sábado, 15 de diciembre de 2018

SYMBOL (2009)

INTRO. Hace un par o tres de años el amigo de la casa Juanjo Mestre me recomendaba de manera denodada el film que hoy nos ocupa (enlace aquí para su entrada a colación desde su primordial espacio). Bien, por la excusa que prefieran (desde la clásica "porque servidor es así de berzas", a la efectiva "es que no me da la vida" y/o pasando,-entre demás opciones mil-,  por la siempre recurrente "coño, es qué se me había olvidado... y además el perro se me ha comido la interné"), la cuestión es que no fue sino hasta principios del presente verano que me embutí al fin entre ojos y coronillas "la trilogía primordial" del señor  Hitoshi Matsumoto. Compuesta a su vez por: "Big Man Japan" (2007), "Symbol" (2009) y "Scabbard Samurai" (2011). Una vez visto (y revisto) el material en cuestión, la ecuación solo puede ser una, siempre la misma y que además se soluciona sola: Matsumoto es una genio que está claramente como una auténtica puta cabra, pero (y sin el menor atisbo de duda) un Genio al fin. Y con la mayúscula ex profesa y bien gorda para que se vea. Ya que las otras dos, con sus mil matices, son susceptibles de aparecer por aquí en algún momento, nos ceñimos hoy a la consensuada (por consenso más o menos -pero sobretodo más- establecido) como la más equilibrada y mejor. Eso sí, y antes de proseguir, me parece recomendable indicar a "futuros clientes" del cineasta nipón el hecho de que verlas en su órden de estreno resulta especialmente satisfactorio... La primera empieza ciñéndose al manual básico del falso documental para desarrollarse (y terminar) en algo tan hiperbólicamente bizarro que trasciende a cualquier tipo de hilaridad tópica del género cómico (al que por otro lado pertenece de forma diáfana); y la segunda se arranca como una "comedia tipo" ("tipo" según sus bases, ya bien establecidas a estas alturas -y de ceñirnos siempre al órden de visualización sugerido, recordemos-) que continua  como un drama, nada gratuitamente luctuoso ni efectista, para desembocar en una conclusión de las que, en resumen, más vale que no te pille flojo de ánimo.

SINOPSIS PRESTADA. Un japonés se despierta solo en una habitación blanca bien iluminada, sin puertas ni ventanas o . Cuando presiona una protuberancia falica que aparece misteriosamente en una pared, un cepillo de dientes de color rosa se materializa de la nada, cae al suelo y pone en marcha una realmente extraña cadena de acontecimientos. Pronto el hombre preso que estaba realizando ya hilarantes intentos de escapar de la habitación, lanzando objetos al azar de las paredes, creando una ratonera de gran tamaño en la que una cuerda, una escobilla del WC y una jarra de barrollena de sushi puede ser el claves para su fuga. Mientras tanto, en un pueblo polvoriento, de un luchador enmascarado mexicano conocido como Escargot Man se prepara para una lucha importante. Su familia se reúne alrededor de él, preocupada por su aparente impasibilidad antes de la batalla. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Es una película por momentos claramente absurda. Digo más, ridícula y hasta (ya que nos ponemos) patética. También parece, puntualmente, aquejada de un mesianismo completamente injustificado y, a su vez, preñada de elementos discursivos que parecen pretender arengarnos de forma completamente simple y facilona. Todo eso lo tiene, o puede tener, el film. De acuerdo. Sin embargo, y por otro lado, el asunto es que por muy profunda téngamos la caverna de troll que habitamos: el ingenio, la imaginación, el descaro, la personalidad y la autodeterminación que posee cualquiera de sus minutos (y ya sin entrar en ninguno de sus peculiares valores estéticos) es tal que, a la postre, los niveles de polarización se tornan del todo extremos. "Magnética" sería, en efecto, mi manera predilecta al tratar de sintetizar la obra de Matsumoto. El comodín para llevarse la mano, su victoria final, llega cuando asimilamos al fin el significado del todo y atendemos en el "cómo" se nos ha explicado. Y  ello (siempre de comulgar y al hacer recuento) hace de "Symbol" algo completamente imprescindible. Algo que explica demasiada grandeza con excesiva ligereza, o algo demasiado ligero para ser contado con tanta grandeza... Elijan a discreción que para cuando se den cuenta, y de verdad se lo escribo, Matsumoto ya nos la ha colado a tod@s hasta el tuétano y como quien no quiere la cosa.Tal cual.

