martes, 26 de marzo de 2019

THE LATE GREAT / "Temporary love songs" (2019)

Qué extraordinario mundo éste del rocanrol... Por motivos de pereza, falta de motivación o lo que fuere, todavía no había conectado demasiado con ningún disco de los ya aparecidos esta temporada cuyo primer trimestre toca su fin. Pues bien, ahora y de repente casi (en un margen no superior a semana y media), se me juntan en el tiempo el nuevo y ya de entrada  fantástico trabajo de los siempre bienvenidos Meat Puppets (gracias al gran beatlemaníaco Paco Jiménez por referirlo en el Fb, que se me había escapado) y, desde hace unos cuantos días más, el elepé éste que vengo a presentarles hoy: "Temporary love songs", segundo trabajo de los noruegos The Late Great (no confundir con la banda yanqui de Oregon del mismo nombre -y cuyo disco "Easy" de 2016 no está nada mal, ya puestos-). Personal del que, por cierto, no sabía absolutamente nada hasta que me picaron bastante la curiosidad una mañana cualesquiera de hace ya unas semanas, haciendo el zángano por la interné y navegando sin objetivo ni intención previa valgan.

Quizá por sugestión gratuita, o similar, la primera toma de contacto con la banda liderada por el tal Tor Thomassen me llevó a pensar en los tan apreciados Wilco de Tweedy... Banda numerosa de seis miembros, uso de teclados entremezclados con ocasional instrumentación folkie, un cantante tratando de transmitir emoción inmediata y, claro, el mismo nombre de la formación... Más allá de ello, la verdad es que el discurso de los The Late Great es bastante más clásico de base que en lo que ha acabado por transformarse el de la tan célebre banda de Chicago (lógico, por otro lado, cuando ya tienes "Being there" en tu catálogo solo queda tratar de repetirlo hasta la saciedad o bien echarle lo tuyo y dar un volantazo -como Jeff Tweedy y cia hicieron, cosa que no hace sino hacer crecer su leyenda y valor-). Entre píldorazos más inmediatos como "another trap",  "cherry on the top" o, entre otras, la inicial "sundown surrender" que oficia como incontestable alfombrilla de bienvenida, y sin perder prácticamente jamás la omnipresencia "tecladística", el disco se autoequilibra solo con medios tiempos magníficos como "Carol", "you can have your cake & swallow the moon" (los dos joyones maestros del lote, que no en vano están ahí de seguidilla, en toda la mitad  y dominando cotarros) o la estupenda despedida con "reservoir of memories". Tenemos también cosas tirando a bastante incontestables como "born to be young" que se acerca a unos Pogues en una misa de las que bailan, el arranque de estrofa de "if not forever girl" que es como para que los Bunnymen les pidan explicaciones y, por mucho organillo medie, "just like Saro Jane" tiene al fin un poso a Marr del caerse de nalgas... Y sí, tiene su oveja negra el disco, con la verbenera e inferior al resto "all you got" en la penúltima estación. Pero sin problema, que ya nos habían derrotado del todo con la inmediatamente anterior "follow you blind", qué invita a fantasear con lo que Buckley Jr. hubiera hecho de ello...  En fin, que muy bien todo y sin más a añadir. Por recomendado que lo dejo y servidor se marcha ya a tratar de agenciarse el anterior. Por lo legal o/y lo otro. Good mandanga lo de los The Late Great: ¡ a por ello sin temor asome !.

lunes, 25 de marzo de 2019

SCABBARD SAMURAI (2011)

INTRO. Aunque inferior a la anterior "Symbol" (su contundente masterpiece hasta fecha presente y ya aquí repasada anteriormente) el tercer film de Matsumoto es, de forma también destacada, su segunda mejor referencia. Por lo menos en las cuentas que aquí se hacen admitiendo que el estreno "Big Man Japan" resulta, amén de un cachondeo impagable, un delirio prácticamente inasumible (fascinante a su manera, que a mi me gusta y no poco pero, en síntesis: se le fueron todas las ollas de la cocina); y admitiendo también que todavía no he visto "R100" (su cuarta y última película hasta hoy). En cualquier caso, "Scabbard samurai" es su film con mayor poso dramático, aún con esa premisa que oscila (nuevamente) entre lo hilarante y lo patético. Para la ocasión, eso sí, sacrifica los lisérgicos elementos "desconcertantes" del par que la preceden para ceñirse a una narrativa más evidentemente clásica... Y aunque sea siempre a su particular manera, que tampoco cabe engañarse. 

