miércoles, 15 de mayo de 2019

UN CONDENADO A MUERTE SE HA ESCAPADO (1956)

INTRO. El film, por lo general, más recurrentemente mencionado de Robert Bresson junto a la inmediatemente posterior, y también imprescindible, "Pickpocket". Insaltable relato de una fuga carcelaria que, de forma exclusiva y por una vez, se ciñe por completo a los devaneos mentales y el sentir del posible reo escapado durante todo el proceso. La manera tan engañosamente "fría", en el naturalismo de Bresson para las formas elegidas, inunda el metraje y, desde ahí (sin que apenas se perciba de forma autoconsciente), acaba por lograr  una adicción total con su puñetero ritmo de gota malaya que jamás llega a detenerse del todo y merced, mayormente, a esa mezcla de resolución y prudencia de un protagonista que, sin pretenderlo pareciera, nos hace cómplices de su tan luctuosa historia. Seguramente, por cadencia y estilo, el maestro francés es de los que nos exige (puede hacerlo) una atención completa, dado lo tan perentoriamente inmersivo que nos ofrece... Aunque la recompensa, por otro lado y no se dude, lo merece. Y del todo que no sólo mucho.  

SINOPSIS PRESTADA. Abril de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Fontaine, un joven de 27 años miembro de la Resistencia francesa, que lucha contra la ocupación nazi, es arrestado por la Gestapo para ser interrogado. Fontaine sospecha que va a ser ejecutado y empieza a planear su fuga. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Todo lo extradiegético que tan puntualmente suena es de Mozart,  la interpretación de François Leterrier (en su único trabajo actoral antes de emprender carrera como realizador) queda para el recuerdo y, entre otras, hasta tenemos a un jovenzuelo Malle haciendo de ayudante del propio Bresson... Pero es qué hay bastante más: el hecho de ceñirse a una autobiografía (la de  André Devigny) de forma tan adusta y despejada de frivolidades, lo de contar con la fotografía tan sobria como llena de fuerza de Léonce-Henri Burel (que aunque ya aparece en el film anterior de Bresson repetirá desde aquí en los dos films posteriores, anotándose una tripleta de pura leyenda)... Todo es irreprochable y sin más desde este largometraje. La utilización tan descomunal del "fuera de campo" que nos recuerda al mismísimo maestro Lang, el tan inteligente uso de la soldadesca para plasmar al mal enemigo (impersonal, casi sin rostro, logrando una ominosidad tan certera como continua) o una distancia en el relatar general que, por contra, en vez de enfriar se torna magnética y acaba por arrastrar llevándose la mano sin solución de respuesta o ninguneo posible medie. Por todo ello y tantas cosas más (las elecciones de ángulos de plano servidas por Bresson y Burel son en muchas ocasiones de atesorar en álbum por si solas, vaya por enésimo ejemplo a añadir), este "condenado" del maestro francés se alza como algo indebatiblemente imprescindible... Lo bien medido de las elipsis, la camadería soslayada con los otros presos, la relación de confianza/desconfianza con el joven una vez es condenado, el episodio del intento acometido... Lo dicho, un no parar. 

EN CONTRA. Quien se espere un drama carcelario épico "made in Hollywood" se va a llevar un chasco importante. Esto es así. En verdad, se caracteriza (hasta se enorgullece pareciera) el film de Bresson por remar justo en sentido contrario a ello. La demanda de inmersión a una experiencia tan espartana como total de la película que hoy toca queda tan -TAN- lejano a agujeros tapados con pósters, túneles subterráneos o Paul Newman comiendo huevos cocidos (etc), que el subgénero afín sólo se empata al roce y por mero contexto genérico. Y aún sin ser ello nada plenamente "en contra" de cara a los baremos de este lugar, está claro, sí debía significarse de alguna manera (y por deferencia a aquell@s que duden en acercarse al film por vez primera, mayormente).


CONCLUSIÓN. Junto a la igualmente imprescindible "Le trou", firmada por Jacques Becker tres años después (y claramente influenciada por éste "condenado"), el "film de fugas" definitivo en la vertiente más realista y adusta posible. Bresson rechaza  de plano cualquier tipo de dramatización vanal y con un óptica por momentos cercana al falso documental (sutilmente matizada por una voz en off extraordinariamente medida) logra meternos de lleno en su propuesta. Haciéndolo, además, sin caer en sobreafectismos ni forzadas introspecciones de cariz existencialista en primera persona a fin de rellenar metraje (recurso harto sobado y hasta tópico en films con disposiciones argumentales de este tipo). Sumando, finalmente, esto a lo ya vertido "a favor" no se puede más desde aquí que recomendar abiertamente el film. Seguramente, aún hoy, lo más cercano a una fuga carcelaria jamás mostrada en pantalla en primera del singular.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

1 comentario:

  1. Y a partir de este "condenado", Bresson no hizo sino sumar. ¿Qué me dices de "Una mujer dulce" o "El diablo probablemente"? Es un cineasta extraordinario, único que los jóvenes europeos deberían estudiar en los institutos. Una desgracia que el lenguaje fílmico norteamericano se haya comido nuestras señas de identidad. ¡El cine es un arte universal, no de Hollywood! Vale ya de tanta paletada, por favor. Bueno, Guzz, que muy de acuerdo con tus reflexiones y muchas gracias por acordarte del maestro francés.

    Un abrazo.

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