jueves, 11 de abril de 2019

CBGB (2013)

INTRO. A veces ya pasan estas cosas. Un proyecto ilusionante a priori para miles y miles de gentes cuando de él se sabe en la distancia y por vez primera pero que, sin saber ni poder adivinar cómo, resulta que acabó en manos poco "adecuadas" ... O no, que igual ya se fraguó así de base pero, a la postre, el resultado desgraciadamente será el mismo para lo que a nosotros atañe e importa. Sí, por supuesto, fui de los que aplaudió con las orejas al saber que se preparaba un film a la salud del legendario club neoyorquino CBGB (-country, bluegrass and blues-). Muchos son los músicos necesarios como el respirar para quien suscribe cuya impronta y repercusión en la historia no se entiende sin su paso por la mítica tasca que montó Hilly Kristal. Pero, ay, resulta que este proyecto fue desarrollado y signado  por un cineasta bastante, y siendo amable, discreto: Randall Miller quien, a pesar de una filmografía previa de esas de las de mirar un poco de lado, dirige y co-firma el guión del film. Por azares de la vida, lo bueno es que ya se había hecho colega del gran Rickman con quien ya había trabajado (y quien se aviene a protagonizarle el asunto con solvencia), lo malo, eso sí, es que seguía siendo él quien ocuparía la silla del realizador... Por ello, aunque no dudo que habrán docenas de razones más enjutas en la sombra, el film funciona, casi de exclusiva manera, desde la fascinación por lo "qué" se nos explica (lo que de alguna manera ya se sabía, la historia más o menos conocida). El problema está en el "cómo", claro (lo que toca aportar desde la forma elegida por el cineasta que toque, el talento narrativo y visual requerido). Y no es aquí ello un problema pequeño. 

SINOPSIS PRESTADA. En la década de 1970 en Nueva York, Hilly Kristal está divorciado y se ha declarado en bancarrota por segunda vez. A pesar de los reveses, está decidido a poseer y administrar un bar. Con su socio comercial Merv Ferguson, Kristal convence a su madre de que les preste el dinero necesario para establecer el CBGB, que Kristal pretende convertir en un local de música country, sin pensar que con el paso del tiempo se convertirá en la cuna del punk rock. (Wikipedia -porque no estaba en Filmaffinity... y aunque esa última frase tras la coma sea mucho más que matizable, gracias igualmente, por supuesto-)

A FAVOR. Obviemos cuanto antes la barbaridad que, lógicamente, es su soundtrack (trufada hasta la bandera de puros temones para los amantes del rockero medio). Desde ahí, resaltar lo complicado de señalar lances concretos (para bien, se entiende) más allá del solo interpretativo del siempre excelente Alan Rickman y la gracia de ver, de forma más licenciosa o feaciente según casos, a tal o cual secundario/figurante en danza (y aunque sea siempre de manera infalible más por a quien se representa que por el quien lo representa). "CBGB", como en seguida les explico, es ante todo una oportunidad perdida. De acuerdo. Pero tampoco sería justo enviarla al ostracismo sin mediar una cierta aquiescencia y sin más... Aquí, no es poca cosa, podemos ver representaciones en pantalla de Talking Heads, Television, Dead Boys y demás, que siempre tiene su coña... Y sí, la irrupción "ramonera" lo mejor del film aún a pesar de su tan cruel brevedad. Como ya se esperaba. Ahí no nos falló por lo menos el zarpas del tal Randall Miller.

EN CONTRA. Rickman fue un actor magnífico y, dios sabrá cómo, se las apaña para que aguantemos el film hasta el final sin excesivos pesares. Y tiene gran mérito porque, en síntesis, tanto guión como dirección adolecen de una empanada importante en no pocos aspectos. Aquí nadie se atreve a separar biopic y crónica de forma claramente diferencial. Se confia todo a una mixtura imprecisa, convirtiendo en el proceso dicho todo  en algo muy deslavazado donde las cosas ocurren por sorpresa, no se nos permite empatizar como debiera con sus roles ni tampoco acercarnos lo suficiente a los músicos de leyenda que desfilan. "CBGB" se queda en terreno de nadie y, más allá de lo punzante de ver a según que actor -o similar- encarnando a según que ídolo personal, lo peor es el conformismo de lo más cabreante que exuda.