SINOPSIS PRESTADA. Kanjuro Nomi es un samurai sin espada; sólo conserva su funda. Tras abandonar por completo la violencia y embarcarse en un viaje con su hija Tae, ahora está en busca y captura como desertor. Su única opción de salvar la vida es hacerle recuperar la sonrisa al príncipe, triste desde la muerte de su madre. Para ello dispondrá de 30 días; si no lo logra, deberá cometer "sepukku".  (FILMAFFINITY)

A FAVOR. La implementación de "cuento clásico" en la obra de Matsumoto puede despistar de primeras a aquellos que ya se hayan enfrentado a su obra previa. Pero,sin embargo, eso es precisamente "Scabbard samurai" antes que cualquier otra cosa. Y además le funciona, al muy canalla. Desde ese arranque, histérico como el solo, el realizador desarrolla (sin prisas ni pausas) un discurso que va ganando en tragedia, por su bien hallada y propuesta contrarreloj que tanto peso, de manera harto lógica (repasar sinopsis arriba, de ser menester), inunda toda la historia hasta el punto de, en definitiva, descubrirse como su misma razón de ser. Con permiso del trío de "asesinos gilipollas" (por lo excesivo en sus 2/3 partes), la interpretaciones son magníficas todas ellas y, cómo dudarlo, la disposición estética del ente creador en lo visual resulta intachable por completo (y aunque sea menos estridente de lo acostumbrado). Pediría especial atención, además, para la sabiduria de Matsumoto en el uso rítmico de su narrativa aquí conseguido (brillantísimo uso de lo anticlimático para diferenciar segmentos lo mismo que para acelerar o decelerar, según convenga, y logrando que interés y tensión no se desvanezcan en momento alguno). Todo un -nuevo- logro en resumen que, entre otras y por si todo lo explicado fuera poco, regala un número de momentos épicos ingente, con el primordial matiz de alcanzar dicha épica através de diversos géneros dentro de un mismo y casi por completo excelente film.

EN CONTRA. La confusión en que pueden derivar los distintos tonos que maneja. La delirante parte cómica y su desgarrado contrapunto dramático pueden ser algo difícil de asimilar. Especialmente, obvio, de ser el film la primera toma de contacto con Matsumoto. Para los "vacunados" éste film nos resulta -y con diferencia- el más "normal" desde la bastante celebrada trilogía inicial del cineasta, está claro... Pero me resultaba conveniente advertir de ello a los posibles nuevos clientes del tan chalado genio nipón y sus tan innegociables como definitorias particularidades. Todo eso y, de vez en cuando, los "asesinos gilipollas" (cuya presunta comicidad no siempre funciona y aunque, a la postre, sean un ardid narrativo válidamente improvisado cuando conviene).


CONCLUSIÓN. Tan fascinante y ridículo como valiente y absurdo, el proceder de Matsumoto resulta un pequeño tesoro en este cine neomilenario donde, desgraciadamente, tanto suele imperar que el cine más que ser bueno, sobretodo, tiene que parecerlo. El cineasta japonés juega con baraja propia y con un discurso basado en fundir extremos, sin vergüenza ni pesar medie, ha terminado por procurarse una identidad que, a estas alturas, ya vuela mucho más allá de cualquier debate. "Scabbard samurai", además y atención ruego con esto a posibles "nuevos clientes", pienso que es la mejor e idónea toma de contacto con su tan particular universo. Si logran entrar en su tan heterogénea propuesta (algo sencillo si en momento alguno se despistan de que esto es, sobretodo, ese "cuento clásico" que antes comentaba) y después , tras toma de sustancias de ser necesario, sobreviven a la pura locura del estreno, ya estarán en condiciones para enfrentarse, en plenitud de facultades, a "Symbol" (y con ello a uno de los mejores films de la pasada década). Ese, al humilde entender personal, sería el trayecto que recomendaría para enfrentarse a Matsumoto, así a pelo y sin escafandra... Digo más, qué narices (y repasando ahora de memoria algún que otro lance del film de hoy), pongan a Matsumoto en su vida ayer. Y fin.

GUZZTÓMETRO:  8'5 / 10

sábado, 23 de marzo de 2019

CHEAP TRICK - "At Budokan" (1978)

Sam Cooke en Miami, los Who en Leeds, los Ramones en Londres, Cash en el talego californiano... Añadan lo que proceda sin desatender, eso sí, que los mejores álbumes en directo más profusa y recurrentemente señalados de la historia rockera suelen ser más o menos los mismos en todas partes (siempre y cuando dichas partes sean, de cajón ello, mínimamente aterrizadas). Y el "At Budokan" de los Cheap Trick, por supuesto, pertenece sin duda medie al grupúsculo en cuestión. Desde una premisa tal y con tanta agua circulada bajo puentes, qué aportar a estas alturas... Pues de nuevo nada, está claro. Pero por dejar testimonio, así por la jeta y sin más, no creo se me vaya a quejar nadie. Qué es un "classic album" como la copa una granja pinos y toda pleitesía es poca, qué narices.

