martes, 30 de abril de 2019

DISCOGRAFÍA R.E.M. (del menos bueno al más mejor)

Repito hoy, con la legendaria y tan añorada banda de Athens, la jugada que cometí hace algunas semanas a la salud del señor Elvis Costello. Sólo un par de premisas de base antes de entrar al ruedo:

a) Lo de "del menos bueno al más mejor" es una forma de hablar/escribir, sin más y fin. Que, por increíble parezca, no faltó quien me afeo tamaña chorrada en la anterior ocasión. 


b) No olvidemos, por favor, la absoluta subjetividad de este listado desde cualquier frente. Que aquí no se pretende nunca sentar cátedra alguna, pardiez ... Y después hay quien se indigna y no se qué (lo de las putas redes sociales y sus cuitas a cuestas, vaya, que parece mentira que tenga que gastar dactilares en esto).



15. "Around the Sun" (2004). El más flojo con diferencia de todos sus discos para cerrar al fin su, con permiso, "trilogía prescindible". Y es que no le sentó nada bien la marcha del entrañable granjero cejijunto Bill al sonido de la formación. Producciones sobrecargadas, hasta flirteando con bases electrónicas o sampleos inexplicables de forma puntual, y una frialdad otrora impensable fueron, por desgracia, moneda corriente en este disco y en el par que preceden... Pero de manera especialmente luctuosa en éste, sí. Y básicamente porque, produciendo con el culo o no, por lo menos en el otro par te cruzas con algún que otro tema a considerar seriamente de vez en cuando. En "Around", sólo la inicial "Leaving in NY",  "Wanderlust" y (especialmente) "Aftermath" pueden conseguir, ni que de manera ocasional sea, que no nos importen demasiado los "sonidos de más".  R.E.M. son patrimonio de la historia del medio, aquí al menos no se alberga duda alguna, y no creo que tengan disco alguno que pueda considerarse un "truño", puro y duro y como tal... Eso sí, de tener algo parecido siempre será ello "Around the sun", mucho me temo.

14. "Up" (1998). Primer disco sin Berry y el peor de su carrera con muy preocupante diferencia hasta ese momento de la historia. No pintaba bien la cosa, no... Con todo, y sin dejar de atender a lo explicado en el epígrafe anterior con el tema de aquellas producciones suyas de la bisagra neomilenaria -de lo que "Up" también es indisimulable cómplice-, sí hay en este disco (como ya se ha adelantado) algunas composiciones a rescatar. Y es que a pesar de su tónica delavazada asimilando el álbum en conjunto o de su proliferación de temas abiertamente  flojos (que son la mitad y un poco más), no creo que se pueda negar la pericia compositiva de piezas como "at my most beautiful", "walk unafraid", "daysleeper" o "parakeet", si no media una animadversión malsana de base. Una pena, sobretodo (en cuentas propias) por la mentada "daysleeper", que la canta como dios el canalla.

13. "Reveal" (2001). Este lo despejo rápido porque, prácticamente, podría calcar todos los "pegos" del par de arriba. Sólo reconocer que, por cadencia general de los temas, es aquí donde menos molesta (aún haciéndolo) las tan sobrecargadas sobreproducciones explicadas... Eso y una barbaridad de tema para el recuerdo. Y no me refiero a la tan popular (y para mi correcta sin más) "Imitation of life", sino a la muy excelsa y maravillosa "I'll take the rain". Esa sí qué sí...

12. "Out of Time" (1991). La fruta de discordias, sin duda. Ya eran una banda abrazada por el mainstream antes de llegar aquí (que el todavía ochentero "Green", primer trabajo en Warner, tuvo ya sus ventas multiplatino), pero la multidifusión machacona e incesante de sus singles en aquellos días, de la mano (además) del tono que estos presentaban en contraste a sus mayores logros de la década anterior, hizo que mucha, demasiada gente, les girara la espalda desde entonces y ya para siempre... Y demasiada penitencia ello, seguramente. El fenómeno del estallido de las college bands, piedra angular de ese indie rock añejo (antes de grunges y demás) que a tantos nos da la vida, no se entiende sin Replacements o Hüsker Dü en su vertiente más beligerante... Pero tampoco sin el lirismo clásico que recuperaron -y reconstruyeron- más y mejor que nadie Buck y cia. Y ese es el lugar de respeto en la historia que debe o debieran ocupar siempre R.E.M., por melifluas o frívolas resulten a quien sea las ultrasobadas "losing", "shinny" o "heaven". Buena parte de  "la especializada" los empezó a tratar como si fueran mierda avezada al consumo masivo (del tipo U2 o Bon Jovi, para entendernos rápido y fácil) y ahí los castigaron cerrando por fuera al salir. Absurdo, claro, porque sin salir del mismo "Out of time" tenemos ese cuarteto de despedida donde "aquellos REM" todavía están y además, qué narices: "Radio song" mola y, más concretamente, "Country feedback" será una de las grandes "tapadas" por siempre jamás.

11. "Collapse into Now" (2011). Sigo pensando que los dos discos de despedida merecieron mucha -muchísima- mayor atención, así en general. E, igualmente, me sigue sin parecer justo... Lo de los cinco primeros discos no iba ni va a volver jamás, está claro. Pero éste y el que antecede (que es todavía mejor), nos traían de vuelta a los R.E.M. de "monstruos y aventuras" y de manera contundente, además. Como si la trilogía "up-reveal-sun" hubiera sido un espejismo perpetrado gratuitamente por dios sabe que entidad cósmica especialmente hijoputesca,  repetían (en efecto) Stipe, Buck y Mills la estructura de aquellos discos apuntados desde los mid-90's. Desde tal disposición, si bien "Accelerate" nos retrotrajo a muchos a las "frequencies" y "eyeliners", "Collapse into Now" conseguía hacer lo propio con aquel gran cajón de sastre que fue "hi-fi"... Y ni fue ni es poca cosa. Varios temas "rápidos" de una enjundia ya aquí cristalizada en recuperación plena, tiempos medios e intermedios que calzan sin problema (y sin sensación de rellenos asomen) y rematando con esa joyita semi-ignota que es "Every day is yours to win", "Collapse" se revela al fin como una más que digna despedida y, ya puestos, el primer disco del listado de hoy que me parece francamente insaltable.  