CONCLUSIÓN. Por la simpatía se alberga por la historia del garito, y sobretodo los grandes artistas ahí concitados en determinado momento de la historia rockera, quisiera haberles recomendado el film y afirmar que su condición de necesario resulta completamente indebatible... Pero no. Imposible ello. Resulta especiamente hiriente cuando, además, se compara con las "24 hours" de Winterbottom (por citar un film con un volante de base claramente afín) que, sin ser redonda, si cuenta con una solidez que la película de Miller no huele siquiera en el mismo hemisferio (y aún a pesar de retratarnos una historia y escena infinitamente menos trascendente e importante). "CBGB" funciona, puede hacerlo, para el melómano rockero y hasta le/nos dibuja alguna media sonrisa muy puntual con la aparición (casi siempre fugaz) de según que artistas (aunque, se insiste y atención, la representación de otros nos puede poner de una mala leche importante) y, también, por un arranque bastante ágil que, eso sí y por desgracia, veremos desvanecerse de a poco, sin pausa ni fin, ante nuestras propísimas narices. Hilly Kristal merecía un biopic con mucho mayor cariño y la leyenda del CBGB una extrapolación on screen de incalculable mayor calado. Seguramente merecía a Jim Jarmusch, o a un reencuentro Auster-Wang (como en aquella maravillosa dupla noventera de "Smoke"/"Blue in the face"), por ejemplo también. A conformarse sin más que tocan. Es lo que hay. Por lo menos el film no es una bosta como tal (o no me lo parece a mí al menos, vaya), pero contenido y continente no merecían este "psché, no está mal" -o muy poco más-, firmado por el pedazo de regulero de Randall Miller.

GUZZTÓMETRO:  6 / 10

miércoles, 10 de abril de 2019

THE STONE ROSES - "The Stone Roses" (1989)

Aunque todos los discos editados en 1989 quedan eclipsados en esta casa por el NY de Reed (el predilecto en solitario del genio, nada menos) y, en segunda pero más que sólida posición, el tremebundo "Doolittle" de los Pixies, creo que el álbum sobre el que hoy vengo a teclearles tampoco debiera obviarse a la ligera. Tampoco pienso que tal cosa sea posible habida cuenta su fama... Pero allá vamos de todas formas. 

El estreno de los Stone Roses, amén de magnífico de manera evidente, me merece también un cierto revisionismo desde la perspectiva rockera menos transigente y carcunda. Y entraría aquí, igualmente, lo tan matizable del lugar donde lo aparca recurrentemente la historia... Y me explico. Hay a quien de base les genera esta gente cierta antipatía por su militancia al llamado madchester, su prolongación para muchos de la banda en que se convirtió la de Ian Curtis tras su suicidio o, cómo no, su condición de auspiciadores del brit pop noventero que estaba por llegar... Bien, servidor (y no soy el único ni mucho menos en el orbe) aborrece el rollo bailongo de los Happy Mondays, detesta a los New Order a todos los niveles habidos o por inventar y, a su vez, Oasis me parece algo básicamente insoportable más allá de alguna canción muy señalada (y sólo si me pilla muy de buenas, ojo)... Y asimilado todo ello, les aseguro ahora que el trabajo homónimo de los Stone Roses me parece una virguería insaltable en la historia del medio. Tal cual. Así de rimbombante y categórica que me resulta la cosa.