Entraban Robin Zander, Rick Nielsen, Tom Petersson y Bun E. Carlos aquella noche de abril en el famoso templo deportivo nipón y, sin saberlo entonces, salían un rato después con su página indeleble (e insaltable) perfectamente escrita para los restos de la historia toda del medio. Esto es así y tal cual. Pocas explosiones de rocanrol a este nivel de energía, estado de gracia, desafectismo absoluto y pura evasión sin ambages que tenemos. Todo ello, por supuesto, acunado por la devoción de un público japonés que les adora con veneración beatlemaníaca durante toda la actuación... Recordemos, rápido ni que sea (y por lo sobado del asunto), que Cheap Trick no se comen mucho en sus americas natales con su primer par de discos (hoy tan indiscutibles, faltaría) y por contra, cosas de la vida loca ésta, gozan de un éxito desorbitado en Japón desde, prácticamente, el primer paso de su singladura. Aunque todo ello cambiará con el Budokan, claro... El público yanqui (pues tanto gritaron desde el otro sitio que hasta a ellos llego el eco) exige una edición autóctona para hacerse con el disco por medios no importados, y mayormente por los dineros de más que ello implica, a lo que -estaríamos buenos- Epic responde a los pocos meses haciendo de Cheap Trick una banda multiplatino. Bonito final para una bonita historia, sin duda. El cuarteto ha tenido etapas de todos los colores y sabores a elegir pero, en definitiva, aún en sus momentos de menor acierto... Bueno, ahí tienen y tendrán siempre el puñetero Budokan, como monolítica e intachable muestra de grandeza putámica de cualquier tiempo y lugar rockero.

Además y a todo esto, ¿a quién narices no le molan los Cheap Trick?. Digo más, ¿a quién no le caen simpáticos ya por defecto?... Ese asunto tan dado al autocachondeo, y que tanto exprimieron con jocosos resultados, de los dos guapos y los dos feos; la reverencia por la british invasion que profesan de siempre (grabaron con el mismísimo George Martin, sin ir más lejos y recordemos); la versión que de Big Star se marcaron y la que les hizo Isaak a ellos; los cuatro primeros de estudio tan cojonérrimos o que volvieran hace poco con un discarral de la hostia consagrada; su proverbial alegria y potencia que parece no caducar jamás... Demasiadas cosas, en síntesis. Fijarse, mismamente, que hasta se les perdona (en exclusiva, por ser ellos y que no queda otra) algún puntual devaneo con el hair metal más guarreras ochentero y en forma de balada chusca... Desde hace casi una década, que Cronos no perdona, el descomunal Bun dejaba las baquetas para el hijo de Rick y Petersson tuvo aquel hiato ochentero pero al final, y no queda sino rendirse a la sonada evidencia, estos cuatro eran una máquina directa y completamente inapelable (ya solo por juntar en un mismo combo a un voceras como Zander y un guitarrista como Nielsen el menor de los debates desaparece, por una esquina y con la cabeza gacha).

El único "pero" es que, conociéndose uno un algo y tal, me acabaré agenciando en algún momento el doble que salió hace dos o tres años con el concierto entero lo que, de alguna manera (y aún desde un volante meramente completista), es poner el consabido grano de arena a la tergiversación global, de cara a su percepción colectiva futura, del diamante perfecto que representa el original. Cabe consuelo en que esa cohesión y directo a la boca estomacal de sus diez míticos temas perdurará como tal, debe hacerlo y qué duda cabe. El arranque triunfante con "hello there" y "come on, come on", la versión de Domino, la presentación de largo de "surrender", el subidón con "i want you to want me" o la despedida emblemática con "clock strikes ten"... y todo lo demás. De leyenda el asunto. Cheap Trick no son los Stones, Zep o la Velvet, sin duda, pero al igual que los Groovies o la flaca Lizzy (por cojonásticos ejemplos) configuran también esa realeza de deidades segundonas en las que puedes confiar casi a ciegas. Pues lo que hacen (y lo que proyectan) es mucho, con lo que a poco que afinen medio bien todo mejora sin remisión... Y esto también es "sin duda". Especialmente y además en totemazos como el que hoy se ha venido a referir aquí.

viernes, 15 de marzo de 2019

ROMA (2018)