10. "Green" (1988). Y si "out" fue la fruta aquí llega la semilla... Primer álbum en major y, aunque no lo "petarían" ya del todo en el orbe entero hasta el siguiente, todo un multiventas que se liaba a leches con el estreno de los Guns'n'Roses, el de los Living Colour o hasta (y entre otros) con los mismísimos New Kids on the Block en los US Charts (y de costa a costa). A título personal fue el primero que tuve de ellos, por lo que, en verdad, no se le puede negar aquí cierto plus de estima en dicho sentido (qué mi yo de trece años quería tener "stand" en casa para escucharla a todas horas sí o también, estaríamos buenos)... Pero, ojo y aún a pesar de ello, no menos cierto es que nunca (pero nunca y tal cual se lo cuento) he soportado "get up" y "orange crush"... Sé que son "importantes", que para much@s son leyenda pero, nada. No se puede evitar (la una me parece una chorrada y la otra nunca me parece quede claro adónde pretende llegar ni si lo consigue). Lo bueno, eso sí, es que el resto del disco me parece incontestable todo él y sin fisuras de tipo alguno (y atención ruego para esa variedad exhibida). Sea el último de una saga como pocas en esto del rocanrol  o, por contra, el primero de "otra cosa", cuando al fin conseguimos despojarnos de planteamientos tan fatuos como innecesarios (a poco se analice), seguiremos y  seguimos teniendo un muy señor disco en "Green". Qué no te falte.

9. "Monster" (1994). Vendido en su momento como "el disco grunge de los REM" (tócate lo tuyo, está claro) por el mero hecho de que volvían a enchufarse guitarras. Bastante irregular en su conjunto, no veo a qué negarlo, pero (atención) con la incontestable virtud de que los temas buenos aquí sitos pues... Pues es qué son muy buenos, caray. "Tongue" es una preciosidad (directamente), el panegírico a Cobain para "Let me in" casi que otra, el par de andanadas eléctricas de abertura están de narices (y con el mismísimo Thurston Moore en una de ellas, nada menos), "Star 69" es una sonrisa inmediata para los que queremos a "los fines del mundo como lo conocíamos hasta ahora pero estamos bien" y "Strange currencies" tiene una solemnidad buen rollista que no debiera pasar inadvertida... Por lo demás, el tema ya nos resulta menos incontestable. Me gusta esa especie de extrapolación a sus formas de los Jesus & Mary Chain para "Circus envy" y "King of comedy", pero también me agobia un bastante la saturación abusiva en la reverberación elegida (y más que repetida) por Buck en este disco en la dupla "Bang and blame" y "I took your name" (para mi el punto más bajo del álbum con gran diferencia). Y, del mismo modo, aunque la épica oscura de la despedida en "You" me cuela sin problema, "I don't sleep...", por sus partes, me parece una nadería contundente tirando a completa. Lo dicho: a discreción de quien proceda pero, eso sí (y que es lo más importante en definitiva), las elevadas cimas de "Monster" siguen haciendo de él algo recomendable. 

8. "Accelerate" (2008). Para mí la versión más pulida y corregida del anterior. Digo más: me parece su mejor "disco de guitarras" (para todo aquel buen entendedor se cruce por aquí). El trío de salida y el par de despedida (sin olvidar el intermedio con el tema titular) son de una contundencia importante y, a su vez, los tiempos más calmos tampoco tienen desperdicio alguno (magnifica "Until the day is gone", especialmente). Y por si poco fuera, ojo, aún no se apuntaron los temas preferidos con la psicodélica (a su manera) "Mr. Richards" y la  como bastante invencible "Hollow man"... Michael, Peter y Mike vuelven a lo básico y nos recuerdan, sin chimes ni rollos macabeos raros en producciones, que esto no se les da precisamente mal. Sumemos finalmente el meritorio trabajo de síntesis, perfectamente enjaulado en poco más de media hora de disco, y ya para despedir sólo nos queda lamentar que no tengan un par o tres de discos más en esta dirección... Más simple a lo mejor pero, también sin duda, mucho más nutritiva que "otras cosas". Traducido: esto, y justo esto, es lo que tocaba tras la marcha de Berry y para seguir desde aquí.

7. "Automatic for the People" (1992). Nunca se perdonará en algunos sectores de opinión lo de este trabajo me temo... Parte de la "prensa especializada" no asumió que tras tantos inputs manifestados en contra de las luces del disco anterior ("que os estáis pervirtiendo comercialmente", "que sonáis menos auténticos", "que así no, tenéis que volver a lo de antes" -etc.-), el cuarteto no les hiciera puto caso y aplicará al mundo lo de las tazas y los caldos. Resultado: una de las cimas del rock noventero, pese a quien lo haga, y a base de instrumentación clásica sin cuidado medie (y clásica de la de Bach, al tanto, no de la de Chuck o el pequeño Esteban). Hicieron hit de la única concesión comercial para con los fans del disco anterior (para que quien ahí estuviera rabiando ya lo hiciera del todo y hasta el puro estallido de úlcera) y se volcaron en unas composiciones donde los mantras más sobados del rock se aparcaron casi por completo, a fin de alcanzar esa mezcla de 50%  desolación y otro tanto de belleza lírica que define al disco. Por supuesto, "Man on the moon" y "Everybody hurts" ayudaron a cimentar del todo ese multiplatino que a la postre és (y que quizá a alguien pueda echar por tierra el supuesto reverso "desolado" del disco). Pero nadie se nos despiste, es en "Try not to breathe", "Drive", "Star me kitten", "Find the river", "Sweetness follows" y alguna otra (y todas ellas a la monolítica sombra de ese milagro hecho canción que es "Nightswimming") donde "Automatic" esconde su auténtica personalidad y grandeza. Perogrullada, sin duda, aunque de la misma forma y faltaría: imprescindible sin más.