EN CONTRA. Tan personal, distinta y única es la propuesta que, me temo, de "no entrar" la batalla quedará por siempre irremediablemente perdida. Una pena, en mi opinión, pero (y de forma muy pronunciada en este caso) no sería prudente dejar de señalarse ello. Lo de "película/experiencia visual", quieras que no y en efecto.


CONCLUSIÓN. El film de mayor calidad al que realmente le calza plenamente el epíteto "diferente" de los vistos en mucho,-quizá demasiado-, tiempo. "Symbol" es en efecto algo distinto, se insiste y reitera, pero lo és además de forma nada afectada (que nadie confunda ese "distinto" con algo vacuo, sobreafectado, que busca epatar por epatar a lo Solondtz o diseñado para verse tan bonito en la superficie como completamente desalmado y prescindible en el fondo... con la chorrada "indie" de temporada sobredimensionada por determinada parte de la crítica, si prefieren). Una obra que no se acompleja ni acomoda durante todo su metraje, que tampoco recula ni se pierde en deleitación por la forma que valga, para (de forma casi tangible) centrarse en contar lo que quiere contar... Grandísimo, necesario trabajo el suyo Sr. Matsumoto (especialmente en estos tiempos -lo mismito que en 2009, que ya nos sirve- de naderías desproporcionadamente producidas en tropel y aupamiento del "freakie" tontainas que se ofende primero, por si acaso, y después pregunta) . No lo alargo más ya, pero (que no lo puedo reprimir) si me permiten la chaladura a modo despedida, pienso que de ser uno promotor de esta película y me encargaran venderla a quien fuere el asunto quedaría un poco: "Imagínen por un momento que están en la habitación de la Logia Negra de Lynch con las cortinas rojas, el suelo cebrado y demás... Bien, pues ahora aparecen de repente los Monty Python a traición y...". Y eso sólo para empezar.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

jueves, 22 de noviembre de 2018

LOU REED / "Rock'n'Roll Animal" (1974)

El próximo diciembre se cumplirán los cuarenta y cinco años de la grabación que desembocaría, un par de meses después,  en el emblemático "Rock'n'Roll Animal". La misma grabación también, no demos tiempo a los puristas para quejarse con ello, de la que nace el muy apreciable y musculoso "Live" de 1975 (compendio imprescindible de deconstrucción eléctrica -para fans y no tan fans- cuya relectura del "waiting for the man" defiende por si sola su insaltable adquisición). 

El "Animal" de Reed es ante todo, despejemos la obviedad cuanto antes, uno de los legados sonoros en directo más celebrados (e icónicos) de la historia rockera jamás registrado. Por ello, por ese status de "clásico" bajo cuya sombra lleva casi medio siglo habitando, la colección de leyendas, a colación de su gestación y circunstancias, hace saltar por los aires el más caro y preciso de los "anecdómetros": "pues claro que es en directo, no te jode", "es en directo con sonido ambiente recreado en estudio", "son una serie de jams que no se corresponden con el concierto en si", "no es en directo de verdad, anda que no se nota", "es una pataleta-respuesta al live de la VU aparecido unos meses antes sin su consentimiento", "es un ardid urgido por la discográfica para recuperar el brillo de Transformer cuanto antes tras la lechuza que se metió Berlin"... Y suma y siga cada uno en su casa si se aburren, que nos falta semana para llegar siquiera a la mitad. Por suerte, o no (pero es lo que pasa en este espacio en cualquier caso), lo que particularmente estimo procede es, simple y directamente, pasarse todo ello por el arco triunfal. Porque, en verdad, empecé este párrafo con una trola de las de tronío dado que, y esto es lo mejor, el "Animal" de Reed es ante todo un disco enorme como bien pocos, de los de perder el suelo de vista, más allá de cualquier otra consideración habida o por haber. Y ahora sí.