INTRO. La aún tan reciente "Roma" de Alfonso Cuarón, innegable ello, fue la "película sensación" de la temporada pasada. Y no exenta de controversia, además, por ese debate inmediato que se genera desde su condición de film estrenado para una plataforma televisiva (en exclusiva) que a su vez sigue recogiendo premios en todo festival cinematográfico se le cruce. Pues, en efecto (aún por cierta difusión en sala se le haya dado también y a colación de su recepción crítica), sin entrar siquiera a debatir sus méritos para lo segundo, lo primero sigue y seguirá siendo igual de cierto. Un tema éste, ciertamente, con una cantidad de aristas abiertas (buenas y malas) con el que prefiero no liarme mucho hoy y que, se me ocurre, merecerá seguramente una entrada específica a la sazón en el espacio (que no es el film de Cuarón una isla -capciosamente demonizada en algunos lugares- ni mucho menos, ya hace una buena temporada que cineastas e intérpretes varios de relumbrón han claudicado a los superpoderes de este tipo de plataformas -y la cosa pinta que va a ir a más, de forma muy raramente remediable-). Se prefiere u opta pues y para la ocasión, tratar de ceñirnos al largometraje en si, evitando (en la medida posible) disgregar hacia esos "otros aspectos" que lo envuelven. Lo que nos lleva, ya mismo, al segundo tema que quería abordar en esta "intro": su puntuación final en el consabido Guzztómetro  que remata siempre toda valoración de película se cruce en este tugurio. Siempre desde la subjetividad más recalcitrante y orgullosa (pero también humilde y gratuita), le he calzado un 7/10. Y tan ancho que me quedo. Las razones, o la mayoría de ellas en cualquier caso, se pasan a desglosar en los siguientes apartados. Pero, atención, recuerdo y recalco una pequeña puntualización más antes de ello (y siempre con su permiso):  un "7" para quien suscribe es un film evidentemente notable, interesante o entretenido (según casos), que aún sin llegar a la recomendación expresa en este blog (eso pasa "del 8 para arriba") sí habita, y sin duda medie, en un reconocimiento muy alejado de cualquier tipo de desprecio (y esto va, especialmente, para todos los "fans de redes varios" que viven celosa e implacablemente en su burbuja maniqueísta del "esto es un 10/0", tan imperante hoy por hoy).

SINOPSIS PRESTADA. Cleo (Yalitza Aparicio) es la joven sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio de clase media-alta de Ciudad de México. En esta carta de amor a las mujeres que lo criaron, Cuarón se inspira en su propia infancia para pintar un retrato realista y emotivo de los conflictos domésticos y las jerarquías sociales durante la agitación política de la década de los 70. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Cuarón ha logrado un compendio irreprochable hasta el punto que estamos ante un film que puede arribar a puras exaltaciones masturbatorias para los amantes de los valores de plano, la expresividad desde el montaje, la ausencia de música incidental (o extradiegética, si de sumar sílabas se trata) en pos de un tono visual o, faltaría, los travellings de todos los sabores con sus consabidos engarces a juego, etc. Pues todo ello lo tiene elevado casi a la enésima su obra y tal cual. La distancia "documental" que supuran estos recuerdos propios (pues es el propio cineasta quien amén de la fotografía y la dirección firma, de manera obvia, el guión) consigue funcionar durante buena parte de sus más de dos horas de metraje y ello, todo un logro que no estaría bien omitir, es lo que hace que incluso aquellos que no acaben de rendir pleitesía al film logren terminarlo sin excesiva dificultad (sí, y aunque sea para desmerecerle, en mayor o menor grado, a posteriori). En dicho sentido, los aspectos formales de "Roma" proyectan una fascinación pareja a la del músico virtuoso que ataca con denuedo su instrumento, sea o no de nuestro agrado lo que llega a nuestros oídos. De hecho, obviando el breve y muy irrisorio pasaje con el gurú "pseudo-heroico" en la explanada de karatekas o los líos que se monta el más joven de los infantes con sus historias en imposibles tiempos verbales, todos los problemas que en esta casa se le encuentran al film derivan, inefablemente, de lo tan excelso alcanzado en lo visual en contrapunto a "todo lo demás". Siendo ahí, en efecto y como enseguida paso a explicar, donde a algunos nos empiezan (o pueden empezar) a sobrevenir los problemas...

EN CONTRA. Y es que ese derroche de talento en lo arriba apuntado sacrifica (de forma autoconsciente o/y no, me temo) cuestiones tan importantes como la más mínima de las empatías para con sus personajes (impersonales, apenas esbozados), o la gravedad de un contexto, particular e histórico de tiempo y lugar, cuanto menos convulso. Quizá pretenda el realizador barrerlo todo bajo la moqueta de los someros "recuerdos de un niño" (el niño anteriormente apuntado y que además no es otro sino él mismo), que a saber... Pero, de no colar (como es aquí el caso), la verdad es que al enfrentar los momentos más sangrantes o presuntamente emocionantes de la narración (o sencillamente los más humanos, en definitiva), la película busca proferir y proyectar unos sentimientos para los que nada, absolutamente nada, se ha trabajado antes a mayor gloria de un proceder técnico que, por supuestísimo, debe y pretende regir antes que cualquier otra consideración para con la obra... ¿Qué se muere el bebé?, pues te apenas porque eso es triste por naturaleza no porque le pase a su protagonista en concreto (que, básicamente, te importa un bledo); ¿Qué de repente todo son tiros y corredizas por la calle?, pues ni me lo has explicado, ni sé de donde narices sale esto... y, además, ¿de repente me tiene que importar esta señora que ha salido un par de veces de fondo anteriormente, o me tengo que tragar que a la prota la quieren todos -por sorpresa o algo- como a un quince en la quiniela?... Claro, los someros "recuerdos de un niño" de antes, ¿no?. Ay, Sr. Cuarón, que con esto se le ve el felpudo y el término "efectismo" nos asoma con peligro (como a Boyle y su otro bebé muerto -en una película muy inferior a la suya, eso también-, por ejemplo rápido)... Lo que ud cuenta, para no hacer leña de más, lo cuenta de narices (sin duda), pero ni consigue que me importe y, honestamente, la historia en si es como bastante insulsa. La iluminación perfecta, la mesa perfectamente dispuesta, los cubiertos son de plata de la buena pero, ay, al levantar la tapa... ¿Pero qué es esto?, ¿pechuga empaná en un tupper y papas de churrería?...