6. "New Adventures In Hi-Fi" (1996). Seguramente su disco más variado e inasumible de primeras... Pero, quede claro, siempre y en todo momento dentro del grupúsculo de sus mejores trabajos. Pues ante eso estamos en definitiva. El ecléctico reverso eléctrico, mucho más oscuro además, de "automatic" y, de forma altamente probable (y aún a pesar de la ya expuesta querencia personal por algunos títulos posteriores), la última "masterpiece" plena de la formación en cronologías, fanatismos confesos y/o concretos al margen. Que sea el último trabajo con Berry, o que colabore su amiga Patti Smith, son de esos datos wikipédicos con los que quien proceda puede perder el tiempo a sus anchas... Pero, nadie se engañe, nunca sonaron tan poderosos y densos en octanajes como en "adventures" y eso acaba descubriéndose como lo más importante aquí. Siendo, además, su disco no-oficial pero si oficioso en lo que a gemas "medio ocultas" pertoca: ahí queden por siempre las "New test leper", "Bittersweet me", "Be mine", "Departure", "Undertow" y demás trackazas. "The wake-up bomb" o "So fast..." pueden resultar a su vez los ganchos más evidentes, más allá de la bastante conocida "E-bow the letter" con Patti, pero es tan burro el nivel medio exhibido que la inocente (y tan bonita) "Electrolite" funcionó como single más por sorteo que otra cosa pareciera. Un muy tremendo disco que volvió a mostrar hambre y pulsión rockera en los músicos y que, de paso, se ciscó sin problema en todo el grunge y el britpop de la década que lo alumbró. Los que se marcharon por el sol bailongo de Warner, con "green" y especialmente "time", se lo perdieron, y los que (precisamente) se subieron al carro por ello, pues también, por el impredecible y mucho menos inmediato cambio de dirección... Aunque sin problema en los recuentos finales, claro, el revisionismo ilustrado hará tarde o temprano "obra maestra indebatible" de este disco (uno de los mejores de su decenio). De hecho, está pasando ya (y a más que irá).

5. "Reckoning" (1984). Sí, aquí ya entramos de lleno en la intocable e insuperable pentalogía ochentera de arranque. La etapa IRS inicial, si prefieren. Y cualquiera de esos cinco discos susceptible, a su vez, de ser "el elegido" de la banda por parte de cualquier fan se cruce (y sin opción de errar, por supuesto). Así de contundente. Para el caso "Reckoning", el segundo de ellos, me ocupa a mi la quinta plaza por el mero hecho de faltarle algún tema en la harto subjetiva lista personal con aquello de los cinco o diez temas favoritos suyos de siempre... Tan pueril razón que alego y se admite pues, en verdad, el segundo R.E.M. se escucha del tirón sin problema (y con la sonrisa) del mismo modo que sus cuatro hermanos de camada. Es más, por sonido, más allá de las canciones, es de los más claramente regulares. Supongo que cabría destacar (es lo recurrente al menos) "So. central rain (i'm sorry)" y "Time after time" como los oldies oficiales a extraer pero, sinceramente, dicha práctica no me parece del todo clara y, de hecho, pienso que es precisamente en su intachable regularidad global donde "Reckoning" se torna algo plenamente incontestable. Y necesario, cómo no (sí, aún a pesar de la predilección personal tan acusada por "chineses" Y "rockvilles"). Además, el uso de las segundas voces en este disco son la barbaridad qué son, claro. 

4. "Lifes Rich Pageant" (1986). Uno de sus trabajos que (pienso) merecen mayor y más justa reivindicación, si tal cosa es posible habida cuenta la fama y cantidad de gente que "arrastra" este personal. La razón, en este caso, no es otra que la obligación perentoria que te propone el disco de horadar en él... después. Una vez hemos escuchado -y asimilado- un par de billones de veces el monolito infranqueable de la historia del medio que por siempre será "Fall on me". Pues, que esto es así, por mucho que las fantásticas "Superman" o "These days" gocen de mayor fama (al generalizar), es en temas menos obvios de primeras como "I believe", "Cuyahoga", "Swan swan H" o "What if we give it away?" (-etc-), donde el disco adquiere completa entidad y enjundia... Y no veo a qué alargar más por hacerlo, la verdad, ya expliqué en epígrafe anterior que cualquiera de estos cinco discos (uno por año y sin contemplaciones, además) son obligatorios so pena tortura china y  en definitiva... Reincidir eso sí, antes de pasar a lo siguiente e inevitable ello para quien suscribe, que es en éste donde se halla "Fall on me".

3. "Document" (1987). Más allá de alguna capciosa observación sobre fines del mundo como lo habíamos conocido hasta ahora de la mano con el ingreso en una major, "Document" es el disco de cierre de una de las secuencias de discos más nutritivas desde esto de las guitarritas. Y tampoco importa demasiado, para el caso, la manía que le tengo de siempre a "The one i love"... También me pasa con "Yesterday" o "Angie", mira, y si puedo "perdonar" eso a las dos mayores bandas nunca existidas bien puedo hacer lo propio con el querido cuarteto que nos ocupa (faltaría). Manías personales al margen, lo que queda (el resto) es crema, néctar, jabugo y caviar iraní todo junto y bien revuelto, eso si... El quinto LP de los "ariem", y último con IRS, les pilla de pleno (en lo que a composiciones y producción pertoca) en la transición de la bendita y tan añorada desnudez de sus inicios  hacía la mayor nitidez y grandilocuencia que ya aguardaba en Warner. Y aquí llegados, por supuesto, liarse uno a destacar temas concretos es lo de los palos y las ruedas. "Document" oficia como el vademedum, el libro de estilo de alguna manera, de lo que fueron, son y serían. Y si no en sus mejores formas, poco le falta al puñetero. Aquí están los R.E.M. de los hits radiables, de los temazos "secretos", los de las disgregaciones inesperadas, los que se paran en introspecciones poco obvias para aullar en comándita de golpe... Un "classic album" como la copa un bosque pinos, el ideal para empezar "la cole" y cuya impronta en la historia me parece incalculablemente superior al par que sucederán y que, por contra, sí les otorgaría ya una difusión general. La vigencia de "Document" sigue la mar de fine (y sin visos de flaquear jamás), ni qué decir.

