jueves, 3 de octubre de 2019

WILCO / "Ode to Joy" (2019)

Imagínemos ahora que existiera un disco de Wilco a base de su reverso más cándido y preciosista posible de forma íntegra... Un disco dispensado por completo en las vestimentas de las "either ways", "hummingbirds", "jars",  "jesuses"... y etcétera. ¿No sería increíble que esta barbaridad de formación de músicos, con un monstruo como Jeff al frente (y disculpen la obviedad),realizara algo así?. Quizá demasiada miel para ciertas  personas, de acuerdo (y no dudo que algunas con muy respetable criterio, no seamos absolutistas ni infantiles derogando opiniones contrarias y cayendo en el menosprecio gratuito -que esto no es el tuiter-). Pero, dejando de lado a los hijos de puta del ahora último paréntesis: "¡Coño! ¡claro que sería grandioso un elepé así, no te jode!" (y/o derivados más o menos ordinarios a colación), que sería lo que unos muchos cuantos miles gritaríamos, ipso facto y sin el menor atisbo de duda, a la sugerida cuestión. Y anda mira pues, por ahí que apuntaba el asunto con el adelanto, "Love is everywhere (beware)", que además huele a indebatible ganadora del ahora-mismo-inventado-galardón de la "song of the year"... Pero no. Esto no podía ser tan "fácil", claro. El tan flamante "Ode to joy" de la ya clásica pandilla de Chicago tira y claramente, al asimilarse como un todo, por otros derroteros haciéndonos partícipes, en el proceso, de una victoria tan rotunda en el modo como inesperada en la forma.


Explico antes de nada ese "inesperada", faltaría (que los ceños fruncidos se intuyen desde la Isla de Pascua). Por tiempos transcurridos, el tono tan amable y accesible de los dos adelantos (más la explicación que del primero -ya arriba mentado- apuntaba el propio Tweedy), las aventuras en solitario del personal, alguna que otra entrevista y -para no alargar- demás jerigonzas varias, podía fácilmente dilucidarse que Wilco iban a volver con algo especialmente enfocado en su vertiente más dulzona, ya acotada en los inicios del texto de hoy. Algo del tipo "sky blue sky 2.0" pero con más turrón artesano todavía, si así se prefiere. Pero, ay caray (puto mundo este), el muy canalla y sus tan ilustres adláteres han hecho valer lo del axioma del "cuidado con lo..." y se han pasado de frenada (y con toda la intención, primordial matiz aquí). Estamos, en efecto, ante un trabajo concienzudamente apoyado en lo calmo, quizá en exceso para algunos de cara a los siempre poco fiables primeros acercamientos (Cline se asoma de vez en cuando para recordarnos lo genial músico que és y punto),  poco magnético de primeras y que, desde luego, no hará retornar a todo el tropel que se pidió la cuenta tras su segundo disco... Y con todo, una vez asumido que la carta de lo inmediato no es triunfo aquí, sólo puedo afirmar que "Ode to joy" es un disco que, amén de hacerme bastante feliz, me parece hasta necesario. Tanto por su aposentamiento en el opus global de la banda como, ya puestos, para los tiempos corrientes y molientes que nos gastamos. 

Pues es a este párrafo, por supuesto, al que le toca defender esa "victoria tan rotunda". Y esto se puede encarar en más de un sentido, además. Lo que da aún mayor poso de satisfacción, por lo menos en las subjetivas cuentas personales. Por un lado, ya en los morros y sin atisbo de nada, tenemos el hambre y por ende la credibilidad inherente al músico/artista que nos propone algo concreto, personal, que busca alejarse de lo "esperable" por quien fuere y proponer al fin algo tan diferente como diferenciable (aún o incluso  dentro del discurso propio). Si quiero inmediatez burrera con los discos de este año pues, nada oiga, ya estoy escuchando el de los Redd Kross (que es la bomba cómo no y me aporta algo que ningún hype sobrevenido a estrella neomilenaria me aportará en la puta vida -volvemos con eso de la "credibliidad", rockera para el caso y vaya-). "Ode to joy", como "A ghost is born" en su día, funciona sobre otra cosa muy distinta. Funciona, en definitiva, sobre esa dicha de encerrarte a solas con la obra de alguien, en el solaz casero, para exprimirla hasta el puro tuétano. Sin prejuicios ni escepticismos se crucen. Pues, para el caso y en efecto, estamos ante un álbum que es un dispendio de arreglos bien entendidos (de los que alimentan y no saturan), de emociones sostenidas prestas a estallar (o no) y, por encima de cualquier otra cuestión, de saber transmitir honestidad (aunque quien guste puede cerrar el triplete añadiendo de nuevo "credibilidad" en su defecto y sin mayor problema) a partir de un discurso tan reconocible como -y que esto es de lo más complicado aunque suene a la madre de todos los tópicos- propio. Y sí, de acuerdo, hágamos hincapié: no es un disco especialmente fácil a nivel de "flechazo" desde la primera puta escucha... Pero, atención, que tampoco es lo contrario. En absoluto. Va a su ritmo, a su puñetera bola y, como si de otro huevo saliera, acabará llenando a poco se le deje crecer, que no queda otra. Para rematar y por si poco fuera, recuperamos además una cohesión adherida al "todo" que no teníamos desde el "whole love" (su "disco ninguneado no-oficial" y excepto por el primer tema aquel inexcusable que era como para acometer seppuku), que reflotaba al "the album" camellil en dicho aspecto, y pecado del que también adolecían sus dos últimos discos hasta el que hoy nos ocupa (aunque el ahora penúltimo me gusta bastante más que los otros dos señalados en el planteamiento, añado en justicia). 