CONCLUSIÓN. Interesante y meritoria cinta cuya sobreexposición en medios invita, de manera casi obligada, a un "dejar pasar el tiempo" (y bastante) para empezar a ponderar su importancia y valoración como procede. Aquí hoy, en efecto (y en perfecta acepción de la contrariedad galopante), se ha intentado, pero tanto moscardón revoloteando alrededor clamando su condición de "obra maestra inmediata" o, por contra, la de "boutade insustancial aupada por la crítica", propone por defecto una considerable e ingente prudencia a colación. "Roma", en todo caso, es una obra visualmente espectacular, un prodigio técnico cuyo pecado, desde este espacio, es su sacrificar todo lo demás en pos de su "cómo". Esa frialdad distante por montera,-casi documental por momentos, que argüiría alguien-, tampoco me supone un problema en si mismo (hay otros films con  vitola de "lentos" y mayor metraje que me suponen puros dieces en la historia del medio). Pero el sudar olímpicamente de sus dos primordiales acompañantes para alcanzar una obra plena partiendo de dicha premisa (una historia con auténtica fuerza o bien unos personajes magníficamente definidos -e interpretados-), hacen que, finalmente, el film se me aleje bastante de la ansiada excelencia que otros, en pleno y perfectamente válido uso de su criterio, sin duda encontrarán en él. Para irnos en clave positiva (que no duelen prendas), recalcar de nuevo que pese a las máculas que quien suscribe u otros pajarracos de similar índole podamos señalar, todas las loas y parabienes por su tan virguera caligrafía formal de cámara son algo inequívoca y absolutamente merecido.

GUZZTÓMETRO: 7 / 10

jueves, 7 de marzo de 2019

EL SUEÑO ETERNO (1946)

INTRO. Por más vueltas le venga dando, sigo sin entender cómo es posible que todavía no haya aparecido el maestro Hawks en este lugar (lo ha hecho como obligada referencia en varios textos, pero nunca -hasta hoy- con un film por él firmado y en la mayor tradición del espacio). De hecho, dada la importancia e impronta del realizador en la historia del medio, hasta tiene su mérito y todo (por la incompetencia que deriva de la injustificable omisión si se quiere, de acuerdo... pero mérito al fin). Bien, a fin de paliar ni que sea mínimamente el asunto, lo más acertado sería ir directamente a por la favorita suya en la casa... Cosa harto jodida, desde luego y habida cuenta la calidad media y esos picos tan icónicos que campan a sus anchas desde su obra. Al final siempre, tras pasos y repasos, me quedo irremediablemente en la insolucionable bifurcación que sigue: ¿"El sueño eterno" o "Río bravo"?... Imposible decidir entre ellas sin pesar medie. Tiraremos de la primera por aquello de reflejar, como en muy pocos lugares, el género favorito de quien suscribe, si... Pero espero no tardar demasiado en atacar la otra, que el tema escuece. Ahora ya sí  y sin más: Let's Bogie !

SINOPSIS PRESTADA. Un general millonario y excéntrico tiene dos hijas que están involucradas en asuntos más bien turbios. Decide entonces llamar al detective privado Philip Marlowe para que resuelva sus problemas familiares. Cuando Marlowe empieza a investigar, descubre muy pronto que las diversas ramificaciones del asunto lo convierten en una auténtica maraña. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Pues básicamente que si me doy rienda suelta total en este apartado me marco una oratoria que, comparando duraciones, el discurso más largo de Castro les iba a parece un hit de los Ramones. Tal cual. Tenemos en los morros un film que es film y prodigio a la vez, hasta el punto de tener un muy evidente "pero", perenne y recurrente como él solo (y como veremos más abajo "en contra"), que a su vez nos la trae bien floja a un sindiós de personas humanas. Entre cogorza y melopea Chandler se las apañó para seguir definiendo un género que le debe hasta el suelto el cambio; ello cayó en manos de un trío de guionistas que hasta marea repasar los nombres; a su vez, se tenía a uno de los mayores realizadores de la historia del cine dirigiendo el asunto; sin olvidar la aportación de un legendario compositor que, seguramente, es el que más obras maestras clásicas cuenta desde su currículum... ¿Le sumamos ahora, a todo ello, la dupla protagonista, a ver qué pasa?. Y si será gigante Hawks que logró, a la postre, que el todo resultante fuera el que fue, en su apreciación global y más allá de sus indiscutibles bondades desde la fractalidad. En definitiva, lo apuntado a principios de epígrafe (que tampoco he escrito nada sobre los diálogos, por ejemplo, y algunos merecen un blog temático solo para ellos), cómo no voy a querer hasta el tuétano de uno de los films que más y mejor definen mi género predilecto de siempre y desde un espacio que tiene el final de "El tercer hombre" a modo imagen de bienvenida... No es una opción, imposible ello.