2. "Fables of the Reconstruction" (1985). Sólo por tener en su interior "Driver 8", "Wendell gee" y "Green grow the rushes" (mi tema predilecto de la banda de la mano con "Sitting still" del estreno y ahí es nada) aquí ya hablaríamos claramente de denuncias penales para con todo aquel que se autodenomine amante del medio y no tenga el disco más sobado que las cuadrigas de Ben-hur en semana santa. Seguramente el disco más melódico de la formación, uno de los más cohesivos (con ese aire de "cuento" que tiene al abarcarse sus composiciones  como un "todo") y, que se lo prometo a tod@s, el que mejor se escuchará siempre del tirón. "Fables" tiene la virtud, aún dentro del elevadísimo nivel medio en esta parte de su singladura, de ser un más de lo mismo y, paralelamente, un punto (perfectamente ubicable y distinguible que le matiza) diferente al resto. Tras tres décadas de escuchar (y admirar) a la formación, me resulta especialmente definitorio que mientras otros se han mantenido sin problema o, por contra, me han dejado de interesar a según que niveles con el pasar del tiempo, el tercero de R.E.M. no me ha hecho sino crecer en los recuentos de estima. La tortuga de la fábula que acabó ganando por constancia, vaya... Y por ser de puta madre, también.

1, "Murmur" (1983). Uno de los grandes estrenos de la historia rockera. Sin entrar en comparaciones, ya hace bastante tiempo que para no pocos melómanos del orbe hablar y/o escribir sobre "Murmur" es como hacerlo de "Revolver" o del puñetero "London calling". El imprescindible y anterior EP "Chronic town" (hasta no hace tanto pieza codiciada por el coleccionismo más puntillista y hoy reeditado hasta en cartucho con color a elegir) ya no dejaba mucho lugar a dudas con la banda, observando el tema hoy y en retrospectiva. Pero, igualmente, el estreno de largo descubre a unos músicos y un sonido que, definitivamente, irán mucho más allá del "tener suerte" con una u otra composición puntual. Lo de llegar para quedarse, sin duda. Con una mezcla inédita hasta entonces, de la que todos son cómplices pero de la que el Sr. Buck es especialmente culpable, capaz de ensamblar melodías clásicas de Byrds o los Wilson con los trotes borbotónicos propios de la new wave más saltarina, R.E.M. se convirtieron en algo muy especial a poco se les puso un foco encima. ¿Y acaso quedaba otra?. Abrazados sin problema por los exigentes seguidores de Dream Syndicate, Feelies o hasta The Gun Club, alternados tan ricamente con los mismísimos Replacements, mirados con cierta distancia pero con simpatía por parte de las más atronadoras huestes "hardcoreras" (a las que sin duda influenciaron, por lo menos en parte y si no pregunten al Sr. Mould) y, por supuesto, precursores como nadie de todo el fenómeno college bands que nos llevaría hasta Dinosaur Jr, Pixies y demás, los de Georgia estuvieron más en medio que nadie sin pertenecer de facto a nada en concreto. Más allá de una colección de himnos (que los tiene) o sintetizar el "sonido tipo" que les definirá (qué también), "Murmur" es y será sobretodo el principio de muchas cosas... Y además tiene "sitting still". Historia sin más e imprescindible de los de pasar lista. 

jueves, 11 de abril de 2019

CBGB (2013)

INTRO. A veces ya pasan estas cosas. Un proyecto ilusionante a priori para miles y miles de gentes cuando de él se sabe en la distancia y por vez primera pero que, sin saber ni poder adivinar cómo, resulta que acabó en manos poco "adecuadas" ... O no, que igual ya se fraguó así de base pero, a la postre, el resultado desgraciadamente será el mismo para lo que a nosotros atañe e importa. Sí, por supuesto, fui de los que aplaudió con las orejas al saber que se preparaba un film a la salud del legendario club neoyorquino CBGB (-country, bluegrass and blues-). Muchos son los músicos necesarios como el respirar para quien suscribe cuya impronta y repercusión en la historia no se entiende sin su paso por la mítica tasca que montó Hilly Kristal. Pero, ay, resulta que este proyecto fue desarrollado y signado  por un cineasta bastante, y siendo amable, discreto: Randall Miller quien, a pesar de una filmografía previa de esas de las de mirar un poco de lado, dirige y co-firma el guión del film. Por azares de la vida, lo bueno es que ya se había hecho colega del gran Rickman con quien ya había trabajado (y quien se aviene a protagonizarle el asunto con solvencia), lo malo, eso sí, es que seguía siendo él quien ocuparía la silla del realizador... Por ello, aunque no dudo que habrán docenas de razones más enjutas en la sombra, el film funciona, casi de exclusiva manera, desde la fascinación por lo "qué" se nos explica (lo que de alguna manera ya se sabía, la historia más o menos conocida). El problema está en el "cómo", claro (lo que toca aportar desde la forma elegida por el cineasta que toque, el talento narrativo y visual requerido). Y no es aquí ello un problema pequeño. 