A lo que nos enfrentamos aquí hoy, por versatilidad, diversidad y alucinante nivel medio de sus temas, es a una de las cimas pop-rockeras jamás registradas en soporte físico. Esto se descubre, explota y revela ya del todo cuando apartamos un poco los tallos más altos del lote y reparamos en lo tremendas, lo magníficas que son también las canciones que no son su emblemática tripleta de arranque o la no menos icónica "made of stone". "Stone Roses" (the album) atesora en su interior, y en muy ajustadas dosis, el lirismo clásico de los Smiths, la épica marciana de unos Chameleons, el reto del ruido domesticado propuesto por My Bloody Valentine y/o sin descuidarse, ya que se ponían, las reverberaciones melódicas de los Jesus & Mary Chain en el proceso. Aquí las guitarras rugen, la base rítmica no da tregua, se para de golpe para un preludio vocal que parece sisado de un disco de Family, aparece un tema "del revés" (y además mola), se cae en una jam hipnótica porqué sí o se aterriza en una melodía del puro beatlesque  porqué también... Todo ello en crudo y sin adulterar. Y da igual al final, que se lo prometo a tod@s, lo simpáticos o repelentes que parezcan a quien sea Brown, Squire, Mani y Reni. El tracklist de su estreno ya ha quedado en mármol -más que en piedra- para la historia. Que nadie se confunda haciendo fáctico hecho de lo meramente opinado en tantos y tantos medios... El "Pet sounds" de los 80, con guitarras y a la inglesa, ¿qué más quieren?. Irrepetible y punto.

martes, 9 de abril de 2019

LA BALADA DE BUSTER SCRUGGS (2018)

INTRO. Como ocurrió hace unas semanas, al referirnos aquí a la "Roma" de Cuarón, dejo claro de entrada que todo el debate, con sus casi incontables aristas, sobre este "nuevo cine" en el que plataformas televisivas digitales se lanzan a producir cine de y para realizadores/intérpretes con renombre, se aparca para otro día (y con su entrada explícita y concreta para con el particular en cuestión). "La balada de Buster Scruggs" es, vamos ya al tema y atención, el decimoctavo film de los Coen, nada menos. Los Coen... Qué fan que era, y que soy, pero ya no -nunca más- de forma incondicional desde hace un buen número de años (coincidencia o no se cruzó Clooney en su camino, nos enseñaron que eran "falibles" y, de alguna forma, el hechizo se rompió para ser su cine carne, como el de cualquier otro Julián, de análisis objetivo -siempre ello en la particular manera y limitadas posibilidades de quien les escribe-). Nadie duda de la parte formal que aplican los Coen a su narrativa visual, siempre serán gigantes en ello, pero el primer film con Clooney (tras Fargo y Lebowski) ya fue un primer aviso. Remontaron enseguida con "El hombre que nunca..." (que de hecho era la que tocaba por agendas antes de cruzarse el protagonista de "Urgencias" en su camino -contra el que no tengo nada especialmente en contra... pero, miren, ha tenido "la suerte" de protagonizar sus peores referencias), pero "Ladykillers" y, muy especialmente, "Crueldad intolerable" (el punto más devastadoramente bajo de su carrera -seguido de cerca por "Hail, Caesar"- al abordar su filmografía hasta día presente) ya fueron una toda señora hostia irreparable y del muy señor nuestro... Por supuesto, los hermanísimos unas pintamonas tampoco vendrían siendo, y ya (que está pasando) sus obras con menor consenso general gozan de cierto revisionismo y aún a pesar del tan poco tiempo transcurrido en determinados casos... Cuesta defender la trilogía "crueldad-ladykillers-caesar" (porque eso no hay casi por donde agarrarlo, básicamente), pero sus otras referencias "menores" empiezan ya a revalorizarse en foros y forillos por doquier. Esto es así. Y, volviendo al fin a la senda principal de la entrada (y siempre desde la perspectiva de la persona que alucinó todo lo alucinable con cada nuevo estreno desde "Muerte entre las flores" hasta las andanzas del Nota), cabe señalar que el film que hoy nos ocupa, aunque alejado de sus grandes cimas pretéritas, es con el que más me han llevado de huertos desde la ya mentada "El hombre que nunca estuvo allí"... Del 2001... Dieciocho años que les ha llevado, nada menos. Y por gentileza de Netflix, además. Acojonante como poco, Mari Carmen.

