martes, 9 de julio de 2019

ROCK AGAINST LA CANÍCULA (I)

Cap. 1: "Let it Roll" (1988) / LITTLE FEAT 

Sin mayor explicación que empezamos este "suplemento veraniego". Como única y exclusiva acotación indicar que, en la medida posible, se intentará dar preferencia a referencias menos obvias y si con ello alguien se refresca la memoria, descubre algo o, por qué no, se siente de alguna manera inesperadamente correspondido al fin ("ya era hora que alguien dijera algo de este disco que a mi me parece de putísima madre", o similares), pues bienvenido sea siempre.

Como la sección parte de una premisa pretendidamente ligera y con textos no muy extensos (algo contra natura en este espacio, desde luego), nos limitaremos a atacar el meollo de por qué el álbum se antoja aquí recomendado y recomendable. Para el caso el resurgir de los legendarios Little Feat de 1988. Todo un perro verde en lo que vendría siendo la industria del medio... Se muere el líder indiscutible y genio tras los mejores y remotos trabajos (los 70's de los Feat es de esas cosas que hay que abrazar y punto y te jodes que no queda otra) y casi una década después los antiguos miembros se reunen y hacen un disco que, en síntesis, resulta magnífico. Y, atención, triunfando solventemente en los tan obvios esfuerzos por seguir "sonando a ellos" desde el proceso ("dedicated to Lowell George" además y faltaría). "Let it roll" puede, y por qué no admitirse ello, generar una falsa pátina de "producción 80's" que puede despistar en primeras audiciones, pero al final (y como ocurría con Prince, por ejemplo y cuasi paradigma del asunto) las canciones son tan buenas, tan regadas de arreglos enjundiosos y matices dispensados, que los prejuicios se ven derruidos de forma natural, y aún por vinagre se esté predispuesto a echar. Mucho groove, bastante rocanroleo y demasiado oficio que tenemos aquí en liza. Siguen Hayward y Payne desde el line up original, siendo éste segundo quien junto a Paul Barrere (que a su vez subió su guitarra al barco bien pronto, en el 72 y junto a Clayton y Gradney, también aquí presentes) se agarran el testigo compositivo. Las nuevas incorporaciones funcionan igualmente (Fred Tackett, especialmente, que  ya había estado vínculado a la banda en el pasado, en tiempos del llorado George) y al fin encontramos un disco que si bien no puede batirse en duelo con su primera e indispensable media docena de elepés (rematando la faena con su tremendo directo tomatero del 78'), si merece quedarse archivado, sin dobleces ni prejuicios medien, en el mismo estante. Otro día, si la salud y el tiempo acompañan, ya se abarcará a tan cojonuda/importante/admirada banda como procede (que vislumbro unos "Sailin' shoes" bailoteando en un futuro más o menos lejano desde este lugar), pero hoy lo aparcamos aquí y dejando este "Let it roll", que además refresca cual calipo de piñas del Caribe, claramente reivindicado.  

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