Tocaría ya, sin duda, mencionar los logros y aventuras del quinteto de la muerte que acompañó a Lou aquella noche de las navidades de 1973. Y, se admite, quizá la cosa desprenda algo de pereza (así de entrada y en estos internáuticos tiempos donde si a alguien le interesa de verdad algo tiene todos los datos objetivos, los subjetivos y hasta los  inventados a tres pasos o menos). Pero, con todo, resulta completamente imposible tratar de analizar un mínimo este tan seminal álbum sin detenerse un algo, aunque por mínimo sea o resulte, en ello. Ni que sea en aras de la justicia más elemental, se puede añadir. Por tanto, empecemos con los teclados de Ray Colcord, quizá el menos recordado del grupo por su menor vinculación al mundillo del rockerío (que abandonará por el televisivo a bien poco tardar) y al que debemos en "Animal", por ejemplo,  el elegíaco lecho que sostiene parte de "Heroin" y que, además,  brillará con especial fulgor tanto en la ya mentada relectura del "I'm waiting for the man" como en la "Sad song" desde el directo posterior editado en el 75. La base rítmica compuesta por la batería de Pentti Glan y el bajo de Prakash John, tiene (por sus partes) un currículo bastante considerable. Resumiento, y mucho, ambos formarán parte de las verbenas varias de Alice Cooper sin ir más lejos y, Prakash John (por si poco fuera) formó parte de las andanzas cósmicas ("funkadelicoparlamentarias", para los amantes de los hongos varios y si prefieren) de George Clinton. Lo que nos deja ya cara a cara con lo más gordo del asunto, una vez aparcado el concurso del genio firmante y principal de lo que aquí hoy se refiere (obvio ello): las impagables guitarras de Steve Hunter y Dick Wagner. Ambos provenientes ya de "Berlin" y, posiblemente, dos de los culpables principales que algunas generaciones de jóvenes se atrevieran (o animaran) a intentarlo con las seis cuerdas. Tal cual. Con este par lo del "currículo" ya es de mareo asegurado, que no dejan opción. Para no alargar (todavía más) invito a quien la gana le dé a indagar por las redes pero, que no me puedo negar ello, del todo imposible me resulta no mencionar que Hunter es el responsable compositivo de la parte incial de la mítica "dulce Juana" (lo de "intro", en efecto) aquí ubicada y que, atención toda, cada vez que escuchemos arrancar la acústica de la tan memorable "Solsbury hill" de Peter Gabriel le debemos, perentoriamente todos, justo recuerdo y reconocimento inmediato. Y es que mucho, demasiado es lo que se le debe a Wagner y Hunter desde el  "R'n'R Animal". En intento de síntesis (y con perdón por lo somero): un duelo irrepetible y salvaje para la posteridad en el que ganamos todos, que empezó muchas cosas (y puede que acabara con algunas otras) y al que algunas de las bandas favoritas de siempre para un sindiós de personas (como quien suscribe), de Television a Sonic Youth pasando por Dream Syndicate y lo indecible de más, deben hasta la vuelta el cambio.