SINOPSIS PRESTADA. Antología de seis capítulos, cada uno enfocado desde una perspectiva distinta con respecto a la frontera norteamericana y a los peculiares personajes que habitan en sus alrededores. Cada parte cuenta una historia distinta basada en las convenciones del Lejano Oeste de los Estados Unidos. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Para hacerlo, intentarlo al menos, lo más fidedigno posible iremos parando en cada una de las seis estaciones que componen el trayecto (y esta frase me ha quedado tan inexcusablemente rijosa que la dejo tal cual porque se lo ha ganado). Antes de ello, únicamente, aplaudir una nueva banda sonora perfectamente a juego del fiel Sr. Burwell y, del mismo modo, lo bien resuelto de las ilustraciones del libro inventado para la ocasión, oficiando de recurrente entreacto (y reforzando a su vez ese volante de "antología" o libro de cuentos al que se debe, mayormente, la propuesta al abarcarse ésta como un todo). Sin más, y apoyándome en breves textos descriptivos (hoy levemente aumentados) que compartí  hace ya varías jornadas en alguna red social...

1. "The Ballad of Buster Scruggs" (absurda y exagerada a más no poder pero muy cachonda). Tal cual. Puros dibujos animados al más puro estilo "Arizona baby". Su descacharrante tono hiperbólico, tan autoconsciente (para bien), nos deja digerir sin problemas lo que propone. Los duelos al sol y el par de "chuladas" de cantina (como si el guión de Lucky Luke le hubiera caído en las manos al Carpenter más gamberro), arrostan con cualquier "pero" se pretenda argüir. (7/10)
2. "Near Algodones" (comedia negra resultona pero sin visos claros de perdurar). Curiosamente la "gran risa" del lote está  también en su segmento menos memorable (y además aquí se termina la comedia propiamente dicha para lo que queda de film). Sin dudar en los valores estéticos del proto-ahorcado sobre el caballo y que, de verdad lo pienso, el puñetero de James Franco me parece un muy buen actor, se nota (o percibo yo para el caso)que son un par de ideas abruptamente hilvanadas que,seguramente, daban para enriquecer una historia mejor pero no (lástima) para nutrir una sola y diferenciable por si mismas. (5/10)
3. "Meal Ticket" (depresiva e incompasiva pero con una fuerza incontestable). Memorable en cualesquiera de sus planos. El menos amable y ánimicamente devastador de los peajes es también una de las cimas estéticas de todo (y, atención, escribí "todo") el cine de los Hmnos. Coen. Como si el spin off más cabrón e inesperado de cualquier secundario random desde un cómic de Blueberry le hubiera caído en las manos al primo gótico de Twain. Pura poesía y sí, permitámonos una media sonrisa por esta vez (qué cojones), el sombrero sigue volando entre la hojarasca del bosque... Aunque en menor proporción, todavía "lo tienen". (10/10)
4. "All Gold Canyon" (pura poesía londoniana con un Tom Waits inolvidable). Aquí ni intentaré ser objetivo... Soy tan fan de Waits que aparcar empatías me resulta del todo imposible. Si además nos enfrentamos a una plasticidad visual tan bestia, pues ya a qué darle más vueltas al tema (impresionante como logran hacer de este rincón, a priori idílico, del mundo un escenario indisoluble de la acción y, también, la ingente colección de planos de poster que hay por aquí dispuestos). (10/10)
5. "The Gal Who Got Rattled" (gran desenlace -con la mejor acción rodada del lote- pero también sin duda la más tópica). La que más larga se me hace. Hasta ahora hemos cubierto los duelos a pistola, los atracos a bancos (y ulteriores linchamientos), cierto tipo de costumbrismo poético y, cómo no, la fiebre del oro... Le toca al "mundillo de las diligencias". Y, con ello, a la parte con menos potencial expresivo de la colección (si prefieren, en la que menos se nota su particular mano durante más tiempo de metraje). La cosa, como ya he señalado, se equilibra al final con holgura y ese momento de acción tan inesperado como brillante pero antes, se insiste y póngamos, no te lo has pasado tan bien... (6/10)
6. "The Mortal Remains" (la predilecta personal, ensoñación entre lo inquietante y lo ridículo donde lo fantástico se evidencia sin subrayarse... Toda una debilidad que me devuelve parcialmente a los tan añorados pasillos de Barton Fink -mi obra elegida coeniana de tener que quedarme con una y solo una, conviene señalar-). Poco por añadir. Me encanta este recurso narrativo donde lo fantástico es un sombra que genera inquietud en continuo crecimiento pero sin llegar a cristalizar de forma claramente tangible... Algo así como un (con su permiso) "colchón del mal rollo" sobre el que se sostiene el relato principal y evidente. O lo de la atmósfera ominosa que decía Lovecraft, si prefieren,  aunque sin bichos y al tran-tran del carruaje. Perfecto todo para mi y en cualquier caso. (10/10)

