aparcaron casi por completo, a fin de alcanzar esa mezcla de 50%  desolación y otro tanto de belleza lírica que define al disco. Por supuesto, "Man on the moon" y "Everybody hurts" ayudaron a cimentar del todo ese multiplatino que a la postre és (y que quizá a alguien pueda echar por tierra el supuesto reverso "desolado" del disco). Pero nadie se nos despiste, es en "Try not to breathe", "Drive", "Star me kitten", "Find the river", "Sweetness follows" y alguna otra (y todas ellas a la monolítica sombra de ese milagro hecho canción que es "Nightswimming") donde "Automatic" esconde su auténtica personalidad y grandeza. Perogrullada, sin duda, aunque de la misma forma y faltaría: imprescindible sin más.

6. "New Adventures In Hi-Fi" (1996). Seguramente su disco más variado e inasumible de primeras... Pero, quede claro, siempre y en todo momento dentro del grupúsculo de sus mejores trabajos. Pues ante eso estamos en definitiva. El ecléctico reverso eléctrico, mucho más oscuro además, de "automatic" y, de forma altamente probable (y aún a pesar de la ya expuesta querencia personal por algunos títulos posteriores), la última "masterpiece" plena de la formación en cronologías, fanatismos confesos y/o concretos al margen. Que sea el último trabajo con Berry, o que colabore su amiga Patti Smith, son de esos datos wikipédicos con los que quien proceda puede perder el tiempo a sus anchas... Pero, nadie se engañe, nunca sonaron tan poderosos y densos en octanajes como en "adventures" y eso acaba descubriéndose como lo más importante aquí. Siendo, además, su disco no-oficial pero si oficioso en lo que a gemas "medio ocultas" pertoca: ahí queden por siempre las "New test leper", "Bittersweet me", "Be mine", "Departure", "Undertow" y demás trackazas. "The wake-up bomb" o "So fast..." pueden resultar a su vez los ganchos más evidentes, más allá de la bastante conocida "E-bow the letter" con Patti, pero es tan burro el nivel medio exhibido que la inocente (y tan bonita) "Electrolite" funcionó como single más por sorteo que otra cosa pareciera. Un muy tremendo disco que volvió a mostrar hambre y pulsión rockera en los músicos y que, de paso, se ciscó sin problema en todo el grunge y el britpop de la década que lo alumbró. Los que se marcharon por el sol bailongo de Warner, con "green" y especialmente "time", se lo perdieron, y los que (precisamente) se subieron al carro por ello, pues también, por el impredecible y mucho menos inmediato cambio de dirección... Aunque sin problema en los recuentos finales, claro, el revisionismo ilustrado hará tarde o temprano "obra maestra indebatible" de este disco (uno de los mejores de su decenio). De hecho, está pasando ya (y a más que irá).

5. "Reckoning" (1984). Sí, aquí ya entramos de lleno en la intocable e insuperable pentalogía ochentera de arranque. La etapa IRS inicial, si prefieren. Y cualquiera de esos cinco discos susceptible, a su vez, de ser "el elegido" de la banda por parte de cualquier fan se cruce (y sin opción de errar, por supuesto). Así de contundente. Para el caso "Reckoning", el segundo de ellos, me ocupa a mi la quinta plaza por el mero hecho de faltarle algún tema en la harto subjetiva lista personal con aquello de los cinco o diez temas favoritos suyos de siempre... Tan pueril razón que alego y se admite pues, en verdad, el segundo R.E.M. se escucha del tirón sin problema (y con la sonrisa) del mismo modo que sus cuatro hermanos de camada. Es más, por sonido, más allá de las canciones, es de los más claramente regulares. Supongo que cabría destacar (es lo recurrente al menos) "So. central rain (i'm sorry)" y "Time after time" como los oldies oficiales a extraer pero, sinceramente, dicha práctica no me parece del todo clara y, de hecho, pienso que es precisamente en su intachable regularidad global donde "Reckoning" se torna algo plenamente incontestable. Y necesario, cómo no (sí, aún a pesar de la predilección personal tan acusada por "chineses" Y "rockvilles"). Además, el uso de las segundas voces en este disco son la barbaridad qué son, claro. 

4. "Lifes Rich Pageant" (1986). Uno de sus trabajos que (pienso) merecen mayor y más justa reivindicación, si tal cosa es posible habida cuenta la fama y cantidad de gente que "arrastra" este personal. La razón, en este caso, no es otra que la obligación perentoria que te propone el disco de horadar en él... después. Una vez hemos escuchado -y asimilado- un par de billones de veces el monolito infranqueable de la historia del medio que por siempre será "Fall on me". Pues, que esto es así, por mucho que las fantásticas "Superman" o "These days" gocen de mayor fama (al generalizar), es en temas menos obvios de primeras como "I believe", "Cuyahoga", "Swan swan H" o "What if we give it away?" (-etc-), donde el disco adquiere completa entidad y enjundia... Y no veo a qué alargar más por hacerlo, la verdad, ya expliqué en epígrafe anterior que cualquiera de estos cinco discos (uno por año y sin contemplaciones, además) son obligatorios so pena tortura china y  en definitiva... Reincidir eso sí, antes de pasar a lo siguiente e inevitable ello para quien suscribe, que es en éste donde se halla "Fall on me".