Los temas. Los cinco originales... Así es como lo tenía mi hermano mayor en disco y así es como lo compré yo en cassette en un tugurio de la calle Tallers de Barcelona en la primera adolescencia (y por allá los segundos 80's)... Cassette que hedía a pachuli jazmín cosa mala y que era un caerse de culo cada vez que lo abría, pero eso es otro tema (ok). Resumiendo, que pasando mucho de las reediciones varias, y las consabidas adiciones de temas a sumar, por mi parte y con las oportunas disculpas inclusive (de requerirse ellas). Y sí, son solo cinco y, por supuesto, no vamos a resumirlos de manera exhaustiva a estas alturas de drama. Por cumplir con lo más tópico, y aunque esto parezca ya más destinado a detener algún tipo de abceso rijoso a algún parroquiano "especialito" que por aquí pueda perderse en alguna ocasión más que otra cosa, estaría lo de recordar que todos los temas pertenecen a la etapa velvética de Reed, y la que nos queda en remanente es una muy acelerada versión del "Lady day" que se encargaba de levantar "Berlin" (tras el luctuoso e inolvidable piano de bienvenida, con el tema homónimo de la maravillosa obra maestra hecha elepé en cuestión). En relación a ello, me temo que no es factible dejar de incurrir en el puro ridículo (volvamos una y otra vez a lo famoso del álbum y, por ende, esa casi imposiblidad de no caer en lo manido hasta el agobio, sino la risión) al tratar de reivindicar la susodicha "Lady day" lo mismo que "Wl/Wh", dado la enormidad manifiesta, inalcanzable a todas luces, de las otras tres. Para despedir, apetece confesar que el hecho de tener a Reed en lo más alto de las querencias rockeras propias, y con el pasar de los años cada vez más, me responde en gran medida a su irrefrenable, indisimulable inercia natural por extraer belleza aún desde la más abyecta suciedad (que al final, mediante su arte, se nos revela frecuentemente como parcial o cuanto menos matizable). No creo, en resumen, haya existido nunca un músico de rock, o por lo menos a estos panteónicos niveles, más alejado del "niño bonitismo" del "mírame mamá que quiero ser artista", de lo mera y sencillamente expositivo sin ir siquiera un algo más allá en pos de un éxito más o  menos masivo... No hay otro músico (siempre para quien esto escribe) cuya devocion, amor y sentimiento por algo tan elevado como es la simple y llana Piedad, como volante  y fin principal, haya quedado impreso para los restos en un opus  discográfico del Rock. Por esas y otras cuestiones, Lou Reed me resulta pues el más auténtico, veraz y honesto de todos los grandes animales del rocanrol. Y finalmente, por todo ello también, el disco a juego de hoy (en directo, diferido y pay-per-view) que tan bien se compadece de todo lo explicado, y con más electricidad y nervio que nunca para mayores inris, sigue siendo una leyenda muy viva, absolutamente necesaria y del todo inolvidable. Y fin.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO (2011)

INTRO. Como ya he comentado por aquí en alguna ocasión, no soy precisamente fan del Sr. Spielberg. Tampoco me considero un hater, ojo (y aunque así a alguien resulte). Es más, considero al King Midas de marras el más grande de la historia del cine toda en un lance muy concreto: secuenciando acción. Los Indianas (los tres primeros, vaya), Tiburón o, en menor medida, cosas más avezadas a un ritmo desenfrenado del tipo "Atrápame si puedes", la propia e inicial "El diablo sobre ruedas" (aunque sea un amazing stories "estirado"), o incluso la por muchos apestada "1941", son -o así lo considero- "mi Spielberg" (y aunque aún en dichos registros me la cague a veces, y aquí no me extiendo para no liarla más de la cuenta). Lo demás oscila entre un "no me interesa" o, abiertamente, un "dios mio, qué manera de tirar la pasta"... No soporto esa manera de dramatizar suya, a base de "unidades de información", donde se te lleva de la mano como a un borrego y se te subrayan las emociones a cada paso (todo muy bien envuelto en los aspectos técnicos y con la genialidad de turno de Williams en primer término, cómo no). Pero su inercia natural por la aventura , donde sí me lo creo y me luce, me parece del todo irreprochable en varios films. Y, finalmente y sin duda, el film de hoy, el que debiera haber sido realmente ese "Indi 4" (y no lo que fue), encaja de pleno en los mentados parámetros.

SINOPSIS PRESTADA. Tintín, un joven periodista dotado de una curiosidad insaciable, y su leal perro Milú descubren que la maqueta de un barco contiene un enigmático y secular secreto que deben investigar. A partir de ese momento, Tintín se verá acosado por Ivan Ivanovitch Sakharine, un diabólico villano que cree que el joven ha robado un valioso tesoro vinculado a un cruel pirata llamado Rackham el Rojo. Pero, con la ayuda de Milú, del cascarrabias capitán Haddock y de los torpes detectives Hernández y Fernández, viajará por medio mundo, sirviéndose de su proverbial astucia para burlar a sus perseguidores y encontrar antes que ellos El Unicornio, un navío hundido que puede proporcionar la clave de una fabulosa fortuna y de una antigua maldición. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Sólo por la belleza plástica de las imágenes cabría dar por recomendada la película. Pero es que, además (y además del genial concurso del de siempre en la partitura), el cariño por los personajes, los lugares, las historias... Todo lo que concita el "universo Tintín", en resumen,  queda reflejado de una manera que puede revertir en puras lágrimas para el seguidor del cómic. Tal cual. Sumando ahora que, para el no tan fan (o no tan conocedor del original), su único "problema" es enfrentarse a una película de aventuras que no deja de ser un cañón en momento alguno. Magnífico Spielberg y su ritmo de pautas para la aventura, haciendo lo que (para algunos) tendría que hacer -o intentar hacer, al menos- siempre. Y sí, si se coincide con la visión del asunto que aquí se tiene, los Hdez. Y Fdez. siguen siendo tan inexcusablemente tontos como de costumbre (lo que menos me gustó siempre de la obra de Hergé), pero todo se compensa con un Haddock (justo lo contrario que el paréntesis anterior) más que fiel al original y que rebosa carisma desde la primera aparición y casi, pareciera, sin siquiera intentarlo... De no entenderse así esto, pues nada: "¡ Bachi-buzuk !", "¡ Iconoclasta !" (etc).