EN CONTRA. Como en toda obra por capítulos autoconclusivos, aunque sea con temática iterante (llámenle "antología" para la ocasión, si están más cómodos) y desde que el mundo es mundo, la irregularidad asoma. Imposible, irremediable escapar de ello por propia naturaleza de base. Con todo, el nivel medio de esta balada coeniana es lo bastante elevado para que al final, en el recuento fractal postrero del asunto, el todo alcanzado se asente en lo notable con relativa facilidad y firme solidez. .. Y sí, vale, la segunda historia es, y aún a pesar de su tan tremebundo como fugaz momento de comedia absurda, más floja que el resto. Pero encaja bien, qué narices, y su tono más liviano nos prepara al fin y de alguna manera para todo lo que vendrá...


CONCLUSIÓN. A pesar de lo arriba descrito "en contra", no deja de resultar curioso que este film encuentra también su mayor bendición en, a su vez, su mayor pena...  Sí, por lo ya explicado, es irregular y no hay porqué negarlo o discutirlo con pistolones al amanecer. Pero, de igual forma, logran aquí los Coen una agilidad, una inmediatez, que vuelve a caminar (y ya era puta hora, con perdón y permiso a la vez) de la mano con su tan ubicable estilo. Su disposición segmentada logra que no se llegue a deslavazar de pleno, a caer en ese "autopilot" en que  veces parece incurrir su cine neomilenario, sin que el ancla de lo autoparódico cuele o su avasallamiento de estilo nos haga reprimir algún que otro bostezo traidor... Con el cine de los Coen post-Nota hay que empezar a tratar ya los siempre ambiguos y tópicos "aciertos parciales" más que aplaudir obras completas perse (a excepción quizá de "A serious man", en las cuentas propias), esto es así duela menos o más (y el argumento -con la variante en modos que prefieran- del "ya los conocemos y han perdido el factor sorpresa", es un chiclé que se puede estirar sólo hasta cierto punto). Bien, sin auparse de lleno "La balada de Buster Scruggs" al nivel de su insaltable pentalogía que nos lleva de su tercer a su séptimo film, sí me parece que debe posicionarse en lo más alto de ese segundo nivel de obras coenianas que, sin habitar en la excelencia, sí terminan por hacerlo (y sin dobleces ni media tintas) en lo claramente recomendable. En síntesis: sus mejores momentos son tan magníficos (y mucho más que suficientes en número) que nos harán olvidar algún que otro pasaje lánguido concreto que, por supuesto, también se da.

GUZZTÓMETRO: 8 / 10

lunes, 8 de abril de 2019

CABALLERO SIN ESPADA (1939)

INTRO. Dejando para otro día la investigación de el cómo narices se llegó a "Caballero sin espada" desde "Mr. Smith Goes to Washington", la cuestión (lo magro) es que hoy volvemos a la siempre agradecida senda de "los clásicos". Y con el señor Frank Capra mediante, nada menos. Le toca, por si poco fuera, a uno de sus films de cabecera, el que cierra sus dorados 30's y, ya de paso, una de las interpretaciones más recordadas de Stewart (especialmente desde sus años mozos). Todo ello por el mismo precio. Después en los cuarenta, e intercalando con una ingente cantidad de documentos bélicos, firmará "Juan Nadie", "Arsénico por compasión" y (faltaría) "Qué bello es vivir", si... Pero a pesar de lo tan famoso de esos films, a los que debe buena parte de su postergación de cara a la historia (por lo menos al generalizar), conviene hacer hincapié en el asunto cronologías y a fin de no despistarnos: es en los 30's, no se dude, donde Capra deja asentada mayormente su leyenda. Y se insiste en ello, básicamente, porque más allá de lo célebre de una u otra referencia concreta, no parece del todo correcto dejar de apuntar el hecho que, en efecto, estamos aquí en definitiva ante uno de esos cineastas cuya importancia en la transición del mudo al sonoro resulta claramente reseñable. 