SINOPSIS PRESTADA. En la década de 1970 en Nueva York, Hilly Kristal está divorciado y se ha declarado en bancarrota por segunda vez. A pesar de los reveses, está decidido a poseer y administrar un bar. Con su socio comercial Merv Ferguson, Kristal convence a su madre de que les preste el dinero necesario para establecer el CBGB, que Kristal pretende convertir en un local de música country, sin pensar que con el paso del tiempo se convertirá en la cuna del punk rock. (Wikipedia -porque no estaba en Filmaffinity... y aunque esa última frase tras la coma sea mucho más que matizable, gracias igualmente, por supuesto-)

A FAVOR. Obviemos cuanto antes la barbaridad que, lógicamente, es su soundtrack (trufada hasta la bandera de puros temones para los amantes del rockero medio). Desde ahí, resaltar lo complicado de señalar lances concretos (para bien, se entiende) más allá del solo interpretativo del siempre excelente Alan Rickman y la gracia de ver, de forma más licenciosa o feaciente según casos, a tal o cual secundario/figurante en danza (y aunque sea siempre de manera infalible más por a quien se representa que por el quien lo representa). "CBGB", como en seguida les explico, es ante todo una oportunidad perdida. De acuerdo. Pero tampoco sería justo enviarla al ostracismo sin mediar una cierta aquiescencia y sin más... Aquí, no es poca cosa, podemos ver representaciones en pantalla de Talking Heads, Television, Dead Boys y demás, que siempre tiene su coña... Y sí, la irrupción "ramonera" lo mejor del film aún a pesar de su tan cruel brevedad. Como ya se esperaba. Ahí no nos falló por lo menos el zarpas del tal Randall Miller.

EN CONTRA. Rickman fue un actor magnífico y, dios sabrá cómo, se las apaña para que aguantemos el film hasta el final sin excesivos pesares. Y tiene gran mérito porque, en síntesis, tanto guión como dirección adolecen de una empanada importante en no pocos aspectos. Aquí nadie se atreve a separar biopic y crónica de forma claramente diferencial. Se confia todo a una mixtura imprecisa, convirtiendo en el proceso dicho todo  en algo muy deslavazado donde las cosas ocurren por sorpresa, no se nos permite empatizar como debiera con sus roles ni tampoco acercarnos lo suficiente a los músicos de leyenda que desfilan. "CBGB" se queda en terreno de nadie y, más allá de lo punzante de ver a según que actor -o similar- encarnando a según que ídolo personal, lo peor es el conformismo de lo más cabreante que exuda.


CONCLUSIÓN. Por la simpatía se alberga por la historia del garito, y sobretodo los grandes artistas ahí concitados en determinado momento de la historia rockera, quisiera haberles recomendado el film y afirmar que su condición de necesario resulta completamente indebatible... Pero no. Imposible ello. Resulta especiamente hiriente cuando, además, se compara con las "24 hours" de Winterbottom (por citar un film con un volante de base claramente afín) que, sin ser redonda, si cuenta con una solidez que la película de Miller no huele siquiera en el mismo hemisferio (y aún a pesar de retratarnos una historia y escena infinitamente menos trascendente e importante). "CBGB" funciona, puede hacerlo, para el melómano rockero y hasta le/nos dibuja alguna media sonrisa muy puntual con la aparición (casi siempre fugaz) de según que artistas (aunque, se insiste y atención, la representación de otros nos puede poner de una mala leche importante) y, también, por un arranque bastante ágil que, eso sí y por desgracia, veremos desvanecerse de a poco, sin pausa ni fin, ante nuestras propísimas narices. Hilly Kristal merecía un biopic con mucho mayor cariño y la leyenda del CBGB una extrapolación on screen de incalculable mayor calado. Seguramente merecía a Jim Jarmusch, o a un reencuentro Auster-Wang (como en aquella maravillosa dupla noventera de "Smoke"/"Blue in the face"), por ejemplo también. A conformarse sin más que tocan. Es lo que hay. Por lo menos el film no es una bosta como tal (o no me lo parece a mí al menos, vaya), pero contenido y continente no merecían este "psché, no está mal" -o muy poco más-, firmado por el pedazo de regulero de Randall Miller.

GUZZTÓMETRO:  6 / 10

miércoles, 10 de abril de 2019

THE STONE ROSES - "The Stone Roses" (1989)

Aunque todos los discos editados en 1989 quedan eclipsados en esta casa por el NY de Reed (el predilecto en solitario del genio, nada menos) y, en segunda pero más que sólida posición, el tremebundo "Doolittle" de los Pixies, creo que el álbum sobre el que hoy vengo a teclearles tampoco debiera obviarse a la ligera. Tampoco pienso que tal cosa sea posible habida cuenta su fama... Pero allá vamos de todas formas. 

El estreno de los Stone Roses, amén de magnífico de manera evidente, me merece también un cierto revisionismo desde la perspectiva rockera menos transigente y carcunda. Y entraría aquí, igualmente, lo tan matizable del lugar donde lo aparca recurrentemente la historia... Y me explico. Hay a quien de base les genera esta gente cierta antipatía por su militancia al llamado madchester, su prolongación para muchos de la banda en que se convirtió la de Ian Curtis tras su suicidio o, cómo no, su condición de auspiciadores del brit pop noventero que estaba por llegar... Bien, servidor (y no soy el único ni mucho menos en el orbe) aborrece el rollo bailongo de los Happy Mondays, detesta a los New Order a todos los niveles habidos o por inventar y, a su vez, Oasis me parece algo básicamente insoportable más allá de alguna canción muy señalada (y sólo si me pilla muy de buenas, ojo)... Y asimilado todo ello, les aseguro ahora que el trabajo homónimo de los Stone Roses me parece una virguería insaltable en la historia del medio. Tal cual. Así de rimbombante y categórica que me resulta la cosa.