EN CONTRA. Que formando, como lo hace (y además con Jackson de por medio, cuya opinión me reservo para otra ocasión), parte de una saga alguien se despiste y se lo pierda como el magnífico film -de animación y en general- que és por si mismo y de manera autoconclusiva.

CONCLUSIÓN. De muy lejos venía la querencia del cineasta por la icónica obra de Hergé. Y se nota. La panoplia completa y lograda al final (y empezando por esos títulos de crédito que son, directamente, un regalo impagable para los conocedores de la tan famosa colección de cómics) es de traca. Por si fuera poco, Spielberg se atreve con este tipo de animación real en 3D que, hasta entonces, no había funcionado todo lo bien que debiera y la jugada le sale, ni qué decir, de narices y más (muchas gentes, mucha pasta... si se pone, se pone, que eso supongo sería el reverso positivo de hacer de la macroproducción bandera). Para terminar y dar mayor sentido al título de epígrafe: film muy, endiabladamente en realidad, entretenido (y muy para bien, que no medie lectura más allá en ningún caso) que se recomienda sin reservas y como una contundente cima en el cine de aventuras que sin duda és.

GUZZTÓMETRO: 8'5 / 10

martes, 13 de noviembre de 2018

EL SALARIO DEL MIEDO (1953)

INTRO. Seguramente el dato que, de manera más recurrente, suele asociarse al film de hoy es lo de que junto a "Las diabólicas" conforma el "díptico sagrado" del realizador francés Henri-Georges Clouzot. Como bien pocas cosas dejan de ser debatibles en la vida, conviene precisar que el limitar la obra del cineasta a estas dos históricas referencias es pecar un tanto de somero... O hasta de "ninguneador", si me apuran. Clouzot, con esa "La verdad" como mascarón de proa y la mismísima Bardot a bordo, tiene otros pocos largometrajes (es una filmografía relativamente exigua, en definitiva) muy dignos de perdurar también en la memoria... Pero con todo, sí (se coincide y qué narices), "El salario del miedo"  resulta a la postre algo muy especial y que se eleva por encima de demasiadas cosas... Empezando por el otro film que se suele destacar, y por aquello de que pocas veces se filmó la tensión creciente de forma tan magistral en el medio. Tal cual.

SINOPSIS PRESTADA. La tensión entre cuatro trabajadores de una compañía petrolífera estallará durante un peligroso viaje durante el cual transportan nitroglicerina. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. No sólo Montand, aunque cuadre ese protagonista para la posteridad en el que perfectamente podría ser el papel de su longeva carrera, los cuatro actores principales (y que rezan en la imagen de acompañamiento del texto) están abusivamente enormes en el film. Lo adelantada en modos que resulta, más en comparación al cine estándar del Hollywood de la época (que era el de mayor difusión y marcaba la pauta, se quiera admitir o no), tampoco debiera quedar atrás a la hora de destacar bondades. Por lo demás y no alargar en exceso (la estructura narrativa cojonuda, el metraje medido de narices, etc y que nos estaríamos demasiado rato, me temo), creo que no hay mejor recomendación que el llamamiento a rendirse todos ante esta inolvidable oda a la "tensión creciente" que antes comentaba y que Clouzot supo plasmar en imágenes (desde un guión de hierro a costa de la novela de Georges Arnaud, ya puestos) con una maestría tan plena como contundente. De esas películas, en definitiva, cuya recomendación no se limita únicamente a un "hay que verla", no.  Debe, merece ser revisitada perentoriamente y con cierta cadencia. 