SINOPSIS PRESTADA. Jefferson Smith (James Stewart), un joven ingenuo e idealista, que parece fácilmente manipulable, es nombrado senador. Ignora que en Washington tendrá que vérselas con políticos y empresarios sin escrúpulos que le harán perder la fe. Sin embargo, gracias a su secretaria, una joven que conoce muy bien los entresijos de la política, protagoniza en el Senado una espectacular y maratoniana intervención en la que, además de defender apasionadamente la democracia, pone en evidencia una importante trama de corrupción. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Pues a pesar de lo inevitablemente cándido que pueda resultar el enfoque del tema (visto hoy el film, con sus ocho décadas transcurridas), resulta punzantemente reveladora su contundente vigencia... No deja de ser una película, claro, donde aquí sí (y menos mal) el bueno gana. Pero esta figura, casi quijotesca, del leguleyo venido de provincias enfrentándose a una maquinaria podrida que no logra sino asquearle a cada nueva palada no logra quedarse obsoleta, resultando perfectamente creíble (y ya hasta verosímil, desgraciadamente) por más decenios pasen. Y nadie mejor que Stewart para plasmar esa ética bonifacia dispuesta a enfrentarse a monstruos y huracanes por doquier, está claro. Repite Capra el duo protagonista de su film anterior (la también maravillosa "Vive como quieras"), sumándole Jean Arthur a James Stewart y, ya puestos, se trae también a Edward Arnold, al que reserva el tan antipático rol de "hombre poderoso" más turbio que la leche negra. Sin embargo, en cuentas propias al menos, el papel más fascinante y memorable del folletín (y que me perdone el protagonista de "La ventana indiscreta", con su tan impresionante tour de force aquí dispensado) queda para un Claude Rains, quien antes de ver bajar escaleras a la Bergman o irse de parranda con Bogart através de la neblina, ya había dejado para los restos virguerías de este tipo... Brutalísima su dualidad on screen entre el garante, el tutor orgulloso de su discípulo al que tan bien ha moldeado en base a elementos teóricos (haciéndole entender, por ejemplo, el eterno embuste de que la ley no es sino el  instrumento de la justicia en sociedad... -que la teoría es lo que tiene, si-)  y la pérfida alimaña, completamente ebria de ambición. La banda sonora del genial Dimitri Tiomkin lográ, además, tapar todo agujero en tensión narrativa asome. Cuestión que (eso sí y obviamente) apenas ocurre con el chófer que hoy nos ocupa al volante. Uno de los mejores "Capras", en definitiva y sin más.

EN CONTRA. La controversía que se genera desde el rimbombante momento de exaltación patriotica... Forzada epifanía que el oficio de James nos hace digerible y que si bien resulta de un excesivamente melifluo y arengador (a qué negar lo evidente), tampoco entiende uno que se cargue el fantástico todo logrado por el realizador (quien, por cierto, tampoco se olvida de señalar hacía lo más podrido de las cloacas del sistema -lo que, al menos en parte, debiera equilibrarle un algo el tema hasta al más puntillista y moralizador de los cinéfilos en sala-). 