EN CONTRA. Una vez asimilados (que lleva su tiempo) los nombres propios vinculados a este largometraje, desde tantos frentes además, queda lo de siempre: "¿quién narices mató al chófer?"... Grandes genios de la exégesis e inalcanzables maestros de la hermenéutica han dedicado décadas de vida a tratar de hacer virtud de ello, en un requiebro harto torticero (no nos engañemos) y mediante discursivas plagadas de polisílabos que al final vienen a significar algo del tipo: "así mola más y todo". Bravo por ellos. Pero al final: "¿quién narices mató al chófer?"... Es un 10 catedralicio y más que contundente. La quintaesencia del noir-detectivesco clásico yanqui on screen (de la mano con el estreno de Huston), pero un fallo de guión es lo que és, por mucha racionalización extra fílmica de quien fuere se nos cruce.


CONCLUSIÓN. Piedra angular y viga maestra de la historia del "cine negro"... Y aquí lo podría dejar tan ricamente. Está claro. ¿Qué cómo le pongo "11/10" a una película que tiene un "fallo de guión" tan ubicable como famoso?... Pues miren, ¿dónde está escrito que algo fuera de serie debe ser perentoriamente "perfecto"?, que les respondo... Es más, les puedo mencionar algunas docenas de films con argumentos y realizaciones "perfectas" que me atraen tanto como levantar yunques en julio. En sus altas cotas, conceptos como la expresividad o la personalidad (y aunque tan subjetivos puedan resultar de primeras), mean desde mucho más arriba que todas las formalidades estándar del mundo (que, además, quién rige o dicta la validez de dichas "formalidades", esa es otra)... Aquí, por cierto, las personalidades son Hawks, Chandler, Bacall, Bogart, Faulkner, Brackett, Furthman, Steiner... Las cuentas salen solas. Maravillosa e indispensable masterpiece del medio en general y del género en particular. Sin más. Y qué le den al chófer.

GUZZTÓMETRO: 11 / 10

LOS ASESINATOS DE MAMÁ (1994)

INTRO. John Waters es un personaje que a algunos nos sugiere sentimientos encontrados. Por un lado está el hecho de que alguien que se rige y motiva, invariablemente, por elementos de denuncia social valiéndose de elementos absurdos e irónico-sarcásticos como él hace, siempre es de aplaudir. Pero por otro... Dejando de lado sus inicios (con Divine, la "trash trilogy" y demás), no deja de resultar algo luctuoso que si éstas jerigonzas que se monta con sus Dreamlanders hubieran dejado de lado, un poquito más siquiera, ese "epatar por bandera", hubiéramos tenido un cineasta todavía mucho más interesante. Waters se nos pierde demasiadas veces durante sus films en el escándalo por el escándalo (y el exceso por el exceso... ¿alguien suma a lo gratuito por lo gratuito en la sala?), y aunque nunca queda muy claro si es por afectación de celo artístico o (justo al contrario) por hacer precisamente mofa de ello, el río acaba al fin por desembocar en el mismo mar. Una pena. Porque ese vitriolo, esa mala leche y ese cinismo alcanzado (en su más necesaria vertiente), resultan cosas inapelables cuando, de forma más o menos puntual, se ven dirigidas por completo a la narración que toque. Y ahí Waters resulta muy muy divertido... Hoy toca "Serial Mom", que es como la versión South Park de "American beauty" o "Mujeres desesperadas", en cualquier caso. Un film que, adivinaron que era fácil, se descubre tan deslavazado en parte de su estructura como descojonante en muchas de sus escenas y que, por supuesto, nos deja para el recuerdo una interpretación principal memorable (y exageradamente divertida) por parte de toda una señora actriz que fue y és muchísimo más que "la tía buena de las pelis de los ochenta".