EN CONTRA. Hombre, vale que hay que plasmar lo desesperado de la premisa de arranque que detona la trama para con sus roles principales... O que, por supuesto, el lugar y los tiempos pueden compadecerse con los distintos comportamientos (que también). Pero, honestamente me parece, el personaje de Véra Clouzot (esposa del director) va más allá de lo asilvestrado para incurrir incluso, y aunque ocasionalmente sea, en un caso de misoginia algo pelín forzado (todo un monumento a la estulticia y la simpleza sin ambages lo que el amigo Clouzot le dibuja a su señora, único papel femenino del folletín para un inri aún mayor)... Consciente -o no- de ello, siempre me resulta algo sospechoso que el siguiente film del cineasta sea precisamente "Las diabólicas", donde son  los personajes femeninos los que llevan de forma tan y tan denodada el peso de la trama. Eso, y que no se encaje el abrupto final del film, cabe puntualizar también... Que a mi, particularmente, me parece perfecto. Sin más (además, por si acaso, recuerdo que soy de los que piensan que un final regulero no tiene porque estropear necesariamente una buena película, de la misma forma que un buen final no me deja de señalar un film regulero en su conjunto cuando así me lo parece).

CONCLUSIÓN. Memorable y muy -MUY- "influenciador" clásico que ningún amante del cine debiera saltarse a la ligera.  

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

viernes, 9 de noviembre de 2018

J MASCIS - "Elastic days" (2018)

Creo que lo primero que hay que hacer es recordar lo buen disco que es "Tied to a star" del 2014, el ahora penúltimo de J Mascis en solitario. Un disco de notable, digno de todas las loas y alabanzas que se pueda cruzar quien sea por ahí (y que se cruzará a poco lo indague). Y el motivo de ello es que tras ya las primeras, y muy irremediablemente convulsivas, escuchas a este rutilante "Elastic days", sumándolo a que venía de una excelencia -sin pero a caber- como fue "Several shades of why", se intuye fácil que de cara al oyente simpatizante pero casual con la "causa mascistera" aquél magnífico elepé de hace cuatro años corre serio riesgo de caer, si bien no en el olvido, sí en un relativismo y/o cierto ninguneo que en modo alguno merece.

Explicado ello, conviene reparar por enésima en lo entrañablemente cabezón que és este tipo. Si bien "several" gana a "tied" por simple y puro tracklist, cabe aplaudir especialmente del segundo su afán por tratar de mostrar una mayor variedad de paisajes y texturas, siempre dentro de los modos esperados para ésta otra versión del músico (mucho más relajada y alejada de su acostumbrada muralla de marshals y fuzzeos a discreción). Siguiendo desde ahí, resulta que aún a pesar de tener en "Elastic days" una colección de canciones notoriamente superior en calidad media a lo inmediatamente anterior (que esto es así y se deja dicho desde ya), no se ceja en absoluto con ese empeño de seguir buscando nuevas fórmulas magistrales para esta deliciosa partida con naipes marcados contra si mismo que resulta su carrera en solitario desde el álbum de la tortuga del 2011. Puede que, en efecto y también, sean al fin estos días elásticos el paso primordial para que sus fans alcancemos el stendhal definitivo y mortal sin solución, el día que Jay cuadre un disco entero de "thumbs" y "alones" (cuando ello ocurra, ya les adelanto, para algunos se nos acaba el rock, echan la persiana y se cierra por dentro para siempre). Pero no nos adelantemos... Además eso, conviene señalar también,  es como esperar que un mapache ponga un huevo (por su reverso de advenimiento ya de lo simple y llanamente milagroso). 