CONCLUSIÓN. Aún sin la sobriedad de "Anatomía de un asesinato", el tono vodevilesco de "Testigo de cargo" o la carga de trascendencia de "¿Vencedores o vencidos?" (y de entre otros ejemplos posibles, por supuesto), tenemos igualmente con este "Caballero sin espada" uno de los más grandes films de "juicio y tentetieso" jamás estrenado. Y muy claramente, además. Capra es posiblemente el gran fabulista urbano del periodo clásico yanqui (el director de "Qué bello es vivir", como ejemplo más incuestionable y con perdón por la obviedad) y su inercia natural por relatar sus historias como si de un cuento se tratase logra, y con notable cadencia de acierto, mezclar elementos muy serios y muy vanales en ajustadísimas proporciones. En dicho aspecto, también y de nuevo, estamos ante una referencia insaltable dentro del opus del realizador. Visto de otra forma, para no alargar y terminar a la vez, repasemos (ni que someramente sea) quién fue y qué hizo este hombre en el primer periodo del clásico americano sonoro... Una vez hecho y asumido sólo queda afirmar, sin atisbo de la menor duda, que estamos ante uno de sus tres o cinco (nunca menos de eso) mejores films realizados. Las cuentas salen solas. Y la obligada visita, que no mera recomendación, a esta película también. 

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

martes, 26 de marzo de 2019

THE LATE GREAT / "Temporary love songs" (2019)

Qué extraordinario mundo éste del rocanrol... Por motivos de pereza, falta de motivación o lo que fuere, todavía no había conectado demasiado con ningún disco de los ya aparecidos esta temporada cuyo primer trimestre toca su fin. Pues bien, ahora y de repente casi (en un margen no superior a semana y media), se me juntan en el tiempo el nuevo y ya de entrada  fantástico trabajo de los siempre bienvenidos Meat Puppets (gracias al gran beatlemaníaco Paco Jiménez por referirlo en el Fb, que se me había escapado) y, desde hace unos cuantos días más, el elepé éste que vengo a presentarles hoy: "Temporary love songs", segundo trabajo de los noruegos The Late Great (no confundir con la banda yanqui de Oregon del mismo nombre -y cuyo disco "Easy" de 2016 no está nada mal, ya puestos-). Personal del que, por cierto, no sabía absolutamente nada hasta que me picaron bastante la curiosidad una mañana cualesquiera de hace ya unas semanas, haciendo el zángano por la interné y navegando sin objetivo ni intención previa valgan.

Quizá por sugestión gratuita, o similar, la primera toma de contacto con la banda liderada por el tal Tor Thomassen me llevó a pensar en los tan apreciados Wilco de Tweedy... Banda numerosa de seis miembros, uso de teclados entremezclados con ocasional instrumentación folkie, un cantante tratando de transmitir emoción inmediata y, claro, el mismo nombre de la formación... Más allá de ello, la verdad es que el discurso de los The Late Great es bastante más clásico de base que en lo que ha acabado por transformarse el de la tan célebre banda de Chicago (lógico, por otro lado, cuando ya tienes "Being there" en tu catálogo solo queda tratar de repetirlo hasta la saciedad o bien echarle lo tuyo y dar un volantazo -como Jeff Tweedy y cia hicieron, cosa que no hace sino hacer crecer su leyenda y valor-). Entre píldorazos más inmediatos como "another trap",  "cherry on the top" o, entre otras, la inicial "sundown surrender" que oficia como incontestable alfombrilla de bienvenida, y sin perder prácticamente jamás la omnipresencia "tecladística", el disco se autoequilibra solo con medios tiempos magníficos como "Carol", "you can have your cake & swallow the moon" (los dos joyones maestros del lote, que no en vano están ahí de seguidilla, en toda la mitad  y dominando cotarros) o la estupenda despedida con "reservoir of memories". Tenemos también cosas tirando a bastante incontestables como "born to be young" que se acerca a unos Pogues en una misa de las que bailan, el arranque de estrofa de "if not forever girl" que es como para que los Bunnymen les pidan explicaciones y, por mucho organillo medie, "just like Saro Jane" tiene al fin un poso a Marr del caerse de nalgas... Y sí, tiene su oveja negra el disco, con la verbenera e inferior al resto "all you got" en la penúltima estación. Pero sin problema, que ya nos habían derrotado del todo con la inmediatamente anterior "follow you blind", qué invita a fantasear con lo que Buckley Jr. hubiera hecho de ello...  En fin, que muy bien todo y sin más a añadir. Por recomendado que lo dejo y servidor se marcha ya a tratar de agenciarse el anterior. Por lo legal o/y lo otro. Good mandanga lo de los The Late Great: ¡ a por ello sin temor asome !.