SINOPSIS PRESTADA. Comedia de humor negro en la que una madre asesina sin reparos a quien se le pone por delante. Beverly Sutphin (Kathleen Turner) parece haber encontrado el equilibrio perfecto en su vida: haciendo malabarismos para resolver las necesidades de su familia y las propias, consigue milagrosamente que todo siga funcionando. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Veamos... Una fascistoide y psicópata Kathleen Turner cargándose a dios y la madre por las naderías más absurdas podamos imaginar. ¿Qué más queremos?. Quizá sí que, puntualmente al menos, se le pasa de vueltas el guiso a Waters en su afán de denunciar la falsa hipocresía y bonhomía de cierta clase media yanqui de barrio residencial, iglesia y barras y estrellas ondeando al viento en el jardín. Pero media comprensión (hasta se exige, según como). La sátira, la palabra que mejor define por naturaleza al cineasta, se apoya de forma natural en la hipérbole, y si ésta se tensa en exceso se termina por sacrificar las posibles cargas de profundidad (en mensaje e intención) que aquella pueda incorporar. Y, faltaría, la efigie de la Turner cuchillaco de cocina en ristre y al trote por un barrio residencial-tipo es demasiado poderosa como para dejar de eclipsar discurso alguno. Con paradoja o sin ella, y ciñéndonos a lo positivo, Waters acaba pues por llegar a una comedia (negruzca, por supuesto) que funciona muy bien como tal, aunque su reverso más sarcástico y menos evidente pierda fuelle en el proceso. En cualquier caso, la andanada postrera con lo de los zapatos del color que no toca a mi ya me convence por si sólo.

EN CONTRA. Pues nada en realidad (y lo de siempre a la vez con este hombre)... Más allá de que el film, y en la plena -y sardónica- honestidad que rige siempre por parte de su autor (eso sí), ni se planteé en momento alguno tratar de ser más de lo que acabará resultando. Y por ello, como ocurre con Waters aún en sus formas más accesibles (y mejores, a qué engañarse), la idea primordial sobre la que gira el film supera con holgura al film en si mismo... Generando una sorpresa tan gamberra como divertida pero que, en contrapunto, no hace especialmente necesarias posibles "revisitaciones" (factor indispensable para alcanzar el "8" -desde el insaltable Guzztómetro de final de entradas- y con ello, recordemos de ser necesario, su condición de "recomendacion ex profesa" en este espacio). Eso y, cómo no, el título al que aquí se vio sometido (que amén de sonar como el culo nos hace perder el juego de palabras original).

CONCLUSIÓN. Con el permiso de los coprófagos que aquí puedan caer alguna vez (y/o como sin duda caerán, apostillaría alguien no exento de cierta y dañina mala entraña), pienso que estamos ante el film más logrado, así en general, de John Waters. Mi favorito suyo, en cualquier caso, junto a "Cecil B. Demente", superando la mayor (aunque también falsa) amabilidad de "Pecker" y dejando muy atrás esa anterior "Cry baby" que, en resumen, se me antoja completamente prescindible. Todo ello, por supuesto, dentro de ese acercamiento comercial (dentro de lo posible) y noventero cometido por el autor y que configuran, de no mediar autoengaño o lecturas extra-fílmicas de diversa índole, sus mejores años como cineasta. Quizá, cierto ello y volviendo parcialmente sobre lo ya vertido "en contra", peque de cierto "cutrerío" (con perdón) en su realización y aunque sea ese precisamente el "efecto deseado" desde la misma, lo que inequívocamente penaliza al film (cuyas costuras se tornan más evidentes y menos prolijas a cada nuevo análisis)... Pero, de la misma forma, en su apartado de pura y dura comedia resulta altamente descacharrante (y sin duda ello la primera vez que se visita), y aunque sus elementos satíricos acaben resultando de brocha que no de rotring, bienvenidos sean siempre tocacojones como el Sr. Waters. Como Kevin Smith pero para adultos y con muchísima más mala gaita, si prefieren una síntesis más acurada para éste film... Y lo  indecible de más divertido, claro, ni qué decir.

GUZZTÓMETRO: 7 / 10

miércoles, 6 de marzo de 2019

LA NOCHE DE HALLOWEEN (1978)

INTRO. No me parece muy justo que alguien a quien se le debe tantas horas de diversión (desacomplejada, además) sólo haya aparecido un par de veces en diez años de blog... Carpenter no se merece esto. Posiblemente el realizador que mayores muestras de humildad y cercanía transmite al ser abordado en entrevista se cruce. Un gamberro con a su vez, y que nadie se engañe, un talento a considerar muy seriamente en sus más altas cotas y que, en el peor de los casos, nos va a entretener de manera casi inefable (saludos a Chevy Chase desde ese "casi"). Hoy toca, además y nada menos, uno de sus dos o tres largometrajes de pleitesía absoluta... Pues aunque no alcancen las correrías del Sr. Myers a lo que después plasmaría Carpenter en su obligatoria revisión de aquella "thing" de su tan admirado Hawks (y para mi al menos y en las últimas su mejor film), qué duda puede haber de que "Halloween" tiene derecho a podio y medalla garantizados en su bastante extenso opus. Y ya que de Hawks tratamos, sigue a rajatabla sus enseñanazas llegada la hora de "encerrar a gente para putearla a espuertas", y se permite para la ocasión el capricho de tener a la hija de Janet Leigh como protagonista y a su retorcida merced. 