A lo que nos enfrentamos aquí hoy, por versatilidad, diversidad y alucinante nivel medio de sus temas, es a una de las cimas pop-rockeras jamás registradas en soporte físico. Esto se descubre, explota y revela ya del todo cuando apartamos un poco los tallos más altos del lote y reparamos en lo tremendas, lo magníficas que son también las canciones que no son su emblemática tripleta de arranque o la no menos icónica "made of stone". "Stone Roses" (the album) atesora en su interior, y en muy ajustadas dosis, el lirismo clásico de los Smiths, la épica marciana de unos Chameleons, el reto del ruido domesticado propuesto por My Bloody Valentine y/o sin descuidarse, ya que se ponían, las reverberaciones melódicas de los Jesus & Mary Chain en el proceso. Aquí las guitarras rugen, la base rítmica no da tregua, se para de golpe para un preludio vocal que parece sisado de un disco de Family, aparece un tema "del revés" (y además mola), se cae en una jam hipnótica porqué sí o se aterriza en una melodía del puro beatlesque  porqué también... Todo ello en crudo y sin adulterar. Y da igual al final, que se lo prometo a tod@s, lo simpáticos o repelentes que parezcan a quien sea Brown, Squire, Mani y Reni. El tracklist de su estreno ya ha quedado en mármol -más que en piedra- para la historia. Que nadie se confunda haciendo fáctico hecho de lo meramente opinado en tantos y tantos medios... El "Pet sounds" de los 80, con guitarras y a la inglesa, ¿qué más quieren?. Irrepetible y punto.

martes, 9 de abril de 2019

LA BALADA DE BUSTER SCRUGGS (2018)

INTRO. Como ocurrió hace unas semanas, al referirnos aquí a la "Roma" de Cuarón, dejo claro de entrada que todo el debate, con sus casi incontables aristas, sobre este "nuevo cine" en el que plataformas televisivas digitales se lanzan a producir cine de y para realizadores/intérpretes con renombre, se aparca para otro día (y con su entrada explícita y concreta para con el particular en cuestión). "La balada de Buster Scruggs" es, vamos ya al tema y atención, el decimoctavo film de los Coen, nada menos. Los Coen... Qué fan que era, y que soy, pero ya no -nunca más- de forma incondicional desde hace un buen número de años (coincidencia o no se cruzó Clooney en su camino, nos enseñaron que eran "falibles" y, de alguna forma, el hechizo se rompió para ser su cine carne, como el de cualquier otro Julián, de análisis objetivo -siempre ello en la particular manera y limitadas posibilidades de quien les escribe-). Nadie duda de la parte formal que aplican los Coen a su narrativa visual, siempre serán gigantes en ello, pero el primer film con Clooney (tras Fargo y Lebowski) ya fue un primer aviso. Remontaron enseguida con "El hombre que nunca..." (que de hecho era la que tocaba por agendas antes de cruzarse el protagonista de "Urgencias" en su camino -contra el que no tengo nada especialmente en contra... pero, miren, ha tenido "la suerte" de protagonizar sus peores referencias), pero "Ladykillers" y, muy especialmente, "Crueldad intolerable" (el punto más devastadoramente bajo de su carrera -seguido de cerca por "Hail, Caesar"- al abordar su filmografía hasta día presente) ya fueron una toda señora hostia irreparable y del muy señor nuestro... Por supuesto, los hermanísimos unas pintamonas tampoco vendrían siendo, y ya (que está pasando) sus obras con menor consenso general gozan de cierto revisionismo y aún a pesar del tan poco tiempo transcurrido en determinados casos... Cuesta defender la trilogía "crueldad-ladykillers-caesar" (porque eso no hay casi por donde agarrarlo, básicamente), pero sus otras referencias "menores" empiezan ya a revalorizarse en foros y forillos por doquier. Esto es así. Y, volviendo al fin a la senda principal de la entrada (y siempre desde la perspectiva de la persona que alucinó todo lo alucinable con cada nuevo estreno desde "Muerte entre las flores" hasta las andanzas del Nota), cabe señalar que el film que hoy nos ocupa, aunque alejado de sus grandes cimas pretéritas, es con el que más me han llevado de huertos desde la ya mentada "El hombre que nunca estuvo allí"... Del 2001... Dieciocho años que les ha llevado, nada menos. Y por gentileza de Netflix, además. Acojonante como poco, Mari Carmen.

SINOPSIS PRESTADA. Antología de seis capítulos, cada uno enfocado desde una perspectiva distinta con respecto a la frontera norteamericana y a los peculiares personajes que habitan en sus alrededores. Cada parte cuenta una historia distinta basada en las convenciones del Lejano Oeste de los Estados Unidos. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Para hacerlo, intentarlo al menos, lo más fidedigno posible iremos parando en cada una de las seis estaciones que componen el trayecto (y esta frase me ha quedado tan inexcusablemente rijosa que la dejo tal cual porque se lo ha ganado). Antes de ello, únicamente, aplaudir una nueva banda sonora perfectamente a juego del fiel Sr. Burwell y, del mismo modo, lo bien resuelto de las ilustraciones del libro inventado para la ocasión, oficiando de recurrente entreacto (y reforzando a su vez ese volante de "antología" o libro de cuentos al que se debe, mayormente, la propuesta al abarcarse ésta como un todo). Sin más, y apoyándome en breves textos descriptivos (hoy levemente aumentados) que compartí  hace ya varías jornadas en alguna red social...