Fuere como sea, el nuevo "disco hippie de Mascis" vuelve a la carga con ese descomunal y punzante uso de la eléctrica a traición, que se ha pasado de contrabando antes de entrar en la comuna y que resulta seña de identidad ya innegociable a estas alturas de cuento. Vayamos ya, y a modo sucinto ejemplo de ello,  con los cuatro adelantos conocidos (y más que fácilmente ubicables en las webs) de la docena de canciones que integran el álbum... Dos bastante buenas ("everything she said" y -un algo por encima- la homónima del disco) y dos buenísimas ("web so dense" y "see you at the movies"). Y en todas ellas, con sus diferencias a cuestas, se tira en mayor o menor grado del recurso descrito a principio de párrafo... Y, estaríamos buenos, fantástico ello es como decir nada, por lo menos en este espacio.  Aunque, por supuesto y con las oportunas disculpas por la obviedad, lo mejor aquí llegados es que todavía quedan dos tercios de disco por descubrir. Otras ocho canciones, si así lo prefieren... De las cuales un par ("sky is all we had" y "give it off") no me bajan, ni en la más cicatera de las lecturas, del primer grupo de las "bastante buenas" (de hecho, al sumarse a "elastic days" -the song- dejan entre las tres a la tonada de despedida destacada con la letra escarlata de canción menos buena de la colección... y siendo una buena canción, se reitera, pero tan megaburraico es aquí el nivel medio exhibido). La media docena restante... Bueno, póngamos que ahí está, al sumarse todas ellas a la dupla de arranque de artefacto ya mentadas, lo que hace de "Elastic days" un muy serio acreedor a lograr lo que su antecesor no pudo bajo la enorme e intimidatoria sombra del caparazón de la tortuga de Ende: generar debate sobre si estamos (o no) ante un posible mejor trabajo jamás firmado como "J Mascis", sin añadidos de ningún tipo, desde su portada. Tal cual.


Y nadie se engañe. No estamos ante añagaza alguna,  a fin de vender la moto, por parte de los fans más feroces de la jurásica banda madre, dado el tan evidente incremento voltaico  (aquí el uso de la eléctrica está  mucho -muchísimo- más presente que en "several" o "star"... pero si hasta hay solos, y no pocos). Las canciones son las que reinan. Simple y llanamente, el tracklist vuelve a tener un muy apreciable montón de estaciones que deslumbran durante el trayecto. Encarando el tema, "movies" y "web" son dos canciones enormes, qué duda cabe... Y sin embargo no superan ésta "I went dust", a dos voces, tan bucólica y reposada al principio como inesperadamente vivaracha en su conclusión (y sí, ha sacado la jazzmaster a pasear el muy bandarra, para que a todos los dinofans se nos haga el culo gaseosa cuanto antes). Tampoco superan el acostumbrado, aquí irresistible, juego "mascistero" del falsete de quita y pon de "picking out the seeds"... con esa melodía estirada al final con más electricidad de fondo. Ni de coña, vaya. Aunque para melodía la de "drop me", por supuesto. Que es como "everything she said" pero en cum laude doble y con ese momento de vello erizado entre el 2'15 y el 2'45 que vence a todo. También me rindo, y gustoso de ello, con la majestuosidad sincopada de "cut stranger" (otra predilecta imediata, sin duda, que no deja margen a otra cosa). Cerramos ya el tenderete, al fin, con ésta "wanted you around" que llevo catorce veces seguidas escuchando y no veo como parar (se me ha metido la guitarrita y no hay nada que hacer... y cómo retoma más grave cantando hacia el final, no se puede tener más clase... y con la pinta qué tiene) y, por supuestísimo, con la favoritísima que és "sometimes" y su acelerón intermedio de locura por montera... Y aunque sea directamente hacer trampas, que eso es un medio tiempo de Dinosaur Jr apenas encubierto (si alguien tiene dudas al respective que pase sin llamar por el despacho de los fenderazos de despedida).

Enésima virguería pues, siempre necesaria y más que bienvenida, por parte del músico que más emociona (más allá de la encarnación que elija para la ocasión) en esta casa y lográndolo como siempre, cuando no media sonido alguno,  desde esa tan engañosa y perenne falta de la misma y propia emoción que le caracteriza... A modo remate final y como me gusta recordar a veces, desde aquella entrevista noventera de Ignacio Julià a Mascis en el Ruta 66: "para que molestarse en decir nada cuando puedes expresar lo inexpresable pulsando seis putas cuerdas". Así lo dejó escrito el Sr. Julià entonces y aún hoy sigo sin encontrar cómo narices se puede definir mejor a este músico. De cabeza tod@s a por los "Elastic days".