3. "Document" (1987). Más allá de alguna capciosa observación sobre fines del mundo como lo habíamos conocido hasta ahora de la mano con el ingreso en una major, "Document" es el disco de cierre de una de las secuencias de discos más nutritivas desde esto de las guitarritas. Y tampoco importa demasiado, para el caso, la manía que le tengo de siempre a "The one i love"... También me pasa con "Yesterday" o "Angie", mira, y si puedo "perdonar" eso a las dos mayores bandas nunca existidas bien puedo hacer lo propio con el querido cuarteto que nos ocupa (faltaría). Manías personales al margen, lo que queda (el resto) es crema, néctar, jabugo y caviar iraní todo junto y bien revuelto, eso si... El quinto LP de los "ariem", y último con IRS, les pilla de pleno (en lo que a composiciones y producción pertoca) en la transición de la bendita y tan añorada desnudez de sus inicios  hacía la mayor nitidez y grandilocuencia que ya aguardaba en Warner. Y aquí llegados, por supuesto, liarse uno a destacar temas concretos es lo de los palos y las ruedas. "Document" oficia como el vademedum, el libro de estilo de alguna manera, de lo que fueron, son y serían. Y si no en sus mejores formas, poco le falta al puñetero. Aquí están los R.E.M. de los hits radiables, de los temazos "secretos", los de las disgregaciones inesperadas, los que se paran en introspecciones poco obvias para aullar en comándita de golpe... Un "classic album" como la copa un bosque pinos, el ideal para empezar "la cole" y cuya impronta en la historia me parece incalculablemente superior al par que sucederán y que, por contra, sí les otorgaría ya una difusión general. La vigencia de "Document" sigue la mar de fine (y sin visos de flaquear jamás), ni qué decir.

2. "Fables of the Reconstruction" (1985). Sólo por tener en su interior "Driver 8", "Wendell gee" y "Green grow the rushes" (mi tema predilecto de la banda de la mano con "Sitting still" del estreno y ahí es nada) aquí ya hablaríamos claramente de denuncias penales para con todo aquel que se autodenomine amante del medio y no tenga el disco más sobado que las cuadrigas de Ben-hur en semana santa. Seguramente el disco más melódico de la formación, uno de los más cohesivos (con ese aire de "cuento" que tiene al abarcarse sus composiciones  como un "todo") y, que se lo prometo a tod@s, el que mejor se escuchará siempre del tirón. "Fables" tiene la virtud, aún dentro del elevadísimo nivel medio en esta parte de su singladura, de ser un más de lo mismo y, paralelamente, un punto (perfectamente ubicable y distinguible que le matiza) diferente al resto. Tras tres décadas de escuchar (y admirar) a la formación, me resulta especialmente definitorio que mientras otros se han mantenido sin problema o, por contra, me han dejado de interesar a según que niveles con el pasar del tiempo, el tercero de R.E.M. no me ha hecho sino crecer en los recuentos de estima. La tortuga de la fábula que acabó ganando por constancia, vaya... Y por ser de puta madre, también.

1, "Murmur" (1983). Uno de los grandes estrenos de la historia rockera. Sin entrar en comparaciones, ya hace bastante tiempo que para no pocos melómanos del orbe hablar y/o escribir sobre "Murmur" es como hacerlo de "Revolver" o del puñetero "London calling". El imprescindible y anterior EP "Chronic town" (hasta no hace tanto pieza codiciada por el coleccionismo más puntillista y hoy reeditado hasta en cartucho con color a elegir) ya no dejaba mucho lugar a dudas con la banda, observando el tema hoy y en retrospectiva. Pero, igualmente, el estreno de largo descubre a unos músicos y un sonido que, definitivamente, irán mucho más allá del "tener suerte" con una u otra composición puntual. Lo de llegar para quedarse, sin duda. Con una mezcla inédita hasta entonces, de la que todos son cómplices pero de la que el Sr. Buck es especialmente culpable, capaz de ensamblar melodías clásicas de Byrds o los Wilson con los trotes borbotónicos propios de la new wave más saltarina, R.E.M. se convirtieron en algo muy especial a poco se les puso un foco encima. ¿Y acaso quedaba otra?. Abrazados sin problema por los exigentes seguidores de Dream Syndicate, Feelies o hasta The Gun Club, alternados tan ricamente con los mismísimos Replacements, mirados con cierta distancia pero con simpatía por parte de las más atronadoras huestes "hardcoreras" (a las que sin duda influenciaron, por lo menos en parte y si no pregunten al Sr. Mould) y, por supuesto, precursores como nadie de todo el fenómeno college bands que nos llevaría hasta Dinosaur Jr, Pixies y demás, los de Georgia estuvieron más en medio que nadie sin pertenecer de facto a nada en concreto. Más allá de una colección de himnos (que los tiene) o sintetizar el "sonido tipo" que les definirá (qué también), "Murmur" es y será sobretodo el principio de muchas cosas... Y además tiene "sitting still". Historia sin más e imprescindible de los de pasar lista.