1. "The Ballad of Buster Scruggs" (absurda y exagerada a más no poder pero muy cachonda). Tal cual. Puros dibujos animados al más puro estilo "Arizona baby". Su descacharrante tono hiperbólico, tan autoconsciente (para bien), nos deja digerir sin problemas lo que propone. Los duelos al sol y el par de "chuladas" de cantina (como si el guión de Lucky Luke le hubiera caído en las manos al Carpenter más gamberro), arrostan con cualquier "pero" se pretenda argüir. (7/10)
2. "Near Algodones" (comedia negra resultona pero sin visos claros de perdurar). Curiosamente la "gran risa" del lote está  también en su segmento menos memorable (y además aquí se termina la comedia propiamente dicha para lo que queda de film). Sin dudar en los valores estéticos del proto-ahorcado sobre el caballo y que, de verdad lo pienso, el puñetero de James Franco me parece un muy buen actor, se nota (o percibo yo para el caso)que son un par de ideas abruptamente hilvanadas que,seguramente, daban para enriquecer una historia mejor pero no (lástima) para nutrir una sola y diferenciable por si mismas. (5/10)
3. "Meal Ticket" (depresiva e incompasiva pero con una fuerza incontestable). Memorable en cualesquiera de sus planos. El menos amable y ánimicamente devastador de los peajes es también una de las cimas estéticas de todo (y, atención, escribí "todo") el cine de los Hmnos. Coen. Como si el spin off más cabrón e inesperado de cualquier secundario random desde un cómic de Blueberry le hubiera caído en las manos al primo gótico de Twain. Pura poesía y sí, permitámonos una media sonrisa por esta vez (qué cojones), el sombrero sigue volando entre la hojarasca del bosque... Aunque en menor proporción, todavía "lo tienen". (10/10)
4. "All Gold Canyon" (pura poesía londoniana con un Tom Waits inolvidable). Aquí ni intentaré ser objetivo... Soy tan fan de Waits que aparcar empatías me resulta del todo imposible. Si además nos enfrentamos a una plasticidad visual tan bestia, pues ya a qué darle más vueltas al tema (impresionante como logran hacer de este rincón, a priori idílico, del mundo un escenario indisoluble de la acción y, también, la ingente colección de planos de poster que hay por aquí dispuestos). (10/10)
5. "The Gal Who Got Rattled" (gran desenlace -con la mejor acción rodada del lote- pero también sin duda la más tópica). La que más larga se me hace. Hasta ahora hemos cubierto los duelos a pistola, los atracos a bancos (y ulteriores linchamientos), cierto tipo de costumbrismo poético y, cómo no, la fiebre del oro... Le toca al "mundillo de las diligencias". Y, con ello, a la parte con menos potencial expresivo de la colección (si prefieren, en la que menos se nota su particular mano durante más tiempo de metraje). La cosa, como ya he señalado, se equilibra al final con holgura y ese momento de acción tan inesperado como brillante pero antes, se insiste y póngamos, no te lo has pasado tan bien... (6/10)
6. "The Mortal Remains" (la predilecta personal, ensoñación entre lo inquietante y lo ridículo donde lo fantástico se evidencia sin subrayarse... Toda una debilidad que me devuelve parcialmente a los tan añorados pasillos de Barton Fink -mi obra elegida coeniana de tener que quedarme con una y solo una, conviene señalar-). Poco por añadir. Me encanta este recurso narrativo donde lo fantástico es un sombra que genera inquietud en continuo crecimiento pero sin llegar a cristalizar de forma claramente tangible... Algo así como un (con su permiso) "colchón del mal rollo" sobre el que se sostiene el relato principal y evidente. O lo de la atmósfera ominosa que decía Lovecraft, si prefieren,  aunque sin bichos y al tran-tran del carruaje. Perfecto todo para mi y en cualquier caso. (10/10)

EN CONTRA. Como en toda obra por capítulos autoconclusivos, aunque sea con temática iterante (llámenle "antología" para la ocasión, si están más cómodos) y desde que el mundo es mundo, la irregularidad asoma. Imposible, irremediable escapar de ello por propia naturaleza de base. Con todo, el nivel medio de esta balada coeniana es lo bastante elevado para que al final, en el recuento fractal postrero del asunto, el todo alcanzado se asente en lo notable con relativa facilidad y firme solidez. .. Y sí, vale, la segunda historia es, y aún a pesar de su tan tremebundo como fugaz momento de comedia absurda, más floja que el resto. Pero encaja bien, qué narices, y su tono más liviano nos prepara al fin y de alguna manera para todo lo que vendrá...


CONCLUSIÓN. A pesar de lo arriba descrito "en contra", no deja de resultar curioso que este film encuentra también su mayor bendición en, a su vez, su mayor pena...  Sí, por lo ya explicado, es irregular y no hay porqué negarlo o discutirlo con pistolones al amanecer. Pero, de igual forma, logran aquí los Coen una agilidad, una inmediatez, que vuelve a caminar (y ya era puta hora, con perdón y permiso a la vez) de la mano con su tan ubicable estilo. Su disposición segmentada logra que no se llegue a deslavazar de pleno, a caer en ese "autopilot" en que  veces parece incurrir su cine neomilenario, sin que el ancla de lo autoparódico cuele o su avasallamiento de estilo nos haga reprimir algún que otro bostezo traidor... Con el cine de los Coen post-Nota hay que empezar a tratar ya los siempre ambiguos y tópicos "aciertos parciales" más que aplaudir obras completas perse (a excepción quizá de "A serious man", en las cuentas propias), esto es así duela menos o más (y el argumento -con la variante en modos que prefieran- del "ya los conocemos y han perdido el factor sorpresa", es un chiclé que se puede estirar sólo hasta cierto punto). Bien, sin auparse de lleno "La balada de Buster Scruggs" al nivel de su insaltable pentalogía que nos lleva de su tercer a su séptimo film, sí me parece que debe posicionarse en lo más alto de ese segundo nivel de obras coenianas que, sin habitar en la excelencia, sí terminan por hacerlo (y sin dobleces ni media tintas) en lo claramente recomendable. En síntesis: sus mejores momentos son tan magníficos (y mucho más que suficientes en número) que nos harán olvidar algún que otro pasaje lánguido concreto que, por supuesto, también se da.