¿Las canciones?... Vamos a ello a vuela pluma ni que sea. Claro qué sí, que nos sale gratis y  rematamos a modo broche la longaniza en curso. Las dos primeras ya implican la impagable labor de generar litronas de bilis para todos los que no comulgan de base, con la militante aquiescencia de los que siguen esperando (todavía !) otro "Being There"... Son piezas de melodía lenta, a fuego muy bajo, dando todo el peso que procede a los -mayormente minimalistas, valga la contrariedad- arreglos (que son el decodificador natural para apreciar esta álbum como procede) y que ejercen fantásticamente de alfombrilla en el descansillo para lo que aguarda mientras se las apañan, sin apenas esfuerzo, para ir sumando estima a los que sí comulgamos de cara a cada nueva escucha. "One & a half stars", con su también reposado marchamo de inicio, esconde una de las cimas del disco (al menos para mi) con ese tan bonito crescendo (sin estridencias, permaneciendo en el "bonitismo" en todo momento) cuadrado al final cual ejercicio de la Comaneci. "Quite amplifier" es la que gustaría a los fans de Arcade Fire, si llegarán hasta aquí... Pero mejor cantado, arreglado, con sentimiento fidedigno y sin esa impostada épica de plástico en techo iglesia falso a modo trampantojo. "Everyone hides", el segundo adelanto, funciona sin mácula como la infalible canción buenrollista del lote (la nueva "Kamera"). Y entonces llegamos a "White wooden cross", la favorita personal (o por lo menos a día presente). Maravillosa toda ella y con un Jeff ya cantando como todos los angelitos mofletudos de Miguel Angel al unísono (busquen, si gustan, alguna toma en directo ya sita en las redes y ríndanle pleitesía inmediata). "Citizens" es una parada injustificadamente perdida del inolvidable "Electro-shock blues" de Eels (directamente) y, por su parte, la desoladora "We were lucky" es algo así como "stoner de salón" lo mismo que, a su vez, el lugar de experimentación que se le concede al gigantesco guitarrista estrella de la formación. Lo que nos lleva de cabeza al impresionante trío de despedida. Y si "Love is everywhere (beware)" ya entró hace unos meses en el exclusivísimo club de temas más bonitos de Wilco (de donde jamás se moverá), el reverso beatlesque incorporado para "Hold me anyway" nos hará recordar algún que otro soleado paraje del disco de las "Either way" y cia. Se despide "Ode to joy" con la pseudo-coheniana "An empty corner", cerrando ya del todo (en tono y forma) el círculo que había abierto la ahora tan lejana "Bright leaves"... Y fin. En epílogo: no es, diáfano ello, el nuevo Wilco un trabajo pensado para escuchar fractalmente al ir a comprar el pan, o para poner a todo trapo mientras se realizan tareas domésticas... Su baza y razón de ser es la compañía reparadora que otorga, con esos jamás justamente iterados recuerdos para con  los incontables arreglos que le confieren su tan particular e inimitable condición. Esperen que refresque un algo más, qué se acabe ya en serio el verano, y aguarden la lluvia para pegarse una siesta con las persianas casi por completo bajadas (no del todo)  y "Ode to joy" a modo arrullo... Díganme ahora que no es una dichosa y necesaria maravilla.