SINOPSIS PRESTADA. Durante la noche de Halloween, Michael, un niño de seis años, asesina a su familia con un cuchillo de cocina. Es internado en un psiquiátrico del que huye quince años más tarde, precisamente la víspera de Halloween. El psicópata vuelve a su pueblo y comete una serie de asesinatos. Mientras, uno de los médicos del psiquiátrico le sigue la pista. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. "Halloween" tiene un compendio de virtudes del caerse un mucho de espaldas, al hacer recuento, y representa en definitiva (y se me excuse la obviedad, por favor) una de las cimas del cine de terror de siempre. Estamos ante una referencia que por ejemplo, con un presupuesto inferior a los 350.000 dólares, logra convertirse en una de la películas más rentables de la historia a base de puro ingenio y absoluta devoción. Los planos larguísimos, donde vemos a Myers en primer término de espaldas o en la distancia acercándose tan queda como fatalmente en intenciones, son icónicos del medio por propio derecho. Jamie Lee se convierte en actriz antes nuestros ojos bordando su protagonista y Mr. Pleasence logra transferir tanta inquietud con sus tremendistas monólogos como el propio antagonista enmascarado. Las teclas, innegociables, del propio Carpenter son ya leyenda (por básicas resulten a quien fuere) en el apartado musical.  Y, para no alargar, resulta del todo imposible no detenerse un instante en el personaje de Mike Myers en si (creado por Debra Hill y el propio Carpenter) y la fascinación que de forma inmediata proyecta... Un loco fugado tras largos años de perentorio cautiverio (que no menté como se inicia el film pero no creo nadie lo haya olvidado porque, básicamente, no existe esa opción) que, de a poco, se nos descubre como un ente inmortal que encarna ese mal en si mismo que tanto obsesiona y sobre el que tanto nos advierte el Dr. Loomis durante el film. Quizá es fácil despistarnos a veces con tantas secuelas habidas, y que oscilan desde el "pues no está mal" a la vergüenza ajena, pero sin duda éste film ("la primera, la buena") debe perdurar por siempre en el justo escalón que tan sobradamente se ganó.

EN CONTRA. Lo inesquivable de ser el film que hace arrancar clara y definitivamente toda la martingala slasher que seguirá hace que se le ponga, por defecto (o en casi todas partes como  poco), al nivel de freddies, jasons y demás... Cosa harto injusta. Hay más cine en cualquier plano de la película de Carpenter que en toda la filmografía de todos los Wes Craven de este mundo. "La noche de Halloween" no será "El séptimo sello" en cuanto a valores cinematográficos y consideración crítica, pero vuela mucho más alto -lo indecible de más- que toda su profusa e ingente explotation, más o menos encubierta y  revienta taquillas, posterior.


CONCLUSIÓN. Más allá de la cuantiosa ristra de datos desde el conocido anecdotario (desde la máscara sacada de un molde con la cara de Shatner a que tenían que recoger las hojas secas para guardarlas de cara a su uso posterior tras cada escena ya que el film no se rodó en la estación que enseña... y lo que en medio pille), "Halloween" deviene un hito en la economía de medios en la historia toda del cine. Carpenter, irredento admirador del género al que mayormente se debe, supo colocar los dineros con maquiavélico acierto. Impresionado por los pináculos del cine de terror yanqui anteriores pero aún relativamente recientes como "La noche de los muertos vivientes" (1970), "El exorcista" (1975) y "La matanza de Texas" (1974), se autoinculcó el deber de "vestir eso de largo". El uso del soporte panaglide (que también usaría Mallick para sus maravillosos "Días del cielo" y que es la steadycam inventada un algo antes en la misma década pero plagiada por Panavision) logró una fluidez y facilitó una serie de escenas jamás anteriormente vistas en el género. Sabía que tenía que apostar claramente por la "parte técnica" (para alcanzar la expresividad desde ahí) y supo lograr que le importaran cero cuestiones del tipo vestuario o soundtracks ("que se lo traigan de casa", o "coño, si la música ya la hago yo con mi casio"). Ese denuedo en el "cómo", casi palpable y diferencial al comparar con el resto de "slashers" que triunfaron durante la siguiente década, otorga a su film un poso de calidad muy especial y característico. Mucha gente confunde de vez en cuando  "suspenses" y "terrores" (y a veces capciosamente, para permitirse al etiquetar así lo primero mirar por encima del hombro a lo segundo) pero, y para terminar, "La noche de Halloween" es a su vez una magnífica muestra de lo primero y, sin lugar a dudas, una de las estaciones con parada más obligada jamás parida de lo segundo. No hay derrota posible. Y ya pueden irse afilando una percha de no coincidir en dicha apreciación, que no queda otra.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10