GUZZTÓMETRO: 8 / 10

lunes, 8 de abril de 2019

CABALLERO SIN ESPADA (1939)

INTRO. Dejando para otro día la investigación de el cómo narices se llegó a "Caballero sin espada" desde "Mr. Smith Goes to Washington", la cuestión (lo magro) es que hoy volvemos a la siempre agradecida senda de "los clásicos". Y con el señor Frank Capra mediante, nada menos. Le toca, por si poco fuera, a uno de sus films de cabecera, el que cierra sus dorados 30's y, ya de paso, una de las interpretaciones más recordadas de Stewart (especialmente desde sus años mozos). Todo ello por el mismo precio. Después en los cuarenta, e intercalando con una ingente cantidad de documentos bélicos, firmará "Juan Nadie", "Arsénico por compasión" y (faltaría) "Qué bello es vivir", si... Pero a pesar de lo tan famoso de esos films, a los que debe buena parte de su postergación de cara a la historia (por lo menos al generalizar), conviene hacer hincapié en el asunto cronologías y a fin de no despistarnos: es en los 30's, no se dude, donde Capra deja asentada mayormente su leyenda. Y se insiste en ello, básicamente, porque más allá de lo célebre de una u otra referencia concreta, no parece del todo correcto dejar de apuntar el hecho que, en efecto, estamos aquí en definitiva ante uno de esos cineastas cuya importancia en la transición del mudo al sonoro resulta claramente reseñable. 

SINOPSIS PRESTADA. Jefferson Smith (James Stewart), un joven ingenuo e idealista, que parece fácilmente manipulable, es nombrado senador. Ignora que en Washington tendrá que vérselas con políticos y empresarios sin escrúpulos que le harán perder la fe. Sin embargo, gracias a su secretaria, una joven que conoce muy bien los entresijos de la política, protagoniza en el Senado una espectacular y maratoniana intervención en la que, además de defender apasionadamente la democracia, pone en evidencia una importante trama de corrupción. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Pues a pesar de lo inevitablemente cándido que pueda resultar el enfoque del tema (visto hoy el film, con sus ocho décadas transcurridas), resulta punzantemente reveladora su contundente vigencia... No deja de ser una película, claro, donde aquí sí (y menos mal) el bueno gana. Pero esta figura, casi quijotesca, del leguleyo venido de provincias enfrentándose a una maquinaria podrida que no logra sino asquearle a cada nueva palada no logra quedarse obsoleta, resultando perfectamente creíble (y ya hasta verosímil, desgraciadamente) por más decenios pasen. Y nadie mejor que Stewart para plasmar esa ética bonifacia dispuesta a enfrentarse a monstruos y huracanes por doquier, está claro. Repite Capra el duo protagonista de su film anterior (la también maravillosa "Vive como quieras"), sumándole Jean Arthur a James Stewart y, ya puestos, se trae también a Edward Arnold, al que reserva el tan antipático rol de "hombre poderoso" más turbio que la leche negra. Sin embargo, en cuentas propias al menos, el papel más fascinante y memorable del folletín (y que me perdone el protagonista de "La ventana indiscreta", con su tan impresionante tour de force aquí dispensado) queda para un Claude Rains, quien antes de ver bajar escaleras a la Bergman o irse de parranda con Bogart através de la neblina, ya había dejado para los restos virguerías de este tipo... Brutalísima su dualidad on screen entre el garante, el tutor orgulloso de su discípulo al que tan bien ha moldeado en base a elementos teóricos (haciéndole entender, por ejemplo, el eterno embuste de que la ley no es sino el  instrumento de la justicia en sociedad... -que la teoría es lo que tiene, si-)  y la pérfida alimaña, completamente ebria de ambición. La banda sonora del genial Dimitri Tiomkin lográ, además, tapar todo agujero en tensión narrativa asome. Cuestión que (eso sí y obviamente) apenas ocurre con el chófer que hoy nos ocupa al volante. Uno de los mejores "Capras", en definitiva y sin más.

EN CONTRA. La controversía que se genera desde el rimbombante momento de exaltación patriotica... Forzada epifanía que el oficio de James nos hace digerible y que si bien resulta de un excesivamente melifluo y arengador (a qué negar lo evidente), tampoco entiende uno que se cargue el fantástico todo logrado por el realizador (quien, por cierto, tampoco se olvida de señalar hacía lo más podrido de las cloacas del sistema -lo que, al menos en parte, debiera equilibrarle un algo el tema hasta al más puntillista y moralizador de los cinéfilos en sala-). 


CONCLUSIÓN. Aún sin la sobriedad de "Anatomía de un asesinato", el tono vodevilesco de "Testigo de cargo" o la carga de trascendencia de "¿Vencedores o vencidos?" (y de entre otros ejemplos posibles, por supuesto), tenemos igualmente con este "Caballero sin espada" uno de los más grandes films de "juicio y tentetieso" jamás estrenado. Y muy claramente, además. Capra es posiblemente el gran fabulista urbano del periodo clásico yanqui (el director de "Qué bello es vivir", como ejemplo más incuestionable y con perdón por la obviedad) y su inercia natural por relatar sus historias como si de un cuento se tratase logra, y con notable cadencia de acierto, mezclar elementos muy serios y muy vanales en ajustadísimas proporciones. En dicho aspecto, también y de nuevo, estamos ante una referencia insaltable dentro del opus del realizador. Visto de otra forma, para no alargar y terminar a la vez, repasemos (ni que someramente sea) quién fue y qué hizo este hombre en el primer periodo del clásico americano sonoro... Una vez hecho y asumido sólo queda afirmar, sin atisbo de la menor duda, que estamos ante uno de sus tres o cinco (nunca menos de eso) mejores films realizados. Las cuentas salen solas. Y la obligada visita, que no mera recomendación, a esta película también. 

GUZZTÓMETRO: 10 / 10